lunes, 9 de abril de 2018

Su disgusto, que Dios fuera el dos


1 SAMUEL12: 1-5
Ahora, pues, he aquí vuestro rey va delante de vosotros. Yo soy ya viejo y lleno de canas; pero mis hijos están con vosotros, y yo he andado delante de vosotros desde mi juventud hasta este día”. 

“Soy viejo y lleno de canas, pero díganme con quién he hecho un mal negocio, le he hecho trampas o lo he robado” (paráfrasis). Samuel no está resentido porque lo hubieran sustituido porque de todos modos las guerras las ganaba Saúl con su compañía (11:7), ahora Dios estaría en segundo lugar después del rey, o la monarquía, ya que Saúl no le daría la primera posición, sino que la ocuparía él mismo. Ese era en esencia su disgusto, que Dios fuera el dos y no el uno, beta y no alfa, b y no la a.  Dios les ayudaba (11: 6), pero sin que tuviera la preeminencia (Col. 1: 18); Cristo no estaba a la diestra de Dios sino a la izquierda. Por eso, oh Dios, suspiro y lloro, icabod (4: 21,22).  “He gastado mi entera vida sirviéndoles. En suma, he sido un hombre honrado ¿no es cierto? ¿Por qué quieren entonces algo más que yo? ¿Por qué quieren algo más que Dios? El problema de la guerra lo resolvería Dios, con un juez; ustedes piensan que lo resolverá un rey; las guerras les vienen por desobediencia y las perderán por igual razón; lo que necesitan es fidelidad a la palabra de Dios y podrán prescindir de cualquier organización de hombres y de instrumentos humanos. Con mi buen testimonio, mi forma de juzgar los asuntos y la bendición de Dios, tienen”. Oh Señor que no creemos nuevas organizaciones sino mejoremos nuestra calidad de vida cristiana. Si eres el segundo eres el último, hay muchísimos que en todo quieren la preeminencia y “reinar sin ti” (1Co.4:8). Ese es nuestro disgusto teológico, que Dios sea el dos y no el primero, o “el alfa y la omega” (Apc.1:11).