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domingo, 19 de abril de 2020

Hay perdones que no se dicen


 MARCOS 8:23-26
" Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase. Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. El, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos. Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea”

¿Soportarías eso por tu bendición? ¿No sabes que las bendiciones divinas cuestan y no dinero sino algo del carácter y del corazón? ¿Lo hizo para humillarlo? Puede que sí, pues fue recibiendo su bendición poco a poco, yendo lentamente hacia la luz. El pago de someterse a una humillación circunstancial; la confianza de lo que hace, aunque sea incomprensible, desagradable, bochornoso, tiene algún sentido. No pienses recibir bendiciones sin que tu alma se prepare para ellas.

Jesús lo sacó fuera de la aldea por dos razones pienso: para evitar el crecimiento de su popularidad que le traería sobre sí odio y envidia y como en otros casos pidió que el milagro se mantuviera en privado. Pero la razón principal pudo haber sido la forma en que lo iba a sanar, que no era para que la compartiera en público. Hay vergüenzas propias y privadas que tienen que mantenerse entre el Señor y el pecador. No es la intención del Señor que compartamos con otros todo lo que hace en nuestra vida. A las humillaciones que considera conveniente. Si Jesús me escupiera yo no lo diría. Mencionaría que puso sus manos sobre mí y que me sanó poco a poco y omitiría lo de la saliva. Quizás miró a través de sus ojos el alma y vio algo que le dio asco, y lo escupió, que equivaldría a una santificación. Hay perdones que no se cuentan porque hay pecados cometidos que no se dicen, no edifican a nadie. No es necesario que para animar a otros le contemos los detalles de lo perversos que hemos sido. Da vergüenza y no edifican.

Es un abuso echarles la culpa a los padres por el hijo minusválido


JUAN 9:1-12
“Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo. Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: Él es; y otros: A él se parece. Él decía: Yo soy. 10 Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? 11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista. 12 Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? Él dijo: No sé”.


Lo primero que aprendemos es una lección moral, no culpar a nadie. Si sucede que alguien de una familia nace con impedimentos físicos o se enferma repentinamente, la gente fácilmente le achaca como un castigo que Dios le manda a la familia por algún pecado desconocido. Es cierto que Dios puede castigar los pecados de los padres en los hijos y por generaciones y es cierto que las enfermedades provienen del hecho que somos pecadores (Ex. 20:5). Los discípulos no habrán querido decirlo, pero hay quienes sueñan con lo que se llama reencarnación y que el alma se encarna en una persona y nace enferma para pagar los pecados que cometió en otra vida. Eso es pura imaginación. Se puede juzgar eso por falta de caridad hacia el prójimo. No necesariamente tiene que ser esa la razón. Jesús libró de culpas a los padres y al ciego. ¿Cómo va a pecar si nació siendo ciego?  Es un abuso echarles la culpa a los padres que su hijo nació enfermo porque ellos han pecado contra Dios y él los castigó con esa cruz. ¿Y qué pensará el inocente si se le explica que su ceguera le vino por culpa de sus padres?

Dios hace algo mejor, el niño es enviado ciego al mundo, cualquiera sea el origen genético que se le dé, por la voluntad de Dios y con un propósito, quizás por muchos años desconocido. O los padres nunca lleguen a saber por qué les ocurrió eso. Y en este caso específico para sanarlo y que los padres y todos los que se enteren le den gloria a Dios. Pero pudiera ser que nunca, y que la enfermedad misma sea un medio de salvación. Quiso decirles que tenía el tiempo contado para hacer todas las obras que el Padre le dijo que hiciera para que creyeran que era la luz del mundo (v.5); y en seguida supo que aquel hombre era uno de los trabajos que tenía que hacer y cómo hacerlo. Es una forma en que lo sana es un tanto extraña y humillante. Jesús pudo haber pedido un poco de agua en lugar de usar su saliva. El ciego aceptó que le ensuciaran sus ojos con barro y saliva y obedeció, y fue donde le dijo, al estanque de Siloé y se los lavó. Creyó en la palabra del Señor y fue sanado. No porque aquellas aguas tuvieran algún poder sobrenatural sino porque Jesús las escogió, aunque distantes para que el hombre tuviera un tiempo de ejercicio de su fe y obediencia. Otra cosa muy bonita, cuando una persona es recién convertida a Cristo y su testimonio no ha sido establecido sus conocidos se confunden.

Unos creen que es la misma persona, pero otros tienen sus dudas. La gente quiere saber quiénes somos ahora porque nota que ya no somos iguales. Este hombre no era el mismo porque caminaba distinto y porque veía y lo notaron, pero como el cambio era milagroso no podían asegurar que se trataba de la misma persona que ellos conocían. Unos, los que lo conocían mejor aseguraban que era el mismo mendigo con algunas cosas de menos y otras nuevas; de menos el perro y el bastón y que ya no pedía limosnas públicas. Así el que ha sido siempre ciego para lo espiritual y ahora lee, entiende y mira las cosas como son, atrae la atención.

Pero otros le hallan un parecido, aunque porque retiene semejanza con lo que ellos conocían. A unos y otros les explicó cómo obtuvo el cambio, cómo dejó de ser ciego y veía, e identificó a quien lo hizo. Hizo bien en aclararles las dudas. Aunque llevaba poco tiempo como vidente y conocía poco. No dijo que él había cambiado por sí mismo, sino que fue cambiado. Y eso, aunque su cambio es grande sus conocimientos son limitados. No hay que esperar conocer como un apóstol para aclararle a la gente por qué se es cristiano.  Fíjese lo poquísimo que conoce, sólo el nombre, pero adjudica a él su beneficio y por supuesto con eso lo nombra y su testimonio de sanación confirma los pronunciamientos teológicos que estaba haciendo el Señor. Si tu cambio llama la atención, explícalo, para gloria del Señor y la conversión de otros.  Jesús no les achacó la culpa de la malformación del hijo a sus padres, del hijo minusválido. No los hizo sentir culpables. Y criaron hasta la adultez un hijo ciego, sin culpar a Dios tampoco, y lo hubieran continuado ayudando toda la vida, amándolo y ensenándolo para que no tuviera que depender de otros ni mendigar, sin acusar a Dios. 

viernes, 17 de abril de 2020

Dios es el escultor y orfebre de nuesta vida



“Harás además un candelabro de oro puro. El candelabro, su base y su caña han de hacerse labrados a martillo” EXODO 25:31-40
Este candelero, si sigo a Juan en su visión en Apocalipsis (Apc.1:12,13), debe representar a la iglesia de Dios en la cual brilla su presencia, y alumbra en toda la tierra. Oh hermano, la iglesia es un instrumento sagrado, y su luz, la del Espíritu, es la más brillante y hermosa que ojos humanos han visto. Es significativo y además curioso que el candelabro no debió hacerse en algún molde, sino por medio de golpes de martillos; no quedaría tan perfecto como si se fundiera como ya he dicho, en un recipiente con su forma, pero ese no era el propósito, que pareciera perfecto sino que sufriera los golpes, y sus golpes precisamente le dieran su forma y fueran visibles y quedaran como constancia, que los malos momentos y circunstancias vividas por la iglesia y el cristiano particular, forman parte intrínseca y son realmente los que le dan forma. Una iglesia, concretamente una vida cristiana, donde los golpes de martillo no sean visibles y que sólo se aprecie regocijo, buen humor y la marcha de las cosas buenas, es dudoso que esa vida o esa iglesia tengan una formación sagrada. La vida del creyente en Cristo no es tanto una obra de arte sino más bien el ejercicio de un orfebre instruido por Dios que golpea la forma y el fondo de ella hasta que aparezca el emblema de Cristo desde una punta hasta la otra.

jueves, 16 de abril de 2020

No he dicho que Jesús es calvinista


MARCOS 7:14-23
 14 Y llamando a sí a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended: 15 Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre. 16 Si alguno tiene oídos para oír, oiga. 17 Cuando se alejó de la multitud y entró en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola. 18 Él les dijo: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar,19 porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos. 20 Pero decía, que lo que del hombre sale, eso contamina al hombre. 21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez.23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.

Jesús enseñó, aun teniendo en cuenta su amabilidad, la total corrupción del corazón humano, aunque cause náuseas y humillación. Según la realidad de cómo nos miraba por dentro, lo que metemos y sacamos, “la jactancia queda excluida”. Una religión humana que abarque sólo formas, comidas, días festivos, y ritos o cumplimientos de deberes, puede convertir a sus seguidores en arrogantes, pero jamás el evangelio de Jesucristo. Las buenas nuevas de la gracia anunciadas por él no se encuentran en una teología adulona que suaviza la catástrofe que produjo la caída de Adán, y dice hallar dentro del corazón del hombre alguna cosilla que haya quedado sana.
Jesús no dibujaba de forma romántica el corazón humano sino más bien como algo peor a un depósito de excrementos, o un lugar árido y apartado que es lo que la palabra letrina significa. Los predicadores de teología arminiana pudieran horrorizarse al escuchar de los mismos labios del Salvador de ellos, que la mente humana hiede (el corazón, la carne, como quiera llamarle), que está completamente infestada, y que la ley de Moisés o cualesquiera otros mandamientos humanos son ineficaces para extirpar del interior de todos los hijos de Adán esos vicios y malas inclinaciones, y enderezar social y espiritualmente la conducta.
Si la evangelización de los pecadores no se aproxima a ellos con esta situación en mente, sus logros serán superfluos. La evangelización y la santificación de la iglesia deben enraizarse en la realidad que ante Dios el corazón humano está perdido, por todas esas acusaciones que Jesús le hace. La conducta humana lo que necesita es un trasplante de corazón, o una metamorfosis, lo que se llama una regeneración, la hechura de Dios de una nueva criatura.
Queda claro que la oposición de Jesús a que se enseñen mandamientos humanos, que busca darle rodeos a una total perdición, en vez de la Palabra de Dios, se debe a que se hacen nulos los resultados para los cuales Dios la envío. Invalidar el mandamiento de Dios significa no sólo una sustitución del mismo, sino que es un equivalente en resultados a dejar la personalidad humana intacta y sin cambio. Lo único que puede penetrar el corazón endurecido por el pecado humano y llegar hasta sus íntimos pensamientos y los tuétanos, es la palabra de Dios.
La imagen fotostática que Jesús hace del corazón del hombre no es de un órgano enfermo sino más bien muerto y que hiede, y todas esas cosas que menciona, malos pensamientos, adulterios, homicidios, avaricias, envidias, soberbias, cosas que se execran, son evidencias de su total descomposición. La forma de la religión solamente pule el sepulcro, pero no lo limpia por dentro. Si algún escritor dijera en su ardor doctrinal que Jesús era calvinista, sería un horrible fanático, pero sí es correcto si dice que así de ese modo, con una depravación total, explica el corazón el calvinismo. Si alguno anda buscando de dónde el apóstol Pablo, cuyos escritos son el cristianismo, de dónde sacó su doctrina que el hombre nace muerto en delitos y pecados (Efe. 2:1-5), tiene que pensar que el evangelio que Jesús le reveló, y no hombre, no fue otro que éste, que el hombre necesita un corazón nuevo porque ese heredado del viejo Adán, no sirve (Ga. 1:11-12). Y no me confunda, no he dicho que Jesús fuera calvinista, sino que nuestra teología es la misma.




miércoles, 15 de abril de 2020

Cómo pudiera vivir cuatrocientos o cuatro millones de años



Dios enseñaba a su pueblo a que viviera por fe, a que anduviera en el Espíritu. ¿Por qué tenemos que comer cada día? Porque somos dependientes de la nutrición. Se come para reponer el cuerpo que se gasta, para evitar el deterioro, la enfermedad y la muerte. El alimentarse es una forma de evitar sucumbir y los creyentes cuando comen deben dar gracias a Dios por los alimentos que creó para que el hombre prolongara su vida sobre la tierra (1 Ti. 4:3).

Sin embargo, en un estado de perfecta comunión en la presencia de Dios no se necesitaría comer ni beber. Moisés estuvo cuarenta días sobre el monte y no comió ni bebió nada y no sólo no se murió, sino que descendió muy saludable y resplandeciendo gloria.  Moisés que lo conocía por experiencia le dijo al pueblo que el maná que comían simbolizaba la palabra de Dios y con él solamente podrían vivir no solo cuarenta días sino cuarenta años, cuatrocientos y cuatro millones porque “de todo lo que sale de la boca de Dios vivirá el hombre”. Les explicó que hay una forma de alimentación del cuerpo, desconocida por ellos hasta ese momento, un modo espiritual de comunicarle vida que hace innecesario comer.  La vida del hombre últimamente no depende de los alimentos porque el cuerpo fue creado para la Palabra de Dios, que Dios dijo y fue hecho, y que entonces oyendo a Dios se puede vivir sin morir.  Las manos de Dios, con las que hizo al hombre, es su Palabra, y su aliento de vida que rompe la inercia y la muerte, ella misma.

La nutrición con maná fue un privilegio. Los israelitas si hubieran “acomodado lo espiritual a lo espiritual” habrían  podido decir: “Es extraño pero lo único que hemos comido hoy es maná, ayer lo mismo, hace una semana igual, un mes, un año (Num. 11:6), no tenemos que matar ninguno de los animales que trajimos, y no nos sentimos débiles, gozamos de perfecta salud, nunca habíamos comido tan poco, aparentemente casi no nos nutrimos, pero no surgen enfermedades, nadie se desmaya, nuestros cuerpos están como si ingiriéramos las mejores dietas cada día. O este maná es un alimento superior a la carne, la leche y las verduras, o nosotros podemos vivir sin comer, solamente creyendo la palabra de Dios”. Años después un autor inspirado le dijo a Israel: Comiste “pan de nobles” (Sal. 78:25). Y el diablo no le pudo contradecir a Jesús cuando se lo dijo (Mt, 4:4).Aquel maná es un símbolo de nuestro Señor Jesucristo y quien come su carne y bebe su sangre, su palabra, vive eternamente (Jn. 6:54-58). Prediquemos a Jesucristo, ¡la Palabra de Dios, hablemos de Biblia, Biblia, Biblia, pastores, maestros, diáconos, iglesia! Prediquemos mensajes expositivos o al menos textuales.


No gaste todo lo que tiene porque a pedir se queda


Algunos predicadores en las redes sociales refiriéndose a esta epidemia mundial sacan a Dios de la ecuación. Otros están predicando que Dios tiene dos voluntades una que es activa y la otra que es permisiva, o sea, que Dios está cruzado de brazos y no tiene nada que ver, o muy poco con los miles y miles de enfermos y muertos, que esto no estaba en sus planes. Hace un tiempo pequeño atrás dije que esta epidemia mundial debía ser aprovechada de modo evangelístico, y que la guadaña de la muerte viral puede cercenar más vidas que las que se perdieron en las dos pasadas guerras mundiales.
Sin embargo, hay avisos que van y vienen rogándoles a la población que se quede en casa, que, si tiene que salir se mantenga alejado de los demás al menos por seis pies de distancia, y si lleva guantes y máscaras mucho mejor porque por los ojos, por la boca y la nariz entra y sale la epidemia. Al quedarnos en casa para no contagiar ni ser contagiados con esta enfermedad de los órganos respiratorios, nos damos cuenta del valor que tiene la familia. Por supuesto, la familia es lo de más valor que tenemos. No se debe dañar. Ni adrede ni con insensateces. Ella vale más que el empleo y el salario con que se la sostiene y que la casa que compraron. Para ser felices en un bohío basta con amarse mucho.
Este encerramiento es un buen tiempo para intentar llevarse bien los unos con los otros, con apoyo y comprensión. Los cinco dedos de la mano son diferentes y ningún miembro de la familia es una copia de otro, al papel carbón digo. Hay que respetar el carácter y el temperamento de los otros, ninguna es homogénea ni fuimos creados por Dios o salimos del vientre de nuestros padres en una serie idéntica. La aceptación y el perdón juegan un papel importante. Perdónense, oren juntos para vencer susceptibilidades, tengan el coraje y buena memoria para olvidar las palabras que fueron dichas sin la intención de herir, pero hirieron, porque generalmente la diferencia de caracteres hace casi una rareza que no se digan palabras inoportunas o en un tono inaceptable. Los que mejor olvidan son los que tienen buena memoria. El mal humor debe durar poco. Recuerde que su familia es la que le echa una mano cuando le haga falta; a los parientes cercanos no hay que explicarles mucho lo que nos pasa porque lo sospechan y lo adivinan. Los vecinos no vendrán a resolvernos los problemas.
No deshaga lo que le ha costado años en construir. Somos realmente unos tontos si ponemos en peligro la familia con locuras insensatas, tronchadas de un futuro saludable y continuo. No solamente no se debe comer la manzana de la discordia sino la que Dios mismo nos advierte que si la mordemos, con una sola y fugaz infidelidad, la vamos a pasar mal.  La epidemia de afuera nos da la oportunidad de cohesión doméstica, de lecturas y de ratos espirituales en grupo. Se puede leer la Biblia, explicarla un rato, orar y cantar himnos, de los buenos, de los convierten a carceleros y presos.
Esta epidemia, casi omnipresente, nos saca lo mejor que tenemos de humanos; da lecciones sobre el cuidado especial que hay que tener con los viejos, los que han invertido sus historias en construir lo que hoy existe. Los jóvenes deben mirar hacia atrás, que son lo que son por los que los trajeron al mundo, los educaron e invirtieron, en infancia y juventud, sus padres y abuelos, tiempo y tiempos, recursos y mimos. Los envejecientes no valen menos, solo que están muy usados, no como un artefacto doméstico.  Quien vale menos es el joven que piense de ese modo y merece cuarenta azotes menos uno.  Jóvenes responsables con sus padres, con sus hermanos menores, y con los de larga vida ya debilitados por los años y que llevan en el rostro los surcos del arado del tiempo, donde se ha sembrado la semilla de experiencias incomparables. Jóvenes, cuiden aquellos cuyas carnes ahora están blandas y tienen la piel plisada, que ya no están vigorosos para salir a las calles y rozarse con contagiados.
Otro asunto, antes que le agote la paciencia y deje de leerme. Le voy a hablar de dinero. Quiero comenzar refiriéndome al hecho que el tema se encontró en el conocimiento de Jesús sobre el asunto. 
"Por tanto, ¿no debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses? Sólo una nota sobre este asunto, para llamar la atención al hecho que las instituciones bancarias son antiquísimas y el pago de intereses por el dinero guardado en el banco es un hecho que Jesús reconoce como válido, y todo lo contrario de levantarle un dedo de desaprobación, lo utiliza para aplicarlo al reino de los cielos y eso quiere decir que es un buen consejo, siempre que se pueda, invertir el dinero de alguna forma para que gane, aunque sea lo mínimo que son los intereses (Mat. 25:27; Jesús conocía eso). Basta con eso para apoyar lo que digo con respecto a la economía familiar, y ese atrevido consejillo para despojarse algo de la pobreza y la estrechez financiera.. La familia, quiero decir los padres, deben concebir la posibilidad de tener ahorros, lo cual no es tan fácil como cantar y coser; e invertir, guardar y no malgastar el dinero, porque de súbito pudiera ser necesario, como ahora cuando se teme que aparezca una crisis económica que conduzca a la pérdida de propiedades, por supuesto de empleos, y si la familia lo ha ido gastando y en ocasiones en recreaciones no indispensables, según lo fue ganando, va a vivir momentos que no se lo deseo a nadie. Para eso hay que hacer recortes en las vacaciones, si las toma, no darse lujos ni hacer compras caras. Si no son millonarios, sino que apenas les alcanza lo que ganan, es estar desquiciado o enfermo por la envidia, comprar un auto de mucho precio, a plazos y que requiere un seguro caro. ¿Uno más económico no es capaz de conducir la familia al mismo lugar de otro que al dueño le costó el triple? ¿Por qué comprarse una mansión si con una vivienda de dos o tres habitaciones y un par de baños, a no ser que sean muchísimos, tienen privacidad están cómodos, y pueden ser felices? Llegar a viejo o a vieja con la casa y el auto pagados, y con una entrada de jubilación, intereses bancarios e inversiones hechas, no es un milagro sino un éxito de la sabiduría. No gaste todo lo que recibe, porque el que gasta todo lo que tiene a pedir se queda.



martes, 14 de abril de 2020

Dos ancianos que viven en un efficiency alquilado


                  (*eficiency, es un pequeño apartamento)
Pudiera ser que él mismo me lo haya contado o me lo haya imaginado o que lo haya soñado, pero lo veía por la ventana de su pequeño apartamento, cuando yo caminaba mi perro Mocho, así le puse al enamoradizo pequeño can, que sin pudor alguno tenía sus romances con alguna perrita callejera del barrio. Era un espectáculo que a mí no me daba vergüenza mirarlo unos instantes, sino risa, de que el pequeño animalito fuera tan atrevido y sin pudor hiciera lo que hacía y le daba la gana, sin que los humanos se metieran en su vida. Bueno, dejo al cachorro a un lado y me enfoco en la cabeza blanca del viejo que tarde y mañana veía en su ventana, adicto a su computadora como se dice aquí en Estados Unidos y que en otros lugares les llaman ordenadores. Lo mismo da.
Era puntual en sentarse en aquella silla y hablarle o escribir en el artefacto electrónico, y que me pareciera el prehistórico viejo, una secuoya, sembrada en mi barrio, o algún ejemplar de un jardín raro, escena que lógicamente era humana porque los árboles no tienen narices, orejas ni canas. Me lo dijeron con pequeñas preguntas que hice, como quien no quiere la cosa, porque ustedes saben cómo son los barrios donde las casas cuestan menos y se rentan a bajo precio, y chismosos hay regados por todas partes. Pues ahí vive mi solemne amigo, le llamo amigo porque nos conocemos sin habernos visto nunca, o todos los días en un espejo, y hasta el viejo en cuestión tiene igual edad que la mía, las mismas canas y los mismos contados cabellos. Y para remate tenemos el mismo nombre, que no sé por qué, no lo tengo bien claro, si él me lo robó o fui yo quien le hurtó la partida de nacimiento. He visto algunas veces una vieja bonita acercarle una taza de café bien caliente, porque se sacude la mano cuando la coge y sopla el líquido. Creo que ella es adicta a ese líquido negro, que le llama café, pero es descafeinado ¡vaya contradicción! Y se aman los dos viejos, discuten a menudo, y se abrazan también con frecuencia. Se dan besos tan castos, me imagino, y creo que tengo toda la razón, que él pudiera ser un egresado de algún monasterio, y ella también una monja rebelde con ideas luteranas o de otra denominación protestante. Una persona que lo oyó contar de su vida religiosa, dijo que el viejo había comenzado a ser, lo que era, un seguidor de un francés llamado Juan Calvino, que vivió la mayor parte del tiempo en Ginebra, Suiza, y que él le había dicho algo sobre el origen teológico (¿sabe qué es eso?) de su fe, y fue que cuando era muchacho se atrevió a contradecir en la escuela a un ateo fanático, sobre la existencia de Dios. Y por supuesto allí donde los ciudadanos usan máscaras, no por el omnipresente virus que hoy tiene al mundo lleno de susto, sino porque están obligados a tener la misma cara del líder, y repetir sus mismas palabras. El viejo, que en aquel momento todavía no lo era, fue castigado y obligado a ser militar. Un día, lo reclutaron e hicieron trizas sus sueños universitarios, y se fue llorando en un tren cargado con alistados, hacia un lugar que en su país le llaman “vuelta abajo”. El convencimiento de que la tierra y todo lo que ella tiene natural, es hecho, creado, no un resultado de evoluciones ascendentes. Fue su convencimiento. Lógico. Nunca había leído la Biblia. Creía en la existencia de Dios, y de alguna mente creadora. Eso era todo. No era fe lo que tenía sino una obvia conclusión. Jamás pasó por su mente ser un clérigo, ni nada por el estilo. Creía que había Dios y ya. Esa clase de creencia no puede soportar las pérdidas. Y el joven lloraba y volvería a perder lo perdido, llorando sin lamentarlo. Se puede creer en Dios sin tener fe.  Un día se fue a hablar con Dios y le dijo, con ojos abiertos, que estaba convencido de su existencia pero que no creía en él. Así pasó, digo verdad auténtica. Si él me mintió, me miento a mí mismo. Se apartó para los sitios donde no lo vieran los otros jóvenes militares, y abatido por completo le dijo al Dios que había defendido, que su creencia en él no tenía fe. Era una frustración inexpresada hasta entonces. Y que no era suya aun, que sabía de su existencia pero no estaba seguro tampoco, y que lo había perdido todo afirmando lo que en el fondo del corazón no tenía, “me he quedado sin nada, lo he perdido todo defendiendo lo lógico de tu existencia, pero no creo en ti”, e instantáneamente el joven dio un brinco, como un becerro en la manada y saltando, y vuelto a saltar, corrió alegre hacia el campamento con el pecho lleno de fe, de la milagrosa fe que ya le ha durado hasta ahora cuando yo lo miro por la ventana y parece estar comiéndose ese libro gordo, la Biblia y ser una polilla de ella. La fe es un don de Dios. Un milagro y la incredulidad existe en todos los hombres y mujeres, es el origen de todos los pecados, aberraciones, sensualidades, y de todas las vidas torcidas.
No sé por qué he contado esto, porque quizás a nadie le importa, pero al viejo que yo miro por la ventana y a mí, sí nos importa, y si a usted no le gustó leer la historia de este septuagenario, no pase más por su ventana ni invente otro cuento, un verídico relato, eso aburre, como el que acaba de leer que está entretejido con invenciones pero es la pura verdad, que como el apóstol Pablo recluido en una casa alquilada en Roma, escribía y escribía lo mismo que este viejísimo en cuestión. Y rece, si sabe, u ore, que es mejor porque puede usar franqueza y no repetir letanías de otros. La bonita vieja, que ya le dije que es la mujer del fosilizado que escribe de la Biblia, no sé si es mi sombra o viceversa, la lee de tapa a tapa. En este preciso momento la mujer acaba de acercarse al marido, el que veo por la ventana, viene con una taza de café caliente y deseosa de interrumpirlo contándole algún incidente de los siete u ocho pájaros que cuida con esmero en cautiverio. Son felices, porque la felicidad no la trae la casa ancha y el dinero, no me lo imagino, sino porque lo conté yo mismo el que vivió y escribió la historia, que no estoy seguro que sea propia o robada a mí mismo, y mirando pasar a dos niños a toda velocidad, sin huir al coronavirus, montados en una carriola,  porque no es sólo cuento el relato, que tiene un poquillo de ficción, pero lo del efficiency en Miami es verídico, y pase cualquier día por la calle que como le he dicho, casi nadie ahora transita, ya no pasan los pilotos de la carriola, ni el perro mocho, porque tienen miedo que el viejo de la ventana tenga catarro, toza o estornude.

Autor, pastor, Humberto Pérez
Miami, 12 abril 2020

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...