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martes, 15 de diciembre de 2015

Sean cuales sean los obstáculos, se pueden vencer

Romanos 4:13-19
“Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa. Pues la ley produce ira pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión. Por tanto, es por fe para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley sino  también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros, (como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida  los muertos, y llama las cosas que son, como si fuesen. El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara”.  

SALTANDO OBSTACULOS
¿Has leído eso que la ley produce ira? (v.15). Este punto es importante para la argumentación del apóstol oponiéndose a la justificación por la ley. Si ella produce la ira divina, ¿cómo podrá alguien justificarse con algo que le enoja? Vea como se explica eso. Si alguien oye la ley y la escucha atentamente abriéndole sus oídos y corazón, suponiendo que vaya a darle obediencia a esos mandamientos y ordenanzas, al poco tiempo transcurrido se dará cuenta que no puede cumplirlos, por una razón, es muy débil y las demandas son muy fuertes; aunque sienta deseos de hacer lo que se le pide la voluntad no acompaña y acaba por no hacerlo más. Pero no queda eso ahí sino que como en sí misma es represiva, prohibitiva, aflige la carne, lo encierra todo bajo pecado y como si le pusiera un freno o un cabestro para acercarse a Dios. Lo que hace es revivir el pecado, despertarlo y lo que se hallaba escondido saca su cabeza y lo subyugado se enfurece y domina. Naturalmente, la persona se pone peor tratando de cumplir la ley más que mejorarse, aunque sus actos no lleguen a ejecutarse, para sí misma se percata que ahora es peor y no mejor. O sea, se ve como ella misma es y se muestra a sí misma como en un espejo. La represión por la ley hace crecer el pecado y trae como consecuencia que la ira de Dios aumenta. Más pecado más ira que se acumula. Los que quieren justificarse por la ley lo que hacen es enojar más a Dios, es imposible por medio de ella agradarle. Cualquier pretensión es hipocresía. Entonces dirás: ¿Para qué la dio pues?” Eso lo responderemos al llegar al séptimo capítulo.
¿Qué quiere decir que, donde no hay ley tampoco hay transgresión”? (v.15). ¿Que si alguien no oye la ley no peca? No. Aunque una persona no oiga en toda su vida ni un solo mandamiento, aunque no se le juzgue por ellos, perecerá de todos modos, siempre la violará. Pero Pablo habla como hombre y acomoda su lenguaje a las leyes civiles. Si no hay una ley que condene el robo, si alguien roba no será sancionado, pero robó. El hecho de haber delinquido permanece, violó la ley divina aunque no la conozca. Su pensamiento es éste: Si una persona está tratando de justificarse por las obras, se halla bajo su ira no bajo su amor, sus esfuerzos más bien lo condenan y lo convierten en un transgresor. Mejor fuera que no tratara de justificarse por las obras, que desconociera la ley divina que conociéndola buscar la salvación de su alma fuera de la fe.
Con estas palabras: “como está escrito: te he puesto por padre de muchas gentes, delante de Dios a quien creyó, el cual da vida a los muertos y llama las cosas que son como si fuesen” (v.17). Cuando Abraham creyó tenía casi cien años (v.19), lo cual representaba una gran dificultad biológica para el cumplimiento de la promesa, un obstáculo natural. Si hubiera mirado su cuerpo, “considerarlo” atentamente, sus arrugas, su desgaste, su andar lento, más próximo a la muerte que a la vida, hubiera exclamado que era imposible que de sus lomos saliesen pueblos y reyes. ¿Cómo puede un árbol seco reverdecer y echar frutos en tanta abundancia? Pero el patriarca no consideró los obstáculos, ¡Ay como debilitan nuestra fe los cálculos, y los obstáculos que vemos en el camino! Dios le había dicho: “te he puesto por padre de naciones”, como si ya lo fuera, pero aún no tenía ni un hijo. Y lo fue. Pablo lo que hace es explicar el uso del verbo en pasado. No hay futuro para el Dios eterno. Basta que quiera algo y ya existe, lo que no existe aún lo nombra como si ya existiera, lo que no está en el tiempo como si hubiera entrado en él. Eso es indudable que lo dice para exaltarlo a él y animar la fe nuestra.


Y ¿cuándo uno puede saber que actúa por fe y no por imprudencia o fanatismo? Pienso que cuando lo que vamos es a creer alguna promesa divina, algo que se nos ha prometido. Si uno cree algo que él no ha prometido, no tiene por qué cumplirlo. La fe tiene que fundamentarse en la Palabra de Dios no en un capricho. Ese es el primer paso. Una vez comprobado eso los obstáculos ni siquiera se consideran, sean cuales sean se pueden vencer, no existen. La fe llama lo que es como si no fuera. Lo natural, lo lógico, no tiene validez alguna si contradice la palabra de Dios. Lo que dice el apóstol enseña que los obstáculos debilitan la fe, “no se debilitó en la fe” (v.19). Siempre ese ha sido el error nuestro, considerar los obstáculos y hasta al visualizarlos agrandarlos. Uno no tiene realmente fe hasta que no tiene nada en qué apoyarse que no sea la misericordia y la Palabra de Dios. Dios abate todo otro punto de apoyo. Y esos son momentos desagradables y mucho miedo. Si se ponen los ojos en los obstáculos, se pasa por ser natural, sensato, sabio, pero incrédulo.  

sábado, 12 de diciembre de 2015

No leeré libros, ni visitaré blogs cómplices con esta época

Romanos 3:5-8
“Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre.) En ninguna manera; de otro modo,  ¿cómo juzgaría Dios al mundo? Pero si por mi mentira la verdad de Dios abundó para su gloria,  ¿por qué aún soy juzgado como pecador?  ¿Y por qué no decir (como se nos calumnia, y como algunos, cuya condenación es justa, afirman que nosotros decimos): hagamos males para vengan bienes?”.

LO QUE SE VE ES OPUESTO, ES INVOLUCION 
Pablo predicaba un evangelio en términos muy elevados y lo exponía a sabios y no sabios para que le dieran consideración; y estaba estructurado para resistir el análisis de ellos, y aceptaba el desafío intelectual. Por supuesto que para cambiar el mundo hay que desafiarlo, sintiendo hondo y pensando alto. Comenzó afirmando que la infidelidad de ellos no anuló la fidelidad de él, ni las mentiras de ellos opacaron su veracidad. Pablo ve en el contraste algo más, que el pecado humano forma como un fondo oscuro que hace resaltar el relieve de quién es Dios, como si la noche humana ayudara al resplandor de su luz.
Dios siempre es glorificado, tanto cuando decimos la verdad como cuando mentimos. No porque ser infiel o mentiroso sea bueno. Cuando somos atrapados en los pasos de la infidelidad, cuando rompemos su pacto y quebramos su ley, cuando somos hallados fraudulentos y engañadores, pecamos y deshonramos su nombre y hacemos que los que no le conocen se confirmen en sus pecados y lo blasfemen. Sin embargo, Dios es glorificado. Esa es la sustancia del v.5,  “y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios. ¿Será injusto Dios que da el castigo?”. Es una calumnia a nuestra teología decir que “hagamos mal para que vengan bienes”. Tienen una teología muy somera los que piensan que Dios solamente es glorificado por su gracia, dando perdones, conmutando penas; también es glorificado cuando castiga con merecido juicio.
El razonamiento de sus contemporáneos  era de este modo: “¿será injusto Dios que da castigo, cómo juzgará Dios al mundo? Si mi pecado glorifica a Dios, como tú nos has dicho, que el fin de cada hombre es glorificar su Nombre, creemos que ya lo estamos haciendo aunque vivamos en impiedad, y no debiera castigarnos por lo que ha traído su gloria”. Pablo (Hch.26:28), instruía la iglesia  en eso de glorificar el nombre de Dios en todo, y les enseñaba que todo en este mundo le glorifica incluyendo el mal. Aun los sinceros erraban porque miraban solamente la gloria de Dios en el perdón por la gracia y la fe, no por obras buenas o malas. Alguien pudiera hacer derivaciones equivocadas, como hacen con su doctrina de la elección eterna y la predestinación, para detener el interés  misionero y que se estime que es mejor dejar al hombre en impiedad y no ir a rescatarlo de la condenación porque de todos modos en el infierno le glorificará; y peor todavía por añadidura, que la doctrina centrada en la gloria de Dios, provee una excusa para endurecerse porque hace que se piense que si los pecados glorifican a Dios entonces aunque se viva dominado por ellos, pueden contar con la bendición de Dios a sus vidas.
La voluntad compasiva de Dios es ser glorificado en su gracia y no en su justicia y la prueba es lo mucho que siempre ha dilatado el castigo de sus enemigos. Si un pecador cualquiera escoge glorificar a Dios a costa de enfrentar su justicia ¿no es una prueba que ya está condenado? ¿Quién se tomará el trabajo de defenderlo? Los irónicos con sátira decían que “hagamos males para que vengan bienes” (v.8). Como a ellos nunca les importaba la gloria de Dios no podían entender lo que aquel hombre enseñaba y lo que oían lo retorcían completamente cambiándole desde el fondo su significado. La doctrina de la gloria de Dios no puede conducir a semejante retorcimiento y esperar que Dios bendiga a los que tiene que castigar por el hecho que al aplicarle el castigo su justicia sea ensalzada.

Si alguien hace resaltar el evangelio por su incredulidad, la santidad divina por sus impurezas, la fidelidad divina por su infidelidad será castigado, y no podrá ser  injusto Dios que da el castigo porque nada tiene que agradecer a los que resalten su justicia con injusticia. El juicio del mundo viene (v.6) y no hay ningún perdón ni salvación para los que exaltan la justicia de Dios recibiendo sus castigos (v.7),  ni  modo de esperar la bendición o la indulgencia si se vive en pecados, porque la ley dice que los que hacen males no recibirán bienes. El púlpito y la literatura de Pablo desafiaban las corrientes más fuertes de  la época. Yo no leeré  los libros ni oiré sermones, ni visitaré los blogs que les hagan guiños de cobarde complicidad a los enemigos de Pablo, y no dicen “gloria a Dios en las alturas” sino con otro evangelio antropocéntrico, gloria al yo en las alturas.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

La envidia como parte del plan de Dios

HECHOS 7:8-19  
8 Y le dio el pacto de la circuncisión; y así Abraham engendró a Isaac, y le circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.  9 Los patriarcas, movidos por envidia, vendieron a José para Egipto; pero Dios estaba con él, 10 y le libró de todas sus tribulaciones, y le dio gracia y sabiduría delante de Faraón rey de Egipto, el cual lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa. 11 Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y grande tribulación; y nuestros padres no hallaban alimentos. 12 Cuando oyó Jacob que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres la primera vez.13 Y en la segunda, José se dio a conocer a sus hermanos, y fue manifestado a Faraón el linaje de José.14 Y enviando José, hizo venir a su padre Jacob, y a toda su parentela, en número de setenta y cinco personas.15 Así descendió Jacob a Egipto, donde murió él, y también nuestros padres; 16 los cuales fueron trasladados a Siquem, y puestos en el sepulcro que a precio de dinero compró Abraham de los hijos de Hamor en Siquem.17 Pero cuando se acercaba el tiempo de la promesa, que Dios había jurado a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto, 18 hasta que se levantó en Egipto otro rey que no conocía a José.19 Este rey, usando de astucia con nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres, a fin de que expusiesen a la muerte a sus niños, para que no se propagasen”.

Decidí que era mejor para esta exposición que fuera práctica; las intenciones de Esteban lo permiten. Sirven para estar alerta contra la envidia fraternal que por obra de Satanás trata de oponerse a los propósitos de Dios y los sueños espirituales de sus hijos. Cuando uno no halla una explicación razonable de porqué una persona inocente es atacada y dañada, la única posible es el celo y la envidia. Así sucedió con los hermanos de José. No es raro que a un creyente que Dios distinga le pase lo mismo, que aquellos que debieron haberlo apoyado sienten envidia por las bendiciones que va recibiendo y se confabulan para atacarlo. Como ocurrió con Jesús. Un salvador que es entregado por la envidia de sus hermanos.  Observa que la mentira, la intriga, el homicidio y la envidia no detienen la historia que va en línea recta con Jesús (vv.9, 10). Y no logran con sus iniquidades sino que se constituya el Salvador de ellos y sea elevado al trono. Los patriarcas “movidos por envidia” como los que entregaron a Jesús a la muerte, tratan de hacer lo mismo con José (Mt.27:18), si no matarlo, deshacerse de él enviándolo como esclavo al extranjero. José es levantado y preservado maravillosamente por la gracia para mostrarnos que a Dios aun el pecado le sirve y las tormentas de Satanás soplan para bien sobre la embarcación de nuestra fe; ese período de la vida es significativo para ponernos realmente donde quiere que verdaderamente estemos.
El ejemplo sirve para aprender cómo aceptar el presente y no dejar de soñar con el futuro. No es el momento para comprender qué relación tiene el mal presente con un brillante futuro soñado porque no es posible entenderlo, sino que es tiempo para ocuparnos de nuestra vida espiritual y no de la carrera que teníamos proyectada; hay que dejarse llevar por Dios, sin amarguras y resentimientos, acatar su voluntad y dejar que el tiempo pase y la providencia divina, siempre sabia, nos coloque donde lo había pensado de antemano.
Lo que José no supo ni pudo porque era muy joven, fue dejarse llevar por Dios porque sólo miraba la obra del diablo y las manos de iniquidad puestas sobre su vida que lo empujaban por donde no quería. Cuando José vivió como víctima del mal sufrió mucho, y no sin renuencia accedió a dejarse  llevar por Dios, porque lo había dejado como atado y sin otra opción que seguir aquel rumbo que no se había propuesto ni lo consideraba conveniente para sí. Luchó, lloró, suplicó que no le hicieran daño porque no aceptaba su presente y le horrorizaba su futuro como esclavo, recibiendo el mayor daño de su vida por medio de aquellos que debían haberlo querido más; pero Dios estaba con él, y según la propia interpretación de su vida, llegó a ser tan clara la guía de Dios en aquellos tiempos oscuros, que afirmó que fue Dios quien lo vendió a Egipto, en su bondad, y no la envidia de sus fraternos (Ge.45:5-7); del bien sacaba el mal y la dura injusticia y la envidia eran sólo la negra corteza que envolvía el bien de su amor. Si hubiera podido conocer su futuro con la certeza que estaba seguro en las manos del Señor, se hubiera ahorrado lágrimas, lamentos y súplicas a los hermanos, sino que jubiloso les hubiera dado las gracias por la envidia que sentían hacia él, porque lo estaban poniendo en el camino por donde Dios lo quería llevar para cumplir su propósito.

Y hay una verdad terminal en todo esto, que satanás trata inútilmente de hacer nula la promesa de Dios  (vv.17-19). José cumplió el plan de Dios en la historia de su pueblo, y desapareció, porque éste por causa de la muerte no pudo continuar. Nos hacía falta un Salvador que viniera con “una vida indestructible”.  No se sabe nada sobre bendiciones sobre su pueblo sino que unos pocos como remanentes de la fe mantuvieron el conocimiento del Dios de Abraham, Jacob y José. Cuando en el anonimato el pueblo había llegado a ser pueblo y la promesa se había cumplido, se acercaba también el tiempo de su redención. Cuando más cerca se hallaba la bendición y el cumplimiento de la promesa peor se volvieron las circunstancias, para enseñarnos a tener fe en los peores momentos, y cuando más rabioso Satanás, más próximos nos hallamos a la gloria (v.17). 

martes, 8 de diciembre de 2015

Explicación de porqué la iglesia creció tanto en un día

HECHOS 2:37-42
37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?  38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.  39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. 40 Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. 41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. 42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”.

La explicación la hallamos si nos metemos dentro del grupo y oímos y experimentamos lo que ellos oyeron y sintieron, que el éxito del sermón de Pedro consistió no sólo en los que se convirtieron directamente con él sino en las copias que de él hicieron otros apóstoles, hermanos y hermanas de Jerusalén; un sermón que no sólo fue copiado en la letra, o sea en la doctrina sino en el ejemplo del mismo Pedro. Un énfasis único con un mensaje único. Y así lograron una cifra de convertidos y bautismos sin precedentes,  tres mil. Bastante ¿no cree? Tal vez cien, doscientos, trescientos, oyeron a Pedro, pero lo que se me ocurre es que no sólo Pedro predicó esto sino los otros apóstoles, por cuanto ellos dijeron “les oímos hablar” (2:11), y además la pregunta de salvación incluyó a los otros compañeros, y a los demás apóstoles (v.37), dando a entender que fueron muchos los ministros que predicaron aquel día y el que no se convertía con uno se convertía con el otro, uno hablaba en parto, otro en elamita, hebreo, latín, egipcio, etc.
Pero no porque fueran muchos ya que eran una docena sino porque estaban ungidos por el Espíritu Santo, habían pasado mucho tiempo en oración esperando la promesa de Dios y la habían recibido, y las lenguas de ellos ya eran de fuego y del Espíritu Santo, de lo contrario no hubieran sido efectivos, pero lo fueron por el poder que Dios les dio. Y eso es lo que la obra santa del Señor necesita, que haya ministros investidos con ese poder, y que prediquen solemnemente sus sermones sin entretener la audiencia ni hacerla constantemente reír y pasar un buen rato. Aquella gente no se había reunido allí para oír a Pedro y los otros predicar sino porque Dios los juntó con aquel ruido que hizo al caer sobre ellos (v.6). Si Dios junta la gente es nuestra responsabilidad hablarles solemnemente, o ardientemente y que les pique y les pellizque el corazón, que es lo que significa la palabra compungidos y por esa razón dijeron lo que dijeron, preguntaron lo que tenían que preguntar y no fue ¿cómo se llama el predicador? ¿Cuándo son los días de reunión?, sino ¿qué haremos para ser salvos?; y por todo el contexto se dieron cuenta que eran culpables directos de la muerte de Jesús.
Y asumo algo más, que los convertidos fueron ganando a los no convertidos como un efecto dominó o una ola que se expande, de esa forma en un solo día, por las casas, plazas, mercados, en el templo, el evangelio alcanzó a tan enorme cantidad de personas, porque cuando la iglesia se llena del Espíritu Santo predica la palabra y quiere que todo el mundo conozca la historia y sea salvo. Todos los predicadores, hermanos, especialmente Pedro, predicaban lo mismo, arrepentimiento, “arrepentíos y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo” (v.38), y así lo hicieron. Pero usted no lee que lo dijeran, que llamaran a alguien y les confesara los pecados; lo único que pedían a los predicadores era que los sumergieran en las aguas del bautismo para perdón de pecados, y dondequiera que había suficiente agua tomaban el bautismo en el nombre de Cristo, dando gloria a Dios por él y testimonio de él, y así recibían el don del Espíritu Santo. Y la iglesia creció en un solo día más que cualquiera otra en años porque se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles (v.42); lo que quiere decir que todos los maestros tenían una sana doctrina, la de los apóstoles, que perseveraban sin hacerles cambio, creían exactamente lo que habían aprendido y enseñaban lo mismo, y por supuesto eran maestros dedicados o consagrados a la enseñanza doctrinal y participaban continuamente en todas las reuniones de la iglesia que es lo que significa la palabra comunión, sin brillar por su ausencia en ninguna y en comunión tenían  el partimiento del pan, es decir la santa cena, y la oración. Posiblemente aunque oraran en el culto tenían un día y una hora dedicada a la oración. Y no fallaban, allí estaban. La iglesia crecía porque contaba con un equipo espiritual e intelectualmente preparado y muy dedicado al llamamiento de la enseñanza.
Y por último Pedro les menciona  una esperanza para su familia no convertida; que podrían ser evangelizados y ganados para Cristo. Aquello no era un fenómeno solamente local, es decir lo que habían experimentado en Jerusalén podría ocurrir muy lejos en el Ponto, en Cirene, Roma, Antioquía, Egipto, etc., era repetible en cualquier parte del mundo, especialmente en los hijos que habían dejado atrás. Y pudiera repetirse entre nosotros si Dios acompaña nuestra enseñanza y sermones con su Espíritu, y hacemos de la misión evangelizadora de la iglesia un asunto primordial buscando de corazón salvar a todos los que el “Señor llamare” y enviar si no podemos misioneros, hermanos y hermanas que transporten a sus países nuestro espíritu y doctrina como aquella iglesia en un solo día.


sábado, 5 de diciembre de 2015

Los amigos de Jesús se enferman, sufren dolores y mueren

JUAN 11:1-15
“Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. (María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos. Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Luego, después de esto, dijo a los discípulos: Vamos a Judea otra vez. Le dijeron los discípulos: Rabí, ahora procuraban los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá? Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10 pero el que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él. 11 Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle. 12 Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. 13 Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. 14 Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto; 15 y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; mas vamos a él”.

Lo primero que está en orden es aclarar la confusión que para los estudiantes del Nuevo Testamento pudiera tener el hecho de ungir a Jesús con perfume de gran precio, sin embargo fueron dos mujeres distintas, una honorable llamada María (v. 2; 12: 3), y otra cuyo nombre no se menciona (Luc. 7: 37). Esta María hermana de Marta vivía en Betania y tenía un hermano llamado Lázaro. Este fue el que se enfermó. La casa de estos tres hermanos solía ser visitada con frecuencia por Jesús y por el gasto que hacían con él se supone que disfrutaban de una situación económica desahogada. Esto ocurre en Judea donde Jesús tenía muchos enemigos, y es la razón por la cual se supone que esta historia no fue recogida por los evangelistas sinópticos, que fueron escritos antes de este último cuando ya ninguno de los tres vivía.
Esa teoría tiene algún crédito por el hecho de que los judíos odiaban tanto a Jesús y querían ocultar a toda costa sus milagros, que Lázaro después de resucitado era buscado con encono para darle segunda muerte (12:2, 10). Jesús tenía una amistad sincera y de cariño con estos tres hermanos, y la experiencia de esta corta familia muestra que los mejores amigos y los más amados de Jesús suelen enfermarse y morir. Si se observa, las hermanas están seguras que Jesús lo ama y Jesús mismo le llama amigo (v. 11); y las desgracias que les acontecen no son la respuesta ingrata de Jesús al servicio valioso de ellos, digo esto por el perfume que había derramado sobre él. Por otra parte, el amor era un atributo perenne de Jesús. El joven rico, aquel que se fue triste porque tenía que renunciar a mucho dinero para ser discípulo, también ocupó un lugar en su corazón y se leyó su nombre en los ojos del Señor. Y este mismo evangelista Juan, se refiere a sí mismo como un discípulo muy amado por Jesús (19:26; 20:2; 21:7; 21:20).
Pues bien, a pesar de la amistad que tenían con Jesús y el amor que ellas le tenían a él, el único varón y administrador, posiblemente, de la herencia familiar, de pronto se halló en peligro de morir, y las dos hermanas asustadas por la gravedad del enfermo enviaron algunos sirvientes para que avisaran a Jesús y corriera a ellas porque el querido hermano estaba grave. El mensaje que les enviaron fue que su amado amigo y discípulo estaba enfermo, y eso se lo dijeron, no tanto como quien dice para comprometerle a sanarlo sino porque sabían que de ocurrirle alguna desgracia eso desgarraría el corazón de Jesús. Ellas aprendieron que aquellos a quien Jesús ama se enferman, y la enfermedad por ningún lado muestra que Jesús no le ame, y que incluso aquellos que son muy amados por Jesús suelen sufrir cirugías costosas y dolorosas, y hasta morir sin previo aviso y sin pasar de la juventud.
Cuando Jesús recibió la noticia de la gravedad de la salud de Lázaro no les dijo a los mensajeros que él iría inmediatamente, tampoco regresó con ellos, sino que más bien dejó pasar un lapso de dos días hasta que en su espíritu comprendió que Lázaro ya no se encontraba en este mundo (v. 6).
Esto se hace para que la situación se complique y la divina solución sea más gloriosa que si hubiera sido fácil resolverla. Jesús dejó que se empeoraran las cosas y que se acabaran las esperanzas. Y si siguiéramos leyendo el relato veríamos que todavía después de muerto dejó pasar más días hasta que el cadáver hubiera empezado a podrirse. Jesús les estaba enseñando a sus amigos que esa amistad no los exceptuaba de tragedias y sufrimientos sino que de alguna manera o de otra esas circunstancias les llegarían para que glorificaran el nombre de Dios.
Jesús no mira las tragedias nuestras como nosotros las miramos. Él las llama de diferente manera. Le cambia el nombre a la muerte y le dice sueño. Así lo hace porque para él las cosas son fáciles de cambiar. No les pidió a ellas que se alegraran mirando el cadáver del querido hermano. Es inhumano pedirle a dos hermanas que sonrían de alegría ante el cadáver de un ser querido, pensando en una lejana resurrección, cuando una espada de dolor les ha traspasado el alma. Esa seguridad moderna es fanfarronería de fe y ficticia. Tienen que llorar y deben llorar.
En este caso Jesús se alegró que se hubiera muerto porque inmediatamente lo habría de resucitar, y la fe de ellas crecería (v. 15); y si alguna experiencia nos roba algo muy querido, y nos quita un pedazo del corazón, y a su vez enriquece nuestra experiencia cristiana y fortalece nuestra confianza en las promesas de Dios, y trae gloria a su nombre, aunque no nos haga felices debiéramos conformarnos con que Dios nos haya escogido para santificarlo, y que de alguna manera para su reino nuestra amargura será nuestra colaboración.  

Lo importante es lo que dicen sus palabras no lo que escribe en el suelo

JUAN 8:1-11
Y Jesús se fue al monte de los Olivos. Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. 10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? 11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más”.

Quizás han leído algunas Biblias que no tienen este relato, por eso voy a transcribir dos citas. “La historia de esta mujer sorprendida en adulterio no se halla en la copia alejandrina y en otras copias antiguas, ni en Nonnus, Crisóstomo y en Teofilato, en ninguna versión siria hasta que fue restaurada por De Dieu, de una copia del arzobispo Usher; pero se halla en versiones árabes y etíopes y en la armonía de Tatian y Ammonio, el primero vivió en el año 160 unos 60 años desde la muerte de Juan y el otro alrededor del año 230, Eusebio dice que se halla en el evangelio según los hebreos y su autoridad no debe ser dudada” (Gill).
“Se sabe bien que este pasaje era desconocido por las iglesias griegas y algunos conjeturan que fue puesto por alguien en este lugar; pero siempre ha sido recibido por las iglesias latinas y también se encuentra en mucho manuscritos griegos y no contiene nada que sea indigno del espíritu apostólico y no hay razón para rechazar su uso en nuestro favor” (Calvino). Voy a seguir ese camino y usar la historia en provecho de nuestras vidas.
Mira como Jesús se fortalece espiritualmente para predicar, fue “al Monte de los olivos” (v.1). A orar supongo; ese sitio cerca pero no dentro de la ciudad era el preferido para ello. No distaba mucho de los pecadores para predicarles pero no dentro de ellos para pedir la bendición para sus estudios, comentarios, conversaciones y sermones. Jesús amaba ese lugar y fue en él donde lo detuvieron. Allí empezó su cruz. No juzgaríamos extraño que tuviera mucho público oyéndole a tan temprana hora. Se levantaban de mañana para ir a oírle. Cuando dice “todo el pueblo” (v.2) no quiere decir que miles sino mucha gente, numeroso público; y se iban habiendo aprendido algo puesto que él “les enseñaba”. Se preparaba para ambas cosas.
Mira la trágica escena de una mujer cuyo pecado se hace público. Durante una de esas clases matutinas fue que le trajeron a esa mujer, no para que ella aprendiera algo de él y reformara su vida sino para que la condenara (v.3). No le buscaron un puesto cercano entre la gente donde pudiera oírle sino que la pusieron “en medio”, exponiéndola a la vergüenza pública y como un trofeo del celo religioso de ellos. No se dice cómo iba vestida, si llevaba velo, posiblemente ninguno, y sus cabellos en desorden puesto que según el informe de ellos había sido “sorprendida en el acto mismo del adulterio” (v.4). Sería libidinoso tratar de describir ese momento. Lo dejo. Sólo señalo que era una trágica escena. Conociendo la malicia de ellos y el odio que sentían hacia Jesús sería posible que todo fuera parte de un plan que  hicieron donde el hombre cooperó por algún precio y por eso no estaba allí. Era cierto que la ley condenaba a muerte a los adúlteros (Lev. 20:10), no precisamente con piedras. No era celo por la palabra de Dios sino una emboscada con el propósito de acusarlo ante los romanos. De una forma o de otra siempre querían meterlo en complicaciones políticas para destruirle (Mt.12:14),  y según ellos no podían hacerlo por sí mismos (vv.4,5; 18:31). Aquellos hombres aplicaban la palabra de Dios a otros pero no a ellos mismos.
Lo más importante es el dedo de Jesús no apuntándolos sino escribiendo en tierra sus pecados. Eso no lo dice el texto pero he leído esto: “Katagrapho indica no solamente la acción de Jesús escribir en la tierra, sino que de acuerdo al contexto que es la respuesta de Jesús a la acusación hecha a la mujer, se puede interpretar que lo que Jesús escribió fue una contra-acusación contra aquellos acusadores aunque no exista ninguna indicación del contenido de su escritura. Algunos escribas añadieron “los pecados de cada uno de ellos”, aquí o al final (v.8)” (NET). Calvino aunque de buena gana acepta el relato dice que la actitud de Jesús es de indiferencia hacia ellos y no precisamente porque quisiera escribir algo. Pero estaba escribiendo no jugando con tierra. Si se dice que escribía es porque escribía algo lo que escribía no se sabe pero haciendo una conjetura pienso que tuvo que ver con la indirecta acusación que les hace y con la culpa en sus conciencias que al momento se creó, y con la vergüenza de la cual salen huyendo.
Hay algunos manuscritos que añaden que Jesús escribía el pecado de cada uno pero la mayoría no dice nada. No se sabe. Es el aspecto más extraño del relato y pudiera ser que no fuera un acto de indiferencia sino algo que tenía que ver con ellos; no es descabellado que aunque fuera una interpretación, o una adición de algún copista, tuviera algún significado en relación con la conciencia de ellos puesto que cuando les dijo que el que estuviera libre de pecados, de la lista que escribía en la tierra, arrojara el primero la piedra. En vez de a cada uno descubrirle ante todos lo que hacían en silencio se lo pone ante los ojos para que lo lean y aquella palabra escrita en el polvo los espantó y salieron huyendo comenzando por los que debiendo tener más control sobre sus vidas no lo tenían, los más viejos, y los jóvenes sintiéndose también acusados por la acción del Espíritu en ellos, se retiraron no teniendo fuerza moral para apedrear a otra persona por el pecado que ellos y sus mayores cometían, o por otros similares. Menos mal que escribió en el suelo sus pecados y no sobre las montañas, en las nubes o en el cielo donde todos lo vieran y quedaran para siempre sino en el polvo donde el viento o su propia mano podrían borrarlo.

Moisés también había ordenado apedrearlos a ellos. Jesús no había justificado su adulterio pero tampoco pidió para ella la sentencia de la ley porque precisamente vino para cumplir la ley y morir en lugar de los adúlteros y los que cometen pecados similares (Mt. 5:17; Ro. 3:19; Ga. 4:4,5). Con aquellas palabras de Jesús se formó una estampida dejando claro que la función de la ley fue únicamente que se conociera el pecado no realmente vivir por ella (Ro. 7:7). Jesús le dijo “vete y no peques más” y una traducción mejor es “desde ahora”. La sacó de debajo de la ley y la puso en la gracia y eso no quiere decir que estaba “sin ley” y que podía justificarse de sus pecados ante los demás alegando que nadie tenía el derecho a condenarla porque todos eran pecadores como ella. Todos somos pecadores y todos necesitamos a Cristo que nos defienda para no ser condenados y no nos consuma la culpa y la vergüenza. No veo que sintieran culpabilidad y huyeran de la escena porque leyeran cien o doscientos de ellos, en unos momentos, algo personal en la tierra, sino por lo que Jesús dijo y la unción de sus palabras que flotaron poderosas en el aire, dichas muy pausadas  dándoles tiempo para que ocasionaran dentro de la conciencia lo que él quería. Si no se menciona el contenido de la escritura es porque no es necesaria su consideración. Dios no escribe ya en piedra, menos en tierra, sino en la conciencia (Ro. 2:15). Y escribe cosas muy bonitas, cartas de Cristo, cartas por medio de su Espíritu para que sean leídas por el mundo entero (2 Co. 3:2). Lo más importante no es lo que escribe en el suelo sino su lacónica frase, “el que esté libre de pecado tírele una piedra”.

martes, 1 de diciembre de 2015

Si está insatisfecho y sediento de la religión o del árido secularismo

JUAN 7:37-39
37 En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. 38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. 39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado”.
BEBA DEL AGUA DE VIDA: LA PALABRA DE DIOS
A la fiesta que se refiere es la de los tabernáculos (v. 2). Se le llama “el gran día de la fiesta” al octavo día de santa convocación, según varias explicaciones, porque durante los otros días se ofrecían 70 bueyes por las naciones del mundo  pero en este particular día se ofrecía por Israel. Las palabras del Señor fueron dichas en ese día. También los judíos iban al estanque en Siloé y traían cántaros de agua de la cual bebían, puede que de la mezclada con vino, y la otra la derramaban en el altar del sacrificio.
Jesús tuvo que haber visto a muchos bebiéndose el agua ceremonial sin matarse la sed cuando los invitó a cambiar la vasija por el Espíritu y el agua por la fe.  Si ese fue el motivo de sus palabras, él tiene la mirada puesta en el fin de aquello que habría de ser abolido porque ya había envejecido, y “un nuevo pacto” sustituiría al primero y una nueva forma de adoración a Dios tendría lugar donde él sería el centro de todo ese cambio (Jer. 31: 31-34). Pensando en esa promesa donde la ley de Dios sería escrita en las “entrañas” o “corazón” es que el autor de Hebreos hace referencia (He. 8:8,13). Una explicación tan amplia es sustentada por la misma cita que menciona el Señor. La frase “como dice la Escritura” no es aplicable a un texto en particular sino, como dice Calvino, a todo el AT en comparación con el Nuevo Testamento o Pacto. Y si hay algunos textos, ése es de los mejores.
He esperado en vano encontrar esa explicación en algunos comentaristas y por ese motivo digo que me aventuro a pensar que esa pudo haber sido la razón del llamamiento a tener fe en él, que es lo que significa “venid a mí y bebed”. Con eso les está proponiendo cambiar las ceremonias de la ley por el evangelio sin ellas, en el cual él se ofrecerá a sí mismo por todas las naciones del mundo y particularmente por Israel, en la víspera de aquel sábado “de gran solemnidad”.  Es un llamado semejante al que hizo en Mt. 11:28 donde se refiere a los cansados de las ceremonias de la ley. Es importante reconocer que el Espíritu viene a ser el sustituto de aquellas cansonas e insatisfactorias ceremonias, y él es el vicario de Cristo en la tierra.
El momento en que Jesús hace la invitación era el más oportuno. Jesús invita al pueblo a cambiar las obras ceremoniales por la fe en el puro evangelio en el momento en que ellos habían sacado todo el provecho espiritual que podían de ellas. Se está particularmente dirigiendo a los que sentían sed de algo más y deseaban, sin saberlo, un cambio. En ese instante Jesús vio que estaban espiritualmente sedientos, insatisfechos con los resultados espirituales de aquella fiesta, economía y ceremonias. Nota que les falta algo más, que siguen con sed, y los llama a sentirse “completos en él” (Col. 2:8-10), o a tomar de él “gracia sobre gracia” (1:16) para una vida completa y satisfecha. Se incluía dentro de las ceremonias los lavamientos, prescripciones dietéticas y sacrificios que “nunca pueden hacer perfectos” a los que los cumplen (He. 10:1). Jesús llega a la historia de Israel en el momento oportuno y llegó para darle descanso y satisfacción con su ministerio del Espíritu. El cristianismo es la religión del Espíritu. Donde priman las ceremonias, misas, comidas, penitencias, promesas, no hay Espíritu. Jesús les promete que el evangelio del Espíritu Santo les desbordaría la vida religiosa de modo que además de no sentirse como si carecieran de algo tendrían para compartir y que bebieran otros. Les dice que desde el fondo, desde lo más profundo del corazón de ellos brotaría vida, sin sentirse muertos por dentro jamás.

Él era el fin de aquellas ceremonias sustituyendo todo aquel culto en su persona y cruz  (Ro. 10:4; Ga. 4:4,5; 5:18). Se sentirían con una vida abundante y de esa abundancia podrían compartir con otros sedientos. Jesús compartiría su Espíritu con ellos después de su glorificación. Esa forma nueva de adoración permitiría dejar sin sed y satisfechos no sólo a las 70 naciones por las cuales Israel oraba, sino a “los suyos” y a “todo aquel que en él cree” y esté insatisfecho y sediento de la religión o  del árido secularismo. El evangelio no es algo que deje al hombre insatisfecho. La insatisfacción depende de la medida del Espíritu que el creyente posea.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...