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jueves, 8 de diciembre de 2011

Había una vez, en un país muy lejano…un blog


Tengo un blog pequeño, con unos cuantos añitos, no le he hecho arreglos al formato nunca porque no quiero invertir dinero en hacerlo más atractivo. Si me decidiera algún día cambiarlo por otro más bonito, elegante y periodístico, lo extrañaría. Pero ¿qué pasaría si el contenido no es bueno ni mejor? Si lo que escribo en papiro no es bueno ¿para qué gastar dinero en pergaminos? Lo importante de un blog no es el atractivo envase comercial sino su contenido. Cada bloguero tiene su gusto, su estilo y su propósito. Yo soy un irremediable expositor de la Palabra de Dios y rara vez, como ahora, inserto algo que no sea una exposición bíblica o pasajes de libros que haya estado leyendo. 

Cuando llego a un blog, en castellano o en inglés  y veo que el asunto es temático y que son opiniones y sabiduría de su autor, y que tengo que ir al centro de la larguísima página, o casi al final,  lo cual es una imprudencia en un blog donde llegan impacientes lectores,  y que usa la Biblia para apoyar lo que él dice, pues hago como los de la parábola del Buen Samaritano, paso de largo y no leo nada; pero si en cambio miro que está desarrollando un punto teológico o exponiendo la Palabra del Señor, me detengo y lo leo. Aquello para mí  es intrascendente, como la moda y las opiniones y gustos sociales, es temporal, la Biblia no.

Siendo más personal, ¿por qué comenzaste a escribir un blog y subirlo al internet? Quizás tu motivación original fue tu disfrute, ver algo tuyo expuesto al público. Después quisiste saber si a los lectores les gustaba o no y estabas pendiente a que hicieran comentarios, y saboreabas cuando eran muchos y compartían tu punto de vista en la exposición. De ese modo llegaste a saber nombres en distintas partes del mundo y casi se hicieron tus amigos. Fue un periodo de oro para tu blog y corazón, y con entusiasmo querías escribir casi todos los días y entrabas con frecuencia a tu página para verla, leer tu escrito y mirar si alguien te había dejado algún mensaje.Suponiendo quee lo hayas creado para algo más que socializar.

Al otro día ibas corriendo a contar las visitas que tuvo tu blog y las estudiabas, si eran los mismos o habían llegado algunos nuevos, y observabas el gráfico de estadísticas que te proveía tu página. Le cambiaste el 'look' a tu portada, la hiciste más hermosa y variados los asuntos y por ello algunos te felicitaron y otros te decían la bendición que era para sus vidas lo que Dios te inspiraba a escribir. Sin embargo desde hace un tiempo las cosas no siguen igual, los comentarios han cesado o son pocos y el número de visitantes ha disminuido descorazonadamente, y eso te ha entristecido, y como quien no tiene ánimo para comer y asearse y no se muda la ropa, así no renuevas tus escritos y pasan varias semanas para que insertes una nueva entrada. A veces son cortas, otras noticias y lo más fácil, algún audio. Claro, también has tenido problemas personales y no tienes ganas de escribir. No eres el único, única, la blogosfera está llena de cadáveres de blogs, otrora vivos y coleando, ahora secos, tristes, dormidos o realmente muertos porque sus dueños han perdido el espíritu del entusiasmo. Están a punto de cerrarlos definitivamente y borrarlos del mapa del internet.

¿Qué pensarías de un pastor que tiene solo un puñado de personas que visitan su templo? ¿Cerraría la iglesia porque no vale la pena abrirla para tan poca gente? ¿Tres es poco? ¿Dos es muy poco? ¿Y uno solo da ganas de llorar? Pues sí, tres son pocos, dos es triste y por uno solo se pudiera llorar, pero ¿no dijo Jesús que él visitaría las reuniones así menguadas de dos o tres personas? Si cerramos la iglesia porque son pocas las almas que vienen ¿no demostramos la perversidad de nuestra motivación, que lo que nos interesa son los números para alimentarnos con ellos y aplaudirnos y no la gloria de Dios? ¿Vale tan poco una sola alma que no amerita atenderla con lo mejor?  El autor de Hebreos dice que aún no hemos resistido hasta la sangre. Hay que perseverar, escuchen o dejen de escuchar, lean a dejen de leer, vengan muchos o pocos, el templo tiene que abrirse como de costumbre y la página del blog lo mismo, aunque la visite un solo lector en todo el mundo. Y gloria a Dios por él.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Juan Calvino: El teatro y la televisión


"Pero aunque Calvino compartía la perspectiva teatral de su época, algunas veces no se sentía confortable con ella. La ambigüedad de "jugar" sugiere la idea que le perturbaba. "Jugar", como pasa con los niños, pudiera expresar aquello que es más espontáneo y auténtico en la existencia humana. Pero el papel de jugar, ya sea en la sociedad o en el teatro, es diferente. En la sociedad jugamos papeles que pudiera hacer necesario que se esconda el verdadero yo de la persona para satisfacer las expectaciones de otros o para engañarlos. Actuar en el teatro también envuelve la sustitución de un auténtico yo por otro artificial; en tal caso que no expresa la natural vitalidad y libertad del ser humano sino que esconde detrás de una máscara su real yo y asume una 'persona', o papel de otro.

"Asocia el actuar en el teatro con todos las prácticas pecaminosas por medio de las cuales el ser humano pretende ser lo que no es para engañar o explotar a otros; y eso alcanza su clímax con la abolición del teatro en la Inglaterra Puritana. En tiempos de Calvino también se miraba el teatro como algo sospechoso, y aunque él no lo compartía completamente sí dijo expresiones vigorosas en contra del teatro. Los teatros, él proclamó, ‘resuenan con ficciones mentirosas... y aquellos que no disfrutan de alguna preparación son llevados a pensar que lo que están representando delante de sus ojos es verdadero’.

"En ese sentido atacó el papado por su ‘fantástica’ forma teatral. Y esto fue lo que dijo: ‘cuando los hombres sin principios ocupan el púlpito bajo el papado hablan y lloran, y eso aunque no dicen una sola sílaba que provenga de la palabra de Dios, sino que más bien utilizan espectáculos o fantasías que producen la imagen de la cruz y cosas parecidas a esas, muy similar a lo que hacen los actores en el teatro cuando con sus actuaciones tocan los sentimientos de la gente y hacen que salga llorando. Así en otros tiempos los poetas como Platón han dicho que ellos han inventado todo lo que se les ha ocurrido y han llenado el mundo con los más groseros y sucios errores. Cuando el diablo enciende el fuego a las pasiones vemos que tanto hombres cultos como incultos son arrastrados por lo que ven en el teatro, porque piensan que lo que están mirando es cierto" (John Calvin, William J. Bouwsma, pag.178, 179).

El disgusto que muestra Calvino hacia el teatro, su poder de convencimiento, como un manantial del cual brota todo lo sucio e indigno e influye tremendamente en el sensitivo auditorio, figura y modela la percepción de la vida equivocada del espectador, que toma por virtud lo indigno, lo inmoral por moral, lo que no tiene valor como algo preciado, que justifica los errores y contamina indiscriminadamente a todo el que lo mire, sea anciano, joven, niño, hombre o mujer. Eso mismo es lo que hace la televisión amoral y sexualmente sugestiva durante escenas descaradamente eróticas para llenar los libidinosos ojos de la doméstica audiencia en el seno del hogar, y el cine en nuestro tiempo, no en la Edad Media, sino ahora, y que no hay que salir afuera para mirar una obra de teatro sino que se introduce por nuestra propia voluntad debajo de nuestros techos, contaminando, deformando, y ensuciando la familia.

El tiempo que generalmente se consume en entretenerse delante de la televisión es un tiempo vacío, completamente perdido donde los espectadores sienten pero no piensan, porque lo que contemplan va dirigido principalmente a las emociones y no a la reflexión, y es desgraciadamente una mala sustitución de la lectura de un buen libro, que habría enriquecido mucho más el pensamiento y contribuido con glorioso altruismo a la formación de la personalidad de los lectores, mientras que lo otro en cambio, de una punta a la otra adormece y embota el entendimiento, por no decir con respeto, que embobece.

martes, 6 de diciembre de 2011

Ora por tu hijo muerto

Quiero decir, muerto en delitos y pecados...

 “Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre” (Lucas 7:14, 14)

¿Has perdido toda esperanza espiritual con tu hijo y no ves el día en que viva una vida nueva? Mira cómo resucitó a este muchacho. Todo comenzó 

(1) con la compasión de Jesús; no exactamente por el hijo sino por ella; recuerda a la mujer sirofenicia que comienza pidiendo misericordia por ella. Tú eres la que estás sufriendo, tú eres la que lo estás pidiendo. No pidas su resurrección por el futuro de él. La gente piensa que un niño o joven no debe morir porque tiene toda la vida por delante. Nadie tiene toda la vida por delante, toda la vida la tiene Dios. Simplemente dile a Dios que tenga compasión de ti porque lo amas 

(2) en segundo lugar lo que tú pides para tu hijo sólo lo puede hacer el Señor. Es demasiado el cambio para que un sicologuillo o un consejero pueda hacerlo 

(3) en tercer lugar pide al Señor que los que acompañan a tu hijo muerto sean detenidos. Ora por las compañías de tu hijo muerto. Pide al Señor que cesen ellos de arrastrarlo al cementerio, que se se-paren. Es preciso que ellos cesen. Jesús detuvo la procesión del cadáver. Todos los que lo llevaban se detuvieron. Es preciso que los que llevan al joven muerto se detengan, que se detenga el ambiente, se detenga la pandilla. 

(4) y después que viva ¿qué?  "Lo dio a su madre"; no lo resucitó para hacerlo apóstol y maestro; sino para entregarlo a su madre. No le dijo: "Yo lo resucité y ahora es mío". Será suyo pero en otra forma, será su discípulo, será cristiano, será santo, pero ahora es más hijo tuyo porque muerto era y ha revivido. Le quiso decir: "Ahí lo tienes, es para ti; te lo devuelvo mejor, vivo, sabrás enseñarle la vida que le di, cómo emplearla y lo que yo he tenido que ver con él y contigo". Yo le doy la vida, tú le darás forma.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Desde la mollera hasta el calcañar


Hechos 13: 48
"Oyendo esto los gentiles, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor; y creyeron cuantos estaban ordenados a vida eterna". 

No es exactamente todos los que quisieron, que aceptaron la palabra, sino los "ordenados". Esto no se dice como algo previo a la predicación: "Creerán los que Dios haya ordenado" sino posterior como para explicar el rechazo de muchos y preservarse del desaliento, aunque eso no cambia lo que ha dicho puesto que la palabra significa que creyeron solamente los que Dios había  “asignado” “señalado” “determinado”, que es lo que la palabra “ordenado” significa. Los que miran con malos ojos la doctrina de la predestinación se defraudan mucho, se lamentan demasiado, no se pueden enjugar ninguna lágrima de los ojos cuando no le hacen caso al mensaje del evangelio, a no ser con el luctuoso pañuelo de la conformidad.

Después de casi 50 años (¡se dice fácil, Dios mío, medio siglo!) estudiando la Biblia, predicándola, pastoreando y formando iglesias, y viviendo mi vida cristiana puedo afirmar con inamovible convicción que nadie puede salvarse por medio de su temperamento, tener fe de modo natural, ni ser fiel a Cristo por su propio esfuerzo y ganas, sino porque Dios da la orden que tenga fe y el evangelio obediente la transmite; desde la mollera (si no sabe lo que es eso, es la parte más alta del casco de la cabeza) hasta el calcañar somos salvos por gracia, la fe desde la cabeza hasta la cola pertenece a Dios. He aprendido con el Apóstol a luchar más con Dios por la salvación de otros que con ellos mismos para que la reciban. Si Jesús no dice “quiero” no valen mis ganas.

Volviendo al pasaje, no te desanimes si no todos los que tú querías que creyeran no creyeron. Creerán algunos, los que Dios haya ordenado para que se salven. Reposa y labora. Si alguien desecha su oportunidad otro la toma; eso pasó con la audiencia judía a la que predicaba Pablo, no se consideraban "dignos" de la vida eterna (v. 46), no que se consideraran o se sintieran indignos del evangelio sino lo contrario, que eran "demasiado dignos" para tomar la vida eterna, o fingían indignidad, lo cual no es improbable, de todos modos por ese juicio de ellos mismos se excluyeron. Y los gentiles oyendo que Pablo dedicaría su ministerio a ellos y que había una profecía que les garantizaba esa oportunidad se regocijaron y muchos la aprovecharon y “creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna”.

viernes, 2 de diciembre de 2011

María no está exceptuada


"Y al entrar en la casa vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron" (Mateo 2.11).

 No hicieron un viaje tan largo para encontrarse con el rey Herodes, conocer algunos escribas y admirar a Jerusalén, o postrarse ante María. Nota bien en el texto que fueron directo al pesebre y se inclinaron ante el pequeño; entregaron a los padres el dinero pero la adoración no.

Ellos venían buscando al rey de los judíos que ha nacido, no a la madre del rey de los judíos, ni a la madre y al rey, ni al rey y a los hermanos. La estrella se detuvo sobre la casa no para que ellos supieran que allí estaba la virgen sino porque allí estaba Jesús.
No debes exagerar la importancia religiosa de María por la relación que tuvo con su Hijo, porque de todos modos para ella eso era un privilegio concedido por Dios: Nutrirlo, cuidarlo, verlo crecer en gracia, oírlo; pero María, igual que todos los creyentes, obtuvo la salvación de igual modo, por medio de la fe y con la bendición del Espíritu Santo sobre el evangelio, y por algo se reunía con la Iglesia, con los demás creyentes (Hch. 1: 14).  
 Y exactamente ocurrió así con los hermanos, cuya relación privilegiada, según la carne, ningún provecho les trajo. Recuerda que ellos no creyeron en él sino hasta que resucitó de entre los muertos (Jn. 7: 5).

Nosotros mismos no sacaríamos ningún provecho espiritual si él viviera en la carne entre nosotros. A no ser que el Espíritu nos lo revele, pasaríamos junto a él ignorándolo, menospreciándolo y no creyendo en sus palabras ni milagros. La salvación de todos los seres humanos, sin exceptuar a María y a sus hijos, es por medio de la revelación de Cristo. Si escoges a María primero, con o en lugar del Hijo, te quedarás sin él. El es el Salvador, no ella.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...