domingo, 5 de agosto de 2018

¿Puede uno razonar con Dios?


JOB 13:3
“Mas yo hablaría con el Todopoderoso, y querría razonar con Dios”. La palabra razonar se pudiera traducir argumentar, discutir. ¿Puede uno razonar con Dios? ¿Con qué cuenta para razonar con Dios? Cuando uno razona con Dios en la oración, cuando habla con él pensando, posiblemente el Espíritu Santo le enseñe la verdad y pueda ver a su luz todas las cosas. Necesitamos más oraciones lógicas, bien argumentadas a Dios. Ser razonable para entender y razonable para pedir, y eso no quita en nada la espiritualidad de la oración al contrario la hace más profunda y bendecida. El Espíritu del Señor sabe lo que queremos decir aun cuando la oración consiste solamente de "gemidos indecibles" (Ro.8:26) ¡cuánto más a un asunto bien pensado y expuesto con claridad ante los ojos del corazón y de los de Dios!
Del mismo modo es bueno razonar con Dios y es posible mediante su Palabra, es decir reflexionar mientras se lee y se estudia la Biblia. No es sólo memorizar pasajes bíblicos, algunas veces extensos, sino también razonarlos que es llegar a la médula de las palabras reveladas, que son como los huesos del entendimiento. Una hermosa vida devocional es deudora de la reflexión bíblica, y la espiritualidad es un producto legítimo único de ella. Cualquiera otra espiritualidad sin sentido común y sin razón es a lo sumo resolución y piadosa mentira. Dios espera que continuemos la tradición de María, recoger las cosas en el corazón en silencio y meditar en ellas (Luc.2:19). No se puede razonar con Dios en la Biblia yendo a la carrera, haciendo lecturas galopantes sin triturar dentro de las mandíbulas de la razón el contenido de las palabras sobre la cual han pasado los ojos.
Y el que sea capaz también puede razonar con Dios sometiendo a escrutinio y análisis su providencia, quiero decir su particular provincia en su propia vida. Es una costumbre ventajosa detenerse en el camino cristiano y mirar hacia atrás para saber la distancia que hemos recorrido, mirar el almanaque y contar los años que nos ha llevado llegar hasta ese punto, y mirar hacia el futuro pensando en cuanto del proyecto establecido todavía aún queda por alcanzar. Si reflexionamos en nuestra propia historia y con las lecciones del pasado alumbramos la providencia presente sabríamos entonces como obrar mejor y como tener reposo y tranquilidad en el espíritu. Todos los órganos de nuestro cuerpo reflejan la gloria y semejanza de Dios, pero ninguno tanto como el cerebro, que en lenguaje bíblico es el corazón, y es por esa capacidad de raciocinio que a los jueces en la Biblia se les nombra como dioses (Jn.10:35). ¿No es cierto que la Palabra en la carne, o sea Verbo, también significa razón? El Verbo de Dios es la razón de Dios, la mente de Dios. Jesucristo es la razón de Dios. Palabra y razón es lo mismo. Dichosos aquellos que tienen un predicador como dice Salomón, que a sus discípulos enseña sabiduría, y los hace escuchar y escudriñar (Ecl.12:9), o sea aprenden de Dios un cristianismo razonable.