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viernes, 7 de diciembre de 2012

Cuatro escritores gigantes: Moisés, Pablo, Lutero y Calvino


Habacub 2: 2
“Escribe la visión y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella”. 

Dicen que “corra” aquí lo que significa es que pueda leerla fácilmente “de corrido”. Se escribía en tablas cubiertas de barro y se escribía con un cincel de metal. Se colgaba la escritura en algún lugar público como el templo o en la puerta, o en sus propias casas, para que los que pasaran lo leyeran (Luc. 1: 63). 

Las 95 tesis de Lutero se colocaron en  la puerta de la catedral. Un amanuense escribió lo que Calvino ensenaba y por eso tenemos una serie de exposiciones que durarán mientras el mundo exista. La escritura es un medio favorito usado por Dios para alcanzar a mucha gente y en otras épocas. La Biblia misma es un Libro. Predica y escribe lo que predicas, amplía tu ministerio; para que te lean los que no te oyen y te crean los que no te oyen. Lo que dices en un lugar y en un momento, que lo sepan otros en otros lugares y otros momentos leyendo tus escritos. Aquel deseo de Job fue inspirado por Dios (Job 19: 23). 

Jesús no escribió nada excepto aquellas palabras con el dedo en tierra pero sus discípulos pusieron en tinta y papel lo que él había dicho. Marcos escribió oyendo predicar a Pedro y escribió más que lo que Pedro mismo hizo. Imagínese si Pablo hubiera predicado mucho y no hubiera escrito, le faltaría al NT sus trece cartas. O que Moisés hubiera sacado al pueblo y dedicado todo el tiempo a su pastoreo sin escribir la Ley. Tal vez su mayor contribución a la religión verdadera hayan sido sus libros y no los milagros que hizo con su vara. 

La Biblia es un libro para salir en peregrinación, para correr del juicio de Dios (Ge. 19: 15; 2 Pe. 3: 12). Esencialmente es su propósito. Es un libro de salvación. Y mientras más de ella tenga un autor, más permanencia tiene lo que escribe, como esos cuatro gigantes que mencioné.  

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Jesús al día sobre las noticias políticas de su país


Lucas 19:11-27
 11 Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. 12 Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver. 13 Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo. 14 Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros. 15 Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. 16 Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. 17 Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades. 18 Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. 19 Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.  20 Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo; 21 porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. 22 Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré; 23 ¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses? 24 Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas. 25 Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas. 26 Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. 27 Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí.


“Esta expresión es derivada conforme al estado de cosas en la provincia de Judea en tiempos del Salvador. Judea se encontraba bajo el dominio romano, habiendo sido conquistada por Pompeyo sesenta años antes de Cristo. No obstante nominalmente era gobernada por los judíos, quienes ejercían la autoridad bajo la supervisión de los romanos. Se hacía necesario que el príncipe oh rey recibiera el reconocimiento de su reinado por parte del emperador romano, y para que así fuera tenía que ir a Roma; o como se indica aquí para que el recibiera el reino, quiere decir la autorización para reinar. Esto había ocurrido varias veces. 

"Arquelao, el hijo de Herodes el Grande, en los tiempos del nacimiento de Jesús, fue a Roma para obtener la confirmación del título que su padre le había dejado para cuando le sucediera. Herodes el Grande, su padre, había hecho lo mismo anteriormente para asegurarse la confirmación delante de Antonio. Agripa, el más joven, nieto de Herodes el Grande, se desplazó hasta Roma para obtener el favor de Tiberio, y de ese modo ser confirmado en el gobierno. Tales ejemplos ocurrían con frecuencia en ese tiempo lo que hacía perfectamente comprensible la parábola que Jesús estaba componiendo. Aquí este hombre noble indudablemente se refiere al Mesías, el Señor Jesucristo que va a un país remoto para recibir el reino, esto es al cielo a la diestra de Dios, y recibir el poder para establecer su reino entre los hombres" (Barnes).

Jesús parece estar al día sobre las noticias políticas de su país, y aunque no se mezcla en ellas sus sermones sobre el reino reflejan la información que tenía. Los judíos inconformes con el reinado de Arquelao enviaron una comisión de ellos a Roma para evitar la confirmación de éste, que cuando lo supo y regresó ordenó que fueran ejecutados. El Señor no dice ninguna crítica política y social a esa noticia del día sino que dentro de ese marco informativo compone la ilustración parabólica que específicamente quiere transmitir. Las parábolas de Jesús algunas veces tienen como telón de fondo y materia prima, la política, el poder y el dinero. Y sobre esos tres importantes asuntos para toda la población, él tenía su criterio.

El cuerpo de la parábola que es la entrega de dinero metálico, oro o plata, expresada en libras latinas equivalentes más o menos hoy a un poco más de cuarenta dólares, para poner un negocio, y concluye con un juicio sobre el indolente (vv. 24-27); los otros versículos finales es un retorno para enmarcar su asunto dentro del suceso de la salida de Arquelao y su regreso. El marco sociopolítico puede ignorarse en la exposición de la parábola y la atención ganarla toda la distribución de dones y su uso.

Jesús sabiendo que ya está cercano el momento de "subir al Padre" (Jn. 20:17) extrajo una similitud de ese acontecimiento político para ilustrar como quien dice, su toma de posesión celestial, entre tanto sus discípulos quedarían encargados de sus negocios en la tierra para lo cual cada cual recibiría alguna cantidad de dones por medio de los cuales con inteligente desarrollo habrían de procurar el agrandamiento del recién comenzado imperio cristiano. Así surge esta parábola sobre las minas, similar a la de los talentos, y de ese modo con un fondo político económico ilustra su ascenso al poder de Dios y su futuro retorno para recoger las ganancias que hayan hecho aquellos administradores de la gracia, que él nombró.

Cada uno tendría que rendir cuenta sobre el progreso y prosperidad de lo que se le confió y recibiría de acuerdo a sus resultados, como puede leerse claramente, más que pagas, exageradas recompensas hechas a saber por la entrega de ciudades sobre las cuales ellos por medio del poder del Espíritu Santo y a través de los dones conferidos, habrían de ejercer autoridad, ganando distritos y poblaciones enteras, provincias y países para el  Rey ausente. Está claro y no hay que dudarlo que es un asunto de gracia recibida y recompensas inmerecidas otorgadas por el feliz propietario del dinero puesto en movimiento, quiere decir los dones multiplicados en trabajo arduo y sabio.

Jesús no se hace ilusiones que todos sus obreros contratados tomarán en serio su responsabilidad sino que algunos, no por mediocres pues dotados están sino por holgazanes, se comportarán inútilmente como si no pudieran hacer nada para engrandecer la obra de Dios; y a los tales los tiene en mente y les advierte con mucha anticipación que el regaño será severo y que no admitirá ninguna excusa porque si el que menos dotado estaba hubiera pensado un poco, o mejor dicho le hubiera importado un poco el crecimiento de la obra de Dios, al menos podría haber puesto el dinero en manos de otro y recibir intereses, eso es lo ínfimo que podría haber hecho, una delegación del puesto ocupado, la búsqueda de algún otro líder que lo reemplace en esa posición y haga en su lugar lo que él por cualquier razón personal prefirió que otro lo hiciera.

Este individuo anónimo, más que sufrir de indolencia, según Jesús, su inercia y desinterés en la expansión de la autoridad de su Señor, mostraba maldad y su despreocupación fue juzgada como si hubiera sido una oposición abierta al desarrollo. Paralelo al desprecio que el Rey le mostrará se encuentra la exclusión de su oficio y la visión de que otros habrían de encargarse de lo que una vez estuvo en sus manos y les harán ver a ese negligente, ya despojado te sus funciones, como sus vivas responsabilidades son transferidas y emigran para ser atendidas por algún colega con más entusiasmo y sentido de responsabilidad. Y toda la parabola es hecha, y es sólo imaginación,  como si recordara lo que leyó en el periódico, escuchó en la radio o miró en la televisión.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Los pecados no nadan ni flotan, se ahogan


Miqueas 7: 18-20
“Y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”.

Si esa promesa es para todo un pueblo ¿no lo será para dos, tú y yo? ¿Qué Dios como el nuestro que ahoga nuestro pecado en el mar? ¿Los pecados se ahogan y no nadan ni flotan? No flotan porque pesan como dice He. 12: 1 y se van al fondo del mar, si esa figura resultara literal. O al fondo del sepulcro donde Cristo los depositó porque él bajó a “las profundidades de la tierra” (Efe. 4:9).

Es bueno inferir, que con ese modo los saca de la vista de los hombres y de los ángeles porque no leo que alguno de ellos pueda mirar lo que hay en el fondo del mar, sobre todo si está allí escondido. Aquí en este mundo nosotros y los demás recordamos los pecados pero en el venidero no ha de ser así. Si fuera de ese modo no podríamos allá escapar de la culpa y eso ocurre en el infierno no en el cielo. Si la conciencia y la memoria son sanadas, sólo recordarán lo que Dios quiere y el resto será olvidado como se olvidan las cosas cuando han pasado muchos años.  No los hombres sino Dios, olvida nuestros pecados aquí porque el pecado no puede invalidar perpetuamente las promesas y el pacto de Dios. El perdón de Dios como es perfecto incluye borrar nuestros pecados del recuerdo de todos.  El Señor está con nosotros, la historia continuará, seguirá con su propósito, no se saciará en su justicia porque se deleita en ser misericordioso.

Saldremos de esta situación, pasaremos adelante, nos reuniremos, comenzaremos, no desapareceremos porque los atributos de Dios y las características de su persona no nos dejarán desaparecer. Porque lo último que existe en Dios, en lo profundo de su corazón no es justicia sino misericordia y los seres humanos que saben eso se esfuerzan en entrar hasta ella, aunque pasen bajo sus amenazas, maldiciones y castigos porque ninguna de ellas es exterminadora y al fin hay perdón. No hay ninguna razón para ser malos, persistir en ser malos, en ser indiferentes para sus mandatos o independientes para ser malos, en ser libres para ser malos, no tiene sentido ser negativos, rebeldes, ateos, blasfemos y mentirosos, adúlteros, incrédulos, frente a un Dios eterno, seguro, bueno, perfecto y misericordioso, alumbrado por la esperanza; abierto a todas las oportunidades y dispuesto a cerrar sus ojos y ahogar nuestra vida pasada pecaminosa, o más bien sepultarla.

Es la cosa más extraña e insólita del mundo decirle que no a ese Dios, ignorarlo para ser lo que somos, lo que queremos y no lo que debemos ser. Miqueas no habla de Cristo porque es un paso extra que Dios ha dado, para hacer más amplia la antigua esperanza; más clara la oportunidad, más perfecto el perdón, poniendo ante nuestros ojos la consumación de su justicia y la amplitud total de su amor en su cruz, amén.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Cristo no ha venido porque tenemos que ser mejores cristianos


2 Pedro 3: 4-10
sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación. Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”.


El apóstol no discute las palabras dichas por Jesús en los evangelios y que tuvieron que ser repetidas en la evangelización de la iglesia y constituían uno de los principales temas doctrinales de predicación;  habiendo llegado a los que tardaban en convertirse en cristianos, dentro y fuera de la iglesia y disculpaban su falta de arrepentimiento expresando incredulidad; más aún, riéndose de la predicación de la segunda venida de Cristo. Es interesante notar que el autor no procura mucho sacarlos de dudas; en ese caso hubiera explicado las palabras del Señor, pero no lo hace lo cual hubiera sido mejor para nosotros; simplemente les dijo: no ha venido porque con el evangelio no hemos alcanzado a todos, no todos nos han creído y no todos estamos preparados para su segunda vertida de juicio.

Fíjate que no es tanto lo que impide la segunda venida del Señor el alcance mundial del evangelio, sino el  estado espiritual de la iglesia; porque el "nosotros" implica a los creyentes, a los creyentes que se han separado del Camino. Más que un asunto de evangelización es un asunto de purificación de la iglesia. Parece equivocada la idea que cuando se halla predicado a toda criatura “entonces vendrá el fin” (Mt. 24:13, 14). 

Me siento cómodo tomando la palabra testimonio dicha por Jesús y acomodándola a la opinión de Pedro. No a la evangelización sin preocupación por la santidad eclesiástica. Si contesto a los burladores por qué hace dos mil años que todos los apóstoles esperaban en su generación el retorno del Jesús que habían visto volar al cielo, y no ha venido, les digo: Cristo no ha venido porque no somos mejores cristianos.  Entonces la batalla del diablo contra esa doctrina es conseguir siempre, en todos los siglos, una iglesia impura.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...