martes, 12 de abril de 2016

Cómo podría seguir siendo un autor sagrado

SALMO 51:11
                                         “No quites de mí tu santo Espíritu”.
Mi mayor horror no es perder las bendiciones del Señor, que sin duda me harían llorar en tierra, sino  quedarme definitivamente sin Dios. Cada vez que peco siento ese mismo temor de David, que el Señor quite de mí su Santo Espíritu, o por lo menos su influencia y retroceda a ser como un hombre cualquiera.
Así pensaría David: “¿Cómo podría seguir siendo un autor sagrado, mantener mi nombre con dignidad junto a los otros compositores del sagrado canon?  ¿Cómo dejar de ser un hombre “conforme al corazón de Dios”? No soportaría la idea que mis libros, frutos de mis experiencias, labores, desvelos, que reflejan mis conflictos y éxtasis espirituales sean desechados para siempre y que yo o nadie en el mundo pueda leerlos ya con algún provecho y consuelo. ¡Oh no! No quisiera dejar de ser el dulce cantor de Israel y reflejar la renovada imagen celestial.
“No podría ya gobernar sin Dios, ¿quién podría librar las batallas de Jehová sin su asistencia? ¿Quién dirigiría los escuadrones sobre los cuales me hallo puesto? ¿Cómo pastorearía con justicia a su pueblo? Ejemplos conozco de lo que es la ausencia del Espíritu, ¿no le pasó eso a Saúl (1Sa.16:14)?  ¿Y anteriormente a Sansón?” (Jue.16:20).
Creyente amado, ¿no es ese tu pánico? Cuando veas que los textos de la Escritura pasan por tus ojos y llegan a tus oídos serios, sin dirigirte la palabra, los momentos son de susto. Cuando cantas y no puedes continuar....tu voz se te quiebra en la garganta y exclamas ¡no puedo, no puedo!, cuelgas el arpa en el sauce más cercano, hundes tu cabeza entre sus ramas y lloras desconsoladoramente tu alma muerta. ¡Oh Dios!, tú eres mi luz y mi salvación, quítame un pie si estorba o mi mano muerta caiga y mi tintero se seque, pero nunca si eso fuera posible, tu Espíritu, porque prefiero entrar mutilado al reino a que me quites tu divina presencia.