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sábado, 14 de julio de 2012

No le salve la reputación a Dios

Jer. 37;18-21
“Y no me hagas volver a casa del escriba Jonatán,  para que no muera allí. Entonces dio orden el rey  Sedequías,  y custodiaron a Jeremías en el patio de la cárcel,  haciéndole dar una torta de pan al día,  de la calle de los Panaderos,  hasta que todo el pan de la ciudad se gastase”.


Esta gestión que hizo el profeta es similar a la que hizo José cuando interpretó el sueño del copero preso, y pidió que intercediera por él porque injustamente había sido sentenciado. Dios que controlaba sus momentos cuando llegó el tiempo le trajo a la memoria a ese funcionario lo que un preso consagrado a Dios había hecho a su favor (Ge. 40:23; 41:41). Cuando llegó el tiempo predestinado por Dios para José, se pudo mudar la ropa y afeitarse, y se le abrieron las puertas de la cárcel.

En cuanto al profeta, no se puede afirmar que era la voluntad "permisiva" de Dios que Jeremías estuviera en aquella condición. Simplemente era la voluntad de Dios y que por su voluntad lo maltrataban con palabras y con los hechos, aunque por supuesto aunque la voluntad divina coincidía con la de ellos, especialmente con la del rey Sedequías, la motivación que cada cual tenía era diferente, y lo que más bien ocurría era que Dios intencionalmente utilizaba los malvados en su contra, aunque secretamente era a su favor. Siendo la voluntad de Dios, con diferente motivación, la misma que sus captores. Y es por eso que después de orar, supongo, pidió que lo trasladaran de prisión o se moriría de hambre.

Ninguna cosa ocurre en nuestro destino si no es por la voluntad de Dios, y es él quien pone en nuestro corazón lo que tenemos que pedir y no pedir, lo que hay que hacer y no hacer, cuando hay que estarse quieto o moverse. Los que tienen la fe chica y poco entendimiento de la providencia divina, explican cualquier desventura diciendo que Dios se ha quedado con los brazos cruzados y ha dejado que Satanás y los hombres hagan de las suyas pero que interiormente él no aprueba lo que están haciendo. De esa manera le salvan la reputación a Dios, según ellos, y se declaran víctimas de la mala suerte, o la mala voluntad de jefes, compañeros y envidiosos. 

La voluntad de Dios nunca es permisiva, o pasiva, como la generalidad le conoce. Calvino dice que la distinción entre la voluntad de Dios activa y pasiva es una adulación. Es oculta, inexplicable, misteriosa, pero siempre es su voluntad y es por eso que todas las cosas están organizadas para nuestro bien, la que produce cambios en nuestro carácter y fe, incluyendo traslados, éxitos y fracasos, enfermedad y salud, prisión y libertad. Y esas cosas la usa para bien si lo reconocemos en todas ellas. Si le parece exagerada mi explicación, en un comentario podría proveerle los textos bíblicos de donde lo he aprendido.

viernes, 13 de julio de 2012

Ruega estar vivo para verlo

Jer. 32:17, 27, 38-42
“¡Oh Señor Jehová!,  he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder,  y con tu brazo extendido,  ni hay nada que sea difícil para ti… ¿habrá algo que sea difícil para mí?  Y les daré un corazón ,  y un camino,  para que me teman perpetuamente”.


El que por su palabra hizo el mundo, ¿no podrá cumplir lo que promete? ¿El que ha hecho una promesa, halla luego que no le conviene cumplir o no tiene recursos para ello? ¿El que hizo lo que se ve de lo que era invisible? (He. 11:3) ¿El que llama las cosas que no son como si fuesen, lo que no existe como si ya existiera, lo que no ha ocurrido en el futuro como si fuera historia? (Ro. 4:17).

No, para Dios no hay nada que sea imposible, todas las cosas son posibles para él. Jeremías trataba de infundir fe a su pueblo para que creyera que los que ahora salían en la deportación hacia Babilonia, un día regresarían, que como El los había recogido de Egipto así los recogería de nuevo desde las tierras adonde fueran esparcidos. Para el pueblo era muy difícil creer que tras 70 años, casi un siglo, ellos volverían a su tierra.

¿Cómo lo haría Dios? Nosotros no tenemos por qué preguntar ni saberlo, Dios lo hará y ya, él sabe cómo. Lo que nos pertenece es confiar y no imaginar cómo se las arreglará el Poderoso para hacer lo que dijo. Si lo dijo es que ya conoce cómo hacerlo, y lo hizo por medio de Ciro y Darío del modo más sencillo e impensado del mundo. Por un decreto imperial y fueron autorizados, sin violencia o emancipación, a regresar a su terruño. Era obvio, si se razonaba espiritualmente, que ellos no podrían ser los mismos que salieron en cautividad; tendría que ser otro pueblo, moral y religiosamente limpio. Un pueblo espiritualmente cambiado (vv. 38-42). 
 Para Dios no hay algo difícil. No hay imposibilidades. El propósito de Dios continúa después de setenta años o cien. Sólo rueguen estar vivos para verlo.

jueves, 12 de julio de 2012

Todas, todas las oraciones llegan al cielo


(Extracto de mi libro Apocalipsis, el libro de un desterrado)

Apocalipsis 8: 1-5
“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora. Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas. Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos. Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto”.


“Observa que todas nuestras oraciones alcanzan la altura del cielo (vv. 1-5), son purificadas, e inmediatamente bajan respondidas. No temas que tu fe no pueda empujar a lo alto tu petición porque aquí se enseña que las oraciones de la iglesia alcanzan las regiones espirituales más elevadas, “los lugares celestiales”, y si llegan tan alto junto al trono de Dios, si han podido abrirse paso a través de tantos obstáculos, es que ninguna oración se queda flotando acá abajo.

“Además, suponiendo que tenga defectos, Juan observa que se mezcla con ellas perfume (“incienso”) (v. 3) que tiene que ser “el olor del conocimiento de Cristo” (2 Co 2.14-15) ; una oración perfumada con el olor grato a Dios de la vida y ministerio del Señor Jesús, siempre es atendida porque es un “sacrificio espiritual”.

“Si tu oración tiene defectos, “mucho” incienso es añadido, hasta una montaña de aromas, tomados del  “monte de la mirra y “del collado del incienso” (Cant 4.6; 8. 14). Las oraciones podrán tener defectos pero también tienen posibilidades.

“Hay otro elemento que es añadido a las oraciones de los santos: fuego (v. 5), esto es, el fuego del Espíritu Santo que cae desde Dios y trae la respuesta a la tierra. Las oraciones hechas por la iglesia en tiempos angustiosos impactan la tierra, aturden a sus habitantes, levantan “voces” de apoyo y de protestas, griterías, y surcan el tenebroso cielo de las circunstancias con “relámpagos” y “truenos”; “terremoto”, que evidencian que el grupo perseguido está rogando a Dios y éste contestando. 

Hay violencia espiritual en una contestación agonizante de la iglesia por su situación social porque el ángel “arrojó”, tiró violentamente la contestación al panorama donde las iglesias estaban encajadas, en defensa de las mismas. Una oración cuando alcance inmediatamente al cielo pudiera retardarse su respuesta, pero cuando llega la hora parece que retrocede empujada con toda la presión que su tardanza le obligó a contenerse".

Conversión no fingida ni imaginada

Jer. 31:18,19
“Conviérteme y seré reconvertido”.  

Aquí el profeta habla de conversión,  predice la futura conversión de Israel en esencia y alcance neo-testamentarios; aunque de Efraín volvieron muy pocos y de Judá no muchos, la profecía tuvo su cumplimiento, pero plenamente en la iglesia cristiana. El profeta mira hacia el futuro, o mejor dicho sueña con el futuro porque su profecía le fue dada en sueños (v. 26), y ve la conversión a Cristo del pueblo santo.

Ahora Israel pide una transformación de su corazón, pues ora: “Conviérteme y seré convertido”. En un estudio espiritual de su situación, Israel se dio cuenta que ninguna de las tragedias de su historia le aprovecharía en algo a menos que orara a Dios, y comprendiera la conversión; ya no confiaría en sus anteriores superficiales y pasajeras conversiones de manufactura humana, quiere una conversión divina, forjada por la mano de Dios, hecha por el Espíritu Santo para que fuera auténtica y duradera, profunda, la conversión procedente del nuevo nacimiento. Y se terminaran las estampidas y deserciones de la Iglesia. Entiende la verdadera naturaleza de lo que es su conversión, y la ajena.

Sus experiencias religiosas con el castigo divino le habían demostrado que a no ser que Dios lo convirtiera todo, que la conversión fuera de Jehová de punta a cabo, sería una pretensión y un fracaso. Decide poner punto final a esas ilusiones de conversión humana y pide a Dios que se encargue completamente del asunto de su conversión, en su totalidad, entero, porque las cosas hechas por él son mejores que las que hace el hombre. Y las únicas duraderas.

Israel, en esperanza, decidió no engañarse más a sí mismo con sus auto-conversiones, quemó los libros de magia sicológica y de auto-ayuda, y hecha la cuenta de su precio,  halló que era cincuenta mil piezas de plata  (Hechos 19:19);  renunció a las espurias conversiones pelagianas, oyó hablar de la sola gratia, sola fide, sola Scriptura, que es lo que quiere decir en sustancia “conviérteme y seré convertido”. 

No valía nada forjar con sudor y ansias las conversiones sin una contundente información bíblica primero. Siempre serían pocas y malas. Entonces cerró su literatura de paja y hojeó los libros y pergaminos de los franceses y suizos en Estrasburgo y Ginebra, abrió los volúmenes de los Reformadores y los devoró con sus ojos y corazón; y se dijo para sí: “Esto es de Jehová, esto es el Evangelio, y me quedo con él”. Y oró “conviérteme para que sea restaurado” y clamó sin la ayuda de ningún segundo, ni la repetición de una oración ajena, y le fue dado sin intermediarios el arrepentimiento que pedía, y obtuvo su conversión de salvación, no fingida ni imaginaria.

miércoles, 11 de julio de 2012

Dios no nos pide perdón

Jer. 31:16,17
“Así ha dicho Jehová: Reprime del llanto tu voz,  y de las lágrimas tus ojos;  porque salario hay para tu trabajo,  dice Jehová,  y volverán de la tierra del enemigo. Esperanza hay también para tu porvenir”.

No te preocupes por tu porvenir.  No trabajarás en vano, tus labores serán recompensadas y el fruto de tu trabajo será una bendecida cosecha. Ninguna lágrima vertida será inútil, por cada una de ellas que hayan salido de tus ojos “volverás con regocijo trayendo tus gavillas”; esas cosas han partido tu corazón  pero no han hecho más que quebrar su dureza y sobre esa tierra blanda el Señor ha sembrado la semilla de bendiciones futuras.

La esperanza como ancla está trabada dentro del velo en el cielo y la cadena que la sostiene es tu fe. No mires el futuro sin esperanza porque ella es la luz del futuro. No hay esperanza sino en el futuro, si no hay esperanza no habría futuro. Si Dios te da futuro con él viene la esperanza. Y la esperanza es positiva, no negativa. Así se le llama a la promesa de Dios. La esperanza está hecha con promesas y palabras firmes. Lo que ha pasado pasó y pagaste la culpa de tu pecado, ahora reponte, yergue tu cabeza y avanza, cree que los días venideros serán los de tu vendimia y mucho mejores que los que ya viviste.  Bendito seas Señor, que haces que un pasado calamitoso produzca resultados tan positivos.

Reprime del llanto tu voz. Ora tus quejas pero no grites por tus desventuras. Ya vio Dios las lágrimas de tu arrepentimiento y no te ha maltratado tanto como para que no te yergas. ¿Andarás encorvado siempre como si él continuara azotándote? Seca tu llanto y mira el azul del cielo, los dorados de fuego de la puesta del sol, contempla el atardecer y medita con Isaac que un bello amor está en tu camino. Recompensa y salario hay para ti. Dios no nos pide perdón por disciplinarnos pero muestra su dolor con un cúmulo de salarios y bendiciones soberbias.

martes, 10 de julio de 2012

Si puedes dar un paso, bien, si dos, mejor


Jer. 30:21,22
“Y  le haré llegar cerca,  y él se acercará a mí;  porque  ¿quién es aquel que se atreve a acercarse a mí?”. 


Estamos esperando Señor que nos hagas llegar cerca de ti, “danos lo que ordenas y pide lo que quieras” (Agustín). Cumple tu promesa de aproximarnos a ti hasta que seamos participantes de tu naturaleza divina.

El que se atrevió a acercarse al Señor, o también se puede traducir el que se comprometió. Eran tiempos difíciles los del profeta, de mucho desencanto y falta de fe; y había que atreverse y comprometerse a acercarse al Señor; no se miraba bien que alguien lo hiciera, la religión de Jehová no era apreciada ni bien vista y los pocos que no podían evitar que se atrevieran, que los desafiaran, al menos querían que no se comprometieran, que no hicieran compromisos con Dios y con los otros santos comprometidos. Si no podían evitar que dieran un paso, que no dieran dos.

Atrévete a acercarte al Señor y comprométete, has un voto de consagración, desafía a los incrédulos a creer, defráudalos con tu consagración, reta a los perversos, muéstrales que ser santo es posible, que puedes pasar por dentro de ellos sin que te salpiquen y en todo tiempo serán blancos tus vestidos, (Ecl. 9:8), atrévete con los violentos a ser pacífico, enséñales que eso  es fortaleza, desafíalos con tu monogamia, y no engañes a la compañera de tu juventud (Mal. 2: 14). 

Atrévete a mantener hasta tu matrimonio tu virginidad, no porque sea la forma más segura de no contagiarte con una enfermedad sino por respeto a tu cuerpo que es templo del Espíritu Santo y por respeto a ti misma ante la codicia masculina de los jóvenes de este siglo; atrévete a desafiarlos con la  oración, y ser fuerte con los poderes del siglo venidero, fuerte en Espíritu Santo, de convicciones fuertes; atrévete a  amar la Biblia en medio de una generación que la considera un libro de fábulas y mitos; atrévete a desafíalos con tu sostén económico a la obra de Dios, y déjalos perplejos cuando vean que no te empobreces sino que tienes más, atrévete a acercarte a Dios, porque, como en los días de Juan el Bautista, el Reino de los cielos es de los valientes y ellos lo arrebatan (Mt. 11:12).

lunes, 9 de julio de 2012

Entrenados y sacudidos en toda tentación

Mateo 4:1-10
“Entonces el diablo le llevó a la ciudad,  y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios,  échate abajo; a sus ángeles mandará acerca  y en sus manos te sostendrán”.  


Estas tres tentaciones a mi entender son dadas principalmente para los ministros del evangelio, o para todo hermano eficiente en la iglesia de Señor, aquellos a los cuales Dios pondrá muy alto y que deben aprender en primer lugar, como él, la abstinencia, pasar trabajos, desvelos, soledades y ayunos y eso como “obrero aprobado” por causa de la Palabra de Dios (2 Co. 6:4,5; 11:26,27).

En segundo lugar, mentalizarse que algún día tendrá que arriesgarlo todo como en una misión suicida, en cierto trayecto de fe, o sea los que han alcanzado la cúspide del servicio, los más exaltado de los pastores y servidores del evangelio, los que han subido en el ministerio hasta el pináculo del templo, donde único se pueden resistir las fuertes ráfagas y los mareos, si se arrodillan porque no hay posibilidad que ocurra un milagro, por imprudente,  y no pierda la vida, el oficio, el honor y la familia.

Y además Jesús les está enviando un aviso para enseñarlos que por alto que suban en el servicio al Señor, hasta allí puede llegar Satanás con alguna oferta sensual, con una declaración de amor al mundo, de modo que quede deslumbrado por la visión del panorama y se arroje desde arriba. Aprende, caballero del altísimo púlpito, que se necesita menos gracia para predicar que para resistir una tentación diabólica. Y en tercer lugar debe entrenarse en renunciar a la gloria de los hombres o a la fama; vencer el mundo por asalto espiritual sin pensar jamás en bajar por los escalones y presentar su renuncia. Un ministro degradado es una estampa muy triste.

El caso enseña que Dios lo prueba para que el joven ministro de treinta años, desde un principio  de su carrera aprenda primero a decir no tres sino tres y mil veces no antes que algunos seductores y engañosos sí.  Y todo eso ocurre cuando el Salvador se halla orando y lleno del Espíritu Santo, no todavía sudando sangre.  

El evangelista Lucas dice que en ese momento se encontraba "lleno del Espíritu Santo" (Luc 4:1). Marcos que fue el Espíritu quien le impulsó al desierto; que estaba con las fieras y los ángeles le servían (Mr. 1:12); donde el desierto pudiera significar la soledad y el abandono que en su carrera le aguardaba; las fieras, sus enemigos; y los ángeles aquellos espíritus servidores y siempre acompañantes de los que son herederos de la salvación. Jesús fue llevado al desierto y vivió en visión espiritual las sacudidas y asaltos principales que todo ministro hoy o mañana debe superar, entrenado, en toda tentación humana y sobrehumana, por el Espíritu Santo (1 Co. 10:13).

La fila de los tentados era tan larga como veintiún siglos,  y oí que les decían “toma esto y vuélvelo pan, ven, acepta esta posición, y mira cuánta oportunidad te doy si me haces una reverencia”. Unos se postraron, otros huyeron del lugar como Moisés de la serpiente, y otros comenzaron a gritar ¡no, no, no!, y “ya en sus cabales”, como el endemoniado gadareno,  abrieron bien los ojos y despertaron del delirio.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...