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viernes, 30 de diciembre de 2016

Atravesando con miedo situaciones que no se podrán cambiar

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 Enseguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio de la mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento”.

Estamos aquí en la presencia de un milagro fascinante; algo que supera toda imaginación y desborda todo pensamiento. Jesús caminando sobre el mar de Galilea y uno de sus discípulos pretendiendo hacerlo. Las condiciones que preceden al milagro: la tormenta (vv. 22-24). Puede afirmarse sin ninguna duda que el Señor metió a los discípulos en aquella tempestad; la palabra que Mateo usa es que "Jesús hizo"; en griego significa más, "Jesús obligó"; ellos no querían dejarle pero él forzó la situación. Hay quienes piensan que fue porque querían hacerle rey como dice el cuarto evangelio, pero no veo la razón, otros dicen que deseaba orar en la soledad, es cierto pero podría habérselos dicho, además podría haberlos hecho ir después que despidiera la multitud y no antes; por lo tanto lo que el Señor deseaba era que ellos estuvieran en alta mar cuando la tormenta llegara, en un punto que no pudieran regresar a tierra ni tampoco avanzar, encerrados por completo y atrapados no pudiendo ir a un lado ni a otro. En una situación que ninguno de los doce tenía la solución; y no podían hacer nada.
¿Quién puede al considerar esto afirmar que nuestras vidas son regidas por la fortuna o por la suerte casual? Los hijos de Dios están supervisados enteramente por la providencia cuando actúan sabia o imprudentemente, por voluntad propia o forzados por el Señor. En este caso, si los discípulos hubiesen hecho lo que deseaban, las ráfagas de viento no los hubieran tocado. Por lo tanto ellos temporalmente habían decidido bien; pero el verdadero bien no consistía en no entrar en la tormenta sino en sumergirse en ella.
Si esto es cierto cuando decidimos bien ¿qué pasa cuando decidimos mal? La providencia no podría ser menor. Cuando ellos salen al mar, lo hacen por la voluntad activa de Dios y fueron ayudados por Jesús, cuando Pedro pide permiso para caminar sobre el agua, que fue una decisión insensata, obtuvo la aprobación permisiva del Señor; y ¡también fue ayudado! (vv. 28,29). Esa fue la filosofía de Job (2:10; 30:26). Tenemos hoy día que mirar las circunstancias que nos obligan a tomar un camino, como la voluntad activa del Señor y el mejor medio para bendecir nuestra fe. Lo de creer en la voluntad permisiva del Señor es una salida derecha a la conformidad y a la resignación, pero no al gozo de la fe en tal y mas cual situación. Contiene una teología menos rígida que la del Antiguo Testamento lleva, es más filosofía que teología, y le sonríe más a Jacobo Arminio que a Juan Calvino.
Nota dos cuadros diferentes para medir la providencia: uno, los discípulos tratando de salir de la tormenta y el otro, Jesús orando tranquilamente en tierra. El primer cuadro indica desesperación, fatiga, sorpresa y susto; el otro indica control, sabiduría, y paciencia. No hay dos providencias; es una sola pero la fe no puede ponerse en la primera y no debe depender de lo que nos rodea, el frágil barco, la impotencia de los marineros, el oleaje terrible y el viento enérgico. Los discípulos tal vez pensaban: "¿dónde estará Jesús? ¿Por qué Dios  no nos ayuda? Nosotros no queríamos partir y él nos obligó"; y si se hubiera alargado la situación, podrían haber empezado a culparlo. Generalmente queremos culpar a Dios de lo que nos pasa: de indiferencia, negligencia o lentitud en acudir a nuestros pelados gritos.
Pero más allá de los ojos de ellos, del viento, del mar, del peligro, de los lamentos, de la ignorancia y falta de fe, estaba Jesús al tanto de ellos, no los había olvidado ni un momento y ofreciendo intercesión al Padre por su grupo. Nuestro miedo revela ignorancia, y la ignorancia y miedo revelan falta de fe. La providencia no deja nada suelto ni sujeto al azar.
Si la ignorancia de la providencia en ellos era grande, la teología también era deficiente (vv. 25-27). Desde tres a seis de la mañana, antes del alba, el Señor viene sobre el agua. ¿Qué pensaron los discípulos? Que era un fantasma, un espíritu salido de las profundidades del infierno, un muerto. Es cierto que no veían bien, aún era de noche, es cierto que sicológicamente estaban exhaustos habiendo perdido la esperanza de conservarse vivos; ¿y qué otra cosa podrían hacer? ¿No hubiera sido mejor pensar que era un ángel o alguna visión de Dios? Atribuían al diablo o a un muerto lo que venía de Dios. ¿No es ésa una las mayores deficiencias de las creencias populares hoy día? Le atribuyen al diablo lo que se aplicaría a Jesús; ¿el viento? Dicen que es el diablo. Si es una enfermedad, es el diablo; si se sufre alguna pérdida, es el diablo. Miran todas las circunstancias adversas a través del diablo y no de la providencia y de Dios. Es cierto que el diablo maquina constantemente contra nosotros, pero nada puede hacerse sin permiso y supervisión de Dios. El diablo se mueve en este mundo como con una cadena atada a sus pies cuyo extremo sostiene Dios. Creo que debemos mirar las cosas más teológicamente, no bajo el descontrol diabólico sino bajo el control divino y pensar: "Dios es, esto viene de él, no tengo por qué espantarme, es él quien se acerca", aunque el diablo se acerque autorizado por Dios.
El enfoque casi omnipotente, omnipresente, que tienen del diablo lo exalta, lo convierte en un semidios (casi) y deshonra al Señor; además esta interpretación inadecuada de nuestras circunstancias nos sume en la desesperación y en la incredulidad; si ese enfoque es dañino, también es supersticioso. Los discípulos veían un fantasma, los fantasmas no existen y los espectros diabólicos están controlados y no pueden moverse a capricho en este mundo. Aprendamos, como dice el salmista, a reconocer a Dios en todos nuestros caminos.
La petición de Pedro y la permisión del Señor (vv. 28-33). (1) hay quien justifica este deseo de Pedro, otros le aplican motivaciones bastante insanas, yo pienso que su deseo es insensato; quería obtener una experiencia extraordinaria sin medir si tenía fe para ella, y que para lo único que le serviría sería para tropiezo de su crecimiento espiritual, tentándolo a envanecerse sobre los demás. ¡Cuidado hermanos de la naturaleza humana que es muy traidora y lo que suponemos que sería una experiencia personal maravillosa puede convertirse en un gran pecado! (2) el "si eres tú" que pronunció, quiéranlo o no, es un triste presagio de incredulidad, no absoluta, pero es falta de fe; ya Jesús estaba cerca y él podía verle, había oído su voz, pero todavía piensa que puede tratarse de un fantasma; si piensa que es el diablo no debiera experimentar con él ni ponerse en sus manos ni creer lo que le dice.
Pero es lo mismo que muchos que se acercan supersticiosamente a Jesús, y llaman fe a lo que es confianza carnal, atrevimiento y superstición idolátricos. Si es un demonio el que viene no hay que pedirle nada sino reprenderlo o huir de él. Si tenía algún vestigio de fe aquella petición era tan grande la insensatez que la cubría que apenas se nota; si merece una calificación teológica porque dio algunos pasos sobre el agua; es poca fe (v. 31). (3) pero hay otra cosa que es considerable, la permisión del Señor; le dijo a Pedro que sí sabiendo bien que no llegaría hasta él.
Pedro se bajó del barco con la aprobación del Señor, el fracaso no estuvo en la permisión del Señor sino en la falta de fe de Pedro, y en este momento aprendería que hay cosas que el Señor concede pero que no las aprueba, y que de ningún modo desearía que se hicieran, pero que cooperan para nuestro bien. Jesús hubiera preferido que se quedase en la embarcación. A esas cosas pertenecen la caída de Adán, el viaje de Balaam a Moab, las codornices en el desierto y la negación de Pedro.
Lo que hay que evitar es el error de pensar que lo que él permite, lo que no aprueba, no es su voluntad, sea una desgracia etc. Si algo él permite que nos pase es por algún motivo que lo permitió su voluntad y nosotros tenemos que poner el precio que él pide, para quitar o añadir, para llevar a cabo su propósito o su plan; pero en tal caso, como en el de Pedro, su mano se hallará cerca para asirnos si nota que estamos próximos a hundirnos. La historia termina de una forma muy hermosa, porque los marineros y otros pasajeros se convencieron que era Hijo de Dios, naciendo la fe en sus corazones. No se puede decir que aunque no desease que se hundiese, no le desease también su hundimiento para corrección de su fe. Y en último lugar, es difícil mirar y seguir mirando a Jesús cuando las circunstancias son adversas, es decir, confiar en la providencia de Dios en todo momento. Con facilidad cambiamos la mirada y eso quiere decir que ya no tenemos como sostenernos. Dios ayude a esos dos miedosos, Pedro y Humberto, y a una miríada de discípulos, que son obligados por el Destino Divino a atravesar situaciones de las cuales no pueden volverse sino pasarlas, porque siempre pasan, clavada la mirada en Jesús.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

La biografía de un hombre extraño

 MARCOS 3:21
 “Cuando sus parientes oyeron esto, fueron para hacerse cargo de Él, porque decían: Está fuera de sí”.
 Una cosa es que no creyesen en él y otra que lo tuvieran por loco. Amado, eso suele ocurrir cuando la persona en cuestión tiene una gran experiencia espiritual que revoluciona su vida y se convierte en otra. No se nota que él gradualmente fuese dando señales de aumento de su religiosidad, motivado por la edad porque era joven o por las circunstancias, porque se infiere que dentro de la familia no había ocurrido algo que le encaminara en un sentido mesiánico.Por lo que se deduce por el número de hijos mayores, varones y hembras, no había ningún tipo de problema económico. Desde el principio del ministerio de Jesús tampoco se descubre alguna crisis social dentro de su espíritu, las autoridades políticas son prácticamente ignoradas y las acometidas que hace contra los líderes religiosos son más bien tardías que tempranas. El énfasis mesiánico de Jesús tiene que ver con la ley y aparece abruptamente sin que haya alguna historia corta o larga, como el peregrinaje de un reformador. Su mensaje ya está concebido, su posición tomada, su decisión hecha; apareció en tiempo y medida como lo conocemos; no fue un descubrimiento que hizo en relación con el mal cumplimiento de la ley y la hipocresía de aquellos señores. Emerge con una percepción completa de la situación y la aborda.
 No parece haber compartido ninguna inquietud con sus hermanos ni hacerlos partícipes de una forma, y dando giros en su elaboración. No porque fuera un hombre reservado, tímido, porque su ministerio lo desmentiría. No comparte con ellos lo que es hasta su momento, cuando de acuerdo al plan divino ha de revelarse al mundo, porque sus familiares como todo el mundo, han de creer en él por revelación y no según la carne. Cuando se manifiesta los dejó atónitos, ocurrió de un día para otro y pensaron que se habían perturbado sus facultades mentales. Los sucesos de navidad no parecen haberse repetido dentro de la familia, parecen ignorarlos o haberlos olvidado; no veían en él un niño con una misión ni estaban atentos a su desarrollo. Vivió por espacio de 30 años normalmente como otro cualquiera sin destacarse entre sus hermanos por ser un niño inteligente, un genio con sabiduría y poder. Los poderes de Jesús empiezan a mostrarse con la unción del Espíritu Santo en su bautismo y su sabiduría, por precoz que hubiera sido a los doce años, comienza con un instante por la manifestación divina y no en una escuela rabínica; y por eso los maestros se consternaban sin saber de dónde había sacado lo uno o lo otro. 
 El nacimiento virginal de Jesús, la aparición del ángel a María, las huestes espirituales a los pastores, el viaje de los magos a Belén, el sueño de José, la profecía de Simeón, el viaje a casa de Elizabeth en la montaña; toman importancia años después cuando se conoció su vida, cuanto dijo e hizo, sus sermones, resurrección y ascensión. Es un entretenimiento sin fruto alguno detenerse en los acontecimientos navideños sin proseguir al conocimiento de la biografía de aquel hombre extraño, notable, único, que Dios envió al mundo como Salvador nuestro y lo entronó a su diestra como Señor de los vivos y los muertos. El nacimiento virginal de Jesús, la aparición del ángel a María, las huestes espirituales a los pastores, el viaje de los magos a Belén, el sueño de José, la profecía de Simeón, el viaje a casa de Elizabeth en la montaña; toman importancia años después cuando se conoció su vida, cuanto dijo e hizo, sus sermones, resurrección y ascensión. Es un entretenimiento sin fruto alguno detenerse en los acontecimientos navideños sin proseguir al conocimiento de la biografía de aquel hombre extraño, notable, único, que Dios envió al mundo como Salvador nuestro y lo entronó a su diestra como Señor de los vivos y los muertos.


viernes, 9 de diciembre de 2016

Ninguno diga, hoy y ayer Dios me habló, el Señor me dijo


Salmo 62:11
 “Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: Que de Dios es el poder, y tuya, oh Señor, es la misericordia; porque tú pagas a cada uno conforme a su obra.”

"Una sola vez" ¿Hasta dos veces? ¿Tres? Quiere decir que el Señor habla. Dios habla a todos los hombres por medio de: la creación, la conciencia, del orden civil y la Palabra. El texto propiamente tiene el significado de una paradoja. La primera verdad es que el Señor no se reveló tantas veces a los patriarcas. No les estaba todos los días hablando audiblemente. Comenzando con Adán, Enoc, Noé, Abrahán. De este último pasaban muchos años entre una ocasión y otra. Llamamiento. Años en Harán sin decirle nada. Jacob lo mismo. Años trabajando con Labán y no le dijo nada, porque a todos ya les había dicho y lo que Dios esperaba era que vivieran por fe en su palabra. Quizás un poco más a los profetas, y usted lee que el número de profecías no son tantas, lo que se repiten de muchas maneras, sermones sobre la misma revelación. A Jesús ¿cuántas veces? La vida de Jesús es más bien una vida de oración, de fe y de obras. Nunca dice que “el Padre me dijo hoy” sino “el que me ha visto a mí ha visto al Padre, ¿cómo dices tú...? Y a veces se quedaba Dios en silencio; a Pablo muy pocas veces. Él dijo que aprendió el evangelio por revelación de Jesucristo, se nota que siempre estaba aprendiendo por la influencia del Espíritu en la Escritura y en Cristo.  Ninguno decía, "hoy y ayer Dios me habló; el Señor me dijo".

Hay que tener cuidado si creemos que nos hallamos en los últimos tiempos (Luc.17:23), y los que vienen diciendo que el Señor les ha hablado (Jer.23:22-28). Todos esos quienes oyeron al Señor un par de veces y creyeron y obedecieron, eran guiados por el Espíritu Santo; por la sabiduría del Espíritu. Esto es una marca de los hijos de Dios En los salmos que es el libro de las oraciones de David, se oye más la voz humana que la de Dios; nuestro asunto no tiene tanto que ver con el conocimiento, con la revelación, sino con mucha fe; creer definitivamente que Dios es soberano, suyo es el poder, que todo lo puede hacer y nada le es imposible; que es misericordioso y restituye con creces el buen comportamiento (v.12). No más revelación sino inspiración y fe. Necesitamos ser inspirados por el Señor, llenarnos de su Espíritu, no es el tiempo de nuevas revelaciones sino de grandes testimonios de santidad, entrega y fe. Ninguno diga, hoy y ayer Dios me habló, el Señor me dijo porque generalmente son impulsos de fe, del Espíritu Santo, inspirados en su vieja Palabra escrita.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Una sociedad sin Dios en los negocios y los bolsillos


Salmo 53:1-6
“Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, e hicieron abominable maldad; no hay quien haga bien. Dios desde los cielos miró sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido que buscara a Dios. Cada uno se había vuelto atrás; todos se habían corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno. ¿No tienen conocimiento todos los que hacen iniquidad, que devoran a mi pueblo como si comiesen pan, y a Dios no invocan? Allí se sobresaltaron de pavor donde no había miedo, porque Dios ha esparcido los huesos del que puso asedio contra ti; los avergonzaste, porque Dios los desechó. ¡Oh, si saliera de Sion la salvación de Israel! Cuando Dios hiciere volver de la cautividad a su pueblo, se gozará Jacob, y se alegrará Israel”.

¿En qué necio piensa? Los que devoran el trabajo, la libertad de su pueblo, como si no existiera Dios en Israel (v.6). No habla aquí de las deportaciones que conocemos sino de puñados del pueblo, familias, individuos que eran esclavos en otras tierras, quizás. David anhela que los exiliados regresen libres a la comunidad de Israel. Suspira por las ovejas perdidas de la casa de Israel. Esa es una interpretación.
Ahora nota la extensión que el Espíritu Santo le da. La poesía como profecía va más allá del contenido social porque el Espíritu Santo le habló a David sobre la corrupción de la naturaleza humana y su inhabilidad para buscar a Dios (v.2); la falta de la práctica de la existencia de Dios en el mundo, por sus pasiones pecaminosas, por falta de entendimiento (v.2), de las realidades espirituales y su entrega total al mundo. La conexión entre los v.1; v.3, tiene que ver con la apostasía y la deserción de Dios o el abandono de él, y sus leyes, para hacer iniquidades. Tal vez los que "a Dios no invocan" (v.4) son los explotadores de los pobres, los ricos (14:6) y los "cautivos" sean los que están cautivos por sus deudas. No hay Dios en las clases poderosas de la nación de Israel. El Nuevo Testamento es el que lleva este análisis a la humanidad en general. Este es un ateísmo práctico y una separación de Dios de todos los negocios de la vida; una proverbial irreligiosidad de la clase secular y pudiente del país. Dios, nos ayude, hermanos, a salir de esa triste situación económica definida como cautividad; y oremos para que cambien las cosas en esta sociedad abusadora dominada por un secularismo necio, profano y en la práctica ateo, aunque de labios se dice cristiana, una sociedad sin Dios en los negocios y los bolsillos.
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lunes, 28 de noviembre de 2016

Qué harías si supieras que tu predicador no vivía como te enseñó


Salmo 50:16-23
“¿Qué derecho tienes tú de tomar mi pacto en tus labios?”.

Es mucho más fácil hablar que hacer, ¿no?, y por eso no es extraño  hallar una persona que no viva conforme al evangelio y sin embargo es predicador o maestro del mismo. El énfasis completo en la Biblia está sobre el hacer, no sobre el decir. Desde tiempos antiguos hallamos al Espíritu Santo enseñando esa verdad. Aquí en el salmo lo escuchamos, casi airado, hablar contra aquellos que toman la ley de Dios en sus labios pero no la ponen en práctica. Jesús dijo al pueblo, de los fariseos en su tiempo, que aprendieran de ellos pero que no vivieran como ellos (Mt. 23:2);  Santiago habló de los que eran “oidores pero no hacedores” de la Palabra (1:22) y Juan de los que amaban de lengua pero “no de hechos” (1 Jn. 3:18).
Estos, dice el salmista, se les puede hallar la ley de Dios en los labios (v.16), pero no en los oídos (v.17), no en las manos (v.18), no en la vida sexual (v.18), no en la lengua (v.19,20) ni en su corazón pues aborrecen a sus mismos hermanos.  Uno se pregunta: ¿cómo una persona así puede predicar y enseñar sin remordimientos de conciencia? Pablo, que los conocía en su época nos dice que es porque la tienen “corrompida” (Tit.1:15,16); hacen el papel de creyentes pero del mismo modo que un actor hace su teatro, representan algún personaje pero no son ellos mismos, copian sus palabras, sus maneras, sus sentimientos, se identifican con él, emocionan, conmueven, pueden ser aplaudidos en el escenario pero aborrecidos en el púlpito. Lo que es la conciencia misma, la ley de Dios no se la toca; no se convierten porque es ahí precisamente donde tiene lugar la convicción de pecado y desde donde nace la confesión de la culpa. ¿A quién pretenderán engañar si la gente notará los dos lados de sus vidas? Son ellos los únicos que resultan genuinamente engañados porque a Dios tampoco, pues él no puede ser burlado (Ga.6:7). Dicen que no se debe hurtar, pero hurtan, que no se debe adulterar pero adulteran (Ro.2:21-24); y lo peor es que hacen blasfemar a los enemigos de Dios, llorar a los santos y obstaculizan el camino de la salvación a los que pudieran haberlo tomado porque niegan la eficacia de la piedad.

No seas de esos. ¡Cuán grande ha de ser la gloria de esos que lleguen a salvarse habiendo aprendido el evangelio de gente hipócrita, porque tuvieron fe pero no imitaron sus hechos! ¿Pudieras hacer eso?  ¿Pudieras ser salvo con las lecciones que tomaste a pesar que luego supiste que tu maestro, tu predicador, se había vuelto infiel y que no vivía como te enseñó? ¡Oh, cuánto se burla y odia Satanás a Dios y del evangelio creando esta clase de predicadores y maestros! Ora por la iglesia y por aquellas almas que han sido dañadas por la conducta de esos que tenían en un tiempo la ley de Dios en sus labios pero no la gracia en sus corazones. 

miércoles, 16 de noviembre de 2016

La ciencia debiera ser menos ufana y más creyente


Salmo 19: 1-4
Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día,  una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol”. 

“Salió su voz…no hay voz ni palabras”. No se oye nada, sí se oye, no hay mensaje alguno, sí hay muchos en toda la tierra. En qué quedamos ¿hay o no hay? Hay si “crees que le hay”, o sea si tienes fe en que Dios existe (He. 11: 6). El que no tiene fe no tiene ojos para ver ni oídos para oír, y no oye. Cree en “la madre naturaleza”. “No hay mensaje, no hay palabras” pero la creación “emite sabiduría”, hay ciencia e inteligencia en ella; está hecha por Alguien que la pensó mucho y le salió bien, y “vio que todo era bueno en gran manera” (Ge.1: 31). La creación no es muda sólo está en silencio. La BTX  dice “no hay idiomas”, porque el idioma de la creación es la ciencia;  y cuando uno no la oye de ese modo, el lenguaje que se escucha es el del paganismo o del agnosticismo. Y si  la ciencia persiste en ser ciega e  incrédula, entonces la única alternativa es Jesucristo como creador, como palabra de Dios, históricamente reconocido  en los evangelios. El gran descubrimiento de la ciencia será cuando descubra a Dios. Los creyentes, los oidores de la palabra de Dios, no son los necios sino los sabios. El sonido de la voz de Dios en la creación no es escuchado, porque el ruido del pecado no la deja oír. El gran descubrimiento de la ciencia será cuando descubra a Dios, y diga Dios de Abram, de Isaac, de Jacob,  Dios de nuestro Señor Jesucristo. Debiera ser menos ufana y más creyente.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Si no hay Dios, busca el árbol y la cuerda de Judas


Salmo 14:1
“Dijo el necio en su corazón: No hay Dios”; la Biblia habla bastante sobre esta clase de hombres, que en realidad es más grande de lo que uno imaginaría. Estrictamente no se trata de un grupo, una casta, sino de la humanidad. Si lees el contexto, el Espíritu no se refiere a una sociedad determinada ni a ciertos enemigos judíos que tuviera David sino a todos los hombres, a lo que son ellos por naturaleza. Eso quiere decir que cada ser humano tiene escrito en su corazón, a pesar de haber ser hecho a su imagen y semejanza, estas tres palabras: “No hay Dios”; o sea, el ateísmo es innato, cada descendiente de Adán viene a este mundo como un incrédulo, negando la existencia misma de Dios. Y si el corazón humano está lleno de ídolos, en resumen eso es idolatría.

Pero habría que aclarar que de modo práctico. El ateísmo filosófico, el que dicen algunos que lo sostienen porque no es científico, de ese no habla la Biblia; pienso que no porque no hubiera ateos de esa clase en el largo período en que ella fue escrita sino por su procedencia, porque proviene del otro, quiero decir, que el ateo filosófico dice “no hay Dios” porque no quiere que haya Dios, por alguna razón en su carne o historia personal, generalmente ética, o porque no quiere ser como alguien que conoce que cree en Dios. No es tan importante el último como el primero, por eso la Biblia no lo menciona, no hace énfasis en hombres de esa forma de pensar, no los toma en serio. A los que sí define como ateos son a los que viven como ateos, los que no tienen en cuenta a Dios para nada, que actúan como si no existiera y hasta profesan alguna religión.

Mi alma se rebela contra la concepción de que en el mundo no haya Dios. Es una negación intelectual demasiado grande para ser admitida. No he creado a mi propio dios porque me haga falta. Dios existe y tiene que existir porque de lo contrario, nada tiene razón para existir si él no existiera. Si Dios no existe, vivimos en un mundo descabellado y cruel. Si no hay Dios, la realidad de existir apenas existe. La vida humana sería como un juego ciego o una obra de teatro, a veces burlesca, otras trágica, pero las más, tonta o espantosa. Si Dios no nos creó sino que  la Casualidad nos hizo y evolucionamos desde los unicelulares a monos y nada debe explicarse con un propósito o finalidad; concluyo que nos hizo una broma de mal gusto y la mejor venganza contra ella es el árbol y la cuerda de Judas. ¡Oh Dios, que razón más grande eres tú mismo!

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...