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viernes, 23 de octubre de 2015

Cosas que no te es dado expresar

Mateo 6:4,6,18.
"Cuando ores entra en tu aposento y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público".

ORA EN SECRETO
Uno debe fijarse cómo adoran otros y si vemos que con hipocresía, no imitarlos. Jesús insistió mucho para que eso no nos sucediera. Los que oran para tener un testimonio público, oran con hipocresía; cualquier cosa que se haga para Dios queriendo o temiendo la desaprobación de los hombres, es hipocresía. Si orar para ser visto de los hombres, o decir a los hombres cuánto oramos, es hipocresía, orar para tener un testimonio que dar, es lo mismo. Tenemos que quitarnos de la mente la idea de conseguir cosas de Dios para elevarnos espiritualmente delante de los hombres, conseguir mejor opinión de ellos. Ni siquiera de nuestros hermanos en la fe. Esto hacen algunos y Jesús dice que no seamos ni siquiera semejantes a ellos (v.8), y mucho menos iguales. Guárdate cuando digas "lo que Dios ha hecho en mi vida" y tú seas el adorado y no Dios. 
De todos modos si eres de los que les interesa la opinión pública, paga el precio, ora en secreto y que Dios obre sobre ella. En algunos manuscritos muy antiguos no aparece la frase "en público"; y así sin ella, entre otras versiones en español, la Biblia de las Américas y la Versión Internacional. Y es creíble que haya sido así, puesto que lo que quiere el Señor es que la vida íntima con él no se exponga a la vista y oídos de otros. Las cosas que se dicen dos enamorados son privadas. El Espíritu Santo no se presta para decirlas. Tal vez les diga, “he aquí él  ora” pero no lo que está orando (Hch.9:11). No más que eso. Cosas que no te es dado publicar (2 Co. 12:4).

miércoles, 21 de octubre de 2015

La petición más difícil del Padrenuestro

Mateo 6:9-13
"Venga tu reino, hágase tu voluntad, el pan nuestro de cada día, perdónanos, no nos metas en tentación".  
SUDANDO SANGRE
Nota que de todas las peticiones que se hacen sólo una es material, secular, profana, temporal, todas las otras son religiosas, que conciernen a Dios, el alma, la iglesia, el perdón, el testimonio, etc. Esas son las cosas por las cuales debemos orar constantemente. La doxología, "porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén", no aparece en muchos manuscritos y muchas versiones de la Biblia la omiten, y tiene un fuerte gusto a las Crónicas sacerdotales del Antiguo Testamento. Sin embargo es cierta y muy hermosa. Omítanla si quieren, pero créanla.

La parte más difícil, quizás, del Padre Nuestro, es cuando decimos, “hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo”. Es cierto que nada podemos pedir que sea mejor y más conveniente que la voluntad de Dios, sin embargo ella no es fácil, aunque la imaginación suele agrandar las dificultades, que pudieran no hacerse reales jamás y después avergonzarnos de haberlas sufrido. Como nuestro Señor oró “mas no se haga mi voluntad sino la tuya” (Luc.22:44); y eso es lo que había enseñado a sus discípulos y ahora le tocaba a él poner en práctica esa parte de su famoso sermón del monte. Fue un momento difícil ya que el texto de esa crónica dice que se encontraba en agonía; le costó sudar sangre, quiso abrir alguna oportunidad, transitar otra ruta para la redención del mundo, porque se sentía humano, pero todos los caminos estaban cerrados, bloqueados por la voluntad de Dios, no existían, solamente le quedaba el que lo llevaría al monte Gólgota. 
Cuando se trata de cumplir la voluntad de Dios es el tiempo de dejar de ser solamente un platicador de las enseñanzas de Jesús, es el momento de vivirlas. La voluntad de Dios aunque es difícil también es segura y lo mejor que puede ocurrir en nuestra vida, sea dulce o sea amargo, sea aplaudido o sea vituperado, nos exalte o nos humille, nos aplaudan o nos abucheen. Hágase poco caso a los que critican nuestra decisión o situación. No hace falta la aprobación de ellos. Si es segura no merece que se tiente a Dios mostrando poca fe, con dudas, ni siquiera con preocupaciones, que se esconden muy despiertas y tapaditas debajo de los insomnios. Es lo mejor pero no fácil, con todo y todo lo que dice el experimentado Pablo que es "agradable y perfecta" (Ro.12:2). La palabra griega se pudiera traducir también que es buena y "aceptable", para las cosas que se piensa que no tienen remedio. Se necesita mucha gracia para hacer la voluntad de Dios, para aceptarla, no querer cambiarla y estar a gusto y alegre con ella. 

martes, 20 de octubre de 2015

Las voces del infierno dicen: Bastante has servido a Dios, ahora sírvete a ti mismo

1 Reyes 12:26-28
“Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto”. “Bastante habéis subido a Jerusalén”. 

¿ES VERDAD QUE ES EL CIELO?
¿Qué argumento tan insulso como ése, y sin embargo tan peligroso, tan falaz y tan temible? ¿Cómo puede ser “bastante” la adoración a Dios?; lo cual quiso decir: “Mucho, demasiado.” Como si les dijera: “Es hora para cambiar de lugar de adoración, para cambiar de forma de adoración, de romper con una tradición, de no continuar con esa historia sagrada, es la hora de la rebelión y la desobediencia.”

Oh alma mía, tú has oído esas mismas palabras por la boca de tu carne, del mundo o del diablo. Te han dicho: “Bastante tiempo has servido a Dios, ahora te llegó tu turno, sírvete a ti.” “Bastante tiempo has seguido a Cristo haciendo su voluntad, ahora sigue tus sueños, tus inclinaciones, satisfácete tú, has lo que quieras.” “Bastante tiempo has vivido en santidad, tus días diciéndole que no al pecado han sido muchos, te estás yendo de este mundo sin apenas paladearlo.” “Bastante tiempo has estado en la compañía de los santos, cambia ahora tus relaciones, ¿no has hallado mejores amigos en el mundo que los que has conocido en la iglesia? “Bastante tiempo has ayudado a la iglesia, ahora coge lo que das a ella y úsalo para ti.” “¿Qué resultado has visto de todo lo que has dado, qué has ganado en la obra de Dios, te han ayudado a ti como has ayudado tú al sostén de la causa de Cristo? Es mejor que cambies de causa e inviertas tu dinero y tus talentos de modo más productivo, que tengan mejores rendimientos. ¿Qué recompensa has tenido de todo lo que has dado?; de todos modos ya has pagado suficiente por lo que has aprendido”. 
Son muchos los argumentos carnales y diabólicos que salen del corazón; como dijo Jesús, que de él salían “los malos pensamientos” (Mt. 15:19); todos centrados en el yo, en el mundo y en los deseos del diablo. Oh Dios, que nunca me parezca mucho lo que he hecho por ti sino poco, poco lo que he dado, poca mi entrega, poca mi fe, pocos mis días, poca mi vida; guarda mis oídos de oír esas voces y atender las voces  del infierno.


viernes, 16 de octubre de 2015

Por qué nuestras oraciones muchas veces son negadas

Mateo 7:7-11
“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”.
SI DOS SE PUSIEREN DE ACUERDO PARA ORAR

Pedir pide cualquiera, pero ¿lo mejor? Repasando mentalmente la vida por tres años de los discípulos con Jesús, hay pocas ocasiones en que ellos pidieran alguna cosa, y no lo mejor: Pedro, es posible, pidió que el Señor le sanase su suegra y lo hizo, Pedro también pidió que no padeciera muerte en la cruz y el Señor le respondió llamándolo Satanás. Pidió que se hicieran tres enramadas en la transfiguración y se le dijo que no, pidió caminar sobre las aguas y terminó hundiéndose. Jacobo y Juan querían que descendiera fuego del cielo sobre una aldea de samaritanos y el Señor le contestó que eran ignorantes del Espíritu a que pertenecían, también pidieron sentarse en su reino uno a la derecha y otro a la izquierda, y esto también les fue negado a ellos y a la madre de los dos.
En cuanto a Felipe le pidió que el Señor le mostrara al Padre y eso le bastaría (Jn.14:8, no sé para qué), sin embargo tenía en Jesús al mismo Padre delante. Tomás pidió ver a Cristo resucitado para creer y eso le fue concedido pero con una medida de reproche por su incredulidad. Podemos decir con Pablo que los discípulos pedían, exceptuando cuando pidieron fe, pero pedían mal porque no sabían pedir lo más conveniente (Ro. 8: 26, 27). Todas esas peticiones ocurrieron después que el Señor les había dicho que pidieran, que llamaran y tocaran a la puerta de Dios; entonces no vale sólo con pedir sino pedir como conviene, según la voluntad de Dios.

Orar con inteligencia espiritual. La experiencia nos enseña que es difícil orar y orar bien. Se puede 
orar en secreto y hacerlo sin hipocresías y la falta hallarse en otra parte, en la ignorancia de lo que se está pidiendo. ¿Convenía que no le pasara nada al Señor como Pedro quería? ¿Eran necesarias las tres utópicas enramadas que Pedro quería fabricar sobre el monte? ¿Qué beneficio de gracia sacó de sus pasos sobre el agua? ¿Era justo que Jacobo y Juan quemaran vivos con fuego del cielo a los habitantes de aquella aldea? No se podría dudar de la fe de estos hermanos, ni del fervor y sinceridad con que pidieron pero ninguno recibió lo que pidió, por ignorancia espiritual. Esta verdad nos ayuda a comprender por qué nuestras oraciones muchas veces son negadas aunque habríamos esperado un sí por parte de Dios, pero él se dio cuenta que lo que le pedíamos era insensato, innecesario, equivocado, o caprichosamente carnal.
Este pensamiento nos enseña que nuestras oraciones como necesidad tienen que ser reguladas por la sabiduría divina y que aún el v. 8, no debe ir más allá de esa medida, pero el Señor quiere insuflarles la seguridad que habrá respuesta a esas gestiones espirituales, si con paciencia la esperaran. Y cuando uno empieza a pedir tiene que estar dispuesto a aceptar lo que el Señor envíe conforme a su voluntad y eso será una buena dádiva de lo alto. 

Expectativas en la oración. Pienso, hermanos, que estas palabras aunque Lucas las coloca seguidas de la oración modelo, fueron dichas para instarlos a orar y  para corregirles las expectativas de oración, sobre todo eso. Ya los discípulos sabían orar pero tenían que estar seguros que cualquiera cosa que viniera del Señor sería buena. Por ejemplo. Si él hubiese querido enseñarles que Dios les da siempre lo que piden, hubiera dicho: "¿Qué padre hay que si su hijo le pide pan porque tiene hambre se hará el sordo a sus súplicas?". Y además se supone que les dice eso para que oren y sigan haciéndolo,  "pedid, buscad, llamad". Entonces tienes que ser advertido que las respuestas a tus oraciones no serán injustas, desamoradas, dañinas o aparentemente contrarias a lo que has pedido. Puedes pedir salud y recibir enfermedad, pedir la vida y mandarte la muerte, pedir trabajo y proseguir en desempleo, pedir misericordia y enviar justicia, pero todas esas cosas son respuestas sabias y además "buenas dádivas". Nunca debemos estar inconformes con la calidad de la respuesta, con su tamaño, porque eso fue un pecado muy grave en el Israel de Dios, el hablar mal del maná que Dios les había enviado (Num. 11:4-10). Todas las respuestas del Señor son paternales, nunca lo acuses de "despropósito" (Job 1: 20-22), porque tiene un plan seguro, definido y eterno con sus hijos. Dios nos de gracia para la aceptación sin que murmuremos inconformes por la calidad o forma de lo que hemos recibido. Pide, y lo de más valor que puedes pedir y te pueden dar es el Espíritu Santo, como dice Lucas 11:13. Amén.

Dios a veces nos hace seguir el curso de las golondrinas

Mateo 6:25-32
ORANDO Y PREOCUPADO
“Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas”.

Al hablar el Señor con tanta pasión contra los enfermos del dinero, se dispone a dar un paso más: eliminar aún del deber cotidiano del trabajo la ansiedad y el afán. Fíjate si es así que no dice "no os afanéis por tener terrenos, casas, caballos, mulos, tiendas, carros", sino "lo que habéis de comer o beber", es decir, ni aún por lo básico, lo indispensable para el sostenimiento de vuestras personas. Ahora aquí no está advirtiéndonos de los peligros eternos que corren las almas de los que quieren a toda costa enriquecerse sino de lo fastidiosa y desesperada que se puede volver la vida más simple si es penetrada por afanes y desesperaciones. Lo que el Señor quiere es que disfrutemos la vida cristiana, y empieza por dónde empieza la obtención de una vida tranquila sin los sobresaltos de las inquietudes: la fe en la providencia de Dios.
Piensa en la historia de la providencia en tu vida. Pensar en lo que ya hemos recibido de Dios: la vida y el cuerpo (v. 25), "¿no es la vida más que el alimento?". Ciertamente que por el sistema de nutrición el Señor nos preserva vivos pero ya hemos visto al comentar "no sólo de pan vivirá  el hombre", que aunque la existencia de la vida humana esté sujeta a la alimentación no es ella su origen sino Dios. No son las proteínas y los aminoácidos el origen de la vida sino la mano de Dios. La vida es más que el alimento y si él nos ha dado más ¿no nos dará lo que es menos? ¿No es la desconfianza una locura sin sentido? ¿Vale más el lino, la seda, la lana que nuestra piel, nuestros huesos y la carne que los cubre? ¿Vale más una camisa que el pecho, o un pantalón que las piernas que cubre, o un cinto más valioso que la cintura que ciñe? Dios no olvida ningún caso que corresponde a un hijo de fe. Nuestro nerviosismo y ansiedad por la ropa y la comida o cualquiera otra cosa no sólo es infundado y perjudicial sino inconsecuente con la protección del Señor (Luc. 22:35).
Piensa en criaturas que valen menos que tú. El segundo argumento contra el afán y la ansiedad es sacado de la providencia divina sobre las criaturas menores, aquéllas en las cuales Dios puso una importancia inferior, las del reino animal y vegetal (vv. 26-30). Sólo habría que abrir los ojos y alzarlos a los árboles donde posan sus pies las aves de Dios o bajarlos a la tierra donde crece el pasto de las bestias, o la hierba que aplasta la bota del hombre, que crece sin que nadie la cuide.
Es muy raro ver un ave muerta de sed o a sus críos piando inútilmente de hambre en sus nidos. Esas horribles sequías existen, por supuesto, pero no es la norma. Dios se encarga de ellos y llena sus bocas. Si no siegan ni almacenan y no perecen, porque tengamos un tiempo de escasez, que falte el trabajo, ¿acaso pereceremos?
No es uno sino muchos los hijos de Dios que por un tiempo tienen que ir de un sitio a otro ofreciendo sus manos y talentos a cambio del pan propio y de sus familias, a veces como Noemí y Elimelec, tienen que dejar su patria e ir a suelo extraño donde hablan otro idioma y viven de modo diferente; pero hasta allí la providencia los sigue y no los deja desamparados, y pocos no son los que cuentan como el Señor los ha bendecido. Dios a veces nos hace seguir el curso de las golondrinas migratorias y del gorrión que se va de casa para otros tejados; alzamos nuestras alas y nos posamos en lejanos árboles que antes no habíamos conocido, pero Dios nos cuida y sabemos que fue él quien alentó nuestro viaje y nos guarda lejos de jaulas, y pone una economía mejor al alcance de nuestros picos, que aquella que un día dejamos. Me gusta pensar también en la vida nuestra, peregrina como la de los pájaros que transitan de un lado a otro. Dios dirige las migraciones de animales y hombres y fija el límite de nuestra habitación.
Es también la vida como la flor de la hierba, aunque condenada a la transitoriedad, es embellecida como otras flores jamás vieron. Si Dios viste de colores los pétalos, a los gajos perecederos ¿dejará sin cubierta a nuestros hijos que son hechos a su semejanza? Siempre tendremos la ropa exacta que necesitamos. Lo que no promete Dios es soportar la vanidad de los que nunca se conforman con los vestidos que poseen y gastan más de lo que debieran en presumir y ostentar.
Los dos apóstoles, tanto Pedro como Pablo, condenan esa actitud superficial derrochadora, sobre todo de las mujeres que pretenden sólo ostentar sus galas (1Ti. 2: 9). Si Dios ha puesto tanta gloria en la corona de una flor la cual destina sin piedad al horno ¿no proveerá tela e hilo o dinero para costear lo que cubrirá su templo? Más bien debiéramos preocuparnos por la comida que proviene de los labios de Dios y de la ropa que cubre el alma para siempre (Ro. 13: 14).

Nos da vergüenza, nuestra poquísima fe. Esto es un honesto reconocimiento. Hay otra razón que da  nuestro Señor que tampoco nuestros ojos deben rehuir mirar: el mal ejemplo que dan los que no confían sus vidas a Dios, los hombres y mujeres terrenales, que prácticamente muestran su falta de fe y esperanza viviendo para ir tras el bocado y la ropa, que no nutren sus almas ni procuran la ropa de gloria con que viste los espíritus las manos de Dios (v. 32). ¿Por qué? Porque no son hombres y mujeres de fe. No honran a Dios dependiendo de él sobre alguna promesa, son hijos de este siglo y ya viven como condenados dando importancia desmedida a lo que cubre el cuerpo y a lo que se pone sobre la mesa. Y lo peor es que los hijos de la promesa, los mismísimos hijos de Dios estén agitados con el mismo afán y corriendo de aquí para allá tratando de conseguir las mismas cosas. Hoy es necesario que el mundo vea que realmente no nos interesan todas sus ferias de vanidades y que han sido clavadas en la cruz. ¿No es lo contrario una contradicción a nuestra esperanza de gloria y un desmentir una vida de fe? (He.11:9,10). Es cierto que debemos tener planes en este mundo pero no confinados a este mundo, más bien saludarlos y mirarlos de lejos (He. 11:13). Aceptemos cabizbajos y confundidos el celestial reproche que somos hombres y mujeres de poquísima fe.

jueves, 15 de octubre de 2015

Atracciones y repulsiones

Mateo 4:1-11
(Mr.1:12-13; Luc.4:1-13)
“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.  Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,  y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”.

Las tres pruebas contra Jesús, el diablo propuso atraerlo de tres maneras. Le atacó el carácter, su religión y su cuerpo. Ojo, que Jesús es quien único puede caminar con el diablo y no pecar. Pero lo hizo porque esos son caminos nuestros para que sepamos como rechazarlo. Esto nos permite hablar de atracciones y repulsiones. En primer lugar, (1) el diablo y Jesús son enemigos irreconciliables. Y con el cristiano pasa lo mismo, su lucha principal es contra principados y potestades, contra los gobernadores de la oscuridad, de lo tenebroso, de las sombras y lo que él tiene, y oculta lo espantoso, lo destructivo, “vestirse como ángel de luz” o sea, venir bonito (2 Co.11:14)  
(2) Al diablo se le responde con Biblia (vv.3,4). La respuesta del Señor está tomada de Deu.8:3, donde se ve que lo más importante no es lo que entra en nuestra boca, ni siquiera lo que sale de ella sino lo que “sale por la boca de Dios”, la lectura de ella, su aprendizaje y los sermones. Por encima de las necesidades básicas. La comparación con el maná es apropiada. No es que aprendamos a vivir sin comer sino apreciar la palabra de Dios por sobre todo lo otro. Recuerden que el maná no era carne, era un alimento extraño que se derretía con el sol sin embargo se podía moler y hasta cocerlo como la harina y por alguna razón podría llenarse de gusanos. No para enseñarles a vivir del aire sin trabajar sino a depender de Dios completamente. Más importante que la comida, dijo Jesús posteriormente, es hacer la voluntad de Dios (Jn.4: 31-34).
(3) La próxima tentación nos enseña a no dar con el diablo ni un solo paso, no ir donde no se interprete correctamente la palabra de Dios (vv.6,7). No porque en un lugar abran la Biblia o la citen mucho debemos pensar que es adecuado. El diablo conoce la Biblia. Quiso ensenársela a Jesús, pero Jesús sabía más que él y una regla para interpretarla correctamente es no aislar sus textos, hacer doctrina con uno solo sino con toda ella. Las palabras que el diablo cita están tomadas del Sal.91:11,12, incorrectamente aplicadas. Un buen sermón no es el que tiene más gritos y no enseña nada ni el que cita más Biblia por gusto sin que haya interpretación. Y tampoco dar un paso a esos lugares donde no se usa el sentido común. Lo que le proponía era fanatismo sin sentido común. Que se arrojara desde lo alto ya que los ángeles cuya principal misión es custodiarnos del pecado.

El texto lo que enseña es a ser cuidados  en nuestros tropezones, cuando uno pone el pie donde no debe y da un paso equivocado. Son los errores porque no se consultó a Dios. Es para sacarnos de aprieto en equivocaciones.  Aprendamos a vivir naturalmente no por medio de milagros ni hacerles caso a los muchos milagreros que se los venden a los pobres, los enfermos y los ingenuos. La respuesta que Jesús le da se halla en Deu.6:16 que se corresponde con Ex.17:7. Jesús consideraba que para demostrar confianza en el cuidado protector de Dios no tenía que saltar al espacio, no había necesidad de deducir de ese acto su legitimidad divina porque creía completamente en la palabra revelada; y Dios lo cuidaba. La prueba que el diablo le ponía no era un acto de fe sino de fanático y un equivocado y trascendente error. 
Ahora viene quizás la tentación más peligrosa que no tiene que ver con la Biblia ni con la iglesia sino afuera de ella, 
(4) encandilarnos con el mundo (vv.8-11), fascinarnos con su brillo, amar y adorar el mundo, caer de rodillas ante un cuerpo y una cara bonita, ante un fajo de billetes, prendas y joyas y placeres, ante la moda y el resplandor del aplauso social, el nombre, la fama.  Todo a cambio de hacerlo un anticristo, anti Dios, anti iglesia, anti Biblia, anti fe. Caer postrados ante esas cosas es estar de rodillas ante el diablo. Las da con el propósito de empujar a Dios afuera, sustituirlo que si se queda dentro esté en una posición inferior. Jesús le dijo al diablo o más bien nos dijo a nosotros que digamos que no ya que  gloria del mundo es engañosa, no pasa de la tumba, los aplausos de la sociedad no se oyen en el otro mundo, la gloria social no da felicidad, la carne y el diablo no hacen felices a nadie. Es un truco, la felicidad está en el alma y ella es hecha para Dios. No tengas miedo a que el diablo te rechace por tus principios y tus valores. Alégrate si el rechazo social es por esos motivos. En vez de sentir atracción lo mejor es sentir repulsión y decirle al diablo con la mano, no ven sino vete. No se debe borrar la diferencia entre el mundo y la iglesia.

lunes, 12 de octubre de 2015

Admiran más a Moisés y a Israel que a Jesús

1 Pedro 1:20, 21
“Ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios”.

JUDAISMO
Posiblemente estas palabras “ya destinado desde antes de la fundación del mundo” no tengan ninguna indicación acerca de la preexistencia de Cristo como segunda persona de la Santa Trinidad, sino para aclarar cualquier objeción en relación con la antigüedad de una religión y todo el respeto que con ello ella pueda tener. Me parece que la intención es que no ha habido un cambio de planes de salvación sino que desde la creación del mundo, la muy venerada religión judía, la ley dada por Moisés, habría de ser cambiada por otra mejor, un “nuevo pacto”, que contenga un plan mejor de salvación, que justifique el cambio y que enseñe que ha tenido que ocurrir por la ineficacia humana para poder salvarse mediante las obras, y eso por una parte, y por la otra que toda esa religión ya cumplió su función de servir como sombra “de los bienes venideros”,  para anunciar la venida del Hijo de Dios, del Cordero sin mancha y sin contaminación. Es decir, en la forma en que es introducido ese Cordero y cómo muere indica que quien lo designó es el mismo Dios que había formado la religión judía. Eso no es algo aparte de esa antigua religión sino dentro de ella para resumirla en sí mismo. No vino al mundo porque ellos lo hubieran pedido por la ineficacia y falta de sinceridad en la práctica religiosa, sino que Dios introdujo su plan eterno, el mejor, enviando por amor a Jesús “nacido bajo la ley” y muerto bajo la ley para cumplir esa ley (Ga.4:4-7). 

Los judíos sinceros se daban cuenta que los ritos y las obras religiosas de la ley no los hacía verdaderos creyentes por cuanto la incredulidad permanecía, y que por más religiosos que se hicieran cada día, no por eso serían menos incrédulos (Ro.11:20-23; 1Ti.1:13). Tenían como un velo en sus ojos y que “por Cristo es quitado” (2 Co. 3:14). Podrían a su vez ser religiosos e incrédulos porque la práctica de una religión no engendra la fe. La fe es un don de Dios que viene por su palabra y no por los ritos religiosos, por respetables que sean y antiguos. Mediante Cristo. Y no es el cristianismo una nueva práctica, con influencia judía, el medio para creer en Dios. Al cristianismo no es la esencia del judaísmo sino un sustituto del judaísmo, porque Cristo es ese Sustituto, tanto de nosotros como de la religión que él practicó y a la cual fue obediente para que por su obediencia esa ley quedase cumplida. No fueron las interpretaciones de la religión judía que hizo Jesús, ni el “más yo os digo”, no fueron los sermones en los que, por ser mejores, ocuparon el lugar de la religión judía sino la persona santa y sin mancha de Jesús que muere y que da evidencia Jehová de haberlo aceptado como sacrificio máximo y único para el perdón de los pecados: su resurrección. No tiene ningún sentido, a no ser para formar otra religión lo cual es herejía, mezclar el cristianismo que nace con la persona y muerte y resurrección de Jesús, con las ceremonias judías. Aquellos judíos de nacimiento ya no serían más practicantes del judaísmo sino que mediante la fe en la persona de Jesús que había absorbido completamente la religión que ellos practicaban, serían salvos, o sea podrían tener esperanza en Dios.


Es un contrasentido hoy, ya que aquellos judíos al volverse cristianos no judaizaron más, y si lo hacían Pablo les llamaba “otro evangelio”, y que es contrasentido cuando actualmente existen cristianos que judaícen sus prácticas danzando como María, la hermana de Moisés, usando prendas utilizadas en las sinagogas, guardando sábados y absteniéndose de alimentos que Dios creó para que participen de ellos los creyentes, y hallados en el Levítico de Aarón, porque en sus cultos expresan más admiración hacia Moisés, hacia la “tierra santa” que incursionan con frecuencia, hacia Israel, que hacia Jesús.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...