Páginas

sábado, 15 de diciembre de 2018

El interés de Dios con un mesón ocupado


LUCAS 2:1-7
(Mt. 1:18-25)
 “1 Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. 2 Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. 3 E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. 4 Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; 5 para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. 6 Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. 7 Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”.

El nacimiento de Jesucristo en esas condiciones fue divinamente intencional, no por casualidad ni suerte que los padres llegaran a Belén a una hora y un día en que era imposible encontrar una habitación, quiero decir un lugar dentro del mesón, abarrotado de gente y animales. El nacimiento de Jesús en un establo y acostado en un pesebre tienen un fin Salvador, no específicamente como se pudiera pensar, haciéndose asequible a los pobres, sino para intencionalmente llevar los ricos hasta ese lugar donde tengan que dejar sus carruajes y caballos, sus zapatos costosos y su enorme orgullo.
El establo no es un lugar donde iría a buscar a un Salvador la nobleza de Judea ni de ninguna otra parte, las damas con olfato refinado no pondrían un pie dentro de un establo maloliente para arrodillarse juntas a una María aldeana y un José carpintero, ni acompañarse con jadeantes pastores que sudorosos acaban de llegar, por un aviso que dicen ellos que se los dio una hueste angelical. Cosa difícil de creer por los sabios, en boca de campesinos ignorantes.
Allí no irían los reyes a buscar a un compañero de ellos, ni cancilleres, ni procuradores, ni diplomáticos, ni científicos, ni filósofos y literatos, ni doctores de la ley de Dios. El lugar donde tienen puesto al Niño es nauseabundo y hay pobreza por todas partes, aunque sean ricos en dignidad. La historia de la Navidad es el elocuente sermón de humillación dado por Dios a los arrogantes y jactanciosos del mundo, a los engreídos, a los que adoran otros dioses, de las artes, de las letras, de las ciencias y del mundo de los negocios, cuyo príncipe es el poder y Don Dinero. Y al estilo del pesebre vivió el Señor  Jesús. Ni siquiera imaginar que todos estos sofisticados señores se dignarían ir a buscar algo a su taller de carpintería, y oírlo y tratarlo como un superior; y aunque le escucharon hablar, enseñar y predicar, exigirían sus credenciales y desearían conocer cuánto de sus posesiones, de sus amistades y de su familia. Ninguna de esas cosas las hallaría, en él o junto a él como para que lo eligieran su profesor, Mesías y Salvador. Jesús está puesto donde los que lo quieran tienen que negarse a sí mismos y renunciar a la petulancia y al orgullo intrínseco en sus corazones.
El nacimiento en aquellas condiciones no fue porque José no tuviera recursos para que su desposada María diera a luz en mejores condiciones sino porque no encontró un hospedaje mejor, porque así lo quiso Dios para inclinar la cerviz de los pudientes y poderosos, de los sabios y entendidos, como si no valiera nada valiendo todo, como un sin nombre y siendo el suyo sobre todos, como pobre para enriquecer a los ricos (2 Co. 8:9; 2 Co. 6:10), como ignorante y débil y siendo “poder y sabiduría de Dios” (1 Co. 1:24). El mundo no necesitaba que tuviera sangre azul y tesoros sino que fuera “el Santo de Dios” que pudiera morir por nuestros pecados.
Todo en la vida de Jesús, desde su nacimiento y profesión, hábitos y pensamientos, tenía el propósito divino de quitar del carácter del hombre sus ínfulas de grandeza y revestirlo con este sentir que hubo en Cristo Jesús “que no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse sino que se despojó” de su gloria. Debe buscarlo en una tumba vacía, muriendo entre bandidos, comiendo con publicanos y pecadores, en un taller de carpintería y dentro de un establo recostado en un pesebre. Ese fue el interés de Dios con un mesón ocupado.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Inconsecuencia cuando se trata de dinero


         
MATEO 12:11,12
"Pues ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! Por tanto, es lícito hacer el bien en el día de reposo". 

Ellos pensaban que no era lo mismo y que había otros días en que se podía sanar (Luc.13:14). Es cierto, pero Jesús quería algo más que sanarle. Nota que el argumento de Cristo no es teológico, escritural, sino humano y social. Siempre tuvo en mente no perseguir el éxito de una discusión sino demostrar la inconsecuencia en la vida del que le contradecía. No son únicamente las ideas lo principal para cambiar (uno puede pensar bien y actuar mal), sino el torcido mecanismo que las produce dentro del corazón. Las inconsecuencias en las prácticas religiosas, las inconsecuencias espirituales hunden al hombre en su condenación y hacen que en el juicio salga culpable, juzgado y penado por una actitud inconsecuente. Más descriptiva del carácter es la palabra hipocresía. ¿Cómo sacas de un hoyo a una oveja en sábado y protestas porque se sane a un hombre, más valioso, el mismo día? Es que de la sanidad de un manco ellos no sacaban ninguna utilidad mientras que de un animal sí; pues se suele ser inconsecuente cuando se trata de dinero, y visto claramente, la hipocresía o inconsecuencia tiene un sustancial elemento de interés personal. Y si se trata de arreglar las cosas dentro de un sistema religioso donde eso es lo normal, igual que a Jesús, enseguida se levantará una confabulación contra aquel que intente arreglar las cosas (v.14).

jueves, 6 de diciembre de 2018

No es posible inventar un mejor Cristo


MATEO 11:2-6
“Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis.  Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí”.  

¿Eres tú el que había de venir o esperamos a otro? La pregunta es tan inocente que tiene que ser tomada no por sí mismo sino por causa de otros, dirigida a confirmar el testimonio de Jesús y a relacionar sus discípulos con el Señor. Presiente su muerte y busca para los suyos un sustituto mejor: Jesús. ¿No te gusta más esa explicación que suponer que aquel que fue más grande que todos los nacidos de mujer, haya estado dudando a última hora? (11:11). Escoge para ti la explicación.
No esperemos a otro. En dos mil años no ha aparecido otro como él, escogido, precioso (1 Pe. 2:6,7); han venido muchos falsos cristos, pero ninguno ha sido como él, no sólo por el testimonio que dio de sí mismo sino por el que Dios y la iglesia dieron de él; ninguno ha sido "la cabeza del ángulo"; ¿quién ha tenido su Persona divino-humana? ¿Su carácter? ¿Quién ha hecho su obra? Ni inventando un Cristo nuevo saldría uno mejor, ni siquiera igual. Los judíos esperaban otro, el mundo de hoy a ninguno. No quiere a nadie. Sus cristos son sus filosofías, y en primer caso cada uno es su propio mesías.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...