sábado, 27 de mayo de 2017

Un sólido sermón paulino

Exposición 44

HECHOS 13:16-41 (LBLA) 
“Pablo se levantó, y haciendo señal con la mano, dijo: Hombres de Israel, y vosotros que teméis a Dios, escuchad: [17] El Dios de este pueblo de Israel, escogió a nuestros padres y engrandeció al pueblo durante su estancia en la tierra de Egipto, y con brazo levantado los sacó de ella. [18] Y por un período como de cuarenta años los soportó en el desierto. [19] Después de destruir siete naciones en la tierra de Canaán, repartió sus tierras en herencia; todo esto duró como cuatrocientos cincuenta años. [20] Y después de esto, les dio jueces hasta el profeta Samuel. [21] Entonces ellos pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, durante cuarenta años. [22] Después de quitarlo, les levantó por rey a David, del cual Dios también testificó y dijo: "He hallado a David, hijo de Isaí, un hombre conforme a mi corazón, que hará toda mi voluntad." [23] De la descendencia de éste, conforme a la promesa, Dios ha dado a Israel un Salvador, Jesús, [24] después de que Juan predicó, antes de su venida, un bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel. [25] Cuando Juan estaba a punto de terminar su carrera, decía: "¿Quién pensáis que soy yo? Yo no soy el Cristo; mas he aquí, viene tras mí uno de quien yo no soy digno de desatar las sandalias de sus pies." [26] Hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros teméis a Dios, a nosotros nos es enviada la palabra de esta salvación. [27] Pues los que habitan en Jerusalén y sus gobernantes, sin reconocerle a Él ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, cumplieron estas escrituras, condenándole. [28] Y aunque no hallaron causa para darle muerte, pidieron a Pilato que le hiciera matar. [29] Y cuando habían cumplido todo lo que estaba escrito acerca de Él, le bajaron de la cruz y le pusieron en un sepulcro. [30] Pero Dios le levantó de entre los muertos; [31] y por muchos días se apareció a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son sus testigos ante el pueblo. [32] Y nosotros os anunciamos la buena nueva de que la promesa hecha a los padres, [33] Dios la ha cumplido a nuestros hijos al resucitar a Jesús, como también está escrito en el salmo segundo: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy. [34] Y en cuanto a que le resucitó de entre los muertos para nunca más volver a corrupción, Dios ha hablado de esta manera: Os daré las santas y fieles misericordias prometidas a David. [35] Por tanto dice también en otro salmo: No permitirás que tu Santo vea corrupción. [36] Porque David, después de haber servido el propósito de Dios en su propia generación, durmió, y fue sepultado con sus padres, y vio corrupción. [37] Pero aquel a quien Dios resucitó no vio corrupción. [38] Por tanto, hermanos, sabed que por medio de El os es anunciado el perdón de los pecados; [39] y que de todas las cosas de que no pudisteis ser justificados por la ley de Moisés, por medio de El, todo aquel que cree es justificado. [40] Tened, pues, cuidado de que no venga sobre vosotros aquello de que se habla en los profetas: [41] Mirad, burladores, maravillaos y pereced; porque yo hago una obra en vuestros días, una obra que nunca creeríais aunque alguno os la describiera”.

Después de este disgusto los misioneros continuaron su viaje hasta Antioquia de Pisidia, no Antioquia de Siria, desde donde ellos habían salido. En ese nuevo lugar el apóstol predicó en una sinagoga judía, a petición los principales, "una palabra de exhortación" o "una palabra de ánimo". No necesariamente de reprensión.
1.- El sermón de Pablo consiste en un recordatorio de la historia sagrada, no para probar su conocimiento de ella sino para exhortar a sus hermanos judíos a creer en Cristo. Si tomas el sermón como un todo verás que, según Pablo, la historia del pueblo judío culmina en la resurrección de Jesús (vv. 35-37) "no permitirás que tu santo vea corrupción... más aquel a quien Dios levantó no vio corrupción".
Esa es la culminación de su sermón y como él lo entiende, de la sagrada historia judía, de la ley y los profetas. Les está pidiendo que relean la historia desde los acontecimientos que él sabe, y por su ejemplo exegético les muestra que la mejor forma de leerla es al revés, desde la resurrección de Jesús, su muerte, sus hechos aprobados por Dios, su nacimiento y si pueden, su origen celestial. Eso no es lo que Israel quiso ni quiere, que la primera letra de su alefato es Jesús y la última, “el primero y el último” (en griego: alfa y omega. El salmo 119 es un elogio acróstico a la Palabra, el Verbo de Dios: Jesús). Israel debía aprender que todo un pueblo culminaba en un hombre, que no se apropiaba de su historia sagrada, sino que era la sombra de él.
Pero aún a su mismo Mesías debían leerlo al revés, de la resurrección a la cruz y desde ahí hacia su nacimiento. Debían comenzar a indagar los sucesos en torno al sepulcro vacío y las apariciones desde ultratumba; todos sus porqués para dirigirse desde el testimonio de la iglesia a la historia de Israel. La iglesia cristiana no sustituía a Israel, pero era su luz principal donde su Ley, profecías e historia desemboca en esa Persona nazarena.
Yo propondría que aun la Biblia se leyera de ese modo. Primero el evangelio de Juan, después los sinópticos, el libro de los Hechos, todo el AT y después el resto del NT. Es una forma, pero buena. El último de todos Apocalipsis. Este orden, más o menos, tiene sus ventajas. Una de ellas es el descubrimiento de salvación de la Biblia y el uso de una exégesis útil en todas las sombras y simbolismos que se hallen. Alumbrar con Jesús todo el AT es lo más útil. Sin esa luz se pasará por encima de muchos textos sin encontrarle el significado oculto, además del histórico, que contiene. Sin Cristo la Biblia se queda en historia y geografía y a lo sumo en religión. Sin Cristo es el Libro de un país y no del mundo. Por ejemplo, el salmo 18. Sin los eventos de Jesús David sólo es historia personal, con Cristo es profecía. Las propias palabras de Jesús, por ejemplo, la destrucción del templo. Sin la resurrección es una alusión al edificio sagrado judío; lo mismo que las palabras de Caifás (Jn 11.49-51). El tesoro de Dios es Jesús y el vaso de barro la Biblia.
Pablo hace notar que la correcta interpretación de la historia de Israel es teológica y que ha de ser tragada completamente dentro de un manantial de vida eterna y salvación. Cuando se ve todo el sermón se nota que su deseo fue predicarles a Jesús, la historia de salvación en Jesús; porque la existencia de Israel es para salvar al mundo.
En el intermedio, el cuerpo del sermón, en Jesús, les enseña que éste fue levantado por Dios como Salvador a Israel (v. 23). Y éste Jesús fue exaltado por el popular profeta Juan (vv. 24,25); (como de paso menciona su doctrina de arrepentimiento) y aunque era un hombre extraordinario se consideró muy por debajo del Jesús a quien él les anunciaba diciendo: "no soy digno de desatar el calzado de sus pies".
2.- Según Pablo avanza en su predicación, uno se da cuenta que la palabra de exhortación o de ánimo, para él es palabra de salvación (v. 26), y desde una punta a la otra lo que quiere es salvar a sus hermanos judíos. El apóstol continúa avanzando en su mensaje; hace referencia al juicio de muerte de Jesús, a la ignorancia bíblica de los gobernantes, y a la poderosa mano de Dios que lo resucitó de entre los muertos (vv. 26-30), sin esforzarse en probarla como hizo con los corintios, sino para dejarles saber que hubo muchos testigos que lo presenciaron vivo y lo palparon.
Tampoco menciona que se le apareció a él en el camino a Damasco, no hace referencia a su conversión ni lo que él fue, supongo que, para no levantar prejuicios en su contra, conociendo la sensibilidad judía contra los cristianos y particularmente en contra de él; les habla como si fuera un predicador anónimo reservándose su identidad.
3.- Todo el sermón está lleno a referencias escriturales y su cumplimiento en Jesús, para probarles que la esperanza aguardada por su pueblo al fin había llegado (vv.32-41). Pablo, no por cobardía, pasa de largo su testimonio, por prudencia, sin embargo, se introduce en una situación bastante difícil: el fracaso israelita de la revelación de Dios. La incapacidad de la ley de Moisés para conceder justificación de un pecador, “sabed esto hermanos que...por medio de Jesús...perdón de pecados. Por medio de la ley de Moisés no pudisteis ser justificados. En Jesús es justificado todo aquel que en él cree” (vv. 38, 39).
Va directo al aspecto más sensible de la religión judía, que su querida Ley no es capaz de justificarlos ante Dios por la incapacidad de ellos para guardarla; y los invita a soltar las amarras del barco de las buenas obras y poner toda su confianza en la muerte y resurrección de Jesús, el genuino Mesías, no conforme a un liderazgo político sino teológico.
4.- Pablo se percata que la mayoría de ellos no estarán de acuerdo con lo que dice y concluye con una severa advertencia de juicio (v. 41), tomada del texto del profeta Habacub 1:5 cuando habla de la destrucción del templo y la ciudad por los caldeos. La Septuaginta, la Persa y la Siria, traducen un poco diferente. Volviendo al asunto, Pablo estima que lo que dijo es suficiente para que crean o no, partiendo del drama de la muerte y resurrección de Jesús, y yendo por él a los textos sagrados. Eso es precisamente lo más grandioso, lo que le da fe a un puñado de ellos y aviva el deseo en toda la ciudad de oír esa historia. La noticia más grande del mundo: la muerte y resurrección del Mesías de Israel, y la inclusión de la humanidad en esa esperanza religiosa.