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viernes, 16 de marzo de 2018

EXITO, AMOR, FELICIDAD (PRIMERA PARTE)



RUTH 2: 1-16
“Tenía Noemí un pariente de su marido, hombre rico de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz. Y Rut la moabita dijo a Noemí: Te ruego que me dejes ir al campo, y recogeré espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare gracia. Y ella le respondió: Ve, hija mía. Fue, pues, y llegando, espigó en el campo en pos de los segadores; y aconteció que aquella parte del campo era de Booz, el cual era de la familia de Elimelec. Y he aquí que Booz vino de Belén, y dijo a los segadores: Jehová sea con vosotros. Y ellos respondieron: Jehová te bendiga. Y Booz dijo a su criado el mayordomo de los segadores: ¿De quién es esta joven? Y el criado, mayordomo de los segadores, respondió y dijo: Es la joven moabita que volvió con Noemí de los campos de Moab; y ha dicho: Te ruego que me dejes recoger y juntar tras los segadores entre las gavillas. Entró, pues, y está desde por la mañana hasta ahora, sin descansar ni aun por un momento. Entonces Booz dijo a Rut: Oye, hija mía, no vayas a espigar a otro campo, ni pases de aquí; y aquí estarás junto a mis criadas. Mira bien el campo que sieguen, y síguelas; porque yo he mandado a los criados que no te molesten. Y cuando tengas sed, ve a las vasijas, y bebe del agua que sacan los criados. Ella entonces bajando su rostro se inclinó a tierra, y le dijo: ¿Por qué he hallado gracia en tus ojos para que me reconozcas, siendo yo extranjera? Y respondiendo Booz, le dijo: He sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre y la tierra donde naciste, has venido a un pueblo que no conociste antes. Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte. Y ella dijo: Señor mío, halle yo gracia delante de tus ojos; porque me has consolado, y porque has hablado al corazón de tu sierva, aunque no soy ni como una de tus criadas.
Y Booz le dijo a la hora de comer: Ven aquí, y come del pan, y moja tu bocado en el vinagre. Y ella se sentó junto a los segadores, y él le dio del potaje, y comió hasta que se sació, y le sobró. Luego se levantó para espigar. Y Booz mandó a sus criados, diciendo: Que recoja también espigas entre las gavillas, y no la avergoncéis; y dejaréis también caer para ella algo de los manojos, y lo dejaréis para que lo recoja, y no la reprendáis”. 

Fíjese que la conoció en el trabajo y le llama “hija mía” a la que será su esposa; aunque es una expresión común (3:1). La emplea con las criadas y después llegará a ser la señora del dueño del campo. ¿No ve? Amor y trabajar duro son las sendas del éxito y la felicidad. Booz hizo una investigación de ella, posiblemente con Noemí, y le contaron su buen testimonio; y cuando supo sus virtudes y las empezó a decir comenzó a enamorarse de ella. El hablar bien engendra el amor.
Fíjese Booz es un tipo de Nuestro Señor Jesucristo; el Padre, en la historia de la revelación fue revelando su carácter amable y generoso en muchos personajes del Antiguo Testamento, como adelantándonos su belleza sublime de modo que fuera “admirado en los que creyeron” (2 Te. 1: 10). 

Si presta atención al texto verá que la era de Booz parecía una iglesia y los obreros se trataban como hermanos. Cuando él llegó a ellos se saludaron así: “Jehová sea con vosotros y ellos respondieron: Jehová te bendiga” (v. 4) ¿No es eso bonito, en medio del campo, en el ardor del trabajo que llegue el dueño y los empleados alcen sus rostros, sonrían y se saluden con las mismas palabras religiosas? Sí, he dicho “religiosas”. No que detuvieran la espiga para orar o para celebrar un culto porque habían ido allí a trabajar, pero tampoco les tomaba tiempo ni había prohibición de usar un lenguaje de creyente en medio de sus labores. Se saludaron espiritualmente demostrando que existía entre ellos una estrecha relación con Dios lo cual queda demostrado porque el dueño de la era tenía un alma creyente y vivía bajo la sombra del Altísimo. Cuando se dirigió a Rut le dijo: “Jehová recompense tu obra y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte” (v. 12).

Lea la segunda exposición, oprima este enlace 


martes, 13 de marzo de 2018

Cómo la historia de una vida es arreglada por la providencia de Dios



JUECES 11:1-4
Jefté galaadita era esforzado y valeroso; era hijo de una mujer ramera, y el padre de Jefté era Galaad” (Num.26:29). 

EL TIEMPO Y DIOS LO ARREGLAN TODO
La traducción “ramera” ha sido un poco discutida. Dícese que la palabra hebrea zonah, debe traducirse “anfitriona” porque tiene la misma raíz que la traducción ramera en Josué 2:1; y que significa una mujer encargada en un “hotel” “hostal” para atender a los viajeros (Clarke). Pero esa traducción iría en contra de la mayoría.
Otros proponen que se traduzca concubina y el argumento es que los hermanos lo echaron conforme hizo Abram con Cetura y sus hijos. El Tárgu m dice que era una mujer cananea y que lo echaron por esa razón para no compartir la herencia, y por eso se fue a tierra de Tob. Quieren hacerle un favor a la madre de Jefté, pero es difícil contra la traducción histórica, que era una ramera.
Sería difícil para él no sentirse avergonzado de su madre si cuando pequeño los otros niños enojados con él se lo gritaran a la cara. Tal vez les escondía a los hijos que la abuela había sido una prostituta. No hay informe que ella haya dejado su mala vida como lo hizo Rahab la de Jericó. Por lo tanto, Jefté se crio viendo entrando y saliendo hombres en su casa hasta que ella murió o él se fue.
La “suerte” de todo el mundo no es igual.  Jefté es una obra de la gracia de Dios, del puro afecto de su voluntad que lo eligió para la fe y el liderazgo de su pueblo y lo formó como un hombre virtuoso que sobrellevaba malos recuerdos. No digo que “arrastraba” esos recuerdos porque la gracia exalta e independiza la mente del pasado. Los recuerdos son históricos y no dolores sicológicos. Jefté podría decir, “soy una nueva criatura, soy un elegido por Dios, las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas” (2Co.5:17). Ahora viviría en un nuevo plano, superior, con una perspectiva maravillosa, con recuerdos nuevos y bonitos que habrían formado su juventud y adultez y empequeñeciendo saludablemente los traumas, si los tenía, de la niñez.

Jefté podría leer su historia y sentir lástima por su madre y compasión por ella, pero no por él porque lo que es ya superaba a lo que fue, lo que tiene a lo que tuvo. La gracia de Dios y las doctrinas del cristianismo, y las bendiciones del Señor, son suficientes para tener una adultez, formar una familia y ser útil en la sociedad sin tener que pasar por la consulta de un psiquiatra. La gracia de Dios penetra la personalidad y se allega a lo más hondo de ella y corrige lo que encuentre lastimado; y esto sin la ayuda de un experto secular que haya estudiado la mente sin Cristo (1Co.2:16).
Si sigues leyendo en el texto te enteras de que andando el tiempo los hermanos le pidieron un favor y él les recordó lo que le habían hecho, pero triunfó sobre esos rencores pues aceptó ayudarlos, pero además les pidió que después del providencial triunfo lo recibieran como líder. Ellos aceptaron y ocupando Jefté esa elevada posición completó su sanación mental. No por una reflexión sobre su complejo pasado, un entendimiento de sus vivencias, un enfrentamiento de lo que huía sino por el aprovechamiento de una nueva oportunidad que lo pondría en una posición superior a la que le produjeron los daños, porque la historia de su vida, desde el hijo de una ramera hasta un hombre exitoso, fue arreglada por la providencia de Dios.

lunes, 12 de marzo de 2018

No seas un cristiano inútil



ALGO SABE HACER
JUECES 8:4-9;15-17
Y vino Gedeón al Jordán, y pasó él y los trescientos hombres que traía consigo, cansados, mas todavía persiguiendo. Y dijo a los de Sucot: Yo os ruego que deis a la gente que me sigue algunos bocados de pan; porque están cansados, y yo persigo a Zeba y Zalmuna, reyes de Madián. Y los principales de Sucot respondieron: ¿Están ya Zeba y Zalmuna en tu mano, para que demos pan a tu ejército? Y Gedeón dijo: Cuando Jehová haya entregado en mi mano a Zeba y a Zalmuna, yo trillaré vuestra carne con espinos y abrojos del desierto. De allí subió a Peniel, y les dijo las mismas palabras. Y los de Peniel le respondieron como habían respondido los de Sucot. Y él habló también a los de Peniel, diciendo: Cuando yo vuelva en paz, derribaré esta torre. Y entrando a los hombres de Sucot, dijo: He aquí a Zeba y a Zalmuna, acerca de los cuales me zaheristeis, diciendo: ¿Están ya en tu mano Zeba y Zalmuna, para que demos nosotros pan a tus hombres cansados? Y tomó a los ancianos de la ciudad, y espinos y abrojos del desierto, y castigó con ellos a los de Sucot. Asimismo, derribó la torre de Peniel, y mató a los de la ciudad”.

Aquí encontramos un buen texto para reflexionar en la indiferencia y su castigo, para que queden aleccionados aquellos que ven la obra de Dios padecer necesidades y no cooperan, se les puede solicitar auxilio una y otra vez para sus hermanos cansados y persiguiendo que ellos no se mueven a compasión. Tienen dones del Espíritu, pero no hacen nada con ellos, los envuelven en un pañuelo o los sepultan en la tierra (Luc.19:20-26); y si “poseen bienes de este mundo” encierran en un puño sus piedades y no se duelen de los que padecen necesidades (Sgo.2:14-16). Simplemente se desentienden de lo que piensan que no les convienen y dicen: “Idos”. ¿Cómo podrán decir que mora el amor de Dios en sus corazones, que aman a quien no han visto si no aman a los que ven? (1Jn.3:17).

Bien dice Mathew Henry que Gedeón no les pidió honores, sus hijos para la guerra, ni las llaves de la ciudad sino simplemente pan y agua para los cansados soldados que libraban las batallas de Jehová; pero ellos, viendo que eran pocos los menospreciaron y no los ayudaron. Se merecían el castigo que él les impuso. ¿Piensas que si eres indiferente a las necesidades del pueblo santo quedarás sin castigo? ¿Piensas que, si ves a Cristo desnudo, hambriento, enfermo o en la cárcel y no lo cubres, no le das de comer o no lo visitas, pasarás sin castigo?  ¿O que los ministerios antiguamente financiados cuando la obra era próspera y que ya no pueden continuar activos y hay que cerrarlos por falta de subsidios, tú que pudieras ayudar a salvarlos no se te considerará esa indiferencia como un pecado? ¿No piensas que lo que has conseguido trabajando con tus propias manos es también para que ayudes a los necesitados? Al siervo que es indiferente hacia la obra se le llama inútil y lo esperan “las tinieblas de afuera” donde hallará “el lloro y el crujir de dientes” (Mt.25:30).

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...