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miércoles, 25 de julio de 2012

Pastores de ciudad y pastores del campo

1 Cro. 6:10
“Azarías, el que tuvo el sacerdocio en la casa que Salomón edificó en Jerusalén”

 Se dice eso como si la casa (templo) que edificó Salomón fuera más importante que el sacerdocio suyo. Los templos no son más importantes que sus ministros. Por esto mismo Azarías no fue más sacerdote que los otros que ministraron en el tabernáculo en el desierto, apartado en Silo, en una cabaña; ni tuvo un mejor llamamiento. El llamamiento es el mismo.

Los discípulos estaban deslumbrados con las piedras y los ornamentos del templo edificado por Herodes y decían al Señor, “Maestro mira qué piedras y qué edificios” (Marcos 13: 1); y vino la cristiana respuesta: “Jesús,  respondiendo,  le dijo: ¿Ves estos grandes edificios?  No quedará piedra sobre piedra,  que no sea derribada” (Marcos 13:2). No dijo: “Oh sí las he estado mirando, son formidables, podemos estar orgullosos de nuestro templo”. Y de aquello no quedó piedra bien puesta.

El Señor no entraba en la casona del hombre rico de la parábola sino se quedaba en la puerta con el mendigo enfermo. Jacob apropiadamente le llamó a una piedra “casa de Dios” o Betel. Quiere decir que Dios visita los templos y a la iglesia que tiene un local más humilde, prestado, o en una casa alquilada donde predicaba el apóstol Pablo (Hechos 28:30).

Los ministros urbanos no son por ello más llamados por Dios que los rurales, los de las ciudades que los de las provincias; ya vimos anteriormente que el Rey visita los campos y a los alfareros (4: 23).  ¿Fue un mejor ministro Lot en Sodoma que Abraham en el Manre? Por su puesto que no.
Dios envía su Espíritu a uno y a otro lugar y hasta hay una excelente promesa de su presencia para las reuniones pequeñas, “donde haya dos o tres reunidos en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18: 20). Tal vez el domingo no le abran la puerta a Jesús en la rica iglesia de Wall Street en Tesalónica y venga a la pequeña congregación de filadelfos que tienen poca fuerza (Apo. 3:8,20).

martes, 24 de julio de 2012

La verdadera “revitalización” de las iglesias



Hechos 18:18-28 
“18 Mas Pablo, habiéndose detenido aún muchos días allí, después se despidió de los hermanos y navegó a Siria, y con él Priscila y Aquila, habiéndose rapado la cabeza en Cencrea, porque tenía hecho voto. 19 Y llegó a Efeso, y los dejó allí; y entrando en la sinagoga, discutía con los judíos, 20 los cuales le rogaban que se quedase con ellos por más tiempo; mas no accedió, 21 sino que se despidió de ellos, diciendo: Es necesario que en todo caso yo guarde en Jerusalén la fiesta que viene; pero otra vez volveré a vosotros, si Dios quiere. Y zarpó de Efeso. 22 Habiendo arribado a Cesarea, subió para saludar a la iglesia, y luego descendió a Antioquía. 23 Y después de estar allí algún tiempo, salió, recorriendo por orden la región de Galacia y de Frigia, confirmando a todos los discípulos. 24 Llegó entonces a Efeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. 25 Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. 26 Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios. 27 Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; 28 porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo”.


El pasaje tiene dos partes. La primera el uso que pueden hacer de la Ley mosaica los que han sido salvos por la gracia de Dios, y la segunda lo que pueden hacer los creyentes en Jesús que no están doctrinalmente completos. Observa la forma de la ley y Pablo. Pablo utiliza la ley ceremonial para su consagración a Cristo. Eso se sabe por el voto que hizo. Tal vez en respuesta a la misericordia de Dios mostrada en su fructífero ministerio en Corinto, y a pesar de encontrar tantos enemigos no sufrir ningún daño. No escogió cantar tantos salmos, hacer algunas donaciones filtantrópicas o alguna especie de castigo corporal; no hizo un voto nacido de su propia elección sino uno de aquellos que se podían hacer por medio de la Ley y con los cuales estaba familiarizado, declararse nazareo por un tiempo, un voto de más consagración, utilizando aquellos mandamientos dados por Moisés para separarse más de todo y acercarse a Dios (Num. 6).

La Ley moral era para Pablo un medio para “conocer el pecado” (Ro. 7:7); la legal estaba dada principalmente para las cuestiones civiles y el ciudadano (1 Ti. 1:9, 10) y por eso la predicaba juntamente con su evangelio, y la ley ceremonial se la aplicaba para acercarse al Señor y separarse del mundo. Después de una gran bendición debiéramos hacer algunas temporales renuncias que nos permitan consagrarnos más al Señor, si tomamos a Pablo como un ejemplo de dedicación espiritual.

La frase “es necesario que yo guarde en Jerusalén la fiesta (Pentecostés)...” (v. 21) no aparece en algunos manuscritos y muchas versiones la omiten. Para algunos lo que hizo es un acto gentilmente incomprensible de Pablo, que habiendo enseñado y sostenido que no es necesario guardar la ley, él precisamente se someta voluntariamente a un rito de ella. Es parecido a lo que hizo cuando circuncidó a Timoteo (16:3) y cuando se purificó y pagó los votos de aquellos judíos (21: 24); todo en concordancia con “hacerse todo para ganar algunos” (1 Co. 9:20-22); el mismo espíritu que le hizo estar de acuerdo con las mínimas condiciones legales que sus compañeros aprobaron en el concilio en Jerusalén (15:20,29). Esta primera porción sirve de introducción al asunto de Apolos.

En esta otra porción, mira cómo unos creyentes aprenden de otros. Para algunos, especialmente en Corinto, un líder competidor de Pablo (1 Co. 1:12; 3:4-6; 3:22), pero que era más bien su colaborador con mucha independencia mental (1 Co. 16:22). No se escribió específicamente para rebajar la altura de Apolos, que por el contrario se exalta bastante, sino para la instrucción de sus seguidores y que supieran de la colaboración doctrinal que existía entre los convertidos por Pablo y el mismo Apolos y que éstos debían, como su líder humildemente lo hizo, rectificar sus doctrinas con las enseñanzas de Pablo; es una forma discretísima de Lucas para invitar a los convertidos con Apolos a tomar una actitud semejante a la de su líder máximo. Si así lo hacen, aprendiendo “más exactamente el camino del Señor (Jesús)” (vv.25, 26), con el espíritu fervoroso de él, podrían ser de mucho más beneficio a la iglesia del Señor.

Apolos fue ante todo un edificador de la iglesia (“yo planté Apolos regó 1 Co. 3:6), de “los que por la gracia habían creído” (v. 27). No es que no tuviera nuevos convertidos porque si refutaba a los judíos algunos de ellos se convertirían, sino que no “abría obra nueva”, no era un evangelista o misionero, sino un líder muy útil a la iglesia ya establecida; y tiene su mérito.

Antes de hablar con Aquila y Priscila Apolos sólo conocía hasta el bautismo de Juan, esto incluye el ministerio de Jesús, porque en la versión Reina-Valera donde dice que “enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor” (v. 26) debería decir “lo concerniente a Jesús”. Lo que sí al menos puedo estar casi seguro, por los discípulos que se encontraron en Efeso (19:1-7).

Es que Apolos en esa época desconocía el testimonio del Espíritu Santo. Ya desde los tiempos del ministerio de Jesús había algunos creyentes en Jesús que no andaban con el grupo (Mr. 9:38-40). Se sabe que por mucho tiempo existieron grupos que no testificaban de la existencia del Espíritu Santo en sus comunidades. Sabían hasta la resurrección del Señor pero no del derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés.

Cualquiera de estas observaciones son suposiciones. Lo importante es que eran de bendición para la iglesia a pesar de su deficiencia doctrinal; y no es ésta una excusa para perpetuarla habiendo otros hermanos que conocen más y están dispuestos a compartir con nosotros sus libros, seminarios y conocimientos. No se trata de decidir entre perfección doctrinal y “espíritu fervoroso” y “gran vehemencia” (vv. 25,28) puesto que el pasaje muestra que es posible y una necesidad la unión de todas esas cualidades para que ese poder en el conocimiento, manejo y argumentación escritural sea definitivamente santificado y utilizado con más provecho dentro de las iglesias por la gracia de Dios constituidas (vv. 24, 27).

Los líderes de la iglesia primitiva querían incluir dentro de un solo cuerpo, la Iglesia, a todos los creyentes con más o menos conocimiento de Jesús, los “débiles y fuertes”, para usar palabras de Pablo; formar una unidad no por la fuerza o contratos sino para la conveniencia en la transmisión del evangelio auténtico. Esta es la verdadera “revitalización” de las iglesias, que no consiste en una reestructuración eclesiástica y la creación de modernos métodos y estilos de evangelización, sino en la perfección de sus enseñanzas y la unción sobre sus doctrinas. Esto es lo que pueden hacer con la Ley mosaica los que por la gracia de Dios han creído en Jesús.

viernes, 20 de julio de 2012

Sé valiente frente a tus pecados

Lam. 3:39,40
 “¿Por qué ha de quejarse el ser viviente?  ¡Sea valiente frente a sus pecados!”

 El v.39 es rico en sus traducciones. Esta es una bonita traducción, aunque menos exacta, y por sugestiva me gustaría por un momento adoptarla. Surgirían pensamientos hermosos si meditáramos en ser valiente ante nuestros pecados. ¿Qué es ser valiente? ¿Para defenderlos, admitirlos o confesarlos? Esconderlos es una cobardía, taparlos para evitar las consecuencias, huir de ellos. Pero no creo que Dios requiera “valor”, yo nunca he leído eso en otra parte de la Biblia. Es verdad que hay que tener valor para enfrentar sus pecados, asumirlos y declararlos como propios. Y es una gallardía pedir a los dañados que los perdonen. 

Yen grado menor también uno puede ser valiente ante los pecados ajenos, para perdonarlos primero y si es necesario, exhortarlos, y consolarlos. Valientes para que aunque les parezca cosa rara no correr con ellos en el mismo desenfreno (1 Ti. 5:22; 1 Pe. 4:4). La Reina-Valera dice: “¿Por qué se lamenta el hombre viviente? Laméntese el hombre en su pecado”; y esa la he usado por años y estoy acostumbrado a edificarme con ella, aunque no debemos pasarnos la vida recordando lo mal que hemos hecho "para que el diablo no gane ventaja" sobre nuestra conciencia. El copero de Faraón dijo "me acuerdo hoy de mis faltas", no el lunes, el martes, los siete días de la semana y los 365 del año . Es  cierto que a veces se lamentan más otras cosas que el pecado; y esa traducción es válida dentro del contexto histórico de Israel. 

Pero hay otra traducción que encaja mejor y está más próxima que las anteriores y es “¿Por qué se lamenta el hombre viviente por el castigo de sus pecados?”.  Fíjate que pregunta por qué se lamentan por el castigo de sus pecados; la invasión extranjera, la destrucción de la ciudad, la muerte de muchos amigos y familiares, la pérdida de la libertad y la bancarrota.

Lamentan las consecuencias de sus pecados, no exactamente los pecados cometidos. Dios los ha despojado de todo y los ha puesto de rodillas; pero se quejan que les han ido mal las cosas. Lo que está en orden no son quejas sino arrepentimiento; y Dios mostrará su misericordia, téngala por segura, en la recuperación y la prosperidad subsiguientes. En fin, sé valiente frente a tus pecados y diles que no quieres ya nada con ellos, dile  adiós a las fotos y a la basura con las cartas guardadas, con los saludos y las llamadas telefónicas, con los recados de amigotes y amigotas que han aprendido a ser chismosas, con los peligrosos correos eléctronicos (e-mails) y con el popular face book.

jueves, 19 de julio de 2012

¡Imagínense a Jesús primer ministro o presidente!


 Juan 6:14-21
14 Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. 15 Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo. 16 Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, 17 y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos. 18 Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. 19 Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. 20 Mas él les dijo: Yo soy; no temáis. 21 Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra adonde iban”.


Este es el mismo relato de Mr. 6:45-56; donde hay más detalles y se dice que él los forzó a subir a la barca, lo cual hace pensar que la situación atmosférica estaba prevista exactamente y los incluyó a ellos dentro, los forzó a irse porque ellos no querían, enseñándoles que él se hallaba por encima, y si no habían discernido el milagro de los panes y peces, éste lo excedía. Jesús no nos mete en experiencias difíciles para lastimarnos sino para mejorarnos, y eso, con una visión nueva de su persona. Muchas veces hemos querido solucionar una situación sin lograrlo, viendo que Jesús pasa cerca como indiferente (Mr. 6: 48). 

Queremos caminar sobre esas aguas sin poder o con el poder de la imitación de Cristo, y eso no basta, a no ser que no sólo imitemos sus actos sino de donde él obtenía el poder para hacerlo. Aquí se ve que pasó muchas horas solo orando, de modo que no sólo podía caminar sobre el agua sino volar si lo hubiera deseado. Es una obligación que tenemos con nosotros mismos dedicarnos más a la soledad, meditación y oración. No son los programas sociales los que incrementan la fe sino la oración. El Espíritu puede levantar el cuerpo.

Cuando aquel fantasma, o sea Jesús subió a la barca, inmediatamente fue acelerada y llegaron a tierra en un dos por tres. El viento cesó y los remos fueron fáciles, o quizás Jesús hizo que las ráfagas que eran contrarias se cambiaran a favor y las circunstancias lamentables se hicieran favorables y todo obrara para bien. Los apóstoles sudaron menos y con poca energía de ellos, sin embargo con su presencia, todo se movió rápido y la pequeña iglesia de doce miembros alcanzó su meta en menos tiempo. Casi podrían haber soltado los remos o tirarlos al agua que con sólo los pies de Jesús puestos en la embarcación ella se deslizaba sin escollos que la detuvieran porque obedecía hacía donde él miraba y a lo que quería en su corazón. 

Eso es lo que necesita lo que se ha parado, no que sus pasajeros se bajen y empujen sino que inviten a Jesús a subir y con esa fuerza extraña y celestial que él tiene en su Espíritu, todo camina, se desliza y el barco navega. ¿Vieron ellos que Jesús se bajó y la empujó? No, él subió, ocupó un lugar entre ellos, y eso bastó para que se terminara la inercia y todo el grupo, refrescado y descansado, le acompañó victorioso a él, hacia la otra orilla. Marcos dice que llegaron a Betsaida, de Galilea, que estaba en el camino a Capernaúm.  

Aquella gente había leído que el Redentor habría de ser rey, y le echaron manos a Jesús con esperanzas políticas en él, y para hacer eso tuvieron que intentarlo por la fuerza (v.15), en contra de su voluntad porque él no quería serlo; y allí mismo los dejó con esas esperanzas en sus corazones, frustradas. Se fue al monte a orar, y donde pudiera esconderse solo y los que votarían por él se les quitara la idea de sus cabezas yéndose detrás de los doce donde él no se encontraba. Calvino comentó esto: “…por medio de su crucifixión la salvación para el mundo fue obtenida y Cristo mismo tuvo un espléndido triunfo sobre la muerte y Satanás. Si hubiera permitido que lo hicieran rey su reino espiritual se habría arruinado, el evangelio manchado con eterna infamia y la esperanza de salvación completamente arruinada”.

¿Qué verían en él que les hizo pensar que sería un buen gobernante? ¿Dónde leyeron que alguno de los viejos profetas apeteciera tener un trono? Esas viejas ambiciones mundiales tienen su origen en el papado pero no en los apóstoles. Sus sermones no eran políticos y él no poseía esas ambiciones. ¿Hablaba bonito? Eso no es suficiente. ¿Se imaginaban que si les podía dar de comer ya eso era todo? ¿Se elige a un gobernante nada más porque propone cambios económicos? Para meter a Jesús en la política hay que forzarlo y el diablo que le había propuesto todos los reinos del mundo si postrado lo adoraba, ahora quiere obligarlo a ser presidente, y él de nuevo lo rechazó, y se fue de en medio de ellos.

En realidad lo que ellos querían era usar a Jesús contra Pilato, y si lograban su propósito, engañando al Señor, después lo desecharían. Políticamente nunca gobernarían con él ni siquiera en alianza. ¿No le habían oído decir que su reino no era de este mundo? O que era el reino de los cielos. Ellos no amaban para nada ese reino, pero no les importaba porque lo que querían era quitar a Pilato, gobernar ellos y aprovecharse de Jesús.

Podrían hacer algo mejor que politizarlo, y crear de él otro Cristo a la medida de ellos, sino tomando sus principios y aplicándolos a los reyes y a sus votantes, a la política y sus votantes, a todos los ciudadanos en forma de leyes que mejoren la calidad humana del pueblo, su moral, su economía y glorifiquen a Dios. Así se hace una realidad la plegaria del Padre Nuestro: “Vénganos tu reino”, ya que suyo es el reino, el poder y la gloria. Amén.

miércoles, 18 de julio de 2012

¡Buen viaje y Dios bendiga tu regreso!

Jer. 51:50
“Acordaos de Jehová y de Jerusalén”.

Dos incentivos para volver al punto de juicio, para recuperarse y volver a empezar: uno teológico, Dios y otro eclesiástico, la iglesia, recordar quién es Dios y qué es la  iglesia, aunque todo el tiempo que nos separa haya sido llenado con un océano de tristezas; no recordar eso que sólo saca gemidos y lamentos del pecho, culpas y vergüenzas, sino recordar la gracia de Dios y la iglesia.

El primer recuerdo que hay que tener no es sobre el pecado que nos trajo tan malas consecuencias sino sobre el Dios que nos aguarda, el Dios que tuvimos cuando fuimos fieles, el que no cambia. Si él ha sido justo, ¿por qué reprocharle nada? El trato que Dios te ha dado pudo haber sido severo pero compasivo y no desproporcionado, sino por debajo de lo que merecías, para que tus calamidades no te destruyan sino te aleccionen para un futuro mejor.

¿Es posible una vida espiritual mejor después de haber sido castigado por desobediencia? ¡Cómo no! ¿No fue capacitado Pedro para confirmar a sus hermanos, los fieles, cuando ellos han sido más fieles que él? Es que con el perdón y la misericordia viene mucha gracia y crecimiento espiritual que hace crecer y da ventaja sobre los demás. Recuerda que él es fiel; y perdona las infidelidades, él no se negó a sí mismo, él está en el punto donde lo dejaste y puedes volver a empezar como si nada hubiera ocurrido, el Señor no guarda, como nosotros, rencores.

Pero recuerda también la iglesia, su Jerusalén que desciende de arriba, no las apostasías. No recuerdes las faltas y la culpa de los infieles y las calamidades que sobre el pueblo ellos han traído, recuerda “el remanente escogido por gracia”. Acuérdate de su antigua hermosura, de sus torres, (Sal. 48:12-14), de su río como un cristal (la predicación en el Espíritu Santo) que alegra la ciudad de Dios (Sal. 46:4), recuerda que fue el lugar de tu reposo, el sitio donde en Cristo fuiste bautizado, donde crecieron tus hijos. ¡Buen viaje y Dios bendiga tu regreso!

lunes, 16 de julio de 2012

Esperemos por las tropas de Dios



2 Samuel 5: 22-25

“Y dejaron allí sus ídolos, y David y sus hombres los quemaron. Y los filisteos volvieron a venir, y se extendieron en el valle de Refaim. Y consultando David a Jehová, él le respondió: No subas, sino rodéalos, y vendrás a ellos enfrente de las balsameras”.


Dios siempre tiene razón por lo que hace y cuando David lo consultó no vaciló en decirle: “No subas, sino rodéalos”; no debía emplear el mismo método de combate que antes usó. Si lo hubiera hecho confiando en su experiencia con Dios, hubiera fracasado, porque lo que fue efectivo en una ocasión, no necesariamente tiene que serlo en otra. La experiencia con Dios es importante, es bueno meditar en ella para no sucumbir a la incredulidad como un día lo hicimos, para no arrojar sospechas sobre la palabra de Dios y para disponernos en mejor actitud de fe, pero…, y digo otro pero, a veces nos engaña; la empleamos porque pensamos que ya conocemos a Dios, sabemos como él actúa y obramos en consecuencia con esos postulados. 

Sobre nuestra experiencia está la Biblia. Nunca hemos aprendido a hacer las cosas como es debido para hacerlas con el bagaje de la experiencia y sin oración. Debemos consultar a Dios cada vez que salgamos a la guerra.

Una señal milagrosa, que un ejército de ángeles haya descendido para ayudarlos. Esto no era una señal para el plan (v. 14) sino para marcar el tiempo cuando la ayuda divina había  llegado. Podemos tener ya el plan, pero hay que esperar el momento para empezarlo. No lamentemos los contratiempos y dificultades para empezar nuestro proyecto, y porque algunas cosas lo dilatan. El triunfo no está solo en una parte sino en las dos, la segunda es el momento oportuno. Cuando se oiga la marcha de ángeles por sobre las copas de las balsameras, entonces al ataque, ya Dios llegó. No hagamos nada sin la convicción de la asistencia de la fuerza divina. Esperemos por las tropas de Dios.

domingo, 15 de julio de 2012

Por la opinión de sus amigos perdió la familia y los ojos

Jer. 38:14-23
“14 Después envió el rey Sedequías, e hizo traer al profeta Jeremías a su presencia, en la tercera entrada de la casa de Jehová. Y dijo el rey a Jeremías: Te haré una pregunta; no me encubras ninguna cosa. 15 Y Jeremías dijo a Sedequías: Si te lo declarare, ¿no es verdad que me matarás? y si te diere consejo, no me escucharás. 16 Y juró el rey Sedequías en secreto a Jeremías, diciendo: Vive Jehová que nos hizo esta alma, que no te mataré, ni te entregaré en mano de estos varones que buscan tu vida. 17 Entonces dijo Jeremías a Sedequías: Así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: Si te entregas en seguida a los príncipes del rey de Babilonia, tu alma vivirá, y esta ciudad no será puesta a fuego, y vivirás tú y tu casa. 18 Pero si no te entregas a los príncipes del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en mano de los caldeos, y la pondrán a fuego, y tú no escaparás de sus manos. 19 Y dijo el rey Sedequías a Jeremías: Tengo temor de los judíos que se han pasado a los caldeos, no sea que me entreguen en sus manos y me escarnezcan. 20 Y dijo Jeremías: No te entregarán. Oye ahora la voz de Jehová que yo te hablo, y te irá bien y vivirás. 21 Pero si no quieres entregarte, esta es la palabra que me ha mostrado Jehová: 22 He aquí que todas las mujeres que han quedado en casa del rey de Judá serán sacadas a los príncipes del rey de Babilonia; y ellas mismas dirán: Te han engañado, y han prevalecido contra ti tus amigos; hundieron en el cieno tus pies, se volvieron atrás. 23 Sacarán, pues, todas tus mujeres y tus hijos a los caldeos, y tú no escaparás de sus manos, sino que por mano del rey de Babilonia serás apresado, y a esta ciudad quemará a fuego”.



Fíjate en el hombre engañado por sus amigos. Sedequías hace un contraste con Ebed-melec; él sí tuvo oportunidad, amplias para creer a Dios y deseaba creer pero no pudo llegar a creer. O más bien, sabía la palabra y quería recibir algún mensaje de ella que fuera opuesto a ella, que variara, que no fuera condenatorio, que se contradijera; hacía venir al profeta Jeremías para oírle hablar sobre lo que ya le había escuchado, para preguntarle lo mismo que ya le habían respondido. No para estar seguro si había entendido bien o no, sino porque ansiaba que en alguna entrevista el profeta hiciera algún cambio intencional en su mensaje, que le quitara algo, que dijera algo opuesto a lo que ya había declarado. Pero siempre oyó lo mismo.

Quizás quisieras ser cristiano, pero que se cambie el mensaje, que sea corto, que no hable mucho de la Biblia sino de experiencias, que no sea solemne, que no se mencionen las palabras pecados y arrepentimiento, ni se hable jamás del infierno y de castigos.

Sedequías quería creer pero se sentía incapaz de ser salvo dentro del medio en el cual vivía, en el puesto que tenía. El mensaje de Dios le había llegado siendo rey, rodeado por su corte, con muchas riquezas y bellas mujeres, vinos, lujos, fama y poder. Esas cosas las había adquirido desobedeciendo a Dios; y ahora Dios le pedía que tuviera fe. Arrepentirse era duro para él, ni soñar que fuera a dejar todo aquello para seguir palabras de fe.

Y sobre todo, hubiera querido creer a Dios pero  sin disentir, oponerse y separarse de los amigos que lo engañaban espiritualmente.  No tenía valor para decirles a ellos que él creía a los profetas y menos para obrar en coordinación con eso. Eran sus compañeros, si creía, ¿qué dirían ellos? ¿Podría soportar sus críticas y que le volvieran la espalda? La opinión de sus amigos, contraria a la fe de los profetas, fue determinante para que este hombre perdiera su familia, su puesto y sus ojos. De ese tipo de gente conocemos a muchos que no quieren oir la palabra de Dios, a menos que se le haga un cambio total, que venga de otra Biblia. Algún dia perderán los amigos, y si no los ojos, sí el alma.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...