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viernes, 21 de octubre de 2011

Los santos son malos clientes

 Marcos 5:1-17

(Mt. 8:28-34; Luc. 8:26-39)
 1 Vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos.  2 Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, 3 que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas.4 Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar. 5 Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras. 6 Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él. 7 Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.  8 Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo.  9 Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos. 10 Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región. 11 Estaba allí cerca del monte un gran hato de cerdos paciendo.  12 Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos.  13 Y luego Jesús les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil; y el hato se precipitó en el mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron. 14 Y los que apacentaban los cerdos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron a ver qué era aquello que había sucedido. 15 Vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo. 16 Y les contaron los que lo habían visto, cómo le había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los cerdos. 17 Y comenzaron a rogarle que se fuera de sus contornos. “Y comenzaron a rogarle que se fuera de su comarca”.


Debieran haberle pedido que se quedara. Ninguna persona natural quiere hacer un cambio religioso, espiritual, si le afecta económicamente, si le perjudica (Mr. 10:21,22) Honor y dinero son dos de las cosas que más los hombres aman y vacilan en perderlas aunque sepan que sus vidas serán mejores sin ellas (Flp. 3:7,8); el buen ejemplo no les hace ningún bien ni la predicación tampoco. Echan a Jesús de su territorio, de sus trabajos, de sus hogares (a veces de sus iglesias).

¿De qué le vale a un hombre que gane todo el mundo y pierda su alma? ¿No vale más el vituperio de Cristo que todos los tesoros egipcios? (He. 11:26). El hombre ama más el dinero que su alma. La sociedad se opone al cristianismo no porque sea malo sino porque transforma al hombre. Quisieran un Jesús, sí, pero que no se meta en sus negocios ni en su vida privada. Que no le saque del corazón lo que les gusta ni toque sus bolsillos. O sea, que deje a los diablos dentro y les sea permitido hacer negocios sin conciencia cristiana, sin tener en cuenta los “Diez Mandamientos”. 

Quisieron decirles “deja a ese hombre intacto, lo preferimos se quede como está si la curación de sus males ha de tener repercusión entre nosotros, aléjate de aquí y no pongas más un pie en nuestra comarca, hazte la idea que no existimos porque desde que andas por estos lares tenemos menos clientes y nuestras ganancias han disminuido. La gente pobre no empeña sus  pertenencias, no juega al azar, no bebe alcohol, no fuma marihuana, no huele cocaína no los podemos estimular a que gasten sin control, las últimas modas no les importan y no vendemos ninguna cinta pornográfica, y lo peor de todo es la fidelidad matrimonial que se han propuesto aun aquellos que amaban más de una mujer. Esto es un paraíso y en el paraíso no se pueden hacer negocios, los santos son malos clientes”.

jueves, 20 de octubre de 2011

El arte y los edificios

Lucas 21:5,6
(Mt. 24:1-2; Mr. 13.1-2)
 5 Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas, dijo: 6 En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida.


"Josefo dice, que estas piedras eran blancas y fuertes con quince pies de largo, veinticuatro de ancho y dieciséis de grueso. Si esto fuera cierto no es extraño que los discípulos se hubieran maravillado con ellas" (Clarke). Jesús como que les apagó un poco el entusiasmo que estaba mostrando hacia esos edificios, realmente hermosos, y aún más en aquellas piedras que servían de ornamentos y habían sido piadosamente donadas por almas caritativas. Los comentarios que hizo y recordados por los evangelistas son escuetos, enfatizándolo a él en el templo,  subrayando el hecho que la profecía tuvo cumplimiento y la veracidad de Jesús como profeta establecida.

¿No debieran los edificios cristianos construirse firmes arquitectónicamente y con arte? Quizás esto sea un pensamiento más medieval que primitivo y atraigan la mirada de los adoradores ¿eso qué importa si no son íconos y fetiches, sino admirables y majestuosas construcciones? Es cierto y de teología reformada que los edificios deben ser tan sencillos como el evangelio que se predica, y en correspondencia con la sencillez del discipulado apostólico, que es mejor la inversión en biblias, edificantes libros y el sostén de misioneros que gastar en impresionantes catedrales y colosales edificios cuyas torres y paredes se levanten a través de las nubes del tiempo. Sin embargo en un edificio amplio, cómodo y seguro como fue el Tabernáculo Metropolitano de Spurgeon,  y a la vez hermoso ¿en qué opaca la gloria de Dios si la predicación sigue siendo exuberantemente evangélica?

El evangelio puede predicarse como lo haría el apóstol en su casita en Capernaum, o en un aposento elevado capacitado para más de ciento veinte personas sentadas, en una catacumba, y también en un gran edificio cómodo y acústico y tan bonito como su púlpito, gótico o clásico y del tamaño de una catedral. Dichosa la iglesia cristiana que tiene una casa de oración amplia y está edificada doctrinalmente sobre el fundamento de los apóstoles, las doctrinas de la gracia, piedras vivas que nunca han de ser derribadas.

miércoles, 19 de octubre de 2011

El hábito no hace al monje

Lucas 20:45-47
(Mt. 23:1-36; Mr. 12:38-40; Luc. 11:37-54)
 45 Y oyéndole todo el pueblo, dijo a sus discípulos: 46 Guardaos de los escribas, que gustan de andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; 47 que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones; éstos recibirán mayor condenación.


El vestuario no implica piedad y decencia. Esta acusación contra los escribas también se encuentra en el capítulo once. De una forma más completa se halla en el evangelio de Mateo. Aquí específicamente se dirige a los escribas y su indumentaria religiosa, censurando su derroche de insincera piedad en sus vestimentas. Jesús advierte a los simples adoradores de Dios que no se dejen impresionar por sus trajes que cubren el cuerpo hasta los tobillos, pero difícilmente la desnudez del carácter hipócrita de estos señores. 

Conjeturo que Lucas escribiendo el evangelio por partes llegó a sus manos esta porción y prefirió el asunto con la repetición en vez de alargarlo dentro de la anterior. Estos individuos santurrones merecían una doble porción de pública censura para que las desprotegidas viudas les cerraran sus puertas y no creyeran en lo absoluto que la extensión de sus oraciones implicaba la longitud de su piedad sino lo contrario, que era más bien exhibicionismo que una expresión espiritual. Estos doctores de la palabra de Dios no eran tales sino comediantes y falsificadores de ella. El propósito de los mismos era la atracción de la mirada popular y engañar en lo posible a los piadosos y que vieran como auténtico lo que era fingimiento.

La idea de una más abundante condenación, dicha en forma comparativa, se halla en el texto y refleja el pensamiento que los maestros impostores están clasificados para recibir una condenación mayor que sus discípulos que hacen a sus pies lo mismo; posiblemente porque estos no reciben los honores que otros que se visten semejantes a sacerdotes y se comen las herencias de las viudas con dinero, porque el atuendo y la admiración popular no implica que existe la honestidad y decencia, y no es lo mismo que vestirse de piedad, de amor y del Señor  Jesucristo (Ro. 13:14; Col. 3:12, 14). Los trajes y corbatas, los vestidos hasta los tobillos, las sotanas, y capuchas, y lazos en el cuello, y otras prendas que sugieren religión, pudieran no tener equivalencia real en la vida espiritual. Es común decir que el hábito no hace al monje.

domingo, 16 de octubre de 2011

Llamamiento pastoral


“Y subió al monte, llamó a los que El quiso, y ellos vinieron a Él; para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar” (Marcos 3:13-14).


Estamos en el ministerio y hemos sido sostenidos en el ministerio porque él quiso. El llamamiento al ministerio es el primer requisito para que un hombre consagre su tiempo a predicar el evangelio; y eso no porque haya plazas vacantes y púlpitos disponibles o iglesias sin pastores. Jesús llamó a los que él “quiso”. Los que no son llamados por él aunque salgan a predicar no pueden nunca tener una comunión secreta con él más allá de la que tiene cualquiera de los creyentes. Si no son designados no tienen mensaje que dar (2 Sa. 18:30). (Reflexionar en Jer. 23:22).  

Fíjese en el orden del propósito para que los llama; primeramente para que estén con él y después para que salgan a predicar. El tener comunión con Cristo tiene la prioridad en la vida pastoral. No es despertarse en la mañana, agarrar la Biblia y salir a predicar. Es levantarse en la mañana, agarrar la Biblia y ponerse a estudiarla y orar; entonces después, predicar. La primera relación que un pastor tiene con Dios es como cristiano no como pastor, ni como evangelista ni como predicador. De su vida cristiana depende su ministerio pastoral. 

Se supone que por esa razón procure ser el mejor cristiano de la iglesia. Es tener una relación superior y espiritual con el Señor, diferente, quizás en intensidad, a los demás hermanos; no sólo porque esté llamado para buscar su palabra de modo más íntimo sino porque Cristo se deleita tenerlo con él en la intimidad. Siempre pensamos en la satisfacción que sentimos al estar con él pero no en el gozo que él siente al tenernos a su lado como compañeros. 

Esa comunión es la base del éxito del ministerio, y de perseverar como cristiano y pastor; y para “estar en el Espíritu en el día del Señor”. Jesús dijo que sin esa unión de pámpano y vid nada podríamos hacer. Y contiene un indescriptible consuelo para los que no tenemos muchos dones ni podemos tener más frutos; y no mirar tanto lo que hacemos sino el deleite que sentimos al estar con él y él con nosotros.

viernes, 14 de octubre de 2011

Jehová no es el rey Midas



Jehová dio, Jehová quitó, sea el nombre de Jehová bendito (Job 1:21).


¿Podrías decir con fe, Jehová dio, Jehová quitó, sea el nombre de Jehová bendito? Hay veces que nos hacemos ilusiones que pasan, y nos parece un hecho que tal cosa es para nosotros y de súbito ¡up!, la providencia da un giro y la cosa toma otro rumbo y adiós lo que esperábamos, ¡y a refunfuñar se ha dicho!

Las bendiciones del Señor son prestadas para usarlas y todas son retornables. ¿No dice Job que Jehová quitó? Todo lo que aquél santo varón tuvo se lo había dado su Señor y luego se lo quitó. ¿Protestó? No acusó a Dios de despropósito alguno. ¿Se volvió contra Dios o pensó que lo que había tenido por un tiempo se lo había dado el diablo y ahora lo perdía? No. El sabía que todo se lo dio Dios, por el tiempo que quiso, pero que era suyo y podía quitarlo por alguna sabia y desconocida razón.

La historia de este hombre tuvo  un fin feliz (Sgo.5:11)  para que sepamos que las bendiciones van y vienen, son migratorias, todo lo que poseemos, incluyéndonos a nosotros, salud, juventud, riquezas, amigos, es por un tiempo, los días vendrán en que poco a poco por ley divina Jehová irá quitándonos, súbita o lentamente lo que estábamos acostumbrados  tener. Dios conserva el título de propiedad de nuestras pertenencias.

¿Seríamos capaces de sólo aceptar conformes  la pérdida de un empleo, de una casa y decir “sea el nombre de Jehová bendito”? ¿Dar gracias en todo después de un accidente junto a un cadáver querido, un órgano extirpado, un hijo abortado o una amistad perdida? Un Dios  que siempre da y nunca quita no se llama Jehová, no es el Padre del Señor Jesucristo y no lo predicaron los apóstoles; yo lo he visto forrado en billetes en los sermones de engañabobos que a cierto público les gusta oír, y le pagan un platal al predicador que mientras los esquilma les va contando el cuento del rey Midas que todo lo que en adelante toquen se volverá oro.

jueves, 13 de octubre de 2011

No basta un besito


“He pecado entregando sangre inocente. Pero ellos dijeron: A nosotros, ¿qué? ¡Allá tú!” (Mateo 27:4).


¿Dices "yo he pecado"? Es una buena confesión pero necesita que le añadas "perdóname Señor"; el reconocimiento sólo, está incompleto y para recibir el perdón el arrepentimiento no es suficiente, le falta la fe. Si fueras donde él se halla, en casa de Herodes, en el pretorio o en el mismo monte La Calavera, y le pidieras perdón, él te lo daría; pero ese arrepentimiento sin fe es remordimiento. Conoces la historia bíblica y sabes que los que compartan tu pecado no querrán compartir tus culpas, y que Saúl dijo lo mismo que tú, "he pecado" (1 Sa. 15:24), y no fue perdonado. Terminarás como él terminó. 

Y antes que él, Faraón también dijo igual y repitió el mismo pecado del cual se había arrepentido (Ex. 9: 27). Y si llegas al Nuevo Testamento encuentras la confesión “he pecado” en labios del llamado hijo pródigo (Luc. 15:18). Con la buena excepción que este último dijo mucho más y se movió a donde su Padre y enfrente suyo cayó a sus pies pidiendo que lo recibieran. En cuanto a palabras, son las mismas.

Si vas a donde está su Madre y le pides perdón por lo que le hiciste a su Hijo, quizás te perdone como madre y no como diosa, tendría que ser ella como él, divina y no lo es. Si acudes a sus hermanos, tampoco, ninguno se ha asociado al problema, posiblemente no hallarías donde se esconden. Es a él, sólo a él a quien debes buscar y lamentar en su presencia la información que vendiste y el ósculo traidor que diste a su mejilla.

¿Por qué no vas a la Iglesia Universal o Católica y le pides perdón? ¿Quizás Pedro te perdone? No, porque ¿quién lo perdonará a él que lo ha negado tres veces? ¿Jacobo? ¿Juan? ¿Andrés o Felipe, o quizás Bartolomé? Ninguno de ellos tiene potestad para perdonar pecados sino el que has entregado. La iglesia no puede perdonarte en lugar de Jesucristo. Has dicho una verdad, su sangre es inocente, sin pecado y por ella muchos son limpiados. Excepto tú, Judas, que lo entregaste con un beso, o Juan, o Ramón, o cualquiera otro que sienta sólo remordimiento y se arrepienta a medias.

martes, 11 de octubre de 2011

El gallo cantó otra estrofa


“Y otra vez él lo negó con juramento: ¡Yo no conozco a ese hombre!” (Mateo 26:69-75).

Mira el número de veces que pecó: tres veces. Sin embargo el número no fue un impedimento para que el Señor deje alguno sin perdón. Y el apóstol peca del mismo modo, sacudiendo su cabeza y repitiendo la misma falta. Solemos repetir pecados perdonados. Como el primero de los tres no fue inmediatamente perdonado, vino el segundo y luego el tercero. Eso es lo que sucede a los pecados cuando les pasa el tiempo sobre ellos y no se confiesan, se reproducen, engendrando hijos idénticos o parecidos, o sea, otras maldades anexas añadidas. 

El proceso de repetición del pecado produce endurecimiento del corazón puesto que el gallo tuvo que cantar dos veces; con su primer canto no sintió convicción de que estaba obrando mal (Mr. 14:30), y tuvo que entonar otra estrofa. La culpa fue menor y la vergüenza más chica porque la conciencia pierde poco a poco su sensibilidad (Efe. 4:9), y las molestias dejan de sentirse. Y en la historia hay una nota de esperanza. Aunque Pedro había pecado repetidamente, del mismo modo y estaba endurecido, todavía podría llegar a arrepentirse con sinceridad porque lloró. 

Cuando una persona llora por su pecado es que  está arrepentida de lo que hizo y mejor aún dónde llora: en la soledad, porque dice que "saliendo afuera". Si lo hubiera hecho en público hubiera podido ser tenido como falso, pero si salió donde no lo vieran, es que lloraba de corazón. No es lo mismo llorar en un culto de la iglesia que en un rincón de su casa.

Nadie hubiera convencido a Pedro que estaba obrando mal si no es que el Señor se volvió a él y lo miró (Luc. 22:61). Si Pedro se retira de allí con aquellos tres pecados encima hubiera continuado endurecido, quizás diciendo: "Lo hice, pero no podía decir que yo era cristiano", "yo le negué pero el Señor sabe que creo en él", y excusas por el estilo. El Señor con sus ojos le hizo sentir su culpa. Es rara esa forma de hacerse cristiano hoy sintiendo delicias y gozos sin un solo reproche. Tal parece que a esa tranquilidad de conciencia no le ha pasado por encima el Espíritu Santo. Han inventado una forma de comenzar a ser cristiano y serlo de forma distinta a la apostólica. La cuestión no es de calidad en la conversión sino de autenticidad. Una de las dos es falsa, espuria.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...