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viernes, 30 de octubre de 2015

Lo que es de Dios, para Dios, y lo que es de la esposa, para ella

Lucas 1:5-13
5 Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet. 6 Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. 7 Pero no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada.8 Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, 9 conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor.10 Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso.11 Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso.12 Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor. 13 Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan”.
ESTO NO ES PARA PROBAR SINO PARA SIEMRE
Zacarías era el padre adecuado escogido por Dios de entre la octava clase de las veinticuatro divisiones que había hecho el rey David para el sacerdocio. Su esposa Elisabet, lo mismo, tenía sangre sacerdotal; y ambos tuvieron el privilegio de tener un gran hijo, Juan el Bautista, y este la bendición de tales padres. Esta historia se cuenta por causa del hijo y sobre todo por causa del ministerio al cual sería llamado en relación con Jesucristo (v. 5).
Aunque Juan el Bautista, habría de exceder en fama e importancia a sus dos ancianos padres, ellos merecen que se les distinga al menos por una cosa sencilla, su matrimonio. De modo muy suave y con sólo una pincelada, el Espíritu Santo menciona que él era un sacerdote y ella una de las hijas de Aarón, o sea dos personas verdaderamente santas y consagradas al servicio de Dios, un matrimonio planeado por Dios con la sabiduría que les dio a ambos para formar una pareja ideal, con el mismo espíritu de amor y servicio al Señor, y capaces de criar a aquel hombre que habría de convertirse en el último y tal vez más importante profeta de Israel.
Zacarías le dice al ángel que él y su mujer ya son viejos (v. 18); esto dentro del mundo judío equivalía a tener sesenta años o más. Generalmente las parejas se casaban jóvenes, así que este matrimonio no tenía una unión frágil, comprobación es que tenían más de cuarenta años casados, sin que ninguno de los dos se le ocurriera vivir sin el otro. La fortaleza de tan larga unión tiene que ver con la formación religiosa de ambos, porque ambos eran "irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor" (v. 6). Ella se comportaba como era digna de una hija de Aarón y él como debía hacerlo un sacerdote.

Esa es la razón por la cual esta pareja ministerial había servido a Dios tantos años sin presentar ninguna clase de problema doméstico, y sin tener que acudir a algún profesional para que les ayudara a tratarse mutuamente como es debido porque estaban pensando en carta de divorcio. La mayor parte de los mandamientos a que se refiere aquí tienen que ver con relación a Dios, y como eso era excelente, no tenían ninguna clase de problema entre los dos, él no desatendía el hogar por estar quemando incienso, sacrificando animales y esparciendo sangre; Elisabet no se sentía abandonada por la dedicación vocacional de su marido, y él era sabio como para darle a cada cosa su lugar, lo que es de Dios para Dios y lo que es de Elisabet para ella. Este era un matrimonio pastoral irreprensible, sin mancha, cuyo ejemplo podía ser imitado por todos los que conocieran, sobre todo los sacerdotes más jóvenes y sus esposas recién casadas. 

martes, 27 de octubre de 2015

Jesús defiende la sombra de su cuerpo

Marcos 11:15-19
(Mateo 21:12-17; Lucas 19:45-48; Juan 2:13-22)
ESTA ES MI SOMBRA Y DE NADIE MAS
15 Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; 16 y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno. 17 Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.18 Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina. 19 Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad. 

Jesús se encuentra en este momento en el punto central de la vida religiosa de los judíos, el templo, que si algo le sucediera, y nuestro Señor así lo comprendía, que si le sucedía alguna desgracia eso sería equivalente al "fin del mundo". Y evidentemente la destrucción del templo significó para los judíos como la destrucción de su nación y del mundo. Dentro de esa óptica religiosa de aquel lugar central y de unión de toda la nación, Jesús introdujo su escatología y pronunció discursos apocalípticos similares a los sermones de su Segunda Venida, y en los evangelios están mezcladas. En realidad sus pronósticos al ser destruida la ciudad y el templo, fueron como una segunda venida, y el comienzo o inauguración de su simbólico milenio que llega hasta el día de hoy, y que encontrará su cumbre con su Regreso.
Ahora quiero presentar una defensa al coraje y el celo que lo consumía en la Casa de Dios (v. 17). ¿Es éste el mismo Jesús que predicó el llamado Sermón del Monte? ¿No es allí un hombre tolerante, que vuelve la mejilla herida, un pacifista? Aquí parece un Jesús desconocido; y si cuando comentamos lo que pasó con el asunto de la higuera estéril, sobre si Jesús sabía o no sabía si tenía frutos, y tuvimos necesidad de defender su omnisciencia, o mejor dicho aclarar el problema, aquí pasa lo mismo y es como si alguien nos contara alguna cosa que ha hecho que sea incomprensible y parezca contradictoria a sus enseñanzas y conducta, y tengamos necesidad de hacer una defensa a su carácter, o como dije anteriormente aclarar su proceder sin negarlo.
Esta es la segunda ocasión en que Jesús "purifica" el templo. La primera ocurrió casi dos años atrás cuando comenzó su ministerio (Jn. 2:13-22). Jesús hizo un azote de cuerdas (Jn. 2:15), echó fuera a los animales: Ovejas, bueyes y corderos. Este último usado para la Pascua y los otros para los sacrificios en la fiesta. A esto también se le añade el hecho de que sus preciosas manos con las cuales tocaba a los enfermos y los sanaba, sirvieron para volcar las mesas donde estaba depositado el dinero de los cambistas, sin agacharse una sola vez ni permitírselo a sus discípulos, para recoger alguna moneda (v. 15). Es cierto que no dice que haya repartido puñetazos a los mercaderes o que les haya gritado, ni que tampoco utilizara el látigo para golpear los animales cuando éstos siempre en su presencia se mostraban dóciles, ya sea que estuvieran domesticados o indómitos, domésticos o fieras (11:2; 1:13). Si así se comportaban estas criaturas con él, su Creador, ¿qué necesidad hay de usar violencia con ellas? Jesús jamás golpeó a nadie, humanos o brutos.
Entonces este cuadro que estamos viendo es una explosión de autoridad y más bien un simulacro de violencia que violencia en sí misma; confeccionado por el Señor para espantar a los transgresores, cambistas abusadores, mercaderes de precios injustos, que agrupando sus procederes en una sola palabra merecían que se les llamara ladrones. De ese modo, con hechos enérgicos y palabras dura, intenta poner remedio y respeto a la Casa de Dios (vv. 16,17). Esta simulación de violencia es respaldada por la Palabra de Dios, a la cual él remite a los transgresores diciéndoles que estaban quebrantando la ley divina dada por medio de Moisés (Isa. 56:7); o sea que estaba oponiendo la Escritura a los reglamentos novatos de los escribas y sacerdotes actuales. Sin embargo cuando es interrogado si tenía algún documento escrito por las autoridades que le permitiera deshacer aquel negocio en los patios del templo, Jesús no mostró ninguno y tampoco se refirió de nuevo a algún pasaje de la Escritura sino que mencionó su muerte o destrucción de su cuerpo y resurrección (v. 20). Y leemos como su pensamiento va desde el templo hasta su cuerpo, en íntima interrelación, teniendo el uno que ver con el otro.

A primera vista esta respuesta parece una evasiva, aunque como ya he dicho les había manifestado que todo aquello no estaba en regla con el Espíritu y las enseñanzas de la Ley. O quizás faltan palabras que habrá dicho para que el relato se muestre más coherente. De todos modos su respuesta permite inferir una contundente explicación de por qué su empeño en preservar el orden y el respeto sagrado en el templo de Dios, que él bien sabía, porque lo habría de decir expresamente, que no quedaría en poco tiempo, de aquel edificio, una piedra sobre otra (13:1,2). La explicación es esta: "Este templo tan hermoso que ahora estoy defendiendo, en pocos años dejará de funcionar y experimentará una “abominación desoladora”, y nunca más podrá ser levantado o utilizado como ahora, porque el derribamiento de mi cuerpo y su reedificación al tercer día será el completo sustituto de este edificio y todas las ceremonias sagradas que se ejecutan dentro de él". Por eso Jesús pidió respeto para aquella sombra de su cuerpo.

Una pregunta política, no hecha por periodistas

Marcos 12:13-17
(Mateo. 22:15-22; Lucas. 20:20-26)
¿PAGAS LOS IMPUESTOS O NO?
13 Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra. 14 Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos? 15 Mas él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea
.16 Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César.17 Respondiendo Jesús, les dijo
: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él”.
En este asunto, complicadísimo, Jesús salió con su respuesta, ileso. Le tendieron una trampa en público y nadie pensó, entre los curiosos, discípulos y enemigos, que podría salirse de la cuestión sin desacreditarse o parar en los tribunales y en la cárcel.
Mire cómo aquellas lenguas viperinas, sin sentirlo ni un poquito, dicen cosas muy bonitas. Vamos a ser justos, las palabras que estos tentadores les dijeron a Jesús eran ciertas y muy bonitas, que era un gran maestro, con una excelente reputación de hombre sincero y veraz, que no se dejaba impresionar ni cambiar su opinión por el rango o la clase de persona que tuviera enfrente, porque no temía decirles la verdad a todos costara lo que costara; o sea era un maestro completamente confiable.
Eso que dijeron, ese testimonio, es cierto no lo estaban inventando, era lo que todo el mundo decía y lo que ellos mismos habían visto y escuchado porque hasta ese momento todo el pueblo se iba tras él y no había uno solo en toda la ciudad, que no fueran sus enemigos, que se abstuviera de proferir alguna alabanza o elogio hacia él. Sin embargo aunque las palabras no podrían ser corregidas porque estaban bien dichas, no salían del corazón, no era más que una adulación hipócrita con el propósito de engatusarlo y que él se regodeara en su yo interno saboreando la lisonja, y fuera atrapado en la pregunta que le iban a formular.

"¿Es lícito dar tributos al César o no?" (v. 14). Es una pregunta política, no hecha por periodistas sino por insensibles enemigos para cazarlo como una fiera, posiblemente sugerida por aquella "zorra " (Luc. 13:32) y transmitida por los herodianos, judíos amigos del imperio romano que conocían de primera mano la aversión de los judíos ortodoxos a tener que pagar, bajo la ley, impuestos a un emperador que asumía la función de sumo sacerdote y Dios. Si Jesús contestaba que debía todo ciudadano pagar los impuestos establecidos por el gobierno, aunque fuera a un tirano, los principales y opulentos líderes religiosos tendrían un motivo más para crearle mala fama y acusarlo de traidor a su nación. Si el Señor contestaba que de ningún modo cualquier judío amante de la Ley de Moisés y digno de ser llamado como tal, debía pagarle los impuestos a una gobernación que los tenía como vasallos, se buscaría problemas con la justicia romana, y en su momento al acusarle formalmente eso sería un renglón importante para poder deshacerse de él en forma legal.
Jesús les respondió, mirando la moneda en otra mano, "dad a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios" (v. 17). Pudieran ser entendidas estas palabras como una evasión para responder directamente sobre la cuestión; y si esa fue su intención, no involucrarse en asuntos políticos y continuar predicando un evangelio en forma de humanismo espiritual, de amor al prójimo y de perdón, de ayuda social si se quiere, pero sin pedir rectificaciones políticas, ¿acaso tiene eso algo de malo? Pienso que no, pero si bien es cierto que su movimiento no tenía en sus entrañas una fuerza política, su amplitud abarcaba también las esferas sociales de los que estaban en eminencia y tenía inevitablemente que rozar todas las opiniones políticas.
Por lo tanto me inclino a pensar que su respuesta no fue una evasión sino una aceptación de que todo creyente está sujeto a las leyes de su país, ya sea que sean de su agrado o no, y que no debe rehusar cumplirlas cuando éstas tienen que ver solamente con cuestiones sociales y no atacan la fe y el evangelio por ninguna parte. El impuesto establecido por el César no limitaba a los judíos en su fe, podían practicar su religión como quisieran porque el gobierno les garantizaba la libertad de culto, caminos bien hechos hasta casi cualquier parte del imperio y una policía apropiada y lista para mantener el orden y la seguridad ciudadana (Ro.13). A pesar de que había corrupción, los beneficios que todos los habitantes recibían eran muchos. Sacar dinero del bolsillo, “al que tributo, tributo”, y pagarlo al estado no era una apostasía, independiente de la religión que profesara el rey; eso no era asunto de ellos, siempre y cuando el gobierno no quisiera imponerles sus ideas religiosas, por lo menos hasta ese momento. No era inconstitucional, por decirlo así, pagar el impuesto a una autoridad con lo cual se difiere política y religiosamente. Lo que sí es adverso a las enseñanzas de Jesús es esconder debajo de la profesión religiosa una inclinación política que no tiene el valor para quitarse su antifaz espiritual y mostrar la cara como el César había imprimido la suya en esa moneda de plata.

Es muy cierto que en el anverso de la moneda se encontraba la cara de César y en el reverso también declarándose sumo sacerdote; y esa clase de moneda la tenían los herodianos y los judíos ortodoxos en sus bolsillos, y deseaban llenarlos con ella si fuera posible. Si eran tan escrupulosos en su religión no debieran acumular tanto de aquellas "medallas" metálicas para enriquecerse con ellas. Lo reconocieran o no, hay Estado y hay Dios, y si bien es cierto que uno está por una parte y el otro está por la otra, ambos forman un todo que componen la vida humana. Los deberes para con el uno y para con el otro. El hombre es un ser político (¿Aristóteles?) y religioso; o dicho de otra manera, el hombre no puede dejar de ser un ciudadano ni viceversa; y si no quiere mezclar sus creencias con ninguna ideología humana, es un asunto suyo, que no vote, que no mire noticias, que no lea el periódico, pero que pague los impuestos, respete la luz de los semáforos, que no se apropie de lo que no es suyo y deje tranquilos a los hermanos que quieren involucrarse en un partido político diferente y brillan, con luz extraña, entre desinteresados y enemigos de su fe. Jesús dijo "denle a César lo que corresponde, es decir paguen los impuestos; y denle a Dios lo que a él corresponde, la adoración, que no deben darle a César". Y los oyentes se quedaron pasmados, y siguieron creyendo en Dios como era correcto, y en cuestiones de política como les diera la gana. Excúseme la expresión.

lunes, 26 de octubre de 2015

A la misericordia se le clama muchas veces

Marcos 10:46-52
(Mt. 20:29-34; Luc. 18:35-43)
 “46Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. 47 Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! 48 Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! 49 Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. 50 El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. 51 Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. 52 Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino”.
HAZ CLAMADO MUCHAS VECES
En vez de usar el camino de la espiritualización preferido por varios, que hablan de ojos espirituales que se abren, me ha parecido conveniente derivar suposiciones no alejadas del contexto y que puedan tener aplicaciones provechosas. Es cierto que he tenido que figurarme muchas cosas con respecto a este texto del ciego de Jericó, pero juzgue usted mismo si las inferencias no son posibles, y si no son mejores que dejarlo intacto con la poca información que la letra tiene, a no ser que se lea entre líneas, que es lo que quise hacer.
Por lo menos dos importantes cosas se pueden aprender examinando con cuidado este pasaje. La primera es que a la misericordia se le clama muchas veces, y más que otros. Esta es la historia de un ciego; en realidad eran dos los que estaban mendigando cuando Jesús pasó cerca de ellos, en la ciudad de Jericó (Mt. 20:30). Ninguno de los dos era sordomudo, sino sólo ciego. Y eso quiere decir que ambos escucharon al gentío pasar y conocieron de qué se trataba.
Pudiera ser que los dos gritaran pidiendo auxilio; si así fue uno de ellos dejó de hacerlo y el otro por su perseverancia en pedir misericordia fue el único atendido. Si ambos hubieran continuado haciendo un dúo de gritos a la misericordia, Jesús se hubiera dirigido a los dos, pero en el relato solamente aparece Bartimeo, no porque fuera el más prominente sino porque de los que oran poco no se escribe nada. Para mí fue que el segundo, el que se quedó atrás se calló; y hasta se puede pensar que aquel se quedó sentado y el otro se puso de pie y dio algunos pasos. Hay creyentes como el compañero de Bartimeo, que piensan que Dios tiene buena memoria y con una vez que pidan bendición ya es suficiente. No habrá de ellos historia que escribir.
Gritó de forma tan inmoderada que el personal que marchaba alrededor de Jesús le pidió silencio (v. 48), a lo cual no hizo caso y continuó con sus gritos a la misericordia porque a ella se pide una y otra vez, y no basta con un solo grito sino con incontables de ellos. Estaba dispuesto a no perder su oportunidad gritando a la misericordia repetidamente como si ella no lo hubiera oído la primera vez, hasta que diera un giro y se volviera hacia él y le prestara atención. Por la misericordia hay que trabajar duro y luchar hasta que raye el alba como un verdadero israelita que dice “no te dejaré si no me bendices”. Jesús habló de pedir y pedir siempre lo mismo, sin desánimo (Luc. 18:1,7,8). Entonces se detuvo y dijo que alguien le acompañara hasta su presencia, y el ciego ni tonto ni perezoso arrojó su capa, las monedas sobre ella, dejó el bastón y soltó la correa del perro, y levantándose fue conducido a la presencia de la Misericordia (v. 49), a la cual no dejaba tranquila.
En segundo lugar pienso que la voz de la iglesia no debe irse de las calles, mercados, restaurantes, etc., sino que los cristianos debieran seguir lo dicho por el Señor, hacer de la Palabra de Dios un tópico frecuente de sus conversaciones (Deu. 6:7), para que, intencionalmente o no, los que se hallan cercanos oigan algo de Jesucristo. El punto es que la mayoría de la gente no está tan interesada en él como para acudir con frecuencia a los templos. ¿Será que hay creyentes que pudieran tener algún espíritu sordo y mudo?
Estamos ante un caso de un hombre que no es completamente ignorante acerca de Jesús, hasta su conocimiento es un poco más avanzado que la mayoría, ya que no solamente sabe que procede de Nazaret sino que además le da un título mesiánico cuando lo nombra como el "Hijo de David" (v. 47). Téngase en cuenta que estamos leyendo acerca de un hombre ciego y eso por supuesto como es obvio, los conocimientos y la fe que tenga no llegaron a él mediante la lectura de la Ley.
Pero un ciego puede oír la lectura de la Escritura, y tiene cerebro para pensar y para hacer comparaciones y arribar a la conclusión que lo que había aprendido de los maestros de la Ley se ajustaba con perfección a lo que venía escuchando acerca de este hombre.
Otra prueba de su información es que más adelante Bartimeo no le llama por el título mesiánico que usó para reclamar su atención sino que utiliza el de "raboni" que quiere decir Maestro; y que también utilizó después una mujer agradecida por los muchos demonios que Jesús le quitó del cuerpo (Jn. 22:16). Esto me hace suponer que había adquirido sus conocimientos y fe como quien dice de segunda mano. Un ciego es todo oídos y a veces está mejor informado mediante la voz populi sobre acontecimientos, situaciones y movimientos de la sociedad, que algunos videntes desinteresados en oír o leer lo que se dice o se escribe acerca del momento.
Es una posibilidad que la fe de este ciego, porque no se puede dudar por la fuerza de los pulmones con que clama, que su corazón estaba lleno de ella, la había obtenido al prestar atención a comentarios verbales hechos a su alrededor, por transeúntes, y almas caritativas o gente que iba y venía del mercado o de cualquiera otra parte. Ninguno de ellos, si eso pudo ser así, imaginó al hablar de Jesús y de sus maravillas la fe que estaban engendrando en un oyente ignorado y que a su debido tiempo habría de ejercitarla para su salvación, porque Jesús la calificó con ese potencial espiritual que incluía el perdón de sus pecados, "tu fe te ha salvado" (v. 52). Es cierto que la palabra también pudiera indicar sanidad, pero la mejor traducción es "salvado"; él no dijo sanado sino salvado.

Da pesar en la actualidad observar el silencio de la iglesia con respecto a Jesucristo, a no ser que alguien se tome el trabajo de entrar a algún templo porque las parejas cristianas que van y vienen por el mundo lo hacen conversando sobre infinidad de tópicos que excluyen el Nuevo Testamento; y algunos si llegasen a tratar ese tema lo hacen en voz tan baja que nadie que no tenga el fino oído de Bartimeo podría discernir algún mensaje doctrinal de salvación. Cuando los temas cotidianos son tan hermosos como los que supongo escuchó Bartimeo, alguna palabra saltará y caerá en el oído correcto, y aunque no sepamos nunca quién nos escuchó, la bendición del Señor se conocerá en la eternidad cuando se le pida a cada cual que cuente la forma en que alcanzó la fe de Jesús. 

domingo, 25 de octubre de 2015

Ensimismados en hechos hermosísimos y chupándose los dedos

Marcos 8:14-21
 (Mt. 16.5-12)
 “14 Habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca. 15 Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes. 16 Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan. 17 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón? 18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis? 19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce. 20 Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete. 21 Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?”.
Si batallar contra la incredulidad fue la tarea más difícil que como predicador Jesús encontró, los otros dos obstáculos o más bien peligros que sus discípulos encontrarían, fueron las doctrinas y la hipocresía de ellos. Esos dos males Jesús los compara con la levadura que sutilmente pudiera ir penetrándolos y sin darse cuenta ellos quedar contagiados con la misma enfermedad, predicando equivocaciones y comportándose con doble vida, una sincera y otra tramposa, mal.
En el evangelio según Mateo en vez de Herodes se dice "los saduceos" (Mt. 16:6,12). Los tres grupos compartían las mismas epidemias y aunque por dentro eran enemigos, por fuera habían hecho un ejército de tres para enfrentarse a Jesús. Las doctrinas de ellos no concordaban entre sí. Los fariseos creían en la resurrección y en la existencia del espíritu humano. Los saduceos negaban ambas cosas. Y Herodes era más político que otra cosa y tenía partidarios en su política que lo apoyaban y estaban de acuerdo en la recogida de impuestos, y leudar a los judíos con sus doctrinas de sumisión al poder extranjero.
Ellos fueron los que se confabularon para hacerle aquella peligrosa pregunta a Jesús si se negaba a pagar impuestos o los aprobaba, con el fin de buscarle problemas con las autoridades o con el resto del pueblo (Mt. 22:15-18). Tal vez los herodianos estaban más apegados en sentimientos a los saduceos y sus doctrinas que a los fariseos y las suyas. Pero cada cual tenía su propio interés en este momento y el “bien” común era combatir a Cristo. La orientación de Jesús fue en este triple sentido, neutral, que rechazaran las doctrinas políticas de unos, las enseñanzas seculares y escépticas de otros, y la descarada hipocresía de los tres partidos influyentes en la población. Ellos serían por su limpieza moral y doctrinal la mejor alternativa para su sometido pueblo.
Les era relativamente más fácil guardarse de esas malas influencias que entender las Escrituras, y es por eso que el Señor vuelve a referirse a los milagros de la multiplicación de los panes y los peces que ya era historia bíblica en la experiencia cristiana de ellos y recordándola (v. 18) era como releer el evangelio. Les insistía en que examinaran lo que él hacía hasta que pudieran entenderlo y relacionarlo con la fe en él. Las señales eran sucesivas y formaban un libro, y debían ingerirlas y rumiarlas para sus momentos, pero no lo hacían.

Si alguno les hubiera preguntado sobre esos dos acontecimientos de modo histórico ellos podían contarlos palabra por palabra y coma por coma, porque los tenían recientes en la memoria. No les era tan difícil archivar el Nuevo Testamento en la memoria como discurrir en sus espíritus su contenido, y por ese vacío que dejaban los milagros sin recapacitar, continuaban con sus preocupaciones y excusas por el pan. Se darían cuenta, y debían aprender que leer bien la Biblia es algo más que repetir versículos de memoria y recordar sus historias. Podían tener una gran capacidad para la acumulación de textos bíblicos, que yacieran  inertes en su interior, y sacados en retahíla por su dueño, sin que el vanidoso papagayo obtenga fruto alguno. Aunque merece un responsable reproche quien califique de inutilidad la memorización de la Escritura, sin embargo se pueden bambolear en las astas del recuerdo las banderillas de kilométricos pasajes bíblicos, y filacterias agrandadas, con el único resultado que tiene la ciencia cuando abunda, infla (1 Co. 8:1). Estos pobres amigos de Jesús no entenderían las Escrituras hasta que en sus hermosísimos hechos no se quedaran ensimismados, como chupándose los dedos, y anduvieran cavilando en las señales que habían sucedido ante sus ojos y  pasados por sus manos para creer y vivir por ellas. 

sábado, 24 de octubre de 2015

Sazona con ética tus sermones y cuídate el cuello

Marcos 6:14-29
(Mt. 14.1-12; Lc. 9.7-9)
14 Oyó el rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre se había hecho notorio; y dijo: Juan el Bautista ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes. 15 Otros decían: Es Elías. Y otros decían: Es un profeta, o alguno de los profetas. 16 Al oír esto Herodes, dijo: Este es Juan, el que yo decapité, que ha resucitado de los muertos.17 Porque el mismo Herodes había enviado y prendido a Juan, y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer.18 Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano.19 Pero Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podía; 20 porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de buena gana.21 Pero venido un día oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su cumpleaños, daba una cena a sus príncipes y tribunos y a los principales de Galilea, 22 entrando la hija de Herodías, danzó, y agradó a Herodes y a los que estaban con él a la mesa; y el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré.23 Y le juró: Todo lo que me pidas te daré, hasta la mitad de mi reino.24 Saliendo ella, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella le dijo: La cabeza de Juan el Bautista.25 Entonces ella entró prontamente al rey, y pidió diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista.26 Y el rey se entristeció mucho; pero a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, no quiso desecharla.27 Y en seguida el rey, enviando a uno de la guardia, mandó que fuese traída la cabeza de Juan. 28 El guarda fue, le decapitó en la cárcel, y trajo su cabeza en un plato y la dio a la muchacha, y la muchacha la dio a su madre. 29 Cuando oyeron esto sus discípulos, vinieron y tomaron su cuerpo, y lo pusieron en un sepulcro”.

DE ACTUALIDAD
Espanta este cuadro, que un hombre de la estatura de Juan el Bautista fuera maltratado y muriera de forma tan horrible; y la mansedumbre cristiana de sus discípulos que recogen el resto de su cadáver y se lo llevan sin planear alguna venganza. El único delito que parece haber cometido este proclamador de Jesús fue una exhortación que le hizo al rey para que se enmendara moralmente. Y la mujer que formaba pareja ilícita con él se encolerizó y usó su influencia para que fuera arrojado en la cárcel, y posteriormente movida por un odio perenne intercedió por su decapitación.   
Lo pusieron tras las rejas debido al contenido ético de sus sermones, porque le decía al rey Herodes que estaba viviendo en pecado al haber tomado como mujer suya la de su hermano (v. 18). Juan no era de esta clase moderna de predicadores que mezclan el evangelio con la psicología y cuyo propósito en sus sermones consiste casi únicamente en alentar a la gente, enseñarles a cómo vivir feliz o cómo comportarse prudentemente en la familia, pero muy poco dicen, si uno escarba en sus predicaciones publicadas, acerca de la moral, en especial la moral en el matrimonio, la moral sexual. Sí hablan de sexo, pero como una consumación completa del acto sin mencionar cualquier regla o ley de conciencia evangélica que lo purifique. Parecen decirle a la gente que cualquier cosa entre las parejas es lícita si tiene la aprobación de ambos, sin mencionar la ley divina y los ojos de Dios contemplando los excesos y falta de escrúpulos de ambos en la cama.
En aquel entonces también como ahora esta clase de predicación del evangelio completo, con ese ingrediente moral resulta incómoda y no es popular, y hasta peligrosa porque cuenta con la mala voluntad y resistencia de la generalidad para cambiar costumbres pecaminosas por un matrimonio santo. Tal vez otros aspectos éticos que tienen que ver con el negocio, el uso del dinero, el decir la verdad y ser honestos, pudieran ser aceptables para un público que vive en rebeldía contra Dios, pero lo que es más difícil es que acoja con brazos abiertos predicaciones que interfieran en ciertos gustos carnales.
Es completamente cierto que si no se amputa de su ética sexual al evangelio, más tarde o temprano él proclamador cae en desgracia. Son los predicadores como Juan el Bautista los que transforman la sociedad, y no tienen miedo exponer el cuello por predicar sermones osados. Si nuestro Señor, en otro sentido dijo que la situación social que hallaría en su segunda venida sería parecida a la de la ciudad de Sodoma, es muy justo también pensar que en el panorama mundial la ética sexual irá desapareciendo de los púlpitos poco a poco. Además de la sodomía yendo sin oposición campante por todos lados, la destitución de la pureza en el honor del título de novios, por una definición fornicaria llamada de parejas.

La predicación ética del evangelio de Juan se convirtió en la perdición de su vida porque la dirigió a los gobernantes, particularmente al rey. Herodes en particular no recibía tan mal la predicación ética y directa de Juan el Bautista puesto que se dice que le escuchaba "de buena gana" (v.20). Es cierto que los sermones de Juan lo dejaban "muy perplejo". Algunos manuscritos traducen esas palabras como que "hizo muchas cosas" indicando con ello lo turbado que se quedaba, yendo de un lugar a otro en un estado de intranquilidad o desespero. Eso es lo que indica la palabra perplejidad. Se quedaba confundido.
Por supuesto que Juan era un hombre que él temía por su valor y su santidad profética, sin pelos en la lengua, y el principal problema para que los sermones de Juan fueran efectivos no radicaba especialmente en Herodes quien lo acogía en su palacio sin peligro alguno, y hasta le dejaba vocearle los sermones en la calle sin ordenarle a la guardia que lo detuvieran. Al menos por un tiempo. La oposición mayor que tenían los sermones de Juan el Bautista no era el rey sino los que le rodeaban que lo obligaban a tomar decisiones que no quería (v.26), y borraban de su corazón los buenos efectos que la predicación producía. En específico Herodías y su hija Salomé.
Quizás no exactamente los sermones éticos molesten tanto al presidente como a sus consejeros, no tanto al gobernador como a los que le acompañan. Juan no era un predicador que se metía en política, nada de armar revueltas con sus opiniones ni criticar la forma de gobierno del rey Herodes. Era un profeta cuyos sermones éticos tenían como propósito establecer el reino de Dios en esa porción local del imperio romano, dentro de esa forma de gobierno monárquico.
Los políticos debieran ser influidos en ese sentido, antes que hagan cambios en sus políticas, que los hagan en su comportamiento moral, porque el pecado (gran parte de las veces) tiene más relación con la conducta ética que con una clase de gobierno; y si las iglesias y sus predicadores anhelan con justicia reformas sociales debieran comenzar primero dándole la prioridad por supuesto al aspecto de la vida de los tiranos que tiene que ver con el perdón de sus pecados y la salvación.
Es una desgracia, o más bien una desventaja social, vivir en un país donde uno no tenga libertad para expresar opiniones éticas sobre la conducta de sus gobernantes, donde los predicadores son amordazados y no tienen derecho a criticar ningún aspecto moral de los que están en el poder. Desde esta clase de gobierno que amenazaba la predicación ética en el tiempo de Juan el Bautista hasta los logros democráticos occidentales logrados por la predicación judeo-cristiana, hay mucha diferencia gracias a Dios, que indica que el afán de los líderes de la iglesia y de ella misma por la libertad religiosa ha dado buenos resultados y han creado sociedades superiores a aquellas que tenían regímenes totalitarios, donde se tornaron inmorales antes de derrumbarse, y donde el principal podía dirigir su nación en cualquier sentido, según sus caprichos y no por leyes y constituciones que les limitaran el poder.

El evangelio siempre está en peligro a no ser que desee congraciarse con los gobernantes, cuando éstos son déspotas y tiranos que no reconocen ninguna otra autoridad que no sea el terror que causan en sus ciudadanos, y poco a poco si pueden, contando con la ingenuidad de la población, la van embelesando para que no se den cuenta que le están tapando la boca. Es una rara bendición de Dios vivir dentro de un gobierno democrático con políticos éticamente influidos por el evangelio, o sea, que no se les pueden acusar con justicia de corrupción, y donde la iglesia ha tenido mucho que ver en la higiene moral de los que están en eminencia. 

viernes, 23 de octubre de 2015

Nuestras medicinas no nos hacen inmortales

Marcos 1:32-34
(Mt. 8:16-17; Luc. 4: 40-41)
 "32 Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; 33 y toda la ciudad se agolpó a la puerta. 34 Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían".

AYUDAN PERO NO DAN LA ETERNIDAD
La noticia de la instantánea recuperación de la suegra de Pedro corrió como pólvora en aquella pequeña ciudad y no quedó un enfermo en toda ella que de alguna manera o de otra no fuera llevado hasta el sitio correspondiente, y Jesús le pusiera la mano encima y lo curara. Lo menos que Pedro se imaginaba, el trabajo que le iba a dar a Jesús al pedirle ese favor familiar y que en un dos por tres el portal de la casa se convertiría en un hospitalillo, y por la fama que había traído la bendición que entró a su casa, muchísimos vecinos y conocidos, y desconocidos, hombres y mujeres, niños y jóvenes, ancianos, de todas las clases, acudirían para quitarse de encima algún mal físico, ¿pero cuántos de ellos regresaron arrepentidos de sus pecados y confesándolos a Dios? De eso nada se sabe y nadie lo sabe, sino que muchísimos milagros se hicieron en Corazín, Betsaida y Capernaum, y no se arrepintieron (Mt. 11:20-24). Sólo Dios conoce la cantidad inmensa de personas que acuden a él pidiéndoles que les sane el cuerpo pero no dicen ni una sola palabra para que les sane el alma. Todos, unos antes y otros después volvieron a enfermarse de lo mismo o de alguna otra cosa, y murieron; entonces no fue suficiente que se mejoraran de salud o se curaran, sino que lo mejor hubiera sido que conjuntamente hubieran adquirido la vida eterna para cuando llegase el inevitable momento del cual no se recuperarían, estuvieran preparados para decir a Dios, "en tu mano encomiendo mi espíritu", y dejar que se deposite su cadáver en alguna parte, en paz hasta el día de la resurrección.

No viviremos para siempre, nuestras medicinas y oraciones y el bisturí del cirujano, podrán prolongarnos la vida por un tiempo o mejorar la calidad de ella, pero definitivamente no nos hacen inmortales.  Tus medicinas no te inmortalizan. Es sabio y estar en sus cabales pensar más allá de la salud física, y decidir no solamente sentirse bien y que el cuerpo funcione normalmente, sino que se convierta en un templo del espíritu Santo (1 Co. 6:19),  hasta que sea hecho polvo, y sea recordado por Cristo cuando venga en su reino (Luc.23:42). Y unos para vida eterna y otros para vergüenza y confusión perpetua (Dan. 12:2).

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...