Páginas

sábado, 7 de julio de 2012

No machaques el honor ganado de un siervo de Dios


1 Tesalonicenses 2:1-4
“Porque vosotros mismos sabéis, hermanos, que nuestra visita a vosotros no resultó vana; pues habiendo antes padecido y sido ultrajados en Filipos, como sabéis, tuvimos denuedo en nuestro Dios para anunciaros el evangelio de Dios en medio de gran oposición. Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño, sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones”.


Constantemente las epístolas de Pablo nos lo presentan defendiéndose, teniendo que dar explicaciones sobre las calumnias que le echaban encima. Cualquiera hubiera dicho, “Pablo se está justificando” cuando realmente lo que estaba haciendo era defendiéndose, por bien del evangelio, porque con su prestigio el evangelio vivía o moría. Desacreditándolo a él el efecto del mensaje sería nulo.

Fuera ya de Tesalónica, los enemigos de Dios se apresuran para atacarlo por las espaldas y hasta sus oídos llegaron las infamias que comentaban y urgía que él diera, cuantas explicaciones pudiera. Le acusaban de errores (v.3), “nuestra exhortación no procedió de error”. Negaban categóricamente que sus enseñanzas fueran ciertas, decían que su doctrina estaba equivocada, que la de ellos era la verdadera, y de muchas maneras se esforzaban en encontrar desacuerdo e inconsistencia, con la ley de Dios o con la razón humana, o con lo que decían los otros apóstoles, y eso contra el evangelio que él predicaba. Los más condescendientes decían “está engañado y engaña a otros, cree mentiras y las enseña”. ¿No asustaría esto a los neófitos poniendo en dudas lo que habían recientemente aprendido? ¿No pondría lejos de la iglesia aquellos que podrían salvarse? El daño que hacen los ignorantes cuando acusan a los hombres sabios, de enseñar doctrinas equivocadas y suministran a los inconstantes libros y argumentos para contradecirlas, es funesto. A partir de ese entonces nos oyen con suspicacia, nos atienden con reserva, minan nuestro prestigio como maestro, exégeta, y socavan nuestra autoridad.

Le acusaban de impureza, “ni de impureza”. Aquí las opiniones están partidas. Algunos entienden que le achacaban inmoralidades sexuales como a otros paganos, y otros piensan que se trata de impurezas de motivos, porque según ellos, él con ansias de codicias predicaba, para desposeerlos de sus propiedades. Que era un ambicioso que por intereses personales traía aquellas doctrinas para sacar rápida y segura ventaja de los incautos que las creyeran. ¿Hay algún ataque compartido más vil que éste para romper para siempre cualquier carrera ministerial? ¿Cómo puede uno probar que no es cierta aquella inmoralidad que le han atribuido cuando el castigo físico de esas lenguas venenosas parece que Dios lo deja para el día del juicio? En Tesalónica había muchas mujeres nobles que habían creído y aquello daba pie para que los calumniadores dijeran que se congregaban junto al apóstol no por el mensaje de salvación sino porque compartían con él ritos inmorales.

¿Y qué diremos de los que acusan a los apóstoles de motivos terrenales y de hacer del evangelio un negocio lucrativo, y de que ganamos prosélitos para aprovecharnos del substancioso pan que poseen? La última acusación, de engaño (dóloi), está conectada a las anteriores. A todo eso Pablo afirma que su exhortación (paráklesis) no tuvo ninguno de esos orígenes. Podía haber dicho, “mi evangelización” o “mi predicación” porque les exhortó una y otra vez a abandonar aquellos vicios e idolatría y se convirtieran a Dios.

Pero la defensa de Pablo no consiste sólo en negar simplemente lo que le atribuyen, da razones fuertes para que ellos analicen las difamaciones. Cuando oímos una calumnia o algo injustificable de un ministro no podemos apresurarnos a tomarlo como cierto dándole la razón a quien nos lo cuenta. La razón para actuar con semejante prudencia está basada en el honor ganado por ese siervo de Dios. Un hombre que por años ha sido fiel, cuya conducta no ha tenido jamás alguna mácula y que su trayectoria está acompañada de éxitos innegables, es merecedor que eso le sea tomado en cuenta antes de dar crédito a alguna crítica de su persona. Al contrario, más bien debemos oír con suspicacia al que las hace, ¿por qué? Porque se está oponiéndose al honor ganado en una vida de luchas y combates por Cristo y rara vez es merecedor que se le trate como a un cualquiera, y a veces por personajes desprovistos de cualquier marca de Jesucristo, que no son ni siquiera un séptima copia al papel carbón de quienes hablan mal. Ahora vayamos al análisis de cómo se defiende un ministro difamado.
La bendición que ha sido para ellos. Pablo dice que su visita a los tesalonicenses no resultó vana (v.1). La idea es que no llegó a ellos con las manos vacías, cuando el poder y la gracia de Dios se manifestaron precisamente en el cambio que se había operado en las vidas de ellos. Un argumento poderoso que tenían para no creer aquellas mentiras era éste: “Pablo ha sido una bendición en mi vida, Dios me ha hablado por medio de él, me ha llamado y me he convertido por su mensaje”.

Cada vez que alguien vaya a criticar a un ministro convénzase bien que lo que dice es cierto porque le puede pasar como a María la hermana de Moisés, serle imputado como un pecado. Hay congregaciones que se olvidan lo mucho que Dios ha usado sus ministros y lo critican tanto que son ellos mismos, sus propios hermanos y hermanas, y no el mundo, los que estrangulan su ministerio.

Cuando oímos que un ángel caído critica a un arcángel santo si lo que dice es grave, rechacémoslo de plano y si son fruslerías de poca monta, cuestiones interpretativas, de palabras, de carácter, no le demos ninguna importancia. Dejemos que el Señor sea el juez del testimonio de sus ministros. Cada tesalonicense podría haber argumentado a favor de Pablo diciendo: “La vida de ese hombre en la mía no ha sido sin provecho”

La sinceridad y esfuerzo con que desarrolla su ministerio. Pablo dice, “pues habiendo padecido en Filipos, os anunciamos el evangelio de Dios en medio de gran oposición” (v. 2). Podía haberse tomado un descanso, tomarse tiempo para sanarse de sus heridas, las cuales le hicieron en Filipos. Pero su carácter estuvo incólume, su moral alta. Las condiciones en Tesalónica no fueron más favorables que las que halló en Filipos. ¿Puede ser un engañador aprovechado y un impuro, tan arrestado? ¿No hubiera buscado una situación más propicia? Precisamente la valentía suya, el coraje, el arriesgarlo todo a cambio de nada, ¿actúan así los engañadores? ¿Es impuro porque le aman las hermanas de Tesalónica? Para pecar con ellas no tenía que exponer su vida. La sinceridad y constancia de su ministerio era una razón poderosa para confrontarlas con las calumnias que sufría. Así no actúan los que hacen de la religión un negocio.

La aprobación divina hecha manifiesta. Pero sobre todo ello, hay algo que es más que suficiente para evaluar a un ministro en la mente de aquellos que sinceramente aman a Dios y su obra, la aprobación divina, “según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio”. Si un hombre evidentemente da señales que Dios lo ha aprobado en su trabajo, ¿cómo recibir con ligereza cualquier comentario negativo que de él se escuche? ¿Bendice el Señor a los farsantes? ¿Acompaña con el envío de su Espíritu a instrumentos de impurezas y llena de fuego celestial a corazones codiciosos de ganancias deshonestas? Si Dios aprueba una vida, ¿tienen razón a los que él no les gusta? ¡Qué nos importa hermanos, si no logramos pasar la prueba del tribunal humano si Dios nos aprueba! Si Dios nos ha confiado el evangelio es que tiene razones más altas que los que nos desaprueban por aquí y por allá.

Y por último es bueno que rematemos estos comentarios con una razón general que explica todo lo anterior. Pablo va al grano y nos ha dejado una razón abarcadora que explica por qué lo difamaban tan atrozmente, porque no hablaba para agradarles a ellos. “Así hablamos no para agradar a los hombres, sino a Dios que prueba nuestros corazones”. Eso mismo que está diciendo en esos momentos, no lo dice para agradarles a ellos, no para justificarse ante los ojos de sus enemigos. ¿Qué más da? Si asume toda esa defensa de sí mismo no es para congraciarse con los que lo difamaban, no para que ellos variaran la opinión mezquina que se habían forjado, y hecho que otros tuvieran de él, asume esa actitud de defensa por causa de Dios, para agradarle a él, porque el evangelio que ha predicado y ha sido creído entre los tesalonicenses, cae o se establece con su reputación, porque él ha sido el arquitecto que ha puesto el fundamento.

Ni tampoco su mensaje se ajustó a elogios humanos, adaptando la doctrina a los gustos particulares de las personas de prestigio para sacar algún provecho de ellas o a menos no atraer sobre sí mismo su acalorada oposición, mantuvo su postura que la circuncisión nada era, aunque con ella le viniese la persecución; preferible a no hacer vana la cruz de Cristo. No atribuyó ninguna eficacia espiritual a los ejercicios corporales, ni a las viandas, ni a las sombras de la ley, ni tampoco a genealogías interminables. Esa posición de mal gusto para el mundo, de evangélico radical, permitió que sus escritos se perpetuaran y Dios manifestara su aprobación, preservando su pensamiento y ministerio para la posteridad. Así que no machaques el honor ganado de Pablo, ni de tu pastor.

Le dijeron, sé Josué y no Moisés


Josué 1: 16, 17
16 Entonces respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. 17 De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés”.


Le dijeron: “Con tal que Dios esté contigo como estuvo con Moisés”. Son diversas las razones que la gente tiene para dar su apoyo a algún líder espiritual; hay quien ofrece sus tesoros, sus brazos y talentos, por simpatías, relación familiar, conveniencias. No debiera ser así. El pueblo le dijo a Josué que le respaldaría su ministerio con la única condición que Dios estuviera con él. No porque fuera a hacer  lo mismo que Moisés hizo (eran distintos ministerios), sino porque el Señor lo había elegido para esa sustitución.

El pueblo había gustado y disfrutado un liderazgo dirigido por Dios y le pidieron a Josué que tuviera con Jehová exactamente la misma comunión que tuvo Moisés. No querían un sustituto que tuviera el mismo peso y medida, las mismas virtudes y defectos, que hiciera las mismas maravillas, no pidieron un doble de Moisés pero sí un hombre, quienquiera que fuera, que contara con la misma dirección divina hacia el futuro (3:7; 4:14).

viernes, 6 de julio de 2012

Dios lee nuestra historia, al revés

Jer. 2:2,3
“Así dice Jehová: Me he acordado de ti,  de la fidelidad de tu juventud cuando andabas en pos de mí en el desierto”.


¿Has leído la historia de Israel en el desierto? Voy a recordarte un episodio de los muchos parecidos que tuvo. “Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo?  ¿Hasta cuándo no me creerán,  con todas las señales que he hecho en medio de ellos? Yo los heriré de mortandad y los destruiré,  y a ti te pondré sobre gente más grande y más fuerte que ellos”. (Num.14:11,12).

Tiempo me faltaría para recordar las faltas de Coré,  Datán y Abiram, las quejas por el maná y la falta de carne, por agua, en fin, viajaban inconformes con todo. Los recuerdos históricos de Israel no son buenos, exceptuando lo que Dios hacia entre ellos. Cualquier historiador al leer esas cosas se formaría una opinión bastante pobre de Israel; sin embargo, Dios recordando aquellos tiempos, habla como si hubieran sido tiempos mucho mejores de lo que fueron y habla de “la fidelidad de tu juventud”, y que pudiera traducirse que recordaba “la piedad” “la bondad” “la belleza”  de tu juventud” “cuando andabas en pos de mí en el desierto”. ¿Es que no recuerda  como quisieron volverse de en pos de él hacia Egipto, cuando lo irritaron con la comida, en la roca, y la fornicación con las extranjeras? ¿Es que le ha fallado la memoria a Dios?

No, sino que es lo mismo que pasa cuando un pecador es salvado y se usa tanta misericordia con él, que su realidad histórica es cambiada en la opinión de Dios. Y eso es lo que por medio de Jesucristo conocemos como justificación cuando se tiene por inocente a un culpable, y el Espíritu Santo le llama “santos y fieles” a iglesias que se congracian con herejías o sufren divisiones.  ¡Maravillas de la gracia de Dios!

Jesucristo como Justificador y Abogado, por su propia muerte, como quien dice, cambia la opinión de Dios, siendo hijos de iras como los demás. La mala opinión de Dios persiste en los reprobados que no se arrepienten y viven como si “no hubiera Dios en el mundo” (Efe. 2:12). Dios no lee nuestra historia como la escribimos sino como quiere leerla. Por alguna razón en Cristo no se ajusta a los hechos. Por eso podemos, como dijo el apóstol, gloriarnos en aquel otro hombre, el que está en Cristo, no en nosotros mismos. Oh Dios que nuestra mejor época de fidelidad, piedad, amor y belleza espiritual esté en el presente y en el futuro, no atrás.

miércoles, 4 de julio de 2012

Herejías cristianas, y la presión cultural



Alister McGrath ha escrito un libro interesante titulado HEREJIAS, y su intención parece ser explicar y defender la ortodoxia cristiana estudiando la historia, tanto de la ortodoxia como de la herejía. La intención de todo el libro consiste en demostrar que las herejías han consistido en alternativas que dentro de la iglesia han surgido específicamente como una respuesta a la presión cultural, es decir que los cambios equivocados que los teólogos han hecho dentro de la doctrina cristiana y la revisión de la misma, que han traído a las iglesias, se ha debido al impacto que la cultura hace sobre los tradicionales dogmas de la fe. Han sido formas nuevas de explicar los principios cristianos y que no pocos han aceptado, y la historia posterior ha demostrado que todas esas herejías y alternativas de modo constituyente son porosas, es decir inconsistentes y débiles de modo tal que sucumben a la corta o a la larga con las evoluciones y giros de las culturas.

Las herejías son trascendentes en el sentido histórico pero no teológico ni práctico, y los pensadores de la iglesia como Ireneo, Tertuliano, en el transcurso de sus reflexiones han demostrado que si ellas hubieran triunfado, específicamente el arrianismo por ejemplo, el cristianismo hubiera terminado siendo una leyenda, y algo parecido al islam, sin ofender (páginas 86,87).

"Similarmente en el siglo cuarto Arrio (256-336) ofreció una comprensión entre la relación de Dios y la creación que fue tenida como filosóficamente rigurosa de acuerdo a los estándares de aquel tiempo. Sin embargo sus oponentes tales como Atanasio de Alejandría (193-373), la comprensión de la identidad de Jesucristo que resultó de esta filosofía demostró ser incapaz de reconciliarla con la fe ortodoxa, y específicamente con su adoración. Arrio introdujo una inconsistencia radical dentro del cristianismo dejándolo seriamente vulnerable a la crítica intelectual por un lado y a la erosión cultural por el otro, como bien ha dicho Thomas Carlyle, ‘si el arrianismo hubiera triunfado, el cristianismo hubiera pasado a la historia como una leyenda’ (página 86).

"Nunca ha habido tanto interés en lo que es una herejía. Antiguamente las herejías eran vistas por generaciones como algo oscuro y peligroso, sin embargo no es así en la actualidad. El deseo de aceptar ideas religiosas prohibidas nunca ha sido tan fuerte como ahora como dijo Geoffrey Chauser en el siglo XIV ‘que se nos prohíba algo e inmediatamente lo queremos’. Las herejías actualmente son vistas como algo que significa coraje y libertad espiritual, como algo valioso que debe ser adquirido y no evitado. Las herejías actualmente se miran como las perdedoras de una ortodoxia seca, polvorienta y envejecida, disecada por el tiempo. Y como la historia es escrita por los triunfadores, las herejías injustamente han perdido su valor intelectual frente a sus enemigos. La rehabilitación de las ideas heréticas ahora es vista como una corrección necesaria de las injusticias del pasado, permitiendo el renacimiento de versiones suprimidas del cristianismo, que están mucho más en sintonía con la cultura contemporánea que la ortodoxia. Eso quiere decir que la herejía actualmente es algo de moda" (página 1).

Conclusión.
Es relevante el pensamiento que la herejía es una respuesta a la presión cultural; y en ese caso pensamos actualmente, por ejemplo, en la nueva definición de lo que es un matrimonio, que ya no necesariamente tiene que ser heterosexual. La unión entre dos hombres o dos mujeres es bien vista por la sociedad y aquellos que definen el matrimonio, y en algunos estados de Estados Unidos ya esa unión es legal, también en ciertos países de Europa occidental. El hogar y la familia de modo tradicional entre un hombre y una mujer, y los hijos, son vistos como enemigos llenos de prejuicios y personajes discriminatorios. Y lo combaten.

Otro caso, actualmente la virginidad no es una virtud, y el hombre o la mujer no tienen por qué llegar al matrimonio sin haber cohabitado juntos. Ésa idea cristiana ahora es vista como un estorbo y una costumbre anticuada. Lo normal dentro de la cultura es cohabitar en "parejas" por mucho o por todo el tiempo sin que haya casamiento, y cuando lo hay, hay que celebrarlo como si fuera el primer día de casados, quiero decir como si la relación fuera una novedad. Y lo que antes era vivir en fornicación, ahora se le da el visto bueno de "parejas". El divorcio no es un escándalo y hay madres que prefieren ser llamadas madres solteras y para nada aceptan el formal casamiento. Y como la cultura lo aprueba casi nadie ve en eso un escándalo social como otrora.

Actualmente conocemos iglesias "cristianas" de lesbianas y homosexuales, incluyendo a la ministra o al ministro, y en gran parte de la sociedad, al menos los que están en el poder aunque sean minoría, a través de los medios de difusión, la prensa, la radio, el cine y la televisión, y además en los centros de enseñanza, aprueban casi cualquier inmoralidad y libertinaje, porque la moral la definen de modo personal y privado, como algo movible y nada fijo, sujeta a los instintos y caprichos individuales. En muchos púlpitos la respuesta a esa clase de pecados es un total silencio cobarde, que da a entender que han claudicado a la presión cultural, en aras de sus ambiciones y popularidad.


Al final, página 194, dice: "La herejía puede ser concebida como el resultado de un desarrollado, y relacionado sin embargo distinto proceso: engaño, truncar, distorsión, arcaísmo y evacuación. Sin embargo hay que dejar claro que las cuatro categorías señalan a la posibilidad cultural de la asimilación intelectual de la fe cristiana, ya sea incorporándole al sistema doctrinas extrañas o abandonando las doctrinas en respuesta a las presiones culturales. Es enteramente necesario y apropiado para el cristianismo enfrentar su contexto cultural. La historia de la iglesia indica que este proceso de encuentro ha sido una parte integral en el largo proceso de la expansión cristiana y la consolidación a través de las épocas. Sugerir que este proceso podría conducir a caminos heréticos no es invalidar ese proceso, sino simplemente ordenar una vigilancia teológica en su ejecución".

lunes, 2 de julio de 2012

El antídoto cuando la predicación es rechazada: La pre-ordenación eterna


Hechos 13:48-50
48 Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna. 49 Y la palabra del Señor se difundía por toda aquella provincia. 50 Pero los judíos instigaron a mujeres piadosas y distinguidas, y a los principales de la ciudad, y levantaron persecución contra Pablo y Bernabé, y los expulsaron de sus límites. 51 Ellos entonces, sacudiendo contra ellos el polvo de sus pies, llegaron a Iconio. 52 Y los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo”.



Según la experiencia de Pablo el evangelio para unos es “olor de vida para vida” y para otros olor de muerte para muerte”. Los prosélitos gentiles saltaron en un pie, todos, al oír que les dirigían las promesas y bienaventuranzas de Dios. Pablo no había dicho que el Señor lo mandaría “lejos a los gentiles” (22:21) sino que la Escritura misma mencionaba el fenómeno de rechazamiento judío y la apertura de brazos que le darían al evangelio las naciones del mundo. Y al oírlo “glorificaban la palabra” (v.48) ¿de qué modo? Creyendo, recibiéndola.

Los judíos decían no, ellos decían sí, los judíos rebatían lo que Pablo decía y a pesar del argumento contrario y de no conocerla como aquellos, el asunto era convincente y estaba completo. La Escritura les hablaba particularmente y no atendían a las “razones” que otros ponían, porque si oían que ella los mencionaba, se sentían privilegiados, Dios había pensado en ellos de antemano, y tuvieron que ser ellos mismos los que hablaron de una pre-ordenación eterna: por experiencia propia. Es primeramente un hecho comentado por los creyentes de Antioquia de Pisidia, “creyeron cuantos estaban ordenados para vida eterna”. Dicho sin ninguna filosofía sino porque oían el anuncio del Espíritu Santo y palpaban la fe al oír la palabra y se daban cuenta que en todo ese drama existía un plan pre-ordenado. La doctrina fue extraída de la reflexión de la cita bíblica provista en la predicación y la actitud de los endurecidos judíos. Es importante.

Y fue también, el comentario “creyeron los ordenados para vida eterna”, el gran antídoto contra la desilusión y la frustración cuando la predicación era rechazada y no daba fruto. No se culpaban. Se decían: “no han sido ordenados para vida eterna. No es de todos la fe. El que es de Dios él lo trae a Jesús. Nadie puede ir al Señor si el Padre no lo trae”. Y con eso se explicaban porqué el rechazo de los otros, y se conformaban.

Casi siempre que se enfoca este asunto de la elección, prima la reflexión de los creyentes en ellos mismos, no tanto en los que se pierden, porque es primero que todo, misericordia y no justicia. Jesús fue quien más la utilizó para explicar el rechazo al evangelio, y algo de eso menciona el Apocalipsis de Juan. Los hermanos se pusieron contentos, no porque los otros no creyeran sino porque ellos habían creído. Y otros sin los obstáculos de la mala interpretación de la Escritura, porque no eran judíos, también creyeron la palabra del Señor.

Los  gentiles tomaban la corona de ellos (Apc. 3:11); y por la defección de ellos vino la salvación  (Ro. 11:12). Los judíos se llenaron de “celos amargos”. Porque perdían la bendición y los apóstoles compartían con el mundo, mediante el Mesías, las Escrituras de ellos. El tesoro guardado por siglos  y acumulado se lo estaban dando a otros. Entonces se buscaron a la gente de distinción y la convencieron contra los apóstoles. Y los echaron. Y no se fueron amargados, al contrario, contentos en el Espíritu Santo.

domingo, 1 de julio de 2012

Son arminianos y calvinistas, católicos y protestantes

Sofonías 1:5
“Y a los que sobre los terrados se postran al ejército del cielo,  y a los que se postran jurando por Jehová y jurando por Milcom”.
 
También por Milcom. En el AT el Señor nos enseñó a jurar sólo por él (Deu. 6:13); el juramento formaba parte de la lealtad y devoción a su Nombre. El pueblo, posiblemente en tiempos de las reformas de Josías, se postraba ante todos los planetas y veneraban los signos de zodíaco, “y quitó a los sacerdotes idólatras que habían puesto los reyes de Judá para que quemasen incienso en los lugares altos en las ciudades de Judá,  y en los alrededores de Jerusalén;  y asimismo a los que quemaban incienso a Baal,  al sol y a la luna,  y a los signos del zodíaco,  y a todo el ejército de los cielos” (2 Re. 23:5). Parece que había mucho pueblo que no renunció completamente a la adoración del Dios único, Jehová, sino que la combinó con la religión de los amonitas y adoraban tanto al Señor como a Milcom; se postraban ante el Dios invisible y ante un ídolo en forma humana. (1 Reyes 18: 21, Oseas 4: 15 y Amós 5: 26).

Y en otro sentido son semejantes a los que tienen una lengua para Dios y otra para los demonios, profesan ser cristianos y viven como demonios, los que oran a Dios e invocan imágenes hechas a mano, aceptan el cristianismo y también las religiones africanas, o de sus ancestros, leen la Biblia y consultan el horóscopo y no les importa mezclar el cristianismo con filosofías orientales o  griegas aunque Pablo llamó a esa mezcla un evangelio diferente y lo maldijo.  

Una producción particular de cada uno, “a su manera”, algo hecho para los tiempos y la conveniencia, que toma de la Biblia y de la cultura,  se adapta a las circunstancias, para flotar dentro de ellas y sobrevivir con los tiempos, sacándole provecho a esa adaptación y presunción de “mente abierta”.  Y así quedan bien con Dios y con el Diablo, con Cristo y con Belial, enyugándolos a ambos juntos (2 Co. 6: 16), con la luz y con las tinieblas (1 Tes. 5: 5), y sirven a dos señores (Mt. 6: 24), sin aborrecer a ninguno ni amarlo tampoco. A esos ha de destruir el Señor.

Eran y son sincretistas, un tanto judíos y otro paganos, religiosamente híbridos. Tienen dos religiones, dos éticas y dos teologías, afirmaban por un lado la fe y por el otro las obras, por una parte los méritos y por el otro la gracia, la soberanía de Dios y el libre albedrío, creen en la perseverancia de los santos y niegan la predestinación, son arminianos y calvinistas, católicos y protestantes, espiritistas y cristianos, en fin, una deplorable contradicción.

De Dios salió, a Dios subió y de Dios vendrá


Juan 16: 26-29
26 En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, 27 pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios.  28 Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre. 29 Le dijeron sus discípulos: He aquí ahora hablas claramente, y ninguna alegoría dices”.


El tema de la oración aquí continúa y como ya he dicho y recuerdo, tiene que ver con peticiones para adquirir conocimientos acerca del Padre y del Hijo (v. 26). El progreso teológico es una expresión de amor de Dios, tanto para el mensajero como para aquellos que reciben el mensaje, o sea el portador y los recipientes, los apóstoles y nosotros, los predicadores y las iglesias. En todos esos terrenos se expresa el amor de Dios por medio de lo que el apóstol Juan llama "la unción del Santo" (1 Jn. 2: 20, 27). Si Dios no lo quisiera no haríamos ningún avance en la comprensión del infinito y espeso contenido de la revelación cristiana. Dichoso y feliz, o sea bienaventurada sea aquella iglesia que ha elegido como pastor a un mensajero de Dios, que se postra en adoración y súplica cada semana pidiendo al Santo sabiduría e inteligencia espiritual para salvar y edificar a los santos.

Dentro de ese conocimiento elevado comunicado por Jesús a la iglesia se encuentra su divinidad, que en estas palabras consiste en mencionarla diciendo "yo salí de Dios, salí del Padre" (vv. 27,28). Y los discípulos por medio de muchas evidencias indubitables afirmaron constantemente que Jesús de Nazaret era el Hijo de Dios, y con esa declaración sustancial expresaban por medio de la experiencia vivida su relación natural con el Padre. Por eso es que nuestro Maestro contemplando la fe de ellos les afirma que habían creído eso, y que no tenían dudas de ninguna clase con respecto a su procedencia espiritual, a la cual el apóstol Pablo le llama "forma de Dios". Todo esto se los dijo de un modo llano, y en privado, porque Jesús no pregonaba por dondequiera su descenso del cielo sino a aquellos privilegiados que habían contemplado su gloria en el "monte santo" (2 Pe. 1: 17,18).

Es decir cuando por unos instantes le contemplaron brillante como el sol y lleno de resplandor de gloria conversando con la ley y los profetas, y las cosas que ellos habían dicho sin saber a quién se refería, de él en sus sermones y documentos. Y bajaron de aquel lugar convencidos de donde había salido y hacia dónde iba, y que eran unos privilegiados, ya que el mundo daría todo y su oro y plata por haber vivido esos instantes. De Dios salió, a Dios subió y de Dios vendrá.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...