miércoles, 15 de febrero de 2017

Lo que Dios ve y oye en una alcoba conyugal

GENESIS 38:8,9
Y Onán sabía que la descendencia no sería suya; y acontecía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano, derramaba en tierra para no dar descendencia a su hermano. Pero lo que hacía era malo ante los ojos del Señor; y también a él le quitó la vida”. 

Dios conoce el corazón de todos los hombres y las motivaciones de sus acciones; y el Señor también mira con quién se tienen relaciones sexuales y cómo se efectúan, porque el Espíritu dijo que el lecho matrimonial debe estar “sin mancilla” (He.13:4). ¿No dice el Señor que se cierre la puerta de la habitación y se ore en secreto porque Dios ve en secreto? (Mt.6:6). ¿O es que Dios entra, si es que el “Viviente que me ve”, tiene que entrar, ¿sólo cuando lo que se va hacer en la alcoba es un culto religioso? Cuando se cierra la puerta Dios no se queda afuera, está dentro y ve y oye todo lo que pase. Siempre el matrimonio se halla en la presencia de Dios. Onán no quería darle un hijo a su hermano porque el primogénito no sería suyo, no llevaría su nombre y la herencia sería de él y no del padre. Sería padre biológico del hijo, pero no legal.

Y ¿qué más le daba? De todos modos, la herencia no sería suya tampoco si no engendraba un hijo. No quería tener un hijo, criarlo y que llevara el nombre de otro. Y Dios lo estaba mirando y le repugnó lo que hacía con su mujer porque en el matrimonio todo no es válido, hay cosas que se pueden hacer por común acuerdo de la pareja, pero no de común acuerdo con Dios, y “son dignos de muerte los que tales cosas hacen” (Ro.1:32). Las conciencias de ellos pueden quedarse tranquilas, pero bajo condenación. Hay cosas que no se hacen en el matrimonio que desagradan a los ojos de Dios, y hay cosas que se dicen e hieren sus oídos. Pero como “vergonzoso es hablar de lo que ellos hacen en secreto” (Efe.5:12) yo me callo; y como dice Calvino, llego sólo hasta donde la vergüenza me permita hacer comentarios sobre una alcoba conyugal.