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miércoles, 14 de enero de 2009

El Temor de Dios


“Y pondré mi temor en el corazón de ellos para que no se aparten de mi.” (Jer.32:40)

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Si el Señor no pusiera su temor en nuestros corazones nos acercaríamos al pecado y lo tomaríamos. Hay cosas que un santo teme más que a la muerte, la pérdida de su comunión con Dios, el ser desechado por él, el tener que mirar su faz sin estar listo para ello, amancillarse en la carne, deshonrar su precioso Nombre, sucumbir a alguna tentación y acabar su carrera con lágrimas y suspiros en vez de con gozo.

Cuando un santo ve acercarse el peligro a esas cosas instintivamente huye, pero suele acontecer que una vez que la posibilidad de la humillación, el desamparo y la vergüenza pasen, su espanto también disminuya y con ello la prudencia de preservarse totalmente puro.

Necesitamos que el Señor ponga siempre su temor en nosotros, para que sea que el peligro espiritual se nos acerque o se halle distante siempre optemos por alejarnos de él y mantenernos a una prudente distancia que haga difícil que nos alcance. El jugueteo de algunos cristianos con el mal no es otra cosa que una alucinación satánica que puede tener para él consecuencias graves. El temor del Señor es necesario para no apartarnos de él y para mantener intactos nuestros vestidos blancos por lo cual dice: “Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2Cor.7:1). Hoy debemos rogar al Señor por eso y que nos ponga su temor en nosotros para huir del pecado apresuradamente. Si conociéramos más el temor del Señor persuadiríamos mejor a los hombres (2Cor.5:11).

Cuidemos nuestra salvación con temor y temblor. Leamos con frecuencia aquellas sentencias donde él manifiestamente nos enseña lo horrible que es el castigo suyo y meditemos en algunos santos que han perdido el temor hacia El por algún tiempo y han pecado sufriendo consecuencias muy lamentables. La expulsión de Adán del paraíso es un ejemplo vivo, los dolores del parto en nuestra madre Eva otro, el desechamiento de Saúl, las lágrimas de David en su redoma, los alaridos de Esaú pidiendo bendición y el sollozar del apóstol Pedro.

martes, 13 de enero de 2009

Dios es incambiable...yo no...


“Grande es tu fidelidad” (Lam. 3:23).

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Hoy he estado meditando en la fidelidad de mi Dios. Para mi alma eso tiene un gran valor, conocer que él no cambia, no se muda, ni tiene “sombra de variación”. Mi mente y corazón cambian mucho, ninguno de mis días son iguales, una mañana amanezco con mi ánimo alto, otra estoy desconsolado, una tarde me hallo ufano y robusto, otra la tengo cansado agobiado, unas veces tengo fe, otras vacilo, se lo que es estar caliente y frío, celoso e indiferente, sensible y endurecido. He sido fiel por algún tiempo y desleal por otro, amoroso a veces e indiferente otras. He sentido la gloria de Dios en mi alma y también su ausencia y mi confusión. Conozco lo que es apetecer de Dios y estar muerto para lo espiritual, ansioso por su comunión y vivir en letargo, he estado arriba y abajo, he subido y he bajado, en el cielo y en el infierno, en la carne y en el Espíritu, en el valle y en la montaña, en la piedra segura y en la arena movediza.


Pero en todo tiempo Dios no ha cambiado, siempre ha sido el mismo. Cuando yo no he sido fiel hacia él, él ha sido fiel conmigo, por eso comprendo lo que quiso decir el apóstol con estas palabras: “Si fuéremos infieles, él permanece fiel, El no puede negarse a sí mismo” (2Tim. 2:13). Dios no es fiel por mi fidelidad sino porque quiere hallarse de acuerdo consigo mismo, por su propio carácter, porque es consecuente con su propio ser. Si ha prometido oír mi oración, lo hace, si ha dicho que me socorrerá en mi tentación, lo hará, si ha declarado que si confío en él me libertará y me llevará a puerto seguro, comprometida su palabra, ninguna faltará.

Su fidelidad, visto en contexto de la escritura profética, yace reposando no sobre la lealtad mía sino sobre su misericordia, y gracias a ella no he sido consumido con todo lo que él me ha dado. “Nunca decayeron sus misericordias, nuevas son cada mañana, grande es su fidelidad”. Una y otra vez podré ir a él porque siempre será mi amante y fiel Señor.

lunes, 12 de enero de 2009

La Voz de la Conciencia


12 ENERO

“Tendrán nuevas fuerzas, levantarán alas como las águilas” (Isa.40:3)


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Todos los días no son iguales, ayer pudiste hallarte lleno de gracia y de verdad, con tu copa rebosando hasta el borde, sintiendo la comunión divina sobre tu alma y gozándote enormemente en sus atributos; pero hoy puedes sentirte apesadumbrado, cansado, sin fuerzas ni alas para remontarte en éxtasis de inspiración.

Si ese ha sido tu caso lee de nuevo las palabras de promesa de estos versículos y busca aquella que dice “los que esperan en Jehová”. La espera es la fe puesta en acción pero en combinación con la gracia de la paciencia. El Señor es el que dispone tus días y si hoy te sientes abatido y casi arrastrándote, quizás mañana él te permita experimentar un cambio favorable por su gracia y de nuevo halles las alas que se te han perdido. Con alas o sin ellas tú eres de Dios, fuerte o débil le perteneces.


Si hoy no tienes alas es porque él no quiere que vueles, si estás fatigado lo que desea no es que corras sino que reposes en él, no es que te muevas, no es que pelees sino que confíes. El gusano que vive en su cueva dentro de la tierra es Suyo tanto como el halcón y el águila que se remontan hasta el cielo. Cierra ahora tus ojos y encomiéndate al Señor, reposa tu sien cansada en su brazo; no quieras repetir emociones que sentiste, crearte la felicidad que ayer te dio, ni aún te afanes por la comunión que aparentemente has perdido, lo importantes es que esperes en Dios, ora, pero sin agitación, alábale pero sin desesperación.


Ese acto de aceptación en fe de tu condición te estimulará y puede que quizás antes de concluir el día El te permita volver a entrar en su lugar secreto y cuando anochezca encuentres las plumas que se te habían caído y el corazón de nuevo despida al sol desde su misma altura. Mañana será otro día, pero éste, estés como estés también es suyo y vívelo regocijándote en esa promesa en que ahora fijas tus ojos.

domingo, 11 de enero de 2009

Viejas Divagaciones



"El diablo tiraba por un extremo de mi paz y yo por el otro, él se llevó un pedazo y yo me quedé con el resto".


"Dios y yo desde que nos conocimos nos amamos, él me amó primero y yo después".


"El Señor me salva de muchas preocupaciones y dolores de cabeza. Me dijo: yo sé cómo dirigirte".


"Voy caminando derecho para participar de la naturaleza divina. Si el Señor me dijera "hoy estarás conmigo en el paraíso", apuraría los últimos tragos de mi muerte".


"Viví ese acontecimiento mil veces antes que ocurriera; y repetidamente me desgastaba".


"No es aconsejar, amigo, es oír y comprender. Lo único que das gratis son consejos que me aburren y no necesito. Si no supiera para donde escoger no te lo diría a ti, oraría al Señor porque tú no puedes entender mis pensamientos".


"Ganaste Dios, ya puedes quitarte los guantes. Demoré en reconocer tu victoria el tiempo que tardé en entenderla. Me sentía que yo había perdido, pero me alegré cuando me di cuenta que tú eras el ganador y que ganaba yo más cuando ganabas tú que cuando ganaba yo. Al verme cambiado entonces te fuiste riendo. Hoy estoy realmente alegre porque Dios peleó por mí, conmigo, y ganó".


"Se creen que cantando, aplaudiendo y sonriendo van a transformar el mundo; lo hacen para hacer prosélitos con la vida alegre y una sonrisa ancha, de los que ellos llaman "vida de victoria". El predicador se esfuerza en llenar las necesidades de los oyentes y que encuentren significado en sus vidas. La sustancia de lo que dice no es más que una filosofía religiosa proselitista, pragmática y seca, sin futuro ni trascendencia. No es con sonrisas tontas y aplausos bobos, damas y caballeros, no es con azúcar sino con sal, hay que mojar la esponja en vinagre y no en miel, es con espada de dos filos, hasta que brote del lado izquierdo del pecador, agua y sangre. Están locos si creen que pueden transformar a Miami con chistes, música, aplausos y carcajadas".


"Generalmente el pragmatismo se reconoce por el buen ambiente, lo agradable de la estancia y la falta de espiritualidad. El éxtasis nunca llega al tercer cielo, se queda en el primer piso ".


"Si la exégesis es débil las grandes verdades de la Palabra de Dios escasean y el sermón sólo alcanza el borde de sus vestiduras".


"Los vi y eché una lágrima. Uno a uno han ido aceptando por conveniencia hacerse cristiano".


"Mi corazón está cerrado, no entra ni sale nada. Sólo tú puedes entrar, Señor, ábrelo por dentro. Amén".


"Sé que llegó Jesús, no me lo discutan, lo sentí entrar".


"A veces me hablan mis pensamientos más alto que la voz humana; y me hablan otros y no escucho, es que es más importante lo que pienso que lo que oigo".


"Señor, aprópiate de mi miedo. Se lo dejo a los diablos y tiranos".


"No he sufrido más calamidades espirituales porque le he pedido al Señor que las prevenga".


"Pueblo mío, doblad vuestras oraciones a Dios por mí".


"Entró y me ericé. No salió cuando quiso sino cuando empecé a orar. Se asustó cuando vio entrar la gracia de Dios. Salió huyendo como un cobarde pero me dejó exhausto y a la vez contento a de no sentir su satánica opresión. Ni siquiera se volvió para mirarme cuando me escuchó, porque todavía estaba cerca, disparar oraciones festejando su huida; y sentí por dentro que mi alma danzaba y bailaba por su liberación, y me acosté balbuceando gratitud a mi Señor".


"Estoy escondido con Cristo en Dios, todo lo bueno que apetezco, paz, seguridad, protección, está conmigo aquí dentro; a veces siento miedo que el Tentador abra la puerta y me saque, pero mientras yo siga orando ella permanece perfectamente cerrada".


"Parece que Dios le tiró algo de cielo y le pegó porque salió aullando; yo no sentí el golpe pero él me soltó".


"La gracia de Dios es inesperada pero segura".

martes, 6 de enero de 2009

Qué Desalienta a los Pastores


13:16-17(LBLA)

Y no os olvidéis de hacer el bien y de la ayuda mutua, porque de tales sacrificios se agrada Dios. [17] Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta. Permitidles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no sería provechoso para vosotros.

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El tema general tiene que ver con el trabajo pastoral pero veremos un par de cosas antes para introducir el asunto. Cuando los pastores son llevados a iglesias que los hermanos se ayudan los unos a los otros, ellos permanecen allí mucho tiempo y crían sus hijos dentro de tal congregación. Es una hermosura de iglesia la que practica la ayuda mutua (v.16), que ya la expliqué en parte en la exposición anterior cuando se les pide que sean hospitalarios. Aunque esta última expresión añade algo más a lo anterior porque tiene dos significados, que son compañerismo y comunión, o como se ha traducido, ayuda (Ga 6:6); con todo, el significado de ayuda mutua combina bien con hacer el bien y participar del compañerismo cristiano (10:25).

Y para enlazarlo con lo que sigue yo diría que el Señor les pide que se ayuden como familia y que cada uno tome responsabilidad de las cargas de los otros cuando ellos no puedan sobrellevarlas porque eso es lo que se hace en una verdadera familia si los padres los han enseñado a comportarse como hermanos hasta que se mueran, estén cerca o alejados por el destino.

Y para lograr eso es necesario que los pastores desarrollen sentimientos familiares en sus iglesias, cuidándolas ellos como a sus propios hijos, hermanos, padres o madres. Sin mucho trabajo se ve que la intención del autor es que exista y madure la iglesia en torno a los pastores porque la iglesia es una familia, no sólo para recibir beneficios de ella sino para respetar al que la dirige, la representa, y es el cabeza de ella, el padre y pastor.

La función pastoral es una función paternal o maternal, y para ilustrarlo con el ejemplo de aquel buen pastor que fue Moisés cito lo que Jehová le pidió cuando cuidaba a Israel, una iglesia de 3 millones de miembros, tan grande como ningún otro pastor la haya tenido. Su país era su iglesia. El Señor le pidió que con sentimientos maternales cargara a su iglesia sobre su pecho, peso que el buen líder consideró que era demasiado grande para su pequeño corazón, “y dijo Moisés a Jehová: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿Y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? ¿Concebí yo a todo este pueblo? ¿Lo engendré yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, a la tierra de la cual juraste a sus padres?” (Num 11:11,12).

Nota que por naturaleza y aun por llamamiento Moisés estaba de acuerdo con Dios en ser líder y guía de su iglesia pero no que la tratara como si todos ellos fueran sus hijos, y pequeños. Le respondió a Dios que no, que él no los había parido ni engendrado, que no sentía por ellos el cariño de un padre o de una madre, que sus afectos estaban un poco más distantes que eso. Pero Dios le dijo que lo sabía pero que no debía ser, que debía cuidarlos con afectos más profundos, que su posición no era la de un cargo secular sino un lugar divino y que necesitaba esos sentimientos divinos para ejercer bien su misión.

Así más o menos quiso decirle a Dios, “me has dicho cuídalos con mucho cariño, no los trates por obligación, son difíciles de amar pero son los que te he dado para que los ames. Sopórtalos, instrúyelos, son mis ovejas Moisés, y así es como quiero que las cuides, con todo el corazón” (Juan 21. 16). Una carga muy pesada para Séfora, Gersón, Merari, pero no para el siervo de Dios. Moisés dijo "yo no soy el padre de ellos, soy su líder, su pastor, pero ellos no son mis hijos". Dios le dijo "trátalos como hijos porque son mis hijos". Los miembros de la iglesia no son gente ajena para sus pastores sino la carne y sangre de ellos.

Por otra parte la amplitud del cuidado pastoral identifica a los pastores genuinos. Esa es la clase amorosa y respetuosa de obediencia que debe tener la iglesia hacia sus pastores, cuando ellos se portan como una madre y velan por sus almas (v.17); lo que quiere decir que están atentos al estado y progreso de sus almas, que en griego la palabra es psuche incluye el significado de alma, psiquis, aliento y vida.

Esa pequeña palabra encierra todo el hemisferio del cuidado pastoral, la vida espiritual por supuesto, y junto a ella la vida síquica o el progreso mental y de conocimientos, y además el aliento de vida de sus hermanos y hermanas que incluye nutrición y curación si la necesitan. Toda la vida de sus hermanos es importante para los pastores y no solamente el espíritu sino su salud mental y física, si come o no, si tiene frío o no, si halla empleo o no, si se casa o se quiere descasar. La vida no es solo la asistencia a la iglesia.

No pastoreamos almas descarnadas porque esas en el cielo están, sino almas aquí sobre la tierra que tienen necesidad del mantenimiento de cada día, almas que tienen estómago, piel y ojos, que sienten hambre y sed, frío, y almas que a veces lloran. Esta es la clase de pastores que da Dios a la iglesia, y sólo a esa clase ella debe estar sujeta no a los que no les importan las ovejas y las trasquilan en beneficio propio, donde ellas viven para él y no él para ellas, ellas los sirven a ellos y ellos las engañan. La iglesia puede saber si sus pastores son realmente escogidos y graduados por Dios no por los diplomas que les hayan certificado los hombres ni por la imposición de otros colaboradores sino por su corazón pastoral y por el énfasis de su escatología pastoral, concretamente el juicio de Dios, porque con temor persuade a los hombres, pero a Dios le es manifiesto lo que son (2Co 5:11), ya que ante él han de dar cuenta (v.17).

Sin embargo no pocas veces se nota desaliento en los pastores, si bien porque la palabra no crece y es glorificada o porque influyen muy poco las enseñanzas que se toman el trabajo de impartir a la iglesia. No todos los hermanos y hermanas son obedientes a los cuidados y consejos de sus pastores que sienten en su corazones el dolor de la indisciplina, falta de respeto y desobediencia de algunos, que echan en saco roto sus sermones y se olvidan de lo que les dicen, haciéndoles sentir que preparan sus estudios y predican sus sermones por gusto porque de todas maneras después de haberles entregado el alma en el púlpito ellos seguirán igual, a veces, habiéndoles estrechado la mano en la puerta y felicitado por sus mensajes.

Y la única forma que tienen esos hermosos siervos de Dios es andar quejándose en sus sermones que se tornan amargos y regañones, cargados más de reproches que de gracia y más de frustración que de gozo cristiano, y eso no es provechoso para la congregación que acude el domingo a oír palabra de Dios y recibe peleas. El ideal de todos los auténticos ministros del evangelio no es tener el templo lleno de feligreses sino la obediencia de ellos al evangelio. Si ellos son felices solamente con verles las caras el domingo, disfrutar sus sonrisas de aprobación y recibir sus dineros, son infieles, porque la meta real de todo sermón es modificar con gracia y Espíritu Santo la conducta de sus queridos oyentes y presentar su amada congregación como una virgen pura a Cristo (2Co 11:2).

Bien claro que el autor lo dijo, obedeced a vuestros pastores que es lo mismo que obedecer el evangelio que predican, queriéndoles decir que cuando se sienten a oírlos háganse el propósito cuando salgan de allí hacerles caso, porque ustedes asisten al culto cada domingo con intención de mejorar un poco. De lo contrario desalientan a los pastores y es mejor que a ambos, a ellos y a vosotros se les note que están recíprocamente contentos.

lunes, 5 de enero de 2009

Viejas Divagaciones


“Mis planes fracasaron pero no el propósito de Dios con mi vida”

“Una cosa es conocer la fe y otra usarla”

“Dicen que hay que estar loco para creer en Jesucristo. Pienso lo contrario. Yo sólo soy incrédulo, rebelde y profano en mis demencias”

“Amo a Dios tanto como mi incredulidad me lo permita”

“El culto a Dios no debe ser jamás entretenido sino interesante y solemne. Si lo que se quiere es el entretenimiento ya no es culto a Dios sino satisfacción propia”

“Ser asaltado por un pecado es lo mismo que por el diablo”

“A veces me he vuelto loco de envidia por la fidelidad de otros a Dios. Se las compraría en un millón si quisieran vendérmela; pero cuando pienso en el perdón de Dios conmigo tengo más motivo para ser envidiado que para envidiar. Prefiero (no sé si de corazón) ser el Hijo Pródigo que su hermano Mayor, el Publicano que oraba en el templo que el fariseo que lo oía, la mujer adúltera que besaba los pies de Jesús que Simón el dueño de la casa, David que Joab. Un hombre puede ser fiel a Dios por serlo a sí mismo, a su religión, a su honor pero sin gracia alguna; pero un pecador no puede orar como aquel publicano ni besar al Señor con los besos de la infiel si no ha recibido la tonelada de misericordias que ellos recibieron. Es mayor la gracia en un pecador restaurado que en uno preservado, en un hombre que en un ángel.

“¿Estamos preparados para lo peor? No se puede adivinar lo peor que nos pasará; y lo peor pudiera ser más “peor” que lo que ya nos pasó. Yo nunca estaré totalmente preparado para lo peor, pero Dios sí siempre está preparado para las peores cosas que me pasen”

“Perdóname Señor porque estoy muerto. No sé cuando me morí. Me siento muerto. No recuerdo lo que me mató. Creo que perdimos el contacto y ese fue mi deceso. Me morí de ti acompañado de mucha gente. Cuando se fueron y cesó el bullicio, el vaivén y la alegría, me di cuenta que me había quedado solo con un muerto, conmigo mismo. Quise gritar y no pude. Te llamé a gritos pero no me oíste porque estaba muerto. ¿O el muerto eras Tú, Inmortal? No, el muerto era yo. Tú me parecías estar sordo como un muerto, mudo como un muerto, inmóvil como un muerto, desinteresado y frío como un muerto. Me di cuenta que lo que veía en ti era mi propia imagen. Yo estaba muerto. Entonces no supe otra cosa que hacer que declararme muerto, y fue todo lo que hice, impotente, después de llorar, decirte que estaba muerto. Y en ese momento sentí que al fin me habías oído, que estabas vivo y mi confesión te despertó hacia mí. Así se inició el proceso de mi regreso a la vida. Estabas allí, sin mal humor, con los ojos clavados en mí, listo para resucitarme. He tenido muchas resurrecciones y en todas experimento gratitud y felicidad”

“Un triste daño que me hace una preocupación es que no puedo disfrutar a Dios”

“Mayor que mis oraciones es el propósito de Dios”

“Dios hará más con un pueblo que sea completamente santo que con los mejores medios que tenga a su alcance. Ninguna cosa bendice tanto Dios como nuestra santidad”

“Estrictamente no es la oración lo que Dios responde sino la vida de donde sale. Para ser verdaderamente escuchados tenemos que ser verdaderamente transformados. Algunos se glorían en las bendiciones de Dios y el único cambio que se nota en ellos es la gratitud”

“Fundamentalmente dejar las cosas en las manos de Dios es dejar de pensar en ellas”

“Algunas veces vivo momentos desagradables que imagino y otras momentos tristes que recuerdo”

“No quieras ir más rápido que la providencia”

“¡Dios mío, los pasos de Dios son tan lentos que hay que esperar por él!”

“No aspiro, Señor, a ser menos limpio que la nieve”

“El diablo venía detrás de mí y corrí”

“Me tomó desprevenido el Tentador y me ensució; y esperó tranquilamente que yo me tratara de limpiar, y mientras lo hacía con mis uñas me desgarraba. Mis dos manos no bastaban para contener la sangre; y en eso llegó Jesús”

“Señor lléname con tanto poder como sea posible contener”

“Hacía oraciones para que llegaran al cielo”

“El Espíritu Santo y yo fuimos por diferentes caminos al templo…y nos encontramos allí”

“Se pasó toda la noche hirviendo su sermón en oración”

“La mejor forma de predicar es dejar que Jesús lo haga en nuestro lugar”

“El resultado de un sermón es un misterio”

“El diablo oía mi predicación con desprecio y lo que más le disgustaba era que yo hubiera untado todas mis palabras con lo divino”

“Satanás conoce que el corazón de Dios late por mí”

“Creo por experiencia en la resurrección de los pecados, y me horrorizo cuando veo frente a mí el fantasma de algunos de los que he matado…y huyo”

“Dios no encuentra forma de alegrarte, ni con bendiciones”

“Estaba tan contento que me desperté con los brazos en alto dándole gracias a Dios”

“Señor, que de la gracia que me has dado no pierda una gota”

“El diablo hace mucho ruido al andar”

“Desde que conocí lo que era estar en el Espíritu supe lo que era hallarme en el cielo”

“Sin la presencia de la Santa Trinidad en el mundo habría tres veces más caos”

“A pesar que Jesús iba a mi lado yo caminaba inquieto”

“Todos los misterios de Dios son secretos de amor”


sábado, 3 de enero de 2009

Pastores Fieles que Edifican la Iglesia


Hebreos 13:7-9 (LBLA)

Acordaos de vuestros guías que os hablaron la palabra de Dios, y considerando el resultado de su conducta, imitad su fe. [8] Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos. [9] No os dejéis llevar por doctrinas diversas y extrañas, porque buena cosa es para el corazón el ser fortalecido con la gracia, no con alimentos, de los que no recibieron beneficio los que de ellos se ocupaban.

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Mira la principal dedicación de los pastores bíblicos y el éxito que tuvieron con sus vidas (conducta) y ministerio. Por bíblicos quiero decir los que forman la historia profética y la apostólica que fueron sus guías, líderes o pastores a los cuales la iglesia debe imitar y obedecer (v.17). Pueden estar seguros que los profetas y apóstoles mostraban una total adhesión a la palabra de Dios eran preparados y oficiaban sólo con ella. El profeta Samuel tenía una escuela teológica donde ella lo permeaba todo, específicamente la alabanza (1Sa 19:20).

Cantaban himnos con inspirada letra profética, o se colocaban los dichos de Jehová en versos que servían para la edificación de ellos mismos y para transmitir mensajes al pueblo. En notas musicales, por medio de la consejería divina, por conversaciones santas y predicaciones vigorosas, el mensaje de Dios llegaba a la nación. Siempre era la palabra de Dios. Precisamente la himnografía era una súbdita fiel de ella, nunca un complemento y menos una sustituta. La letra de aquellas alabanzas provenía del Espíritu, fuera por medio de la interpretación o exégesis de la ley judicial, moral o ceremonial y su pertinente aplicación a las circunstancias del pueblo. Esencialmente la adoración era bibliocéntrica.

La consejería como la practicaron Moisés y sus jueces o Débora, consistía en relacionar toda la vida del pueblo con algún texto de la Escritura y en nombre de Dios alumbrarles sus necesidades con la meridiana luz de la revelación. De ese modo ayudaban y formaban a la gente de su nación. El oficio de aquellos líderes de Israel y los líderes designados por el Señor para guiar y pastorear su iglesia cristiana giraba en torno a la palabra de Dios (v.7) principalmente eso, mayormente eso, casi nada más que eso. El oficio de ellos era predicar, predicar y predicar. Enseñar bien y continuamente la palabra de Dios, hacer que el pueblo oyera lo que Dios decía, transmitirles a ellos el mensaje de él.

La razón principal de la adhesión de ellos a la palabra de Dios es que la tenían como inspirada por Dios y ninguna cosa mejor para desarrollar sus ministerios que ella, por cuanto afirman que toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra (2Ti 3:15-17). ¿Hay otra razón mejor para rutilar alrededor de ella y otro medio mejor para hacer efectivo el trabajo de aquellos pastores? No. Por eso el autor les recuerda a sus lectores que no olviden el ministerio de aquellos hombres, que consideren el resultado de su conducta, y como terminaron, mártires o no, y que imiten su fe; que copien el ejemplo de sus vidas y la fe que tuvieron.

Es responsabilidad de los obispos o pastores; son los que tienen bajo su supervisión la integridad doctrinal y el testimonio de la iglesia. Los cristianos hacen bien en recordar y leer las biografías de esas vidas ejemplares para imitarlas y resistir la invasión de las herejías, viejas y modernizadas, muertas y resucitadas o modernas; y no permitir que la iglesia haga alianza herético-cultural y se deje llevar por doctrinas diversas y extrañas (v.9). Herejía significa desviación y las formas del judaísmo dentro del cristianismo es un retroceso, tanto una herejía como una apostasía. Y de igual manera ahora la invasión de doctrinas postmodernistas y emergentes y no descontando la preponderancia y el engrandecimiento del yo sicológico y central en la deformación hedonista de la personalidad cristiana.

Y lo mismo se puede decir de las desviaciones gnósticas, como aquellas antiguas que mezclaban el judaísmo con la filosofía griega y el cristianismo, especialmente en lo tocante a viandas o carnes y otros alimentos, y hacer de esas dietas religiosas normas de conducta y servicio a Dios, sabiendo como dice este autor que no fortalecen la vida cristiana y no aprovechan espiritualmente porque no han servido de mucho a los que anteriormente han practicado esa religión mixta, o dicho con sus palabras, porque buena cosa es para el corazón el ser fortalecido con la gracia, no con alimentos, de los que no recibieron beneficio los que de ellos se ocupaban (v.9).

Indefectiblemente los cristianos que hacen esa mixtura decrecen espiritualmente y se exponen a muchos peligros de la carne porque el único medio que es efectivo contra los apetitos de ella es la gracia de Dios, como dice en Col 2:23 “tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne” puesto que “la circuncisión nada vale ni la incircuncisión sino una nueva creación”. Aún las dietas levíticas establecidas por Dios, eran sombra de lo que ha de venir (Col 2:17); y la sombra pertenece a la ley dada por Moisés y no a la gracia que trajo Cristo. Con las ceremonias de la ley mosaica no está el Espíritu Santo y las caídas del practicante de ellas son inevitables. Y no es una exageración, esas sombras dentro del cuerpo de doctrinas cristianas son calificadas como sombras extrañas y deben ser extraídas rápidamente. La única sombra natural que tiene el cuerpo de Cristo es la sombra de la cruz.

Y para todas esas cosas “¿quién es suficiente?”, es suficiente con el ejemplo y colaboración de Jesucristo el cual es el mismo ayer y hoy y por los siglos (v.8), como dice Calvino no habla de la esencia eterna de su divinidad sino de su inmovible carácter, inmovible compañía y fidelidad para acompañar aquellos pastores e iglesias hasta el fin de sus vidas. Como estuvo con los de ayer está con los de hoy que hacen guardia contra el ataque de la invasión gnóstica y del superhombre de Friedrich Wilhelm Nietzsche que ha moldeado la cultura occidental; y estará con los de mañana y es tan fiel hoy como lo fue entonces y lo será en el porvenir.

Las culturas no lo toman desprevenido y como que no sabe qué hacer con sus discípulos dentro de ellas; las culturas no lo vencerán, ni aquellas de otrora, ni el postmodernismo, secularización y hedonismo de hoy, ni cualquiera otra cultura que se imponga en la sociedad; y la conducta de Jesucristo será la conducta de sus discípulos y ellos serán tan inmovibles como él si siguen el ejemplo de su conducta e imitan su fe. Entonces las puertas del hades no prevalecerán contra ella.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...