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viernes, 31 de octubre de 2014

Una espiritualidad encerrada no es válida

Tito 1: 5-15
“Por esta causa te dejé en Creta, para que pusieras en orden lo que queda, y designaras ancianos en cada ciudad como te mandé”. 

Mira como el Espíritu Santo cuida las iglesias y quiere que funcionen bien, que las cosas que no están haciéndose correctamente se arreglen. Específicamente le pide organización, “pongas en orden”, que es una mejor traducción que "corrigieses lo deficiente"; y lo básico es colocar pastores que cuiden de ellas. Lo que faltaba por hacer, el trabajo no terminado, las áreas sin líderes, ideas e iniciativas no puestas en acción. En la forma en que el apóstol habla parece que Tito es el obispo de toda la isla y que el evangelio ha cubierto todo ese territorio; lo cual significa que la misión de este hermano y sus pastores colaboradores tendrían a su cargo la experiencia de contribuir a una reforma social por medio de las enseñanzas y prácticas cristianas. 

Esa influencia espiritual benigna pudiera ser disminuida, tergiversada y obstaculizada por la enseñanza paralela de los cristianos judaicos. El apóstol le instruye a su discípulo que le diga a los demás pastores que una espiritualidad abstracta, encerrada dentro del local de reuniones, no es válida sino que la vida cristiana no es para vivirla solamente entre hermanos sino entre herejes, filosofías negativas, tergiversaciones de la doctrina, y enfrentada a la conducta y enseñanzas de religiosos corrompidos y en cuanto a la fe incrédulos, cuya corrupción llega desde la cabeza hasta los pies, y que él dice que les alcanza la conciencia la cual también es un pantano repleto de corrupción (v. 15).

miércoles, 29 de octubre de 2014

Los de adentro y los de afuera

Colosenses 4:5
“Andad sabiamente para con los de afuera, aprovechando bien el tiempo”.  

A los inconversos se les llama “los de afuera”. Esa palabra significa mucho: fuera de la iglesia, de la fe, de la salvación; y por supuesto, sinónimo de “excluido”  “sin Dios, sin esperanza, sin Cristo” (1 Co. 5:11-13). La iglesia es una familia, una comunidad teológicamente cerrada (con una revelación completa; entendiendo teología por revelación) y cuya membresía es un privilegio concedido por Dios. Los que entran a ese círculo son añadidos por él; los que han sido hechos hijos suyos, adoptados por medio de su Espíritu, renacidos, justificados. La adición a la iglesia es una operación divina, no un esfuerzo humano ni un mecanismo que se cumple por medio del bautismo o del voto democrático. No todo el que quiera entrar podrá hacerlo, sino aquel que Dios quiere. Ni podrá permanecer en su seno aquel que no pertenezca a ella y no haya entrado por otro lado como un ladrón o salteador. Los que Dios añade a la iglesia “son de nosotros” y “permanecen con nosotros” (1 Jn. 2:19); perseveran en la comunión con ella. No se debe pensar en la membresía de la iglesia como una decisión humana sino divina.

Pero aunque la iglesia sea una familia, un cuerpo, una comunidad cerrada, no debe concentrarse en ella misma, tiene que mirar afuera porque forzosamente tiene diaria relación con los que allá están y son miembros encubiertos de la congregación santa, pero que viven impíamente como fornicarios, avaros, maldicientes, etc. (ver Jn 10.16; y Apc. 7:13, 14).  No le es posible cerrar los ojos a la realidad de los que se hallan fuera de ella porque conviven con ella, no hay una separación física entre los de adentro y los de afuera. Los de adentro y los de afuera; no implica una separación corporal o una entrada corporal, lo que se llama asistencia a los cultos y a las reuniones, sino una unión o separación espiritual, doctrinal, práctica, ética. Los términos mismos aplicados a ella: “santos” “elegidos” no implican una huída hacia un espacio lejano sino un rompimiento de conducta y vida. Los que se hallan “dentro” conviven necesariamente con los que están “afuera”, los ven y los tratan a diario porque son sus vecinos, sus familiares, sus conciudadanos. (dos textos para reflexionar (1 Co. 5:10; Efe. 2:12; etc.)

Entonces la palabra “redimiendo el tiempo” lo que quiere decir es, aprovechando las oportunidades. Si uno ora para que el Señor abra puertas (v. 3), y le da la oportunidad (no viajando a otros sitios sino en la misma área), y las rechaza o es negligente en aprovecharla, ¿cómo podría esperar que los que se hallan “afuera” entren? La comunidad cristiana intriga a los de afuera, no por el número de personas que se reúnen para adorar (todavía no se había desarrollado la ciencia de las estadísticas) sino por el testimonio, por la clase de vida que vivían, tanto entre los mismos miembros de la comunidad como el la relación de la comunidad con los de afuera. Los veían llamarse hermanos y vivir como hermanos, ayudarse los unos a los otros y preocuparse uno con los otros. Repito, el número no impresionaba a la sociedad sino la clase de vida que ella llevaba.  Y con respecto a los de afuera mismo, les intrigaba que las doctrinas de la comunidad los convirtieran en personas tan buenas. Si tenían que ir una milla iban dos, si se les quitaba la túnica dejaban la capa, si se les pedía algo prestado no lo rehusaban, si lo herían en una mejilla volvían la otra, no respondían maldición con maldición sino con bendición, no se vengaban ellos mismos, no mentían, no perjuraban, ninguna palabra corrompida salía de sus bocas, todos trabajaban y compartían lo que ganaban con los que tenían necesidad, se sentían bienaventurados si lloraban y el despojo de sus bienes lo sufrían con gozo. Los de afuera entraban a la iglesia no para formar un número sino parte de aquella vida gloriosa.


La religión que practicaban era monoteísta y cristocéntrica. Les hacían preguntas concretamente en relación con todo eso. No era la propaganda de la iglesia la que inquietaba a los de “afuera” porque ella no salía afuera como un producto al mercado, sino que se mezclaba entre ellos como un milagro de gracia, como la sal en los alimentos, (“palabra con gracia sazonada con sal”, 4: 6) y llegaba de ese modo a todas partes; no tanto por su popularidad sino por la convivencia. Para ese momento de inquietudes e interrogantes del mundo, ella debía tener una razón preparada, una palabra de gracia que indujera a los de afuera a unirse con los de adentro; y el tema principal era Cristo. 

Persiste en amar a pesar de todo

Colosenses 3: 13-15

“…soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro; como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”. 

Les dice: "Aprendan en Cristo a vivir en comunidad, a tolerarse. Todos están en proceso de santificación y tienen que amarse y soportarse". En cuanto a la paz, ¡qué más quisiera yo Señor!, que tú gobiernes mis pensamientos y sentimientos (Flp. 4:7). Por favor, sean agradecidos y no olviden los favores y amores que otros les han mostrado; no está bien que se molesten tan pronto y tanto después de haber sido tan bien atendidos. Eso lo está diciendo para una congregación que no es perfecta y susceptible a lastimarse los unos a los otros, incluyendo aquellas personas con quienes tienen, y  tenemos deuda de gratitud, hermanos queridos y esposas amadas por toda la vida. Persistan en amarse a pesar de todo, olvídense de las afrentas, palabras inconvenientes dichas, o cualquiera otra ofensa, grande o pequeña, que haya lastimado el corazón. La ingratitud  tiene que ser expulsada de nuestro corazón. La mente fuerte es la que olvida pronto los agravios. Los que mejores olvidan son los que tienen buena memoria. Saludable quiero decir.

Un país que de gusto vivirlo


 
BIEN SAZONADO CON SAL DE DIOS
Lucas 14:34-35
(Mt. 5:13; Mr. 9:50)
 “34 Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará? 35 Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga”.


Otra pequeñísima parábola de Jesús con la sal común; muchas veces cuando ha aparecido en una roca si no es separada de ella cuando se ha agotado el producto salino el resto es tirado afuera por la ventana de la cocina, a un lugar cualquiera o puesta en el paso sobre algún sitio lodoso. La sal no es buena para la presión sanguínea, se sabe, pero Jesús no piensa en medicina sino en el gusto que le da al paladar de los sanos cuando comen y no sin ella en la dieta de los enfermos. Por otra parte, es buena para preservar las carnes, que sin refrigeración perecerían si no se consumen.  

El sentido espiritual en el sermón es doble, que, si sus discípulos pierden el sabor de él, el testimonio fracasa; si no sazonan sus vidas con sus enseñanzas, en cuanto a utilidad espiritual se trata, se vuelven inservibles y de ellos se puede prescindir, echándolos afuera por la ventana de la iglesia hasta que recobren el gusto anterior o sean hollados por el mundo. El gusto propio del evangelio nada lo tiene sino él. El gusto del evangelio es irremplazable. No hay esperanza de gusto ni emoción por vivir si la vida es añeja y desabrida. Si un discípulo pierde su poder protector y es inútil espolvoreado entre sus conocidos, porque ha sido asimilado por ellos, ya no tiene sentido su lugar en la iglesia y aunque no se le tire afuera por la ventana, él solito da unos saltos y se marcha, por la puerta. 
En relación con las fronteras de las salinas, cerca del Mar de Cristal, el que lee entienda y el que tiene oídos para oír oiga, la cantidad del producto y su calidad son importantes. Si el número de granos de sal es poco, poco será lo que pueda hacer en el sabor y preservación de su nación, y si falla ‘el pacto de sal’ con Dios (Núm. 18:19), si sus virtudes descienden y el provecho no es palpable en su contorno, pese a la gracia común (policías, ejércitos, leyes), la totalidad se corrompe; y ella, indiscutiblemente lleva una porción de culpa.  La calidad cristiana en un país, y que la sal no sea un pequeño puñado, o exista encerrada en su salero (templo) como una insignificante minoría, son importantes para preservarlo virtuoso, seguro y que da gusto vivirlo (Mr. 9:49, 50).   

sábado, 25 de octubre de 2014

Irreprochable quizás pero no cristiano

Filipenses 3: 6
"...en cuanto a la justicia de la ley, ser hallado irreprensible...". 

O ser hallado irreprochable. Eso es lo que quería ser Pablo antes de ser cristiano, cuando era enemigo de todos ellos. Ese error se repite a través de todas las edades hasta hoy. ¿No sabes que puedes ser tenido como una persona irreprensible y sin tacha y sin embargo no ser cristiano, no tener la salvación, estar destituido de toda esperanza de perdón y aceptación por Dios? Sé precavido con esto ahora que estás del lado acá de la eternidad. Aunque tu vida sea aplaudida por todos no eres salvo si no eres aprobado por Dios en Cristo. Hay veces que no son las cosas malas por las que perdemos la vida eterna sino por las buenas, las que nos hacen sentirnos orgullosos, complacidos, las que nos convierten en buenos padres, buenos hijos, notables ciudadanos, personas de bien, filántropos. 

Y no sólo las buenas sino por las religiosas, no las paganas, sino las mismas que ha instituido Dios, cuando las contamos como méritos y las usamos para hacernos personas dignas, por las obras, no por el Espíritu y la fe, no por la sangre de Cristo. Yo no quiero exclusivamente ser tenido como una buena persona sino como cristiano. ¿Y las gracias de Dios también no suelen atrasar nuestra salvación? Como he dicho, si el fin de ellas es hacernos virtuosos para nosotros mismos, para crear una imagen religiosa con la cual encandilar los ojos del prójimo. Sobre muy buenas personas  lee esto (Luc. 7:5; Hch. 10: 2), y no olvides al joven rico que se entrevistó con Jesús, y dio media vuelta y se marchó lamentando no poder ser cristiano como se le pedía (Mr.10:17-23).

Unos ganan almas y otros las edifican

Filipenses 2:16

"...sosteniendo firmemente la palabra de vida, a fin de que yo tenga motivo para gloriarme en el día de Cristo, ya que no habré corrido en vano ni habré trabajado en vano". 

Amado ministro, tú que gimes por tu ministerio, que no has podido ganar todas aquellas almas que hubieras querido, que juzgas  severamente tu ministerio y te sientes inútil y poco bendecido; ¿no sabes que hay recompensa para los que edifican las almas que otros han ganado? Si lees 1 Co 3:8, verás que el apóstol dice: "Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor". Si te fijas en el contexto de las palabras que se escriben a los filipenses verás que espera no haber trabajado en vano con ellos si siguen fieles en la vida cristiana, si no descuidan la salvación. La vida cristiana de los hermanos, quienquiera que haya sido el que los ganó, si tú participas en ella y continúas la salvación que otro comenzó, recibirás alabanza del Señor. Dios pone a unos como a Apolos para que sean "de gran provecho a los que por la gracia habían creído" (Hch.18:27,28) y a otros para que planten, "no sobre fundamento ajeno" y ganen almas (Ro.15:20). ¿No hizo el mismo Señor a unos pastores, a otros maestros, a otros evangelistas? Si Dios te ha llamado para que edifiques muchas vidas, para que continúes el trabajo que su Espíritu comenzó por medio de otro hermano, no te lamentes ni lo tengas de poca importancia. Si Dios te llamó para esa clase de servicio y te glorías en el número de conversiones y no en el trabajo interno del Espíritu, siempre te sentirás mal. Tanta gratitud debe sentir un alma por el que la ha salvado como por el que la ha edificado en la salvación y le ha ayudado a tener una vida cristiana hermosa y fiel. Ante los ojos de Dios no vale más uno que otro, no es mejor ministro uno que el otro, todos "son una misma cosa", siervos del Señor Jesucristo. 

Oh, mi Dios, perdónanos cuando miramos con envidia los dones de otros y sentimos celos por aquellos que son más bendecidos que nosotros en ganar almas, permite Señor que yo no piense que mi trabajo y mi ministerio sean inferiores al de ellos porque a mí se me ha dado la labor de perfeccionar a los santos, a los que he ganado con tu palabra y a los que otros han ganado, cuando trabajo como pastor y cuando hago obra de evangelista. ¿De qué podrán gloriarse aquellos que han ganado almas muy preciosas si ellas no continúan en el camino de la fidelidad, o si son poquísimos frutos? ¿De qué podrán gloriarse si no hubo quien las atendiera para que llegaran al cielo y se quedaron por el camino y la obra que hicieron se deshizo, si se volvieron al lugar desde donde fueron sacadas?

martes, 21 de octubre de 2014

Mientras más creamos menos pecamos

Gálatas 5:13-25
“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; sólo que no uséis la libertad como pretexto para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros”. 

En vez de usar la ley para la salvación debieran usarla para relacionarse con el prójimo; donde la ley tiene un uso ceremonial el pueblo tiende a descuidarla en su trato con el prójimo; las palabras del apóstol, uno sospecha, indican la falta de la aplicación personal de la ley en la vida de ellos. Señor, bendícenos para ser humanos y amarnos unos a otros; dale gracia a tu iglesia para que nos llevemos bien y perdona nuestra hipocresía cuando atendiendo a “la forma de la verdad” perdemos el sentido humanitario de la misma y con hipocresía damos más importancia al culto afirmando: “esto es corbán”, que a nuestro prójimo.

Si sigues leyendo verás que la ley jamás puede convertir un grupo en iglesia cristiana, ni puede, obviamente, lograr una estatura espiritual y moral en el creyente que refleje genuinamente lo que es el cristianismo y que satisfaga a Dios. El Espíritu Santo, amado, es mucho más necesario en la iglesia que lo que algunos parecen entender. Insisten en leyes, ceremonias, decretos, o le dan otros usos al Espíritu Santo que no es el principal: la formación de la iglesia cristiana. Ya no se trata de comparar la ley con la gracia sino el Espíritu con la carne; una vida dominada por las pasiones humanas y otra dirigida hacia el cielo por el Espíritu de Dios. Pablo les deja que comparen estas dos clases de vidas para que prefieran la mejor. El Espíritu es clave en el pasaje; si está ausente un tiempo todo se desencadena en pasiones y si está presente la vida se vuelve un huerto de Dios. Pero el Espíritu mantiene su imperio en el corazón por encima de contiendas internas. Algunos creen que si no se insiste en las obras mosaicas como un medio de salvación, si se ponen en segundo lugar las restricciones, expondremos a la iglesia a todo tipo de pecados. Pero ese no es el caso, es falso; la carne de donde salen todas nuestras calamidades, no se controla con ordenanzas sino por la fe. Mientras más creamos menos pecamos. En vez de recordar a los hermanos lo que no deben hacer es mejor ir edificándolos en la fe, hablarles sobre la comunión con el Espíritu. La ley les produce culpa. Las iglesias donde se predica sólo la ley y donde no se habla de la satisfacción legal de la muerte del Señor Jesucristo son iglesias donde los hermanos sufren de culpas, psicológicas, pero culpas al fin.


  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...