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martes, 23 de enero de 2018

No seas lento para cambiar de compañía y el modo de pensar

GENESIS 19:15,16

“Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad. Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad”

“Daban prisa a Lot”, como si le dijeran “apúrate que queda poco tiempo, estas cosas deben suceder pronto, la paciencia de Dios está llegando al límite, hay una hora fija y no habrá más oportunidad, lo que está determinado se derramará (Dan.9:7). El tiempo de salvación no es indefinido ni infinito. Nadie sabe el día ni la hora sino Dios y por eso hay que darse prisa. Hay gente que es lenta para salvarse, lenta para creer, lenta para huir. Si Lot empezó con alguna prisa se fue parando hasta que se detuvo, y los ángeles tuvieron que arrastrarlos fuera de la casa. 

Señor, a veces no basta con tus amonestaciones para que huyamos de la ira venidera y tienes tú que sacarnos personalmente del sitio de juicio. Los sacaron no por las virtudes de ellos sino conforme a la misericordia de Dios. Fue la segunda vez que las manos de los ángeles asían de Lot. Si el Señor no asía de Pedro el apóstol se hubiera hundido (Mt.14:30,31). Siempre tenemos “acá abajo sus brazos eternos” (Dt.33:27). No seas lento para dejar el mundo y el pecado, abandonar las malas compañías, cambiar de modo de pensar y huir hacia Dios.

Dicen que no hay diablo, ni juicio, ni pecado ni Dios

GÉNESIS 19:12-14
“Entonces los dos hombres dijeron a Lot: ¿A quién más tienes aquí? A tus yernos, a tus hijos, a tus hijas y quienquiera que tengas en la ciudad, sácalos de este lugar; porque vamos a destruir este lugar, pues su clamor ha llegado a ser tan grande delante del Señor, que el Señor nos ha enviado a destruirlo. Y salió Lot y habló a sus yernos que iban a casarse con sus hijas, y dijo: Levantaos, salid de este lugar porque el Señor destruirá la ciudad. Pero a sus yernos les pareció que bromeaba”. 

¿Tienes aquí alguno más que quieras que se salve? Los ángeles conocían toda la parentela de Lot, pero les estaban preguntando por los vecinos, amigos, compañeros de trabajo, etc. ¿Quieres que el bodeguero de la esquina se salve? ¿El panadero, el copero, el herrero, el farmacéutico, el médico? ¿Alguien que sea como tuyo (tienes)? Y Lot se quedó pensando un tiempo y le respondió: “no, sólo mis futuros yernos”. Por su mente pasaron muchos nombres: “no, éste no, éste tampoco, no creerán, aunque se les predique, sería como “echar las perlas a los puercos, me despedazarían”.


Sus ilusiones de salvación con los yernos tampoco funcionaron. Si alguna vez pensó que se convertirían a la fe en este momento se dio cuenta que jamás cambiarían. Allí no había esposo fiel para sus hijas. Tomaron el mensaje como una broma, como si fuera un chiste. Ver algo similar en Mateo 27:47. Les habló del juicio y se rieron queriéndoles decir que no creían esas cosas, y lo que tan solemne les decía lo tomaron como un chiste o una broma porque no creían en un juicio venidero, ni alguien que se ocupara de eso, o sea, si fueran actuales, “no creemos en esas cosas de viejos”, “no hay juicio ni infierno porque no hay diablo, pecado ni Dios”. Y se quemaron en el fuego que no creían con un juicio que pensaban era imaginario.

lunes, 22 de enero de 2018

Compromete con Dios a tu familia

GÉNESIS 18:17-19

“Y el Señor dijo: ¿Ocultaré a Abraham lo que voy a hacer, puesto que ciertamente Abraham llegará a ser una nación grande y poderosa, y en él serán benditas todas las naciones de la tierra?”.  

Es una supuesta reflexión divina para explicar por qué se le comunicó con anterioridad a Abraham la condenación de Sodoma. ¿No era mejor suponer que fue para que no sufriera una crisis espiritual cuando se enterara de la muerte de su sobrino Lot? ¿Para que intercediera por él? ¿O para que lo ayudara? Pudo ser por esas razones o más bien sería por la futura conquista de Canaán, para que él ni sus descendientes tuvieran algún escrúpulo en arrasar la tierra, y que su conquista sería en el tiempo adecuado. Esa es nuestra exégesis de por qué los ángeles comunicaron a Abraham el secreto de la destrucción de aquellas ciudades; y la razón que da el escritor sagrado que estuvo en el corazón de Dios fue doble: el propósito de Dios para Abraham, bendecirlo a él y al mundo entero, y su fidelidad para la palabra de Dios en su familia y descendencia, porque “mandará a sus hijos y a su casa después de sí...” que obedezcan las palabras de Dios. “Siendo el gran hombre que lo haré, si ya me he propuesto bendecirlo tanto, si veo que será fiel, ¿qué impide que le revele lo que voy a hacer? ¿No tiene él familia allí? Quizás quiera interceder por ellos, me pida algo para ellos; y veré cómo reacciona cuando sepa el juicio que haré con los impíos”. 

A Dios le agrada saber y oír, y ver, nuestros esfuerzos para perpetuar la fe en nuestros hijos; por esa razón es que nos concede algo, nos trata como profetas. Oh Señor que yo guarde y mande a mis hijos que guarden tus mandamientos, que sean más obedientes que yo, que tengan más fe. Dios, aquí estoy comprometido, dentro de mi familia, con la continuidad de la fe una vez dada a los santos.

sábado, 20 de enero de 2018

Es para que te retiñen los oídos, te rías a menudo y adores mejor

GÉNESIS 17:15-21   
“Entonces Dios dijo a Abraham: A Sarai, tu mujer, no la llamarás Sarai, sino que Sara será su nombre. Y la bendeciré, y de cierto te daré un hijo por medio de ella. La bendeciré y será madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella. Entonces Abraham se postró sobre su rostro y se rio, y dijo en su corazón: ¿A un hombre de cien años le nacerá un hijo? ¿Y Sara, que tiene noventa años, concebirá? Y dijo Abraham a Dios: ¡Ojalá que Ismael viva delante de ti! Pero Dios dijo: No, sino que Sara, tu mujer, te dará un hijo, y le pondrás el nombre de Isaac; y estableceré mi pacto con él, pacto perpetuo para su descendencia después de él. Y en cuanto a Ismael, te he oído; he aquí, yo lo bendeciré y lo haré fecundo y lo multiplicaré en gran manera. Engendrará a doce príncipes y haré de él una gran nación. Pero mi pacto lo estableceré con Isaac, el cual Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene”.

Dios continuó cambiándole el nombre a toda la familia de Abram. Este fue el día que les cambió el nombre a todos con promesas; ya sus nombres les recordaban el futuro de bendición que tendrían. Pasara lo que pasara recordarían por sus nombres el propósito de sus vidas. Abram, por afligido que se hallara y pensara en su esterilidad, si eso le llevaba a la cama triste debía pensar que ya no se llamaba Abram sino Abraham “padre de una muchedumbre”. Si Sarai se llamaba “mi princesa” “princesas”, del padre, de la madre, de sus ancestros y dioses, a su nombre se le quitaría el posesivo de ellos, o del plural, una i, para ser simplemente libre de todo eso, de tradiciones religiosas paganas. Dios le quitó algo de su nombre para hacerla más suya que de nadie. Ahora sería Sara, a secas. A su esposo le añade, a ella le suprime. Una sola letra, un pequeño cambio en su vida la revoluciona toda. 
Los pequeños cambios de Dios son importantes. 
Por una letra también se definió en el concilio de Nicea la divinidad de Cristo, y por cierto una i quitándosela a la palabra “semejante” en griego para que quedara “de igual”. Sara, como si dijera, ahora es hecha por Dios una mujer ortodoxa. Sara comprendió que ahora ella pertenecería a Dios y sería “madre de multitudes”.

Es maravilloso el origen del pueblo de Israel, de cero, de nada, de lo imposible, como es asombroso nuestro llamamiento, nuestra elección desde Ur de los caldeos, antes que el mundo fuese, nuestra fe, justificación y glorificación. Nos inclinamos reverentes con el patriarca y nos identificamos con su risa. No por incredulidad sino de asombro, y como él diría: ¡me retiñen los oídos! Si uno supiera lo que Dios puede hacer con su vida se reiría, no se lamentaría tanto, no se impacientaría, llenaría su corazón de alegría, estaría contento, aunque tenga 99 años y habitara no en mansiones sino en tiendas. Su religión estaría llena de gozo, adoraría mejor y se reiría más a menudo. 

Cambios en apariencia pequeños, pero en realidad muy grandes

GÉNESIS 17:4-8

“Entonces Abram se postró sobre su rostro…”. 

Mientras Abram iba tomando las palabras de Dios, con reverencia él le iba dando más y más. Esa palabra “pacto perpetuo” “seré el Dios de ellos”. ¡Dios mío qué plan tan definido! Por eso Moisés se atrevió a sacar a todo un pueblo para otro lugar, mudarlo completo, con niños, mujeres, casas, todo, para la tierra de Canaán. Dios le dijo “eres un padre enaltecido” (Abram) y con mis bendiciones, cuando cumpla mi propósito contigo serás recordado como “un padre de muchedumbre” (Abraham). Oh bendito Dios, yo quiero ser un padre enaltecido y después un gran evangelista, un padre de multitudes. Continuó siendo un padre enaltecido, pero además de eso padre de muchísimos, con el alargamiento de su vida y nombre. Dios es quien produce nuestros cambios en apariencia pequeños pero en realidad muy grandes. “Fecundo”, qué bonita es esa palabra que quiere decir “te cargaré con frutos”. “no serás más estéril” “verás, o mejor dicho, no verás con el curso de los años lo que haré contigo, no importa que no lo veas el mundo lo verá”.

miércoles, 17 de enero de 2018

No vivas mordiéndote las uñas

2 SAMUEL 10: 12
“Esforcémonos por nuestro pueblo, por las ciudades de nuestro Dios y haga Jehová lo que bien le parezca”. 

Me parece bien eso que dijo, cuando uno no sabe lo que Dios va a hacer su deber es esforzarse y hacer lo mejor; si somos derrotados no tenemos porqué culparnos y moriremos tranquilos; si no nos esforzamos ya la derrota está hecha. El texto no enseña que uno se esfuerce y ponga su trabajo en las manos de Dios y con todo sea derrotado. Si te esfuerzas y obras lo mejor que puedes, todo te saldrá bien. Tienes que convencerte que éste es un procedimiento de fe. La “decisión de la suerte es de Jehová” (Prov.16:33). Si uno persevera tocando puertas, alguna se abrirá, aunque muchas permanezcan cerradas. Este hombre diría eso para estar tranquilo él y transmitir tranquilidad y fe a su ejército. Podría esa noche dormirla toda, si tardaba la batalla.
Dios hará lo que él quiera, con mucho de nuestro esfuerzo o con un poco menos. Digamos, "haga Dios lo que quiera, me apoye o no, nos dé   el triunfo o perdamos muchos hombres, nos acompañe el éxito ahora o venga después. Este es su pueblo y lo que quiera hacer con él lo veremos, si acompaña mi vocación y llamamiento o se retira de mi lado. Lucharé resignado a su voluntad y me conformaré si salgo vivo de la contienda, o muerto".

No debemos vivir como mordiéndonos las uñas, devorados por el gusanillo de la inquietud y si mi Jefe cree que es mejor para mí que yo pierda, y eso es sabio y le glorifica, le daré las gracias por mi derrota, destitución, infamia y muerte. Quien me condecora es Dios. Por lo que a mí respecta no me hallarán sus enemigos sentado en una silla o durmiendo en una cama sino vestido con el pectoral de la fe, contendiendo por la salvación y con la espada del Espíritu en la mano, que es su Palabra, la cual él sabe que yo sé usar, y se rufián yo sé que es cobarde, tiembla y huye porque le tiene miedo, le horroriza la predicación bíblica (Efe.6:10-17). Entonces digo, de acuerdo a mi experiencia en combate y a los galones que me condecoran,

“someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” “echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo” (Sgo. 4: 7; 1 Pe. 5: 9).


A mí sólo no me han herido sus infernales balas de juego, conozco héroes con muchas cicatrices y quemaduras, que suspiran al recordar esos malos ratos cuando lloraron solos. Yo quiero leer sus diarios y biografías. Y las compro. 

Una cosa es la barba y otra la honra

                          2 SAMUEL 10: 1-5

“Entonces Hanún tomó los siervos de David, les rapó la mitad de la barba, les cortó los vestidos por la mitad hasta las nalgas, y los despidió. Cuando se le hizo saber esto a David, envió a encontrarles, porque ellos estaban en extremo avergonzados; y el rey mandó que les dijeran: Quedaos en Jericó hasta que os vuelva a nacer la barba, y entonces volved”. 

“Hanún les rasuró la mitad de la barba y les cortó los vestidos hasta las caderas”. Es decente LBLA cuando dice caderas, pero la RV es más exacta y dice que les cortó la ropa hasta las asentaderas. Este texto se ha usado para indicar el procedimiento de "restauración" que ha de seguirse con personas que han cometido inmoralidad; pero, si bien es cierto que esconderlos de la vista del pueblo es bueno para que no reciban sus afrentas, se le disminuya la vergüenza, ¿se recupera el testimonio de uno o le crece el pelo de la barba? ¿Un par de meses es suficiente para que una barba medio rasurada esté pareja? 

Mas no bastan seis meses ni diez años, ni toda la vida para borrar una falta moral. Estos hombres de David eran inocentes y nada malo hicieron para que los afrentaran así. No, hermano, estos hombres padecieron por una causa noble, fueron ultrajados cumpliendo una misión sagrada, pero quien se ha mancillado en su pecado no ha perdido la mitad de la barba sino su reputación, Dios puede perdonarlo y tener misericordia y darle arrepentimiento, pero lo que Dios nunca hace es devolverle la honra perdida entre los pequeños jueces que se enteraron de su necedad.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...