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miércoles, 9 de julio de 2014

No estés miedoso ni obsesionado con la muerte


2Timoteo 4: 6-8
“El tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí sino a todos los que aman su venida”.

El apóstol vive sin obsesión con su muerte. Para él ella tiene un doble impacto. “El tiempo de mi partida” (v.6); la palabra que usa (analúseos) significa tanto partida (desatamiento) como disolución (separar en partes). Está traducida bien, ese era el concepto que el apóstol tenía sobre la muerte, una separación, similar a un barco que suelta sus amarras y se aleja del puerto, o una tienda que se desata y desarma. Esas dos palabras definen completamente el concepto de la muerte; por un lado es espiritual, señalado como una partida  (Flp. 1: 23, se usa la misma palabra); cuando el alma vuela a Dios, retorna a su Creador, va a su Salvador. Y por el otro lado la muerte física, cuando el cuerpo sufre una disolución y se separa en partes volviendo al polvo. Si esas dos definiciones las pones en tu corazón cuando pienses en tu muerte: Una partida y una disolución, pienso que pueden ayudar mucho a tu fe y esperanza. No hay que huir con los ojos de donde se hallará la disolución, en la tierra hay una esperanza escondida que será revelada. La muerte tiene un doble impacto: sobre el alma y el cuerpo.

Sin embargo, fíjate que Pablo no está obsesionado con la muerte. El apóstol está pensando más que en su muerte en la venida de Cristo y en su resurrección (v.8). El pensamiento de la muerte aquí no ocupa comparativamente mas espacio que la resurrección; si comparamos el v.6 con los vv. 7,8. El trabajo que ha hecho, la vida que ha vivido es más importante para él en esos momentos, que la misma muerte. Cuando dice, “he peleado la buena batalla, he acabado la carrera”, es más importante que decir: “Me voy a morir, tengo la muerte cerca, lista para desatarme”. ¿Es así para ti? No seas como aquellos que se preocupan mucho por morirse pero no por examinar como viven y qué han de recibir luego que sus cuerpos y almas experimenten el cambio. ¿Cómo estoy viviendo ahora? ¿Qué estoy haciendo?, son preguntas mucho mas importante que “cómo y cuándo me voy a morir”. Una fe poderosa elimina siempre cualquier obsesión o culto a la muerte. La esperanza es una gran luz para esas sombras.

En segundo lugar veamos las causas que debilitan la fe al morir. La falta de fe de algunos hermanos a la hora de morir, supongo que sea por los errores que sustentan al definirla.
(1) No la miran como un sacrificio a Dios; mientras que Pablo así la definió y así la concibe, “estoy para ser sacrificado”. Es partida, es disolución, pero es un sacrificio, algo sagrado, agradable a Dios. No morimos inútilmente, no es una pérdida que sufrimos sino algo que ofrecemos a Dios, la entrega de lo que es suyo. ¡Dios nos ayude a rendir un gran culto a él cuando vayamos a morir! Quizás Pablo esté pensando en con qué muerte ha de glorificar a Dios (Jn. 21: 19), ya que se refiere a un sacrificio, como si lo decapitaran. Uno puede decir así: “Pongo mi vida para volverla a tomar”; “Señor, te entregué mi vida en el servicio, ahora la rindo en mi muerte, con mi reposo”.

(2) La otra razón pudiera ser que la perciben sin continuidad con esta vida, por lo menos piensan poco que vaya a existir posteriormente alguna relación con lo que han hecho y dejado. Eso ni para los incrédulos es cierto. Nuestras obras  nos siguen (Apc. 14:13). La paga de los impíos es continuar siendo eternamente lo que escogieron ser y acompañándose de amigos, familiares y cosas que tuvieron por delicia. La tortura máxima de los que no creyeron será no poder deshacerse de lo que fueron y tuvieron (Luc. 16: 27,28); la corona de los piadosos será continuar gozándose en lo que fueron y escogieron hacer. El que escogió gastar su vida en las cosas de Dios, ese será su destino eternamente. Para Pablo la muerte no es discontinuidad sino la unión con Cristo, su destino

Todo eso ocurre porque Pablo invirtió en el cielo. La continuidad que él establece es la de su esperanza en la resurrección. El “aquel día” es la segunda venida de Cristo; y” la corona de justicia” no es una corona de oro, de laurel o diamantes, sino su cuerpo hecho glorioso como el de Cristo. Eso es lo que explícitamente dice en Flp. 3: 11-14,21. La resurrección es el premio de los que aman la segunda venida de Cristo; que son los mismos que aman su encarnación, sus sermones, sus obras, su muerte, su ascensión, su iglesia y la predicación del evangelio.

Jesús, en los días de su carne infundió esa esperanza en sus discípulos, fueron muchos los que él trajo de regreso a la vida y él mismo, volvió a tomar su vida. Esa esperanza de gloria en el cuerpo no es de los filósofos sino suya. No consideró su premio ir en espíritu adonde se halla el Salvador, sino juntarse con él en cuerpo y alma. La esperanza cristiana de la resurrección es la esperanza de las esperanzas; la satisfacción total y plena de la vida humana. Partir y” estar con Cristo es muchísimo mejor”, que seguir viviendo en la carne, pero no mejor que resucitar con un cuerpo glorioso, semejante al Suyo.

Pero no voy a continuar examinando las causas que debilitan la fe, sino aquellas cosas que la fortalecen y ayudan a morir. Uno puede mencionar su muerte sin espantarse, si la ha invertido espiritualmente. Eso fue lo que hizo Pablo, pues dice, “he peleado la buena batalla”; ¿cuál? La batalla de la vida cristiana, la del ministerio, la del evangelio, la de la vida eterna. La batalla contra toda forma de pecado, de la carne y doctrinal. El invirtió su vida espiritualmente, combatió el pecado hasta la sangre. La muerte es un desenlace espiritual, nos presenta ante una experiencia espiritual. Las causas podrán ser físicas, biológicas, pero la experiencia es espiritual. Si una persona solo ha vivido para lo material, se sentirá frustrada y se atormentará con la idea de perderlo todo. El punto máximo que podrá alcanzar su ánimo es resignación pero no de gozo en la esperanza. El apóstol invirtió su vida peleando espiritualmente contra el pecado, dentro de sí mismo y en otros. Lo demás que sigue “la carrera, la fe”, también tiene que ver con su ministerio (Hch. 20: 24, 1 Co. 9: 26, 27). Estrictamente sus pensamientos tienen que ver con lo que hizo, con su inversión espiritual de la vida. Guardó la fe; quiere decir la doctrina del evangelio en su plena pureza. Se mantuvo, por gracia, teniendo fe en lo que aprendió y  vivió, hasta el final glorioso. Dios nos conceda su misericordia para llegar, creyéndolo todo (todo lo cree, como dijo, 1Co.13). La fe no termina sino en el cielo. Y el amor continúa.

jueves, 3 de julio de 2014

Dios nunca te relegará al olvido


Isaías 49: 14-18

“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti, he aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros”. 

No hay palabras más bonitas para hacer creer a Sion y darle esperanza a Israel. ¡Cuántos deseos tiene Dios que su pueblo crea! No digas, "es muy grande nuestra ruina, estamos muy dispersos, no volveremos a ser pueblo jamás".
No te pase por la mente en ningún momento que Dios te saque de sus recuerdos, por llamarle de alguna forma, porque él es el eterno presente y siempre nuestros nombres, dados por él cuando fuimos elegidos en Cristo desde la eternidad, están escritos vivamente y perennemente en su memoria, y aquel que como dice Pablo, nos eligió desde el vientre de nuestra madre, y desde los lugares celestiales antes que fuesen formados todos los mundos, nunca podrá olvidarnos porque él no quiere olvidarnos, Dios se olvida de lo que quiere, de lo que es su voluntad olvidar, y en ese caso se refiere a los reprobados nunca a los elegidos por su gracia y por su libre voluntad en Cristo.

Si nos tiene escritos en las palmas de su mano donde nos encontramos todos nosotros organizados dentro de su providencia, ella estará actuando, dirigida por la mano de Dios en todos nuestros quehaceres, alegrías o sinsabores, ocurra lo que ocurra, se entienda o no se entienda lo que pase, la suerte no tendrá lugar en nuestro destino porque Dios no se ha olvidado de nosotros, ya que formamos parte de su carne, de su sangre, de su tejido, de su cuerpo, y como él no puede olvidarse de sí mismo tampoco se olvidará de nosotros que somos "participantes de la naturaleza divina".

Desaloja pues, alma mía, el lúgubre pensamiento que pasó rozando tu entendimiento, de que Aquel que te fabricó conforme a su imagen y semejanza pueda relegarte al olvido, eso jamás ocurrirá. Supuestamente el amor más grande en este mundo después del divino es el de los padres, pero como hay excepciones y si cupiera la posibilidad de que alguna madre o algún padre se olvide de sus hijos y lo abandonare, eso no podrá ocurrir con Dios cuyo amor es superior al humano y perfecto (Lam. 4:3). Y esas son sus palabras. Estar esculpidos en las manos de Dios es estar más seguros que en el vientre de la madre.

No sabemos lo que será de nuestro ministerio ni sus proyecciones pendientes


Isaías 49: 5, 6
"El que me formó desde el vientre para hacer su siervo, para congregarle a Israel".

No te quejes mucho, ministro; si lo haces es que se te ha olvidado cómo mira Dios tu trabajo y desconoces la trascendencia de tu ministerio. La Reina Valera traduce “poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob,  y para que restaures el remanente de Israel;  también te di por luz de las naciones,  para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra”, y confunde un poco.  Lo que el Señor quiso decir fue “es para mí algo ligero y fácil si quisiera levantar contigo todas las tribus de Israel pero por la dureza de ellos eso no sucederá. Ahora bien, tengas éxito con ello o no, la luz de tu mensaje llegará a todas las naciones y salvará gentes en los confines de la tierra”. Nosotros, consiervo. Dios miraba su trabajo como no lo miraban los hombres.

Isaías nunca congregó a Israel en su tiempo; pero siempre supo que él era muy estimado y honrado a los ojos de Dios, y tuvo la experiencia en todo momento que en sus desmayos recibiera de su Señor fuerza para perseverar ante la dureza de corazón de aquellos a quienes les predicaba y que se negaban a cambiar y a dar oídos a sus predicaciones y advertencias. He ahí, le alza el velo del futuro.
Sabe para qué el Señor lo llamó y que no lo ha cumplido aún, y lo haría algún día. Supone que se ha agitado en vano. Dios le aclara que no, que no es el salario que devenga su recompensa porque ella provendrá del cielo y es escatológica (v.4). Y con todo puede perseverar porque tiene dos cosas a su disposición: fuerzas y la seguridad que es  muy estimado (honrado a los ojos) por Dios. Sabe que Dios lo estima a él y a su trabajo. Aunque no tenga resultado su labor a los ojos del Señor es valiosa y apreciada.

Y de aquí una poderosa lección para combatir la frustración y el desánimo: Que nunca nos quejaremos de que estamos recibiendo poco en nuestro ministerio porque de un modo o de otro, ahora o luego, el Señor usará para alguien, sepa yo o no quién es, lo que predicamos. Dios no nos llama a poco, visto por sus ojos, lo que pasa es que no podemos ver todas las dimensiones de nuestro ministerio, ni sus proyecciones futuras pendientes.

martes, 1 de julio de 2014

Dale ánimo a tu iglesia


Isaías 41:5-7
“Cada cual ayudó a su vecino y a su hermano dijo: esfuérzate; el carpintero animó al platero”.

Esta es la alianza de los enemigos del pueblo de Dios. Los que tienen esas iniciativas son los adversarios. Nota la unión de ellos, cómo se animan los unos a los otros y se estimulan para la guerra; ¿no son ejemplo así los perversos? ¿No aprenderemos de ellos? En época de guerra espiritual, los enemigos se unen y se animan para destruir la iglesia. Se vuelven ejemplo para Israel. Anima a tu hermano, dile palabras de fortaleza, no lo critiques, no digas nada que le apoque su fe o le haga menor su esperanza; ayúdalo a triunfar, en la unión está la fuerza. Nuestra victoria es en conjunto. No le digas al platero que su trabajo tiene escorias ni al que alisa con martillo que no le está quedando bien el trabajo, cada uno hace lo que puede. Afirma con clavos a tu hermano para que no se mueva. Haces muy mal en andar desanimando a los creyentes. Si alguno se acerca a ti, cuando se retire que no tenga menos sino más fe, que sea mejor y no peor cristiano.

Jehová, la redondez de la tierra y Cristóbal Colón


Isaías 40: 18-25
¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó? Él está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar. ¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis? dice el Santo”. 

“Él está sentado sobre el círculo de la tierra”. O que está sentado sobre la “redondez” de la tierra. Se refiere al círculo o arco de los cielos sobre la tierra; no es una revelación divina de la forma de la tierra. No hace falta decirle al mundo: “La Biblia dice que la tierra es redonda antes que Cristóbal Colón lo descubriera”. ¿Para demostrar que es Palabra de Dios? Ella no necesita tal demostración. Nuestro Gran Libro no es un volumen científico. Eso que la Biblia no es un libro científico sino de fe es válido para interpretar los milagros hechos por los profetas, Jesús y los apóstoles, y los que la providencia y la misericordia realizan cuando se ora o se predica un buen sermón. Jesús camina sobre las aguas no porque suspendió la gravedad ni porque disminuyó su peso, sino porque es el creador de esas leyes. Sanó a un ciego de nacimiento porque hizo el ojo con su Palabra y con ella restablece la vista. Resucitó muertos porque él es la vida misma, y está sentado sobre el círculo de la tierra porque está sentado sobre la rueda de la providencia en mi vida y en mi redondo corazón.

Lee Job 22:14, “las nubes le rodearon, y no ve; y por el circuito del cielo se pasea…”. Oh hombre, no exageres tu difícil situación; los ídolos no pueden pero ¿no podrá el Creador de todo? ¿Le faltará ciencia? ¿No tiene poder? No mires la gloria de los hombres que se secará ni su tamaño; compáralos con Dios y verás que no son más que insectos. ¿Qué hombre está sentado sobre el círculo (sobre el arco) del mundo? Sólo Jehová. No adjudiques a tu fe la impotencia de las religiones. El proveerá lo necesario para que su palabra se cumpla. ¡Ánimo alma!, cobra ánimo en tu Dios. Mira el círculo del mundo y quien está sobre su trono.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...