viernes, 9 de diciembre de 2016

Ninguno diga, hoy y ayer Dios me habló, el Señor me dijo


Salmo 62:11
 “Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: Que de Dios es el poder, y tuya, oh Señor, es la misericordia; porque tú pagas a cada uno conforme a su obra.”

"Una sola vez" ¿Hasta dos veces? ¿Tres? Quiere decir que el Señor habla. Dios habla a todos los hombres por medio de: la creación, la conciencia, del orden civil y la Palabra. El texto propiamente tiene el significado de una paradoja. La primera verdad es que el Señor no se reveló tantas veces a los patriarcas. No les estaba todos los días hablando audiblemente. Comenzando con Adán, Enoc, Noé, Abrahán. De este último pasaban muchos años entre una ocasión y otra. Llamamiento. Años en Harán sin decirle nada. Jacob lo mismo. Años trabajando con Labán y no le dijo nada, porque a todos ya les había dicho y lo que Dios esperaba era que vivieran por fe en su palabra. Quizás un poco más a los profetas, y usted lee que el número de profecías no son tantas, lo que se repiten de muchas maneras, sermones sobre la misma revelación. A Jesús ¿cuántas veces? La vida de Jesús es más bien una vida de oración, de fe y de obras. Nunca dice que “el Padre me dijo hoy” sino “el que me ha visto a mí ha visto al Padre, ¿cómo dices tú...? Y a veces se quedaba Dios en silencio; a Pablo muy pocas veces. Él dijo que aprendió el evangelio por revelación de Jesucristo, se nota que siempre estaba aprendiendo por la influencia del Espíritu en la Escritura y en Cristo.  Ninguno decía, "hoy y ayer Dios me habló; el Señor me dijo".

Hay que tener cuidado si creemos que nos hallamos en los últimos tiempos (Luc.17:23), y los que vienen diciendo que el Señor les ha hablado (Jer.23:22-28). Todos esos quienes oyeron al Señor un par de veces y creyeron y obedecieron, eran guiados por el Espíritu Santo; por la sabiduría del Espíritu. Esto es una marca de los hijos de Dios En los salmos que es el libro de las oraciones de David, se oye más la voz humana que la de Dios; nuestro asunto no tiene tanto que ver con el conocimiento, con la revelación, sino con mucha fe; creer definitivamente que Dios es soberano, suyo es el poder, que todo lo puede hacer y nada le es imposible; que es misericordioso y restituye con creces el buen comportamiento (v.12). No más revelación sino inspiración y fe. Necesitamos ser inspirados por el Señor, llenarnos de su Espíritu, no es el tiempo de nuevas revelaciones sino de grandes testimonios de santidad, entrega y fe. Ninguno diga, hoy y ayer Dios me habló, el Señor me dijo porque generalmente son impulsos de fe, del Espíritu Santo, inspirados en su vieja Palabra escrita.