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miércoles, 23 de octubre de 2013

Perder un amigo es como sufrir un divorcio


Salmo 88:8,18
“…has alejado de mí al amigo”. 

Recuerda esa experiencia que como el salmista tú también has vivido. Un día tus amigos y conocidos se alejaron de ti y eso fue duro, ser traicionado por aquellos a quienes amabas. Tardaste mucho tiempo en adaptarte a esa realidad que ya no tendrías contigo con quien te gozabas en la casa de Dios y se comunicaban dulcemente los secretos; sufriste como un esposo de quien la mujer se divorcia. Perder un amigo es como sufrir un divorcio.

¿Nunca se te ha ocurrido pensar en la providencia de Dios y que fue él quien los separó de ti? Si realmente ellos te hubieran hecho falta, ¿cómo un Dios de amor te hubiera privado de tenerlos? Las luchas que has tenido las has pasado sola y con ellos te hubiera sido más fácil compartiéndolas, con sus auxilios. Como Jonatán sólo con tu espada has tenido que atacar la guarnición de los filisteos (1 Sa. 14:6,14,15).

¡Oh cuánto has hecho para retenerlos, pero todo ha sido inútil! Dios había decretado tu separación de ellos porque necesitabas tu amarga soledad. Hubieras querido en aquel entonces huir a otra parte, asociarte con gente mejor, sustituir a los que te dejaron, llenar el espacio vacío que dejaron en tu alma, conseguir nuevos amores que cicatrizaran las heridas que ellos te hicieron; pero eso tampoco Dios te ha permitido y han tenido que cerrarse solas sin el bálsamo humano. Dios te ha encerrado y lo dijiste: “Encerrado estoy, no puedo salir”. ¡Qué preciosos eran aquellos amigos, los de la juventud! Hasta el momento no sabes completamente por qué todo eso ha ocurrido ni todo el bien que te ha hecho haberlos perdido, pero sí estás seguro que has tenido contigo a Dios y su palabra.

sábado, 19 de octubre de 2013

La funesta historia de un hombre triunfador

                LUCAS 12:13-21

 “13 Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. 14 Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros con un juez o partidor? 15 Y, les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. 16También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho.17 Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? 18 Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes;19 y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. 20 Pero, Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? 21Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”.

Este no es la historia de un cristiano, tampoco es la historia de un hombre sensual y común sino de un hombre de negocios y buen comerciante, con la gran meta para su vida de alcanzar fortuna y una seguridad económica, para él y los suyos, que les permitiera vivir tranquilo y saludables toda la vida. Pero las cosas no sucedieron como él las deseaba y las había planeado, sino que sin aviso alguno se murió, y de la noche a la mañana se frustraron todos sus proyectos súbitamente.
El caso parece que fue una muerte repentina, no por accidente ni sufriendo una prolongada enfermedad, sino que disfrutando completa salud su corazón se paró sin previo aviso y todo se acabó. Cuando Jesús compuso esta parábola tuvo que haber estado pensando en muchos casos, y la gente sabía que le estaba diciendo la verdad. Le podían poner nombres al personaje de este cuento.
Todo empezó cuando uno de entre el gentío se acercó a él para que arbitrara, supuestamente el mayor de varios hermanos, para que los otros les cedieran toda la porción de las propiedades que habían heredado, para sumárselas a las de él, que ya era el doble por ser el mayor, de la que había correspondido a cada uno de los otros. Jesús inmediatamente se dio cuenta de la injusta petición motivada por la avaricia y el apetito desordenado de posesiones.

Y mirándole a los ojos le quiso advertir que estaba equivocado con el enfoque que le estaba dando a su vida, hacer dinero de cualquier manera que fuera posible, y en este caso dejando a sus hermanos sin nada y él poseyéndolo todo. Nuestro Señor sin indignación, pero firme, sin amabilidad tampoco, le dijo que no le cambiara la función de predicador por la de árbitro y administrador en esos asuntos, que mejor fuera se buscara algún abogado y le pagaran para que les resolviera esa disputa familiar sobre dinero (v.14). Jesús no les dijo que dejaran de darle importancia al dinero, ni les aconsejó que se pusieran de acuerdo para vender toda las propiedades y repartírselas a partes iguales, ni les pidió que le mostraran el testamento del padre difunto, sino que él no se metía en esos asuntos sino en aquello que estaba percibiendo, que el preguntón era un avaricioso y debía cambiar el rumbo que le estaba dando al propósito de su vida que excluía, por lo que el Señor vio, cualquier preocupación espiritual después de la muerte cuando tuviera que presentarse delante de Dios (v.21).
La parábola, que fue dicha de un modo solemne, tuvo como propósito redirigirle la vida hacia un fin mejor, que hacer de toda ella un mecanismo productor de dinero y prosperidad económica. Aquel hombre dedicado completamente a hacer dinero para vivir bien no tendría tiempo, ni lo tuvo tampoco, para hacer una oración de acción de gracias por lo que estaba recibiendo, por la salud que disfrutaba, o para confesar algún pecado, sino que cada día se levantaba a trabajar y cansado se iba a la cama sin tomar en sus manos uno de los libros de la ley de Dios y leer alguna porción y juntamente elevar una oración.
En sus proyectos no se incluía a Dios, toda su vida era un asunto que le incumbía a él nada más y que nada tenía que ver la religión con ella, al contrario, podría perjudicarle si lo forzaba a examinar éticamente sus contratos de negocios. Así que intencionalmente echó la religión de su vida y de su casa, y una vez sus negocios libres de ella, de cualquier modo posible los hizo prosperar al punto que aquel último año de su vida fue el más próspero de toda ella. Como todo un magnate no pensó en agrandar sus graneros, sino que ordenó que se contrataran todos los hombres que hicieran falta para derribarlos, pagar a carpinteros y albañiles, y edificarlos nuevos y más grandes donde cupiera todo lo que había cosechado, de lo cual podía ir comiendo y bebiendo, y vendiendo por muchos y largos años. Es decir, en ese momento se sentía un hombre realizado, inmortal, que había triunfado en la vida, había dado de comer a muchos trabajadores y amasado una buena fortuna para poder vivir tranquilo, y divirtiéndose como quisiera.

No obstante, la providencia divina pensaba de otra manera y una noche se acostó cansado pero contento de que no era un hombre fracasado sino un triunfador y un modelo para jóvenes ambiciosos a quienes podía enseñarles la ciencia del triunfo. Pero no tuvo tiempo para eso porque en el libro de la vida y de la muerte, donde Dios tiene escrito la longitud de ella se encontraba anotada la fecha de su terminación, y estaba más próxima que lo que él se imaginaba. No habría de llegar a la senectud ni peinaría canas, ni abrazaría nietos. Habría de morir en la plenitud de sus fuerzas y funciones, y aquello frustraría por completo su imaginación de lo que consistía vivir, que no era sólo tener éxito con el dinero sino enriquecerse con la gracia de Dios, con fe y buenas obras, que son de las cosas únicas que se puede llevar un muerto cuando abandone este mundo para su morada eterna. Este no es el mismo caso de la parábola llamada "el rico y Lázaro". De este hombre rico no se dice que su alma estaba en tormentos sino simplemente que se murió, pero la intención escatológica la tiene él versículo veintiuno que implica el interés que debe mostrarse en esta vida por aquellas cosas que no perecen, sino que uno se lleva consigo hasta Dios.

La pregunta que hace el Señor ¿y lo que ha provisto de quién será? (v. 20) pudiera haberla contestado "de mi mujer y mis hijos", pero Jesús no le da tiempo a responder de esa manera, como si le dijera por adelantado "sí está bien, de ellos, pero ¿qué será de ti si mueres sin un céntimo de fe, de gracia, misericordia y perdón? ¿De qué te sirvió a ti personalmente dejarle toda tu fortuna a la familia si no te llevas con tu alma otros valores en los cuales no pensaste?". Así termina la funesta historia de la perdición eterna de un hombre de éxito.


jueves, 17 de octubre de 2013

Ningún santo termina jamás de orar


Salmo 72:20
“Aquí terminan las oraciones de David”.

Lo que termina aquí son las oraciones escritas que hizo David, por lo menos en esta colección, pero no las orales; las oraciones cantadas. La última es para su hijo Salomón. Y ¿cuándo David terminó de orar, aquí?  ¿Aquí realmente terminan las oraciones de David? No, fíjate en el título de los salmos 86, 101,103, etc. y verás que aquí no terminan las oraciones de David, aquí terminan las oraciones agrupadas en esta colección.

Ningún santo jamás termina de orar, mientras haya vida en su alma continúa orando porque no hay deleite más grande para su espíritu que orar, estar en la presencia de su Dios. Pudieran haber terminado sus producciones literarias pero él siguió orando, pudo haber concluido su ministerio musical y ya no escribir ningún otro salmo, pero él continuaría orando. Dejó de orar cuando murió, entonces sí pudo escribirse ese epitafio: “Aquí termina la vida de oración de David”. Cuando David envejeció y ya no podía tomar la pluma y escribir, cuando no tenía fuerzas para tocar su arpa y la dejó arrinconada, cuando no podía calentarse sobre la cama, aún seguía orando y meditando dentro de su alma. Si un santo deja de orar deja de ser santo. Oh Señor, no me quites los deseos de orar, auméntalos. Qué delicia es meditar y reflexionar en oración.

No dice que estos sean los rezos de David sino “las oraciones”. Quien haya leído las oraciones de David sabe que son originales, no copias de las oraciones de algún otro santo que le precediera como fueron Samuel o Moisés. Pudo haberse inspirado en las oraciones de aquellos y hubiera sido lícito, pero no lo hizo como ocurrió con el Magnificat de María (Luc. 1:46-55), aplicándolo a sus propias circunstancias. No, David, ungido por el Espíritu Santo, prefiere derramar su alma con sus propias palabras: se exalta, deprime, argumenta, confía, se arrepiente, se espanta, alaba, perdona, pide venganza, exhorta, instruye. La oración es algo muy unido entre su alma y Dios.

Las oraciones de todos los santos, en cuanto al formato, en sentido general son modelos, patrones, pero no son de ningún provecho si se toman para hacer repeticiones. Tanto el alma como las situaciones de cada santo son distintas. Ni las oraciones del Señor Jesucristo han sido preservadas para repetirlas; a no ser que lleguemos a encontrarnos en las mismas situaciones críticas que él.

¿Qué  sentido tiene decir: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” si estamos llenos de gozo? o, “vénganos tu reino”, ¿si cada día amamos más este mundo? “perdona nuestros pecados como nosotros perdonamos a nuestros deudores”, ¿si es mentira y no perdonamos a nadie ni siquiera pequeñas ofensas? No hay oración más muerta que la que se copia de otro y se repite sin sentirla. Es cierto que Esteban oró con las palabras de Jesús, y María como Ana, porque el primero estaba muriendo como él, eso pensaba, y ambas mujeres tuvieron un hijo por un milagro.

Si la iglesia no siente deseos de orar por sus gobernantes


Salmo 72
Porque él librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quien le socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará la vida de los pobres. De engaño y de violencia redimirá sus almas, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos”. 

Este salmo, compuesto para Salomón, contiene peticiones para cualquier magistrado; principalmente ruega que el nuevo gobernante se ocupe de los pobres (vv. 2,4,12,14) y que defienda sus derechos.  Ese es el rey que le conviene al pueblo de Dios y se le promete de cualquier manera, una gran extensión territorial, específicamente en el ámbito religioso (vv.10,12). La economía doméstica será levantada tremendamente y los agricultores prosperarán (v. 16), alcanzando también la bendición a la población urbana. Si el rey se dispone a favor de la clase pobre, recibirá la bendición de Dios y su pueblo orará por él continuamente (v. 15), dándole gracias e intercediendo para que reciba salud y sabiduría. Ningún gobernante lo está haciendo bien ante los ojos de Dios si la iglesia no siente deseos de orar por él con gratitud.

No es fácil a veces orar con agradecimientos a Dios por un gobernante que ha puesto en marcha la economía, que ha levantado el índice de empleos, que tiene programas específicos para socorrer a los enfermos, a los pobres y a los extranjeros, pero que en algunos renglones éticos es liberal y erosiona los principios de moral cristiana; como tampoco es fácil sentir gratitud por otro que propone una plataforma política mucho más ortodoxa y moralmente mejor pero legisla casi sólo para los ricos que influencian su posición con dinero y poder. Suele ser difícil en estos casos, ejercer el privilegio del voto.

Pero más allá el salmo habla de Cristo (v. 17). Ningún rey como él. Me parece que nunca podremos hallar un gobernante como Cristo; oramos a Dios para que nos dé sabiduría para conocer cuál es el mejor y más conveniente para su reino. El Señor permita que no sólo se postulen para la presidencia profanos mediocres, sino también grandes y justos varones en quienes sea visible el sello de su aprobación; hazlo Señor, para que tu pueblo no se sienta confundido al votar y haciéndolo, instruido por tu ley, apruebe lo mejor, para nosotros y para nuestros hijos. Amén.


martes, 15 de octubre de 2013

Investigando al pastor y sus ayudadores

Salmo 64: 2,6
“…hacen una investigación exacta”.

O completa, perfecta. David se llegó a enterar de la conspiración (o insurrección) que tramaban contra él y el peligro que existía en que tuviera éxito. Este varón teniendo treinta valientes con él y otros muchos que lo defendían, incluso un sistema de seguridad que le informaba de lo que pasaba como puede verse aquí, clama a Dios como si no tuviera a su favor ni un solo hombre. Es que él sabe que "en vano vela la guardia" si Dios no guarda la ciudad. 

Aquí describe cómo empieza una conspiración (v. 6). Preguntan iniquidades, no cuántos hombres lo rodean sino los pecados que pudo haber cometido para arruinarle su reputación, para que una vez deshecha la imagen suya pierda el apoyo de sus compañeros y que no lo vean como un varón santo, con sanos propósitos ante Dios sino como un engañador. ¿No hicieron lo mismo con Jesús? ¿Con los apóstoles? (Jn. 7: 47-52; 9: 24; Mt. 27: 63,64). 

Desgraciadamente esto que se ve entre los partidos políticos opuestos que luchan por el poder también aparece en la iglesia; hombres que hacen una investigación espiritual,  moral, exacta de los siervos de Dios para hallar pecados en su persona, familia o trabajo, con los cuales echarle del liderazgo espiritual. Oh Dios, si no fuera porque nuestros caminos son agradables a ti, ellos hubieran logrado lo que quieren, buscaron y buscaron y no hallaron, entonces se volvieron a nuestros colaboradores y a ellos los acusaron de hipócritas y falsos. El testimonio nuestro hubiera sido arruinado pero dijeron toda clase de mal mintiendo. Señor que esos perversos que has echado de entre nosotros no regresen más, que no surjan otros como ellos y que tu pueblo sea sencillo de corazón para cuando alguno peque sea amonestado y no destruido.

domingo, 13 de octubre de 2013

Me conformo con lo que te pido


Salmo 60: 3,4; 9-12;10; Salmo 44:9; Salmo 108:11).

“Has hecho ver a tu pueblo cosas duras”. O “has hecho ver a tu pueblo tiempos difíciles, tiempos duros”. ¿Puedes, corazón aturdido, que has experimentado cosas duras, alzarte en fe como el salmista? En la primera parte habla de sus derrotas y en la segunda de sus expectativas en la fe. Con Cristo ninguna derrota es final, siempre se puede pensar en futuras victorias, llegar hasta Edom, penetrar dentro de sus fortalezas, lograr allí nuevas victorias, hacer grandes proezas (Lee 2 Co. 4: 9). Retoña, alma, toma aliento, pudieras llegar más lejos que donde estuviste. Planea proezas, inténtalas. ¿Cómo harás proezas si no las acometes? No basta con desearlo desde el año pasado, tienes la voluntad dispuesta; pues hazlo.

Quizás dices: “Oh Señor, siempre he estado planeando proezas, he soñado con ellas, me he esforzado, pero hasta el momento sólo he logrado hacer cosas pequeñas; soy lo que los demás llaman, un hombre mediocre”. Pero, ¿por qué dices eso? -Dice el Señor. "Me preguntas que  por qué no haces proezas como los otros? Sí Señor".

“¿No sabes que la voluntad mía para ellos no es la que tengo para ti? Si yo quisiera hacerte como a ellos, lo haría enseguida, pero yo quiero hacer contigo otra cosa que no te revelo ni a ti mismo. ¿Por qué buscas hacer proezas según los hombres? ¿Es la gloria de ellos la que buscas? Tú harás en mi reino lo que yo quiero que hagas, me conformo con lo que te pido, ¿no estarás conforme tú? ¿Cuándo comprenderás que yo te amo y que tu mayor proeza es amarme y regocijarte en mi amor? ¿Cuándo aprenderás que no es lo que hacen los cristianos lo que más quiero sino lo que son ellos lo que más busco? No te sientas nulo, estéril, no te abatas por carencia de éxitos, tú mismo eres mi éxito, no la obra de tus manos”. Oh Señor, dame la gracia para estar contento con lo que logro; aunque no produzca muchos frutos, que al menos como el árbol del paraíso, dé uno al mes, doce anual.

sábado, 12 de octubre de 2013

El pastor que tuve, que tengo y debiera tener


1 Corintios 4:6-8
“Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros. Porque ¿quién te distingue? ¿O qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido? Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!”.

Supongamos que sí, que los corintios hubieran sido bendecidos con el ministerio de excelentes siervos de Dios, ¿era justificable que comentaran e hicieran llegar a oído de Apolos y Pablo los comentarios de que habían hallado siervos de Dios mejor preparados que ellos, más alumbrados? No hagas eso. No compares al pastor que tienes ahora con el que se marchó, sobre todo para lisonjear los oídos del actual a costa de la desvalorización de quien antes te sirvió. A Dios no le gusta oir eso, el ama a todos sus ministros y a unos capacita de un modo y a otros de otro.

Medios para formar una idea
Si quieres conocer quien es un pastor tendrías que conocer su vida íntima, por ejemplo sus oraciones cuando se halla solo intercediendo por su iglesia o pidiendo luz para su mensaje o alabando al Señor con gratitud. Pero tú no tienes acceso a eso, él no te lo permitiría, esas voces de su lugar santísimo pueden ser oídas solamente por Jehová. Mi esposa en broma una vez dijo a sus dos periquitos mientras marchaba al trabajo: “Recojan todo lo que oigan y luego me lo dicen”. Algunas veces sonrío pensando en eso. Si ellos pudieran hacerlo no me importaría que contaran mis conversaciones telefónicas ni delataran las entrevistas personales que he sostenido en mi oficina, pero me llenaría de estupor si dijeran lo que me han oído orar.

Pero como no puedes ir al santuario del alma de un ministro, quizás puedas leer lo que escribió, si es que ha escrito algo. Entonces, como dijo el apóstol aprenderás a “no pensar más de lo que está escrito” (v.6). El apóstol quería que lo juzgaran no por lo que la gente decía sino por lo que él mismo había escrito con sinceridad diciendo la verdad o quizás también se refería al Antiguo Testamento, para que se formaran una opinión escritural, bíblica suya y de cualquier otro siervo. Los libros de un ministro autor son en realidad un retrato de su alma. Es como si hicieras el recorrido en su torrente sanguíneo y visitaras su cerebro y corazón, como si cabalgases sobre sus mismos pensamientos y mirases el mundo con sus mismos ojos.

No obstante, como hay muchos que no han escrito ni siquiera con el dedo en tierra, tienes que formarte tu opinión por lo que la Biblia enseña que debe ser un ministro santo y esto especialmente cuando vayas a valorarlo o compararlo. Al apóstol no le dolía tanto que lo tuvieran en poco como que se excedieran en valorar a quienes en realidad no eran tanto, los malos ministros que le sucedieron. Lo que les dice no es para que mejoren la opinión suya sino para que rebajen a los que injustificadamente, juzgados por sus escritos o por la Escritura, no merecían ser puestos en tan alta estima. Sin embargo ambas cosas son solamente medios para que te formes una idea aproximada de lo que un pastor debe ser.

El pastor de tu preferencia
Casi que es ilimitado el tipo de pastor que cada hermano quisiera tener, habría que hacerle uno particular, como aquel levita errabundo del tiempo de los jueces, para cada Micaías que uno entreviste. Es asombroso mi amado, como el juicio de una iglesia puede ser torcido tanto y sentirse contenta y feliz con los peores predicadores y enseñadores, con aquellos que la están edificando con heno y hojarasca y madera mala que pronto el fuego la quemará. Sin embargo acuden en masa a oírlos, les nutren sus conferencias y servicios y como moscas sobre un cadáver vuelan a sus templos y les piden membresía. Sin embargo pedirían la renuncia o no votarían para llamar a un gran siervo de Dios que los edifique y administre con sus misterios. Hablas con hermanos de esas congregaciones y se sienten satisfechos, “saciados, ricos” (v.8). Te manifiestan que ahora sí han hallado la iglesia conveniente. ¿Cuál es tu opinión sobre eso? ¿No es que ellos no aman la palabra de Dios? No buscan oro refinado en fuego, ni perlas preciosas porque lo que quieren es el heno y con heno viven, o mejor dicho, mueren.

Compare a Pablo, a quien ellos debían la salvación, con los otros robadores de iglesias. Piensa en el ministerio riquísimo del apóstol y la pobreza de enseñanza de aquellos otros y con todo se sentían felices y como reinando sin él. Ya no extrañaban sus pláticas, sus conversaciones, sus sermones, otros habían ocupado su púlpito, valían menos, pero se acomodaban mejor a lo que ellos eran, como si el apóstol hubiera echado sus perlas a los puercos. Habían cambiado de ministerio para perder. Pero ¡ojalá reinaseis! (v.8), porque realmente ni estaban espiritualmente saciados, ni enriquecidos, ni reinaban sobre el mal. Estaban muriendo de hambre sin notarlo, empobreciéndose en cada sermón, siendo dominados más que dominando. Pasa tus ojos por las iglesias vecinas, mira el horizonte actual de la obra de Cristo. ¿Qué podrás hacer?

Gratitud
¿Y tú hermano ministro? ¿Podemos tú y yo presentarnos “como ejemplo” (Aplicar esquemáticamente o figurativamente como indica la palabra) a las iglesias como símbolo de unión ministerial, ¿o nos asaltamos recíprocamente?, de humildad, ¿o apelamos a la iglesia para hacerle creer que ha hallado el mejor pastor del área y del país?
Hermano ministro, ¿no serás culpado tú ante Dios de promover la idolatría? ¿No serás tú el culpable de hacerle creer a los hermanos tu superioridad, aparente, absurda, imaginaria? Ese pudiera ser el pecado por el cual tu obra no prospera como debe. “¿Quién te distingue? ¿O qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorias como si no lo hubieses recibido?” (v.7). ¿Crees que eres algo? ¿A quién se lo debes? Si sabiduría tienes, no es innata, te fue dada, si predicas bien, ¿quién te dio esa voz? Si tus sermones y estudios agradan, edifican, salvan, ¿de quién es el crecimiento, del que planta, del que riega o de Dios? Lo que eres lo eres por Dios, porque su gracia te ha ayudado a serlo, te ha formado de esa manera. Más que orgullo debieras sentir agradecimiento. Si te ves forzado a confesar que lo que tienes ha sido dado por Dios, ¿qué sentido tiene que seas arrogante? Detén las alabanzas que has promovido y dirígelas al cielo. De punta a cabo eres una obra de la gracia de Dios y a ella es a quien debes ensalzar, sus méritos, no los tuyos.

A ti te digo que si Dios te ha dado un ministro rico, que predica enjundiosamente, si es distinguido, muy conocido, famoso, gloríate en Dios no en él, agradécelo al Señor. Si quisieras tener uno así, pídelo al Espíritu Santo. Y lo que dice de él se aplica a todos por igual, la falta de humildad tan abundante entre los ministros es un defecto de todos. Quien te distingue es Dios y lo que tienes es solamente para tu uso y  promover Su honra como fiel instrumento y agradecido receptor, contento con exportar al mundo, al reino de Cristo, a los ángeles, a los demonios, una imagen bíblica de lo que es un pastor, el tuyo.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...