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viernes, 23 de enero de 2009

¿Sufres Amnesia?


¿No nos sería mejor volvernos a Egipto? (Numeros.14:3).

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No. No es para ti mejor regresar a tu cautividad. ¿Ya te olvidaste del pan de dolores que allí comías y como mezclabas tus lágrimas con tu sustento? Vano es ahora pensar en Egipto como si hubieras estado viviendo en un paraíso (Num.11:5-6), mejor preferirías comer un bocado seco y en paz, con la libertad que ahora tienes que regresar a la prisión donde te hallabas.


¿Acaso sufres amnesia? ¿No recuerdas los azotes que sobre tus espaldas caían y como estabas sometido a la más espantosa servidumbre? ¿Has olvidado como echaban tus hijos al río Nilo y los veías devorárselos los cocodrilos. ¿Cómo quieres volver a un mundo que venciste por la fe, y a preceptos tales como no manejes, no gustes ni aún toques? ¿Qué tienen los reinos de este mundo que no tenga el Reino de los cielos, el Sinaí que no halles en el Gólgota, Belial que no tenga Jesús?

Recuerda tu esclavitud mental, no podías ni de día ni de noche librarte de aquellos malos pensamientos, casi no podías orar ni pensar en otra cosa que no fuera en el árbol prohibido, y ¿ahora quieres de nuevo tomar de sus frutos y no poder vivir sin su sombra? ¿De nuevo quieres vivir aquellos tiempos de agonía cuando lamentabas que el pecado se te introdujera en los sacrificios más santos y no podíais evitar perder tu comunión con Dios? ¿Cómo puedes volver a lo que te avergonzó tanto? ¿Habrás perdido tu memoria?

Ahora que amas a Dios con toda tu fuerza y toda tu mente ¿echas de menos aquella servidumbre? ¿No sabes que libertarse del poder de una tentación no es cometer el pecado sino alejarse día por día de ella? Después de haber sido lavado en la sangre de Cristo y por el Espíritu Santo ¿volverías a revolcarte en el cieno como una puerca lavada? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu vas acabar por la carne? Como el perro vuelve a su vómito ¿volverás tú a aquellos pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos? (Números 11:5). Condimentar la vida y sazonarla con la sal de la gracia de Dios la hace más sabrosa que con las cebollas y los ajos del mundo, comer "pan de ángeles" y maná del cielo es mejor que los pepinos y puerros egipcios, beber del Jordán es mejor que del Nilo, no tiene cocodrilos que se coman a nuestros hijos (Colosenses 4:6). ¿Acaso perdiste la memoria?

jueves, 22 de enero de 2009

Pasa por mi Trono de Gracia Mañana


Señor, ¿qué quieres que yo haga? (Hch.9:6).

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Saulo se incorpora y le dice a Jesús “estoy a tu disposición”. El Señor le dice “sufrirás mucho” y él le responde “no me importa, por ti lo haré”. Y Jesús le dice, “vete a Damasco y hablaremos después”. Y desde entonces siempre le preguntó a Jesús ¿qué tengo yo que hacer ahí? Y Jesús le respondía lo mismo “no temas, habla y no calles”. Esa era su vocación, la voluntad de Dios, esos eran sus planes, los de Jesús, ese era su propósito, el del Señor y esa era su visión porque miraba por los ojos de Jesús. Y Saulo insistió, “y ¿qué hago con mi tiempo?”. Y su Señor le dijo, “déjamelo a mí para que no hagas sólo lo que te gusta sino lo que yo quiero”.

Y Pablo agachó su cabeza y se dejó conducir por el Espíritu. Cuando hizo un plan de viaje equivocado a Asia Jesús le orientó “para allá no, ve a Europa”. Y lo recibieron con una paliza y lo ataron con cadenas. Pero allí había un hombre con su familia que le preguntarían cómo ser salvos, y un montón de presos que no habían oído una oración cristiana y ni un solo himno en todas sus vidas.

¿Qué quieres que yo haga aquí? Y Jesús le dijo, “no te quejes, haz un dúo con Silas y canten”. “¿Sin ensayar?”, y Jesús le dijo: “Canta algunos de los que me has cantado a mí”. “Pero son las doce de la noche y a esta gente no le gusta la música religiosa”. Y Jesús le respondió: “No cambies la música, no seas postmodernista, lo que yo quiero que oigan es la letra de esos himnos que sirven para salvación, déjate de preparar un show como pretexto que me estás alabando”. Y tuvieron el primer culto cristiano con himnos tradicionales judíos en una cárcel de Filipos.

Y en Roma le dijo, “¿qué hago en esta casa alquilada?”. Y Jesús le dijo: “Predícale a Onésimo, ayuda a Epafrodito, escribe a los colosenses, a Filemón, otra epístola a Timoteo, una a los filipenses, y pasa mañana por mi Trono de Gracia para que recojas una nueva encomienda”. Haz lo que Jesús quiera.

martes, 20 de enero de 2009

El dios de los Engañabobos


Jehová dio, Jehová quitó, sea el nombre de Jehová bendito (Job 1:21).

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¿Podrías decir con fe, Jehová dio, Jehová quitó, sea el nombre de Jehová bendito? Hay veces que nos hacemos ilusiones que pasan, y nos parece un hecho que tal cosa es para nosotros y de súbito ¡up!, la providencia da un giro y la cosa toma otro rumbo, adiós lo que esperábamos, ¡y a refunfuñar se ha dicho!

Las bendiciones del Señor son prestadas para usarlas y todas son retornables. ¿No dice Job que Jehová quitó? Todo lo que aquél santo varón tuvo se lo había dado su Señor y luego se lo quitó. ¿Protestó? No acusó a Dios de despropósito alguno. ¿Se volvió contra Dios o pensó que lo que había tenido por un tiempo se lo había dado el diablo y ahora lo perdía? No. El sabía que todo se lo dio Dios, por el tiempo que quiso, pero que era suyo y podía quitarlo por alguna sabia y desconocida razón.

La historia de este hombre tuvo un fin feliz (Sgo.5:11) para que sepamos que las bendiciones van y vienen, son migratorias, todo lo que poseemos, incluyéndonos a nosotros, salud, juventud, riquezas, amigos, es por un tiempo, los días vendrán en que poco a poco por ley divina Jehová irá quitándonos, súbita o lentamente lo que estábamos acostumbrados tener. Dios conserva el título de propiedad de nuestras pertenencias.

¿Seríamos capaces de sólo aceptar conformes la pérdida de un empleo, de una casa y decir “sea el nombre de Jehová bendito”? ¿Dar gracias en todo después de un accidente junto a un cadáver querido, un órgano extirpado, un hijo abortado o una amistad perdida? Un Dios que siempre da y nunca quita no se llama Jehová, no es el Padre del Señor Jesucristo y no lo predicaron los apóstoles; a ese otro lo he visto forrado en billetes en los sermones de engañabobos que a cierto público les gusta oír, y le pagan un platal al predicador que mientras los esquilma les va contando el cuento del rey Midas que todo lo que en adelante toquen se volverá oro.

domingo, 18 de enero de 2009

Si no Sabe Chino ni Alemán no diga Amén

“Si yo oro en lengua desconocida mi espíritu ora pero mi entendimiento queda sin fruto” (1Cor.14:14).

Hay que orar con los labios y con el cerebro. Si el entendimiento no se ejercita la edificación es nula. Póngalo a prueba con las oraciones silentes. Ore mentalmente sin mover los labios y a los pocos minutos ya sus pensamientos andan por lugares secos. Se puede orar hasta en voz queda pero ligeramente perceptible, que uno se pueda oír un poco como oraba Ana (1Sa.1:12-14). Esta mujer no hubiera podido orar largamente si no abre un poco la boca; y aún de rodillas hubiera estado pensando en otras cosas. Dependemos del idioma para darle fruto al entendimiento. Las oraciones silentes están condenadas a la brevedad y muchas de ellas no llegan al amén. Una oración audible vale para edificación más que mil oraciones mudas.

Cuando el Señor enseñó a sus discípulos la práctica de la oración no fue la oración mental sino la audible, que ellos mismos pronunciaran sus palabras, que se oyesen a sí mismos al orar. Si lo que digo no es completamente cierto ¿por qué nos envió a los aposentos y que cerráramos la puerta? No sólo para que no nos vieran postrados y pensaran que queríamos ser vistos sino para que no nos oyeran hablar con Dios. Y ¿por qué Jesús se distanció como un tiro de piedra de sus discípulos más íntimos para suplicar en el huerto? Claro está, para que no le oyeran gemir con temor reverente ni le vieran llorar.

Sin despreciar la oración silente como algo inservible debemos preferir aquella en que podemos ser oídos nosotros mismos. Todo este argumento a favor de usar el propio idioma es para afirmar que si oye orar alguno en una lengua extraña, en idioma desconocido, en cuanto a bendición, se queda con menos provecho que si orara sin abrir su boca.

Si usted no entiende chino no ore en chino ni diga amén a quien ora en chino, y si no hay ningún chino en la iglesia no permita que oren en chino; si no sabe alemán y no conoce en la iglesia a nadie que lo sepa, no deje que oren en alemán; y si alguien dice que habla algún idioma angélico y no vinieron al culto Miguel ni Gabriel que son los únicos nombres de ángeles que conozco, pídale al susodicho que sabe el idioma de ellos, si es que tienen otro que no sea español, que por favor no se luzca delante de los otros pobres terrícolas que no lo entienden porque si el entendimiento no es edificado, olvídelo, el espíritu tampoco.


sábado, 17 de enero de 2009

Remolones

Todo lo que te viniere a la mano para hacer hazlo según tus fuerzas (Ecl.9:10).

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Nuestra vida es breve y podemos hallarnos predestinados a pasar solamente un corto tiempo en este mundo. Ese día mortal llegará y ya no se oirá más nuestra palabra amable, ni el discurso santo, ni la exhortación fraternal. Los hermosos pies de los que anuncian las buenas nuevas de salvación estarán fríos, rígidos. Se secó la hierba, se marchitó la flor, se deshojaron los pétalos. Estamos inertes.


No podremos alargar ni un solo día al de nuestra muerte, aquel día que él ha fijado en su voluntad no podrá ser dilatado, entonces hay que moverse rápido antes que lleguemos y lo que podamos ahora hacer por el Señor hacerlo con fuerza, del mejor modo, con todo vigor, empleando la máxima energía.

Si nuestro trabajo consiste en planear y organizar, planear y organizar con fuerza, si es pensar, pensar alto, si es sentir, sentir hondo, si exhortar, con muchas exhortaciones, si es dar un discurso, alargarlo como Pablo hasta el amanecer, si es alzar los brazos en santa intercesión mientras otros pelean contra Amalec, con todas las fuerrzas, hasta que se nos caigan.

Si cantamos salmos, por favor sin discursos introductorios, y estemos bien afinados y con buen tono porque sonidos disparejos no gustan a Dios ni a los hombres, si tañemos el arpa o la guitarra, ampliemos el repertorio porque David y Jedutún quieren para Jehová cántico nuevo, o no lo meten en sus colecciones, si somos porteros como Mardoqueo tengamos los oídos abiertos, porque un par de sediciosos pueden estar conspirando para apuñalar por la espalda al pastor Asuero, si segamos en la vid de Booz, fijémonos como lo hace Rut la moabita que no se toma ningún refrigerio, si Jesús nos ha hecho pescadores de hombres, boguemos mar adentro de la barriada y echemos una y otra vez las redes en las profundidades de los barrios bajos, si nos pidieron que encendiéramos las lámparas del santuario lleguemos a tiempo antes que los primeros adoradores, que se pueden molestar y protestar con razón si la puerta del tabernáculo está cerrada y el santuario oscuro, coloquemos los panes de la proposición en perfecto orden, cada cosa en su lugar. El Señor no mira complacido un trabajador remolón ni un instrumento oxidado por el desuso.

viernes, 16 de enero de 2009

El Exito de un Joven

¿Cómo pues haría yo este grande mal y pecaría contra Dios? (Gen.39:9).

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La mujer de Potifar no contestó esa pregunta. Por su insistencia cada día sobre el joven José, aquella razón no la convenció. No le importaba que hicieran mal y que fuese “grande”. Le importaba poco traicionar a su marido, romper su voto de fidelidad, cubrir de vergüenza el nombre de sus hijos y desacreditarse ella misma delante de las sirvientas y empleados de la casa. Y aún menos de peso era que José hablara de que “pecaría contra Dios”. Para ella pecar no tenía importancia con tal de satisfacer su codicia, esa razón espiritual para ella no tenía ningún valor, no conocía lo que era pecado, no tendría ningún cargo de conciencia al respecto y viviría feliz después de haber consumado el hecho.

Pero para el joven hebreo era distinto. Si uno lee lo que hay escrito delante de esta pregunta verá que la confianza que Potifar había depositado en él, pesaba mucho. El no podía traicionar aquella confianza, tenía que ser leal a su jefe y quizás ya amigo. No, no podía aceptar dormir al lado de aquella dama que lo provocaba, ni siquiera una noche, ni un solo minuto, ni aunque ella se le ofreciera, ni regalada. ¿Cómo respondería luego a su conciencia habiendo engañado a un amigo? ¿Cómo le miraría más tarde el rostro sin avergonzarse y despreciarse a sí mismo?

Y por encima de todo eso, ¿cómo pecar contra el Dios de sus sueños, contra aquel Dios que lo había acompañado en sus momentos de tristeza, traición y abandono? ¿Qué pasaría desde ese momento en adelante con el propósito que sabía que el Señor tenía para él? ¿Se inclinarían los manojos delante de él? (Gen.37:7). ¿Se inclinarían el sol, la luna y las once estrellas en su presencia saludándolo y reverenciándolo? (37:9). No, él sabía que no. No podía cambiar su futuro brillante ya profetizado por una noche carnal. Tiene que ser fiel, dejar que el Señor continúe con el gran plan de su vida. En no pecar y ser leal estaba su éxito.

jueves, 15 de enero de 2009

Una Nueva Patria

“Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria” (Heb.11:14).

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Hoy escuchaba a un doctor hablar de cierto cáncer muy propicio a aparecer en los hombres sobre los 50 años y pensé, ¡quién sabe lo que me pudiera acontecer, lo que la providencia me tuviera reservado para sacarme de este tabernáculo! Pensé entonces en aquellas personas a las cuales se les ha notificado que tienen un mal incurable y cuyos días están médicamente contados. ¿Cómo habrán tomado la noticia? ¿Les temblarán las carnes, el insomnio los arrollará, el terror oscurecerá sus mentes? Entonces me acordé de Moisés, siervo de Jehová, de quien la muerte se dice que fue un beso de Dios y pensé que una enfermedad mortal es como la visa de un pasaporte para el cielo. ¿No nos alegramos mucho cuando vamos a viajar a un país lejano y la embajada nos visa el pasaporte para permitirnos la entrada legal?

Pues si aquí donde vivimos no es nuestra patria fija, sino que vamos a otra, ¿qué es una noticia de enfermedad incurable sino la visa de que se nos ha permitido ya la entrada al Soberano de los reyes de la tierra, a Jesús el Príncipe de paz? Somos cristianos, hemos sido peregrinos por años, hemos estado buscando esa patria a la cual se nos avisa que se nos ha dado pronta entrada, ¿por qué lamentarlo? ¿No sería mejor dar gracias porque pronto veremos cara a cara el rostro de nuestra Esperanza? ¿No anhelábamos una patria mejor? (11:16); pues si ya nos llega que iremos no para visitarla sino para radicarnos eternamente dentro de sus muros, ¿qué miedos son esos? ¿O es que estamos pensando demasiado en esta? (11:15). ¿Tendremos tan poca fe como para que si se nos da la oportunidad de volver lo haríamos? Si hoy se nos permitiera como a Ezequías vivir por muchos años más, ¿escogeríamos no ir junto al Señor? Venga entonces la muerte no como una enemiga sino como una mensajera suya que bondadosamente libertará nuestra alma de su cárcel para que viaje a la patria definitiva.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...