jueves, 3 de agosto de 2017

Por qué David cantó a todo pulmón



SALMO 9:1

“Mut-labén”, con el artículo incluido significa “morir por el hijo”, y se piensa es el título de una canción popular. Significa muerte. Que el músico principal le ponga un tono luctuoso, o compuesto sobre la muerte de su hijo Absalón (2 Sa. 18: 33). Pero “el hijo” puede ser el mismo rey que fue declarado hijo de Dios en su ungimiento, porque el salmo parece escrito cuando ha obtenido una victoria casi total. De todos modos, ¡oh morir por el Hijo de Dios, Jesucristo! Este salmo menciona varias veces a “las naciones” (vv, 5, 8, 15, 19, 20); y ese último versículo, aunque pudiera traducirse “gentiles” (BTX), es mejor por el precedente, traducirlo como naciones (RV).
Como es una melodía luctuosa, mut-labbén, triste, y tiene que ver con sangre derramada por los gentiles (v.12), pudiera tener como fondo de motivación alguna incursión gentil dentro de las ciudades de Israel, y con las consecuentes muertes, despojos, secuestros, por eso pide para esos filisteos, gergeseos, o cualquiera que haya sido el ejército invasor, que por los “humildes”, los “pobres” tome venganza (vv. 9, 12, 18). Y la hubo porque cometieron la equivocación de olvidarse que la iglesia tiene un Dios poderoso, y que no borrarán jamás su nombre glorioso (v. 17). Para David atacar a una aldea de su territorio, gobernado por Dios, era atacar a Dios. El contrataque pudo ser severo y exitoso y los atacantes murieron como atrapados en sus propios consejos (vv.5, 15, 16), y fue tal la venganza, que Dios los borró del mapa y se quedaron sin historia, (v. 6). Toda esa resonante victoria dio satisfacción y aumentó la experiencia religiosa de los que habían orado a Dios para que “metiera su mano en el asunto” (vv. 10, 12), y demostrara que su trono no había sufrido perjuicio alguno (vv. 3, 4).

Los últimos versículos contienen un mensaje dirigido a los pueblos cuya prepotencia ridícula se les había subido a sus cabezas, y pensaron que esquivarían para siempre la muerte, que se habían hecho inmortales, dioses bajados del Olimpo o alguna otra parte. Tan ridícula asunción todavía genera personalidades públicas así, que se ufanan por algún daño que le hayan hecho a la iglesia, y tomado algún brillito de opaca fama, piensan que se escribirá sobre ellos.  Por alguna corta escaramuza, ya imaginan que han contribuido a su decadencia y exterminio, soñando que le pasará lo que para ellos está escrito, esfumarse con el tiempo. Pero no es así. La iglesia se rejuvenecerá perpetuamente, y aquellos odiosos envejecientes se tragarán sus bravuconerías. David durante la confección de este “libro” pudo haberse hallado enfermo (vv.13, 14), o reponiéndose de algunas heridas que les hicieran en la guerra, porque imaginarlo sin un rasguño, cantando dulcemente poesías, y no como comandante en jefe junto a Joab, es imaginar una ausencia que no tuvo realidad. Eso, imagino, es la causa actual, por la cual, escribiendo, exalte el nombre de Dios como él mismo testifica, “con todo el corazón”, a todo pulmón, a pesar que en un tono mut - labbén (v. 1).