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jueves, 7 de enero de 2010

El fin de la gloria de Dios es ella misma

“El cristianismo no es acerca de la salvación individual sino acerca de la gloria de Dios” (Juan Calvino).

Dios no necesita de nuestro arrepentimiento o conversión para ser glorificado y no necesita la gloria del hombre para ser glorificado porque su Hijo el Salvador del mundo dijo: “Gloria de los hombres no recibo”. Pero puedo comentar un poco las palabras de Calvino en relación con la creación. El hombre fue creado a la imagen y semejanza de Dios, o sea, “bueno en gran manera”.

Dios no creó el mundo para verse reflejado en él como en un espejo y quisiera mirarse a sí mismo, ni porque necesitara  poner su ser íntimo enfrente de él. La decisión del paso de la creación lo dio por su libre voluntad no por una necesidad de su perfecto ser. Pudo permanecer eternamente glorioso en la soledad. Tampoco lo hizo para glorificarse a sí mismo como si necesitara hacerlo al oír aleluyas y hosannas; fue una amabilidad suya la de hacer el mundo y su deseo de compartir con otros su sabiduría, belleza y gloria. Cuando se dice que hizo el mundo “para la alabanza de su gloria”, eso tiene que ver más con nosotros que con él. No para sentirse exaltado como si eso le hiciera falta, como si recibir honra de otros le fuera una necesidad de su carácter.

 Dios creó el mundo con su gloria, y todo lo que hace la manifiesta; la salvación del hombre consiste principalmente en un restablecimiento del orden de su gloria; el hombre es salvado porque la gloria de Dios lo exige, es una ley de ella misma reparar ese defecto que se llama pecado humano o por lo contrario exterminarlo. El pecado es ilegal porque es contrario a las leyes que constituyen el Ser Divino. Por eso Calvino tiene razón cuando afirma que el cristianismo no es acerca de la salvación individual, a pesar de todas las bellezas que la predestinación, elección, redención, justificación y glorificacion encierren, como si eso fuera lo principal y su más elevado fin, porque el fin de la salvación es su propia gloria y majestad.



martes, 5 de enero de 2010

¿Pueden los muertos en el infierno ser consolados?

Ezequiel 31:16,18
“Se consolaron en las profundidades de la tierra”.

Si yo no hubiera sido elegido para la salvación, estando ya en gracia, no pasaría un solo día que no llorara. Si no hubiera “algo” que me detiene de pecar pediría al Creador que me deshiciera. Es mejor no haber nacido que nacer y pecar contra Dios. Es preferible la muerte de un “abortivo” que ir creciendo y pecando y morir sin gracia divina.

En ese texto se quiere decir que en el Sheol donde yacen los muertos, corre la noticia de la entrada del rey de Asiria, muerto. Es algo similar a Isa.14:9-11 cuando en rey de Babilonia llega. Pudiera ser, conjeturo, que los que están “en las partes más bajas de la tierra”  están en el “pozo del abismo” (Apc.9:1,2), y esto sea una fugaz referencia del Espíritu sobre los que son llevados al infierno, y cuando ven entrar al rey de Asiria se “consuelan”, o sienten como un alivio por el sentido de justicia y venganza que preservan las almas en condenación.

En realidad el NT enseña que los muertos en el infierno no son consolados o aliviados en el sentido celestial de la palabra y no pueden ser consolados ya, porque sus conciencias no reciben consuelo porque reproducen remordimientos (Mt.8:12; Luc. 16:16:25). Y de aquí brota una sugerencia a los que predican, dirigir los sermones a la conciencia por si quieren “salvar algunos”, porque mientras la predicación no impacte la conciencia no puede haber arrepentimiento, conversión y por ende, fe. La predicación no es un juego divertido de palabras. 
Es un arte muy serio, un procedimiento de vida o muerte. La conciencia es la imagen de Dios, como el libro o registro de nuestra vida donde se escribe y graba toda (Ro.2:15; 1Ti.1:19.
El fuego que quema en el infierno, supongo, son los recuerdos que hacen arder la conciencia. Es cosa terrible en el infierno tener memoria. Los muertos sin Cristo no pueden ser consolados porque sus conciencias, como tablas de piedra del corazón, no tuvieron esa experiencia de perdón y el castigo divino es dejado enteramente al fuego de los recuerdos y acusaciones que por todos lados de la conciencia han de atormentar a cada uno. En las partículas de polvo del infierno caben todos los que no han sido elegidos para la salvación, que han desobedecido a Dios y donde son abandonados eternamente a los recuerdos de sus mentes reprobadas que recalientan las frías sienes de la inmortal memoria.

lunes, 4 de enero de 2010

Un calvinista visita a Moisés


Números 28:11-15 (LBLA) 
“También, al principio de cada mes, presentaréis un holocausto al Señor: dos novillos y un carnero, y siete corderos de un año, sin defecto…este es el holocausto de cada mes por los meses del año”.  

Empezamos el año 2010. Toma la doctrina de la elección particular y visitemos el tabernáculo de Moisés. Los creyentes bajo la ley de Moisés tenían la opción de elegir su consagración. Para ello tenían las ofrendas y sacrificios diarios (28:1), semanales para cada sábado (28:9), mensuales (28:11) como una semana especial, para los panes sin levadura (28:16), y la fiesta de las semanas (28:16), la de los primeros frutos en Pentecostés. Las ciudadanos del reino de los cielos podían escoger el tiempo de su consagración según las posibilidades de cada cual; quien pudiera diariamente apartar un tiempo para sus devociones lo hacía y tenía para eso, la mañana y la tarde, a la hora del sol naciente antes de entrar en la rutina de su faena, y del sol poniente para darle gracias a Dios por el día vivido y aprovechado. Abría y cerraba su día secular con la llave de su fe porque quien empieza el día con Dios lo termina con él. El que no tenía gracia para acercarse a la casa de Dios todos los días, o vivís lejos o no tenía dinero, o cualquiera otro estorbo, podía planearlo semanalmente, o cada mes.
Qué bueno es que al menos, además del domingo, cada principio de mes en casita nos consagremos al Señor, hagamos un esfuerzo espiritual por poner todo en orden (además del pago de deudas, porque la Biblia dice que “el impío toma prestado y no paga”), escudriñar la palabra de Dios y dejar de volar sobre ella, como dijo Spurgeon, “con las botas del Gigante Siete Leguas”; sacar el metro de “la medida del don de Cristo” y medir  la longitud del progreso o retroceso espiritual propio, de la familia o la iglesia, limpiar de cenizas mundanas nuestro altar y pedirle a los hijos que cuando entren a casa se sacudan los pies si traen el barro de carnales costumbres pegadas a ellos, atizar las brazas para que el fuego no se apague y se avive la llama mortecina, espabilar un poco el alma, quitar a un lado la fe muerta por falta de obras, quemar en los labios con fogosos carbones del altar mosaico toda palabra mentirosa y lavarse en el lavacro de la regeneración otras inmundicias de lengua sucia, como sólo puede restregarla con especial gracia un particular escogido de Dios,  y que no pueden lograrlo tan bien el jabón y la legía de mala calidad de la teología arminiana.

domingo, 3 de enero de 2010

No necesitas bastones

Ezequiel 29: 16
"Y no será más para la casa de Israel apoyo de confianza".

¿No tienes esa experiencia, que Dios te quite el apoyo carnal que te sostenía? Ahora ya no puedes porque se ha disminuido tanto que para nada te sirve. No llores cuando te priva de él, no pierdas tu esperanza y pienses que el mundo se acabará. Dices ¿ahora qué haré sin él? No podré subsistir si tal me falta, (dinero, alguna persona, un puesto de trabajo, honor, alguna habilidad física). ¿Por qué Dios me ha quitado mi apoyo? Porque era pecado, el brazo de carne sustituía al Espíritu, lo que se ve a lo que no se veía, y el hombre a Dios. Ahora podrás caminar por fe y no por vista. ¿Cuándo te ha pasado con Dios lo que con otros apoyos? El nunca se irá disminuyendo, ni se irá empequeñeciendo como le sucedió a Egipto (vv. 13-15). Tú mismo, puedes irte empequeñeciendo, y llorar como Jonás la pérdida de la sombra de una calabacera. Dios es sobremanera grande y suficiente, y con él no necesitas más; no necesitas bastones.

viernes, 1 de enero de 2010

Gloria a Dios por la familia Spurgeon


"Mi esposo había estado trabajando por largo tiempo con mucha presión y estaba necesitado de descanso. De antemano fijamos un día para tomarnos unas vacaciones y desde entonces ambos esperábamos con impaciencia que llegara ese momento. En cada comida hablábamos de esas vacaciones y un día en la mesa me dijo: "Querida, sería bueno que pusiéramos en algún lugar una tira de papel marcada con los días que nos faltan  y vamos cortándolos". Inmediatamente preparé una gran cinta con todos los días que nos faltaban para esas vacaciones y debajo de ella colgamos un calendario. Ciertamente que no era un bello adorno en el comedor pero nos daba mucho gusto cada día ir cortando uno en una tira de papel. A nadie le importaba como lucía si nos daba tanto gusto. Era una tira bien larga y la disfrutábamos como niños ir cortando los días marcados y viendo que cada vez se hacía más corta. Los amigos que nos visitaban si estaban en el momento de la ceremonia de cortar la cinta disfrutaban con gran curiosidad nuestro regocijo al quitar afuera con unas tijeras cada uno de los días de espera. Algunos se reían, otros se burlaban, y algunos criticaban; pero él permanecía firme hasta que ya casi quedaban una o dos pulgadas para recortar cuando comenzamos a hacer las preparaciones para el muy largo y deseado viaje. Pero,  ¡vaya, afuera con nuestros planes si no corren paralelos con la voluntad de Dios! Mi amado cayó seriamente enfermo cuando sólo quedaban unos pocos días para recortar en la cinta y muchas lágrimas en nuestros ojos por el desencanto decidimos quitar la cinta de la pared, y  a lo cual nos siguió un gran período de sufrimientos. Pasados unos días mi buen esposo me dijo: “Amor, no lo volveremos hacer nunca más, será mejor en el futuro que esperemos pacientemente en el desarrollo del propósito de Dios para nuestras vidas”.
(Susana Spurgeon, tomado de la Autobiografía de su esposo Spurgeon, Pag.63)

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A veces pienso que Spurgeon vivió, predicó, sufrió y escribió para mí, que Dios lo envió a este mundo para que me ayudara como cristiano y ministro. Cuando Dios pensó en Spurgeon pensó en mí y dijo para sí mismo: “Lo llenaré de gracia para ponerla al alcance de Humberto”; y cada vez que este pobre ministro se siente “roto como una vasija de barro” (palabras de Spurgeon), él se acerca a sus huesos, quiero decir a sus escritos, porque sus huesos muertos tienen más vida que los míos vivos,  mi alma muerta resucita.
Nunca he podido predicar un sermón suyo pero los he leído casi todos, y aunque son bellos y hacen arder el corazón, lo que más me gusta es su vida cristiana, la gracia que lo formó como  la viva estampa de Cristo. Nada nos da Dios para nosotros solos sino para que lo compartamos con otros.
Las palabras de algunos hombres aunque estén en el cielo siguen edificándonos porque fueron dadas por el Espíritu Santo para que nos amemos unos a los otros, para que nos debamos unos a otros y alabemos al Señor por esos hijos que él tiene. Están ya muertos y nos ayudan a vivir, todavía decimos “gracia, gracia a ella”. Este mundo sería un árido desierto si ellos no hubieran existido. ¡Qué muertos viven aquellos que no tienen a su alcance hombres y libros así! Nadie leyéndolos puede dudar de la existencia de Dios y de un mundo venidero; y mientras haya hombres y libros así, habrá Dios en la tierra.
Y a propósito sobre las frustradas vacaciones de la familia Spurgeon, también tiene razón, más grande que nuestros planes y metas es la voluntad de Dios. Para vivir mejor en 2010 sólo una cosa es necesaria: Fe.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Spurgeon Reprendido



Nunca desesperes. Nunca dudes. Nunca pierdas la esperanza cuando las cosas parezcan difíciles. Sucedió el otro día cuando yo visitaba a un hermano que se encontraba enfermo, que me reprendió fuertemente al verme desanimado. Así me dijo, "nosotros nunca debemos izar la bandera blanca pero me parece que usted lo hace algunas veces". Entonces le pregunté a que se refería, "usted algunas veces parece estar decaído y desalentado. Observe que ahora estoy al borde de la muerte y sin embargo nada me entristece ni me da miedo". Me regocijé tanto en verlo así que le respondí, "tienes razón hermano. Repréndeme tantas veces como quieras por mí incredulidad en verdad lo merezco". "¿Por qué?", me dijo, "usted es el padre espiritual de muchos de nosotros. ¿No ha sido usted quien me ha traído a mí y a mi amigo a Cristo? Si usted se siente decaído y desanimado después de haber recibido tantas bendiciones del Señor, usted debería avergonzarse de sí mismo". Mirándolo le dije, "en verdad siento vergüenza de mí mismo y desearía tener más fe en Dios en el futuro".

 Charles Spurgeon, Words of Wisdom, for Daily Life, pags. 186,187.

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"Ceñid vuestro entendimiento para la acción; sed sobrios en espíritu, poned vuestra esperanza completamente en la gracia que se os traerá en la revelación de Jesucristo" (1Pe 1: 13).


Debemos tener esperanza y nunca miedo. Sé fuerte teniendo sana confianza en la palabra de Dios, ten por seguro y espera que su causa vivirá y prosperará. "Esperad", dice el apóstol, "espera hasta el fin". Ten esperanza en todo momento. Si las cosas se ponen peores, todavía espera. Ten esperanza tanto como un hombre pueda tenerla, porque cuando tu esperanza es en Dios, tu espera y tu esperanza no pueden ser demasiadas.





miércoles, 30 de diciembre de 2009

¡Vaya parientes que algunas veces uno tiene!


Ezequiel 11: 15
"Hijo de hombre, tus hermanos, tus hermanos, los hombres de tu parentesco y toda la casa de Israel, toda ella son aquellos a quienes dijeron los moradores de Jerusalén: Alejaos de Jehová".

Posiblemente se refiere a sus parientes en el sacerdocio, los que se hallaban en Jerusalén; sus hermanos naturales, los que pertenecen al sacerdocio como él, ya no son sus verdaderos hermanos sino los exilados con los que se reúne en Babilonia junto al rio Quebar. La idea es que no les haga caso y haga a los cautivos sus verdaderos hermanos.
Mejor se quedarían callados y no oírlos hablar. ¿Por qué no se meten sólo en sus vidas y aconsejan a los otros? (v.2). Darían un dedo de la mano porque nos alejemos de Dios. Tal vez por eso la palabra parientes puede traducirse “redención”, no al pariente que “redime” sino al que des-redime, al que nos quisiera ver volviendo a nuestro vómito y a revolcarnos en el cieno, a los que “les parece cosa extraña que no corramos con ellos en el mismo  desenfreno y nos ultrajan” (1Pe.4:4); y dicen “alejaos de Jehová”.
¿No te han pedido alguna vez tus propios hermanos, los de tu parentesco o tus mejores amigos, que dejes al Señor, que te alejes  de la iglesia, que no te juntes con esa gente cristiana? ¿No te han pedido que no leas tanto la Biblia, que no vayas tanto a las reuniones, que no seas tan fanático? ¿O que no te pongas de parte de Dios, de su mensaje?
Ezequiel quisiera que no fuera así, que sus hermanos en la carne compartieran su apego a Dios y su mensaje, pero no sucedió como él quiso. Sus verdaderos hermanos eran aquellos despreciados, los que habían salido al exilio; aquellos que “oyen la palabra de Dios y la guardan”. ¡Vaya parientes que algunas veces uno tiene!, que le dicen “alejaos de Jehová”.  Mantente fiel, da respuesta a todo el que demande razón de la esperanza que hay en ti (1 Pe. 3:15), ora por ellos, y espera al Espíritu Santo porque quizás les conceda arrepentimiento; y en cuanto a tu testimonio, no retrocedas para perdición porque es importante que ellos lean en tu vida los evangelios y  la gracia de Dios en tu esperanza.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...