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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Pórtate como un hombre cristiano


1 Reyes 2:1-4
“Llegaron los días en que David había de morir, y ordenó a Salomón su hijo, diciendo: Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate, y sé hombre. Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas; para que confirme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mí con verdad, de todo su corazón y de toda su alma, jamás, dice, faltará a ti varón en el trono de Israel”.


En esos días cuando David tenía que dejar este mundo dijo algo a Salomón, “esfuérzate y sé hombre” y enseguida añadió que guardara los mandamientos de Dios.  ¿No te parece raro que le dijera que fuera un hombre, en vez de decirle: “sé buen creyente, lee mucho la ley, asiste a las reuniones de tu pueblo, no te pierdas ninguna fiesta solemne, cuida el arca de Dios, lee mis canciones espirituales, nos veremos aun más allá de la muerte”? No, sólo le dijo: Sé hombre, esfuérzate joven, y madura pronto. David pensaba en la obra de Dios, en el reino, y concerniente a eso le habló. No se preocupó por decirle que no llorara por él, que cuidara su madre, que administrara bien las propiedades que le dejaba, que no maltratara a sus hermanos, etc. Su preocupación principal era el papel que Salomón tomaría en relación con la obra de Dios. De muchas otras cosas pudieron haber hablado, pero este fue el punto principal. Es cierto que Salomón había sido elegido como su sucesor y esto justifica el tema de la charla. Sí, para ocuparse de la obra de Dios tenía que esforzarse, no habría de ser cosa fácil, y ser todo un hombre. Lo significativo es que inmediatamente le añadió que guardara los mandamientos de Dios y todo le saldría bien.

Es que hay relación entre las tres cosas, ser un verdadero hombre, obedecer los preceptos de Jehová y tener éxito en su trabajo. Nota, lee, medita en el texto y lo comprobarás. No quiso decirle que tuviera muchas mujeres y concubinas; no, lo que quiso decirle es que fuera valiente, lo mismo que se le dijo a Josué (Jos.1:8); lo mismo que él había escrito en su primer salmo sobre el varón que medita en la ley de Jehová de día y de noche, que todo le saldría bien (Sal.1). Un joven demuestra que es hombre no en que es un picaflor o un don Juan Tenorio, sino en cómo toma la vida, principalmente en su trabajo y sobre todo en su formación viril cristiana. Sí, mientras más cristiano sea un joven, más hombre será. Los mandamientos de Dios no lo hacen menos hombre sino realmente lo que es serlo. A nuestro Señor se le llamó “el Hijo del Hombre”, aunque es un título divino, porque realmente era un hombre. Y Pablo le dijo a los hermanos corintios: “Estad firmes en la fe, portaos varonilmente y esforzaos” (1Co.16:13). Se incluye a las corintias. No que fueran “marimachas” sino fuertes y valientes, verdaderas mujeres, porque el evangelio hace de las mujeres, verdaderas mujeres. Si te formas como cristiano, si estás firme en la fe, si te portas como un hombre cristiano y no carnalmente como lo hacen los que no tienen el Espíritu de Cristo, todo te saldrá bien.

La vida no se puede rebobinar


1 Reyes 2:2
“Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate, y sé hombre”. 

Te está llegando la hora de morir, oh buen rey. Has envejecido y esa es la hora óptima para pensar en la muerte. No trates de quitar ese pensamiento. No proviene del diablo sino de la realidad de ella. El miedo es lo que debes desalojar de tu corazón. Piensa que la vida es un camino que comienza en la cuna y a ella le sigue el hades, (Apc.6:8), sea el cielo o el infierno, porque el hades es la región de los muertos en uno u otro lado. Sientes frío (1Re.1:1). Joven fuiste y envejeciste (Sal.37:25). No puedes detener el curso del tiempo ni hacerlo retroceder, la vida no se puede rebobinar, tienes que seguir, no hay otro camino, no se puede pasar de tus labios esa copa, tienes que beberla. Cada semana, cada día, cada hora, cada media hora es un paso más que das a tu morada eterna (Ecl.12:5). Te secan el sudor de tu frente. Te entonan algunos de tus salmos favoritos. Con piadosa ternura te abraza la sunamita para darte su calor (1Re.1:3). Tú sigues tu camino. Ángeles vienen por ti.

No tengas miedo, en la Casa de Dios hay muchas moradas. Créelo porque Jesús lo dijo. En pocas semanas tu tabernáculo será deshecho pero en lugar de él tendrás una casa hecha por Dios, eterna, en los cielos (2Co.5:1). No pienses en el cementerio piensa en el cielo, piensa en la gloria. Espera que te llamen y sal de tu tabernáculo y camina feliz fuera de él hacia tu nueva casa hecha de amor, esperanza y gloria, y estarás “hoy con Cristo en el paraíso”.

Tú lo sabes, la muerte no hace acepción de personas, nadie está exceptuado. Todos en la tierra tienen que morir. Solamente dos hijos de Adán no han gustado la muerte, Enoc y Elías. Aún Jesucristo murió. Pídele que te abrace y te de su calor, que te muestre su gloria. Hay una buena noticia. Jesús murió por tus pecados y le quitó el poder a la muerte; su aguijón,  Mira al invisible, ve el cielo abierto, como Esteban, y a Jesús en su gloria, de pie, esperándote.  

martes, 10 de septiembre de 2013

Jesús no disertó sobre los cedros ni el hisopo


1 Reyes 10:1,7-8,24
“Oyendo la reina de Saba la fama que Salomón había alcanzado por el nombre de Jehová, vino a probarle con preguntas difíciles. Pero yo no lo creía, hasta que he venido, y mis ojos han visto que ni aun se me dijo la mitad; es mayor tu sabiduría y bien, que la fama que yo había oído”.

Saba, o “reina del sur”  (Mt.12:42), “probablemente se refiere al suroeste de Arabia, posiblemente a la parte este de la moderna Yemen, aunque hay una antigua tradición reflejada en Josefo que identifica el lugar con Etiopía” (NET).

“Vino la reina de Sabá con preguntas difíciles”. Todo este capítulo parece indicarnos que este esplendor extraordinario era el resultado de la sabiduría de un rey. La reina de Sabá era una mujer amante de la cultura y adicta a libros; aunque rodeada de sabios, no había podido hallar respuestas a muchas interrogantes que tenía, entonces decidió visitar aquella enciclopedia viviente que se llamaba Salomón. Quedó tan satisfecha con las respuestas que extrajo e hizo el comentario que la fama que había oído de él en su país no era ni la mitad de la realidad que veían sus ojos. Este fue un viaje cultural, que fue el que alabó el Señor (Mt.12:42). Las molestias, contratiempos y gastos, pues los presentes que llevó fueron muchos y valiosos (v.10); el tiempo no fue perdido ni el dinero mal gastado por razón de lo que aprendió y lo que pudo llevarse de regreso (v. 13). Su deseo de aprender y su curiosidad fueron los móviles principales que la condujeron a lanzarse a tan largo viaje, pues no creía lo que veía (v. 7). Cuando tuvo contacto con la realidad quedó asombrada (vv.4,5).

Si tienes preguntas difíciles, vale la pena que hagas un viaje similar a quien es más que Salomón, Jesús. Mucho de lo que aquel viejo rey enseñó ahora tú lo puedes aprender en las universidades (4:31-34), o leyendo los escritos suyos en el canon bíblico. Levántate, ve a Jesús con preguntas difíciles tales como: “¿Es lícito dar  tributo al César?”.  ¿Habrá resurrección de los muertos, cómo serán sus cuerpos? ¿Puede Cristo perdonar pecados? ¿Cómo será su segunda venida, qué señales habrá? Verás que es imposible exagerar la sabiduría y los conocimientos de Jesucristo. Quizás no halles al Profeta de Nazaret disertando sobre los cedros del Líbano, los peces o sobre el hisopo que crece en la pared pero podrás oírle sobre cosas mayores, sobre la salvación, la creación del mundo, la indisolubilidad del matrimonio, el Dios invisible, la vida, la muerte, el perdón. 

Oh Señor, ayúdame a dedicar mucho tiempo a conocer a Jesús y sus maravillosos temas, no sobre política, filosofía o ciencia humana, sino sobre el propósito de la vida, el fin del universo, el sentido de vivir, la esperanza después de la muerte, la reconciliación con Dios, que nunca piense que pierdo el tiempo en investigaciones tan importantes, ni tenga celos de los que dedican sus vidas a importantes temas de cedros e hisopos. Amén.


lunes, 9 de septiembre de 2013

Nuestras Decisiones de Fe


Hebreos11: 8-13
“Por la fe Abraham, cuando fue llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, viviendo en tiendas con Isaac y Jacob, los coherederos de la misma promesa;  porque esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe, a pesar de que Sara misma era estéril, él recibió fuerzas para engendrar un hijo cuando había pasado de la edad; porque consideró que el que lo había prometido era fiel. Y por lo tanto, de uno solo, y estando éste muerto en cuanto a estas cosas, nacieron hijos como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar”.

¿Qué es una decisión de fe? Cuando nos hallamos en una situación que se necesita fe no sabemos todo lo que quisiéramos saber. Abraham salió “sin saber a dónde iba”; Dios no le dijo: “yo te llevaré a tal lugar, búscalo en el mapa, estudia su geografía, economía y política, y dime si te gusta y te conviene más que este lugar donde ahora vives. Espero tu respuesta”. Así no actúa un Dios que guía. No, una fe que necesite tantas explicaciones no es fe; la fe se agarra sólo del llamamiento y la palabra de Dios; tiene que dar por sentado que el traslado será conveniente, que ganará y esa confianza desvanecerá todos los temores, poniendo en movimiento sus pies para dirigirse hacia lo desconocido.

Los hombres y mujeres que hacen decisiones de fe, las hacen solamente sobre la palabra y el llamamiento de Dios. El llamamiento de Dios es algo misterioso, una comunicación entre Dios y la persona, un deseo vivo y seguro que se siente que sirve de base a una resolución que se toma. La Escritura nos dice que Dios llamó a Abraham, pero no nos dice más; el llamamiento puede repetirse para confirmación (Ge. 12: 1). La esencia misma de la fe, que es la seguridad, es la voz de Dios. Si hubo o no teofanía no lo sabemos, pero sí que él estaba seguro de lo que estaba haciendo. Si uno adquiere seguridad viendo, conociendo las situaciones, esa seguridad no proviene de creer; cuando se trata del ejercicio de la fe para un trasladado, el proyecto constituye una aventura de fe.

La fe siempre está relacionada con la palabra de Dios, da por seguro lo que sólo son posibilidades, elige para su confianza lo que es más seguro, cree que tendrán lugar las mejores opciones cuando Dios es el que elige y el que manda. La fe piensa que el cambio abrirá un futuro mejor.
Si alguien le hubiera preguntado a Abraham a dónde iba su respuesta hubiera sido: “no sé, estoy siguiendo los impulsos de Dios en mi corazón, estoy seguro que tengo que irme de aquí, iré a alguna parte, mis pies me llevarán al sitio que Dios quiere y cuando me halle allí, oiré la voz de Dios para que me quede y el lugar me gustará”. Sus vecinos tendrían que abrir muy grande sus ojos, pensando que se había vuelto loco o riéndose de él. Las decisiones de fe parecen locura.

Por otra parte, las decisiones de fe hallan sus razones dentro de la palabra de Dios. Por ejemplo, Sara, tuvo que creer contra lo obvio, contra los años que había vivido y la biología de su cuerpo; quiere decir, contra muchas razones humanas, oponiéndoles la palabra de Dios, o más aún, la fidelidad de Dios. Si sentimos seguridad por lo que vemos y por lo que oímos, ya no es seguridad de fe basada en la palabra de Dios. Podemos hacer una decisión bien hecha basada en estudios previos, y las cosas salirnos bien, y dar gracias a Dios por ello, pero eso es distinto de cuando hacemos una decisión impulsados solamente por Dios y basándonos en su palabra. La fe de Sara era igual que la de Abraham, no se debilitó al considerar su cuerpo que estaba ya casi muerto (Ro. 4: 19).

La verdadera fe en Dios está preparada para no recibir lo que Dios ha prometido, en esta vida. Abraham caminó mucho para llegar hasta donde Dios le había llamado y vivió donde Dios quería que él viviera, sin embargo  residió como extranjero en la tierra prometida y no se edificó una casa fija, de madera o de piedra, o de mármol, sino que habitó en tiendas y fue nómada. Una de las grandes pruebas de la fe es cuando la promesa de Dios choca con la realidad y ella parece mucho más grande que su cumplimiento, o decididamente parece que no va a cumplirse durante toda la vida. Pero Dios nunca le dio la promesa Abraham para él sólo, sino también para sus hijos, coherederos de la misma promesa. Él no la habría de recibir pero por su medio sí otros y muchos.

La falta de cumplimiento de la promesa de Dios tiene que explicarse por la extensión de la promesa. Debemos estar preparados para no recibir sobre esta tierra lo que Dios nos ha prometido, sin embargo podemos disfrutar contentos la promesa aunque no tengamos el título de propiedad; bendiciones espirituales, como “poseyéndolo todo”.
Fe y tranquilidad es celestial. Como ya he dicho, Abraham no vivió frustrado con su ministerio porque no recibía el cumplimiento de su promesa en su segura vocación, la disfrutaba de antemano, y vivía conforme con la porción que Dios le había concedido, no quejándose de sus tiendas ni de su vida como beduino. La fe enseña a estar contentos cualquiera que sea la situación, como dijo el apóstol Pablo. La verdadera fe no busca el éxito personal, no trata de sentirse realizada en esta vida, porque sus metas están más allá de esta tierra y busca una esperanza; el autor de Hebreos afirma que Abraham vivió sin inquietudes porque esperaba la inmortalidad y el establecimiento del reino de Dios, “porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos cuyo arquitecto y constructor es Dios”. Nuestros logros personales, y las metas que nos hemos hecho, pudieran convertirse en el fin de nuestra vida cristiana y no la esperanza celestial. Planes podemos muchos tener, pero meta, una, Cristo, como Pablo. La verdadera fe está únicamente relacionada a la esperanza (1 Co. 13: 13). El nómada patriarca vivía celestialmente tranquilo.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Casi todos los peces del lago lo oyeron


Juan 21:1-14
“Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada. Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces. Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos. Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. 10 Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar. 11 Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió. 12 Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. 13 Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado. 14 Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos”.


No hay posibilidad que los evangelistas exageraran algún aspecto de la historia de Jesús. Lo que se ve es contrario. Por ejemplo este evangelista aquí dice que ésta fue la tercera vez que Jesús se manifestaba a los discípulos. Sin embargo contó menos porque Jesús, si colectamos lo que dicen los evangelios sinópticos, se les manifestó a todos o a algunos, alrededor de once veces, y eso sin tener en cuenta que este escritor dice que Jesús hizo y dijo muchas cosas que él consideró que no era necesario que las escribiera. Es de mucha satisfacción cuando en nuestra lectura bíblica con los años nos vamos dando más y más cuenta la veracidad de los escritos sagrados.

La desorientación de los discípulos en este momento parece completa. Habiendo visto tantas veces a Jesús con su cuerpo glorificado no piensan en qué hacer con toda aquella información que ya tenían. El grupo decide, supongo que por necesidad y no como una forma de reanudar el oficio, irse a pescar. Jesús como vimos es condescendiente con cualquier tamaño de incredulidad que enferme a alguno de sus discípulos. No les reprocha el estado de ánimo que los embarga, ni lo lejos que se encuentran del llamamiento de volverse pescadores de hombres, y no de peces. Más bien, los dejó que trabajaran sin rendimiento hasta que al rayar el alba decide aparecerse en la playa, no para bañarse sino esperando hablar con sus antiguos discípulos. Como en otras ocasiones sus amigos no logran captar su nueva identidad, y aunque su estatura, su forma de andar, sus movimientos y su voz fueran la misma, no le reconocían.

Jesús se dirige a ellos no por nombres sino como "hijitos" (v. 5) que es una forma sentimental y cariñosa, que el mismo Juan adoptó cuando era anciano (1 Jn 2:28; 3:7, etc.). No hay muchas indicaciones donde el Señor muestre sus afectos por ellos, pero algunas para no pensar que se trataba de un Rabí seco. Juan varias veces reclama el título de un discípulo amado, y hasta parece gloriarse con la frecuencia, suspendiendo como se llama para hacer esa afirmación, reconocible por todos. Se recostaba sobre su pecho. Así les llama hijitos, con cariño, y les pide de comer como si fuera un pobre que solicita asistencia, y extiende su mano a ellos.

No obstante cuando le dijeron que nada cocido tenían porque nada habían pescado, se nota que ellos por la obediencia que le dan a sus palabras, no pensaron que se trataba de un desamparado sino que tiran la red en el sitio que les dice, y con la autoridad de su palabra como respaldo. Otra vez sus amigos comprueban la autoridad que tenía y siempre sus efectos eran asombrosos. La red salió de sus manos al aire y cayó en el agua y se hundió, y al momento se dieron cuenta que si no se había trabado con alguna rama, peces había atrapado. Cierto. Todos los peces del lago, o por lo menos ciento cincuenta y tres de ellos recibieron la orden de nadar hasta ese lugar. Y en unos segundos ya estaban envueltos en la malla y siendo arrastrados hacia la orilla. El Creador del universo con su palabra ordenaba a las criaturas que hicieran esto o hicieran aquello, que vinieran acá o fueran allá, emigraran de un sitio a otro, y abran sus bocas o las cierren. Si el apóstol quiso, en un momento pudo reflexionar en esta experiencia en relación con su ministerio, que Jesús si lo quería podría atraer, así como los peces desde los cuatro puntos cardinales del lago, la gente hacia la humilde malla de su ministerio, es decir debajo de su influencia o predicación.

Comprendieron "los hijitos" que ese amistoso personaje no era otro que su tierno Maestro, poderoso en palabras y en obras (Luc. 24:19). Cuando llegaron a la orilla se dieron cuenta que hambre no tenía, porque asaba un pez, y si no alcanzaba para cada uno sino un pellizco, eso se agradecía por las cortés solicitud. El, hambre no tenía y lo mismo podría sacar del agua con su mano uno que con una red cien. En el relato el autor del evangelio no se queda callado sobre los privilegios personales que tenía con él, y se atribuye la voz de aviso. Supongo que veía mejor.
Pedro, entusiasmado se echó al agua con la ropa interior (aunque se dice desnudo no quiere decir completamente sin ropa) queriendo alcanzar la presencia de Jesús primero que todos. Y como eso nadando fácil le sería, y no mediaban dudas, en un abrir y cerrar de ojos ya estaba en la costa. Después fueron llegando los otros, vaciando la red y mirando a Jesús, callados, contentos pero sin pedirles alguna identificación porque sabían de quién se trataba y esa curiosidad, sin exageración, con las cestas llenas de peces, estaba demás.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Cuando el evangelio toca a la puerta

LUCAS 12:49-53   
49 Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido?  50 De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla! 51 ¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión. 52 Porque de aquí en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos, y dos contra tres. 53 Estará dividido el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra”.

Estas palabras están más completas en el evangelio según Mateo. Jesús estaba convencido que para la sociedad su persona era conflictiva y su Evangelio también; que al presentarse tal cual era y predicar sus doctrinas no sería recibido con los brazos abiertos, o mejor dicho que unos sí le darían aceptación pero otros no, o sea, en relación con la sociedad y especialmente con la familia, él y su mensaje producirían división, y eso lo compara a encender un fuego dentro del hogar, provocar celo, acaloradas discusiones y rompimiento de relaciones; y una familia que antes estaba unida por la carne y la tradición, esas nuevas ideas y prácticas, esa nueva fe en Jesús como el Mesías, desarmaría la estructura familiar enemistando a los miembros de ella unos contra otros, el padre contra el hijo y viceversa, el esposo contra la esposa y viceversa, etc., es decir él reconoce que así sería y no lo esconde para que cuando sus discípulos experimenten el efecto de su fe en la familia no se sorprendan sino que recuerden que ya antes él lo había dicho.
Jesús no fue uno de esos predicadores que anunciaban que el evangelio era una doctrina que uniría a la familia y reconciliaría a los que estuvieran separados. Las doctrinas de Jesús entran en conflicto con otras que llegaron primero, suscitan pleitos con la ética familiar y con las venerables tradiciones y comportamientos acostumbrados porque ellas producen una conversión, y un estilo de vida diferente con una ideología teológica distinta que da al traste con casi la totalidad de las ideas añejas que llegaron primero y constituyeron el núcleo familiar.
Por supuesto que no debiera ser así sino que el anuncio de la persona de Jesús y su mensaje de reconciliación debieran servir para reconstruir cualquier hogar que se encuentre hecho pedazos, sin embargo a veces una familia así dividida se une para rechazar la invasión del progreso del evangelio que recién por alguno de sus miembros tocó a la puerta. En realidad, el ideal y la meta del evangelio es construir una nueva familia y es precisamente por ese ambicioso motivo que la doctrina y la ética cristianas deben batallar, y producen inevitables enfrentamientos con la estructura de una antigua relación formada de modo distinto a como él la halló, y la combate.
Jesús no hubiera querido que eso ocurriera porque la pregunta que se hace a sí mismo "¿y qué quiero si ya se ha encendido?", refleja que el panorama que ha surgido enfrente es lamentable pero también inevitable y su interrogación revela conformidad con lo que no puede ser de otra manera, para la vieja familia que tiene que atravesar este proceso de cambio que pudiera ser transitorio o permanente durando toda la vida, si es que algunos de los miembros persisten en ser como han sido y además activos en rechazar la nueva forma de vida del pariente cercano.  

viernes, 6 de septiembre de 2013

El más humano “Tercer Mundo”

 Hechos 28:1-6  
 “Y una vez que ellos estaban a salvo, nos enteramos de que la isla se llamaba Malta. [2] Y los habitantes nos mostraron toda clase de atenciones, porque a causa de la lluvia que caía y del frío, encendieron una hoguera y nos acogieron a todos. [3] Pero cuando Pablo recogió una brazada de leña y la echó al fuego, una víbora salió huyendo del calor y se le prendió en la mano. [4] Y los habitantes, al ver el animal colgando de su mano, decían entre sí: Sin duda que este hombre es un asesino, pues aunque fue salvado del mar, Justicia no le ha concedido vivir. [5] Pablo, sin embargo, sacudiendo la mano, arrojó el animal al fuego y no sufrió ningún daño. [6] Y ellos esperaban que comenzara a hincharse, o que súbitamente cayera muerto. Pero después de esperar por largo rato, y de no observar nada anormal en él, cambiaron de parecer y decían que era un dios. [7]  Y cerca de allí había unas tierras que pertenecían al hombre principal de la isla, que se llamaba Publio, el cual nos recibió y nos hospedó con toda amabilidad por tres días. [8] Y sucedió que el padre de Publio yacía en cama, enfermo con fiebre y disentería; y Pablo entró a verlo, y después de orar puso las manos sobre él, y lo sanó. [9] Cuando esto sucedió, los demás habitantes de la isla que tenían enfermedades venían a él y eran curados. [10] También nos honraron con muchas demostraciones de respeto, y cuando estábamos para zarpar, nos suplieron con todo lo necesario”. 

Ese recibimiento que le dieron a los del barco me inspira una reflexión social. Fíjate que “los naturales” “los habitantes” “mostraron toda clase de atenciones” a los náufragos  (v.2) porque les encendieron fuego para que se calentaran y le dieron un bocado a cada uno porque lo necesitaban. Y no por un día o dos sino por muchos, “tres días… También nos honraron con muchas demostraciones de respeto, y cuando estábamos para zarpar, nos suplieron con todo lo necesario [11] Después de tres meses…” (vv.7,10,11). Aquella amabilidad y hospitalidad de los malteses (Malta, o Melita) impresionó a todos. No estaban en Atenas o Roma, no eran gente supuestamente civilizada, es más, eran “bárbaros” (en el sentido que no eran griegos), paganos, sin colegio, sin educación, sin industria y filosofía, sin gramática ni libros, no obstante, sabían acoger a los necesitados, tenían un corazón tan grande como los griegos aunque hablaran otro idioma, vistieran distinto, jugaran distinto con un sentido del humor diferente, bailaran, comieran y negociaran distinto, y esa fue una gran lección que dieron los bárbaros a los civilizados.

Lucas escribió que los trataron “con no poco amor humano” “humanamente”, como hubieran supuesto porque los creían salvajes guerreros, bestias que sacrificaban o se comían a sus hijos. No, menuda sorpresa se llevaron. No tenían menos humanidad que ellos, igual o quizás más. Eran tan seres humanos como ellos, sin casas artesonadas ni carruajes lujosos, pero seres humanos que los trataron como seres humanos.
Pudiera hallar una comparación sin que los pobres se ofendan, pues yo también nací en un país no griego, o sea bárbaro por la definición de la real academia de ellos, la gente del “tercer mundo” sorprendieron a los del primero, los de una isla “subdesarrollada” al “primer mundo”, a los ciudadanos de la primera potencia militar y cultural. Y esa lección de filantropía es el mejor aporte que los países sin mecanización pudieran exportar a los más ricos que se desmoronan y empobrecen moral y espiritualmente, y no sólo sus materias primas sino volver a enseñar a América y a los europeos la humanidad cristiana perdida que un día tuvieron.
 La palabra que usó Lucas para referirse a los habitantes de Malta fue “bárbaros” y por atenciones o “humanamente” escribió “filantropía” o “amor al hombre”. Junto con el desarrollo económico y científico las grandes potencias han exportado la desintegración de la familia, la liberación sexual, la pérdida de la virginidad, la eutanasia, el derecho al aborto, la sicosis por el dinero y el trabajo, el escepticismo, la negación de Dios y la indiferencia a los lugares religiosos públicos.

Si los griegos impresionados por la pureza del aire de Malta, sus vidas sencillas, su pintoresco folclore y su sensibilidad humana, deciden comprar tierras allí, levantar fábricas, arreglar un puerto de gran calado, hacer escuelas, fomentar el turismo desde Roma, París, Londres y Washington, tengan cuidado los malteses no sea que según prospere la islita pierdan su humana identidad y se conviertan en privilegiados ciudadanos del imperio pero menos seres humanos.
Esa humanidad natural maltés no es otra cosa que los restos de la imagen de Dios según la cual todo ser humano fue creado y que puede sobrevivir milenios sin desaparecer definitivamente porque “linaje de Dios somos” como uno de sus poetas ha escrito, y sobrevivirá también a la enseñanza atea de los civilizados que les dirán a los naturales que los ancestros de ellos son simios y no seres humanos, y cuando empiecen a recoger los  malos frutos de esa perversa filosofía pública y el desorden y la criminalidad aumenten, insistirán que es obligación de ellos comportarse como seres humanos y no como bestias.

Observa la respuesta de los náufragos a la hospitalidad de los bárbaros. Lucas menciona la respuesta como gratitud por todos los productos y ademanes humanos de los naturales. Eso estuvo bien, y estaría bien que si en el futuro mantenían la comunicación y desarrollaban relaciones políticas y comerciales con aquellos hombres y mujeres, por ser inferiores intelectual y económicamente, el beneficio que extrajeran de eso fuera acompañado no de avaricia y desprecio sino de agradecimiento.
Lucas nada más menciona la respuesta del cristianismo a la nobleza de los naturales. Pablo se dijo a sí mismo, “no tengo ni oro ni plata pero lo que tengo te doy”; y fue derecho a la cama del padre del presidente de la isla, “Publio,  y puesto de rodillas” oró por su salud para que supiera que no era un dios sino que sería curado por Dios. Y la fiebre (fiebres, plural) por “disentería” (“Enfermedad infecciosa y específica que tiene por síntomas característicos la diarrea con pujos y alguna mezcla de sangre”. Dic. Real Academia Española). Los primeros que debieran responder amablemente a los naturales de una isla son los cristianos, y responder ante todo con la fuerza que tiene el evangelio, que no es la del dinero sino la de sus rodillas y testimonios. Malta tendría muchas necesidades de orden urbano y agrícola pero los misioneros comenzaron por la salud de la población.

No multiplicaron los panes y los peces sino que ayudaron a todos los enfermos que había en la isla, y cuando la abandonaron toda ella había recuperado la salud. Si no hay ningún hospital, tal vez el principio del testimonio cristiano sea más conveniente edificar uno que gastar los primeros recursos en capillas o escuelas, que si son importantes están por debajo de la medicina. La filantropía, hermanos, a veces conviene empezarla por el cuerpo y no por el alma, no exclusivamente para el cuerpo y sólo el cuerpo, y que el fin sea el cuerpo, no, el fin es la salvación del cuerpo y del alma. No estoy abogando por un evangelio social sino argumentando a favor de una declaración social del evangelio, por un testimonio cristiano completo, dando “para las necesidades del cuerpo” y por supuesto, del espíritu, “los cuales son de Dios” (1Co 6:20; Sgo. 2:16); y exhortando aquellos más prósperos que se benefician del intercambio comercial con las muchas Malta que hay en el llamado Tercer Mundo.

Es cierto que en Malta había superstición, enfermedades (el jefe de ellos estaba enfermo), idolatría por cuanto pensaban que un ser humano podía ser “un dios” (v.6), pero también un humano sistema de justicia ya que cuando vieron que a Pablo acabado de salir del mar lo mordía  una víbora dijeron que debía ser un asesino porque la Justicia, Castigo, Venganza, lo perseguía y si no se había ahogado ahora moriría ejecutado con una mordida letal. Creían que la justicia es una ley natural y posiblemente aprobaban la pena de muerte, que hay un dios justo que toma venganza de los malhechores que si se escapan de un castigo sucumbirán con otro. En toda sociedad y como parte de su humanismo debe existir un sistema de justicia que castigue a los delincuentes, quienes sean, griegos, romanos, extranjeros o residentes, cristianos o paganos, apóstoles o laicos. Si no con la pena capital sí con una sentencia, no inhumana, que le pague conforme a sus hechos y para que los demás teman. Sin embargo los que interpretan las leyes a menudo se equivocan. Aquellos hombres pensaron que Pablo era un asesino y no lo era, pensaban que algún Dios lo castigaba y le quitaba la vida y no era cierto. Los jueces aunque no hagan acepción de personas en el juicio y dicten justas y humanas sentencias, deben hacer “una investigación exacta” no sea que den como culpable a un inocente y piensen que la Justicia y Dios están en contra de alguien que más bien conviene que viva.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...