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domingo, 6 de noviembre de 2011

Un mejor papel como discípulos de Cristo


Lucas 22:31-34
(Mt. 26:31-35; Mr. 14:27-31; Jn. 13:36-38)
 31 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; 32 pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. 33 Él le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte. 34 Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces.


Lejos estaba de sí Pedro pensar que no tenía tanta fe como creía y que más pronto que canta un gallo lo descubriría; porque Jesús le dijo que al amanecer cuando el gallo anunciara el alba dos veces él se retractaría de su profesión cristiana en tres ocasiones. Fue él y no los otros que dijeron lo mismo, el que sufrió la quebradura de su fe porque con palabras altisonantes anunció que se conocía mejor que Jesús y que ni la cárcel ni la muerte violenta lo reduciría a un pobre incrédulo. Mejor hubiera hecho si se quedara callado y orara para no entrar en tentación.

Satanás no puede tocar a ninguno de los hijos de Dios, como en el libro de Job también se enseña, si no recibe divina autorización para tentarlo; y en el caso de Pedro eso ocurrió, y la divina aprobación de la solicitud satánica no fue para entregar a cualquiera de los otros diez . Dios es fiel a su promesa y ha dicho que juntamente con la tentación prevé una salida para que el tentador no obtenga una victoria completa y la derrota del creyente no sea más que temporal y parcial. Lista tiene el Señor la ayuda y la mano extendida para levantar al caído y la medicina para devolverle la salud perdida. De eso se encarga él porque como que se siente responsable por el daño que nos han hecho.

Comúnmente la gente y hasta las Biblias, dicen que Jesús anuncia la negación de Pedro; sin embargo nuestro Señor habló en plural diciendo "os ha pedido", dirigiéndose a Pedro y también a los demás, que serían zarandeados como a trigo. Por supuesto que todos huyeron cuando se agravó la situación en relación con el Maestro, y Pedro fue uno de los que con más vigor fue tentado, y por excederse en la manifestación verbal de su compromiso de fidelidad, se le dijo en particular que él no era espiritualmente tan fuerte como lo pensaba sino igual que todos, y que sin la oración especial de Jesús su testimonio quedaría algo más que maltrecho, arruinado. Y lo mismo nos ocurriría a todos si no fuera la asistencia de Dios.

Sin embargo previendo la inmensa tristeza que tendría, y sobre todo su amor propio tan herido, teniendo que tragarse las palabras que dijera, Jesús no lo deja sin amparo y le anuncia que en su experiencia habrá un espacio para el arrepentimiento, y con la bendición especial de esa recuperación podrá servir de testimonio a otros cuando se encuentren en situaciones similares y sientan que su fe flaquea. 

No se ha llegado a conocer a cuantos débiles en la fe pudo consolar pero se supone que fueron muchos, en gran medida hermanos que arrastrados a los tribunales, las cárceles y la muerte, salvaron sus vidas y perdieron sus testimonios, que avergonzados y deseando volver a la comunidad de creyentes pedían ser admitidos, y la mayoría en contra del grupo severo de fieles opositores al reingreso, trataban de convencer a los fieles e inflexibles que todo soportaron, que no todos podrían tener la anchura, la longitud que y la profundidad de la fe de ellos, incluyendo al apóstol Pedro que habiendo negado por varias veces a Jesús fue perdonado y no se le prohibió el apostolado porque habiéndose recuperado espiritualmente siguió en su cargo apostólico con mucho éxito.

Así la temporal infidelidad de un gran hermano es historia que al saberla otros, si hay evidencias creíbles de recuperación, no pierden totalmente las esperanzas de hacer un mejor papel como discípulos de Cristo.   

sábado, 5 de noviembre de 2011

La colocación de María


"¿Por qué me ha acontecido esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?" (Lucas 1:39-45).


Fíjate en la colocación de María.  Elisabeth le llama a María la madre de mi Señor, aunque cuando Jesús llegó a ser hecho el Señor, ya ella no viviría; todos los santos del Antiguo Testamento vivieron así la fe, bajo la sombra de aquel que habría de venir. Fue un gran privilegio que María visitara su hogar, no cabe duda que sus palabras así muestran lo que ella sentía por dentro. No se puede colocar a María en desestima, como bajándola de un empujón desde donde la han puesto, hasta el punto de pensar mal de ella. No, Elisabeth consideró que su hogar se sentía honrado con la visita de la madre de su Señor. Pero su admiración era humana, no hay ningún tipo de adoración hacia ella, era la madre de su Señor, pero no su señora. No. Hay que tener un equilibrio en nuestros corazones en eso de opinar sobre las personas de la Biblia, para no idolatrarlos por un lado, pero tampoco menospreciarlos.  María no fue su Señor ni su Dios. Jesús sí.

Un estudio sobre la madre del Señor, en el Nuevo Testamento, por profundo que se haga no revela más que eso, que ella fue la madre de nuestro Señor. Hay que recurrir a la historia de la Iglesia Católica para encontrarla donde la han colocado, con títulos tan majestuosos como los de su Hijo, a quien ella ha desplazado en importancia. (Si no teológica, al menos prácticamente). María fue bienaventurada, etc., pero no tan largo etcétera que la suba hasta el trono del cielo donde la han puesto.

En el Magnificat que sigue, vv. 46-55; ella no es la que se magnifica sino (a) la gracia de Dios con ella (vv. 46-49) y (b) con el pueblo (vv. 50-55). En ambos casos lo que se exalta es la gracia de Dios. En la segunda parte que tiene que ver con el pueblo, no se halla ninguna conexión con María. Algunas veces ella quiso traspasar los límites familiares para entrar en el campo religioso y espiritual de su Hijo y él la devolvió al seno de la familia, para colocarla dentro de ella en su único lugar (Luc. 11:27,28; Jn. 2:3-5; Mt. 12:36-50). ¿Por qué has de darle un lugar en la dispensación de la gracia que Jesús no le dio?

viernes, 4 de noviembre de 2011

Demasiado Preguntón

"Y he aquí, te quedarás mudo, y no podrás hablar hasta el día en que todo esto acontezca, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo" (Lucas 1:18-20).


Lee con detenimiento la historia del ángel y el anciano Zacarías. Me parece excelente para esta ocasión. ¿Dónde el ángel vio la incredulidad de Zacarías? El piadoso anciano reconoció cierto que había dudado. Pero si uno lee lo que dijo apenas puede hallar alguna duda sino una normal interrogación, una pregunta humana, plausible. Estaba viejo y los ancianos no pueden tener hijos. Sí, a veces nuestra falta de fe se arropa muy bonito y asume un aire intelectual y profundo que la encubre bien. Nadie, sino el ojo de Dios podría descubrir debajo de nuestras preguntas, estudios, investigaciones, búsquedas honestas de puntos de apoyo mental, señales, la incertidumbre de un corazón inseguro y bamboleante.

Otro en su lugar hubiera dicho: "Yo sólo pregunté; miré la realidad". Cierto que era viejo; quizás yo tampoco hubiera pasado la prueba y habría respondido del mismo modo. Para mi fe hubiera hecho falta algunas explicaciones, al menos algunas aclaraciones; pero si la intención fue esa misma, adquirir conocimientos, averiguar más, documentarse para poder creer, su espíritu inquisitivo le fue contado por incredulidad. Una cosa es conocer que algo es cierto, que Dios puede hacer esto o aquello y otra es creerlo. Cuando uno "conoce" que la palabra de Dios es cierta, pero no puede tener fe en ella, bien hace en preguntar, estudiar, aprender. En ese caso lo que hace falta para asentar la fe es más conocimientos.

La Escritura con sus declaraciones y sus omisiones nos aconsejan cuando creer sin estudiar más porque ella guarda silencio y cuando podemos seguir acomodando lo espiritual a lo espiritual. Eso es tener la mente de Cristo. No hay que inventar respuestas donde no hay revelación. Hay cosas que adrede el Señor no las ha revelado todavía (Jn. 16:12). Está bien que investigues pero no seas demasiado preguntón.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Grandes en Cargos


"¿Qué discutíais por el camino? Pero ellos guardaron silencio, porque en el camino habían discutido entre sí quién de ellos era el mayor" (Marcos 9:33,34).


Puede ser que se hayan iniciado como discípulos del Señor con una idea equivocada de lo que era el ministerio, y cuando  vieron en él una oportunidad para adquirir poder, prestigio, una posición superior a la que tendrían otros, quisieron aprovecharla. Según iban conociéndolo, iban aumentando las ambiciones espirituales de ellos. Mientras más creían en él y en su reino, con más gloria soñaban. Los discípulos tuvieron que pasar por un sufrido proceso de purga espiritual, elevándose a propósitos más nobles (8:34; Mt. 19:29; Flp. 2:20,21). No nos desilusiona que al principio fueran así, porque llegaron a ser llamados grandes apóstoles (2 Co. 11:5). El Señor los inició en un proceso de cambio para invertir sus iniciales motivaciones. Con el paso del tiempo fueron abandonando aquellas ideas primarias con las cuales se habían unido al grupo.

En los versículos siguientes se halla la lección que Jesús les dio: No debían luchar tanto por ser mejores que los otros sino por servirles mejor, no buscar una posición de autoridad en el reino sino una posición de servicio. La iglesia cristiana siempre está menos necesitada de hermanos que manden que de hermanos y hermanas que sirvan. Por eso no es extraño encontrar al apóstol Pablo elogiando a la familia de Estéfanas (1 Co. 16:15); y al autor de Hebreos afirmando que Dios jamás olvida a los que se dedican como cristianos al servicio de sus hermanos (He. 6:10). Y son los que sirven a los otros los que deben ocupar las posiciones de autoridad y respeto sobre sus hermanos. Es frustrante encontrar encumbradas personalidades que parecen haber subido hasta allí para ser servidos, y no para servir. Son grandes en cargos e inferiores en alma. Tal vez no es tan censurable querer tener una posición de eminencia, como lo es el camino que se busca para llegar hasta ella, a veces, sin apenas servir y pidiendo con sonrisas pleitesías.

martes, 1 de noviembre de 2011

Dime quién soy y cómo me ves

Lucas 22:21-30
21 Mas he aquí, la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. 22 A la verdad el Hijo del Hombre va, según lo que está determinado; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado! 23 Entonces ellos comenzaron a discutir entre sí, quién de ellos sería el que había de hacer esto.


Aquella noche, si se conocían las sombras, daba susto; el ambiente estaba enrarecido y todos habrían de sentirse incómodos, y Jesús triste, empujado por su destino y amor hacia la cruz, por las manos de un traidor y de más de una docena de enemigos religiosos, algunos importantísimos con indebidas fama de piadosos, ganada.

La mano de Judas se hallaba metida en todo eso revolviendo la situación a favor de Satanás y de los deseos malsanos de los escribas y fariseos, aunque cumpliendo punto por punto la Escritura. Pedro, si hubiera estado seguro de quién era el delator le habría sacado las manos del plato y expulsado de la compañía, pero nadie excepto el Señor entendía bien lo que estaba pasando y quienes estaban tejiendo toda aquella trama para atraparlo, y cumplir en él lo que se les antojaba.

Jesús nunca creyó en la buena o mala suerte sino que en sí mismo y a los suyos enseñó el propósito y plan de Dios que determinaba los acontecimientos de cada cual con anterioridad, y es por eso que para que ellos no se sientan azorados y como si una imprevista desgracia les habría de ocurrir les advierte que la historia suya está hecha y escrita por la mano divina, y no sin un propósito determinado escondido entre las maniobras del ambicioso traidor y el tejemaneje de envidiosos adversarios. 

En sí mismo les está enseñando que miren sus caminos como trazados por Dios y no vivan inconformes con los sucesos que les acontezcan, amargos o dulces, acertados o desafortunados, con aciertos y equivocaciones, en fin que acomoden sus ánimos y vivan a plenitud y sin vacilación la doctrina de la predestinación, que Dios lo arregla todo, aun lo que se ha desarreglado, que confíen en su infinita sabiduría para componer o descomponer, y que la vida de cada uno de ellos no se detiene sino que progresa y aunque esté llena de cambios, esas curvas y peligrosos desfiladeros son abiertos por él y no dejará nunca que se sufra un trauma irreparable.

En adelante todos cuando estén de pie para cantar o sentados para estudiar su palabra deberán pensar en lo importante que es su historia y que la cruz donde habría de morir no tendrían que mirarla como un triste error del gobierno y una injusticia judía sino como un acontecimiento redentor de beneficio para el mundo, y sí como el esfuerzo divino para recuperar al hombre y a la naturaleza de sus desatinos y desórdenes. Y he dicho que el aire que soplaba sobre la habitación de la Santa Cena estaba enrarecido, aunque después de todo Jesús no se lamenta por sí mismo ni por once de ellos sino por uno, Judas, que mejor no hubiera nacido ni pasado por su grupo, ni haber tenido el destino, el tristemente célebre destino que siendo uno de los doce haya dejado su cátedra.

El corazón de los discípulos era más noble de lo que uno podría pensar, y de tan ingenuos, oyendo que alguien de ellos en pocas horas consumaría una tradición, se asustaron cada cual por sí mismo y mirando sus flancos débiles se imaginaba que podría ser el anunciado desdichado, y le preguntó al Maestro si estaba hablando de él, y a los demás que fueran honestos y les dijeran, quién soy y cómo me ves para corregir, si ves cierta forma de ser que se pudiera constituir en germen de una apostasía. Es bueno conocer las opiniones justas que otros tienen de nosotros.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...