miércoles, 13 de octubre de 2010

SOMOS HECHURA DE DIOS (Parte 2)


(Efesios 2:8-10)

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.


I. Importancia del origen de nuestra fe


1. Dos cosas por lo menos nos quedan pendientes para meditar y contestar objeciones. Como la fe es la que excluye a las obras, las obras se esfuerzan en excluir a la fe. Siempre, desde muy temprano en la historia de la iglesia ha habido un desacuerdo constante entre dos corrientes interpretativas de la salvación, aunque no debiera ser. Unos han creído que la fe es algo que tenemos, que el hombre posee en sí mismo, que nace con él y que lo entrega o deposita en el evangelio una vez que lo escucha. Otros no creemos que eso sea cierto, sino que la fe es un don de Dios, no algo que el pecador posee en su propia naturaleza.


(1) Supongamos que la fe sea intrínseca, que la poseamos o que nazcamos con la capacidad para creer. Si nacemos con esa capacidad y en cuanto oímos el evangelio lo creemos y ya poseemos fe; ¿por qué hay quienes lo oyen muchas veces y jamás creen? ¿No tienen esa “capacidad”? Si la poseyeran y no lo hacen habría entonces que pensar que esa capacidad está sujeta a la voluntad y que si ella se niega la capacidad no entra en funcionamiento. Pero, ¿qué pasa con los que quieren creer, pero no pueden, el corazón se les niega, “no pueden aceptar” los postulados del evangelio? Tenemos que pensar que esa capacidad inherente no está sujeta a la voluntad del individuo.


Esa capacidad para creer, para aceptar el evangelio cuando es explicado, es filosófica y se corresponde más con la sabiduría de este mundo que con la que ha sido revelada a Pablo. Esa eventual posibilidad de que el hombre acepte por su voluntad a Cristo, que por sí mismo tenga ese poder, no se corresponde con el estado caído en pecado ni con el plano en que Pablo lo concibe. Para el apóstol el hombre está muerto y las posibilidades, capacidades de salvación en sí mismo de modo natural, están muertas también. Para él la salvación, como hemos ya visto anteriormente, es una resurrección, algo que principia y se consuma en Cristo y no en el hombre que recibe, por gracia, los efectos de lo que es, hizo y está en su Salvador. Las capacidades mentales para hacer el bien, o espirituales para buscar a Dios, con la caída de Adán en pecado fueron destruidas. Como el leopardo no puede lavarse sus manchas ni el etíope cambiarse la piel, el hombre no puede regenerarse por su voluntad porque los hijos de Dios no son engendrados por voluntad de varón (Jn.1:13).


(2) Si la fe sale del hombre y va hacia Dios, invierte los acontecimientos espirituales, el evangelio por sí mismo no engendra la fe sino el discernimiento humano de él. Es el hombre el que vuelve creíble el evangelio y no el evangelio torna creyente al hombre. La fe que el hombre saca de sí y la deposita no tiene que ver algo con conversión sino que es un proseguir de donde se está y adelantar un poco sobre el mismo curso que se lleva. Una fe con un origen humano no es más que obra y no fe, es un esfuerzo propio, un producto de la cavilación, un resultado de capacidades de asimilación, conveniencia, sensatez y estudio.


En ese caso la fe no es un elemento sobrenatural sino un producto del ser humano y por ello iríamos a creer que la salvación no es plenamente del que está sentado en el trono y del Cordero, sino del que se halla en el Trono y del que está en la tierra. Nuestra explicación del origen de la fe no es el hombre sino Dios, es un elemento sobrenatural que milagrosamente hace que el hombre crea. El ser creyente es convertirse a la fe, es un milagro de la gracia. Si nos interesa explicar el origen de la fe es para salvaguardar la doctrina de la gracia, porque dice, “por medio de la fe” y si ella sale de abajo y no de arriba, la gloria es para el que vive en la tierra y no para el que llena el cielo.


II. Creación o evolución


1. Un solo creador. Si la fe sale del hombre y él tiene esa “capacidad”, ¿cómo es que Pablo dice que somos hechura suya, creados en Cristo Jesús? (v.10). No que “parcialmente” seamos hechura suya. Si el hombre “hace” una parte en su fe, ¿es hechura de Dios? La palabra que usa el apóstol para “hechura” es la misma que usamos para “poema” (poiema), si Dios fue el que escribió el poema de nuestra vida, no fue el hombre. Si el hombre ha escrito aunque fuere algunas líneas en el poema de la salvación, ya no fue Dios, fueron dos los autores. Pero lo que enseña el Nuevo Testamento es que Cristo es el Autor y consumador de nuestra salvación y a eso la iglesia primitiva le llamó “sinergismo” que es la cooperación entre ambos, y la iglesia la condenó como herejía.


2. Darwinismo y Arminianismo teológico. Además, si la salvación es una creación en Cristo como el apóstol sostiene y confiesa, ¿se creó Adán alguna parte de su cuerpo o vida? Si la fe es de origen humano, no es una creación sino una evolución darwiniana. La fe que nace en el hombre y no en Dios es más científica que revelacional, no es la que enseña el Espíritu sino el mundo y está equivocada. El espíritu de Darwin es hallado en todas las épocas de la teología y es más ateísmo que cristianismo. Los impulsos naturales del hombre para obrar su propia salvación mediante sus obras piadosas no son más que soberbia e incredulidad. Los paganos, aunque politeístas, eran ateos, estaban sin Dios en el mundo (2:12).


El sabelianismo y el arminianismo, por humanos y natural tienen raíces paganas. Todo el que insiste en obrar para salvarse lo que manifiesta no es su capacidad para creer sino su incapacidad para creer, y escoge por eso mismo el camino de las obras porque es mucho más fácil, menos doloroso, (aunque trate “duro el cuerpo”, la fe es trato duro del alma) menos humillante y más a su alcance, pero no llega a ningún lado, menos a la salvación. Nuestra capacidad natural es para reconocer que no poseemos fe y por lo tanto para pedirla. Lo único que he hecho para tener fe es decirle a Dios que no la tengo. Y decirle a la gente “ponga tu fe en Cristo” como algo que ellos naturalmente tienen y pueden hacer es engañarlos. Es mejor decirles “pon la fe en Cristo” “cree en el evangelio” “cree que Cristo murió por tus pecados” y esperar que el Espíritu Santo por medio de la “locura de la predicación” obre el milagro de convertir a un pobre incrédulo en un sano creyente.


III. Yo..pero no yo. Mis buenas obras


1. El lugar de las obras de justicia. ¿Y qué pasa con las buenas obras? “Creados para buenas obras” v.10. Estamos obligados a andar en ellas. Sin embargo no las hacemos como una obligación moral según la ley sino que las buenas obras son el fruto de los impulsos de esa nueva creación. Las buenas obras son el resultado de lo que Dios ha hecho. Solamente los que son salvados hacen buenas obras y tampoco van del hombre hacia Dios sino de Dios hacia el hombre. La savia es la gracia, el fruto las buenas obras. No tienen nada que ver con la adquisición de la salvación sino con el resultado de la salvación, con su manifestación. Las buenas obras son frutos, se hallan en las ramas de la salvación, no encajadas en la raíz. El origen y raíz es la fe.


2. El origen de ellas. ¿Qué quiere decir el apóstol con “las cuales Dios preparó de antemano”? Si quiso decir que Dios ha predestinado nombrando las buenas obras, declarándolas, para que supiésemos cuales son y las hiciéramos, ¿por qué tuvieron que ser preparadas (tenerlas listas de antemano)? Muy pocas o quizás ninguna buena obra hay en el cristianismo que ya no hallemos en el judaísmo. La palabra, “preparó” no permite que sea un catálogo declarado. Es algo que se hace, que se ejecuta, una cosa existente no el nombre de ella, un hecho. Cuando nuestro Señor pasó por esto dijo: “Me es necesario hacer las obras del que me envió entre tanto que el día dure; la noche viene cuando ya nadie puede obrar” (Jn.9:4). Y en 17:4 “yo te he glorificado en la tierra he acabado la obra que me diste para que hiciese”. ¿Por qué Jesús entró a Samaria, por qué le fue necesario pasar por allí? ¿Por qué se bautizó sino porque le era necesario cumplir toda justicia? Escoja cualquiera obra hecha por nuestro Señor y encontrará que no solo el Padre le nombró la obra para que la hiciera, se la predestinó, sino que el Padre la hizo con él y en él. Sus obras revelaban al Padre.


Y Pablo decía lo mismo “no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1Co.15:10). Si Dios las señala, pero no las ejecuta, entonces no revelarían ni la gracia ni a Dios. Para que las obras glorifiquen a Dios tienen que ser hechas por él a través de su instrumento. Las buenas obras serán siempre hechas porque ya están preparadas, por tanto un salvado siempre obrará santamente y para la gloria de Dios. Si no lo hace, si ellas no son halladas como fruto de su profesión de fe, no hay tal fe. No hablemos de las que deja de hacer, que son pecado, sino de las que existen, las que hace, las buenas obras. (Estudie la exagerada recompensa que tendrán los santos por sus buenas obras, un “trono”, “diez ciudades”, etc. ¿no son más bien regalos?).


En fin, la gloria de nuestras vidas es la gloria de Dios y lo que hemos hecho y haremos es lo que él disponga, eso a la vez que promueve la excelencia en nuestro trabajo y en nuestra piedad, evita que nos desesperemos por no poder ejecutar cosas mejores y también impide que alguna vez vayamos a gloriarnos de algo que haya sacado la admiración de nuestros consiervos porque reverentemente confesamos, “yo…pero no yo” y lo que debimos hacer, como siervos inútiles, hicimos, y como he dicho, lo único que he hecho para tener fe es decirle a Dios que no la tengo.

4 comentarios:

  1. Humberto,
    tu pluma no descansa, vengo por aqui a saciar mi sed, y siempre encuentro agua fresca.

    si el hombre tiene fe intrinseca, ¿para que entonces Dios regenera al hombre y lo hace nueva criatura? Si la "vieja criatura" puede tener fe asi mismo como esta, y puede ir hasta Dios y "aceptarle"..... ¿para que Dios pierde tiempo en regenerarle?......si la "vieja creacion" es suficiente en si misma, bien se pudiera quedar asi.

    gracias a Dios que no toma en cuenta nuestros desvarios para hacer su perfecta obra.

    gracias por tu sitio, y por exponer la belleza de la redencion, y lo horroroso de nuestra condicion.

    un abrazo en el Señor.
    Felipe.

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  2. Hola Felipe, qué gusto saber de ti; siempre que llegas dejas alguna reflexión adicional provechosa. Es muy rica nuestra teología y cuando la expones la saboreo. Abrazos.

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  3. Asi es querido pastor,esto lo visualizo como a esos munecos que le regalan a los ninos en navidades,y que necesitan que su padre le instalen pilas con el fin de darle movimiento. Asi hace nuestro Padre Dios con nosotros para poder creer,nos imparte la fe con su gracia irresistible;de otra manera somos como munecos
    inanimados,hombres de barro sin el aliento de Dios. Abrazos,hno. Mejias

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  4. Mejías, que gusto me da verle pasar por aquí. Muchos abrazos bien recordados hermanos.

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