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jueves, 12 de mayo de 2011

No fueron caricias sino adoración


Lucas 7: 36-50

 36 Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa.37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. 39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. 40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. 41 Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; 42 y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? 43 Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. 44 Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. 45 No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. 48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. 49 Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados? 50 Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.
   


La identidad de esta mujer ha sido motivo de discusión, y para abreviarme el esfuerzo de las suposiciones, es mejor mencionar a alguien que le dedicó tiempo a descifrar el enigma: "No se trata de María Magdalena de la cual se habla en Lucas 8:2 descrita de otra forma y el evangelista no lo había mencionado antes. Tampoco es María la hermana de Lázaro quien también se menciona que ungió los pies de Cristo y los secó con sus cabellos (Jn. 12: 3). La clase de mujer descrita aquí no concuerda con aquella María, y además hay otras diferencias, que esta se encontraba en Galilea y la otra María la hermana de Lázaro en Betania; está en casa de Simón el fariseo y la otra en casa de su hermano; esta lo hizo antes de la muerte de Cristo y después de eso él salió a predicar por los alrededores; y después de eso no volvió por esos contornos. Tampoco se trata de la historia que se menciona en Mateo 22:6 porque también ese hecho fue en Betania y este en Galilea en la casa de Simón: el leproso, este en la casa de Simón el fariseo, el perfumé fue derramado sobre la cabeza del Señor y este sobre sus pies. De qué mujer se trata en este relato no se sabe sino que era en la casa de un fariseo, y no hay duda que en alguna de las ciudades de Galilea como Naín, Capernaum, o cualquiera otra" (Gill).

Esto es un acto de adoración; no recuerdo que a ningún profeta alguien del pueblo, por admiración que le tuviera, le haya hecho esta clase de homenaje. La mujer derramó ese perfume y besó sus pies, y sobre todo vino buscando perdón porque creía que era el Hijo de Dios, que podría perdonarle sus pecados, cambiarle su vida, y podía amarlo como a Dios y adorarlo. El amor que ella le tenía no era como a un hombre porque lo que sentía por él era lo mismo que se sentiría por Dios y el Señor lo entendió de esa manera y le dijo al final “mujer, tu fe te ha salvado”.  

La mujer sin saberlo estaba adorando a Dios encarnado, no lo había aprendido por la definición de los teólogos en los concilios ecuménicos sino por el carácter de él, por su Persona cuando se acercaba a ella y sintiendo “la forma de Dios” y lo veía “estando en la condición de hombre” (Flp. 2). No por textos bíblicos donde sus autores lo dijeran. No por el aprendizaje de la teología sistemática. No es que le oyera (o leyera) que perdonaba pecados y dedujera que se trataba de Dios. Lo adoraban como a Dios porque lo sentían como Dios, y esa forma de conocimiento sobre su deidad fijada a la experiencia personal en el NT es tan o más importante que las posteriores declaraciones que al respecto se hicieron, porque ellos vivieron la presencia de la encarnación.

Por su parte Jesús estaba recibiendo adoración y no caricias de parte de ella, e identificó la clase de amor que ella sentía como de la misma esencia que se siente por la Deidad y no por otro ser humano. La palabra griega que se usa aquí es “agapao” que generalmente es un amor diferente al amor filial, "filo”, y completamente distinto a la clase de amor conocida como erótico entre un hombre y una mujer, "eros”, que nunca se usa.

Cuando el Señor le preguntó al apóstol Pedro que si lo amaba, y se lo repitió tres veces, el apóstol siempre respondió con la palabra "filo" que tiene que ver con el aspecto personal que se siente para un hombre (Jn. 21); Jesús usó dos veces la palabra "agapao" y Pedro siempre le contestó que sentía por él una clase profunda de amor filial; entonces la tercera vez Jesús le preguntó usando esa misma palabra y no la superior "agapao”, casi siempre reservada para Dios.

Las lágrimas y los besos que daba a sus pies brotaban de un corazón puro que expresaban sus sentimientos al Hijo de Dios, que podía remitirle sus pecados. El amor que ella sentía por Jesús era igual al del Padre. Y Jesús como respuesta no le dio un abrazo ni un ósculo santo sino el perdón de sus pecados, actuando como Hijo de Dios y no como Jesús, "el hijo de José", el carpintero.

La adoración a Dios en la persona de Jesús no es algo inventado dentro de las declaraciones de los concilios de obispos sino que se halla en el Nuevo Testamento y se encuentra, por ejemplo en este caso. Jesús igualó el amor expresado por esta mujer a la fe que ella tenía porque aunque dijo que sus pecados les eran perdonados porque había amado mucho, le dijo "tu fe te ha salvado" (v. 50). Es decir esencialmente su fe es expresada en un acto de adoración, en un hecho de amor, porque ella si no hubiera creído no hubiera venido ni tampoco amado. Jesús en la mayor parte de la conversación, y en la ilustración que puso acerca de los deudores, no mencionó la fe sino el amor porque era lo que estaban pensando Simón el fariseo y todos los que allí estaban, para que supieran que aquella mujer de mala fama no había venido con su perfume como un regalo que se le hacía a un hombre más sino como un acto de adoración entregado a la divinidad, y que el móvil de ella era el arrepentimiento y expresaba su culpa con lágrimas de confesión. No besaba sus mejillas, ni su frente, ni sus manos, ni sus labios, sino sus pies para demostrarle su indignidad. No fueron caricias sino adoración.


lunes, 9 de mayo de 2011

El triunfo del monergismo


Lucas 7:30
“Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan”.


Desecharon la “voluntad” de Dios porque quisieron, nada de arrepentirse ni de bautizarse ¡y ya!, eso a nadie le importa. No quisieron cooperar con el mensaje de Juan. Si lo acompañaba el Espíritu Santo, tampoco, no lo ayudaron y le dijeron rotundamente que no, que de bajar al agua, de eso nada de nada. Tenían derecho a no arrepentirse y nadie podía negárselo.  
 Les gustaba lo que estaban haciendo y no deseaban hacer ningún cambio, y honradamente, pensaron, “ni queremos ni podemos, y ¿por qué vamos a cambiar, dejar de hacerlo y meternos en el agua?”.

Aunque les hubiera Dios pedido que le echaran una mano para modificarlos, no se hubieran comprometido porque si por un tiempo lo ayudaban a cambiarlos, más tarde o temprano dejarían de hacerlo porque extrañarían cómo eran, lo que habían dejado y desearían volverse. Así que en resumidas cuentas, eso que llaman: sinergismo, para ellos era un cuento fantástico que lo han inventado como si en verdad quisieran cooperar con Dios en arreglarlos, y como si necesitaran arreglos.

No querían meterse en ese problema y desecharon los designios de Dios porque era mejor decirles que no que decirle que sí y que luego cuando se les acabara todo el “potencial humano”,  abandonarlo. Si Dios quería hacer algo por ellos no debía pedirles permiso ni colaboración y encargarse él de todo el trabajo de cambios, reformas y sustituciones y mostrarse perseverante y vigilante porque si no los pastorea con vara de misericordia harán todo lo posible por imposibilitarle el trabajo, retardárselo, desanimarlo para que lo abandone; en fin, de cabo a rabo la obra de convertirlos en “santos y fieles en Cristo Jesús”, tiene que ser ejecutada solamente por él, cambiándole el querer como el hacer por su buena voluntad.

Un Dios que amoroso y cortés que les pida permiso y colaboración no lo respetarían, y seguro que a mitad del trabajo dejaría la obra inconclusa y tiraría la toalla, o la Biblia, digamos. Tiene que venir y sin muchos remilgos operar por su cuenta, porque si así no lo hace les dirán que no, cuantas veces les apetezca y les pedirán que se conforme con un trabajo medio humano y medio divino, medio carnal y medio espiritual, y si no le gusta, ya sabe lo que tiene que hacer, buscarse otros y no imponerles sus designios.

Ellos lo sabían y él lo comprendía desde siempre, que La “Ciudad de Alma Humana”, como dijo Bunyan, tiene que ser asaltada con violencia y tomada sin la colaboración del alardoso libre albedrio, a quien hay que quitarles todas las ínfulas de inmediato y hacerlo vasallo, sin el sinergismo de los enemigos que se esconden dentro de ella, al contrario, llevándolos a todos cautivos a la obediencia a Cristo en un gracioso y solitario monergismo.  

domingo, 8 de mayo de 2011

El día de las bodas de mamá

El día de las bodas de mamá

Génesis 2:4-24
 4 Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, 5 y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, 6 sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra. 7 Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. 8 Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. 9 Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.10 Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos. 11 El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro;12 y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice. 13 El nombre del segundo río es Gihón; éste es el que rodea toda la tierra de Cus. 14 Y el nombre del tercer río es Hidekel; éste es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates. 15 Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. 16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.18 Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.19 Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.20 Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. 21 Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. 22 Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.23 Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón] fue tomada.24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.




La pareja matrimonial es formada por Dios. Miren qué distinto es esta unión al “vivir en pareja” en esta descristianizada sociedad. Dios es “el todo” en el matrimonio, del género, de la unión, de su propósito, de cómo mirarse el uno al otro.  De cómo “valorarse”, y para qué formar la pareja. Dios no los hizo solamente para que tuvieran relaciones sexuales sino para que vivieran con significado. Esa expresión, “y la trajo al hombre” es bella y a pesar de todo lo que pasó entre Adán y Eva, el pecado de ellos y el de los hijos, debió celebrar siempre ese momento bello cuando Dios le dio a su mujer, el día de su boda. Unión que nunca terminó en divorcio y vivieron casi mil años juntos. Ese día hay que celebrarlo y es día de acción de gracias a Dios. La bendición mayor que Dios le dio a ambos no fue el paraíso ni siquiera los hijos sino la pareja.

¡Cómo se ha degenerado esa unión! Se ha animalizado hasta el punto de querer formar “hogares” parejas del mismo sexo, y que no sólo es pecado sino una blasfemia al nombre de Dios. Todo lo que uno ve en la mayoría es instinto, instinto animal, rebajados al nivel de las bestias, siempre orgánico y nada más. A ese instinto lo llaman amor, sin otro acompañante.

El día de la boda no es la unión de dos cuerpos sino de dos vidas.


La dispensación en días del capítulo primero de Génesis tiene un motivo litúrgico (1:5) y apunta hacia el sábado y es por eso que no muestra insistencia en los detalles de lo creado, pareciendo simplista el relato. En esta porción no hay día primero,  segundo, ni séptimo. 


Aquí lo más importante es la pareja humana y la necesidad que tiene el uno del otro, sobre todo, ¡para trabajar! El paraíso mismo necesita que se le cuide y se le labre (2:15), y se le llama paraíso especialmente por la abundancia de agua (vv.5, 6, 10-14). La mujer no aparece como un complemento romántico sino como un auxilio para el trabajo (vv.20-24).


Génesis uno trata sobre el origen de la raza humana y Génesis dos sobre el origen del matrimonio, como una relación íntima, indisoluble y laboral. Por primera vez se menciona el dinero (vv.11,12) porque es algo importante en el matrimonio, como si el documento hubiera sido elaborado por un comerciante (el oro es bueno, el juicio de un joyero). La pareja de Génesis dos se parece al matrimonio de Pro. 31 y  Dios al hombre, Adán, con pensamiento “judío”. Aparece por vez primera la palabra muerte (v.17).

El capítulo dos es una tragedia matrimonial. Aquellos dos que fueron creados para ser mutuamente obedientes a Dios en pareja se rebelaron y la relación entre los dos perdió su balance y se desarmonizó; la mujer como un castigo pasó a ocupar una posición subordinada al hombre (3:16), y con respecto al hombre la maldición se convirtió en resultados laborales adversos y además la muerte (3:17-19).


La maldición parcial es no prosperar económicamente. Los sufrimientos, lágrimas y enfermedades no se mencionan sino el sudor. Génesis uno presenta la maldición más primitiva, la más simple, “agricultural”, luego vendrán otras, urbanas, de las cuales el hombre se haría acreedor. El día de las madres debiera festejarse en el día de las bodas, y el día de los padres también, ese mismo día. Y después de ese los cumpleaños. Y todas esas celebraciones con acciones de gracias al que formó la pareja humana que simboliza la unión de Cristo con su iglesia, y a quien dio la vida, Dios. Dios bendiga a todas las madres. La mía está en el cielo.



jueves, 5 de mayo de 2011

Historia de un joven hablador


Lucas 7: 11-17
 11 Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud.12 Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad.13 Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. 14 Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. 15 Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre. 16 Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo. 17 Y se extendió la fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor.



“Los judíos tenían diferentes formas de hacer un entierro, y eso de acuerdo a la edad del muerto. Un niño con menos de un mes de nacido lo llevaba una persona en sus brazos; si ya tenía un mes lo ponían en un pequeño ataúd y lo llevaban varios; si era de un año lo ponían en un pequeño ataúd y lo llevaba uno en sus hombros; si tenía tres años usaban el ataúd y también lo llevaban algunos, y lo mismo hacían con los de más edad” (John Gill). Por lo tanto este no era un niño pequeño sino un joven que al resucitar sin restregarse los ojos del sueño, dice el relato que comenzó a hablar.

El caso impactó a todos, y la noticia de su súbito deceso dejó a todos consternados. La señora primero perdió su marido y ahora con la muerte de su único hijo pierde todo consuelo y sustento. Jesús supo de la tragedia y salió hacia allá para revertirle la suerte. Con la misma mano que tocó al leproso detuvo el curso natural de la muerte que quedó sorbida en victoria, y le dijo a la señora que no llorara más por su mala fortuna que en ese momento se la cambiaría. Y lo que pasó no dio tiempo a nadie a pensar nada, pero el funeral no continuó y los que habían abierto el sepulcro volvieron a cerrarlo, y los que lloraban comenzaron a reír y a glorificar a Dios en su Hijo Jesús. La casa del luto se convirtió en un banquete (Ecl. 7:2); cambió el lamento en baile y el cilicio por alegría (Sal. 30:11).

La madre, sin enjugarse sus lágrimas, no tuvo que esperar explicaciones porque Jesús le habló al cadáver de su hijo, sin echarse a llorar sobre su pecho, sorbiendo con su voz el silencio eterno de la muerte y el que no podía hablar volvió a ser un joven socialmente locuaz. El muerto, que ya no lo estaba, hablaba y hablaba  sin parar. Primero con su madre, y la abrazó como si hiciera mil años que no la veía y llegara de un viaje, y no recordara de dónde; y habló  con todos, comiéndoselos a preguntas, que qué hago yo aquí, que qué fue lo que me pasó, de quién es este funeral, si he sido yo por qué estoy vivo ahora, quién fue el que me llamó y me trajo de vuelta, quiero oír su voz de nuevo. Y hablaba constantemente y nadie podía responderle nada sino que señalaban con el dedo a Jesús que dándoles la espalda se marchaba.

Y los curiosos por ultratumba les hacían mil preguntas, y él procuraba ser amable, qué se siente cuando uno está muerto, en qué  sitio se aloja el alma, cómo son los espíritus de los justos hechos perfectos, si no hacen nada más que cantar y oír sermones, qué belleza tiene el tercer cielo, si Lázaro sigue con llagas en la cara o si está elegante vestido como un escogido de Dios, y por qué no le ha sido dado contar nada de las visiones y palabras inefables que ha visto y oído. Y el joven seguía hablando sin recordar nada del más allá. La gente se dio cuenta que quien muere y trae noticias del más allá está mintiendo, y complacida decía, “un gran profeta se ha levantado entre nosotros” y otros, “Dios ha visitado a su pueblo”; y afuera de Naín los enterradores se quedaron esperando en vano que llegara el cadáver de este joven hablador.

lunes, 2 de mayo de 2011

Un bello modelo de predicación


Lucas6:17-19   

(Mt. 4:23-25)
 17 Y descendió con ellos, y se detuvo en un lugar llano, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud de gente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón, que había venido para oírle, y para ser sanados de sus enfermedades; 18 y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos eran sanados.19 Y toda la gente procuraba tocarle, porque poder salía de él y sanaba a todos.


Desde este sitio Jesús va a predicar uno de los más conocidos y recordados sermones, según Mateo lo hizo sentado sobre un monte (Mt. 5:1), y según a quienes entrevistó Lucas, en un lugar llano (v. 17). ¿En qué quedamos, predicó desde el monte o en la llanura, sentado o de pie? En los dos lugares y en las dos formas, sentado y caminando, en el monte sentado y en la llanura andando.

Si esa explicación es aceptable, quiere decir que Jesús es un bello modelo del predicador,  y si le parece puede decir que energético, y que mientras predicaba no permanecía en una posición estático, sino que se sentaba, andaba, iba de un sitio a otro acercándose a unos y alejándose de otros y viceversa, y la gente no podía quitar los ojos de él, y él miraba a unos de cerca y a otros de lejos, y después se movía, se detenía junto a los que les habían escuchado en la distancia, les miraba frente a frente y les hablaba cara a cara; y de nuevo se alejaba en iba a enseñar a los grupos más retirados.

No era un predicador inerte y sin emoción, sino que como el viento que llevaba su voz así se trasladaba él de un sitio a otro sin que nadie le escuchara con cansancio ni tedio esas hermosuras importantes; y no es extraño que los soldados que querían llévaselo prisionero dijeran que nunca habían escuchado a nadie igual ni parecido (Jn. 7:46).

Además de ser inflamado su estilo de oratoria por su celo y fervor santo, su predicación era un derroche de compasión y de amor sobre aquella gente que le gustaba sus sermones, y encantada había ido "para oírle" (v. 17). Jesús los amaba y se conmovía en espíritu por ellos, y si les pedían que los tocara él los tocaba y si querían tocarlo él se los permitía; les daba evidencias palpando para creer y recibir, porque estaba tan solícito por ellos, como un pastor con sus ovejas, dispuesto a darle a pastar su propio corazón.  

Aquella gente que tuvo el privilegio de escuchar el llamado "sermón del monte" le inspiraba compasión, y se quedaron para escucharlo, por gratitud y por deleite. Los que habían llegado a la reunión atormentados por espíritus diabólicos, también permanecían atentos, ahora con sus almas tranquilas oyendo palabras de paz (v. 18). El sermón del monte fue algo inolvidable y la mayoría capaz de recordar porciones enteras, quizás tuvieron el buen hábito moderno de tomar notas, palabras dichas de forma tal, con tanta compasión y belleza que hizo historia en la época y en sus vidas, facilitando a los historiadores y evangelistas hacer resúmenes y transcribir porciones del mismo para beneficio de los que no estuvieron, o vivirían en el porvenir. Todos querían tocarlo (v. 19), para que los fortaleciera y los librara de malos espíritus y malas ideas, y se marcharon andando distinto, enérgicos con la última porción de  poder que sacaron de él.


  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...