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sábado, 7 de enero de 2017

Vivimos para hacer historia y alguien la leerá


GÉNESIS 21:15-21
“Y el agua en el odre se acabó, y ella dejó al muchacho debajo de uno de los arbustos, y ella fue y se sentó enfrente, como a un tiro de arco de distancia, porque dijo: Que no vea yo morir al niño. Y se sentó enfrente y alzó su voz y lloró. Y oyó Dios la voz del muchacho que lloraba; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas, porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. Levántate, alza al muchacho y sostenlo con tu mano; porque yo haré de él una gran nación. Entonces Dios abrió los ojos de ella, y vio un pozo de agua; y fue y llenó el odre de agua y dio de beber al muchacho. Y Dios estaba con el muchacho, que creció y habitó en el desierto y se hizo arquero. Y habitó en el desierto de Parán, y su madre tomó para él una mujer de la tierra de Egipto”. 

Observa en conjunto las grandes enseñanzas del texto, aunque se trate de Ismael y no de Isaac; quizás lo que te llame la atención sea la crueldad que usaron con Agar e Ismael, o el ángel que le habla desde el cielo y le dice que allá arriba oyó al niño gritar, y no hay por qué preocuparse pues muy cerca de ellos está una fuente con agua. Pero esas cosas son las más pequeñas, el pasaje tomado en conjunto no enfatiza la providencia divina sino el propósito de Dios; el mensaje más grande para la madre y el niño es que Dios hará del muchacho una nación muy grande (los árabes). Por supuesto, que, si el niño tendrá tantos descendientes hasta formar una nación, su supervivencia se hallaba asegurada. No le dice: “No le faltará nada”, ni “tendrá un futuro brillante”, pero nada le faltó. No se lee que Agar haya tomado un esposo para que la mantuviera a ella y a su hijo, ni que se haya empleado como criada en la casa de algún señor. Aunque no se dice, puede que Abraham la haya despedido con bastante plata además de pan y agua. Si Dios le promete lo grande, lo pequeño se halla incluido porque “¿cómo no nos dará con El, todas las cosas?” (Ro. 8:32). La Escritura mira el propósito de Dios para nuestra vida no sobre la base de la culminación de necesidades personales, sino como parte de un conjunto, no individualmente sino colectivamente, en cuanto al significado que tenemos para el grupo, la familia, pero más que eso, la nación y el mundo. Su propósito es su plan y su plan es colectivo, y lo concibe sobre la base de nuestro rol en la historia como parte de un plan global con el mundo y con la iglesia.
La realización de nuestra persona, de nosotros individualmente, no es lo que cuenta sino nuestra participación, junto con otros muchos, en llevar a cabo la historia dirigida por Dios. Personalmente puede que haya cosas que no obtengamos nunca y debemos abstenernos de satisfacernos por medios pecaminosos, su plan no puede incluir siquiera que lleguemos a ser felices, sino útiles y bienaventurados. Cuando Jesús habló en el monte, la palabra que usó fue “bienaventurado”, la cual es mentira que quiera decir “tres veces felices”, sino “bendecido; y por extensión, afortunado, bien librado, bienaventurado, dichoso, glorioso”. El que piense que hallará en la vida cristiana una vida muelle, más temprano que tarde se le romperá esa ilusión. Los bienaventurados esperan su felicidad cuando se remonten al cielo. En el fondo del alma humana, nadie la hace feliz, sino el Creador de ella, Dios. En todo el NT se habla de gozo, pero es difícil hallar en sus 27 documentos, la palabra feliz, felicidad.
Todavía nos hallamos escribiendo la historia de la iglesia cristiana, y Dios está haciendo con ella, no gentes felices, sino héroes y heroínas de la fe, extendiendo el capítulo once de la epístola a los Hebreos. Entramos al cristianismo no para ser felices sino útiles. Si usted lee la Biblia bien, eso es lo que ella enseña, que en el mundo tendrá aflicción. Nuestro Libro Sagrado recoge más la historia de naciones que de individuos. Ni usted ni yo somos toda ella sino algunos renglones en sus páginas. Vivimos para hacer historia, y alguien la leerá.

jueves, 5 de enero de 2017

Podemos ser de bendición a pesar de muchas cosas


Génesis 12:2
 “Te bendeciré y serás bendición”.

Éstas son palabras dichas a Abram. Si Dios bendice una vida, esa persona es edificante.  Abram no sólo está en el cielo con Dios, sino que él mismo representa el cielo y se le llama “el seno de Abram” (Luc.16:22,23). Serás de bendición (1) aun equivocándote en alguna cosa, pero no en tu teología ni en tu fe. Abram nunca se equivocó en su teología. Sin embargo, cometió equivocaciones en otras cosas, por ejemplo, cuando salió de Ur y por afectos familiares permitió que le acompañaran otros que no habían sido llamados por Dios. Sin embargo, a esos mismos, aunque no fueran una bendición para él, él sí fue bendición para ellos. Estoy pensando en su padre Harán y en su sobrino Lot. Con todos esos errores cometidos se cumplió el designio de Dios de ser bendición para otros. A todo se le puede añadir que continuó siendo de bendición a pesar que (2) no tuvo un matrimonio perfecto, por lo menos es lo que me parece: pensemos lo que él hizo con Sara y aquel príncipe pagano llamado Abimelec, y para lo que se prestó en relación con su sierva Agar, de la cual nació Ismael y descienden los árabes. Es decir, a pesar de los contratiempos en que se vio envuelto en relación con su mujer, en otras áreas de su vida también fue de bendición. Dios puede bendecir, y que sean de bendición, hogares que no son perfectos.
También (3) fue de bendición, aunque a veces fue valiente (cuando rescató a Lot) y a veces un cobarde (cuando mintió sobre su matrimonio e hizo que Sara mintiera). Fue de bendición como buen hijo y buen tío, y lo demuestra que estuvo con Taré hasta que murió. Su familia recibió de él muchas bendiciones. Y supongo con razón que sería un buen abuelo y buen vecino. ¿No? Y sobre todo, la más grande bendición que recibió y compartió (4) fue dejar el paganismo, adorar un solo Dios y ser justificado por su fe. Cuando Dios le hizo la promesa, creyó a Dios "y le fue contado por justicia" (5) Y en último lugar fue de bendición para otros de la misma fe, y que tal vez, o es seguro, era más grande que él, como Melquisedec a quien dio los diezmos (14:14-24); y fue como si lo diera a Jesucristo de quien este hombre era un espejo (He.7:1-4). Si somos de bendición en palabras, carácter y hechos seremos de edificación para los demás. A pesar de todo. Y estaremos un día en el cielo recibiendo en el seno de Abram aquellos para los cuales significamos algo.
Un hombre valiente y amaba a su familia: estuvo con Taré hasta que lo enterró. No le gustaba discutir con la familia y dejó que Lot escogiera donde quería ir con su ganado. A Lot lo salvó cuando se lo llevaron de Sodoma. Dios sabe lo que somos y lo que puede hacer con nosotros. Es difícil hacer una biografía de Abram. La mayor parte del tiempo está en silencio. Quizás por eso Isaac fue un hombre de meditación. Sencillo. Lo engañaron. No hay discursos. Se sabe que estuvo dispuesto a dar a Dios lo que pidiera, aunque fuera su hijo.

domingo, 1 de enero de 2017

Génesis, una introducción

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Este libro tiene muchísimos años. Pudiera ser que Moisés comenzó a tomar notas sobre el origen del mundo cuando tranquilo leía en la biblioteca egipcia del faraón (Hch.7:22), y consultaba textos de autores en la “cuna de la humanidad”. Y conociendo al que le habló en la zarza (Ex.2:2; Deu.33:16), halló en la literatura antigua al “Dios no conocido” (Hch.17:23). Y encontró a Melquisedec. Y se sorprendió que la verdad estuviera viva en Ur de los caldeos. Y comprendió que su pueblo tenía esa verdad, la de un Dios único, Creador de todo y no un dios para cada cosa. Pensó que era un buen momento para plasmar en papel y papiros la historia de la revelación de ese Dios porque la oral había sido efectiva pero era muy tímida. Y su producción literaria fue inmensa. Y la supremacía de la palabra de ese Dios.
Y aunque no lo explicó, de él provino el tiempo, en un instante, con su primera palabra después de un eterno silencio. Y vio en él la infinitud y que él mismo abarcaba dos eternidades (Sal.106:48). Y su experiencia lo corroboró, antes de él ninguno, y sin un después de él (Ex.3:14). Dios creó el mundo. No hay duda. No que la materia evolucionó, todavía no había un solo agnóstico; sino que Dios la hizo, de la nada, de su pensamiento, porque su Palabra es creadora, y materializó sus ideas, como imaginaba las cosas, bellamente. Dios tiene una imaginación muy bella e inteligente.  Del aliento de su boca salió la tierra, y la miró y no le gustó porque estaba completamente redonda (o achatada en los dos polos) y así era más difícil hacerla girar sobre un eje que él se estaba imaginando. Entonces les hizo los polos.
Y observándola tampoco le gustó el desorden que había porque todas las cosas estaban mezcladas, la plata con el oro, el cobre con el hierro, las piedras invadidas por el agua, el subsuelo marino muy superficial, de modo que inundaba todo lo que quería seco, entonces emergieron las montañas y una gran parte de lo que llamó tierra.
Entre tanto que hacía todo eso, lo iba alumbrando con ninguna otra luz que no fuera la que brotaba de su gloria, y complacido con lo que miraba glorioso, y espumando gusto, se retiró un poco y colocó en su lugar una brillante estrella a la cual llamó sol, y para que durante la noche los terrícolas que habría de formar, pudieran andar y los enamorados mirar la luna, y la hizo como una bella fémina que recibe con agrado los ojos de su brillante y enamorado rey. El  hueco celeste le pareció demasiado oscuro y colocó girando dentro de él, millones de otros faros que se han solido llamar, estrellas, cometas, planetas.
Y se dijo para sí, que serían sólo adornos y huellas de su maravillosa inteligencia, pero decidió dejarlos vacíos, y solamente pobló este pequeño globo que hemos llenado de problemas; con la flora y una fauna bellísimas, con una pareja hecha a su imagen y semejanza, que después como totalmente malagradecidos y desobedientes se echaron a las espaldas lo que él les había advertido, y en ningún momento consideraron que, dichos en forma muy amable, sus consejos, eran órdenes estrictas que en caso de incumplirlas, se harían polvo y tierra. Y eso precisamente fue lo que pasó. Una guadaña llamada Muerte los cercenó. Y después de eso comenzaron los hombres a matarse entre sí, envidiándose y odiándose, y Dios los dejó por muchos y muchísimos años, qué digo yo, siglos y milenios, entregados a sus propios odios, ambiciones y concupiscencias; y creyéndose dioses edificaron torres, y hablaron palabras distintas y como no se comprendieron ni pudieron llegar a acuerdos, así desunidos por el idioma se alejaron unos de otros, y formaron etnias, y empezaron a diferenciarse por sus estaturas, el color de la piel y sentido común.
E hicieron sus propias culturas, unas más y otras menos; pero todos, toditos, ufanos, se erigieron en dioses y crearon otros muchos inventados, que se les parecían bastante, y de ese modo llegó a ser tal la ceguera y la ignorancia espiritual de ese único y sabio Dios, Creador de todo, que ni a tientas  lo pudieron encontrar, entre tantos (Hch.17:27). Y no sé cómo pero se murieron los grandes monstruos marinos, y se enterraron todos los enormes helechos, y se pudrieron y se convirtieron en petróleo, en gas, y en tema de discordia, hasta hoy. Y al principio como no sabían hacer nada, y empezaron a atacarse para quitarse la comida, las joyas, las mujeres y las cuevas, y a defenderse con piedras y atacarse unos a otros a palos, y pedradas, más con gritos que con palabras porque sabían pocas para mentir y engañar con el periódico; y después con el desarrollo de su ciencia, hicieron tenedores, utilizaron el fuego para el horno de la cocina y para la hoguera de los adversarios religiosos, y derritieron piedra y sacaron  hierro, y más tarde bronce, y cuando encontraron oro y diamantes, se los pusieron en las orejas, narices y  cuellos, y entonces se pelearon más. Yendo y volviendo entre épocas y geografías, el de Java contra el de Piltdown, y los dos contra el Neandertal. Y uno se sentó y se le ocurrió la honda, y se la dio a David y este lanzó una piedra lisa a la frente de Goliat, y a otro la catapulta, y asaltaron a Jerusalén la terrenal y no quedó de ella piedra sobre piedra, y otro ideó cómo acabar con muchos al mismo tiempo e hizo armas de destrucción masiva que esparcían piedras, clavos, virus y átomos por todas partes.
En fin, que los hijos de Adán y de Eva se han portado muy mal y por esa razón Dios decidió enviar un Segundo Adán, a su Hijo, y lo juzgó y lo condenó en lugar de los pecadores; así de ese modo hace unos dos mil años se ha empezado un segundo universo con un nuevo reino, hecho de amor y perdón, con buenas nuevas bajadas del cielo, y quien las encarnó se ha ido un rato, y lo estamos esperando para que nos dé una, purificada por el fuego, tierra y un cielo nuevos (Ro.8:20-23; 2Pe.3:13). Y de eso no dice mucho Génesis, pero otros libros de la Biblia sí, y lo último que mencioné se puede leer en el muy simbólico Apocalipsis, pero aquí no lo trato porque es como he dicho, el último, y esta introducción es para el primero.





viernes, 30 de diciembre de 2016

Atravesando con miedo situaciones que no se podrán cambiar

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 “Enseguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio de la mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento”.

Estamos aquí en la presencia de un milagro fascinante; algo que supera toda imaginación y desborda todo pensamiento. Jesús caminando sobre el mar de Galilea y uno de sus discípulos pretendiendo hacerlo. Las condiciones que preceden al milagro: la tormenta (vv. 22-24). Puede afirmarse sin ninguna duda que el Señor metió a los discípulos en aquella tempestad; la palabra que Mateo usa es que "Jesús hizo"; en griego significa más, "Jesús obligó"; ellos no querían dejarle pero él forzó la situación. Hay quienes piensan que fue porque querían hacerle rey como dice el cuarto evangelio, pero no veo la razón, otros dicen que deseaba orar en la soledad, es cierto pero podría habérselos dicho, además podría haberlos hecho ir después que despidiera la multitud y no antes; por lo tanto lo que el Señor deseaba era que ellos estuvieran en alta mar cuando la tormenta llegara, en un punto que no pudieran regresar a tierra ni tampoco avanzar, encerrados por completo y atrapados no pudiendo ir a un lado ni a otro. En una situación que ninguno de los doce tenía la solución; y no podían hacer nada.
¿Quién puede al considerar esto afirmar que nuestras vidas son regidas por la fortuna o por la suerte casual? Los hijos de Dios están supervisados enteramente por la providencia cuando actúan sabia o imprudentemente, por voluntad propia o forzados por el Señor. En este caso, si los discípulos hubiesen hecho lo que deseaban, las ráfagas de viento no los hubieran tocado. Por lo tanto ellos temporalmente habían decidido bien; pero el verdadero bien no consistía en no entrar en la tormenta sino en sumergirse en ella.
Si esto es cierto cuando decidimos bien ¿qué pasa cuando decidimos mal? La providencia no podría ser menor. Cuando ellos salen al mar, lo hacen por la voluntad activa de Dios y fueron ayudados por Jesús, cuando Pedro pide permiso para caminar sobre el agua, que fue una decisión insensata, obtuvo la aprobación permisiva del Señor; y ¡también fue ayudado! (vv. 28,29). Esa fue la filosofía de Job (2:10; 30:26). Tenemos hoy día que mirar las circunstancias que nos obligan a tomar un camino, como la voluntad activa del Señor y el mejor medio para bendecir nuestra fe. Lo de creer en la voluntad permisiva del Señor es una salida derecha a la conformidad y a la resignación, pero no al gozo de la fe en tal y mas cual situación. Contiene una teología menos rígida que la del Antiguo Testamento lleva, es más filosofía que teología, y le sonríe más a Jacobo Arminio que a Juan Calvino.
Nota dos cuadros diferentes para medir la providencia: uno, los discípulos tratando de salir de la tormenta y el otro, Jesús orando tranquilamente en tierra. El primer cuadro indica desesperación, fatiga, sorpresa y susto; el otro indica control, sabiduría, y paciencia. No hay dos providencias; es una sola pero la fe no puede ponerse en la primera y no debe depender de lo que nos rodea, el frágil barco, la impotencia de los marineros, el oleaje terrible y el viento enérgico. Los discípulos tal vez pensaban: "¿dónde estará Jesús? ¿Por qué Dios  no nos ayuda? Nosotros no queríamos partir y él nos obligó"; y si se hubiera alargado la situación, podrían haber empezado a culparlo. Generalmente queremos culpar a Dios de lo que nos pasa: de indiferencia, negligencia o lentitud en acudir a nuestros pelados gritos.
Pero más allá de los ojos de ellos, del viento, del mar, del peligro, de los lamentos, de la ignorancia y falta de fe, estaba Jesús al tanto de ellos, no los había olvidado ni un momento y ofreciendo intercesión al Padre por su grupo. Nuestro miedo revela ignorancia, y la ignorancia y miedo revelan falta de fe. La providencia no deja nada suelto ni sujeto al azar.
Si la ignorancia de la providencia en ellos era grande, la teología también era deficiente (vv. 25-27). Desde tres a seis de la mañana, antes del alba, el Señor viene sobre el agua. ¿Qué pensaron los discípulos? Que era un fantasma, un espíritu salido de las profundidades del infierno, un muerto. Es cierto que no veían bien, aún era de noche, es cierto que sicológicamente estaban exhaustos habiendo perdido la esperanza de conservarse vivos; ¿y qué otra cosa podrían hacer? ¿No hubiera sido mejor pensar que era un ángel o alguna visión de Dios? Atribuían al diablo o a un muerto lo que venía de Dios. ¿No es ésa una las mayores deficiencias de las creencias populares hoy día? Le atribuyen al diablo lo que se aplicaría a Jesús; ¿el viento? Dicen que es el diablo. Si es una enfermedad, es el diablo; si se sufre alguna pérdida, es el diablo. Miran todas las circunstancias adversas a través del diablo y no de la providencia y de Dios. Es cierto que el diablo maquina constantemente contra nosotros, pero nada puede hacerse sin permiso y supervisión de Dios. El diablo se mueve en este mundo como con una cadena atada a sus pies cuyo extremo sostiene Dios. Creo que debemos mirar las cosas más teológicamente, no bajo el descontrol diabólico sino bajo el control divino y pensar: "Dios es, esto viene de él, no tengo por qué espantarme, es él quien se acerca", aunque el diablo se acerque autorizado por Dios.
El enfoque casi omnipotente, omnipresente, que tienen del diablo lo exalta, lo convierte en un semidios (casi) y deshonra al Señor; además esta interpretación inadecuada de nuestras circunstancias nos sume en la desesperación y en la incredulidad; si ese enfoque es dañino, también es supersticioso. Los discípulos veían un fantasma, los fantasmas no existen y los espectros diabólicos están controlados y no pueden moverse a capricho en este mundo. Aprendamos, como dice el salmista, a reconocer a Dios en todos nuestros caminos.
La petición de Pedro y la permisión del Señor (vv. 28-33). (1) hay quien justifica este deseo de Pedro, otros le aplican motivaciones bastante insanas, yo pienso que su deseo es insensato; quería obtener una experiencia extraordinaria sin medir si tenía fe para ella, y que para lo único que le serviría sería para tropiezo de su crecimiento espiritual, tentándolo a envanecerse sobre los demás. ¡Cuidado hermanos de la naturaleza humana que es muy traidora y lo que suponemos que sería una experiencia personal maravillosa puede convertirse en un gran pecado! (2) el "si eres tú" que pronunció, quiéranlo o no, es un triste presagio de incredulidad, no absoluta, pero es falta de fe; ya Jesús estaba cerca y él podía verle, había oído su voz, pero todavía piensa que puede tratarse de un fantasma; si piensa que es el diablo no debiera experimentar con él ni ponerse en sus manos ni creer lo que le dice.
Pero es lo mismo que muchos que se acercan supersticiosamente a Jesús, y llaman fe a lo que es confianza carnal, atrevimiento y superstición idolátricos. Si es un demonio el que viene no hay que pedirle nada sino reprenderlo o huir de él. Si tenía algún vestigio de fe aquella petición era tan grande la insensatez que la cubría que apenas se nota; si merece una calificación teológica porque dio algunos pasos sobre el agua; es poca fe (v. 31). (3) pero hay otra cosa que es considerable, la permisión del Señor; le dijo a Pedro que sí sabiendo bien que no llegaría hasta él.
Pedro se bajó del barco con la aprobación del Señor, el fracaso no estuvo en la permisión del Señor sino en la falta de fe de Pedro, y en este momento aprendería que hay cosas que el Señor concede pero que no las aprueba, y que de ningún modo desearía que se hicieran, pero que cooperan para nuestro bien. Jesús hubiera preferido que se quedase en la embarcación. A esas cosas pertenecen la caída de Adán, el viaje de Balaam a Moab, las codornices en el desierto y la negación de Pedro.
Lo que hay que evitar es el error de pensar que lo que él permite, lo que no aprueba, no es su voluntad, sea una desgracia etc. Si algo él permite que nos pase es por algún motivo que lo permitió su voluntad y nosotros tenemos que poner el precio que él pide, para quitar o añadir, para llevar a cabo su propósito o su plan; pero en tal caso, como en el de Pedro, su mano se hallará cerca para asirnos si nota que estamos próximos a hundirnos. La historia termina de una forma muy hermosa, porque los marineros y otros pasajeros se convencieron que era Hijo de Dios, naciendo la fe en sus corazones. No se puede decir que aunque no desease que se hundiese, no le desease también su hundimiento para corrección de su fe. Y en último lugar, es difícil mirar y seguir mirando a Jesús cuando las circunstancias son adversas, es decir, confiar en la providencia de Dios en todo momento. Con facilidad cambiamos la mirada y eso quiere decir que ya no tenemos como sostenernos. Dios ayude a esos dos miedosos, Pedro y Humberto, y a una miríada de discípulos, que son obligados por el Destino Divino a atravesar situaciones de las cuales no pueden volverse sino pasarlas, porque siempre pasan, clavada la mirada en Jesús.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

La biografía de un hombre extraño

 MARCOS 3:21
 “Cuando sus parientes oyeron esto, fueron para hacerse cargo de Él, porque decían: Está fuera de sí”.
 Una cosa es que no creyesen en él y otra que lo tuvieran por loco. Amado, eso suele ocurrir cuando la persona en cuestión tiene una gran experiencia espiritual que revoluciona su vida y se convierte en otra. No se nota que él gradualmente fuese dando señales de aumento de su religiosidad, motivado por la edad porque era joven o por las circunstancias, porque se infiere que dentro de la familia no había ocurrido algo que le encaminara en un sentido mesiánico.Por lo que se deduce por el número de hijos mayores, varones y hembras, no había ningún tipo de problema económico. Desde el principio del ministerio de Jesús tampoco se descubre alguna crisis social dentro de su espíritu, las autoridades políticas son prácticamente ignoradas y las acometidas que hace contra los líderes religiosos son más bien tardías que tempranas. El énfasis mesiánico de Jesús tiene que ver con la ley y aparece abruptamente sin que haya alguna historia corta o larga, como el peregrinaje de un reformador. Su mensaje ya está concebido, su posición tomada, su decisión hecha; apareció en tiempo y medida como lo conocemos; no fue un descubrimiento que hizo en relación con el mal cumplimiento de la ley y la hipocresía de aquellos señores. Emerge con una percepción completa de la situación y la aborda.
 No parece haber compartido ninguna inquietud con sus hermanos ni hacerlos partícipes de una forma, y dando giros en su elaboración. No porque fuera un hombre reservado, tímido, porque su ministerio lo desmentiría. No comparte con ellos lo que es hasta su momento, cuando de acuerdo al plan divino ha de revelarse al mundo, porque sus familiares como todo el mundo, han de creer en él por revelación y no según la carne. Cuando se manifiesta los dejó atónitos, ocurrió de un día para otro y pensaron que se habían perturbado sus facultades mentales. Los sucesos de navidad no parecen haberse repetido dentro de la familia, parecen ignorarlos o haberlos olvidado; no veían en él un niño con una misión ni estaban atentos a su desarrollo. Vivió por espacio de 30 años normalmente como otro cualquiera sin destacarse entre sus hermanos por ser un niño inteligente, un genio con sabiduría y poder. Los poderes de Jesús empiezan a mostrarse con la unción del Espíritu Santo en su bautismo y su sabiduría, por precoz que hubiera sido a los doce años, comienza con un instante por la manifestación divina y no en una escuela rabínica; y por eso los maestros se consternaban sin saber de dónde había sacado lo uno o lo otro. 
 El nacimiento virginal de Jesús, la aparición del ángel a María, las huestes espirituales a los pastores, el viaje de los magos a Belén, el sueño de José, la profecía de Simeón, el viaje a casa de Elizabeth en la montaña; toman importancia años después cuando se conoció su vida, cuanto dijo e hizo, sus sermones, resurrección y ascensión. Es un entretenimiento sin fruto alguno detenerse en los acontecimientos navideños sin proseguir al conocimiento de la biografía de aquel hombre extraño, notable, único, que Dios envió al mundo como Salvador nuestro y lo entronó a su diestra como Señor de los vivos y los muertos. El nacimiento virginal de Jesús, la aparición del ángel a María, las huestes espirituales a los pastores, el viaje de los magos a Belén, el sueño de José, la profecía de Simeón, el viaje a casa de Elizabeth en la montaña; toman importancia años después cuando se conoció su vida, cuanto dijo e hizo, sus sermones, resurrección y ascensión. Es un entretenimiento sin fruto alguno detenerse en los acontecimientos navideños sin proseguir al conocimiento de la biografía de aquel hombre extraño, notable, único, que Dios envió al mundo como Salvador nuestro y lo entronó a su diestra como Señor de los vivos y los muertos.


viernes, 9 de diciembre de 2016

Ninguno diga, hoy y ayer Dios me habló, el Señor me dijo


Salmo 62:11
 “Una vez habló Dios; dos veces he oído esto: Que de Dios es el poder, y tuya, oh Señor, es la misericordia; porque tú pagas a cada uno conforme a su obra.”

"Una sola vez" ¿Hasta dos veces? ¿Tres? Quiere decir que el Señor habla. Dios habla a todos los hombres por medio de: la creación, la conciencia, del orden civil y la Palabra. El texto propiamente tiene el significado de una paradoja. La primera verdad es que el Señor no se reveló tantas veces a los patriarcas. No les estaba todos los días hablando audiblemente. Comenzando con Adán, Enoc, Noé, Abrahán. De este último pasaban muchos años entre una ocasión y otra. Llamamiento. Años en Harán sin decirle nada. Jacob lo mismo. Años trabajando con Labán y no le dijo nada, porque a todos ya les había dicho y lo que Dios esperaba era que vivieran por fe en su palabra. Quizás un poco más a los profetas, y usted lee que el número de profecías no son tantas, lo que se repiten de muchas maneras, sermones sobre la misma revelación. A Jesús ¿cuántas veces? La vida de Jesús es más bien una vida de oración, de fe y de obras. Nunca dice que “el Padre me dijo hoy” sino “el que me ha visto a mí ha visto al Padre, ¿cómo dices tú...? Y a veces se quedaba Dios en silencio; a Pablo muy pocas veces. Él dijo que aprendió el evangelio por revelación de Jesucristo, se nota que siempre estaba aprendiendo por la influencia del Espíritu en la Escritura y en Cristo.  Ninguno decía, "hoy y ayer Dios me habló; el Señor me dijo".

Hay que tener cuidado si creemos que nos hallamos en los últimos tiempos (Luc.17:23), y los que vienen diciendo que el Señor les ha hablado (Jer.23:22-28). Todos esos quienes oyeron al Señor un par de veces y creyeron y obedecieron, eran guiados por el Espíritu Santo; por la sabiduría del Espíritu. Esto es una marca de los hijos de Dios En los salmos que es el libro de las oraciones de David, se oye más la voz humana que la de Dios; nuestro asunto no tiene tanto que ver con el conocimiento, con la revelación, sino con mucha fe; creer definitivamente que Dios es soberano, suyo es el poder, que todo lo puede hacer y nada le es imposible; que es misericordioso y restituye con creces el buen comportamiento (v.12). No más revelación sino inspiración y fe. Necesitamos ser inspirados por el Señor, llenarnos de su Espíritu, no es el tiempo de nuevas revelaciones sino de grandes testimonios de santidad, entrega y fe. Ninguno diga, hoy y ayer Dios me habló, el Señor me dijo porque generalmente son impulsos de fe, del Espíritu Santo, inspirados en su vieja Palabra escrita.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Una sociedad sin Dios en los negocios y los bolsillos


Salmo 53:1-6
“Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, e hicieron abominable maldad; no hay quien haga bien. Dios desde los cielos miró sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido que buscara a Dios. Cada uno se había vuelto atrás; todos se habían corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno. ¿No tienen conocimiento todos los que hacen iniquidad, que devoran a mi pueblo como si comiesen pan, y a Dios no invocan? Allí se sobresaltaron de pavor donde no había miedo, porque Dios ha esparcido los huesos del que puso asedio contra ti; los avergonzaste, porque Dios los desechó. ¡Oh, si saliera de Sion la salvación de Israel! Cuando Dios hiciere volver de la cautividad a su pueblo, se gozará Jacob, y se alegrará Israel”.

¿En qué necio piensa? Los que devoran el trabajo, la libertad de su pueblo, como si no existiera Dios en Israel (v.6). No habla aquí de las deportaciones que conocemos sino de puñados del pueblo, familias, individuos que eran esclavos en otras tierras, quizás. David anhela que los exiliados regresen libres a la comunidad de Israel. Suspira por las ovejas perdidas de la casa de Israel. Esa es una interpretación.
Ahora nota la extensión que el Espíritu Santo le da. La poesía como profecía va más allá del contenido social porque el Espíritu Santo le habló a David sobre la corrupción de la naturaleza humana y su inhabilidad para buscar a Dios (v.2); la falta de la práctica de la existencia de Dios en el mundo, por sus pasiones pecaminosas, por falta de entendimiento (v.2), de las realidades espirituales y su entrega total al mundo. La conexión entre los v.1; v.3, tiene que ver con la apostasía y la deserción de Dios o el abandono de él, y sus leyes, para hacer iniquidades. Tal vez los que "a Dios no invocan" (v.4) son los explotadores de los pobres, los ricos (14:6) y los "cautivos" sean los que están cautivos por sus deudas. No hay Dios en las clases poderosas de la nación de Israel. El Nuevo Testamento es el que lleva este análisis a la humanidad en general. Este es un ateísmo práctico y una separación de Dios de todos los negocios de la vida; una proverbial irreligiosidad de la clase secular y pudiente del país. Dios, nos ayude, hermanos, a salir de esa triste situación económica definida como cautividad; y oremos para que cambien las cosas en esta sociedad abusadora dominada por un secularismo necio, profano y en la práctica ateo, aunque de labios se dice cristiana, una sociedad sin Dios en los negocios y los bolsillos.
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  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...