viernes, 11 de enero de 2019

Hay madres que parecen un apóstol


GENESIS 27:6-17
“Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí yo he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo: Tráeme caza y hazme un guisado, para que coma, y te bendiga en presencia de Jehová antes que yo muera. Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando. Ve ahora al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como a él le gusta; y tú las llevarás a tu padre, y comerá, para que él te bendiga antes de su muerte. Y Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velloso, y yo lampiño. Quizá me palpará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendición. Y su madre respondió: Hijo mío, sea sobre mí tu maldición; solamente obedece a mi voz y ve y tráemelos. Entonces él fue y los tomó, y los trajo a su madre; y su madre hizo guisados, como a su padre le gustaba. Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor; y cubrió sus manos y la parte de su cuello donde no tenía vello, con las pieles de los cabritos; y entregó los guisados y el pan que había preparado, en manos de Jacob su hijo.”.

Rebeca sabe lo que está haciendo; para ella no es robar ni le importa mentir con tal que cumpla el propósito de Dios para su hijo Jacob (25:23). Y fue un robo y mentiras. Se le ha culpado mucho y acusado de haber perdido sus dos hijos. Puede que lo presintiera, pero estuvo dispuesta a ello con tal que cada uno recibiera de Dios lo suyo. Según su punto de vista, Esaú era quien se disponía a robar la bendición a su otro hijo. Las palabras que les dice a su hijo para quitarle el miedo a la maldición de Dios, son atrevidas y fuertes, afirmando que el castigo que pudiera merecer su osadía le fuera aplicado a ella y la maldición que pudiera caer sobre su hijo ella la recibiera. Como madre uno entiende eso, porque una madre está dispuesta a hacer por su hijo lo que fuera, incluso recibir la maldición por sus locuras e imprudencias, hacerse responsable ante Dios de la justicia que merecen los pecados de aquel, volverse ella maldición y ser separada de Cristo con tal que el hijo desobediente sea salvo (Ro.9:3). Algunas madres suelen ser parecidas a un apóstol y a Jesucristo.