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sábado, 23 de agosto de 2008

La Reina de los Dones de Dios


La fe es el don más codiciado de mi vida. Cambio el mundo entero, si fuera su propietario, por una porción de ella. No sólo es el don más preciado de Dios sino el primero que necesito. Sé bien que no puedo aspirar a que mi corazón palpite por Dios, ni mi esperanza de juntarme a mi Salvador venza el miedo a la muerte si ese sagrado depósito[i] no existe. El día que no tema a lo alto ni a lo profundo, ni al presente ni a lo porvenir, ni a ninguna otra cosa creada,[ii] entonces viviré como Dios quiere que yo viva, y mi fe me habrá hecho perfecto. Donde hay plena fe en la Palabra de Dios no hay miedo.[iii] A tanto miedo tanta desobediencia e incredulidad.

La fe es la reina de los dones que otorga Dios. En el hombre natural[iv] es inexistente; no se halla en el terreno de la naturaleza humana, jamás nace allí espontánea, a no ser que Dios siembre la semilla. Lo menos que uno puede imaginar en un corazón sin el Espíritu es la fe. Antes bien, Jesús dijo que de la mente reprobada[v] lo que sale son otras cosas.[vi]

La fe se perdió en el jardín de Edén y no se puede, con lágrimas, súplicas o labor, volver a recuperar. La Suprema Justicia, sin que intervenga la Suprema Misericordia, no accede. Su ausencia es la señal o estigma de nuestra desobediencia[vii] y la fatal consecuencia de nuestra muerte. La incredulidad es un proceso mental, intelectualmente invertido. Comienza con la aceptación a priori de una mentira, y cierra sus ojos y se olvida de la Persona que dijo la Verdad, adjudicándole trampa y defecto a su Sublime carácter. No razonas bien cuando razonas incrédulamente. Ve al origen de todo y seguro que hallarás una hipótesis falsa. Dios siempre es Veraz.

La incredulidad no está tan relacionada con la existencia de Dios como son su Palabra, es decir, con su carácter moral. La incredulidad es básicamente una inmoralidad teológica y de ella se desprenden las demás sensualidades, la esencia misma de todos los otros pecados y pesares. La incredulidad también es una catástrofe social. No es totalmente la negación de Dios sino del Dios de la Biblia y su obra maestra es la sustitución de ése Dios por otro que tenga su mismo Nombre pero hecho a la imagen y semejanza del hombre. El propósito del diablo no es erradicar a Dios sino corromperlo, si fuera posible. Lo que más envida Satanás es el carácter moral de Dios, de donde brota toda su gloria y esplendor. No es tanto su perfecta eternidad e infinitud sino su santidad y veracidad. Son esos atributos morales los que hacen al Supremo Ser feliz. Son los dones morales que otorga Dios los que harían que el hombre hallara la felicidad.

La fe de nuestros dos padres, Adán y Eva, era perfecta y la conexión que tenían con la Deidad. El ojo por el cual lo veían y el oído por el cual lo oían. Atrofiada la conexión, el matrimonio quedó ciego hacia el Cielo y sordos a quien les hablaba. Fuera de aquella Palabra que escuchaban no podían ver a quien los visitaba.[viii] Por más que generaciones de hombres han querido sustituir la Puerta, el Camino y el puente de la fe, nada ha hado resultado, el abismo sigue en medio y Dios como Espíritu inaccesible.[ix]

Desde entonces el hombre ha sido entregado a una mente reprobada, abandonado a su “libre albedrío”, que no es otra cosa que una ridícula falsificación de lo que un día tuvo, la verdadera libertad como criatura libre de pecado, santa, obediente y semejante a su Creador. ¿Y cómo? La salvación sale de aquella puerta cerrada, viene de arriba[x], Dios tiene compasión y la abre y sale su voz y es oída por toda la tierra y es creída por aquellos en los cuales él se agrada.

Desdichadamente la fe que engendra esa palabra, no es perfecta; ella es un don perfecto pero quien la posee no lo es, más propia para criaturas espirituales que para hombres de polvo, para seres celestiales que para los pobres terrícolas, infinitamente tan distantes del ideal de quien los originó y lo que ellos un día fueron. La fe le devuelve al hombre su realidad y la realidad de su Dios, perdido. Le produce arrepentimiento y se empieza a volver sobre sus pasos, le hace brotar lágrimas de esperanza en sus ojos y amor en el corazón. Por ella emprende el camino de regreso y renuncia a su pecado original, se desmiente a sí mismo, se lamenta y da gloria a Dios en contra de su naturaleza, de su historia humana y de sus antepasados.

Por ahí quiere Dios que empieces, por creerle, antes de amarle, antes de servirle, cree y luego habla.[xi] Yo no pudiera decir que la fe es un estado emocional, (¡tan cambiante es!) más bien es una seguridad intelectual dada por Dios que hace que se imponga la Palabra sobre la mente y se miren todas las cosas desde arriba hacia abajo y no de abajo hacia arriba. Es una conexión intelectual, propia de los seres hechos a imagen y semejanza divina, racionales, espirituales, para ser diferenciados de las puramente emotivas criaturas inferiores. La fe nace y se cría dentro del intelecto en comunión con la Palabra de Dios. La Palabra que predicas, que pase primero por el intelecto en su viaje a las emociones. No a la inversa. Piensa y luego siente. Que piensen y luego sientan. Aplícate al estudio de esa Palabra. De rodillas, en oración. Como dijo Lutero, que si quitas esa Palabra se va Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, y todo lo eterno. Empieza con una sincera confesión. La confesión siempre visita la Palabra de Dios y desprende de ella una porción de fe, y entonces con ese borde o pedacito, el alma se recupera y se reconstruye todo lo destruido.

Conclusión: La fe, de los dones divinos (como el gozo, paz, bondad, etc.) es el más difícil de obtener, inclusive para aquellos que ya la tienen. Es la puerta que se abre en el corazón de Dios y por la cual salen y se derraman todos los otros. ¿Amar? No podrías amar a Dios si no crees en el él. Pídele a Dios que te de fe para sentir paz porque puede darte la paz resolviendo tu situación, cambiándola, sin darte la fe que te hubiera hecho caminar sobre las aguas, que te hubiera preservado en medio del fuego sin que la llama arda en tus ropas.

La fe es la que te permite vivir sobrenaturalmente, decir a este monte “plántate en el mar” y lo lograrlo, reprender al viento y traer la calma, bendecir o maldecir una higuera estéril y hacer que produzca frutos o se muera en un instante. Es el don por el cual más debieras orar, en la mañana, la tarde y la noche, en tiempo de calma y de tempestad, en plena salud y enfermedad, en la juventud y la senectud; sea de tu persona el que más te importe, el que en las relaciones humanas el que más te hará sobrellevar las faltas de los demás y las calamidades y pesares que vengan a afligirte.



[i] 2Tim 1:12,14; 1Tim 1:11; 6:20, “buen depósito” puede traducirse “hermoso” “bello” depósito. Esa palabra es igualada a Espíritu Santo, evangelio y fe. Dios deposita esas tres cosas juntas. Si quitas una las otras se van.

[ii] Rom 8:38,39, la palabra “seguro” pudiera decirse: “estoy convencido” “estoy persuadido”, que indica un proceso mental por medio del cual se alcanza firmeza, y esto es la fe. Siempre ella tiene su origen en la Palabra y el argumento desde ella que sale para derribar toda fortaleza (2Co 10:5).

[iii] Gen 3:10.

[iv] 1Co 2:13-14; el hombre “psíquico”, “sensitivo” “animal”, en contraposición del hombre spiritual, que discierne, escudriña espiritualmente todas las cosas. Las enfoca con la óptica de Dios.

[v] Rom 1:28, significa “no aceptada” “no aprobada” “indigna”.

[vi] Mt 15:19

[vii] Rom 5:19; 5:12

[viii] Ge 3:8

[ix] 1Tim 6:16

[x] Sal 121:1,2; Apc 3:12. Esta última cita se refiere a la iglesia que es originada desde arriba, por gracia.

[xi] 2Co 4:13

sábado, 26 de julio de 2008

Dioses Asiáticos y Alemanes Invaden Europa y América


"Ofreció sacrificios a los dioses de Damasco que le habían derrotado, y dijo: Pues que los dioses de los reyes de Siria les ayudan" (2 Crónicas 28.22, 23).

Acaz se equivocó en el análisis de su situación y como no la juzgó espiritualmente, la decisión que tomó para solucionarla fue desastrosa, tanto para él mismo como para su pueblo. Pensó que porque los sirios le habían derrotado había sido por la capacidad superior de sus dioses sobre Jehová; y no era así, los dioses no le habían ganado sino que “Jehová los entregó en manos de los sirios”. Dios no les había fallado, ellos le habían fallado a Dios. Satanás se había apoderado de ellos porque ellos se habían alejado del Señor. Ningún dios en el universo, si lo hubiera, es superior a nuestro Único Dios. Pero Acaz no lo pensó así, se dirigió a los dioses de los damascenos y abandonó completamente al Dios de la historia, para su ruina y para Israel.
Las victorias que el mundo tiene sobre la iglesia no se deben a que pueda vencer nuestra fe sino que por causa de nuestro pecado es que la fe no vence el mundo. ¿No se te parece este proceder al que tienen los que van en busca de una “mejor metodología”, y que según ellos ha derrotado y tiene mejor éxito que la ortodoxia teológica tradicional? Se imaginan que la iglesia cristiana ha sido derrotada por el agnosticismo, pluralismo, relativismo moral, la sicología atea y hedonismo social, y hay que replantear la teología y el culto tradicional y mostrarlos más eclesiásticos y menos dogmáticos.
 El contundente Cristiano de Bunyan es un ser anacrónico y prefieren al listo Flexible, individuo sin carácter que se adapta a cualquiera situación. Un veleidoso dandi que contemporice y le haga guiños de complicidad a la modernización, que según David Wells es lo que conocemos en el NT como “el mundo”.

Esos dioses han habitado en Berlín y emigrado de universidad en universidad por todo el Viejo Mundo dando traspiés entre culturas y culturas, y haciendo todo el daño que han podido, vaciando los templos cristianos y llenando los Centros Comerciales (Malls); y desde allí han hecho discípulos entre tele-evangelistas y líderes avispados de todas los rótulos cristianos, que han hecho de la iglesia un mercado (marketing) y penetran con alegres fanfarrias las calles y plazas de la Ciudad de Destrucción, no para dejar la sangre sobre el pavimento, sino con sonrisas socarronas y piropos en forma de amorosos textos bíblicos, obligados a decir lo que ellos quieren, fuera de contextos.
Y suena el rock, la música pop, y otros cambios del pentagrama, detrás de aquellas una vez serias ventanas y hacen huir con ruido a Mozart, Bach, y aún a Lutero, John Newton o Ira Sankey, con salsa, o merengue, y eso no porque crean que se adora mejor de modo autóctono sino porque han caído doblegados ante el postmodernismo, y en vez de luchar por Jehová abandonan al Invisible dando saltitos apóstatas hacia el otro lado.

Toman en sus manos la fe, el arrepentimiento, el nuevo nacimiento y otros dones divinos preciosos, los martillan en un molde arminiano y en coqueto y fino estuche lo venden como un producto neto de otro Pablo, de otro Juan y de otro Jesús, y embaucan a los compradores que los aceptan fácilmente y les abren los bolsillos, y les aumentan el número entre los oyentes. Y como el plan resulta lo acuñan como evangelismo, y vienen a comprarlo en cantidades los que suspiran por el éxito a cualquier costo.

También parecen haber derrotado la antigua Ortodoxia los dioses del darwinismo que fueron importados de los del Norte, y llegaron aquí mucho después del May Flower (Flor de Mayo) con los Moravos, Los Hermanos, los Bautistas Particulares, etc., sino hace unos sesenta años que han ido bajando al continente americano revestidos con el contundente atuendo bélico de Hegel y Nietzsch. Y su megalómana teoría del súper hombre se ha apoderado del Alma Mater enseñando a los estudiantes el nihilismo y los principios todos de Nietzsch, conectados a la vida práctica, política y moral por un tal Tocqueville que se sentó a los pies de Rousseau. Y que gritan como locos en carne viva los sensuales que no tienen el Espíritu, como si hubieran descubierto como hacer al hombre nuevo: ¡Viva el relativismo moral y el pluralismo!

Y los famélicos púlpitos no nutridos por la Palabra de Dios van cayendo. Pasma ver los púlpitos impotentes. Y no valen los púlpitos apuntalados con buenas intenciones y programas novedosos. Si de nuevo la Palabra de Dios ocupara su lugar en la iglesia y el pueblo clamara a Dios, no nos sentiríamos derrotados, pero nuestra desgracia nos ha sobrevenido porque nuestro Dios no ha sido verdaderamente nuestro Dios, le llamamos Señor y no hacemos lo que él nos manda (Mal 1.6-10; Mt 7.21). ¡Israel a tus tiendas!
Tengamos el coraje de vivir la verdad. Vivamos como un desafío. Retemos nuestra cultura. Riámonos de ella. Desafiémosla. Y pronto aplastaremos a Satanás debajo de nuestros pies. Hagamos más reflexiva nuestra meditación bíblica. Examinemos nuestros caminos. Enmendemos nuestras obras, vistámonos de armas de luz, y el liberalismo, la superstición, la idolatría oriental, las filosofías del Este y el pragmatismo de Occidente dejarán de tener prosélitos que los sigan.
 
Nuestro calvinismo debe dominar la conducta de las iglesias, quiero decir el evangelio en su mejor exposición, lleno de gracia y gloria que no comercia con sus principios, y esos traidores fantasmas que fueron primeramente importados desde las regiones frías de Europa, regresarán allá, batidos en retirada por el paciente Aslam, (personaje de C.S. Lewis) pacífico y desarmado, que con su sólo leonino rugido desbandará a esos diosecillos y brujas que van poniendo este mundo cada vez más muerto.

Es nuestro León de Judá, y con él un día llegará la primavera, retoñarán los árboles desarraigados y las esperanzas tres veces muertas, nacerán los lirios de los valles, se verá el púrpura de la rosa de Sarón, y comenzará a cantar la tórtola en paraje muy distante. Tan lejos como en América del Norte y en América hispana. No puede ser de otro modo el fin de esta guerra contra esos avejentados dioses, porque no es un juego ni se gana con bufonadas, risas y aplausos, sino con pensamientos que los lleven cautivos a la obediencia a Cristo. Acaz se equivocó, y sus modernos discípulos también “mucho yerran ignorando la Escritura y el poder de Dios”.

domingo, 20 de julio de 2008

Combate Contra el Mundo Invisible


Por lo demás hermanos, fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo, porque no tenemos lucha contra carne ni sangre sino contra principados, contra gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes
(Efesios 6:10-12).

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Un vistazo por la espalda

Sería provechoso para mantener el hilo recto entre el pasaje anterior y éste, que le mantengamos alguna conexión mirándolo políticamente. Si así ocurrió en la mente del apóstol, previendo o suponiendo las muchas luchas civiles que existen entre los descontentos sociales, hace que ellos piensen que la parte más importante de sus guerras no es arrojar a los malos con violencia del poder sino que las luchas más importantes son espirituales, contra los demonios que hay detrás de los pecados tanto de esclavos como de sus amos. Enseña así que hagan el combate en su justo punto. Casi nadie, hasta donde estoy informado, piensa en resolver revueltas sociales, querellas políticas, dictaduras, violaciones de derechos humanos, sin motines ni armas.

Sin embargo la solución de todos esos problemas es primero espiritual y se halla más arriba de la humana cabeza más exaltada. ¿Quién se acuerda que detrás de un gobernante abusador o cruel hay diablos? ¿Quién piensa que los espíritus malvados acuden presurosos a las discusiones de congresistas y senadores, o de la Corte Suprema y leyes que favorecen a rico o minorías inmorales? Pero aun más, ¿quién asegura ya que Dios está por encima de todo eso, y que no hay gobierno bueno o mal influido que él no supervise? Estas cosas serían útiles reflexiones de un texto que como quien dice se mira por las espaldas. Hay que orar mucho por eso y hacerlos temblar con la espada de la palabra de Dios.

Poderosas personalidades invisibles

Sin embargo el texto mira de cara al frente y se aleja caminando de los esclavizadores. Los demonios no se hallan sólo en las superestructuras de la sociedad sino en toda ella; y en medio de ese océano de convulsiones humanas está la iglesia del Señor.
El bien y el mal personal. Los cristianos, hermano míos, tenemos que enfocar de un modo teológico todos los males del mundo, no sobre la base de fuerzas impersonales en luchas entre el bien y el mal, sino en verdaderas batallas personales, tanto para el mal como para el bien, el diablo y Dios.
Diablo (v.11), significa “adversario”, un acusador. Ni Dios es una mera fuerza bondadosa ni el diablo una destructora, ambos son personas que piensan, planean, actúan y por supuesto se hallan enfrascadas en antiquísimo conflicto. El pecado es un hecho, el mal es una acción nunca asociada a seres impersonales como las piedras, los árboles y los animales. Una mala acción es mental o espiritual. Es un concepto moral y se relaciona con un código y con alguna personalidad a la cual califica. Si se observa el hombre por ejemplo, no es tanto que en él se hallen esas fuerzas y las use en un sentido o en otro, sino que ellas lo dominan; el mal es mucho más poderoso que el hombre, es su dueño y lo esclaviza, lo obliga naturalmente.
La razón de que sea así es que le ha caído encima desde las regiones celestes, le han sujetado con grillos no de este mundo, lo han enfermado con una epidemia propia de otras criaturas. El mal baja hasta la raza humana pero no se engendró en ella, es sobrehumano, nació en el cielo entre los puros ángeles de Dios. Tiene cadenas que ningún ser humano por sí mismo puede destrozar.

Dos frentes de combate espiritual

Este enfoque personal y sobrehumano del mal, halla en la vida apostólica dos importantes áreas de aplicación, el evangelismo misionero y su acción y reacción a la oposición. La total sujeción del alma del hombre a su propia corrupción es un pensamiento básico a tener en cuenta cuando se le quiera redimir. Ya sea que exclusivamente se quieran explicar los males de la raza, corregirlos con alguna medicina, enfrentarlos en combate, es imprescindible saber su constitución. Esta es la teología del apóstol, usada por él en su evangelismo misionero y en la asimilación de circunstancias desfavorables cuando hombres que detienen con injusticia la verdad lo asediaban por todos lados.
El evangelismo, la tarea de salvar almas es un combate contra el pecado, (Heb.12:4), con fuerzas poderosas que lo apoyan situadas en las regiones celestes (v.12). Siendo así, la ayuda que el pecador reciba tiene que ser externa. Si el pecado baja del diablo a los hombres, es sobrehumano y no cabría ser tan cándido para esperar que por sus propias fuerzas, por su voluntad, por el supuesto potencial que tenga, con alguna decisión emocional, se libre totalmente de él. Las garras de su propio mal se le hunden profundamente en la carne. No será inútil si pasas noches en oración, como el Señor, intercediendo por los otros y fortaleciéndote tú mismo para la lucha.

Fuerza redentora. Si bien desde dentro del alma humana no se puede esperar su redención, hay que añadir también que la fuerza que lo liberta es espiritual. Las potestades que la predicación combate son huestes espirituales de maldad, (v.12) y todas las armas que se utilicen en tal guerra tienen que ser de esa naturaleza, no carnal, sino poderosas para la destrucción de fortalezas (2 Cor.10:4). Si los métodos de salvación son humanos y carnales, no logran nada, incluso empeoran la condición del pecador. Jamás para evangelizar se deben echar mano a los argumentos y proyectiles carnales. Para tratar cualquier situación provocada por el pecado o el diablo, de igual manera. El pecado se combate espiritualmente y con armas del cielo. Tanto en la teología pastoral como en las cruzadas misioneras, en ambos frentes de combate son importantes. Es un error por falta de conocimiento dirigir la lucha contra los hombres, carne y sangre (v.12), atacarlos a ellos y no al mal que hacen, trabajar para la destrucción de sus personas y no del pecado que cometen, del daño que suscitan.

Cuando el Señor reprendió al apóstol no se dirigió a él sino a Satanás, (“apártate de mi Satanás”) (Mt.16:23), porque separó al uno del otro. Los hombres llegan a pensar y a actuar como lo desean las potestades superiores, las huestes espirituales de maldad, y son a ellas primeramente a quienes hay que dirigir el combate, no a los instrumentos. Eso es importante para no tocar otras áreas no dañadas por el pecado que se propone destruir. No es matar al incrédulo sino su incredulidad, quitar al zorro su hipocresía, al adúltero su codicia, aclararle a todos cual sea la dispensación divina en estos tiempos, quitarle la ceguera, las tinieblas de este siglo) sin arrancarle los ojos, la ignorancia sin sacarle el cerebro. Como ese combate es muy difícil, para ser precisos, sólo el amor hacia la persona podrá evitar que se usen armas prohibidas o un lenguaje que haga más daño que bien. La oración, implorando al Señor sabiduría ayuda grandemente.

Equipados. Luego en el transcurso de la descripción del atuendo para la batalla el apóstol va a describir cual es; pero en el v.1 exhorta a todos los hermanos que se fortalezcan en el Señor para que eviten “las artimañas del error” (4:14), las asechanzas, y no puede ser en otro sitio, nadie más puede suministrar la fuerza que el cristiano necesita para enfrentar a enemigos tan viejos, fortalecidos y experimentados. ¿No ha sido nuestro frecuente error salir a combatir al pecado, estando débiles? Y débiles querrá decir: sin la verdad, sin las botas del evangelio en cada paso, sin la coraza de justicia, sin orar. Es muy posible que el apóstol esté pensando mucho en el mal como “engaño” o “asechanza”. Trampas tendidas por Satanás que tengan más que ver con el encuentro del evangelio con el error y las herejías propugnadas por el diablo y desparramadas por los proselitistas hijos de perdición; para mantener a los hermanos en la senda teológica correcta. Eso es todo lo que tengo que decir por ahora sobre el combate contra el invisible mundo del mal a favor del evangelismo y la sana doctrina. Amén.

domingo, 13 de julio de 2008

Los Años Hablan

Salmo 71:9: “No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando mi fuerza se acabare, no me desampares”. Job 32:7: “Yo decía: Los días hablarán, y la muchedumbre de años declarará sabiduría”.

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Hago una combinación de estos dos textos. ¡Oh yo sé que a muchos, y yo no quisiera, les llegará el momento amargo y tengan que reconocer que han omitido a Jesucristo, que el tramo que han andado sin él es demasiado largo! Han pasado de largo el “día aceptable, el día de salvación”.

¿A los que ha desperdiciado así la gracia se le han cerrado todas las puertas de esperanza? Ciertamente no, pero lo pasado, pasado está. Ya no se puede hacer nada con él. Volver atrás es como caminar sobre cenizas o sobre un cadáver. Y tampoco uno puede andar echando vistazos a otrora. Pero los años hablan. Y muy alto. A veces silenciosamente. Y hacemos bien en oír la voz de los años. Los años vividos son irrecuperables. Se funden en uno. Somos uno con ellos. Somos más pasado que presente, que es un instante. Somos más de ayer que de mañana.


Hay un imposible. El pasado no se puede arreglar pero sí el presente. Si se oye la voz de los años. Si no nos tapamos los oídos. No se puede suplicar a Jesús que vaya a los días pasados en los cuales no lo tuvimos en cuenta y bendiga nuestras obras, y lo que fuimos en aquellos tiempos. No, ya esos tiempos pasaron y no podemos pedirle que nos visite hace cinco o diez años porque ya no estamos allí, ya nos fuimos. Desde entonces todo ha cambiado. Las pinturas no son iguales. Hay muchos árboles nuevos y compiten con los otoñales. Los niños crecieron. Los jóvenes cambiaron. La muerte se ha llevado a muchos. Adiós. Aquellos días fueron consumidos, se han gastado. No queda ni una hora. El tiempo nos abandona. Lo único que puede Jesús hacer con nuestro pasado es purificarlo. Y nos deja que nos golpeen los recuerdos. Y si él se vuelve sobre las nubes del tiempo y cabalga sobre corceles de verdades hacia atrás es para, hisopo en manos, limpiar la historia. Nuestra historia. O desde lejos componerla, de modo que dé la ilusión que hemos vivido derecho. ¿Todo el tiempo? No. Y eso nadie lo sabe. Ni lo cree. Ni nosotros mismos.

Pero, ¿está usted preparado para el tiempo en que diga que ya no tiene contentamiento? ¿Qué hará cuando sus fuerzas se le acaben y la muerte, guadaña en mano se aproxime a su cuello? ¿Podrá pedir el amparo de Dios habiendo sido un ingrato con él? Esa es una amarga realidad experimentada por aquellos que han entrado a la gracia de Cristo en la senectud. Miran hacia atrás y dicen ¡ay, cuánto tiempo perdido, si yo pudiera volverlo a vivir! Pero no es posible, ¿qué les queda de aquellos tiempos si no es humo? La existencia fue una fogata. Encendida con pasiones. Ya las carnes son blandas. Los músculos cuelgan fláccidos. Atroces manchas pintan aún lo más rescatado, aquello que era orgullo de la hombría o la feminidad. Nos damos lástima, se está perdiendo la batalla. No valen los afeites y tintes. El deterioro continúa. Y ridículos son esos esfuerzos por pararlo. E inútiles. El tiempo aplasta. Y los años dicen: “Ya ves, teníamos razón”.
Y el corazón también envejece y más que la piel. E impotente, paulatino, lento, todavía quiere hacer las proezas del mal. Imbécil. ¿No te das cuenta, músculo perverso? Y hasta al espíritu se le doblan los pliegues. ¿Dónde están los goces, qué frutos tienen ahora de esos viejos pecados? Sólo recuerdos amargos y remordimientos de conciencia. Y muchas cosas por las cuales avergonzarse (Ro 6.21). ¿No se avergüenza usted de los pecados de su juventud?


Yo sé de algunos ancianos que recuerdan con nostalgia sus pecados, que desearían volver a tener las fuerzas y las gracias de los años mozos para combinarlos con la malicia de la vejez y volver a disfrutar con más intensidad los pecados cometidos, y de nuevo llevarse a los labios la copa del deleite sensual, y saborear los mismos pecados que cometieron otros o los que ellos no pudieron cometer, y lamentan de corazón no haberlos hecho. ¡Oh miran con nostalgias los días pasados, pero para pecar, quieren tener más fuerza, para ser más codiciosos, más hijos del infierno que lo que ya son! Si Dios les concediera ese imposible regresarían sobre sus pasos para hacer las obras de su padre el diablo, para dar más satisfacción a los demonios. Pero bendita sea la misericordia divina que ya los años no les permiten envejecidos, irse "a la provincia apartada" como hacen los jóvenes, y vivir perdidamente, malgastando su dinero y el cuerpo con rameras. (Esas sublimes bellezas del “hijo pródigo” eran rameras).
Y ¿qué me dice de esas figurillas encorvadas, gastadas y ya perdida la belleza de la juventud por la edad cierran los ojos ante el espejo, se olvidan de todo y desperdician las cuantas y pocas gotas de vida que les quedan deshonrando sus canas, sus esposas, sus hijos y hasta los nietos? No se dan cuenta lo cerca que ya tienen la muerte y habiendo provocado a Dios cuando eran jóvenes no les basta.
Cuidado usted amigo que los pecados de un anciano son peores que los de un joven, son más graves y serán mayormente castigados por cuanto su experiencia es mayor y el disfrute para lo bueno o para lo malo es superior, los pecados son más completos y más perfectos. Se puede gozar y pecar casi a la perfección, e ir a la condenación en esa diabólica perfección.

Usted y yo somos irremisiblemente viejos. Viejísimos.Yo puedo orar, "no me abandones en tiempo de la vejez cuando mi fuerza se me acabe" (Salmo 71.9). ¿Y usted? ¡Si Cristo salvara alguno que lee esta exhortación, si Dios se le adelantara al ángel de la muerte, si el Espíritu Santo entrara en algún corazón viejo antes que se pare para siempre! ¿Pecará con las pocas fuerzas que le quedan? ¿Alzará pesadamente su calcañar contra el Amado Hijo de Dios? ¿Bailará usted con su artritis las canciones del pecado? ¿Se gozará con aquellos bebedores que zahieren con sus dichos y risas, o canciones, a Dios? ¿Extenderá sus manos temblorosas al fruto prohibido? ¿Llevará a sus labios secos el licor neurótico de la juventud?

En el N. T. hay un anciano llamado Simeón a quien el Señor le había revelado que no se moriría hasta que no viera con sus ojos la salvación. ¡Cuántos años de espera, de oración! (Lucas 2. 26). Cada vez que veía un niño se preguntaba ¿será ése? Iba a todos los nacimientos, estaba atento a la providencia. Hasta que vio al niño Jesús entonces dijo, "ahora Dios, despide a tu siervo en paz”. Ya me puedo morir, en otras palabras, ya no temo a la muerte, y los terrores del sepulcro no me preocupan, me siento feliz y seguro para entrar a las entrañas de la tierra, a la región de los espíritus y los espectros porque ya tengo tu salvación, he abrazado a Cristo”. Podrá morir pero en paz porque se lleva con ella a Jesús. Así tranquilo murió Martín Lutero. Recuerde que los años hablan y el que los escucha no es un tonto. Todo lo opuesto. Corra, como pueda, a donde está su Salvador. En él siempre se halla “el rocío de la juventud”, es rubio pero tiene sus cabellos “negros como alas de cuervo”, y el profeta cuando le pasaba Dios el trono dijo que se llamaba “Anciano de días”. Jesús es el Salvador de viejos y jóvenes.


Pero también tengo algo para aquellos que son más jóvenes, que no han llegado a ser ancianos, los que tienen el privilegio de escuchar el evangelio de Cristo y ha podido ser salvos desde su niñez o juventud y están luchando para no serlo. ¡Alto! Dices, "no quiero malgastar mi vida en una iglesia". Te aconsejo que vayas a un anciano y le preguntes si él que ha vivido las dos vidas considera que los años vividos para la carne, para el mundo, son los mejores. Ve a esos ancianos que peinan canas santas y pregúnteles cómo juzgan los años que pasaron sin el Señor y cometieron toda clase excesos de pecados contra él. Pregúntales cómo se sienten y lo que piensan de aquellos tiempos… y los años hablarán. Probablemente alguno te diga "malgasté mi vida y mi dinero"; otro te dirá "fui un estúpido y mis amigos también".


También esta Escritura me sugiere una palabra para aquellos ancianos que son apóstatas, que han dejado a Dios. Estuvieron en la gracia y cayeron de ella. Ve y pregúntale a alguno cómo le ha ido en las dos vidas, a todos, cuando fueron fieles y ahora que son infieles, cuando fueron creyentes y ahora incrédulos, cuando fueron santos y ahora que son profanos. Habla a alguno de esos hipócritas y si tienen algún grano de honestidad te dirán con melancolía, con envidia, "nunca hagas lo mismo que yo, los mejores años de mi vida fueron aquellos que pasé en la iglesia". ¡Qué serios, qué alegres, qué honestos, nunca tuve amigos como aquellos jóvenes, no he conocido muchachos ni muchachas como aquellas! Desde que perdí la fe se me abrió un hueco en el corazón que no he podido llenar ni con el mundo, ni con el sexo, ni con bailes, ni con alcohol, yo soy un hombre con un gran vacío en el espíritu, desde que soy un incrédulo la sombra fatal va conmigo dondequiera que voy, perdí el sentido de vivir y el gusto por los años, deambulo, tropiezo, no he sido más feliz, sino menos, perdí a Cristo y no he hallado un sustituto para él.


De todos modos si eres joven y arrogante y no pueden convencerte los testimonios de los ancianos, tengo para ti una última apelación. ¿Qué confianza es ésa en que te apoyas que llegarás a la vejez? Dices, "soy fuerte, tengo muchos años por delante, mi cuerpo es joven". Sí, ¿y eso quiere decir que llegarás a viejo? ¿Tú crees que los ancianos sólo se mueren? ¿Crees que la muerte viene sólo con los numerosos días? ¿No hay enfermedades incurables que atacan a los niños? ¿Le da fiebre sólo a los ancianos, sólo ellos sufren de dolores?, ¿Le salen tumores sólo a una madera vieja y sólo a ella le come un cáncer las entrañas? ¿Mueren en accidentes solamente los viejos? ¿Son ellos los que más muertes aportan a las estadísticas? Pregúntale a los seguros de autos y te dirán lo opuesto. Sn los jóvenes los que más fácilmente mueren en accidentes automovilísticos. Puedes muy bien ser cortado a la mitad de tus días y salgas de este mundo cuando no lo esperas ni lo quieres, y bajar desde aquí sin la salvación. Rodar al pozo que no tiene fondo. ¿Adónde irán tus sueños, tus proyectos, tu carrera, tu futuro? ¿Dónde está tu futuro? Los años hablan, óyelos, porque dicen muchas cosas provechosas, y el que esto escribe, sabe lo que habla porque está lleno de días.

domingo, 6 de julio de 2008

Spurgeon Reprendido


"Ceñid vuestro entendimiento para la acción; sed sobrios en espíritu, poned vuestra esperanza completamente en la gracia que se os traerá en la revelación de Jesucristo" (1Pe 1: 13).

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Nunca te desesperes. Nunca dudes. Nunca pierdas la esperanza cuando las cosas parezcan difíciles. Sucedió el otro día cuando yo visitaba a un hermano que se encontraba enfermo, que me reprendió fuertemente al verme desanimado. Así me dijo, "nosotros nunca debemos izar la bandera blanca pero me parece que usted lo hace algunas veces". Entonces le pregunté a que se refería, "usted algunas veces parece estar decaído y desalentado. Observe que ahora estoy al borde de la muerte y sin embargo nada me entristece ni me da miedo". Me regocijé tanto en verlo así que le respondí, "tienes razón hermano. Repréndeme tantas veces como quieras por mí incredulidad en verdad lo merezco". "¿Por qué?", me dijo, "usted es el padre espiritual de muchos de nosotros. ¿No ha sido usted quien me ha traído a mí y a mi amigo a Cristo? Si usted se siente decaído y desanimado después de haber recibido tantas bendiciones del Señor, usted debería avergonzarse de sí mismo". Mirándolo le dije, "en verdad siento vergüenza de mí mismo y desearía tener más fe en Dios en el futuro".
Hermanos, debemos tener esperanza y nunca miedo. Sé fuerte teniendo sana confianza en la palabra de Dios, ten por seguro y espera que su causa vivirá y prosperará. "Esperad", dice el apóstol, "espera hasta el fin". Ten esperanza en todo momento. Si las cosas se ponen peores, todavía espera. Ten esperanza tanto como un hombre pueda tenerla, porque cuando tu esperanza es en Dios, tu espera y tu esperanza no pueden ser demasiadas.

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Charles Spurgeon, Words of Wisdom, for Daily Life, pags. 186,187.

viernes, 4 de julio de 2008

Rowland Hill y Lady Erskine


Cierta vez cuando Rowland Hill estaba predicando, Lady Erskine pasaba cerca de ese sitio. Aunque se encontraba un poco alejada le preguntó a su cochero que hacía tanta gente allí. Por lo cual él respondió, "toda esa gente va a escuchar al predicador Rowland Hill". A, ya se, he escuchado mucho acerca de él y es una persona extraña, un predicador violento, pero de todos modos acerquémonos. En cuanto el señor Hill la vio dijo, "acérquense vamos a tener una subasta. Les voy a vender a Lady Ann Erskine". Por supuesto, cuando esta señora oyó eso se detuvo al momento para ver qué es lo que iba a pasar. "¿Quién la quiere comprar? ¿Quién da más por ella?
Entonces el mundo vino para hacer una oferta. ¿Qué usted daría por esta señora?". El mundo le ofreció esto: "Le daré todas las pompas y vanidades de esta vida. Será una mujer feliz aquí, rica, tendrá muchos admiradores y podrá atravesar el mundo cargada de joyas". "No, no se la vendo. Su alma es eterna. Es muy poco lo que usted está ofreciendo. Y pregúntese ¿de qué provecho le valdría a ella que ganara todo el mundo y perdiera su alma?".
Después se acercó otro comprador-este era el diablo. "¿Qué usted ofrece por ella?". "Muy bien, dijo él, le daré todos los placeres que pueda sacar del pecado. Le ofreceré en abundancia todo que pueda mirar y escuchar. No quedará un solo placer en el mundo que ella no pueda disfrutar". "Ahora Satanás, ¿qué es lo que tú puedes darle que le dure para siempre?, porque yo sé quién tú eres. Sé que le darías todo que ella quiera en esta vida pero después destruirías su alma por la eternidad".
Seguidamente se acercó otro individuo para hacer su oferta: "A este yo lo conozco, pensó el señor Hill no es otro que nuestro Señor Jesús. “¿Qué das por ella?". Y él respondió, "en este momento no se trata de lo que yo pudiera dar por ella sino de lo que ya he dado por ella. La he comprado con precio y le daré el cielo por toda la eternidad. Además de eso le llenaré su corazón de gracia ahora en esta vida y después de gloria por todos los siglos". "Oh, Señor Jesucristo, dijo Rowland Hill, a usted si se la doy". Y mirando a Lady Erskine, le dijo, "¿tiene alguna objeción que hacer?". No hubo respuesta. Entonces él dijo, “¡vendida!, en este momento le perteneces al Salvador. Te he desposado con él. Y nunca rompas ese contrato".
Y ciertamente ella nunca lo rompió. Desde ese momento en adelante dejó de ser una mujer ligera y volátil para convertirse en una persona seria que cooperó mucho con la verdad del evangelio y murió abrazada de la esperanza de entrar al reino de los cielos.

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(Charles H. Spurgeon, Words of Wisdom, pag. 101-103)

miércoles, 2 de julio de 2008

La Oración del Tabernero

Se dice que el predicador Rowland Hill tuvo que detenerse en una villa donde no había otro sitio para quedarse sino una taberna. Yendo con dos caballos que había también que atender y ocupando una de las mejores habitaciones fue considerado por el dueño como un cliente muy importante para esa noche. Y en efecto este señor vino y le dijo, "me alegra mucho verle señor Hill". "Voy a pasar la noche con usted aquí"-fue la respuesta. ¿Me permitirá orar con usted y su familia en esta casa? "Nosotros nunca hemos orado", dijo el dueño, "y no quiero hacerlo ahora". "Muy bien, entonces prepáreme los caballos que me voy porque yo no puedo permanecer la noche en una casa donde no quieran orar a Dios. Por favor saque los caballos".
Dado que el cliente que tenía esa noche era bueno, pensó el dueño, que era mejor que orar con la familia. "Oh”, además dijo el señor Hill, "no tengo la costumbre de dirigir la oración en las casas de otras gentes. Usted debe ser el que dirija la oración". El hombre respondió que él no podía orar. "Pero usted debe hacerlo", le dijo Rowland Hill. "Pero yo nunca he orado". "Entonces querido señor usted va a empezar esta noche", esa fue la respuesta.
Así cuando llegó la hora de orar y todos estaban de rodillas Rowland Hill le dijo, "cada padre de familia debe orar en su propia casa, usted debe hacerlo esta noche". "Yo no puedo orar, yo no puedo orar", respondió el dueño de la taberna. "¿Qué clase de hombre ha sido usted todo este tiempo que no puede darle gracias a Dios por las misericordias que ha tenido con usted? Además tiene que haber sido una clase terrible de pecador. ¿De veras que usted no puede decirle a Dios que ha sido toda su vida un pecador y pedirle esta noche perdón?". El tabernero comenzó a gritar, "no puedo orar, señor Hill, no puedo hacerlo, ojalá yo pudiera". "Entonces dígale al Señor que usted no puede. Dígale a él que usted no puede orar", dijo el señor Hill, "y pídale a él que lo ayude".
Estando ya el tabernero de rodillas dijo, "oh Señor yo no puedo orar, ojalá yo pudiera hacerlo". "Oh, ya usted ha comenzado orar, respondió Rowland Hill, ya ha empezado orar y nunca más dejará de hacerlo. Cada vez que Dios le impulse a orar, aunque sea una débil oración, nunca dejará de hacerlo. Ahora yo oraré por usted". Y así lo hizo. Y no pasó mucho tiempo conforme a la misericordia de Dios que el tabernero rindiera su corazón a Cristo.
Hoy puedo decir que si alguno de ustedes no puede orar, dígaselo al Señor. Pídale a él que lo ayude a orar. Que le muestre su necesidad de ser salvo. Si usted no puede orar pídale al Señor que le de todo lo que necesita para hacerlo. Cristo tomará esa oración y pondrá su sangre sobre ella y el Padre enviará su Espíritu Santo para darle más fe y más confianza en su Hijo.
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Charles H. Spurgeon, Words of Wisdom for Daily Living, págs. 91-93.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...