martes, 18 de febrero de 2014

Azotamos a Dios y a los ángeles


Números 22:31-33
“Y el ángel de Jehová le dijo: ¿Por qué has azotado tu asna estas tres veces? He aquí yo he salido para resistirte, porque tu camino es perverso delante de mí”.

Si Dios abriera nuestros ojos veríamos que las cosas que nos salen mal, los impedimentos que aparecen y no podemos explicar porqué ocurren, veríamos a Dios, es él quien no ha permitido que sigamos tal curso, tal camino, porque estamos haciendo lo contrario a lo que quiere; nos desviamos de nuestro plan, nos mete en apretura y en un callejón sin salida para ninguna parte, y desesperados y frustrados porque las cosas no van según lo deseado, azotamos a los que aparentemente tienen la culpa, como Balaam a la cabalgadura, si no con varas con duras palabras. Azotamos a Dios por su plan, y vertemos sobre su nombre todo reproche, mal humor y frustración. Azotamos a los ángeles y les tenemos como ociosos observadores de lo que nos pasa, y peor, meterse en medio para bloquearnos la senda, vocación y el destino. 

Como no alcanzamos la meta y no vemos al Invisible, sobre él descargamos los golpes. No son legítimos y ordinarios obstáculos los que tenemos que vencer sino impedimentos que sin duda son impasables y debieran, no solo conducirnos al camino derecho sino impedirnos el progreso, por nuestra ceguera y estupidez. Y no decimos “estoy yendo por un camino equivocado, aquí algo anda mal, estoy insistiendo en lo que parece no es la voluntad de Dios”. Los profetas auténticos no luchan contra los procedimientos de Dios sino que los aceptan; si hay que andar se anda, cabalgar se cabalga, si sentarse y esperar, eso se hace, en reposo, aguardando a Dios y que nos voltee hacia otro punto cardinal.