Páginas

jueves, 11 de febrero de 2010

La teología que examinó la sangre de Abel el Justo


Amós 3: 6
“¿Sucede algo en la ciudad que Jehová no haya hecho?”

La pregunta es que si no hay alguna clase de castigo dentro de la ciudad, invasión, incendio, enfermedad, hambruna, accidente, etc., que el Señor no haya ocasionado.
Pero la obvia respuesta que es Dios, cambiaría si se le pregunta a una sociedad secularizada. Una ciudad secular y moderna respondería cualquier cosa menos que Dios se halle involucrado en tal y más cual asunto, y diría que los enemigos han echado abajo el muro de protección porque los guardas han sido negligentes, porque no hubo suficiente entrenamiento militar, porque con el presupuesto tan raquítico no se han podido inventar nuevos armamentos o comprarlos, que los incendios y barrios enteros hechos cenizas se debe a que no hay suficientes unidades de bomberos o la policía no hace su trabajo con eficacia, que las últimas plagas se deben a la poca higiene que hay entre la población, la ausencia de vacunación y el pobre adelanto de la medicina, que la pobreza es culpa del sistema social impropio y corrompido, que una nueva distribución de los bienes de producción, un control estatal sobre ellos y una mejor justicia social erradicaría el hambre, y que la multiplicación de accidentes se debe al alcohol y a la estrechez de las carreteras, o a la estupidez, o fortuna, pero, jamás de los jamases que todas conjuntamente con esas calamidades esté operando una Inteligencia Suprema y Soberana que toma venganza para hacer justicia por las faltas en general de la población.
Los investigadores, los médicos, los sociólogos, los militares, los políticos, los maestros y los economistas explican con satisfacción todo eso de acuerdo a la ley de causa y efecto, física por supuesto, no teológica ni religiosamente. La voz de la teología está excluida de opinar ni ella siquiera tímidamente se atrevería a dar un punto de vista anacrónico sobre la crisis hipotecaria actual, el desplome de la bolsa de valores, el triunfo de ideologías muertas y resucitadas, porque se reirían y haría el ridículo. Entonces esa joven señorita, graduada de los centros educativos y comerciales, pálida por la falta de hemoglobina en su fe, se arrima a la corriente del momento y dice unas cuantas cosas con lenguaje prestado de  los impíos doctores que le horrorizan, a lo cual ningún hombre “sensato” prestaría un poco de  atención.
Hay que llamar para que hable la vieja de apergaminada piel, la teología de siglos anteriores, pero que por órdenes universitarias no se le deja pasar por su vestuario anticuado y su lenguaje cortante, y porque esa sin miedo dirá lo que dirá y traerá el mensaje de Amós, de los nazarenos,  paulinos, de los calvinistas, y el Dios de la historia  le dará  la razón moviendo las circunstancias como su Providencia sabe para que no quede ninguna sospecha que ella es su voz, y que el mundo debe oírla de nuevo, porque es la correcta intérprete de los acontecimientos dentro y fuera de las metrópolis paganas y profanas, y es la misma antigua teología que recogió la sangre de Abel el justo y la examinó y halló razón religiosa para reconocer al culpable y su motivación, y  que coleccionó las piedras de la Ciudad Santa y afirmó que estaban tiznadas de hipocresía e incredulidad y halló escrito en cada una de ellas I.N.R.I,  la misma forma exacta del pensamiento humano enviada a la teocracia y a las democracias o dictaduras, la que se explica con claridad en la historia de Jerusalén y escribió que absolutamente ningún mal ocurre, no llamándose pecado, que Jehová  el Dios de los judíos y gentiles no haya causado,  y que se debe prestar atención al castigo y a quien lo establece (Miqueas 6.9).

miércoles, 10 de febrero de 2010

Dios perdona a los reincidentes


Amós 1:3
“Por tres pecados de Damasco y por el cuarto no revocaré su castigo”.

He leído que esta forma de hablar corresponde a la Sabiduría y que Salomón la utilizó    
(Prov. 30: 18-19; 29-3; Ecl. 11: 2). Y otros antes que él (Ex. 20: 5; Job 33:14, 29). Quizás esto enseñe la paciencia de Dios con los pecados que se repiten, o que se acumulan (Mt. 23:35-36; Luc. 11: 50-51; Ro. 2: 5) y alcanza su “colmo” (Ge. 15: 16; Da. 8: 23).

Estas palabras como yo las leo son una expresión de la bondad y paciencia divinas con nosotros. Se sabe que Dios castiga el pecado pero ¿cuándo? Gracias a su gracia no la primera vez que pecamos. Dios no castiga la primera, segunda, tercera vez, sino la cuarta, lo cual según el uso de los números quiere decir que no castiga inmediatamente que el pecado se comete sino que a la mala acción sigue un período de misericordia, incluyendo aquellos que son reincidentes, que han cometido el mismo pecado varias veces y en diferentes lugares.
¿Hay castigo por el primer pecado? –Rara vez o no lo hay- ¿Por el segundo, tercero, y así por muchos? –Por un largo tiempo o tampoco- Pero no se anime a provocarlo porque los pecados y castigos se acumulan. Aun el buen Jesús lo dijo: Lea la cita de Mateo 23: 35-36 y Lucas 11:50-51.
No obstante, uno deduce que no hay inclinación divina hacia el castigo y el ejercicio de la justicia suya. Dios no es proclive a castigar; su ser está lleno de infinita misericordia y mira con compasión a todos los que cometen infracción de su ley y tiene paciencia. Es justo aun con los reprobados y difiriendo el castigo les quita toda excusa. Da tiempo y pone a disposición suya los medios para el arrepentimiento, aunque sea un reincidente.

lunes, 8 de febrero de 2010

Cosas políticamente incorrectas

Joel 1:4
“Lo que quedó de la oruga lo comió el saltón y lo que quedó del saltón lo comió el revoltón”.

No son distintas invasiones de langostas ni variaciones de ellas sino estados de la misma. La traducción es difícil. Son frecuentes esas plagas en Palestina y algunas han llegado hasta tiempos modernos. En la profecía no se menciona la plaga de langosta en Egipto.
Hay lecciones pertinentes que podemos tener en cuenta, comparando la plaga de la langosta que lo devoró todo con el diablo que busca a quien comerse, que los castigos por el pecado llegan  como oleadas con hitos de reposo para darnos tiempo a reflexionar y arrepentirnos, y si una docena de mordidas no exterminan nuestra cosecha, digamos economía, viene otra, y si una mala racha no resulta le sigue otra, y a un contratiempo otro, a una desventura otra, a una pérdida otra hasta que por fin nos alcanza la ruina.
Si un pueblo no deja la idolatría, por lástima que nos de su derrumbe, tiembla de nuevo la tierra  como señal de que Dios espera, y la tierra enseña su puño amenazador y dice: “humíllense”; pero nos ayudamos a reponernos unos a otros, ejercitamos nuestra generosidad, nos enjugan las lágrimas con ropas, comidas y medicinas, y llegan las ayudas humanas, y los vecinos conmovidos oran y extienden llenas sus palmas. Y de nuevo seguimos con nuestros detestables cultos a dioses ajenos y persistimos en nuestras anexiones y sincretismos religiosos. El dios que hemos creado no puede ser tan malo como para hacer morir tanta gente, incluyendo mujeres, ancianos y niños. Pero Dios espera.
Y desde el Líbano, Tiro y Damasco seguimos las noticias de los muertos, pero nos callamos porque una crítica bíblica a un país devastado, parecería inhumano y políticamente incorrecto. El mundo se nos echaría encima si pasamos un juico teológico y profético. No hablamos como lo hizo Calvino aunque somos calvinistas. Y preferimos sugerir las cosas, insinuarlas, disimularlas con parábolas y símiles, como éstas, porque el escritor tiene miedo decir en voz baja lo que la Escritura grita,  que llueve sobre lo mojado, que un mal complementa a otro y lo perfecciona, uno hiere la esperanza y otro la mata, uno quita la ilusión y el otro trae el desencanto, uno trae la pobreza y el otro la mendicidad. Pero el insecto es el mismo. Y si no nos come el saltón lo hace revoltón, nos matan los sunamis, los terremotos y el síntoma de inmuno-deficiencia adquirida y con todo, buscamos con vacunas y científicos sortilegios, cómo escapar sin pedir perdón.

domingo, 7 de febrero de 2010

Míralo por detrás


Joel 2.3
“Como la tierra de Edén es delante y como desierto desolado detrás”.

Delante el paraíso y detrás el infierno. Por donde pasa el pecado, por donde pasa el diablo y el juicio de Dios, dejan detrás el desierto. Enfrente belleza, detrás fealdad, delante paz detrás división, disensión, pleitos, guerras; delante primavera, detrás la flor seca; delante “el tiempo de la canción y la voz de la tórtola”, detrás el gemido, la elegía; delante la riqueza, detrás la pobreza.
Mira la tentación y el pecado por la espalda no por su rostro porque para flirtear contigo se embellece los ojos con antimonio como Jezabel, y huele a nardo puro; mírale detrás y olerá a sepulcro blanqueado y huesos de muertos; enfrente una sonrisa sensual, después amargura, una mordida de placer y después el suspiro y la muerte; no lo que vas a ganar sino lo que vas a perder; el honor, la gloria marchita, la sonrisa ida. Calcula las consecuencias.
El pecado nunca ha dejado vida detrás, sino maldición (2:14), y ni esperanza, ni fe, ni amor; el pecado tiene aguja y funciona intravenosa, e inocula delirios y fantasías, éxtasis espurios, enfermedad sublime por un instante y por el resto hunde, no engendra vida sino la muerte, es como una plaga de langosta que todo lo devora y consume. Dios es amor que casa y da abrazos de reconciliación, y forma una sola carne; el pecado es codicia que divorcia, Jesucristo te da la bienvenida y el pecado te dice adiós. Míralo por detrás, quiero decir cuando ya es pasado. Delante el fuego de la pasión, detrás las cenizas de mucha culpa y vergüenza. No hace falta que le preguntes a sus víctimas, sus historias se saben.

viernes, 5 de febrero de 2010

Si la teología lo desaprueba, es confianza equina

-->
Oseas 14: 3

No nos librará el asirio; no montaremos en caballos, ni nunca más diremos a la obra de nuestras manos: Dioses nuestros; porque en ti el huérfano alcanzará misericordia”. “No montaremos a caballo”. Los caballos eran símbolos de fortaleza en la guerra y en el espíritu del AT equivalía a confiar en el hombre y no en Dios (Sal. 20: 7; 33: 17). Dios expresamente prohibió que los judíos criaran caballos (Deu. 17:16) y Salomón entre sus varias apostasías violó ese mandamiento (1 Re. 4: 26). El caballo era contrario a la fe. Confiar en caballos era incredulidad porque la salvación no la daban ellos sino él (Pro. 21:31) y por esas palabras parece que Salomón en su interpretación de la ley no hallaba contradicción entre el uso de los caballos, como ostentación y elegancia, y no precisamente para ganar guerras que no libró ninguna.

Parecido, uno puede manipular su exégesis de los textos bíblicos y hacerlos que consientan en decir lo que prohíben y convencer a lectores ingenuos y pocos documentados para que les hagan compañía. Ezequías por otra parte fue un hombre de fe que cumplió la ley de Dios y no tenía un solo caballo ni hombres de caballería en su reino, y por eso el poderoso Rabsases se burló de él, y con todo le probó a los asirios, postmodernistas, emergentes y a todo el mundo  actualmente terapéutico, que él no necesitaba de esos animales sino de Dios (2 Re. 18: 23).

Jehová no estaba enseñando a su pueblo civilizado que no tuviera fusiles, aviones y helicópteros, sino enseñando a la iglesia a triunfar con fe. Que si usaba medios para defenderse que no confiara en ellos como lo hacen las pragmáticas sociedades. El pragmatismo bélico suele crear imperios, y ser antagónico a la fe, y no digamos menos del eclesiástico que utiliza medios que la sana doctrina desaprueba, porque la forma de evangelización que desaprueba la teología y usa cualquier cosa para hacer discípulos, no es evangelización sino proselitismo, es confianza equina y no fe en Dios. En fin, no tendremos fe en los caballos, sino en la Escritura, en el Espíritu Santo, en la oración, y ni siquiera en el estupendo caballo de Job.

jueves, 4 de febrero de 2010

La gracia revierte la maldición

Oseas 13: 14
"Oh muerte yo seré tu muerte, seré tu destrucción".

Estas palabras tienen un cumplimiento perfecto en la resurrección de Cristo (1 Co. 15:55,56), y en hebreo pueden ser traducidas en forma interrogativa. El sentido de Oseas en su última línea no deja duda que se refiere al juicio de Dios sobre Israel y no a alguna compasión que él esté pensando en mostrarle pero “la misericordia triunfa sobre el juicio” y la gracia revierte una maldición en bendición y es con ese espíritu que Pablo las usa bajo el poder de la resurrección de Cristo.
La promesa en el profeta se hallaba escondida para que la gracia la buscara y la hallara; y el Espíritu que la ocultó se la mostró al apóstol y le dijo; “ahí la tienes, está rebosante de virgen esperanza”; y el dedicado autor de la epístola la llevó a su corazón, la sacó de su tumba y la pasó a la cristiandad fresca y llena de vida. El Espíritu Santo, su original autor, le cambia el sentido cuando se la entrega al apóstol de la gracia. No nos gusta la muerte pero me encanta pensar en la resurrección con un cuerpo glorioso; saber que es un suceso destruido, que la obra y presencia de Cristo la llena toda y alumbra sus sombras. No es un túnel sin luz porque su antorcha es Jesús. Y con la cruz como lumbre la transitaremos. ¿No es despojarse de una ropa pecaminosa y dejar atrás los perversos instintos, malos pensamientos y un tabernáculo envejecido y carcomido por enfermedades?
Y como la gracia torna lo malo en bueno, el espíritu “que anhela estar con Cristo que es muchísimo mejor”, va a Dios, se lo llevan carrozas de ángeles y en un par de segundos se presenta en la puerta del cielo y solicita su entrada en gloria. Y se oye la familiar voz de la Escritura que desde adentro le saluda: “Bien buen siervo fiel, entra en el gozo de tu Señor”. Y entra el alma sin sueño, a mirar  al que tras tres días de combate sorbió la muerte en victoria.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Busca su belleza y su alegría

Oseas 3:4,5
“Y acudirán temblorosos al Señor y a su bondad”.

¿No te parece raro que teman "la bondad de Dios"? Uno no debe temer a un Dios bondadoso, se teme la cólera pero no la buena disposición. Pero si el profeta lo dice por algo será. Y eso voy a explicarlo brevemente. El apóstol no dice lo mismo pero sí algo parecido, que la bondad divina debe ser "mirada" (Ro. 11: 22), pero añade que también su severidad. Cuando miras la bondad de Dios te das cuenta lo que ha hecho y está haciendo por ti y eso te ayuda a permanecer en ella, y decirte a ti mismo “por nada del mundo renuncio a ella” o "no dejaré de verla nunca”.  Oh, cristiano quejoso, ¿qué es lo que fuiste antes de conocer a Cristo? ¿No estabas tirado en el muladar? ¿No te ha hecho sentar con los príncipes de su pueblo? (Sal. 113:7-9).
La Biblia y nuestra experiencia nos enseñan que Dios nos da y hace por nosotros más de lo que le pedimos (2 Sa. 7:8-12; 18,19), y mucho más de lo que imaginamos. Mira, pídele a Dios reabra tus ojos para que veas el mundo espiritual, sus misericordias para contigo y que ya no es poco lo que te ha dado, pero si te parece poco, más te dará porque habiéndote dado a Cristo ¿cómo te negará algo más? (Ro. 8: 32). ¿No ha usado su bondad para conducirte al arrepentimiento? (Ro. 2: 4 ,5). Eso lo dice el profeta para resaltar la bondad de Dios, su paternal bondad, la vio en el futuro, el regreso del pueblo a la tierra y en el Hijo de David, Cristo.
El texto también se pudiera traducir “su belleza” “su alegría”; ¿por qué vamos a temer su belleza y su alegría si no es porque espiritualmente no somos semejantes a él, bellos como nos hizo y además hemos perdido su alegría? Se fiel, busca su bondad, permanece en ella, bendícela, bésala.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...