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domingo, 9 de noviembre de 2008

Los Mendigos



“Lo vi el otro día. Cruzaba la avenida muy sonriente con un walkman que le tapaba ambas orejas, supongo que estaría oyendo algún programa de su agrado, estaba sucio y el aire frío de diciembre le soplaba hiriente sobre el rostro y la ropa doble (1); me maravilló su sonrisa y su rostro resplandeciente; ¿cómo puede sonreír un homeless desamparado, si no tiene un techo sobre su cabeza para guarecerse, calefacción, una cama donde dormir y un baño donde asearse; un trabajo decente y un poco de honor social y de cariño doméstico? Pero te lo juro, aquel mendigo tenía su instante feliz.

“Ah, supe por qué, porque iba a encontrarse en algún edificio roto y abandonado con su compañera mendiga. Era Navidad y Dios alcanzaba también para ellos, para estas criaturas hundidas en la miseria social; sin pan, sin ropa, con tres o cuatro limosnas en algún bolsillo, pero contento, no por lo que tuviera porque era feliz sin nada.(2) ¿Estará loco ese tipo? ¿Cómo puede ser dichoso sin un carro nuevo como el mío que transite veloz por la autopista de Washington, con el tanque lleno de gasolina, una virtuosa mujer al lado y un par de bellos críos en el asiento trasero? ¿Cómo puede sonreír si no significa nada para nadie como yo significo, un tipo que no tiene importancia, un cero social, un individuo sin historia (bueno, alguna tendrá, pero llena de fracasos y equivocaciones); yo sí soy alguien, muchos me quieren, me saludan, (3) hablan de mí, (4) me respetan y buscan mi compañía; pero ese tío caído que yo vi cruzar la avenida es peor que un animal, porque hay perros de alta categoría que viajan en coches de lujo y los llevan sus amos comiendo finas confituras en cómodos Mercedes Benz; sí, lo vi correr como un perro que cruza precipitadamente la calle, pero ¡Dios mío estaba alegre! ¡Caramba era dichoso!

“Tengo zapatos nuevos, brillosos, mis pantalones están bien planchados, mi cinturón es nuevo, lo compré en uno de mis viajes a Europa, mi camisa perfumada con olor parisiense, mi corbata es de fina marca hecha por Oscar de la Renta; me rasura y me corta el pelo el mejor barbero de la ciudad y le pago bien con propinas, ¡diablos! Pero ese ácaro humano que vi esta tarde estaba más complacido de vivir que yo. Tiene que ser un analfabeto, un burro sin educación y su felicidad se debe a que es un tonto porque sólo un imbécil cómo él es capaz de mostrar un poco de dicha en sus condiciones. Yo he estudiado, soy reconocido en Harvard y Yale, a mí me pagaron estudios y me señalaron la mejor mujer para mi vida, la que más me convenía, ¡vaya que sin ella no sería lo que soy!

“Sí, eres un homeless, vas a encontrarte con una tipa de la calaña tuya. ¡Contra!, pero yo creo que ese estaba loco de amor por alguna mujer. El amor es inconfundible cuando se mira en el rostro. Lo vi al pasar pero ese tipo está enamorado. ¿Pero de quién? Y ¿en esos escondrijos fríos? Es un torpe, me indigna su sonrisa, no puede sonreír, es un animal, no tiene derecho a la alegría por sus vicios, su pobreza; es un miserable, una criatura inservible, una basura de la calle que debiera ser recogida pronto, una asquerosidad que no debieran contemplar nuestros ojos ni mirar la distinguida gente extranjera que visita nuestra capital; usaré mi influencia con el alcalde Marion Barry para que recojan de estas avenidas a todos los que son como ese individuo, que fingen complacencia no teniendo nada ni siquiera un poco de aspiración, ni un tramo de tierra en el cementerio para ser sepultado. Yo tengo mi mausoleo pagado pero a ese diablo lo enterrarán con los perros. (5)

“No puedo conciliar el sueño, si lo vuelvo a encontrar en mi camino lo pateo, un indigente no puede hacerme sentir menos con su conformidad como éste me has hecho sentir, le tengo envidia, por tu libertad, porque al fin y al cabo es lo que quiere, un nada, pero es él mismo y ama a una mujer que no estuvo en la agenda de nadie; la eligió él.

“¿Cómo puede regocijarte sobre esa criatura sucia que es tu mujer? (6) ¿Qué rayos le ves? Es una viciosa como tú. Los dos son unos delincuentes. ¿En verdad la amas? ¿Te deleita mirarla? (7) ¿Puedes besar sus ojos en la oscuridad y decirle que la quieres? (8) ¿Lloran sus ojos? ¿No salen sucias sus lágrimas? Hombre, me he comparado contigo y me has hecho infeliz. Quizás te besan mejor que a mí, (9) tal vez te satisfacen sus caricias mejor que a mí, (10), ¿se acarician en público? (11), dime si no es verdad. ¿Es tierna tu mujer contigo? ¿A veces te dice que te ama? ¿Te acaricia como tú la acaricias a ella? ¿Te devuelve las caricias y elogios? ¿Tienen ustedes un amor honesto? Yo quisiera sonreírle a la mía como tú a la tuya. No, no puede ser tu mujer. Ustedes no están casados. Debe ser una prostituta que recogiste por la calle. ¿Admiras a tu mujer? Yo admiro la mía. Tú no admiras nada. La mía es una criatura virtuosa pero es seca. No puede ser seca porque tú sonríes. ¿Te inspira respeto o amor? ¿Alguien te la recomendó o la miraste a los ojos y te enamoraste? (12). Yo me allegué a la mía por una recomendación. Porque me convenía. Teníamos vocacionalmente muchas cosas en común. Mirábamos en una misma dirección pero no el uno al otro. Le agradezco mucho. Me ha ayudado a triunfar. Soy un hombre de triunfo. No son un perdedor. Pero no soy feliz. Me casé con un libro y no con una mujer. He procreado dos hijos. Los amo. Son bellos.

Y levantándose sin hacer el menor ruido tomó su ropa de invierno. Su grueso abrigo. Sus botas para la nieve. Los guantes. Y bajó al garaje. Calentó su auto y salió a la calle. Tomó el Capital Beltway que rodea a Washington. Salió hacia la Constitution Ave., le echó una mirada al Washington Monument y entró al este de la capital donde aquella tarde había visto al mendigo cruzar rápido la avenida North Capital. Se detuvo precisamente en la esquina de un edificio abandonado y se bajó. Todo estaba en silencio. Vio varios bultos apretados a la pared queriendo en vano huir del frío. La luz de los coches que pasaban le permitía verles las caras. Muy sucias, enjutas y peludas. Al fin lo encontró.

“-Allí están los dos- dijo. Como pensé. Iba a encontrar a una mujer.

Estaban abrazados en el piso. Estaban dormidos. Le pareció que se hablaban y quiso escuchar qué. Ambos sonreían. El se había dormido con el walkman enganchado en las orejas. Se oía música de Navidad. Silent Night (Noche de Paz). Ya estaba muy cerca de ellos como para poder verlos bien y oírles respirar. Pero no los oyó respirar.

“-Están helados. &hp

(1) Prov. 31:21

(2) Flp 4:11

(3) Mt 23:7

(4) Luc 6:26

(5) 2Samuel 28:18; Mt 23:29

(6) Sofonías 3:17

(7) Eze 24:16

(8) Cant 4:1; 6:5

(9) Cant 1:2

(10) Pro 5:19

(11) Gen 26:8

(12) Cant 4:9

jueves, 6 de noviembre de 2008

La iglesia ante leyes injustas

Hechos 4.23-37

[23] Cuando quedaron en libertad, fueron a los suyos y les contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho. [24] Al oír ellos esto, unánimes alzaron la voz a Dios y dijeron: Oh, Señor, tú eres el que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, [25] el que por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre David, tu siervo, dijiste:

¿Por que se enfurecieron los gentiles,

y los pueblos tramaron cosas vanas?

[26] Se presentaron los reyes de la tierra,

y los gobernantes se juntaron a una

contra el Señor y contra su Cristo.

[27] Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, juntamente con los gentiles y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste, [28] para hacer cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado que sucediera. [29] Y ahora, Señor, considera sus amenazas, y permite que tus siervos hablen tu palabra con toda confianza, [30] mientras extiendes tu mano para que se hagan curaciones, señales y prodigios mediante el nombre de tu santo siervo Jesús. [31] Después que oraron, el lugar donde estaban reunidos tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban la palabra de Dios con valor.

[32] La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común. [33] Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia había sobre todos ellos. [34] No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían, traían el precio de lo vendido, [35] y lo depositaban a los pies de los apóstoles, y se distribuía a cada uno según su necesidad.

[36] Y José, un levita natural de Chipre, a quien también los apóstoles llamaban Bernabé (que traducido significa hijo de consolación), [37] poseía un campo y lo vendió, y trajo el dinero y lo depositó a los pies de los apóstoles.

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La primera porción es un colofón de la exposición anterior, como la iglesia reacciona ante leyes injustas, la discriminación y la persecución (v. 23-31). No con violencia, sino con fe y oración; asume una actitud de desobediencia religiosa y se produce un enfrentamiento entre ella y el estado opresor. Dijo que no. Trataron de impedirles su dispersión pero no pudieron. No hubo cabildeo ni soborno sino que usó sus rodillas. Los apóstoles no eran de acero o de mármol; las amenazas fueron grandes y sintieron que podrían llegar a temerlas; entonces decidieron orar para que no perdieran el valor que hasta entonces habían demostrado, que en ese contexto equivalía a ser lleno del Espíritu Santo (v. 31), porque en un instante al acabar de orar ya todos sentían deseos de salir a predicar. Y se levantaron llenos del Espíritu Santo. Dentro del libro de los Hechos ser llenos del Espíritu no es hablar con emoción sino con valor. Conocimientos tenían, y a eso pidieron a Dios que les añadiera denuedo (v. 20). En fin, no se callaron porque la salvación de todos dependía que no guardaran silencio. Cuando uno siente miedo testificar por Jesús lo que tiene que hacer es orar para que el Señor le quite el miedo. La iglesia acompañó con oración su desobediencia a las leyes injustas.

Mira en su oración el apoyo doctrinal de la fe de ellos para no obedecer a los hombres, la soberanía de Dios. Sus oraciones enseñan lo que ella cree. Ya desde que empiezan a orar saben en ellos mismos que el Señor tiene “toda potestad en el cielo y en la tierra” y que por tanto pueden ir “y hacer discípulos a todas las naciones y bautizarlos en el nombre del Señor Jesús”. Es decir, las autoridades enemigas, aunque se juntaran todas, no habrían de pararlos porque era mucho más justo obedecer a Dios que les había hablado por el Espíritu que a los hombres (v. 19).

Dios es soberano y ningún gobierno o grupo religioso tiene el derecho ante él para prohibirles el testimonio de Jesús. Podrían ser acusados de desacato pero no se callaron. Enfrentarían azotes y cárceles pero habían orado para que esa posibilidad no los frenara. Fueran judíos, romanos o en un futuro, mahometanos, no se detendrían, perdieran lo que perdieran y costase lo que costase. Y continuaron predicando a Jesús como un desafío social; ni la religión autorizada, ni el gobierno hostil pudieron amordazarlos; azotarlos y matarlos sí pero no taparles la boca. Dios era soberano y ellos no consintieron en el silencio. Cualquiera que fuera la estrategia que utilizaran, ese sería siempre el fin.

En segundo lugar se mira una iglesia unida y generosa, no rota por las divisiones donde cada uno tira para un lado, casi siempre el propio, sino al contrario hacia los demás, y la muestra inequívoca que se hallaban con buen espíritu y en la correcta dirección es escuchar cómo los miembros de ella hacía uso de su dinero a favor de los hermanos más necesitados. En ese tiempo se puede hablar ya de una “mega-iglesia” pero no en el sentido de hoy, numérico, sino con mega poder y con mega gracia (v.33), como una comunidad que ama y cuida a sus miembros, entregada primeramente a Dios y a los hombres (2 Co 8.5). La gloria de ella no estaba en que fuera una mega iglesia sino que lo fuera en esas dos gracias del Señor, en poder y en gracia. En esta parte la preeminencia se encuentra en la asistencia que daba a los necesitados. No en los milagros que hacía entre ellos sino en el dinero, la ropa y la comida que les entregaba.

No son los principios de algún filósofo los que practica sino la vida en el Espíritu. Se puede ver la iglesia desprendiéndose del mundo, por un lado, y alejándose de los negocios terrenales para predicar el evangelio, por el otro (v. 32-37); un ensayo de comunismo invertido al marxista, porque no se apropiaba de las pertenencias de nadie con el pretexto de distribuirlas entre la capa más baja de la sociedad porque todo era voluntario, sin mandamiento, y todo era literalmente para todos. No hay producción sino desprendimiento y distribución.

Por el estilo social que desarrollan se ve que la congregación no fue formada sobre el yo y la autoestima como se hace hoy con los programas de evangelismo que sucesivamente inventan, sino al contrario, sobre el amor al prójimo. Es un modelo social lo de consagración a la obra de Dios. En cuanto a los pobres la comunidad siempre se ocupó pero dejaron de vender sus propiedades. Compartían con los necesitados pero no se lo daban todo. Quizás en la mente de Lucas al contarlo quisiera decir: “Mirad cuánto se amaban, vivían los unos para los otros, pero sobre todo se entregaban ellos mismos y lo que tenían para la obra de Cristo, la iglesia no carecía de recursos no porque sus miembros diezmaran sino porque daban todo lo que poseían”. Esta fue la lección que las comunidades posteriores aprendieron de aquel ejemplo primitivo, hacer una labor social por amor pero sobre todo vivir para el evangelio y no para el mundo.

El ejemplo más conspicuo en este tiempo lo encontramos dentro del ministerio, no porque hubiera hecho un voto de pobreza y otros se enriquecieran con él, sino que voluntariamente, por espíritu cristiano y como necesidad vocacional hizo. Fue el hermano José, que por su gran amor por la iglesia vendió su heredad y se quedó sin un centavo para que su posesión sirviera de consuelo a las viudas, los huérfanos y los otros pobres. Este varón por donde pasaba enjugaba las lágrimas de los desconsolados y si podía les dejaba algún dinero para que quedaran más contentos. Los apóstoles, complacidos, le cambiaron el nombre por otro que más se ajustara a sus cualidades y le pusieron Bernabé, uno que había nacido para servir de consuelo a los entristecidos del orden social.

Quizás en la mente de este santo varón, ya el Espíritu se movía indicándole qué camino recorrer porque comenzaba a llamarlo para la obra misionera, y poco a poco él se iba desembarazando de los cuidados terrenales para no dejar ninguna preocupación por detrás sino la predicación de Jesús y los negocios de Dios, porque sabía que “ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado”.

Confiaba no sólo en la soberanía de Dios para predicar el evangelio como un reto sino en la providencia ¡por medio de la iglesia!, y que como él lo había dejado todo para anunciar a Jesús, tendría el derecho a “vivir del evangelio”, a “sembrar lo espiritual” y recibir compensación material. La iglesia no se enriquecía, ni aumentaban sus arcas porque todo lo distribuía, y ella seguía siendo pobre, sin oro ni plata, pero con poder espiritual y posibilidad de distribuir sus entradas entre los necesitados que Dios llamaba para la salvación y los ministros que salían anunciando el mensaje.
Y Bernabé tuvo imitadores, pero no con tan noble corazón.

domingo, 2 de noviembre de 2008

El Filósofo



No había ido hasta allá para conocerlo personalmente aunque nos habíamos carteado. No usaba nunca el teléfono y no parecía tener alguna noción de la Internet y los e-mails. Cuando terminé mis asuntos pregunté por su persona y el joven de la recepción en el hotel me dijo “pregunte por él en la calle que todos lo conocen y saben donde hallarlo”(1). Es cierto que en esa ciudad no había mucha gente pero aun así la popularidad de aquel joven era grande.

Nada más verme me reconoció(2). No creo que por mi ropa o corte de pelo americano. Lo hallé en una plaza contándole cuento a los niños y varias parejas divorciadas que venían para sacarle alguna opinión o consejo(3). Alzó sus ojos y me miró fijo. Entonces como si hubiera seguido una conversación conmigo y ahora la concluyera me dijo: -No te preocupes nada, lo que sea será- y añadió-tu Dios guardará tu vida no por tus oraciones y tu fe sino por sus propósitos-, lo dijo con convicción seguro de lo que me decía. - Escríbeme de nuevo cuando quieras-. Pero yo no estaba dispuesto a irme sin tener un contacto más íntimo con él. No estaba seguro que nos volviéramos a ver. Y así fue.

Quise hacerle una pregunta pero instintivamente me callé. ¿Cómo conocía tanto de Dios? La religión no solía ser el tema de sus conversaciones; no me atrevo a decir que voluntariamente lo ignoraba o que deliberadamente prescindiera de él. Su conocimiento en esta materia y su fe, cualquiera fuera su clase, era como un secreto entre los dos; hablaba poco de la deidad y se veía que pensaba más en ella de lo que podría suponerse. Las cosas que aprendía las reunía para sí mismo sin compartirlas, excepto con los niños y las mujeres de la plaza pública de aquel barrio malo.

Cuando llegué creí que era de esos que afirman que la religión es algo personal y privado, pero a los pocos minutos vi que no se trataba de eso, y que no deseara compartir lo que sabía, o que no hallara con quien, sino que su Dios, y yo suponía que era el mismo mío, era un tema alto y sublime para manosearlo continuamente delante de la gente rebajándolo a como decía “un asqueroso proselitismo”(4).

En su mente había como cierta avaricia por lo divino. Hacía mucho calor y aunque mi ropa era más ligera que la suya yo sudaba a mares, y dado que él le contaba a los niños sobre un río de aguas muy frescas y un árbol que protegía admirablemente al cansado con su sombra (5), lo invité a que nos tomáramos juntos un vaso de agua fría, o una sidra, o de vino. Y aceptó. Echamos a andar y en el camino vio dos edificios muy altos parecidos el uno al otro como dos gemelos y dijo: “No quedará piedra sobre piedra y su territorio mismo será conocido como Cero”(6). Junto al mar oyó voces familiares y dijo: “Hablan parecido al latín pero tienen costumbres de Sodoma”(7). Cuando pasamos junto una congregación de creyentes oímos la música muy alta, y más alto aún los gritos de un predicador, y lo oí decir ¡simplón!

No se dedicaba a destruir la fe de los demás pero él tenía la suya, evidentemente no era ateo, pero comparado con aquellos que oían al predicador él pasaría como un hombre secular y su costumbre era evitarlos. No fue una crítica sino como una defensa de su concepto de Dios. Ya casi habíamos dejado atrás el templo cuando me pidió que lo esperara y se volvió para dar una limosna a un paralítico que estaba sentado junto a la hermosa puerta del edificio(8). No me hizo ningún comentario pero lo vi mirarse sus dos manos, la derecha primero y luego su izquierda, y volver a meterlas en los bolsillos(9). Seguimos andando callados. Yo era uno de sus pocos amigos. No quería tener muchos. Necesariamente había que pensar como él.

Después que pasamos una puerta muy estrecha donde se hallaba el agua(10), me sostuvo por el brazo y me dijo:


“No aprendas nada nuevo hasta que ya creas lo que sabes”.

“Los pasos de Dios son lentos y hay que esperar por él”.

“No le preguntes sobre el futuro, adéntrate en él esperando encontrarlo”.

“No aspires a ser menos limpio que la nieve”.

“Cuando el diablo venga detrás de ti, corre”.

“Haz oraciones que lleguen al cielo”.

“Satanás desconoce que el corazón de Dios late por ti”.

“No vayas a una iglesia donde no haya niños”.

“A veces te parecerá que los relojes de Dios están todos descompuestos”.

“La gracia de Dios llegará a ti en puntillas, no la sentirás entrar”.


Entonces, me soltó la mano y el Espíritu me tomó y sentí que flotaba, y todas mis preocupaciones que pensaba contarle, quedaron abajo. Me di cuenta que ya no tenía sed ni él tampoco(11). El salió primero y yo seguí detrás(12), iba andando solo, sin sus doce apóstoles.

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(1) Jn 12:19

(2) Jn 1:48

(3) Mr 10:13,16

(4) Mt 23:15

(5) Apoc 22:2

(6) Mt 24:2. . Alusión a la destrucción de Jerusalén, 70 d.C. y de las Torres Gemelas en N.Y., 2001 d.C.

(7) Referencia South Beach, y la corrupción moral de los hispanos en esa playa de Florida.

(8) Un gesto humano copiado de La Escritura en Hch 3:2

(9) Mt 6:3

(10) Mt 7:13,14

(11) Jn 7:37; Apoc 22:17

(12) Apoc 14:4

domingo, 26 de octubre de 2008

Maranatha, y la Providencia de Dios


Filipenses 4:5-7

“Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.


De aquí puede salir una exposición bonita. Es un tema aparte del anterior. Comienza diciendo vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres (v.5), que también pudiera traducirse vuestra amabilidad, razonabilidad, moderación, humildad, mansedumbre, de las cuales de acuerdo al contexto yo me quedaría con "moderación" o "razonabilidad". La idea es que aquellos hermanos se comporten ante las gentes de forma espiritualmente razonable y moderada; es decir lo que tiene en vista es el testimonio cristiano probablemente en las tribulaciones y necesidades, especialmente en esos tiempos, presentido general como un estilo de vida templado y comedido. Viviendo ellos entre una gran nube de testigos, deben presentar al mundo una forma de vida que sobrepasa todo entendimiento (v. 7); y genuinamente como un producto de la fe; puesto que tal ecuanimidad proviene de una fe puesta en oración y que encarga todos los cuidados de la vida a la providencia de Dios.

Sobre este asunto Calvino hace un excelente comentario. "Esta es la más bella declaración de la cual tenemos que aprender en primer lugar, que la ignorancia de la providencia de Dios es la causa de toda impaciencia, y la razón por la cual nos apresuramos tanto y por razones triviales nos metemos en confusión y a menudo también, nos desanimamos porque no pensamos que el Señor tiene cuidado de nosotros. Por otra parte el único remedio para calmar nuestras mentes es reposar completamente sin reservas en la providencia de Dios, estando completamente seguros de que jamás estamos expuestos a una fortuna ciega o al capricho de los malvados, sino que nos encontramos bajo el gobierno y cuidado paternal de Dios. En fin, el hombre que cree que Dios está presente siempre encuentra algo seguro sobre lo cual descansar".

Es decir la confianza en la providencia de Dios es la esencia misma del pensamiento del apóstol para estos filipenses. Les ruega que estén tranquilos y no pierdan su compostura bien sea por las necesidades de la vida porque el Señor suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús o como ya he dicho por vicisitudes circunstanciales que están fuera del control personal y que agitan el espíritu y los pensamientos y ahuyentan del golpe la tranquilidad mental y espiritual con la cual es recomendable vivir y expresar al mundo la vida cristiana. No que las cosas nos den igual salgan como salgan, sino que más que una resignación y un hábito de quedarse con los brazos cruzados, es una compostura influida por una fe adquirida de las promesas de la providencia del Señor que está bien cerca de nuestras necesidades y en el ojo mismo de la tormenta que circunvala la vida. Son aquellas cosas humanamente ingobernables de las cuales se encarga Dios.

No olvidemos eso, nuestro Señor no está distante de lo que nos pasa, su ojo no nos mira desde el infinito, su trono no se halla lejos de nuestro hogar. Si quiere leer un ejemplo bonito lo hallará en 2Tim.4:16-18. Jesús está cerca, ¿por qué angustiarse, por qué afanarse? Hay algo más. El apóstol dice que es posible y seguro obtener una tranquilidad que sobrepasa todo entendimiento (v. 7). Para mí sería más acertada la traducción si fuera que sobrepasa toda comprensión. ¿La comprensión de quién? La de todos los hombres (v. 5). Nota que no es precisamente la indispensable pureza la que los vecinos contemplarán en nuestra vida y quedarán asombrados sino la forma en que tomamos las cosas, nuestras respuestas a las necesidades, conflictos y obstáculos que presenta la vida. Se dirán ¿cómo es posible que estés tan tranquilo pasándote lo que te pasa? Y cuando a ellos las cosas se le tornen similares les habremos dejado una pauta ejemplar preciosa para, sin comprender tal vez completamente la situación, recurran a la providencia de Dios del mismo modo que ante los ojos de ellos lo hicimos.

Es deber nuestro enseñar al mundo a vivir con la fe puesta en Dios. El corazón mismo de todas estas palabras es maranatha, o el Señor está cerca, y lo único que se nos pide es orar con fe, y en ese mismo punto, sin ir más lejos ni buscar nada más para protegernos del insomnio y el nerviosismo, esforzarnos por arrojar toda ansiosa inquietud en Ese que tenemos tan cerca. Ese es el pensamiento que debe perdurar en el día malo. Estas son palabras de oro porque las está pronunciando un hombre encarcelado; no es un párrafo escrito para la publicación de un libro. Las siente, las vive. La paz mental nos dice el apóstol preso, aquel que sabe lo que es hallarse confinado en un calabozo y no sabe cómo saldrá de él, vivo o muerto. No son palabras dichas por un teórico, sino por uno que en ese momento las está viviendo; las ha aprendido por su misma experiencia. Recomienda lo que ha puesto en práctica. Y si alguien quiere tomar esa palabra maranatha en relación con la segunda venida del Señor, no afecta para nada la explicación providencial que he sugerido. El "día del Señor" siempre está cercano y de esa expectativa se extraen los más jugosos consuelos de la fe y nada como eso para sacar la vista fuera de un encerramiento, carcelario o circunstancial, y traer calma a un corazón que se bambolea y pierde su sosiego.

sábado, 25 de octubre de 2008

Israel, Sus Libros y su Mesías




Hojeando libros leídos me entusiasmé con la divinidad de Jesús, y quise saber lo que pensaban de eso los hermanos antes del concilio de Nicea (325 d.C). Me sentí muy contento con lo que supe pues echa por tierra las acusaciones de los Testigos de Jehová, y otros, que la divinidad de Cristo fue una idea de, emperador Constantino. Pues resulta que en ese concilio sólo se confirma lo que ya la iglesia conocía y aceptaba, que Jesucristo era Divino-Humano. No se había popularizado antes por motivo de las persecuciones y porque eran pocos los que disentían.

Hay algunas cosas que confirmé: Los líderes, y por supuesto los hermanos del primero y segundo siglo TENIAN A JESÚS COMO DIOS y lo declaraban sin temer que rompieran su monoteísmo. No sufrían debilitamiento de la fe en ese sentido ni tenían problema de conciencia. EL VERBO SE HIZO CARNE (Jn 1:14) y quien veía al Hijo, como era la Palabra encarnada, veía al Padre (Jn 14:9).

Ireneo, en el segundo siglo (115-190) en su libro Contra las Herejías XI, escribió:

“La iglesia, aunque dispersa por todo el mundo, aun en los confines de la tierra, ha recibido de sus apóstoles y discípulos esta fe…un Dios, el Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, y el mar y todo lo que en ellos hay, y un Cristo Jesús, el Hijo de Dios quien se encarnó para nuestra salvación y ha de venir de la gloria para reunir todas las cosas en uno, para que Cristo Jesús, nuestro Señor, Y DIOS, y Salvador, y Rey, según la voluntad del Padre, delante de él se doble toda rodilla…”.

También leí en la Epístola de Ignacio a los Efesios, lo siguiente:

“Hay un solo médico, de la carne, sin embargo espiritual, nacido, sin embargo no engendrado, DIOS ENCARNADO, genuina vida en medio de la muerte salido tanto de María como DE DIOS”, Jesucristo, nuestro Señor (7:2). Y en otra Epístola a los Trallianos dice: “Esto harán, no siendo orgullosos sino manteniéndose muy cerca de NUESTRO DIOS, JESUCRISTO” (7:1).

La función histórica de Israel es una función cristiana (Compara Mt 2:15 con Oseas 11:1; el mejor representante de Israel es Jesús). Moisés y Elías hablan de “la ida de Jesús a cumplir en Jerusalén” (Lc 9:31). Israel ofreció la carne de Jesús, su pesebre, un hogar en Nazaret y una cruz. Ese es el aporte a Jesús y así conocimos a Jesús “según la carne”. Pero ya no lo conocemos así. Es más que eso.

Esas palabras me hicieron saltar y cantar de alegría. Los cristianos apostólicos creían en la divinidad de Cristo, antes del Concilio de Nicea (325 d.C), creían que era igual que el Padre en sustancia y que era Dios, el misterio manifestado en carne (1Ti 3:16).

Jesús es el Hijo encarnado de Dios, no sólo es el “salvador de los judíos”, de su pueblo, sino Universal, “lleno de gracia y de verdad”. Persiste su naturaleza humana en su Persona, pero unida a su naturaleza Divina. Así tenemos a Dios “manifestado en carne” con nosotros, “Emanuel” (Mt 1:23). Si es “Dios” “sobre todas las cosas” (Rom 9:5), si es “Dios” “manifestado en carne”, no cometemos idolatría adorándolo, como si fuera otro dios, o un dios menor, o un dios semejante pero no “Coigual” con el Padre.

Jesús de Nazaret no fue un simple instrumento dispuesto para descargar la ira divina sobre él para obrar nuestra justificación y redención, sino que “Dios estaba en Cristo” (2Co 5:19), Dios mismo se hallaba en el Hijo en la cruz, muriendo en la persona de su Hijo. La cruz no es una violenta injusticia del Padre. El Substituto es de su misma sustancia, no una creación. No es sólo un medio para allegarnos al Padre sino que en él “habita corporalmente la plenitud de la Deidad” (Col 2:9). ¿De qué otro hombre se ha dicho eso? De ningún otro. Si en él habitó la plenitud de la Deidad, la Deidad plena, toda, ¿qué es si no Dios? Y “sobre esta Roca” se edificó su iglesia (Mt 16:16-18).


Otra cosa importante que sirve para entender la hermenéutica apostólica y nosotros seguir su sistema, es su exégesis cristocéntrica porque INTERPRETABAN EL A.T. POR JESÚS Y NO A LA INVERSA. Van de Jesús a Moisés, no de Moisés a Jesús, de Jesús a Isaías y no de Isaías a Jesús. Y por supuesto, dejaban de lado todas las ceremonias de la ley, haciéndome pensar que el mundo cristiano en eso era “paulino”, o sea, que LAS DOCTRINAS ENSEÑADAS POR PABLO SON EL CRISTIANISMO PURO y por lo tanto, toda la Biblia, no sólo el resto de los autores del N.T. debe ser interpretada por el apóstol Pablo; y como esa forma de pensar dirigió mi exégesis con respecto a todo el N.T. y particularmente Apocalipsis del cual escribí un libro, el asunto me entusiasmó más.


Ignacio en la Epístola a los de Filadelfia dice:


“Les ordeno que no hagan las cosas como en un cliché sino como discípulos de Cristo. Cuando oigo algunos decir: “Si yo no lo encuentro en los documentos originales no creo en el evangelio”. Y yo les respondo, “como está escrito, que ellos tuercen la Escritura”. PARA MI JESUCRISTO SON LOS DOCUMENTOS ORIGINALES. EL ARCHIVO ORGINAL SON SU CRUZ, SU MUERTE Y RESURRECCION de lo cual nos viene la fe en él” (8:2).

Y en la epístola de Bernabé, que por un tiempo algunas iglesias la incluyeron en el canon de la Escritura y data del año 130 a.C., leemos la cristiana exégesis que su autor hace de los libros del A. T., y aunque no podamos seguir en todo sus forzadas interpretaciones, y aunque el libro parece muy gnóstico, es admirable y provechoso el esfuerzo que hace por poner a un lado el judaísmo, su rompimiento definitivo con él y llamándole religión falsa, y su interpretación cristiana de toda la ley y los profetas, y que el A.T. es un libro cristiano y no judío.
El A.T. es inferior a Jesús, sus libros son hermanos menores de los evangelios y cualquier creyente en el reino de la gracia es superior a ellos (Mt 11:11). Dios nos habló en otro tiempo por los profetas pero ahora nos ha hablado por el Hijo (He 1:1,2). Y eso fue lo que hice en mi exposición de Apocalipsis, el libro de un Desterrado, tratar de obviar el judaísmo de su autor o a lo sumo someter sus sombras a la materia de la gracia en Jesús (He 8:5; 10:1). Y es por eso que soy uno de los cristianos menos ceremoniales del mundo.

Este asunto se lee también en epístola de Ignacio a los Magnesianos. Ignacio fue informado por una delegación de hermanos de lo que estaba pasando en la iglesia allí. Y él les responde que:

“Si continúan observando el judaísmo, admitimos que nunca han recibido la gracia. Los divinos profetas vivieron como Cristo Jesús y esa es la razón por la que fueron perseguidos, porque siendo inspirados por el Espíritu de Cristo Jesús y tratando de convencer a aquellos inconversos que Dios es uno, se ha revelado en su Hijo Jesús como la Palabra…” (8:1,2).

Con respecto al domingo como día del Señor y no el sábado dice: (Y esto léanlo con interés los que simpatizan con las doctrinas Adventistas del Séptimo Día, que lo correcto es preguntarle a Jesús qué quiso decir Moisés y no adaptar lo que dijo el Señor para que coincida con la ley):

“Aquellos que en otro tiempo vivieron de acuerdo a esas prácticas (judías) arribaron a una nueva esperanza. Cesaron de guardar el sábado y vivieron conforme al Día del Señor, en quien nuestras vidas como la de ellos brilla, gracias a su vida y su muerte, aunque algunos niegan esto… y nosotros continuamos siendo discípulos de Jesucristo nuestro solo Maestro. ¿Cómo nosotros podremos vivir sin él si aún los profetas que eran sus discípulos por su Espíritu aguardaban en él como Maestro?”. (9:1,2).


Así que ya tan temprano como el segundo siglo los cristianos afirmaban que el A.T. era un libro cristiano y no judío. Y va más allá todavía diciendo:


“Es monstruoso hablar de Jesucristo y vivir como judío. El cristianismo no cree en judaísmo sino el judaísmo en cristianismo. Gente de todo el mundo ha venido a creer eso y así ha sido unida a Dios” (10:3).


Lo importante de esto es que Jesucristo para aquella temprana generación representaba la llave de la interpretación de la Escritura, y se aproximaban a ella con la historia de Jesús y hacían de sus homilías y enseñanzas un material cristocéntrico. En eso seguían la línea y celo del apóstol Pablo, y se escandalizaban como él cuando algunos les hacían cambios al evangelio y lo convertían en “otro” “diferente”, habiendo así ellos “caído” de la gracia (Ga 1:16-19; 5:4). Jesucristo es la llave del reino de los cielos y por lo tanto de la Escritura. Se va desde él hacia el A.T. y no a la inversa. Aquellos son sombras y él es la realidad.
Por eso notamos que en la hermenéutica apostólica ellos adaptaban los textos y los acomodaban en forma o sustancia, como fuera, a la vida y enseñanzas de Jesús, fueran sucesos históricos, leyes, ceremonias, cualquiera, trataban de encontrar en todo eso lo que había allí dentro de Jesús porque entendían que Israel había existido y perdurado hasta “el cumplimiento del tiempo” cuando Dios enviara a su Hijo “nacido de mujer, nacido bajo la ley”. Jesús es nuestra esperanza de gloria.

martes, 21 de octubre de 2008

Un Fariseo en Wall Street



Supón que pudiéramos sacar del Hades y traer desde el primer siglo a uno de aquellos fariseos que conquistaron a Judas con dinero y mataron a Jesús por envidia. Aquellos hombres eran símbolos de la piedad en los días de Jesús, sin embargo lo llevaron al Gólgota. Fueron ellos. ¿Gente innoble, perversa, delincuentes, mafiosos? Nada de eso. Eran los mejores hombres de su tiempo. Los diezmadores. Los evangelistas (proselitistas). Doctrinalmente puros, al menos creían muchas cosas con Jesús y Pablo. Celosamente ciegos, fanáticos si quieres, cargados con hipocresías, pero celosos por Dios. No fueron las rameras y publicanos los que mataron a Jesús, fue lo mejorcito de aquellos tiempos. Imagina aquellos hombres andando por una de las actuales calles de Jerusalén, Nueva York o South Beach, mirando aunque sea de reojo todo el panorama a que nos han obligado hoy, u hojeando alguna de esas revistas que hacen sonrojarse a cualquiera que le quede un poco de vergüenza en su cara, o mirando hombres con hombres dados de la mano y besándose en una esquina junto a Starbuck. Aquellos homicidas no podrían resistir, sin llorar, esas escenas, a menos que se consideraran muertos y puestos en los infiernos.

Esto que sigue es un trozo del libro Passion, escrito por Karl. A. Colson.

“... lo que emerge de una cuidadosa lectura del N. T. es que la impiedad que mató a Cristo, que el terrible odio que levantó sus manos contra el ungido del Señor fue la impiedad y el odio de gente buena, verdaderamente gente muy buena.
“No cuesta trabajo recordar que los líderes que dirigieron el levantamiento contra Cristo eran judíos puritanos, el partido de los fariseos, cuyo celo por la aplicación de la ley hasta las cosas más pequeñas de la vida diaria estaba inspirado por los más altos ideales de pureza y de la más inconmovible devoción a Dios. Tenían la convicción que una nación en la cual Dios es honrado en todas las pequeñeces de la vida sería bendecida aún en una lucha que levante contra el poder de Roma. Para ellos ser piadoso y escrupuloso era lo mismo que ser patriótico; la salvación de ellos y la salvación de su tierra vivían y morían juntas.
“El fácil hacerse una opinión sobre esta clase de bondad. Los fariseos diezmaban la menta y el comino y olvidaban asuntos más importantes con respecto a la ley de Dios; los fariseos alargaban sus filacterias y hacían largas oraciones; los fariseos guardaban el sábado y eran muy escrupulosos en cuanto a cualquier violación aunque fuera muy pequeña en este día santo: contaban los pasos, los ojos no debían vagar de un lugar a otro, el estómago debía estar eminentemente vacío; los fariseos leían y leían, oraban y oraban, oraban y se lamentaban por la salvación de esa pequeña porción de tierra, de rocas sucias y arenas ennegrecidas por el agua.. Cualquiera grande hubiera podido reírse de ellos, tal como Pecksniff, Ananias Wholesome, Jonson y el gran Shakespeare. Verdaderamente parece risible.
“Pero antes que nos riéramos ante esta clase de piedad debiéramos compararlo con nuestro tiempo. O también más atrás. Coloca a un fariseo en una de las calles de la corrupta Corinto del primer siglo, transitada por mujeres lujuriosas y ávidas de deseos. Coloca a un hombre de éstos, rígido por el cumplimiento de la ley en medio de aquel ambiente afeminado, en una multitud de chulos y enamorados de la desnudez, de la descarada voluptuosidad, gente con ardientes pasiones, que huela sus finos perfumes, sus afrodisíacos frascos y analgésicos vinos.
“Coloca a ese fariseo junto apóstol en las concurridas calles de Atenas rodeado por miles de ídolos mudos, esculpidos, fundidos y labrados. Deja que ese fariseo mire con sus ojos semíticos las obscenas representaciones que se le arrojan a la vista. Permite que vea todas inmundicias que pululan por las calles de una ciudad cualquiera del mundo griego o romano, llena de decaídos seres humanos, pobres mendicantes y gente envilecida. Deja ese fariseo pensar mientras palpa toda esas cosas, déjale un momento para que piense en el inefable Nombre de Dios, el Creador de los confines de la tierra y fíjate si no se enardece su espíritu o decae su semblante. Tal vez lo oyes sollozar. Sería fácil juzgar la moralidad de los fariseos hasta que tengamos la oportunidad de imaginar a uno de ellos en nuestro tiempo, viendo y palpando lo que nosotros vemos y palpamos. Imagina un fariseo de aquellos, en Hollywood,o uno de aquellos hombres santos caminando por Wall Street, o deja alguno que camine junto a ti por la calle principal o a la orilla de la espuma del mar de South Beach...”. (Passion, Karl A. Colsson, pags. 22-23).

¿Qué impacto tendría todo eso sobre su alma… y la nuestra? Y sin embargo Jesús dijo que si nuestra justicia no fuera mayor que la de los fariseos no entraríamos al reino de los cielos. ¿Cómo podemos imaginar ir al cielo donde está Dios si somos moralmente inferiores a ellos, en conducta y conciencia? ¿Cómo se sentiría un fariseo si fuera el huésped nocturno, por un solo día, en nuestro hogar y viera los programas favoritos nuestros, por el ejemplo el show de Fernando Hidalgo, La Cosa Nostra o el oscuro noticiero de Jaime Baily? ¿Pernoctaría con nosotros?

¿Qué pensaría de nosotros, los lectores de los pergaminos que ellos tan celosamente escribieron y conservaron, la Biblia? ¿Los herederos de Jesús Nazareno a quien él crucificó, los descendientes doctrinales de Saulo de Tarso? ¿Qué sentiría al oír que nuestras niñas en el santo sábado lo toman para bailar, beber y algo más en una discoteca nocturna? ¿No le daríamos náuseas? ¿Es nuestra justicia mayor que la de ese invitado fariseo? ¡Y cómo queremos ganar a los de Wall Street, a los de Hollywood y a los sensuales del Sur de Florida! Si nos aburren sus largas oraciones, si nos reímos de sus alargadas filacterias, si nos molestan sus quisquillosos escrúpulos y su supersticiosa dieta, ¿qué pensaría él de nuestra moral? ¿Son nuestros ojos más puros que los de él, nuestras manos con menos iras y contiendas, nuestros labios menos mentirosos, cuando nuestro corazón palpita con alegrías y se ríe con los chistes de Álvarez Guedes y no se llenan nuestros ojos como los de él, con lágrimas? Aquella gente era buena y mató a Jesús. Y si no alcanzamos a ser mejor que un fariseo, ¿qué haríamos con Jesús si lo tuviéramos como predicador en nuestro púlpito? ¿Qué harían los celosos diáconos? ¿Soportarían sus sermones y filípicas?

viernes, 17 de octubre de 2008

La teología de una Oración


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Mateo 11:25-27 (LBLA)

En aquel tiempo, hablando Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los niños. [26] Sí, Padre, porque así fue de tu agradó. [27] Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

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El estado espiritual en el que se halla Jesús, dice Lc.10:31, es de completo regocijo por el éxito misionero que tuvieron sus 70 enviados, aunque les dijo que se regocijaran más bien en la salvación de ellos que en los éxitos evangelísticos. No les estaba prohibiendo se pusieran contentos con la salvación de los pecadores porque él mismo se gozó con las nuevas triunfales. ¡Cómo no nos vamos a sentir felices al ver que los pecadores se convierten con nuestra predicación!
¿Puede usted ver el rostro iluminado del Señor? ¿Puede sentir su corazón latir de dicha? ¿Cuál es la razón? El resultado de aquella gira evangelística de sus apóstoles. No trajeron un informe hinchado, no hablaron de gente que alzaron la mano para mostrar que creían. Cristo había mirado al cielo y visto al diablo descendiendo derrotado por aquellos sermones que sus discípulos predicaban. El trono de Satanás estaba siendo amenazado por aquellos evangelistas. El alma del Señor está feliz, nada le ponía tan contento como ver el reino de los cielos descendiendo entre los pecadores. Entonces oró y dio gracias al Padre por lo que había visto y oído y su oración, su santa oración es la que vamos a estudiar y aprender de ella, porque está llena de sana teología, aprender cómo es que se salvan los pecadores para alegrarnos también nosotros.


Veamos el regocijo del Señor. Los dos evangelistas nos dicen que él pronunció estas tres palabras: “Te alabo Padre”. Pero repetimos la pregunta: ¿Cuál fue el motivo de su oración de alabanza? Tanto porque los pecadores se hubieran salvado como por la forma en que Dios había planeado salvarlos. Observe eso porque a nosotros también eso nos alegra, su forma de salvar a un pecador, como el hecho mismo que lo haga.

En sentido general alaba el plan y la elección de los escogidos en su sabiduría, su inteligencia; el tipo de plan que el Padre escogió para salvar a los pecadores. El Señor se regocijó con aquel plan porque era el mismo que él había escogido para ser el Salvador del mundo. Sin ese plan nadie se hubiera salvado. Un plan que no reposa sobre el veleidoso o empedernido libre albedrío. Dijo: “Te alabo Padre porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos y las revelaste a los niños. Sí Padre, porque así te agradó”. Fíjese que él no dijo solamente “Te alabo porque has revelado estas cosas a los niños” sino que también dijo en su oración: “Porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos”.
Aunque se halla implicada, no exactamente por la excepción hecha, sino por el privilegio concedido a los menos y quitado a los grandes, y hasta no hay mucha forma de afirmar que Jesús se regocijó solamente con la salvación de los pequeños y no con el merecido hecho de que el evangelio se quedara oculto para los entendidos del mundo, por la propia dureza del corazón de ellos, y porque el camino del intelecto de ellos no arribaría a Dios. Se lo merecían.

Eso es lo que dice el texto de ambos evangelistas. El sentimiento perfecto de justicia que el Hijo del Hombre sentía, su deseo de que la incredulidad fuera vindicada, su hambre y sed de justicia, el honor de Dios constantemente ofendido por aquellos intelectuales y ricos indiferentes y rebeldes, que no por sus capacidades eran desechados sino por el carácter soberbio de ellos. Esas cosas, que existían de modo perfecto en el corazón de Jesús, que tenían que ver con el Padre, más que con los pecadores, fue lo que lo movió a dar gracias porque algunos se quedaban a oscuras cuando a otros se les alumbraba el cielo.

Quizás tengamos que conocer un poco más el corazón de Jesús, no solamente en su amor por los perdidos sino en su amor por su Padre celestial, no solamente como Salvador sino como Juez justo, según dice Juan. Nuestro conocimiento del Salvador no está balanceado mientras no le conozcamos también como Juez Justo, alguien que amaba la ley de Dios y la cumplía hasta en sus jotas y tildes. Mientras más conozcamos a nuestro Salvador más conoceremos como es que nos salvó.

¿Nos podríamos regocijar nosotros de ese modo, por esas dos cosas, que los sabios y entendidos se queden sin comprender el evangelio mientras que los ignorantes pasen a entenderlo? ¿Que unos lo rechacen y otros lo acepten, que para unos sea olor de vida y para otros, olor de muerte? ¿O somos más sensibles y sentimentales, o más humanos que Jesús? (2Co 2:16). ¿No nos pondríamos a llorar más bien que sentirnos regocijados por la segura condenación de un grupo de la sociedad? Jesús lloró y suspiró mucho por los pecadores, los evangelios nos dan razón de que lloró más de lo que se dice que se enojó. Lloró por la cruz, lloró por los adúlteros, por los publicanos, por los ladrones, por la gente maldita que pecaba sin conocer la ley de Dios. Pero ¿cuándo usted ha leído que lloró por los fariseos y saduceos? ¿Cuándo usted le ha oído gemir por aquellos hipócritas? ¿Acaso no ha leído su sermón escrito en Mateo 23? Para aquellos que voluntariamente estaban blasfemando al Espíritu Santo no hubo jamás perdón. Aquellos eran los sabios y entendidos que aquí en su oración hace mención. Los rabinos, los profesores, los que le criticaban porque era un hombre sin letra y del vulgo, un carpintero que no había ido a la escuela.

Sin embargo, aunque nuestra reflexión puede llegar hasta donde la he llevado, la teología de esa oración no resulta deprimente sino estimulante porque el Señor exactamente no está dando gracias porque ellos rechazaron el evangelio sino porque el Padre cuando todos estaban en tinieblas favoreció a los ignorantes sobre los sabios. El regocijo del Señor no es tanto porque abandonó a los entendidos sino que estando ambos, sabios e ignorantes, sumidos en la oscuridad, iluminó a los pobres, los pequeños, los marginados, los pecadores, los enfermos, los cojos, las rameras, los ladrones, con la gracia salvadora. Su felicidad está en que el Padre eligió para salvación a los peores pecadores, a los que menos esperanza tenían de ser escogidos, a los más marginados, a los más empedernidos, a los que estaban lejos, sin ciudadanía, sin pacto, sin promesa. Los que estaban verdadera y descubiertamente enfermos. ¿Nos regocijaríamos nosotros en eso, que el Señor revelara su gracia a los pecadores más groseros?

Tiene que tener en cuenta que el énfasis de su oración, la carga de su gozo, no se halla puesta sobre el hecho de que a los sabios y entendidos les fuera privado ese conocimiento sino de que a los ignorantes y embrutecidos pecadores se les revelara. La alabanza de Jesús se halla justificada por quiénes fueron elegidos y que hayan sido elegidos. Hay un misterio muy grande en sus palabras que es bastante difícil de explicar, que alaba a Dios porque pasó por alto a los sabios y entendidos y no les reveló la fe ni les dio su perdón. Quizás hoy me oye algún sabio y entendido, un hombre o una mujer arrogante que no puede pensar que de Galilea salga algo bueno, que el Hijo de José sepa letras sin haber estudiado, que un mortal sea antes que Abraham fuera, que se diga Hijo de Dios haciéndose igual a Dios. Decidme señor o señora, ¿no merece por su actitud ofensiva ser pasado por alto? ¿No podría usted muy bien ahora mismo quemar toda su sabiduría y humillarse como un ignorante y creer por fe lo que no puede demostrar por la ciencia? (1 Co 3:18). ¿Es demasiado pequeño Jesús a sus ojos de sabio y entendido? Tenga cuidado, porque su ciencia lo puede perder, puede estarse equivocando miserablemente. El maestresala en aquella fiesta a que asistió Jesús, al probar el agua hecha vino dijo que era añejo, que tenía años de estar guardado en alguna bodega, sin embargo aunque científicamente era un hecho de que era viejo, había sido acabado de hacer. ¿No le pasará lo mismo a usted con el carbón 14 o la prueba de la fluorina, la edad de la tierra, de los fósiles y un día compruebe que su darwinismo fue un error fatal que le excluyó a Dios?

Cuando uno lee las epístolas del Pablo entiende algo del por qué. Los sabios y entendidos siempre, alegando ser eso, rechazaron el evangelio por simple, e incluso criticaron duramente al apóstol por predicar esas necedades o locuras. En los primeros capítulos de Corintios usted hallará eso. Aquellos hombres sabios rehusaban hacerse ignorantes para recibir el evangelio, no quisieron abdicar de su razón y acoger lo revelado por medio de la fe y de ese modo no pudieron ser salvos. Así halla las dos partes, ellos rechazaron el evangelio de modo voluntario y al mismo tiempo Dios no les revela su evangelio. Muy pocos sabios, aunque felizmente siempre ha habido algunos, y nobles también, no se han envanecido en sus razonamientos y fueron salvos.

¿Está mal que el Salvador se arrodille y de gracias porque le esconde a usted el conocimiento del evangelio cuando lo menosprecia, cuando lo tiene delante, que no le deje entender la Biblia cuando la toma en sus manos, cuando hace tantos años que posee alguna guardada sin abrirla o ni siquiera la tiene, o jamás visita alguna iglesia ni pude soportar un sermón de 30 minutos ni un culto razonablemente agradable? ¿Está mal que se regocije y en lugar suyo dé amor por la Biblia a los que no saben casi ni leerla y placer espiritual a los que no conocen las delicias superiores del pensamiento y que llene las iglesias de niños, campesinos, mujeres, gente de las clases bajas? ¿Hay algo de injusto en que todos despreciando el evangelio él escoja a los pequeños para usar una gracia especial y regeneradora y decida darles un corazón nuevo y blando? No hubiera tenido que salvar a nadie, ni sabio ni bruto, pero tuvo compasión de los pequeños porque así le agradó al Padre.

¿Le molesta a usted que haya pasado por alto aquellos sabios arrogantes que no se juzgaron dignos de la vida eterna? ¿Quiere defenderlos a ellos, cuestionar y oponerse a la selección de Dios, cuando a esos no les importa la defensa que usted les haga, ni se la pidieron ni tampoco la quieren? A los impíos e indiferentes no les interesa la elección ni la predestinación, ¿no los ha oído en su evangelismo decir que ellos quieren el infierno, que no les importa la religión ni el más allá sino esta vida?
¿Quiere que yo le explique más por qué no hubo misericordia regeneradora para ellos? Mi respuesta la hallo en los mismo labios del Señor y no añado ni una jota más: “Sí Padre porque así te agradó” (v. 26). Si algo agradó a Dios, ¿no será justo, santo y bueno? Seguro que lo es.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...