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lunes, 17 de noviembre de 2008

Pablo, Jacobo y la Evangelización de Israel


Hechos 21:16-26

[16] Y nos acompañaron también algunos de los discípulos de Cesarea, quienes nos condujeron a Mnasón, de Chipre, un antiguo discípulo con quien deberíamos hospedarnos.

[17] Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con regocijo. [18] Y al día siguiente Pablo fue con nosotros a ver a Jacobo, y todos los ancianos estaban presentes. [19] Y después de saludarlos, comenzó a referirles una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles mediante su ministerio. [20] Y ellos, cuando lo oyeron, glorificaban a Dios y le dijeron: Hermano, ya ves cuántos miles hay entre los judíos que han creído, y todos son celosos de la ley; [21] y se les ha contado acerca de ti, que enseñas a todos los judíos entre los gentiles que se aparten de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos ni observen las tradiciones. [22] Entonces, ¿qué es lo que se debe hacer? Porque sin duda la multitud se reunirá pues oirán que has venido. [23] Por tanto, haz esto que te decimos: Tenemos cuatro hombres que han hecho un voto; [24] tómalos y purifícate junto con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos sabrán que no hay nada cierto en lo que se les ha dicho acerca de ti, sino que tú también vives ordenadamente, acatando la ley. [25] Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito, habiendo decidido que deben abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de lo estrangulado y de fornicación. [26] Entonces Pablo tomó consigo a los hombres, y al día siguiente, purificándose junto con ellos, fue al templo, notificando de la terminación de los días de purificación, hasta que el sacrificio se ofreciera por cada uno de ellos.

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No te escandalice mi título. Eran dos buenos hermanos y amigos pero en dos posiciones diferentes en cuanto a la ley ceremonial dada por Moisés. Jacobo quiso salvar al apóstol de problemas pero no lo logró aunque éste cooperó con su buena intención. Después de estos días nos preparamos y comenzamos a subir hacia Jerusalén.

Miremos a Pablo dentro del perímetro de autoridad de Jacobo. Dos líderes prominentes, dos hermanos en Cristo, sin embargo uno, Santiago, liderando el sector judaico del cristianismo naciente que continuaba apegado a la ley de Moisés y el otro, Pablo, un ministro a los gentiles,[i] que aunque educado dentro del judaísmo predicaba a Cristo sólo, la salvación por la gracia, sin las obras de la ley[ii].

Jerusalén no es la ciudad de Pablo, ni donde tiene más amigos ni convertidos; pero está llena de judíos ortodoxos por la ley y de cristianos que también la guardaban. Es allí donde a Pablo le esperaban muchas anunciadas tribulaciones y donde tuvo que hacerse como si estuviese sujeto a la ley aunque no lo estaba.[iii]

Observa que no prosperaron las intenciones de Jacobo. Hizo la sana proposición de que Pablo desmintiese los falsos rumores de que estaba enseñando a los judíos a apostatar de Moisés (v. 21); así según él, mejoraría la imagen dentro de su pueblo y lo guardaría de cierto posible peligro cuando oyeran que había venido a la fiesta (v. 22). El pensó que ellos al verlo cumpliendo los votos “comprenderán que no hay nada de los que se les informó” (v. 24). Fue muy ingenuo al pensar de ese modo o le faltaba conocer muchas cosas del apóstol, que el simple hecho de pagar aquellos votos no sería suficiente para sus adversarios que le habían escuchado enseñar, sostener y defender la gracia por encima del cumplimiento ceremonial de la ley.

Parecería iluso que si sus enemigos le oyeron enseñar esas doctrinas aceptaran que por el simple hecho de raparse el cabello o por pagar los gastos de aquellos cuatro nazareos, él hubiera cambiado. Y así ocurrió, nada más que lo vieron se formó el tumulto. ¿Hasta qué punto Santiago conocía el ministerio de Pablo?[iv] ¿Podría pensar que él le predicara un evangelio de libertad en la gracia a los griegos y uno atado al yugo de la ley para los judíos? Santiago había envidado algunos a Antioquía, una iglesia eminentemente gentil, para influir sobre ella con sus emisarios (Ga 2.12). Su reputación en ese entonces era muy fuerte y los mismos hermanos temían contradecirlo.

Observa el lado de los adversarios. De una manera o de otra, tampoco sus difamadores entendían bien lo que Pablo pensaba de la ley, pero le habían oído decir muchas cosas con las cuales ellos no estaban de acuerdo; por ejemplo: “La circuncisión nada es” (1 Co 7.19) “somos circuncidados por medio del bautismo, circuncisión no hecha de mano” (Col 2.11,12) “de todo lo que se venda en el mercado comed sin preguntar nada por motivos de conciencia” (1 Co 10.25-27) “no estéis sujetos al yugo de esclavitud” (Ga 5.1) “el fin de la ley es Cristo” (Ro 10.4) “anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, quitándola de en medio y clavándola en la cruz” (Col 2.14) “uno hace diferencia entre día y día, otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día para el Señor no lo hace. El que come para el Señor come y da gracias a Dios; y el que no come para el Señor no come y da gracias a Dios” (Ro 14. 5,6) “y que por la ley ninguno se justifica para con Dios es evidente porque está escrito: Mas el justo por la fe vivirá; y la ley no es fe sino que dice: El que hiciera estas cosas vivirá por ellas”. Todo eso daba pie para acusarle de anti judío y traidor.

No, Jacobo quiere ganarle terreno a la posición de Pablo. Estará ayudando al apóstol pero también parece querer ganarlo públicamente para su grupo judeo-cristiano. Pablo le había contado una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles (no entre los judíos) por su ministerio (v.19). Glorificaron a Dios por la conversión de los gentiles (v.21). Pablo no mencionó los millares de gentiles que habían creído, pero los hermanos de Jerusalén, especialmente Jacobo sí lo hicieron diciendo: “Ya ves hermano, cuántos hermanos han creído y todos son celosos por la ley”. Estaba queriendo decir: “Nosotros, los de la circuncisión también hemos sido bendecidos por el Señor y tenemos convertidos por millares y esa multitud guarda la ley”. No estaban separados de la cultura en la que se habían criado y el cristianismo de ello armonizaba con ella. Una cultura mosaica.

Si sacan el asunto es porque en el curso del testimonio de Pablo se hizo referencia (y ellos lo sabían) que en la conversión de los gentiles medió la predicación de un evangelio sin las ceremonias de la ley. Santiago está queriendo decirle: “Ese evangelio que tú predicas, como acordamos en el Concilio, es para los gentiles y no para los judíos; hemos tenido noticias (por no decir él mismo) de que también estás enseñando a los judíos la clase de evangelio que es sólo para gentiles, no según hemos acordado.

“Por tanto, demuestra ahora con esos votos y gastos, que aunque predicas un evangelio sin ley para ellos, tú como judío practicas el judaísmo”. Es indudable que Santiago está procurando someter al apóstol, al menos ante los ojos de muchos hermanos. Si alguien duda que semejante presión se hiciera sobre él, lea en Ga 2.1-10, como tuvo que predicar en Jerusalén su evangelio sin ley, escondido, y siempre con peligro de espías.

La “multitud” que oiría de su llegada y se alborotaría, ¿quiénes serían? ¿Los judíos cristianos o los no cristianos? Parece que ambos formaban ese gentío. Lo que quiere decir que los hermanos judíos convertidos se hallaban a gusto en Jerusalén y no sufrían alguna persecución porque estaban bien identificados con las autoridades judías; y eso es lo que explica por qué todos, incluyendo a Bernabé, les temían por las consecuencias. Pablo aceptó aquello no por el miedo que las palabras del hermano Jacobo podrían producir en él, sino porque pagaba el precio, adoptando en forma un apego al judaísmo que ya en sustancia distaba de guardar; con el propósito de tener un buen clima, calmar a los adversarios y haciéndose judío ganar a los judíos (1 Co 9.19,20). Pero no le sirvió. Lo detuvieron. No salió libre de esa visita.

Es cierto que no hay otro medio de salvación para los judíos que no sea la gracia, igual que para nosotros, pero dado que el patriotismo de ellos está tan conectado con la ley mosaica, la evangelización de los mismos desde un Pablo a los gentiles es muy difícil, y el fanatismo y los prejuicios obstaculizarían cualquier esfuerzo espiritual para ayudarlos, sin embargo, pienso, que un Pablo rapado, pagando votos, aprovechando para su bien espiritual el ritual judío, es más probable que salve algunos que el otro flamígeramente dogmático que oímos en Antioquia, aunque a nuestros escrúpulos parezca inconsecuencia y contradicción dentro de un Nuevo Testamento mayormente gentil. Lo que es improcedente es que entre los gentiles se adopten costumbres culturales judías, como hacen algunas iglesias hoy, para ganar a los gentiles puesto que es no es evangelizar sino judaizar, y en sentido general hasta donde he visto, no logran nada sino un culto bonito que no es más que folclore judío sin sustancia salvadora.

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[i] Rom 15:16

[ii] Rom 3:28

[iii] 1Co 9:20

[iv] Ga 2:2,8-9

martes, 11 de noviembre de 2008

Cómo Llevarse Bien Con Los Demás

Romanos 15:1-4
“Así que, los que somos más fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo para el bien, con miras a la edificación. Porque Cristo no se agradó a sí mismo; más bien, como está escrito: Las afrentas de los que te afrentaron, cayeron sobre mí. Pues lo que fue escrito anteriormente fue escrito para nuestra enseñanza, a fin de que por la perseverancia y la exhortación de las Escrituras tengamos esperanza”.

La primera parte de la exposición la dedicaré a entresacar algunos consejos para vivir en paz con nuestros hermanos. Pero primero, miremos la conexión entre el presente pasaje y el anterior. Aunque esta porción se halla en otro capítulo, el tema suyo es continuación de lo anterior, en el cual el apóstol quiere que los hermanos estén unidos en las opiniones, tocante a las comidas y los días de fiestas. Insistió mucho en los hermanos que comían de todo y juzgaban iguales todos los días sobrellevaran a los que pensaban de modo distinto; y por varias veces les presentó el daño que le podían hacer a los otros que eran escrupulosos en estos mandamientos de la ley. Para él los fuertes deben proteger a los débiles, y fuertes son los que como él y tienen mayor conocimiento de la gracia.
Para llevarse bien con los demás y vivir en paz con ellos hay que aprender a hacer buen uso de la libertad de conciencia. Nota que es a los hermanos fuertes a quienes les pide que no usen la libertad de conciencia de modo que dañe a otro hermano (ver 1 Co 10.29). Cuando uno convive con otros no puede hablar y obrar como “le de la gana”; una actitud egoísta y egocéntrica no es aceptable; el uso de los derechos y deberes propios y ajenos entra en funcionamiento. Si alguien no quiere tener en cuenta el punto de vista del prójimo, ni sus gustos, entonces que se separe de todo el mundo y que viva en completo ostracismo. Unos llaman franqueza no a decir la verdad sino a abusar de esa libertad para decir cosas que hieren; y maltratan al prójimo. Hay quienes no pueden tocar el corazón de otros sin herirlo. No siempre se puede decir todo lo que se sabe o se ve, ni ser absolutamente sincero. No, hermano, nada en que otro se ofenda, tropiece, se pierda debemos hacer.

Lo segundo, lo que significa no agradarse a uno mismo, qué tan lejos puede llegar eso. Es un principio indispensable aprender a renunciar y a soportar. No sólo renunciar a nuestra libertad sino a nuestra propia satisfacción, no agradándonos en lo que hacemos sino haciendo aquello que agrada a otro y le hace bien espiritualmente, que tienden a la edificación (v. 2). Esta forma de actuar es excelente cuando se aplica al trato con los demás. Trata a tu prójimo de manera que le agrade y le haga feliz. Quizás dices: “Yo no tengo que hacer feliz a nadie porque nadie se preocupa si soy o no feliz”. Eso te lo contesto de dos maneras, una, la Biblia exhorta a los cristianos no a buscar la felicidad sino a darla, darle ocasión a otros para que sean felices.
Observa el ejemplo que el apóstol pone, Cristo, quien no se agradó a sí mismo sino a los otros, soportándolos, destinándose a no agradarse a sí mismo, a no buscar su felicidad sino la de otros. Y dos, el precio que se paga por la felicidad es renunciar y soportar. Cristo es el gran renunciante. Además, uno puede tener otros ideales en la vida que no son únicamente agradarse a uno mismo y ser feliz. Puede encontrar felicidad complementaria y satisfacción en otras personas y cosas. Si el cristiano no halla la felicidad por sus muchos sufrimientos puede vivir gozoso por medio de la consolación de la Escritura, por el gozo y la paz que da el creer (v. 13). El que vive con su corazón lleno de esperanza tiene una felicidad de otra clase, la que da la comunión con Dios; aunque no conozca otra, tiene esta que es espiritual y suprema, la felicidad de su vocación y de la misma adorable existencia de Dios, que le da el Espíritu derramando su amor en el corazón.
Si el mandamiento es no agradarnos a nosotros mismos, nuestra meta no es hacernos felices a nosotros mismos sino a los demás. Quizás haya que renunciar a un gran amor para hacer feliz y consagrarte a otra persona que no te hace completamente feliz; o conformarte con lo que te da, un poco de felicidad.

Una reflexión devocional
"Y el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer" (v.13)
¿Tienes falta de paz? Es porque no crees; fortalece tu fe y retornará la paz perdida. ¿Se te ha extinguido tu gozo? Cree. Mira a Cristo. Nota que la fe y la esperanza andan unidas en el andar del cristiano; nunca ellas se separan, donde va la una le sigue la otra, y el camino que ambas llevan concluye en el cielo que es el hogar de Esperanza. La Esperanza vino a buscar a Cristiano para llevarlo consigo a su mansión celestial, y para eso le comunicó fe, que continuamente alimenta. Si le faltara esperanza a esa fe, se secaría y moriría, quedando de ella sólo un cadáver momificado de lo que una vez estuvo saludable y tuvo vida. Piensa mucho en tu esperanza, en el cielo, en la compañía de los justos hechos perfectos, en tu tabernáculo de gloria, en tu asiento junto al Padre y el Hijo, porque esa clase de esperanza es purificadora o limpia (1Jn 3. 3). Cree en las promesas de Dios, agitado corazón, y dentro de ti otra vez anidará la paloma de la paz que por la tempestad había huido.


lunes, 10 de noviembre de 2008

No Olvides dar la Propina


Fui hace unos días a que me cortaran el pelo. Había allí un peludo de unos 60 años, diabético, con su pronunciado belly beer (un vientre grande, de cerveza supongo) que chisteaba sobre sus funerales, los cuales tiene pagado y que consistirá en quemar su cuerpo, o como decía, meterlo en “un infierno de fuego” o en “B.B.Q” (asado). El hombre afirmaba que le tiene dicho a la familia que entierren sus cenizas, que no las guarden para que si algo malo sucede en la casa no le echen la culpa al cofre que las contiene. Ja, ja, je, je, todos los barberos, barberas y público se reían de aquel improvisado actor. Logró este tipo cómico divertirlos por un buen tiempo.
Dudo que este oso chistoso sea un valentón si estuviera no en la barbería cortándose el pelo sino en el hospital y le estén cortando el colon o alguna otra tripa, pero como por el momento tiene “el infierno de fuego” un poco distante, juega con él y payasea con la muerte y sus cenizas.
La vejez, la diabetes y la muerte no tienen ningún lado divertido. Es algo que se soporta y a lo que hay que resignarse pero no es motivo de risas sino de preocupación. Puede ser que por eso mismo se divierten con ella para taparle un poco su horror y perderle el miedo. Convierten en caricatura lo que les da pánico. La desintegración, la condenación y la extinción, si se es incrédulo, son cosas que espantan y los que se llaman valientes son los que pueden con algún éxito esconder su miedo (1). Hay hombres que se divierten con motivos muy raros, como ese peludo.
Hay otros temas que han escogido estos comediantes y que la gente les paga para oírlos. Hacen reír con cuentos de borrachos, de adúlteros, de sexo, de niños mal hablados y de brutos. No es que uno tome la vida demasiado en serio ni que tenga un espíritu refinado como un querubín sino que esos pesados son unos vulgares y chabacanos. Yo sé que hay hermanos en Cristo que sintonizan en la radio o en la TV a esos bufones y se ríen, porque no piensan que hay risas que Jesús no aprueba y chistes que harían sonrojarse a los apóstoles y a la virgen María.
Pregúntale a la esposa si se ríe cuando su marido llega a la casa borracho y sin dinero en el bolsillo, o a sus hijos cuando careciendo de lo básico debido al vicio del padre, contemplan las peleas y los golpes que el ebrio le propina a la desesperada madre. Pregúntale a la esposa si le da gracia oler el perfume de otra mujer en la ropa de su esposo o comprobar que la trae manchada de carmín, mírale el rostro y dime si se ha reído o está furiosa y llora de rabia. ¿No sabes cómo se siente un niño cuando un compañero le grita que su madre se acuesta con fulano? ¿Dan risas las malas palabras que no diría nadie delante de personas decentes? ¿Qué chiste se puede hacer con lo que la Biblia llama “palabras corrompidas”? (2) Nada, que muchos hombres están locos hasta en sus diversiones y se sonríen con asuntos menos nobles que los que tuvo Sara y Abram para hacerlo (3). Y Dios los hizo reír y los vio reírse y tuvieron miedo. Y no fue por un chiste vulgar.
Y volviendo al payaso de la barbería que se reía de su incineración, que posiblemente la tendrá cerca, y ¿qué pasa, tío, si tienes alma? ¿Y si eres algo más que polvito y cuando exhales se te va el alma que es la viva imagen reconocible de tu físico y un par de ángeles puros te escoltan al Gran Juicio definitivo? (4) ¿Qué si tienes que hacer un esfuerzo para volar a Dios por el mucho peso del pecado que gravita sobre ella (5)? ¿Y qué si notas que se va con tu alma una conciencia manchada de punta a cabo? ¿Y qué si la lista de pecados no perdonados es muy larga por los muchos años que viviste cometiéndolos?(6) No te rías, señor, de lo que debiera hacerte reflexionar y agachar la cabeza y pedirle perdón a Dios, porque tal vez muy pronto te toca el turno y llega la muerte que no da risa sino horror, porque es tu enemiga, (7) y ¡saz!, te pone de patitas en el otro mundo donde sólo te aguarda “el lloro y el crujir de dientes”(8). Esa incineración que pagaste no es la única, hay otra que has comprado con tus malas sobras y abrasa al alma y el cuerpo sin consumirlo definitivamente (9). Ríete también si quieres, de este fanático y tonto autor, que Dios se reirá de ti (10). Te toca el turno, peludo, y no te olvides de tu alma ni de dar la propina.
(1) Mat 10:28
(2) Efe 4:29
(3) Ge 18:15; 21:6
(4) Ge 35:18
(5) He 12:1
(6) He 9:14
(7) 1Co 15:26
(8) Mat 8:12
(9) Mat 10:28
(10) Sal 2:4; 37:13

domingo, 9 de noviembre de 2008

Los Mendigos



“Lo vi el otro día. Cruzaba la avenida muy sonriente con un walkman que le tapaba ambas orejas, supongo que estaría oyendo algún programa de su agrado, estaba sucio y el aire frío de diciembre le soplaba hiriente sobre el rostro y la ropa doble (1); me maravilló su sonrisa y su rostro resplandeciente; ¿cómo puede sonreír un homeless desamparado, si no tiene un techo sobre su cabeza para guarecerse, calefacción, una cama donde dormir y un baño donde asearse; un trabajo decente y un poco de honor social y de cariño doméstico? Pero te lo juro, aquel mendigo tenía su instante feliz.

“Ah, supe por qué, porque iba a encontrarse en algún edificio roto y abandonado con su compañera mendiga. Era Navidad y Dios alcanzaba también para ellos, para estas criaturas hundidas en la miseria social; sin pan, sin ropa, con tres o cuatro limosnas en algún bolsillo, pero contento, no por lo que tuviera porque era feliz sin nada.(2) ¿Estará loco ese tipo? ¿Cómo puede ser dichoso sin un carro nuevo como el mío que transite veloz por la autopista de Washington, con el tanque lleno de gasolina, una virtuosa mujer al lado y un par de bellos críos en el asiento trasero? ¿Cómo puede sonreír si no significa nada para nadie como yo significo, un tipo que no tiene importancia, un cero social, un individuo sin historia (bueno, alguna tendrá, pero llena de fracasos y equivocaciones); yo sí soy alguien, muchos me quieren, me saludan, (3) hablan de mí, (4) me respetan y buscan mi compañía; pero ese tío caído que yo vi cruzar la avenida es peor que un animal, porque hay perros de alta categoría que viajan en coches de lujo y los llevan sus amos comiendo finas confituras en cómodos Mercedes Benz; sí, lo vi correr como un perro que cruza precipitadamente la calle, pero ¡Dios mío estaba alegre! ¡Caramba era dichoso!

“Tengo zapatos nuevos, brillosos, mis pantalones están bien planchados, mi cinturón es nuevo, lo compré en uno de mis viajes a Europa, mi camisa perfumada con olor parisiense, mi corbata es de fina marca hecha por Oscar de la Renta; me rasura y me corta el pelo el mejor barbero de la ciudad y le pago bien con propinas, ¡diablos! Pero ese ácaro humano que vi esta tarde estaba más complacido de vivir que yo. Tiene que ser un analfabeto, un burro sin educación y su felicidad se debe a que es un tonto porque sólo un imbécil cómo él es capaz de mostrar un poco de dicha en sus condiciones. Yo he estudiado, soy reconocido en Harvard y Yale, a mí me pagaron estudios y me señalaron la mejor mujer para mi vida, la que más me convenía, ¡vaya que sin ella no sería lo que soy!

“Sí, eres un homeless, vas a encontrarte con una tipa de la calaña tuya. ¡Contra!, pero yo creo que ese estaba loco de amor por alguna mujer. El amor es inconfundible cuando se mira en el rostro. Lo vi al pasar pero ese tipo está enamorado. ¿Pero de quién? Y ¿en esos escondrijos fríos? Es un torpe, me indigna su sonrisa, no puede sonreír, es un animal, no tiene derecho a la alegría por sus vicios, su pobreza; es un miserable, una criatura inservible, una basura de la calle que debiera ser recogida pronto, una asquerosidad que no debieran contemplar nuestros ojos ni mirar la distinguida gente extranjera que visita nuestra capital; usaré mi influencia con el alcalde Marion Barry para que recojan de estas avenidas a todos los que son como ese individuo, que fingen complacencia no teniendo nada ni siquiera un poco de aspiración, ni un tramo de tierra en el cementerio para ser sepultado. Yo tengo mi mausoleo pagado pero a ese diablo lo enterrarán con los perros. (5)

“No puedo conciliar el sueño, si lo vuelvo a encontrar en mi camino lo pateo, un indigente no puede hacerme sentir menos con su conformidad como éste me has hecho sentir, le tengo envidia, por tu libertad, porque al fin y al cabo es lo que quiere, un nada, pero es él mismo y ama a una mujer que no estuvo en la agenda de nadie; la eligió él.

“¿Cómo puede regocijarte sobre esa criatura sucia que es tu mujer? (6) ¿Qué rayos le ves? Es una viciosa como tú. Los dos son unos delincuentes. ¿En verdad la amas? ¿Te deleita mirarla? (7) ¿Puedes besar sus ojos en la oscuridad y decirle que la quieres? (8) ¿Lloran sus ojos? ¿No salen sucias sus lágrimas? Hombre, me he comparado contigo y me has hecho infeliz. Quizás te besan mejor que a mí, (9) tal vez te satisfacen sus caricias mejor que a mí, (10), ¿se acarician en público? (11), dime si no es verdad. ¿Es tierna tu mujer contigo? ¿A veces te dice que te ama? ¿Te acaricia como tú la acaricias a ella? ¿Te devuelve las caricias y elogios? ¿Tienen ustedes un amor honesto? Yo quisiera sonreírle a la mía como tú a la tuya. No, no puede ser tu mujer. Ustedes no están casados. Debe ser una prostituta que recogiste por la calle. ¿Admiras a tu mujer? Yo admiro la mía. Tú no admiras nada. La mía es una criatura virtuosa pero es seca. No puede ser seca porque tú sonríes. ¿Te inspira respeto o amor? ¿Alguien te la recomendó o la miraste a los ojos y te enamoraste? (12). Yo me allegué a la mía por una recomendación. Porque me convenía. Teníamos vocacionalmente muchas cosas en común. Mirábamos en una misma dirección pero no el uno al otro. Le agradezco mucho. Me ha ayudado a triunfar. Soy un hombre de triunfo. No son un perdedor. Pero no soy feliz. Me casé con un libro y no con una mujer. He procreado dos hijos. Los amo. Son bellos.

Y levantándose sin hacer el menor ruido tomó su ropa de invierno. Su grueso abrigo. Sus botas para la nieve. Los guantes. Y bajó al garaje. Calentó su auto y salió a la calle. Tomó el Capital Beltway que rodea a Washington. Salió hacia la Constitution Ave., le echó una mirada al Washington Monument y entró al este de la capital donde aquella tarde había visto al mendigo cruzar rápido la avenida North Capital. Se detuvo precisamente en la esquina de un edificio abandonado y se bajó. Todo estaba en silencio. Vio varios bultos apretados a la pared queriendo en vano huir del frío. La luz de los coches que pasaban le permitía verles las caras. Muy sucias, enjutas y peludas. Al fin lo encontró.

“-Allí están los dos- dijo. Como pensé. Iba a encontrar a una mujer.

Estaban abrazados en el piso. Estaban dormidos. Le pareció que se hablaban y quiso escuchar qué. Ambos sonreían. El se había dormido con el walkman enganchado en las orejas. Se oía música de Navidad. Silent Night (Noche de Paz). Ya estaba muy cerca de ellos como para poder verlos bien y oírles respirar. Pero no los oyó respirar.

“-Están helados. &hp

(1) Prov. 31:21

(2) Flp 4:11

(3) Mt 23:7

(4) Luc 6:26

(5) 2Samuel 28:18; Mt 23:29

(6) Sofonías 3:17

(7) Eze 24:16

(8) Cant 4:1; 6:5

(9) Cant 1:2

(10) Pro 5:19

(11) Gen 26:8

(12) Cant 4:9

jueves, 6 de noviembre de 2008

La iglesia ante leyes injustas

Hechos 4.23-37

[23] Cuando quedaron en libertad, fueron a los suyos y les contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho. [24] Al oír ellos esto, unánimes alzaron la voz a Dios y dijeron: Oh, Señor, tú eres el que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, [25] el que por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre David, tu siervo, dijiste:

¿Por que se enfurecieron los gentiles,

y los pueblos tramaron cosas vanas?

[26] Se presentaron los reyes de la tierra,

y los gobernantes se juntaron a una

contra el Señor y contra su Cristo.

[27] Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, juntamente con los gentiles y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste, [28] para hacer cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado que sucediera. [29] Y ahora, Señor, considera sus amenazas, y permite que tus siervos hablen tu palabra con toda confianza, [30] mientras extiendes tu mano para que se hagan curaciones, señales y prodigios mediante el nombre de tu santo siervo Jesús. [31] Después que oraron, el lugar donde estaban reunidos tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban la palabra de Dios con valor.

[32] La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común. [33] Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia había sobre todos ellos. [34] No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían, traían el precio de lo vendido, [35] y lo depositaban a los pies de los apóstoles, y se distribuía a cada uno según su necesidad.

[36] Y José, un levita natural de Chipre, a quien también los apóstoles llamaban Bernabé (que traducido significa hijo de consolación), [37] poseía un campo y lo vendió, y trajo el dinero y lo depositó a los pies de los apóstoles.

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La primera porción es un colofón de la exposición anterior, como la iglesia reacciona ante leyes injustas, la discriminación y la persecución (v. 23-31). No con violencia, sino con fe y oración; asume una actitud de desobediencia religiosa y se produce un enfrentamiento entre ella y el estado opresor. Dijo que no. Trataron de impedirles su dispersión pero no pudieron. No hubo cabildeo ni soborno sino que usó sus rodillas. Los apóstoles no eran de acero o de mármol; las amenazas fueron grandes y sintieron que podrían llegar a temerlas; entonces decidieron orar para que no perdieran el valor que hasta entonces habían demostrado, que en ese contexto equivalía a ser lleno del Espíritu Santo (v. 31), porque en un instante al acabar de orar ya todos sentían deseos de salir a predicar. Y se levantaron llenos del Espíritu Santo. Dentro del libro de los Hechos ser llenos del Espíritu no es hablar con emoción sino con valor. Conocimientos tenían, y a eso pidieron a Dios que les añadiera denuedo (v. 20). En fin, no se callaron porque la salvación de todos dependía que no guardaran silencio. Cuando uno siente miedo testificar por Jesús lo que tiene que hacer es orar para que el Señor le quite el miedo. La iglesia acompañó con oración su desobediencia a las leyes injustas.

Mira en su oración el apoyo doctrinal de la fe de ellos para no obedecer a los hombres, la soberanía de Dios. Sus oraciones enseñan lo que ella cree. Ya desde que empiezan a orar saben en ellos mismos que el Señor tiene “toda potestad en el cielo y en la tierra” y que por tanto pueden ir “y hacer discípulos a todas las naciones y bautizarlos en el nombre del Señor Jesús”. Es decir, las autoridades enemigas, aunque se juntaran todas, no habrían de pararlos porque era mucho más justo obedecer a Dios que les había hablado por el Espíritu que a los hombres (v. 19).

Dios es soberano y ningún gobierno o grupo religioso tiene el derecho ante él para prohibirles el testimonio de Jesús. Podrían ser acusados de desacato pero no se callaron. Enfrentarían azotes y cárceles pero habían orado para que esa posibilidad no los frenara. Fueran judíos, romanos o en un futuro, mahometanos, no se detendrían, perdieran lo que perdieran y costase lo que costase. Y continuaron predicando a Jesús como un desafío social; ni la religión autorizada, ni el gobierno hostil pudieron amordazarlos; azotarlos y matarlos sí pero no taparles la boca. Dios era soberano y ellos no consintieron en el silencio. Cualquiera que fuera la estrategia que utilizaran, ese sería siempre el fin.

En segundo lugar se mira una iglesia unida y generosa, no rota por las divisiones donde cada uno tira para un lado, casi siempre el propio, sino al contrario hacia los demás, y la muestra inequívoca que se hallaban con buen espíritu y en la correcta dirección es escuchar cómo los miembros de ella hacía uso de su dinero a favor de los hermanos más necesitados. En ese tiempo se puede hablar ya de una “mega-iglesia” pero no en el sentido de hoy, numérico, sino con mega poder y con mega gracia (v.33), como una comunidad que ama y cuida a sus miembros, entregada primeramente a Dios y a los hombres (2 Co 8.5). La gloria de ella no estaba en que fuera una mega iglesia sino que lo fuera en esas dos gracias del Señor, en poder y en gracia. En esta parte la preeminencia se encuentra en la asistencia que daba a los necesitados. No en los milagros que hacía entre ellos sino en el dinero, la ropa y la comida que les entregaba.

No son los principios de algún filósofo los que practica sino la vida en el Espíritu. Se puede ver la iglesia desprendiéndose del mundo, por un lado, y alejándose de los negocios terrenales para predicar el evangelio, por el otro (v. 32-37); un ensayo de comunismo invertido al marxista, porque no se apropiaba de las pertenencias de nadie con el pretexto de distribuirlas entre la capa más baja de la sociedad porque todo era voluntario, sin mandamiento, y todo era literalmente para todos. No hay producción sino desprendimiento y distribución.

Por el estilo social que desarrollan se ve que la congregación no fue formada sobre el yo y la autoestima como se hace hoy con los programas de evangelismo que sucesivamente inventan, sino al contrario, sobre el amor al prójimo. Es un modelo social lo de consagración a la obra de Dios. En cuanto a los pobres la comunidad siempre se ocupó pero dejaron de vender sus propiedades. Compartían con los necesitados pero no se lo daban todo. Quizás en la mente de Lucas al contarlo quisiera decir: “Mirad cuánto se amaban, vivían los unos para los otros, pero sobre todo se entregaban ellos mismos y lo que tenían para la obra de Cristo, la iglesia no carecía de recursos no porque sus miembros diezmaran sino porque daban todo lo que poseían”. Esta fue la lección que las comunidades posteriores aprendieron de aquel ejemplo primitivo, hacer una labor social por amor pero sobre todo vivir para el evangelio y no para el mundo.

El ejemplo más conspicuo en este tiempo lo encontramos dentro del ministerio, no porque hubiera hecho un voto de pobreza y otros se enriquecieran con él, sino que voluntariamente, por espíritu cristiano y como necesidad vocacional hizo. Fue el hermano José, que por su gran amor por la iglesia vendió su heredad y se quedó sin un centavo para que su posesión sirviera de consuelo a las viudas, los huérfanos y los otros pobres. Este varón por donde pasaba enjugaba las lágrimas de los desconsolados y si podía les dejaba algún dinero para que quedaran más contentos. Los apóstoles, complacidos, le cambiaron el nombre por otro que más se ajustara a sus cualidades y le pusieron Bernabé, uno que había nacido para servir de consuelo a los entristecidos del orden social.

Quizás en la mente de este santo varón, ya el Espíritu se movía indicándole qué camino recorrer porque comenzaba a llamarlo para la obra misionera, y poco a poco él se iba desembarazando de los cuidados terrenales para no dejar ninguna preocupación por detrás sino la predicación de Jesús y los negocios de Dios, porque sabía que “ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado”.

Confiaba no sólo en la soberanía de Dios para predicar el evangelio como un reto sino en la providencia ¡por medio de la iglesia!, y que como él lo había dejado todo para anunciar a Jesús, tendría el derecho a “vivir del evangelio”, a “sembrar lo espiritual” y recibir compensación material. La iglesia no se enriquecía, ni aumentaban sus arcas porque todo lo distribuía, y ella seguía siendo pobre, sin oro ni plata, pero con poder espiritual y posibilidad de distribuir sus entradas entre los necesitados que Dios llamaba para la salvación y los ministros que salían anunciando el mensaje.
Y Bernabé tuvo imitadores, pero no con tan noble corazón.

domingo, 2 de noviembre de 2008

El Filósofo



No había ido hasta allá para conocerlo personalmente aunque nos habíamos carteado. No usaba nunca el teléfono y no parecía tener alguna noción de la Internet y los e-mails. Cuando terminé mis asuntos pregunté por su persona y el joven de la recepción en el hotel me dijo “pregunte por él en la calle que todos lo conocen y saben donde hallarlo”(1). Es cierto que en esa ciudad no había mucha gente pero aun así la popularidad de aquel joven era grande.

Nada más verme me reconoció(2). No creo que por mi ropa o corte de pelo americano. Lo hallé en una plaza contándole cuento a los niños y varias parejas divorciadas que venían para sacarle alguna opinión o consejo(3). Alzó sus ojos y me miró fijo. Entonces como si hubiera seguido una conversación conmigo y ahora la concluyera me dijo: -No te preocupes nada, lo que sea será- y añadió-tu Dios guardará tu vida no por tus oraciones y tu fe sino por sus propósitos-, lo dijo con convicción seguro de lo que me decía. - Escríbeme de nuevo cuando quieras-. Pero yo no estaba dispuesto a irme sin tener un contacto más íntimo con él. No estaba seguro que nos volviéramos a ver. Y así fue.

Quise hacerle una pregunta pero instintivamente me callé. ¿Cómo conocía tanto de Dios? La religión no solía ser el tema de sus conversaciones; no me atrevo a decir que voluntariamente lo ignoraba o que deliberadamente prescindiera de él. Su conocimiento en esta materia y su fe, cualquiera fuera su clase, era como un secreto entre los dos; hablaba poco de la deidad y se veía que pensaba más en ella de lo que podría suponerse. Las cosas que aprendía las reunía para sí mismo sin compartirlas, excepto con los niños y las mujeres de la plaza pública de aquel barrio malo.

Cuando llegué creí que era de esos que afirman que la religión es algo personal y privado, pero a los pocos minutos vi que no se trataba de eso, y que no deseara compartir lo que sabía, o que no hallara con quien, sino que su Dios, y yo suponía que era el mismo mío, era un tema alto y sublime para manosearlo continuamente delante de la gente rebajándolo a como decía “un asqueroso proselitismo”(4).

En su mente había como cierta avaricia por lo divino. Hacía mucho calor y aunque mi ropa era más ligera que la suya yo sudaba a mares, y dado que él le contaba a los niños sobre un río de aguas muy frescas y un árbol que protegía admirablemente al cansado con su sombra (5), lo invité a que nos tomáramos juntos un vaso de agua fría, o una sidra, o de vino. Y aceptó. Echamos a andar y en el camino vio dos edificios muy altos parecidos el uno al otro como dos gemelos y dijo: “No quedará piedra sobre piedra y su territorio mismo será conocido como Cero”(6). Junto al mar oyó voces familiares y dijo: “Hablan parecido al latín pero tienen costumbres de Sodoma”(7). Cuando pasamos junto una congregación de creyentes oímos la música muy alta, y más alto aún los gritos de un predicador, y lo oí decir ¡simplón!

No se dedicaba a destruir la fe de los demás pero él tenía la suya, evidentemente no era ateo, pero comparado con aquellos que oían al predicador él pasaría como un hombre secular y su costumbre era evitarlos. No fue una crítica sino como una defensa de su concepto de Dios. Ya casi habíamos dejado atrás el templo cuando me pidió que lo esperara y se volvió para dar una limosna a un paralítico que estaba sentado junto a la hermosa puerta del edificio(8). No me hizo ningún comentario pero lo vi mirarse sus dos manos, la derecha primero y luego su izquierda, y volver a meterlas en los bolsillos(9). Seguimos andando callados. Yo era uno de sus pocos amigos. No quería tener muchos. Necesariamente había que pensar como él.

Después que pasamos una puerta muy estrecha donde se hallaba el agua(10), me sostuvo por el brazo y me dijo:


“No aprendas nada nuevo hasta que ya creas lo que sabes”.

“Los pasos de Dios son lentos y hay que esperar por él”.

“No le preguntes sobre el futuro, adéntrate en él esperando encontrarlo”.

“No aspires a ser menos limpio que la nieve”.

“Cuando el diablo venga detrás de ti, corre”.

“Haz oraciones que lleguen al cielo”.

“Satanás desconoce que el corazón de Dios late por ti”.

“No vayas a una iglesia donde no haya niños”.

“A veces te parecerá que los relojes de Dios están todos descompuestos”.

“La gracia de Dios llegará a ti en puntillas, no la sentirás entrar”.


Entonces, me soltó la mano y el Espíritu me tomó y sentí que flotaba, y todas mis preocupaciones que pensaba contarle, quedaron abajo. Me di cuenta que ya no tenía sed ni él tampoco(11). El salió primero y yo seguí detrás(12), iba andando solo, sin sus doce apóstoles.

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(1) Jn 12:19

(2) Jn 1:48

(3) Mr 10:13,16

(4) Mt 23:15

(5) Apoc 22:2

(6) Mt 24:2. . Alusión a la destrucción de Jerusalén, 70 d.C. y de las Torres Gemelas en N.Y., 2001 d.C.

(7) Referencia South Beach, y la corrupción moral de los hispanos en esa playa de Florida.

(8) Un gesto humano copiado de La Escritura en Hch 3:2

(9) Mt 6:3

(10) Mt 7:13,14

(11) Jn 7:37; Apoc 22:17

(12) Apoc 14:4

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...