Páginas

miércoles, 15 de agosto de 2012

María Magdalena ¿una dama de la alta sociedad?

Juan 20:11-18
 (Mr. 16:9-11)
11 Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; 12 y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. 13 Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. 14 Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. 15 Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. 16 Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro). 17 Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. 18 Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas”.

Primero que todo veamos algunas aclaraciones sobre pequeñeces. Los críticos bíblicos, los que escudriñan los evangelios se deleitan en supuestas contradicciones en cuanto a los relatos. Que en vez de los ángeles los que ella vio, fue uno. Que se hallaban en el portal de la tumba, o en dos extremos. Esas son nimiedades. En lo posible me parece que la explicación correcta es que en efecto ella vio dos, pero uno le dirigió la palabra y el otro se quedó callado. De todos modos la esencia del relato no sufre de ninguna inseguridad: Jesús no estaba en la tumba, estaba vacía, y había ángeles allí, sea uno o sea un regimiento.

Volverse incrédulo y desechar estos sagrados escritos como inspirados por Dios, es una bobería, y para los tales tengo poca paciencia como interlocutor. Estos dos espíritus distribuidos de esta forma hacen recordar los querubines que fueron esculpidos sobre el arca del pacto, uno en cada extremo de ella. Y la tumba de Jesús es esa arca sagrada donde se vertió la vida de nuestro Redentor para el perdón de pecados de todos nosotros. Estos dos ángeles no están absortos como aquellas dos esculturas mirando el propiciatorio, sino que están sentados, en actitud de reposo y triunfo, o más bien en una actitud de espera paciente, la venida de los testigos del acontecimiento y el mensaje que tendrían para ellos.

En esta segunda parte quizás podamos ver destellos de quien era María Magdalena. Me parece una mujer de distinción y educada a quien Jesús sanó uno a uno de siete males (Luc. 8:2,3). Está incluida en el grupo de mujeres con rango y distinción, que ayudaban económicamente a Jesús, incluyendo a Juana esposa de un intendente de Herodes. Si así fuera, se trata de una mujer honorable, de sensibilidad, y profundamente agradecida a Jesús, atraída principalmente por el ministerio didáctico de Jesús.

También es notable la forma respetuosa y elegante con la cual se dirige al hortelano. No le dice que él lo ha hecho desaparecer sino que si lo ha trasladado a un lugar permanente, que por favor le diga dónde se encuentra y ella asumiría la responsabilidad. Por eso es que dice "yo lo llevaré", lo cual confirma que tenía recursos, amigos o siervos, para el traslado y podría encontrar un lugar donde sepultarlo. Es decir se ofrece para asumir la responsabilidad de todo el funeral de Jesús, costeando lo que costara.

Por su llanto uno supone que amaba al Señor, y puede comprobarlo si la escuchara llamarle a él "raboni", que en caldeo o sirio quiere decir "mi Maestro"; no simplemente maestro o Rabí. Es algo similar a "mi Jesús" "mi Señor". Por eso me parece que su relación favorita con Jesús consistía en escuchar y aprender el evangelio. En las palabras con las cuales se dirige al hortelano hay destellos, claro que mínimos, pero ciertos de lo que he dicho. En el momento de este relato no alcanza a reconocer a Jesús y lo confunde con el hombre encargado del huerto. Posiblemente porque Jesús después de su resurrección cambiaba de forma, borrando todos sus rastros, y por otra parte ella tenía irritados sus ojos y con lágrimas.

Así que María Magdalena debiera ser conocida no solamente como una mujer llorona, que no lo era, porque sus motivos tenía, sino también como una dama de la alta sociedad y testigo fiable de su relato sobre la resurrección de su Maestro.  Ella es ejemplo admirable para los que en la aristocracia viven dominados por muchos demonios, y como pudieran abandonar a esos espíritus impuros. Comenzando con el ministerio de Jesús y el de los apóstoles, se lee que aunque se estaba alcanzando primero a los que no eran nobles (1 Co. 1:26), pronto las doctrinas del cristianismo también llegaron a los excelentísimos como Teófilo (Luc. 1:3), y a esta dama de Magdala.

martes, 14 de agosto de 2012

Dijo: yo fui pero ya no soy


Lucas 15:22-32

"22 pero el Padre dijo a sus siervos: sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano y calzado en sus pies. 23 y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; 24 Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. 25 Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas;  26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 27 Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. 28 Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. 29 Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. 30 Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. 31 Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. 32 Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado".


Los fariseos continuamente refunfuñaban porque Jesús les daba entrada a su círculo personal a personas del bajo mundo, encasillados por ellos como pecadores y malditos por la ley de Dios, esto es, los publicanos o recaudadores de impuestos, los ignorantes de la ley de Moisés y por añadidura algunas prostitutas, que para alarma de ellos habían sido transformadas en seres espirituales que gastaban el dinero en su adoración y vertían lágrimas y perfumes en sus pies.

Jesús les dice que el mar humor de ellos, dibujado en el hosco carácter del hijo mayor, contrastaba con la alegría que había desde entonces en el cielo al saberse allí la tan buena aceptación que había tenido el evangelio entre los peores. Cuando el hijo mayor, que se había quedado con las dos terceras partes de la herencia, y que por prácticamente tener una vida moral impecable según la justicia propia, nada arrastrado hacia los placeres juveniles y viviendo siempre en orden bajo el techo paterno, regresaba del trabajo y escuchó desde lejos la música se extrañó de aquello, y tal vez por su ropa sucia envió a alguno de los empleados para que supiera qué estaba pasando en casa de su padre y el motivo de aquel festín.

Cuando le trajeron la gran noticia de que su hermano había regresado y que el padre, los tíos, los sobrinos y los empleados estaban contentos con la llegada, en vez de correr e ir a ver al hermano, se paró en seco y se negó a entrar, sin alegar alguna excusa en relación con su vestuario sino echándole en cara a su padre que no había razón para recibir a su hermano con tanta fiesta porque era un disipador y un corrupto que había tirado toda la herencia familiar que se llevó, en cantinas y prostíbulos, mientras que él que había sido honrado, decente y obediente y jamás había recibido tan espectacular reconocimiento.

El padre no le discutió el punto porque era cierto lo que estaba diciendo, y le dijo que con aquella fiesta no estaban celebrando su mal comportamiento sino su regreso, porque muchas veces había pensado que le traerían la noticia de que estaba muerto si es que sabía de él, ya que desde mucho no sabía algo y parecía habérselo tragado la tierra. Lo que se estaba celebrando era su resurrección, el olvido, el perdón sin rencores y con alegría. Insistente desde la puerta le suplicaba a su varón que entrara y saludara a su hermano y lo abrazara, aunque fuera por ser hermanos,  compartiera un rato, y después si no quería estar más se marchara alegando alguna excusa. 

El joven terco en no dejarse convencer se negaba entrar, diciendo cien veces que no creía en el arrepentimiento de publicanos y pecadores, ni en el perdón gratuito. No dijo más y se fue, y desde lejos se justificaba a sí mismo como fariseo diciéndoles a los que no se veían faltas morales, la mala historia de aquel indigno ser humano, que contaba en la fiesta que fue y ya no era,   un perdido, amigo de rameras y de mala gente.

lunes, 13 de agosto de 2012

Dios no se dibuja con pincel arminiano


Lucas 15:17-21
17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.  20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. 21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo”.


No creas que en la gráfica expresión “volviendo en sí” el Señor lo despierta de un desmayo sino que un día entró en razón y volvió a estar en sus cabales, y dejó su locura y empezó a repensar en lo que hizo. El joven se hallaba en un callejón sin salida y lo único que podría hacer es dar marcha atrás, volverse sobre sus pasos y aparecerse a la casa de su padre. Todas las puertas se les habían cerrado menos esa, la que abrió para irse.

Con un poco de equilibrio mental decidió poner punto final a su vida loca, aunque mirada no le quedaba nada y no tenía cómo ni con qué seguir divirtiéndose. El hambre fue una buena consejera y el estómago vacío le hizo pensar en su abandonado hogar donde cualquiera de inferior posición comía y bebía mil veces mejor que él.

Aunque la motivación de su arrepentimiento, el hambre, no tiene virtud espiritual en su forma, enseña que como oración de  confesión que estuvo completa, “he pecado contra Dios (el cielo) y le ruego que me perdone, y he pecado contra ti y también te pido perdón”; además reconociendo que no se había comportado con la dignidad que se esperaba de un hijo de tal padre y educado con tales enseñanzas. Por eso le dice "ya no soy digno de ser llamado tu hijo", pidiéndole al padre que no lo tenga como tal, cuando él no ha tenido en cuenta la formación que le dio, y usando su derecho natural de hijo reclamó sin pudor una herencia anticipada y vuelve en bancarrota, sin poder ocultar su colapso económico y moral al pedir un reingreso a la familia, y pedirle la sombra de su techo y un bocado, como empleado. 

Jesús como Hijo conoce el corazón de Dios que es todo amor, y expresa sus sentimientos para los publicanos y pecadores, representados en la maltrecha y equivocada vida del hijo pródigo. El padre lo espera, el padre es el que corre hacia él, lo abraza y lo besa, no porque Jesús lo esté dibujando con un pincel arminiano como un Dios que sin moverse de su estancia espera que las circunstancias conduzcan a los pecadores a un reflexivo arrepentimiento, y hasta que no se hallan cerca y tienen formada en su corazón una confesión, él no sale a su encuentro y los recibe.

Si así fuera y el pródigo siente el querer y el hacer por su propia voluntad, y formula su oración y confesión sin que un solo rayo de gracia lo haya alumbrado, porque Dios está en pasiva espera, sería difícil afirmar que la salvación pertenece a Jehová, que Dios es el que busca al pecador primero, y todo el concepto teológico de gracia hallado en él Nuevo Testamento. Esta parábola está confeccionada con el propósito de indicarles a los publicanos, pecadores y rameras, la disposición de Dios para recibirlos, que pueden ir delante de los fariseos, a quienes retrata en el hijo mayor, en el reino de los cielos (Mt. 21:31). 

En resumen, Jesús les dice a esos que han vivido lejos de Dios, que él les pasaría por alto toda ingratitud, alejamiento, disipación y corrupción, y hasta recibiría de ellos un arrepentimiento circunstancial con tal que a la confesión de pecados le acompañen decididos pasos de renuncia a vivir perdidamente y una disposición a ser admitidos como siervos y siervas en cualquier cosa que haga falta hacer en la casa, sin insinuar en la bella alegoría algún orden de salvación.

domingo, 12 de agosto de 2012

La vida loca


Lucas 15:11-16
11 También dijo: Un hombre tenía dos hijos; 12 y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. 13 No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. 14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. 15 Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. 16 Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba”.


Esta es una las parábolas más largas y bellas que creó Jesús, la conocida como "el hijo pródigo", es decir un hijo derrochador que se acercó a su padre para que le diera por adelantado lo que en su testamento escribiera, una tercera parte de las propiedades de la familia, que ya él,  cansado del lugar no soportaba más y prefería marcharse con todo y vivir su vida a su gusto y estilo. El padre no se sintió ofendido y en vez de negarle lo que pensaba dejarle cuando muriera se lo dio vivo y lo despidió, aunque nunca lo olvidó. El joven contento y cargando sus burros, y llenos sus bolsillos, se fue silbando feliz de la vida y lo que ella le deparaba en el futuro. Ya había puesto el dedo en el mapa hacia donde quería ir y cuál sería la región preferida para hacer todo lo que quisiera y con quienes quisiera sin las interferencias y mortificaciones de consejos paternos. Y para allá se fue a una lejana provincia.

Y como con dinero y ganas de divertirse se consiguen fácilmente amigos, no tardó mucho en tenerlos y que le ayudaran a gastarlo y hacerle pasar buenos ratos, con vino y sexo. El chico no hizo alguna inversión sino que se dedicó a complacerse a sí mismo de la forma que más le gustara; y donde se saca y no se echa, se acaba y eso fue lo que le ocurrió; poco a poco se le fue yendo el dinero y los placeres, los más exquisitos, sublimes y bajos.

Con la desaparición de satisfacciones también los que derrochaban a su lado se fueron marchando hasta que no quedó ninguno, y se vio sin dinero y sin empleo, con menos de dieciocho años y sin estudios terminados, sin profesión, y sin poder conseguir un trabajo bien remunerado porque no sabía hacer nada sino gastar. No le quedó otro remedio que pedir un empleo opuesto a las creencias religiosas que había aprendido en su familia, alimentando cerdos, al oír que comían mejor que él.

Y sentado en el piso y con el estómago vacío miraba a los empleados llevando las cubetas llenas de algarrobas, y con la mano extendida como un mendigo les suplicaba algunas, sin que le hicieran caso;  y dejándola caer se lamentaba de la vida loca que había derrochado y cuánto no daría si pudiera darle marcha atrás al reloj.

viernes, 10 de agosto de 2012

Ni siquiera bautizado, pero lo amaba


Juan 19:38-47
(Mt. 27:57-61; Mr. 15:42-47; Luc. 23:50-56)
38 Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. 39 También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.40 Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. 41 Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. 42 Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús”.


Quiero tener cuidado aquí en criticar a José por haber sido hasta ese momento un discípulo secreto de Jesús por miedo los judíos, y lo comentaré con el mismo comedimiento que usé con Nicodemo que vino a Jesús ocultándose en la noche. Es incómodo escuchar críticas por pequeños defectos en los grandes testimonios. Lo que hizo José de Arimatea fue un acto noble y que la iglesia cristiana tuvo que agradecerle siempre: entrar "osadamente" a Pilato y pedirle autorización para bajar y sepultar a Jesús Nazareno (Mr. 15:43).

Por supuesto que no era un discípulo con una fe grande, si quiere llámele mediocre pero yo no, y aunque pequeña esa fe la usó en este momento, y en cuanto a los otros que pensaran de él como quisieran pensar. Movido por mucho afecto hacia Jesús, se encargó sin que nadie se lo pidiera, ni los discípulos ni la familia de Jesús, bajar el cuerpo y sepultarlo con honor en una tumba nueva, la que tenía destinada como un panteón familiar, para él y los suyos. Jesús no había dejado dinero para su entierro, ni había comprado algún terreno en algún cementerio. Dejó ese póstumo servicio a la providencia de Dios, y en las manos de un discípulo que vivía su cristianismo al margen de los reconocidos, y que sin darse cuenta le llegaría el momento más importante de su carrera cristiana, regalarle a Jesús una tumba de ricos.

En esa clase de tumba se encerrarían los detalles de verdades preverían que tuvieran fundamento los comentarios de mala fe que después habrían de hablarse y escribirse, por muchas generaciones. José de Arimatea ni imaginaba que las características de su tumba eran las perfectas para desmantelar las sospechas ridículas que se han arrojado sobre la resurrección del cadáver de Jesús.

Fue Dios quien hizo que Jesús estrenara aquella tumba para que ningún historiador, consultando testimonios sin méritos, escribiera que fue otro el que resucitó, o médicos escépticos que aseguren que a pesar de no poder arrastrar la cruz, la paliza que le dieron, y que le rompieron el corazón con una lanza, seguía vivo y después de un pequeño infarto, se levantó de su desmayo y se le apareció a los discípulos resucitado de entre los muertos. O políticos y religiosos que por nada del mundo quieren ser discípulos de Jesús, usen su dinero e influencia para decir y escribir que los timoratos apóstoles se llenaron de valor, maniataron y amordazaron a los guardias romanos y se llevaron el cadáver, o lo robaron a hurtadillas sin que ninguno de los dormilones se despertara.

El hermano José de Arimatea mostró su cariño hacia Jesús, y agradecimiento, haciéndose responsable de bajarlo de la cruz, perfumarlo, envolverlo en una sábana limpia y depositarlo con todo respeto en su tumba. Ya podría irse a casa y a los suyos contando lo que hizo, triste por lo que había pasado, melancólico porque no pensaba verlo más, pero dándole gracias a Dios que en ese último momento se le dio la oportunidad para decirle al cadáver, con hechos, que no era un discípulo perfecto, ni siquiera bautizado, pero que lo amaba y esperaba el reino de Dios del cual le había hablado.

Convierte tus recuerdos en oración


    “Entonces Daniel fue a su casa e informó el asunto a sus amigos Ananías, Misael y Azarías,  para que pidieran misericordia del Dios del cielo acerca de este misterio, a fin de que no perecieran. Entonces el misterio fue revelado a Daniel en una visión de noche. Daniel entonces bendijo al Dios del cielo” (Daniel 2:16-19).


Era imposible inventar una mentira y él no lo haría. Daniel tenía fe (v.19) ¿Cómo pudo estar seguro que Dios le respondería? Porque practicaba la oración comunitaria y creía en ella. Y solicitó las oraciones de otros que eran sus amigos. Si uno ora sabe que Dios le oirá y si solicita la intercesión de otros, mucho más. Cuando hizo eso mostraba humildad, que él no tenía respuesta para todo, que en él no residía la sabiduría sino en Dios y que sus palabras serían las del Señor y no las suyas.

Daniel tenía amigos que oraban, no sólo para platicar con ellos. Sus mejores amigos eran personas de oración, una amistad hecha compacta por la oración. Nuestros mejores amigos son los que oran. Estaba seguro que Dios no le oía a él solamente sino también a sus amigos; y ellos, estando en igual situación, se unieron de rodillas ante el Señor y aquel equipo postrado fue oído en el cielo y recibió contestación. Los mejores para acompañarnos en la oración son los que se hallan en la misma situación, que están afectados por el mismo problema y nos aman. Si Dios oye la oración de uno oye la de muchos, y si la medida de la fe de todos no es igual e individualmente no alcanza, juntada a otras, sumada a ellas, alcanza la necesaria para que “conforme a tu fe sea hecho”.

Es magnífico que nuestros hermanos nos ayuden en oración (Ro. 15:30; Flm. 1:22). No es igual que un hijo pida algo a su padre que con los demás hermanos. Hay veces que por timidez no solicitamos esta cooperación. Necesitamos la oración de otros para conocer los misterios de Dios, para hacer su voluntad, para vencer la unidad diabólica entre la carne, el mundo y Satanás. Convierte tus recuerdos de otros en oración por ellos (Flp. 1:3-6). Amén. Inclúyeme, amigo.

jueves, 9 de agosto de 2012

Dios oye a los cuervitos cuando chillan


Salmo 147:9
"El da a la bestia su mantenimiento y a los hijos de los cuervos que claman". 

Se puede traducir “y a la cría de los cuervos cuando chillan”. Si ellos claman ¿tú no? ¿Será Dios más sordo a los clamores de un pájaro hambriento que a un hijo suyo, con alma inmortal, hecho a su semejanza, por quien Cristo murió, heredero de la vida eterna a quien Jesús fue a preparar un lugar junto al Padre? ¿Pueden compararse los clamores de un cuervo a los gemidos del Espíritu Santo? (Ro. 8:26). Jamás un cuervo clama de modo indecible; son clamores naturales y no espirituales que no tienen que ver con la salvación, con el perdón de los pecados, con la angustia por Israel y la preocupación por todas las iglesias.

Cristo no murió específicamente por los pájaros ni ellos son templos del Espíritu Santo, ni forman uno a uno la iglesia. Y aunque usted no lo crea, los chillidos de los cuervitos son oídos aunque tienen en contra la ley del mismo Dios a quien ellos pian, puesto que según Moisés, Dios los tuvo por pájaros inmundos, que comen carroñas y que deben ser separados de todo contacto con su pueblo santo (Lev. 11:11-27). Su lugar es entre los reprobados, los rechazados, él y todos los otros compañeros semejantes que aparecen en esa lista dietética. Con todo, un cuervo fue el que envió Noé para saber si se podía bajar del arca, e hizo el mismo trabajo que una paloma. 

Y la simbólica lista habla de hombres y mujeres pecadores y de sus compañías. Los que según la ley de Jehová son inmundos suelen ser elegidos por la gracia de Cristo para la salvación e ingresar en la lista de los escogidos para volar y sentarse en los lugares celestiales. Separados por Cristo  de sus viejos linajes y parentescos, y de esas somormujas, búhos, lechuzas, buitres, murciélagos, pelícanos y otros insectos de cuatro patas, cretenses siempre mentirosos y cretinos, que el apóstol llama “malas bestias” (Tito 1:12). Es una gran esperanza para la oración, que si Dios escucha y provee por los chillidos de todas esas aves que tienen los diez mandamientos en contra y todo el Levítico, seguramente nos oirá cuando clamamos por pan, agua o tenemos que volar fuera del nido buscando empleo, con otros muchas bocas que compiten.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...