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viernes, 17 de abril de 2020

Dios es el escultor y orfebre de nuesta vida



“Harás además un candelabro de oro puro. El candelabro, su base y su caña han de hacerse labrados a martillo” EXODO 25:31-40
Este candelero, si sigo a Juan en su visión en Apocalipsis (Apc.1:12,13), debe representar a la iglesia de Dios en la cual brilla su presencia, y alumbra en toda la tierra. Oh hermano, la iglesia es un instrumento sagrado, y su luz, la del Espíritu, es la más brillante y hermosa que ojos humanos han visto. Es significativo y además curioso que el candelabro no debió hacerse en algún molde, sino por medio de golpes de martillos; no quedaría tan perfecto como si se fundiera como ya he dicho, en un recipiente con su forma, pero ese no era el propósito, que pareciera perfecto sino que sufriera los golpes, y sus golpes precisamente le dieran su forma y fueran visibles y quedaran como constancia, que los malos momentos y circunstancias vividas por la iglesia y el cristiano particular, forman parte intrínseca y son realmente los que le dan forma. Una iglesia, concretamente una vida cristiana, donde los golpes de martillo no sean visibles y que sólo se aprecie regocijo, buen humor y la marcha de las cosas buenas, es dudoso que esa vida o esa iglesia tengan una formación sagrada. La vida del creyente en Cristo no es tanto una obra de arte sino más bien el ejercicio de un orfebre instruido por Dios que golpea la forma y el fondo de ella hasta que aparezca el emblema de Cristo desde una punta hasta la otra.

martes, 25 de febrero de 2020

Arte, literatura y sensualidad


             MATEO 5:23-25
"Si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y reconcíliate primero con tu hermano". 

No presentes al Señor una ofrenda mezclada con rencores. Hemos presentado al Señor muchas preciosas ofrendas conscientemente contaminadas con pecado, y hasta es el pecado quien las ha hecho hermosas a los ojos a los hombres. Versos inspirados en amores ilícitos, prosa elegante, sonora y bella, que cautiva la opinión de los críticos y traspasa el corazón con fragante emoción a quien van dirigidos o en quien se piensa. 
El pecado suele inspirar el arte, el cincel del escultor, la pluma del literato, la lengua del enamorado. Así hemos dedicado a Dios y al prójimo alabanzas preciosas con motivaciones románticas de un fingido, pero erótico, amor fraternal, bellos comentarios sobre la poesía sagrada con la imaginación puesta en un sueño peligroso. Esta clase de pecado que contamina la ofrenda a Dios es mil veces más execrable que una renuente reconciliación y arreglar un mal entendido con un hermano, una palabra equivocada o un juicio precipitado. ¡Oh pecado, de estirpe y linaje cainita, que eres padre de los que tocan flautas y de los que se extienden martillando sobre las edades del hierro, del bronce y del oro! (Ge.4); y ¡qué pena, de sermones públicamente aplaudidos, elegantes trajes y llamamientos a caminar al frente con la promesa de recibir a un Cristo que está en la puerta y llama, pero no entra! (vv.19-22).

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...