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miércoles, 24 de febrero de 2016

Jesús no es el señor de las moscas

Mateo 10:16-25
16 He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. 17 Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán; 18 y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles. 19 Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. 20 Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros. 21 El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir. 22 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. 23 Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre. 24 El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. 25 Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?”.

Recibidos en un mundo hostil. Veamos la orientación que les da a los predicadores. También esta porción es aplicable principalmente a ellos. No hay una sola línea donde se les augure un futuro brillante como ganadores de almas (lo serían, claro); pero no se les dibuja un cuadro del éxito futuro que obtendrían, al contrario, lo que se les pinta es tan terrible que si no hubieran tenido una vocación divina habrían deseado regresar a casa. Se sentirían como “ovejas en medio de lobos” (v.16), ¿qué pastor haría eso? Se les pronostica la probable muerte del pastor y la aniquilación del rebaño. Lo que hace un buen pastor es alejar las ovejas de los lobos y no meterse él donde se hallan ellos y viceversa. Jesús quiere enseñarles que las ovejas (los predicadores) tienen que entrar a predicar a un mundo hostil, lleno de peligros; sin embargo les recomendó:
(1) Que fueran prudentes como serpientes. Les dijo: Usen toda la astucia posible para ganar las almas, pese al odio feroz de los hombres lobos, con la mansedumbre y discreción de las palomas, para que los pecadores no fueran molestados por ellos antes de llegarles al corazón. Es mejor que las fieras no se enteren que uno de ellos se está salvando hasta que se complete la obra de regeneración. Consejo sabio para los cristianos en países bajo el islam y otras arcaicas y deshumanas filosofías.
La sencillez de las palomas, una actitud pacífica y mansa es preciosa en tiempos peligrosos. Aquí el Señor les orienta a los pastores lo mismo que predicó a todos en su sermón de la montaña. No les está recomendando que se entreguen inocente y mansamente para ser despedazados por los lobos; sus pastores jamás debían hacer eso (muchos cristianos buscaban el martirio). Lo que les enseña es que no usen violencia, para que no respondan con venganza a los que los perseguirían. Por eso les dice que se guarden de los hombres (v.17), y que se vayan al exilio de una ciudad a otra, o de un país a otro, si la prudencia así lo recomienda (v.23). No les recomendó que se entregaran voluntariamente a las torturas o al martirio sin que fuesen requeridos para ello, porque no habría honor en tal cosa. Que se escondan, que huyan, pero que prediquen, fue lo que les recomendó.
No obstante les enseña que todas aquellas “desgracias” tendrían un sentido: el de testificar a los gentiles (v.18), a los reyes y las autoridades. Para beneficio de los gobiernos ciegos y los gentiles ignorantes que comprobaran con ojos sobresaltados lo precioso que es el nombre de Jesús; dando testimonio fiel de la verdad del evangelio y sellándolo, si fuera demandado, con la sangre de sus venas.
Ese es el “testimonio” que nos pide el Señor que demos, el de nuestras vidas delante los que no lo conocen. No es el ponerse de pie y referir una experiencia espiritual entre dulces hermanos, ni referir en una congregación de cristianos las bondades del Señor en nuestras vidas, lo cual no es muy difícil, sino vivir a Jesús entre delincuentes y adversarios a la fe. Un buen testimonio es el comportamiento fiel en una situación difícil.
Testificando en un mundo con leyes anti-cristianas. Les pide que den una buena profesión en los tribunales. Así, de vida primero llevaría a un testimonio verbal en el Espíritu, “mas no os preocupéis qué o cómo hablaréis...porque no sois vosotros los que hablaréis sino el Espíritu” (vv.19, 20). La única preocupación que Jesús menciona que ellos tendrían es ésta: cómo hablarles, qué decirles para que se conviertan o al menos para que Cristo fuera glorificado. No para ser tenidos como inocentes, como no lo pretendió el mártir Esteban, ni para recibir menos azotes o menos años en la cárcel, sino para honrar al máximo al Señor Jesús. No procurarían salvar sus vidas para no perderlas. Los testimonios de Pedro, Juan, Pablo, fueron elocuentes en eso.
El testimonio verbal que ellos darían ante aquellos incrédulos reyes y gentiles sería  la predicación. Es la única ocasión en que se nos promete entregarnos el mensaje para predicar sin que tengamos que preocuparnos por ello. Los que han tomado esta promesa para no estudiar sus sermones, se equivocan porque nada ha prometido el Señor al respecto.
Los hermanos predicadores no tienen que buscarse abogados para que llevados por esta naturaleza los defiendan, porque no han quebrantado la legalidad, y si las leyes fueran injustas, tampoco había nada que hacer porque “es necesario obedecer a Dios ante que a los hombres” (Hch.4:19). Tienen que preocuparse por lo que han de hablar cuando sean arrestados por otros motivos que no tengan que ver con la predicación ni por vivir a Jesús. Hay ministros a los cuales el Señor les ha concedido hallarse junto a los reyes y gobernantes para que les testifiquen. Son ellos los que tienen la responsabilidad de vivir de modo que los conduzca al arrepentimiento y la fe en Jesús. Es la misión de ellos, vivir y hablar siendo inspirados por el Espíritu Santo, no por odios o partidismos políticos o por intereses personales; la esperanza de salvación de esos gobernadores está en sus manos.
El fanatismo intolerante de la familia. La parte más difícil en un proceso judicial de “testimonio” es ser llevado hasta allí por la propia familia y que se cumpla que “el hermano entregará a la muerte al hermano… y los hijos se levantarán contra los padres y los harán morir” (vv.21, 22). Estas palabras se ajustan como anillo al dedo dentro del antiguo fondo judío y en tiempos modernos en países que leen el Corán.  Llevado a corte por la propia familia, acusado por ellos como un irreversible cristiano. Por poco que sean los afectos entre dos hermanos, o entre padres e hijos, siempre hay suficiente como para tratar de hacerlo recapacitar. Cuando un hermano se decide a denunciar al otro y un padre a su propio hijo, es que ya han agotado todos los recursos disponibles para que renuncie a la fe que profesa, para que se retracte de la vida cristiana, para que abandone el cristianismo y se convierta en idólatra, para que jure, mienta, se embriague, que declare a César como Señor, le ofrezca sacrificios, para que no cante más su alabanzas a Jesús ni esté más de rodillas implorándole noche y día con lágrimas a Dios la salvación de su casa. ¿Es ese el testimonio que entregamos a nuestra familia? ¿Nos tienen como irreversibles cristianos? Es esto lo más difícil del testimonio cristiano, soportar resignado la ira familiar, recibir azotes y despojos por disposición de ellos, cuando son nuestros más queridos los que debieran protegernos. La pérdida de la familia es tan grande que pocos la resisten, abdican de Cristo por la opinión familiar. El que persevere hasta el final será salvo, el que no se rinda en casa ni en los tribunales. Dios nos de gracia para perseverar hasta acabar nuestra vida.
¿Cómo podrán ser salvos si claudican? ¿Cómo se bautizarán por los muertos (quizás tú) si no oyen palabras gloriosas, si no derramas tu vida en libación por el Nombre?

Cubiertos por la difamación y el desprecio. Esto es una herida profunda, más honda que la que abre la familia, “si al padre de la familia llamaron Beelzebub, ¿cuánto más a los de la casa? (v.25). Aquí predice el sufrimiento por difamación y desprecio. No mintiendo a causa de alguna supuesta inmoralidad o rapiña, sino descalificando la obra del Espíritu en sus vidas, llamándoles discípulos de Beelzebub, que entre otros significados, uno es  el señor de las moscas. Ellos eran moscas, Jesús el Señor de ellos. No deben esperar un trato más condescendiente de parte del mundo que el que a él le han dado, no suspiren por la comprensión, desafortunadamente no la tendrían, ni por la tolerancia, y mucho menos sueñen con reconocimientos y aplausos. Esas palabras (v.23), siguen vigentes, palpitantes para los tiempos del fin, cuando mejor que nunca aparezca el perfil del hombre sin ley. Mucho de eso se cumplió en la caída de Jerusalén en el año setenta. Por el momento en gran parte del mundo avanza la democracia y el enemigo filosófico del este europeo se desdibujó por completo en el horizonte mundial. Quizás ahí mismo radique el gran cambio y la apostasía se haga mayor, cuando alguien quiera cambiar los tiempos, hablando grandes cosas y proponga una substitución radical de las bases que han dado lugar a las sociedades cristianas. Y ya “está en acción el misterio de iniquidad”, ya eso está en camino. Dios mío ¿podrá ser la amenaza musulmana? ¿O esto que estamos viendo, la formación de un hombre secular, agnóstico que se cree el dueño de la tierra y se sienta en el mundo como si fuera Dios? Es interesante notar que aunque todo el texto exuda violencia contra los cristianos, el v.23 que habla sobre la segunda venida de Cristo no menciona las torturas sino la persecución. El énfasis está sobre la huida o emigración de un lugar a otro (de aquí para allá, la dispersión del pueblo santo) porque se sienten perseguidos, tanto para huir de la muerte como para adquirir libertad.

viernes, 19 de febrero de 2016

Apúrense a vivir en amor, que Jesús nos halle abrazados

1 CORINTIOS 16:19-24
"Os saludan las iglesias de Asia. Aquilas y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor.  Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con un beso santo.  La salutación de mi mano: Pablo.  Si alguno no ama al Señor, sea anatema. ¡Maranatha! La gracia del Señor Jesús sea con todos vosotros.  Mi amor sea con todos vosotros en Cristo Jesús”. Amén.


Esta es nuestra exposición final, gracias al Señor  podemos decir ebenezer porque hasta este momento el Señor nos ha ayudado. Nota que el amor fraternal entre los hermanos es mucho y especialmente que  Pablo lo promueve; él es quien recibe los saludos y no olvida pasarlos porque sabe que los destinatarios se han de poner muy contentos al recibirlos. En todas aquellas iglesias de Asia había hermanos que conocían algunos corintios o al menos habían oído a los apóstoles hablar de ellos y por referencia ya los amaban, “os saludan las iglesias de Asia”. Asia saluda a Europa.


En especial saludan los exmiembros de la iglesia, Aquilas y Priscila; aquellos dos judíos santos que hacían tiendas y eran la mano derecha del apostolado a los gentiles. ¿ Por qué será que el amor de los hermanos que se marchan se apaga con el tiempo y la distancia? Sin embargo, no se muere completamente porque cuando la providencia los une, otra vez  brota de modo muy afectuoso. Aquí tenemos un saludo entre dos continentes. Aquilas y Priscila  envían muchos saludos (v.19). Insisten en que sus saludos sean llevados. Los que vamos de una parte a otro del mundo no olvidemos a los que vamos conociendo y con quienes compartimos preciosos momentos en el Señor; con el tiempo hacemos muchos amigos que perdemos si de cuando en cuando no se establece algún contacto con ellos. Siempre el apóstol exhorta a que se saluden con ósculo santo, para expresarse más el cariño, para hacer que la hermandad espiritual se vuelva amistad y se torne familiar.
El apóstol concluye la epístola firmándola, quizás con grandes letras, para que los hermanos vean cuánto los ama y que  aunque sea su epístola  escrita por un amanuense, ha sido vertida de su mismo corazón (v.21). ¿Qué tal si hubiera contado con un ordenador o computadora y un programa Dragon  u otro para hablarle?
Sin embargo, en todas las iglesias hay quienes hacen mucho para matar el amor fraternal. El contenido del v.22 parece extraño dentro de su contexto, como si al terminar de firmar la carta, el pensamiento de alguien muy dañino hubiese llegado a su mente. Su palabra, anatema, no es un intento de evangelizar sino una maldición, que caiga sobre quien no ame la iglesia, que es el cuerpo de Cristo y contribuya a su desunión, que rompa su armonía, menosprecie a sus líderes y siembre la discordia entre los hermanos.

Desde el v.14 hasta el v.24 de un modo o de otro la palabra clave es amor y eso explica su abrupta maldición. Oh hermano, no puedes amar si no eres transformado día por día en relación con los hermanos. El amor tiene mucho de reflexión, es un esfuerzo de la mente, del corazón, del hígado, de todas las entrañas, de la voluntad, sí, uno ama cuando quiere amar; es una fuerza que sale y se nutre con la obediencia a la palabra de Dios. Maldito el que chismea, el que envenena a los demás, los que no quieren saludos de nadie ni saludan a nadie. El Señor viene, Maranatha, (en arameo) y nos recogerá como iglesia; apúrense a vivir en amor, que nos halle abrazados y unidos en cariño santo. Concluye el apóstol, mi amor sea con todos vosotros. Es una forma bonita, espiritual y apasionada de despedida; está colmado de afectos por ellos. Bendigamos a Dios si tenemos un pastor así, que nos ame tanto y nos lo haga sentir con sus escritos, palabras, abrazos, saludos y ósculos santos. Amén.

lunes, 15 de febrero de 2016

Cuándo llegaremos a practicar la predestinación y la providencia

HABACUC  2: 3
“Aunque tardare, espéralo, no tardará”.

El profeta se refiere a la retribución sobre Babilonia y contiene la misma natural impaciencia que muestran los santos en el Apocalipsis de Juan. Lo que Dios le dice que espere es su juicio y le aclara que hay un tiempo señalado para ella que sólo él conoce, y además  “el día ni la hora nadie lo sabe”. Lo que ha de ocurrir ocurrirá pero según el calendario de Dios no el de ustedes. Dios está haciendo historia y no necesariamente contestando peticiones.
El texto dice que Dios se apresura, o su cumplimiento se apresura, pero por contraste se lee que dos veces menciona la tardanza del cumplimiento de los deseos y oraciones de ellos; la primera vez, “aunque tarde” abre la posibilidad que sí se demore o que se piense que se demore, o digan que se demora; pero en la segunda parte afirma que “no tardará”. Se demora según nosotros y se apresura según Dios. Los días divinos tienen más de veinticuatro horas, son más largos.  En esos desesperantes compases de esperas hay dos doctrinas hermanas que acuden para dar paciencia y perseverancia, y son la predestinación y la providencia de Dios. A esas dos ha encomendado el Señor ir a la calle Circunstancias-difíciles y tocar a la puerta de Débil-en-la-fe, donde recientemente se han alojado las gemelas Impaciencia y Precipitación y su cuñada Desesperación. A aquellas dos santas ha encargado Dios desalojarlas y ayudar al creyente a calmar su impaciencia y fortalecerle la fe.
Si Dios se tarda su promesa, habrá más gloria en el asunto y será mejor; y eso significa que se está dando tiempo para la salvación (2 Pe. 3: 9). Cuando Dios se tarda la incredulidad comienza a decir “es mentira, es fraude” y empiezan a burlarse (2 Pe. 3: 4); pero ya Jesús lo había predicho (Mt. 24: 48-50). Dios no miente, es imposible que él mienta. ¡Cuándo acabaremos de practicar esas dos amigas del credo de nuestra profesión, Predestinación, cuyo consejo es: “tu destino está escrito y no es malo y se ha de enderezar”; y Providencia que nos dice: “en el monte de Jehová será provisto, cálmate”! 

jueves, 11 de febrero de 2016

Shibolet, Sibolet

JUEVES 12:5,6

"Y los galaaditas tomaron los vados del Jordán a los de Efraín; y aconteció que cuando decían los fugitivos de Efraín: Quiero pasar, los de Galaad les preguntaban: ¿Eres tú efrateo? Si él respondía: No, entonces le decían: Ahora, pues, di Shibolet. Y él decía Sibolet; porque no podía pronunciarlo correctamente. Entonces le echaban mano, y le degollaban junto a los vados del Jordán". 

Shibolet  significa "espiga de maíz o granos, o corriente de agua". Mira eso, una letra le costaba la vida, hablaban el mismo idioma pero por una palabra murieron. ¿Podrás pronunciar bien la palabra Jesús? ¿Decir por el Espíritu “Abba Padre”? ¿Puedes o no, hablar la lengua de Canaán? (Isa.19:18). Aunque sepas hablar el idioma de la iglesia, aleluyas, amenes, ceremonias, alabanzas, finanzas, si no invocas con fe a Jesús, de nada te sirve y es peligroso (Hch.19:13-16). Pudieras aprender a decir “Señor” y sin embargo no ser uno de sus súbditos (Mt.7:21,22).

Líderes dulces y amorosos

JUECES 9:5-15
“Y la zarza respondió a los árboles: Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo de mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano”. No reine otro sino tú, sobre mí. "Seré rey sobre vosotros si hacéis mi voluntad; someteos a mí y el que no lo haga lo devore el fuego". 

¿Qué sombra tiene una zarza? Ninguna. Eligieron al peor. No necesitaban un rey. ¿Qué necesidad tiene el olivo, la higuera y la vid de la zarza? Árboles tontos si Jehová es vuestro Señor no necesitan sino su palabra. Esta fábula compuesta por Jotam es muy provechosa para el creyente cristiano si la toma en dos sentidos. Primero en relación a la elección de sus líderes; cuando el pueblo sufre violencia de un grupo faccioso que se las arregla para colocar al frente de la congregación de Dios a personas que espiritualmente son las peores que se pudieran encontrar, carnales y no espirituales, ambiciosas, que no descartan ningún medio de las tinieblas para erigirse en caudillos de quienes no debieran. Abimelec engañó a Siquem y los convenció para que le dieran muerte a setenta medios hermanos suyos con el fin de quedarse él como dueño de la prestigiosa historia de Gedeón; no era el mejor líder, ni el más dotado a no ser con aquella virtud que tienen las serpientes, la astucia. Sin sombra como una zarza, para cobijar debajo de sí a mucha gente necesitada, sin belleza, lleno de espinas desgarradoras y sin frutos. En fin, inferior en todo. Este hombre ambicioso logró por unos tres años apoderarse de la dirección de Israel. Así hay hombres que logran ocupar, como Diótrefes, el primer lugar dentro de la iglesia para mal de ella, o de su nación; los que nada tienen que ofrecer a Dios o a los hombres, sino escasez, mentiras y esclavitud.

En segundo lugar, oh mis hermanos, que sean los que nos presiden, los que están en eminencia en la casa de Dios, aquellos que como el olivo honran a Dios y a los hombres, que glorifican al Señor con sus vidas, con sus trabajos y la iglesia es también colocada en un lugar muy alto. Que Dios no permita que vengan a enseñorearse de su pueblo los que son espiritualmente bajos, que no tienen ojos, ni lengua, ni mano para adorar al Señor, los que espiritualmente son incapaces. O aquellos que como la higuera ponen a disposición del pueblo santo su dulzura y buen fruto. Oh sí, danos Señor, hombres que sean dulces en su cantar como David, dulces en su palabra como Jesús. Dulces en su predicación, en sus maneras; que sintamos tu amor por las manos, los labios y la mirada de esos siervos tuyos. Llenos sí, de frutos del Espíritu Santo, amor, gozo, paz, bondad, mansedumbre, templanza; que no haya ninguna ley en contra suya. Grandes cristianos queremos que sean los que conduzcan tu pueblo, que los pastoreen en este mundo. Oh Señor, danos líderes que atraigan hacia sí a los niños, a los ancianos, a los adultos todos; que uno sienta que tú nos los has mandado porque son buenos, inteligentes, espirituales dulces y amorosos.

martes, 9 de febrero de 2016

Vive de modo que muevas a otros hacia el perdón

MATEO 5:13-16
Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.
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Mateo pudo escribir un evangelio con estas cosas memorizadas por él, por una práctica que tenía de su oficio de recaudador de deudas, y las direcciones y nombres de los clientes, y además porque aquellos sermones le gustaron y lo impactaron profundamente. Fue un discípulo con mucha intimidad con Jesús, sin embargo eso no se menciona, a diferencia de Juan que sí lo hace, y que corre el riesgo que se le tenga como falta de humildad.
Mateo recuerda que Jesús habló de la sal como el gusto de la vida. Ella solía hallarse en minas, empotrada en las rocas. Se extraía la sal y se echaban las piedras para arreglar sendas y caminos. Y así era “hollada por los hombres”. Aunque muchos insisten en la virtud de anticorrupción que tiene la sal sobre los alimentos, preservándolos de la putrefacción y hediondez, sin descartar eso porque la actitud cristiana de principios es un freno a la corrupción de la sociedad, y sin ese obstáculo no hay freno para toda clase de inmoralidad, pienso que el símil es  más hermoso que la influencia moral que el cristianismo pueda tener dentro del mundo. Jesús hablaba de la sal como sazonadora de alimentos, para darle gusto a ellos, para hacerlos agradables al paladar y que supieran deliciosos, y esa es la razón por la cual arranca la aprobación de los hombres. La sal sobre las comidas convierte la necesidad de ingerir alimentos en algo placentero (sin tener en cuenta los efectos dañinos que la medicina moderna sugiere (v.13; Col.4:6); y es precioso lo que dijo nuestro Señor, “tened sal en vosotros mismos” (Mr.9:50). La gracia es el condimento de la vida, como la sal. Los cristianos son el buen gusto del mundo. Vivir es un deber por haber nacido, pero aun la vida, sin los sermones de gracia de Jesús, quiero decir sin su sal, sin su mensaje de esperanza y sin la fe en Jesucristo es un deber existencial aburrido y monótono. La vida genética, creada por Dios y penetrada por el pecado, sin la influencia de su Espíritu es algo insípido y soso.
Van los hombres de un lado para otro haciendo ensayos de cómo darles gusto  a sus vidas, las civilizan, las llenan de comodidades, se casan y descasan buscando felicidad, las sanan, las alargan, les proveen planes para la vejez, hablan de realizaciones y logros, se coronan de bienes y se embriagan con la fama, se hacen sepultar en lujosos panteones con muchas honras y pompas fúnebres, pero todo resulta al final ridículo, vacío y tonto, una mera caricatura de lo que en realidad debiera ser. Falta Cristo. La sazón de su gracia bendita.
Nota que Jesús propone la posibilidad que un cristiano pierda su sabor. Y eso ocurre de una manera: si un pecado le desvirtúa su profesión. Ya no puede hacer nada por el bien espiritual de quienes lo sepan. La gracia como la sal, no desaparece, pero si el cristiano se mezcla con el mundo, como la sal con el yeso o la tierra, pierde su gusto. La caída moral de un cristiano, la pérdida de su testimonio, en lo que concierne a su influencia bienhechora, la pierde completamente, y ya para otros es inútil o inocuo, y en ese aspecto ante los hombres, su propiedad benefactora es irrecuperable, o sea, no puede convertirse en sal quien una vez perdió su salinidad.
El peligro más grande que tienen los cristianos es mezclar sus doctrinas y prácticas con substancias terrenales, de modo que lo que es puro de Dios se desvirtúe y se vuelva una cosa con la sociedad, y no sirva para nada, sino para ser hollado por los pies de los mismos hombres que debieron haber sometido a Cristo y salvado. Jesús fue radical, el cristiano que se mezcla pierde su sabor; podrá ser llamado talco, polvo, yeso, pero no sal y quizás ni siquiera tendrá el honor de decir que es discípulo suyo. Y si desaparece su influencia doctrinal será inútil pretender influir en el mundo, y cambiarlo sin una “clase de doctrina que eche fuera demonios”  (Mr.1:27).
Ahora el Señor cambia el símil y presenta la misma idea de otra manera. Si la idea de las acciones justas estuvo en la mente del Señor cuando habló de la sal de la tierra, al llamarlos  “la luz del mundo” lo enfatiza claramente (vv.14-16). Le llama “luz” a los gloriosos hechos del Espíritu Santo en nosotros. Eso es importante. La luz son las acciones (Apc.19:8), no las palabras justas, los discursos finos, son las buenas obras, las preparadas por Dios para que anduviésemos en ellas. Son las obras de fe las que él llama “luz del mundo” las que le sirve de resplandor y faro en esta larga noche obscura.
Estamos engañados si pensamos que vamos a conmover al mundo sólo con nuestro lenguaje sin poner sobre el mástil de nuestro vivir diario los hechos gloriosos de Dios, hacia los cuales el mundo pueda volverse y mirar, ya con admiración como si buscara modelos y diseños. El mundo está lleno de platicadores y charlatanes pero no de grandes vidas. Este es un siglo muy nublado.
Los cristianos son lámparas de la gloria de Dios. Cuando el Señor nos ordena ser soles, lámparas por así decirlo, no fue sólo para que los enemigos bajasen sus frentes avergonzados considerándonos, sino para que nuestro testimonio produjera algo dentro de ellos y resaltara la gloria de Dios (v.16). Ese es el fin de la vida cristiana y antes de hacer cualquier pecado debemos pensarlo dos veces porque haremos blasfemar a los enemigos del evangelio y comprometeremos la reputación de Dios. Pero no sólo glorificarlo nosotros sino conducir de algún modo a que otros también lo hagan.
¿Estarán ahora los hombres recordando nuestras obras como buenas o como malas? Hay veces que el mundo mira y calla pero luego comenta a nuestras espaldas, o piensa y recuerda y por el recuerdo de nuestros actos y camina hacia la salvación o se aleja de ella. En el v.15 Jesús enseña que nuestras obras deben tener tanto brillo que alumbren los pasos de los que desean tomar el sendero del cielo. Sin esos grandes testimonios muchos pecadores nunca tendrán aunque fuere un atisbo de lo glorioso que es Cristo y de la salvación.
Vive como si fueras un sermón; la obra de glorificar a Dios en las vidas de otros es la misión del Espíritu Santo, y si usa nuestro pobre testimonio para lograrlo, los conducirá al arrepentimiento y la fe; como si fuésemos un sermón viviente, un milagro que alguien viéndonos vivir sienta en su conciencia su mala vida y perdición. Hay que suponer con acierto que cuando el Señor nos manda a vivir el evangelio, piensa aprovechar nuestro estilo de vida espiritual y evangélica como mensajes de evangelismo para el mundo en nuestro contorno.
El Espíritu planea hacer algo con nuestro comportamiento. Jesús dijo que el evangelismo comienza por la casa, y la luz debe ser ante todo doméstica, esto es, dentro de la familia y su localidad. En la expresión del Señor “y alumbra a todos los que están en casa”, sería precioso meditar como la luz de un cristiano debe desparramarse primero en su propio hogar y con su familia. Intentar como Noé, como Josué, que su casa sea salva. ¿Cómo ser una lámpara de la calle y oscuridad del hogar? ¿No tiene eso que ver con lo que dice Pablo que “es peor que un incrédulo”? (1Ti.5:8)
La idea es que el cristiano prepare con su vida santa, la mala conciencia del mundo impío, y que  al contemplarnos se sienta compungido de corazón y avergonzado, o furioso, de comportarse distinto. Es inevitable, y no debemos intentar suprimir el contraste que hacemos, porque la meta del Espíritu Santo es hacer nacer en ellos el principio de la salvación, la convicción de pecados con un, no popular hoy (porque se nos exige aceptación, no juicio, 1Co.14:24); y sentimiento de culpabilidad por comparación que los ponga de rodillas y pidan perdón al Altísimo por todas sus faltas y le den ganas de creer y alabar a Dios. Considerando todo eso, por nuestras acciones saladas y luminosas u obscuras e insípidas, los pecadores se mueven hacia el perdón o se confirman en sus pecados.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Bendito el que está contento con su trabajo, donde vive y la iglesia que tiene.

SALMO 16:5,6
“Es hermosa la heredad que me ha tocado” 

Literalmente dice “en verdad es hermosa mi herencia”.  Y en otras palabras, “no me puedo quejar, las cosas que tengo me las ha dado Dios y me gustan; mis propiedades son bendecidas por él y me las cuida y bendice, soy muy afortunado por lo que la providencia ha hecho conmigo; estoy a gusto con lo que tengo y lo hallo hermoso, no tengo que envidiar a otros ni desear tener lo suyo, estoy más que conforme y considero que Dios ha tenido un trato especial conmigo. Estar dentro de lo mío es mi delicia y no deseo irme de allí porque cada día llega con Dios su bendición”. Dios no nos da nada que no nos guste y no tenga la más alta calidad, si se lo pedimos y si sustenta  nuestras bendiciones (Mal 2:2). La mayor parte de las propiedades de

David fueron heredadas de sus antecesores; lo mismo podemos decir de las doctrinas cristianas llamadas agustinianismo, calvinismo o paulinismo. No porque ellos las hayan inventado sino que han sido sus transmisores. En otras palabras, nuestra herencia incontaminada, reservada en los cielos. Bendito el hombre que está contento con el trabajo que tiene, el lugar donde vive y la iglesia que tiene.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...