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sábado, 22 de enero de 2011

Visita al cardiólogo antes que al oculista

Job 9: 1-15
El hizo la Osa, el Orión y las Pléyades, y los lugares secretos del sur; él hace cosas grandes e incomprensibles, y maravillosas, sin número. He aquí que él pasará delante de mí, y yo no lo veré; pasará, y no lo entenderé”.

En el verano fuimos al Kennedy Space Center en Florida. Miramos todos los museos de cohetes que han salido al espacio; y sobre todo los vídeos tomados afuera de nuestro planeta. Vimos lo mismo que vio Job, la Osa con sus cachorros, el Orión y las Pléyades. La Vía Láctea me impresionó, sobre todo al ver esa bolita pequeña, llamada Planeta Tierra, dentro de astros miles de veces mayores, y que sea el único que tiene vida, y tenga tantos problemas. Es donde único hay pecado. Y una cruz.

Job era un hombre culto y como se ve aquí sabía de la existencia de la Osa Mayor, el Orión y las Pléyades; y se supone que sus tres interlocutores eran capaces de entender lo que él decía. La discusión entre ellos tiene un alto nivel filosófico, poético y teológico. Job sobre todo es un creyente que discute con sus amigos la honestidad de su fe y sus luchas con la providencia de Dios. Para él su Dios es una tremenda realidad, y que mientras más aprendía de su existencia más infinita le parecía la mente divina. La creación abajo no era su favorita sino la inmensidad del espacio arriba. Y bajo esa impresión de la inmensidad es que rechaza las furibundas acusaciones de sus colegas.

Esas palabras que Dios pasaría delante de él y no lo vería, están encajadas en su propia experiencia y en el examen teológico de sus sufrimientos. En ningún momento deja de pensar que Dios es trascendente, en comparación a sí mismo, a sus amigos y a todo. Si tuviera algún problema sería con la inmanencia de Dios no con su trascendencia, de la cual recibía su completa inspiración. Les está queriendo decir que ese gran Dios puede pasar al lado de todos ellos y ninguno notarlo sino hasta que se le ve por la espalda alejándose en el tiempo. Les hace ver la imposibilidad de contemplarlo en el presente, lo difícil que es en el momento actual interpretar su providencia y que ésta se discierne solamente con lecciones ya dadas. Cada cristiano debiera siempre remitirse a lo que ha vivido.

Y para eso se necesita fe y paciencia, y en eso está trabajando él en los días en que ocurre este diálogo. Se hizo famoso posteriormente por la longitud de su paciencia y fue tomado como un virtuoso ejemplo en el Nuevo Testamento para los cristianos que viven cosas inexplicables (Sgo. 5:11). Jamás acusó a Dios de despropósito alguno.

Tiene la certeza que a Dios, dentro de sus vicisitudes, sólo se le puede conocer en el pasado, que la providencia se explica cuando ha llegado el fin no cuando está actuando. No en el diagnóstico, tampoco durante la quimioterapia, en el funeral ni en la bancarrota, sino cuando han pasado muchos días y los sucesos yacen escritos con cincel de fuego y lágrimas, en piedra e historia. Entonces es que podemos como Moisés ver sus espaldas, pero no su rostro, en el respiro no en el suspiro. Deja que Dios pase, todo pasa con Dios, y si no puedes por incredulidad amar al Invisible y Creador del universo, pase lo que pase, entonces visita al cardiólogo, antes que al oftalmólogo o al oculista, o mejor todavía ve a un doctor en la Escritura y dile que no puedes ver a Dios en la Osa mayor ni en la pléyade de evidencias que ha dejado al pasar (Job 19:26).

martes, 18 de enero de 2011

¿Así que you tub, eh?

“Por tanto, no refrenaré mi boca; hablaré en la angustia de mi espíritu, y me quejaré con la amargura de mi alma”.

Job habla con Dios sobre la brevedad de su vida para que él se la cambie (vv.11-21). Uno esperaría una oración corta pero no es así; nota que es una gran queja y argumenta largamente con Aquel que puede cambiar su situación. ¿Pueden los hombres devolverles los hijos muertos, la fortuna y la salud perdidas? Esta oración parece tomada de su diario y leída a sus amigos o recitada en versos delante de ellos, o incluida posteriormente cuando editó su libro. Aquí admite lo que niega a sus amigos: que es pecador y afirma lo que a ellos no les acepta: que sus desgracias están conectadas a sus iniquidades (v.21).

¿Qué es eso de formar grupitos cristianos y verter como aguas todo lo que traen dentro? ¿No esconde esa simplona franqueza las larvas de la carne y lascivia? ¿No promueve una enfermiza curiosidad? ¿No elimina esa confraternidad los necesarios alientos de inspiración del buen modelo? ¿Cómo puede inspirarnos una vida que vemos y palpamos que es tan tierra como la nuestra? ¿No le da eso asco? ¿No es como un rodeo de regreso a la “confesión auricular” que se le hace a los curas católicos? ¿No sería mejor meditaciones bíblicas, alabanzas y oración?  No veo ningún resultado, a no ser siquiátrico, sentarse dentro de un grupo, sin lágrimas  en los ojos, o haciendo pucheros y gimoteando, y enseñarles los trapos de inmundicias a los demás.  Santiago no aconseja que se haga eso, él se refiere a que si alguien peca contra otro, confiese el pecado a ese otro, no a otros, que quieren enterarse (Sgo. 5:16).

No tenemos que ser tan francos con los curiosos como lo somos con Dios. El necio es a quien le gusta enseñar todo lo que hay dentro de su corazón y las intimidades familiares, y hasta pondría  una cámara de video en su hogar y la instalaría en you tub para ser el centro de atención de todo el mundo, vean lo que vean (Pro.18:2). Job no hizo eso, les dijo a sus impertinentes visitantes muchísimo menos de lo que le dijo a Jehová. Y los dejó con las ganas.

jueves, 13 de enero de 2011

Si no hay más remedio, confórmate con tu poca fe


Job 4:3-6


He aquí, tú enseñabas a muchos, y fortalecías las manos débiles; al que tropezaba enderezaban tus palabras, y esforzabas las rodillas que decaían, mas ahora que el mal ha venido sobre ti, te desalientas; y cuando ha llegado hasta ti, te turbas. ¿No es tu temor a Dios tu confianza? ¿No es tu esperanza la integridad de tus caminos?”.


No fue una consolación sino un ataque que empieza por su persona, juzgando la forma en que Job toma su tragedia; y lo primero que salta a la vista de ellos es la inconsecuencia de su fe. La vida ejemplar de Job.


¿Y quién no? Es más fácil aconsejar que seguir el consejo, además, las calamidades lo sorprendieron, no estaba acostumbrado a eso. Hace falta menos gracia para alentar que para alentarse. ¿Es cierto que creemos en Dios o “imaginamos” que creemos en Dios? Afirmamos creer en Dios, amamos su verdad, enseñamos con ella a otros y los fortalecemos en sus tribulaciones, sin embargo, cuando somos nosotros los que padecemos la enfermedad, la bancarrota, el divorcio, la muerte, la negación de los hijos, el desempleo, etc., reaccionamos en forma distinta a cuando no somos el objeto de esa suerte.


¿Es que somos hipócritas en nuestra confesión y nos engañamos a nosotros mismos afirmando que creemos en Dios, cuando nuestra fe no es más que un capricho, ansia por creer, antiateísmo? Es mucho más fácil creer doctrinas, vivir éticas, cumplir formalidades y ejecutar ritos, que practicar la fe en la providencia de Dios en la vida cotidiana.


La fe se mide precisamente ahí, cuando el mal ha venido sobre nosotros, ¿dónde está el temor de Dios en ese momento, y la esperanza que acompaña a la fe?. No se ve por ningún lado. ¿No hemos leído que todas las cosas ayudan a bien? Entonces, ¿por qué no lo creemos?, conocemos más cosas que las que creemos y no todo lo que sabemos lo creemos. Estamos convencidos que Cristo murió por nuestros pecados, que resucitó de entre los muertos, ascendió al cielo, está a la diestra de Dios, y ha de venir para juzgar a los vivos y a los muertos, entonces ¿por qué tenemos miedo morir? ¿No hemos leído que él es la resurrección y la vida, y que morir en Cristo es ganancia? De todo esto hay una conclusión que debiéramos sacar, ¿acaso es que no tenemos fe ninguna, que ella es una ilusión, y que mejor haríamos no intentar creer más?


No, porque esas vacilaciones y contradicciones no son reflejos de ausencia de fe sino de la pequeñez de ella; con esa cantidad pequeña de fe podemos malvivir, ser cristianos tristes y melancólicos, pesimistas, no reflejar victoria en el rostro ni ser de inspiración a otros, ser una carga a nosotros mismos, pero con todo, es suficiente para entrar con ella al cielo.

sábado, 8 de enero de 2011

Hay Esperanza para las bodas mal hechas


Esdras 9:9-15

“9 Porque siervos somos; mas en nuestra servidumbre no nos ha desamparado nuestro Dios, sino que inclinó sobre nosotros su misericordia delante de los reyes de Persia, para que se nos diese vida para levantar la casa de nuestro Dios y restaurar sus ruinas, y darnos protección en Judá y en Jerusalén. 10 Pero ahora, ¿qué diremos, oh Dios nuestro, después de esto? Porque nosotros hemos dejado tus mandamientos, 11 que prescribiste por medio de tus siervos los profetas, diciendo: La tierra a la cual entráis para poseerla, tierra inmunda es a causa de la inmundicia de los pueblos de aquellas regiones, por las abominaciones de que la han llenado de uno a otro extremo con su inmundicia. 12 Ahora, pues, no daréis vuestras hijas a los hijos de ellos, ni sus hijas tomaréis para vuestros hijos, ni procuraréis jamás su paz ni su prosperidad; para que seáis fuertes y comáis el bien de la tierra, y la dejéis por heredad a vuestros hijos para siempre. 13 Mas después de todo lo que nos ha sobrevenido a causa de nuestras malas obras, y a causa de nuestro gran pecado, ya que tú, Dios nuestro, no nos has castigado de acuerdo con nuestras iniquidades, y nos diste un remanente como este, 14 ¿hemos de volver a infringir tus mandamientos, y a emparentar con pueblos que cometen estas abominaciones? ¿No te indignarías contra nosotros hasta consumirnos, sin que quedara remanente ni quien escape? 15 Oh Jehová Dios de Israel, tú eres justo, puesto que hemos quedado un remanente que ha escapado, como en este día. Henos aquí delante de ti en nuestros delitos; porque no es posible estar en tu presencia a causa de esto”. ______________________________


Ha habido pocos hombres que tengan tanta sensibilidad y celo como Esdras para lamentar profundamente las bodas mal hechas. Si el pueblo de Dios quiere perseverar hacia el futuro, tiene que demandar matrimonios correspondientes con la ley de Dios. Hoy, Dios nos perdone, a los pastores que bendecimos en las bodas, nos duele menos que a Esdras que los jóvenes se mal casen; bendecimos uniones mixtas sabiendo de antemano que Cristo va perdiendo, pero condescendemos en santificar la unión con la esperanza de que el que es extranjero a la fe sea en lo futuro hecho un prosélito de Israel; animamos nuestra fe con las pocas excepciones que existen donde el inconverso se ha convertido después de casado, alentamos una esperanza que no tiene como fundamento ninguna promesa. ¿Es el matrimonio un asunto tan privado que la iglesia no tiene derecho a prohibir un casamiento de este tipo?


El apóstol de la gracia es más condescendiente y dice a los que tienen esposas no creyentes que no las abandonen, “12 Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. 13 Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone” (1 Co. 7:12, 13), porque lo que la ley no pudo la gracia sí lo puede, sin que tengamos en menos las buenas recomendaciones dadas por Moisés. Hay esperanza para las bodas mal hechas, para los matrimonios mal formados, y no es precisamente la disolución de la unión, los equivocadamente formados, y más para los que han comenzado a ser bendecidos y ya a uno de ellos ha llegado la gracia de Dios (como en Corinto) y tiene casado lo que no tenía soltero porque ha ingresado Jesucristo en la familia, entonces, bendito sea Dios, es que hay esperanza para el matrimonio y los hijos; la solución, y es un poco más que los consejos, que las sabias orientaciones, que las peladas confesiones de faltas de uno para el otro delante de un profesional, es la confesión de pecados, sin altivez y con franqueza, ante Jesucristo, y ¡serán sanados! “16 Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” (Sgo. 5:16). Más que con nobles consejeros, que con Moisés, con la gracia de Dios en Jesucristo, amados.

lunes, 3 de enero de 2011

Si tu religión cristiana no funciona, no la rompas

2 Crónicas 28:22-27

“22 Además el rey Acaz en el tiempo que aquél le apuraba, añadió mayor pecado contra Jehová; 23 porque ofreció sacrificios a los dioses de Damasco que le habían derrotado, y dijo: Pues que los dioses de los reyes de Siria les ayudan, yo también ofreceré sacrificios a ellos para que me ayuden; bien que fueron éstos su ruina, y la de todo Israel. 24 Además de eso recogió Acaz los utensilios de la casa de Dios, y los quebró, y cerró las puertas de la casa de Jehová, y se hizo altares en Jerusalén en todos los rincones. 25 Hizo también lugares altos en todas las ciudades de Judá, para quemar incienso a los dioses ajenos, provocando así a ira a Jehová el Dios de sus padres. 26 Los demás de sus hechos, y todos sus caminos, primeros y postreros, he aquí están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel. 27 Y durmió Acaz con sus padres, y lo sepultaron en la ciudad de Jerusalén, pero no lo metieron en los sepulcros de los reyes de Israel; y reinó en su lugar Ezequías su hijo”.____________


Esta exposición trata sobre el fracaso de la religión; no que uno la haga fracasar, que uno mismo boicotee su fe sino las cosas de la vida que retan la fe, que la pueden destruir por desilusión, frustración y mal funcionamiento. A este hombre Acaz le iba mal por todos lados. No es exactamente la ilustración de un hombre creyente y santo que pone a prueba a Jehová y asume que le ha fallado, que en momentos de tensión su religión ha sido una cosa inservible, y defraudado con sus creencias renuncia a ellas, las pone todas a un lado, más bien, las quiebra y escoge para sí otra religión y otros dioses que supone que son mejores que el que tenía.


Acaz durante todos sus fracasos tenía muchas religiones incluyendo a Jehová, era lo que puede llamarse un ecléctico o un hombre progresista y de mente abierta, o un relativista que no cree que una sola religión sea la verdadera sino que todas tienen algo o mucho de verdad y su eficacia particular; y experimentando que los dioses de Siria habían triunfado sobre Jehová deshizo completamente su culto.


A veces la experiencia con Dios da al traste contra la realidad de una situación y no la cambia, no la modifica en nada, no triunfa sobre ella, y el creyente sospecha que es un engaño, y se enoja y hace pedazos su adoración, y se cambia para otra religión o renuncia a todas; cuando Dios no sana y la persona muere, no ayuda con un trabajo cuando la bancarrota es inminente, permite, permite, que el divorcio se efectúe y no salva el matrimonio, o que un auto atropelle a un hijo, o un conductor ebrio mate toda su familia; son cosas demasiado grandes y triunfan sobre la religión personal de una persona dejándola sin nada, abandonada.


¿Cómo se puede defender a Dios de todas esas acusaciones si a veces la persona no ha dado motivo? ¿Cómo Dios puede ser verdadero si según uno le ha fallado? Sería fácil uno echarse toda la culpa y exonerar a Dios, pero no creo que Dios quiera eso.


Una respuesta sería que la realidad de Dios no cambia pase lo que pase, que los desastres no tienen que ver con su existencia sino con su voluntad, que el asiento primario de la fe en Dios no es la experiencia personal sino la historia bíblica, que los hijos, el matrimonio, el trabajo, la vida, la salud, las posesiones, no duran eternamente, son cosas movibles, perecederas, y que por esa razón tienen que ser sustituidas por cosas mejores, por un mundo más perfecto, con uniones perennes, posesiones que no se terminen, y todo eso comenzando con Dios que va delante de todas ellas, y espera que no nos aferremos a tales cosas y ni siquiera a nuestra razón sino a la fe, que salga triunfante sobre todas las contradicciones que no niegan a Dios y su verdad sino al mundo y todo lo que hay dentro.


Pon tu vista en la resurrección de Cristo, en Dios, que pese a todo sigue siendo amor, sabiduría, y un adorable misterio. No es cosa buena como Acaz tener muchas religiones y entre ellas el cristianismo, buscar una para triunfar en este mundo, usarla como un medio y retenerla o romperla si funciona bien o no, si conviene o no, porque la esencia de la fe no es la adquisición ni la retención sino la renuncia, la pérdida. Amén.

sábado, 1 de enero de 2011

Oración de un publicano, no es Leví ni el de la parábola

Señor empezamos el año 2011; primero que todo quiero darte las gracias porque me has hablado "de muchas maneras" especialmente por medio de tu Escritura, y muy pocas veces ha sido para mí un libro sellado, todo lo contrario, ha hecho arder mi corazón de modo que en ocasiones son tantas tus palabras y pensamientos que mi mente flaca no ha podido contener, y ha hecho sino humillarme con gratitud y felicidad.


Gracias por las grandes doctrinas de la salvación. Me quedo mudo como el justo Job porque “soy vil y mi mano pongo sobre mi boca” (Job 40:4) y me deja “asombrado y temblando” al ver que hay tantos millones y millones de pecadores en el mundo, y tantos asuntos miles de veces más importantes que los que tiene esta criatura tuya que soy yo, y sin embargo acerques tu oído en atención cuando de rodillas te invoca. “¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él y el hijo del hombre para que lo visites?”. Tu omnisciencia y omnipresencia y la encarnación de tu Verbo, exceden los límites de mi entendimiento. Es un misterio, que tú llamas “de la piedad”, y es ese interés tuyo en Jesucristo, por mí. Y todo eso por el puro afecto de tu voluntad.


Tu ayuda, Señor, ha sido constante durante todo este año que se acabó, y me has conservado la vida y la salud porque dices "al hombre y al animal conservas"; tu gracia es conservadora, y "has sanado todas mis dolencias", físicas, espirituales y mis dolores morales. Mientras he estado trabajando por la salvación de otros tú has estado sosteniendo mi propia salvación. Todo lo que ha pasado en este año ha sido conducido por ti para el bien de mi salvación y no tengo por qué quejarme de tu providencia sino de la falta de fe demostrada con mis preocupaciones. Has aderezado mesa delante de mí y me has vestido como los lirios del campo.


Cuando pienso en mi elección, doctrina que a otros les causa enojo y horror y a mí me eleva hasta el tercer cielo, me lleva al paraíso, que tú me hayas elegido desde antes de la fundación del mundo, que hayas pensado crearme, morir por mí, salvarme, y cuándo y cómo hacerlo, tal pensamiento "es demasiado sublime para mí", y me quedo como la reina de Saba al ver la sabiduría de Salomón, con la boca abierta y "sin aliento". Y “he aquí más que Salomón en este lugar”, en mi despacho.


La elección para salvación y la predestinación de mi vida, con todo lo que ella ha encerrado, males y bienes, altibajos, inspira mi oración y “alabo la profundidad de tu sabiduría”; y doblo mis rodillas por haber sido conocido desde antes y predestinado para ser “hecho conforme a la imagen de tu Hijo”, y que sea el Primogénito entre muchos hermanos, y yo uno de ellos. Canto tus alabanzas Señor, por eso.


Cuando sé que fui escrito con tu puño y letra en el libro de tu Memoria, junto a una muchedumbre sacada de toda tribu, lengua y nación, y que es incontable, te beso Señor. Dices que me has conocido por nombre y me escribiste mientras que otros no lo han sido, ni conocidos, y les has dicho “nunca os conocí, hacedores de maldad” (Mt. 7:23); y eso “desde la fundación del mundo” (Apc. 13:8). Ese privilegio, como dijo el profeta, me hace correr y saltar como becerro de la manada porque ha salido sobre mí el sol de justicia y “en sus alas traído salvación”.


Y te digo, amén, amén, agradecido, Gracia Soberana, cuando veo que he sido tomado y otro dejado, y que he podido seguir andando en la verdad y crecer en ella porque no es posible que un elegido sea engañado, mientras que otros siguen amontonándose conforme a sus concupiscencias y han apartado de la verdad el odio. A mí me has tomado en preferencia y me has dado ese privilegio, y has hecho conmigo una excepción, y fui conducido por tu benignidad al arrepentimiento y has creado con tu palabra y sostenido mi fe, la de Abram, y cada día que pasa me confirmas más en ella, mientras hay tantos y tantos que son reprobados, entregados a pasiones vergonzosas (Ro. 1:26), los pasas por alto, porque “no es de todos la fe”, y eso a pesar que todavía el evangelio está en el mundo y se los ofreces pero no les interesa ni tu palabra, ni tú, ni la vida eterna porque no creen que tú eres y “cuya porción la tienen en esta vida”, solamente (Sal. 17:14). Pero yo sigo orando por tu Jerusalén, y buscando los que son judíos en el corazón, plantando una iglesia con ellos, y persisto en juntarlos debajo de los brazos de Jesús, como la gallina a sus polluelos, a pesar de mis desánimos, porque sé que hay más elegidos que nadie sino tú conoces, y yo te los pido, y tal pensamiento lejos de desanimarme me hace buscarlos, entre los que están alejados de la ciudadanía de Israel y sin Cristo.


Mucho gozo, humillación y agradecimiento siento por las veces que he visto que has confirmado mi elección y como quien dice habiendo yo pecado, o siendo salvado del pecado. Y me he tenido que arrepentir y pedir perdón por pecados que ya habían sido perdonados. Me ha parecido que me has elegido una, dos, muchas veces puesto que dando ocasión para convertirme en un reprobado eso no ha ocurrido porque tu gracia ha sido perseverante, tu propósito ha continuado hacia adelante conmigo, y has mantenido el significado que has querido darle a mi vida no el que yo he querido, y todo eso aunque “he sido como el caballo y como el mulo sin entendimiento”. Por toda esa misericordia recordada en el año 2010 este pecador “ha hallado motivo para orar delante de ti” (1 Cro. 17:25) y darte las gracias porque “habiendo sido esclavo del pecado ha obedecido de corazón a esta forma de doctrina a la cual fue entregado” (Ro. 6:17). _________________________________


Un ruego, que no te haya hecho daño su oración, eres libre para no decir amén, o para decirlo.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...