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miércoles, 19 de diciembre de 2018

Sin espacio para María, ni para José ni para Jesús


LUCAS 2:1-7
1 Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. 2 Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria.3 E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.  4 Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; 5 para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. 6 Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento.7 Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”.

Voy a mirar este texto navideño, con énfasis especial en la actitud del mesonero y el significado de un pobre pesebre. El mesón lleno de gentes y propiedades es un símil del corazón humano en el cual no hay espacio para la iglesia, representada por María y José y para Jesús. La razón por la que no encontraron un sitio dentro fue porque llegaron tarde cuando todo se hallaba ocupado desde hacía horas o días. La “familia sagrada” no podría alojarse dentro a menos que se sacara alguno o algunas cosas, afuera. A mucha gente, a no ser que se convierta a Cristo en la infancia, Jesús y la iglesia llegan cuando ya el alma la tienen llena de gentes y cosas. Si fuera uno sólo, él, sin la iglesia entonces sí, pero con ella no.
El dueño del mesón es un símil de los que optan por una fórmula mercantil, alojarlo afuera, y se le coloca en un establo.   De ese modo no se molesta a nadie ni se saca nada. Me refiero a una religión que deje las cosas como están, que no haya que renunciar a nada ni nadie, ni gente ni pertenencias, y que nada ni nadie se oponga, donde todos estén conformes.  Si Jesús y la iglesia no estorban el negocio, al contrario, si ellos pagan su alquiler y no interfieren, entonces más que mejor. Esa es la religión que algunos quieren, que Jesús y la iglesia no estén metidos dentro del corazón y proporciones ganancias y no cause desalojos.

El símil es más amplio cuando Jesús y la iglesia pueden convertirse en un negocio. Representan una sociedad comercial que hace uso de la Navidad en provecho propio. Si los pastores y la gente campesina creen en visiones de ángeles navideños, si pudieran convencerlos para que vinieran y cantaran ¡Gloria a Dios en las Alturas!, eso atraería a mucho público, especialmente los hombres y mujeres de buena voluntad, que permitiría agrandar el negocio y venderles pequeños pesebres y animalillos comiendo paja y bebiendo, sonrientes, agua. Si el negocio se mantiene y al año y un poco más todavía el Niño y la Madre están cerca, podría llegar un grupo de astrónomos buscándolos y después del culto dejar mucho oro, incienso y mirra. Y si la cosa se pone buena alborotaría a toda Jerusalén y el propio rey Herodes no tendría inconveniente en ir a adorarlo; claro, como hablan los políticos, de labios.  Sería una conveniente decisión política en vista de la popularidad que hubiera ido alcanzando aquel Nacimiento. Tal vez si deja la hipocresía política y se junta con aquellos hombres “de buena voluntad” eso podría obrar el milagro de un cambio en su corazón y deje mirar a Jesús con miedo y emita una contraorden para que no maten a los niños del pueblo y nadie tenga que huir al exilio en Egipto.

De todos modos, por pretexto o por verdad, con sinceridad o por negocio, la Navidad celebra los negocios de mi Padre, la encarnación del Hijo de Dios y los pobres en espíritu la celebran con regalos, comidas favoritas y muchísimas acciones de gracias a Dios.  José y María eran pobres y aunque él era de la Aristocracia porque tenía el principado sobre su hombro, nació en un barrio pobre, comía mantequilla y miel, trabajaba en una carpintería, hacía preguntas bíblicas a los mayores, y jugaba en la calle con los niños que tocaban flauta y bailaban, endechaban y lloraban.
Hasta para pagar el impuesto necesitó socorrerse de modo extraordinario. Una vez que tuvo una moneda en su mano, fue prestada, cuando dijo aquel famoso “dad a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios”. Y la devolvió a su dueño. Las voluntarias recaudaciones las manejaba Judas Iscariote. La barca con la cual atravesaba el lago no era suya, los panes y los peces que multiplicó eran de un niño, el salón donde celebró la Pascua y la “Ultima Cena” fue prestado. La tumba donde pusieron su cuerpo muerto pertenecía a un rico. Lo único que fue suyo porque se la regalaron, fue una cruz para clavarlo, y muerto costaba trabajo bajarlo porque cargaron sobre su cuerpo el pecado de todos nosotros (Isa.53:6; He.12:1).

Afuera del mesón, sin privilegios, su estancia significaba más, y se le ocultaba al diablo que lo buscaba entre los vestidos de lino en palacios de reyes, no envuelto en pañales y acostado en un pesebre, porque “siendo rico se hizo pobre para que con su pobreza fuésemos enriquecidos” (2 Co. 8:9), y luego sobre un pollino, también prestado y en cabalgadura de pobres, como dijo Sancho Panza, para estar cerca de ellos, caminaba como Rey, entre hosannas sobre mantos y flores en las empedradas calles de Jerusalén. Treinta años atrás, el mesonero, la mujer y sus hijos no sabían a quién habían puesto afuera del mesón, o le hubieran cedido su techo, su cama, para acariciarlo y mirarlo, como se mira absorto y se toca el futuro de uno mismo y de muchos más.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Arrastrados hacia la iglesia


MATEO 13:47,48
"El reino de los cielos es semejante una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces". 

Aquí el reino de los cielos se refiere al fin del siglo y además a la predicación del evangelio y a la iglesia. La predicación del evangelio es como una red de pensamientos y palabras que el predicador arroja sobre un grupo de personas con el propósito de “dragarlas” (eso significa la palabra) hacia Cristo; son ideas hiladas y tejidas de modo que pueda atrapar peces y ser arrastrada hacia la iglesia donde se quedarán los que son del Señor. Ese es el medio que agradó a Dios utilizar para salvar a los pecadores. Estos son los que el Señor llama por su gracia y lo entienden y ya no pueden jamás desentenderse del mismo. Se sienten atrapados, quisieran salirse, pero los hilos de la red, tejida con hilos de verdades indisputables, no se lo permiten. No todos los que el evangelio arrastra hacia la iglesia son utilizables, algunos no lo son y mientras más pronto regresen a su ambiente marino, mejor. Yo procuraré no llorar por ellos cuando se salgan de la cesta y dejen la embarcación. Dios sabe cómo y cuándo tirarlos. Y volveré a tirar la red e iré mirando con emoción las bendiciones de los nuevos, brillantes y alegres pececillos que me preguntan “¿qué debo hacer para ser salvo?” “¿Qué impide que yo sea bautizado?”.

sábado, 15 de diciembre de 2018

El interés de Dios con un mesón ocupado


LUCAS 2:1-7
(Mt. 1:18-25)
 “1 Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. 2 Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. 3 E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. 4 Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; 5 para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. 6 Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. 7 Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”.

El nacimiento de Jesucristo en esas condiciones fue divinamente intencional, no por casualidad ni suerte que los padres llegaran a Belén a una hora y un día en que era imposible encontrar una habitación, quiero decir un lugar dentro del mesón, abarrotado de gente y animales. El nacimiento de Jesús en un establo y acostado en un pesebre tienen un fin Salvador, no específicamente como se pudiera pensar, haciéndose asequible a los pobres, sino para intencionalmente llevar los ricos hasta ese lugar donde tengan que dejar sus carruajes y caballos, sus zapatos costosos y su enorme orgullo.
El establo no es un lugar donde iría a buscar a un Salvador la nobleza de Judea ni de ninguna otra parte, las damas con olfato refinado no pondrían un pie dentro de un establo maloliente para arrodillarse juntas a una María aldeana y un José carpintero, ni acompañarse con jadeantes pastores que sudorosos acaban de llegar, por un aviso que dicen ellos que se los dio una hueste angelical. Cosa difícil de creer por los sabios, en boca de campesinos ignorantes.
Allí no irían los reyes a buscar a un compañero de ellos, ni cancilleres, ni procuradores, ni diplomáticos, ni científicos, ni filósofos y literatos, ni doctores de la ley de Dios. El lugar donde tienen puesto al Niño es nauseabundo y hay pobreza por todas partes, aunque sean ricos en dignidad. La historia de la Navidad es el elocuente sermón de humillación dado por Dios a los arrogantes y jactanciosos del mundo, a los engreídos, a los que adoran otros dioses, de las artes, de las letras, de las ciencias y del mundo de los negocios, cuyo príncipe es el poder y Don Dinero. Y al estilo del pesebre vivió el Señor  Jesús. Ni siquiera imaginar que todos estos sofisticados señores se dignarían ir a buscar algo a su taller de carpintería, y oírlo y tratarlo como un superior; y aunque le escucharon hablar, enseñar y predicar, exigirían sus credenciales y desearían conocer cuánto de sus posesiones, de sus amistades y de su familia. Ninguna de esas cosas las hallaría, en él o junto a él como para que lo eligieran su profesor, Mesías y Salvador. Jesús está puesto donde los que lo quieran tienen que negarse a sí mismos y renunciar a la petulancia y al orgullo intrínseco en sus corazones.
El nacimiento en aquellas condiciones no fue porque José no tuviera recursos para que su desposada María diera a luz en mejores condiciones sino porque no encontró un hospedaje mejor, porque así lo quiso Dios para inclinar la cerviz de los pudientes y poderosos, de los sabios y entendidos, como si no valiera nada valiendo todo, como un sin nombre y siendo el suyo sobre todos, como pobre para enriquecer a los ricos (2 Co. 8:9; 2 Co. 6:10), como ignorante y débil y siendo “poder y sabiduría de Dios” (1 Co. 1:24). El mundo no necesitaba que tuviera sangre azul y tesoros sino que fuera “el Santo de Dios” que pudiera morir por nuestros pecados.
Todo en la vida de Jesús, desde su nacimiento y profesión, hábitos y pensamientos, tenía el propósito divino de quitar del carácter del hombre sus ínfulas de grandeza y revestirlo con este sentir que hubo en Cristo Jesús “que no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse sino que se despojó” de su gloria. Debe buscarlo en una tumba vacía, muriendo entre bandidos, comiendo con publicanos y pecadores, en un taller de carpintería y dentro de un establo recostado en un pesebre. Ese fue el interés de Dios con un mesón ocupado.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...