miércoles, 24 de mayo de 2017

La gira pastoral de Pedro

HECHOS 9:31-43
31 Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.  32 Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida.  33 Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico. 34 Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se levantó. 35 Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor.  36 Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. 37 Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada, la pusieron en una sala. 38 Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres, a rogarle: No tardes en venir a nosotros. 39 Levantándose entonces Pedro, fue con ellos; y cuando llegó, le llevaron a la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas. 40 Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó. 41 Y él, dándole la mano, la levantó; entonces, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva.  42 Esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor. 43 Y aconteció que se quedó muchos días en Jope en casa de un cierto Simón, curtidor”.

Fíjate en la gira pastoral de Pedro. La iglesia primitiva sentía mucha admiración hacia Pedro. Era una época bella para las iglesias, estaban creciendo en número y se fortalecían por el Espíritu Santo (v.31); los miembros vivían la vida cristiana con toda tranquilidad y no había ninguna oposición externa que frenara su crecimiento (esto duró poco tiempo). En ese tiempo Pedro andaba como un pastor itinerante, visitando pastoralmente a los hermanos que habían creído en Jesús, por si les pudiera servir con alguna bendición. Tenía un gran corazón pastoral.
Pedro era amado por la iglesia y por donde pasaba dejaba bendición y a los hermanos les gustaba tenerlo en sus hogares y alojarlo por varios días. Aunque era un gran ganador de almas, el ministerio suyo era distinto al de Pablo; Pedro era eminentemente un pastor, que haciendo bien a la iglesia la acrecentaba en número. Un buen trabajo pastoral es evangelístico por proyección espiritual. A Pedro, Jesús lo hizo pastor y no la clase de misionero que fue Pablo, pero la iglesia crecía a través de sus miembros. Sus iglesias estaban muy saludables y llenas del Espíritu Santo. Mayormente el punto de contacto entre su ministerio y el mundo eran los hermanos cuyas vidas transmitían el evangelio que aprendían de su boca. Estaban tan bien pastoreados, tan bien cuidados, que se reproducían sin dificultad. Andaban en el temor del Señor y el Espíritu las fortalecía. El gran crecimiento de la iglesia era un fruto de un gran trabajo pastoral.

Llegó a Lida, con la intención de bendecir a los creyentes, y salió de allí dejando la iglesia mucho mayor, no porque saliera a las calles y sinagogas a predicar sino por el milagro que hizo en una casa. Eneas salió a la calle y la gente que le conocía como un inválido se quedaba asombrada y le preguntaba cómo había llegado a caminar; y él, con una sonrisa amplia en sus labios, les hablaba de la iglesia y su ministro, llamado Pedro, diciendo: “Llegó a la ciudad el hermano Pedro, y como en mi congregación todos me aman, le pidieron que si podía orar por mí y sanarme, lo cual al verme inmediatamente hizo. Se puso enfrente de mí y dijo: “Eneas Jesucristo te sana”, porque ya se lo había pedido en oración al Señor y éste le había dicho que sí”.
Cuando la gente oía ese testimonio, corría inmediatamente a la iglesia porque querían estar en una congregación donde los hermanos se amaran tanto, mostraban cariño, tuvieran un pastor que orara por ellos, y para preguntar quién era Jesucristo, del cual dependían para todo bien, lo cual ellos gustosamente les explicaban.

Al visitar la iglesia oían el evangelio y se fascinaban con la historia de Jesús, convirtiéndose a él y pidiendo ser bautizados, para adorarle, disfrutarlo y estar en la compañía de aquella gente y su pastor. Esta piadosa gira pastoral se convirtió en una campaña de evangelización donde la gente iba a la iglesia no porque se le invitaba sino por ella misma, para conocer al pastor y por sobre todo para enterarse más acerca de Jesucristo.


La gira continuó y de Lida pasó a Jope, porque enviaron por él los hermanos, para que hiciera algo por una de las mejores hermanas de la congregación que había acabado de fallecer y ellos, traspasados de dolor no se conformaban con haberla perdido para siempre.
Nota que allí también halló una iglesia plena del Espíritu porque ni teniendo una esperanza celestial se conformaban con la desaparición física de sus miembros. Los hermanos pensaban que ella  merecía seguir viviendo un poco más; la iglesia no quería que se muriera. Sabía que había ido a la presencia del Señor, que había ganado, pero la querían de vuelta. Cosa difícil habían pedido, hacer bajar un alma de su disfrute eterno, traerla de nuevo del cielo a la tierra. Era como pedirle al Señor que la castigara con su regreso al cuerpo.
Pedro no se atrevió a decirle: “Dorcas, levántate”; hizo lo mismo que en Lida, se arrodilló y le pidió al Señor que si fuera posible la enviara de regreso. No le dijo a Pedro: “Ella está mejor aquí, ha ganado, no le pidan que regrese”; sino “está bien, que vuelva Dorcas y continúe haciendo túnicas y vestidos para los pobres, si eso los hace felices, que se despierte como de un sueño y no recuerde nada de lo que ya ha visto”.
Querían que ella volviera y presentaban como argumento las buenas obras que dejaba como recuerdo suyo. Le mostraban sus tejidos y costuras. No dejaba detrás de ella tristeza y problemas. Querían tenerla con ellos y que continuara haciendo lo que hacía porque nadie mejor que ella para hacerlo. Les había robado el corazón con su servicio. Pedro oró con los dolientes y el Señor los consoló con su intervención. Su corazón pastoral se estremeció con aquel cuadro, y debe haber llorado como Jesús ante la tumba de Lázaro. Una congregación que tiene un pastor que ora por los enfermos y Dios lo oye, si es agradecida, lo amará siempre.

Dorcas resucitada se convirtió en un sermón evangelístico. Por una oración pastoral había regresado del cielo y no sólo para seguir tejiendo sino para tener un ministerio más amplio, relacionado con la fe de los incrédulos, para volver a la vida a los que estaban muertos en delitos y pecados, traer fe a los incrédulos y a la iglesia a los que vivían ajenos a la vida de ella.
No escribió un libro sobre su viaje al otro mundo, pero continuó en el mismo lugar espiritual donde había muerto; tras la muerte no se arrepentía de haber vivido entre aquella gente y haber pasado al otro mundo con la fe en Jesucristo. Sobre su viaje al cielo no dijo nada, pero con su testimonio quería decir: “Es muy seguro morir en la iglesia, es un lugar donde nunca nos olvidan, no se celebran cultos para que yo pase de un estado de ultratumba a otro sino para que vuelva a la tierra, y ahora que he regresado serviré fervientemente a Jesucristo, no porque lo encontré al lado allá en la eternidad sino porque es bueno que amplíe mi ministerio entre los incrédulos y que nuestra iglesia se llene de nuevos convertidos”.
Quizás ahora se le veía más en las calles, en las casas que detrás de una máquina de coser o con agujas de tejer en sus manos. Enseñaría a otras hermanas a coser y tejer y ella, con el impulso que traía al haber bajado del cielo, exhortaba a la gente para que se hiciera cristiana y se bautizara. Desarrollaba un ministerio más relacionado con la eternidad que con el amor al prójimo. El impacto en el mundo fue el mismo que en Lida, gran número de personas al saber la historia de ella por sus labios o por la iglesia hacían lo mismo, iban a la congregación y hacían muchas preguntas y veían cómo vivían ellos, quedándose con el grupo y pidiendo bautizarse en el nombre de Jesucristo.
Resumiendo, ¿por qué Dios concedió los deseos de estos hermanos y envió un alma que gozaba su vida eterna a la prisión de su cuerpo? Por Pedro y el evangelio de Cristo.  Dios tenía un propósito con Pedro y el mundo. Sin ofender a nadie porque sé cómo se fundó la iglesia en Antioquía, por favor, no son los miembros de la iglesia ni las vivencias de la congregación lo que está más cerca del plan de Dios en la cadena de salvación del mundo, sino el ministerio pastoral y el evangelio que se anuncia.  Son las niñas de los ojos de Dios. La oración de él fue oída y a petición de él fue que ella regresó.

¡Oh Dios, que tu iglesia aprenda lo importante que es para ella y para el mundo el pastor y su ministerio! El corazón de la iglesia es el pastor y su evangelio; por ellos dos fue que Dorcas volvió a la vida y los hermanos se consolaron. Dios, por medio de la gira pastoral de Pedro nos muestra cómo puede alcanzar al mundo, por medio de la iglesia que tiene contacto con la vida y enseñanzas de un hombre verdaderamente llamado por él. Oh Señor, que tus iglesias amen el ministerio pastoral que dentro de ella se hace.