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lunes, 10 de octubre de 2011

Jesús un hombre sagaz


Lucas 20:1-7
(Mt. 21:23-27; Mr. 11:27-33)
 1 Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos, 2 y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿O quién es el que te ha dado esta autoridad? 3 Respondiendo Jesús, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme: 4 El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? 5 Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? 6 Y si decimos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están persuadidos de que Juan era profeta.  7 Y respondieron que no sabían de dónde fuese.  8 Entonces Jesús les dijo: Yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas.


Comúnmente se presenta a Jesús mucho más relacionado con su obra de salvación que como hombre que vivió su humanidad dentro de un contexto económico, político y social, sin sustraerse como un individuo extraño bajado del cielo que nada tenía que ver con esas tres cosas.

Es interesante tratar de verlo con esa óptica por aquí y por allá dentro de los evangelios, como una persona propiamente humana e inteligente, un hombre conocedor de su ambiente y que sabe desarrollarse dentro de él, no dándole la espalda a nada, ávido de información dentro de su contexto y conjugando su comportamiento con lo aprendido en el mundo social de los hombres.

Generalmente para nosotros el énfasis importante de su vida es teológico y recae en su obra de salvación. Jesús también fue un ser humano que comía, sentía sed y se sentaba para descansar (Jn. 4:6), y vivió la vida de un carpintero en su carpintería (Mr. 6:3), y es de suponer que además de cortar y ensamblar maderas para los clientes tendría que conversar con ellos y ajustar los precios. Entendía de negocios y el deber de obtener ganancias (Luc. 19:13-27). Eligió vivir como pobre, porque como dice el apóstol, era mejor así para que fuéramos enriquecidos, no por el hecho de que él y su familia vivieran en la miseria.

Sabía que era un deber de ciudadano pagar impuestos (Luc. 20:25; Mt. 17:24-27), y conocía acerca de préstamos y de intereses bancarios; y en esa misma parábola hace referencia a Arquelao yendo a Roma para recibir el visto bueno de su reinado y como asesinó a los opositores, y dijo todo eso insinuándolo, sin nombrarlo. Tendría sus opiniones políticas y no separadas de la providencia de Dios (Jn. 19:11). Estaba informado de la política y manejos de Herodes y lo califica como una zorra (Luc. 13:32).

Si alguien tiene alguna duda con respecto a ese necesario conocimiento humano que tendría nuestro Señor, tendría que sacarlo de este mundo y hacer su biografía como en un vacío. En ese caso sería obvio que repasara su lectura sobre las “bienaventuranzas” en su sermón en el monte y se dará cuenta del profundo sentimiento  humano y de justicia que contiene, y como entiende el hambre de justicia social y califica a los injustos como lobos. En varios de sus episodios, provocados por él mismo, es percibido como un vigoroso reformador, con ideas radicales que ponían nerviosos a los gobernantes.

Por sus palabras vemos a Jesús dueño de ellas, dice lo que quiere decir y no dice lo que no quiere decir, y habla claramente cuando quiere y cuando no quiere emplea parábolas que no entiendan, o gira la conversación en un sentido que queda incomprensible, por ejemplo (Jn. 2:19-21). En su trato con sus semejantes era más inteligente, sagaz y discreto que los hijos de las tinieblas (Luc. 16:8), enseñándoles a sus discípulos lo que él mismo era.

En cuanto al texto en cuestión, pudiera haber pensado así “estos responden lo que les da la gana y lo que quieren conocer de mí es para hacerme daño”; y antes de decirles que no  le daría ninguna respuesta les hace una a ellos, no tanto para sustentar su negativa sino para buscarles problema. Todo el mundo sabía que ellos habían visto complacidos el asesinato de Juan el Bautista y aunque el pueblo lo tuvo como un profeta, como respaldó el ministerio de Jesús bautizándolo, se alegraron que Herodes lo hubiera quitado de en medio.

Por alguna razón los sacerdotes y escribas no dijeron “no nos respondas con otra pregunta, contéstanos lo que te preguntamos ¿quién eres tú para enseñar esas cosas en el templo y hacer allí lo que has hecho?”. Porque los hizo sentir culpables y sintieron miedo que él sacara a la luz pública ese asunto, del cual querían desligarse y esconder su satisfacción, y los relacionara con el asesinato de Juan en vista que no lo habían creído, aunque sabían que fue enviado por Dios. Jesús conocía los planes de ellos y lo que menos querían era que lo dijera, y nuestro Maestro supo sutil y sagazmente cómo dejárselos en claro, y no les dijo lo que ellos querían oír "sí, lo hago porque soy el unigénito Hijo de Dios" (Jn. 5:18). Y como en otras ocasiones, se quedaron sin palabras, dieron media vuelta y se fueron (Mt. 22:46).

viernes, 7 de octubre de 2011

¡Oh Jerusalén!


Lucas 19:28-44
(Mt. 21:1-11; Mr. 11:1-11; Jn. 12:12-19)
 28 Dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalén. 29 Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de los Olivos, envió dos de sus discípulos,  30 diciendo: Id a la aldea de enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás; desatadlo, y traedlo. 31 Y si alguien os preguntare: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita.  32 Fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo. 33 Y cuando desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?  34 Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita. 35 Y lo trajeron a Jesús; y habiendo echado sus mantos sobre el pollino, subieron a Jesús encima. 36 Y a su paso tendían sus mantos por el camino. 37 Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, 38 diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas! 39 Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. 40 Él, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían.  41 Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, 42 diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. 43 Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, 44 y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.



Este pasaje relatado también por el evangelista Mateo tiene algunos detalles que Lucas omite, y es como ya he dicho en otra parte una entrada profética porque así fue recibido por las multitudes; fue un escenario multitudinario bello y estremecedor, que condujo al osado acto de limpieza moral del templo, la casa de oración y la casa de Dios en Jerusalén. Los evangelistas dejan escondidos los detalles de propiedad la asna y el pollino, aunque hace presumir que se trataba de un discípulo bien conocido por Jesús y que no pone reparos al pedir como préstamo los dos animales y envía por ellos como si fuera su dueño.

El anónimo amigo no hace objeción alguna cuando se le comunica que se están llevando sus dos animalitos con la inocente aclaración que el Señor precisa de ellos. El individuo no pide alguna otra identificación cuando que es para el Señor, sin que eso diera lugar a que pensara en otro sino en la persona correcta. En realidad eso carece de importancia pero no el hecho de que el pollino pertenece a la profecía, y quien lo cabalga no es un rey terrenal sino un profeta preocupado por el destino de la ciudad que con aclamaciones y aleluyas le dan la bienvenida.

El rostro del Jinete de la pequeña cabalgadura parece triste y sus ojos opacos, sus labios no sonríen a nadie sino que comenta como para sí mismo y para las viejas murallas la catástrofe que se le avecina, porque toda aquella recepción popular está engañada por la percepción equivocada de una misión que él no trae, hacerla independiente de la supervisión romana sino más bien la conversión a Dios.

El pueblo no parece advertir el estado de ánimo del Profeta y continúa alfombrándole con mantos el camino y halagándolo con entusiasmo, excepto unos cuantos cariserios que son la nota discordante entre toda aquella euforia, que le piden que ponga en orden al gentío mandándole a callar. 

Aunque Jesús no esté alegre no accede a quitarles ni un ápice de gozo a sus simpatizantes, y les responde a los ofendidos con la bienvenida, que en caso que los mandara a callar las piedras del camino los sustituirían porque el momento no era para menos, el soñado día de la nación, la visitación del Mesías, de quien pronto se desengañarían cuando no cumpliera los anhelos políticos y terrenales que les pedían, y continuaran con equivocación con la conciencia política sensible, pidiendo libertad y a la vez rebelde y endurecida, renuente a aceptar la forma divina para la perpetuidad sin límites de la vida de la ciudad. Y eligieron que ella se desmoronase completamente antes de creer que aquel Mesías que les provocaba disgusto era enviado por Dios. 

Y unos pocos años después de esta gloriosa y profética entrada la visión que hizo brotar lágrimas en los ojos de Jesús, se cumplió y Tito llevó a cabo sin saberlo, el desplome del orgullo de los judíos, su amada Jerusalén (Sal. 137:5).

miércoles, 5 de octubre de 2011

Advertencia y predestinación


“Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse” (Mateo 26:37).


Debemos conectar estas palabras con las anteriores. Momentos antes el Señor le predice a Pedro que lo negará tres veces, y después de ello lo invita, junto con los otros dos, a que le acompañen al huerto. Y ellos van, pero después de menos de una hora se durmieron, por el agobio y el cansancio. Jesús, mitad triste y mitad decepcionado, se los reprocha.

Hay que mirar la negación del apóstol en relación con esta invitación a ser compañeros de oración del Señor, que era más una expectativa de aprendizaje que un suplemento de ayuda para Jesús. Jesús los invita para que le oyeran y vieran luchar con debilidades, con la voluntad de Dios, con la rígida ley, y como tuvieron una visión de su regia posición en al monte de la transfiguración, también le contemplaran en su hora de las tinieblas porque a pasos rápidos a ellos los envolverían las mismas oscuras potestades.

Y fue así, pero no sacaron inmediatamente la gracia que les hizo falta para no huir ni mover negativamente la cabeza. No fue la oración de Pedro la que evitó el derrumbe total de su fe sino la del Señor. Jesús le advirtió que lo negaría pero él hizo caso omiso a la predicción o mejor dicho la advertencia porque no era un decreto divino que eso le ocurriera sino un aviso y como tal pudo ser evitado si hubiera tomado la adecuada actitud de admisión de esa posibilidad y hubiera pedido la gracia que necesitaba para que no ocurriera lo que sólo era un desenlace natural de su actitud de superioridad sobre sus compañeros y su complacencia consigo mismo.

Las advertencias de pecados no necesariamente implican una predestinación a ellos. Es costumbre de Dios hacer esas advertencias y añadirles oportunidades de solicitud de socorro disponible pero generalmente los advertidos se cruzan de brazos y dejan las cosas correr como van y no se obligan a un cambio dándole seriedad a lo que se les pronosticó, y queda de hecho la advertencia plasmada en predestinación.

lunes, 3 de octubre de 2011

Trabaja para que aumente


“Y a uno le dio cinco talentos, a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y se fue de viaje” (Mateo 25:15-17).


Evidentemente Jesús tanto como la iglesia estaban pensando en que en el ínterin de la ascensión de él  al cielo y su retorno, sus siervos debían trabajar para aumentar las riquezas de su reino, sugerida con la entrega del dinero en talentos. Pero no de dinero, damas y caballeros. El plan del Señor para la iglesia es  la multiplicación y en eso consiste el crecimiento de su fortuna. Almas e iglesias talentosas, influyentes y millonarias, cuando cada uno de sus siervos asume una responsabilidad y la desarrolla para que crezca, y lo que Dios depositó en sus manos aumente.

El Señor espera el crecimiento y el éxito porque conoce la capacidad o habilidad de cada cual y por eso le confía una porción de su negocio no sólo para no dejarlo al garete o abandonado sino para que en su ausencia no se detenga y cuando vuelva lo halle más bonito y aumentado. Lo que es contrario a sus deseos es una perenne holgazanería, la sola preservación de lo que se ha recibido como si con esa obligación de mantenimiento ya se hubiera hecho mucho.

El hecho de devolver lo que se ha recibido sin haber perdido un céntimo o un miembro, sin haber aprendido algo nuevo, una mínima mejora, le desagrada muchísimo porque si alguien tiene la capacidad y la oportunidad de aumentar ¿qué razón que valga tiene para no hacerlo? Ninguna.

Sus siervos, por decirlo de alguna manera, lo están sustituyendo personalmente, son sus representantes legítimos y los administradores de los misterios de su gracia. Al regresar Cristo espera que cada uno sea hallado fiel con una mejor fe y más de ella (1Co. 4:2); mejor amor, sin fingimiento; mejor esperanza, situada sobre mejores promesas ante todo el que demande una razón para sustentarla. La paciencia que alcance su obra completa; el gozo más en el Señor que en las cosas de este mundo. Más conocimiento con más experiencia que lo perfeccione y haga más efectiva, sólida y perdurable la labor.

Entrada relacionada:

http://pastorhp.blogspot.com/2009/08/ingredientes-para-avivamiento.html

sábado, 1 de octubre de 2011

Servir sin escalar posiciones


Lucas 17:7-10
 7 ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? 8 ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? 9 ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. 10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.


El texto de esta conversación no parece tener conexión con lo anterior sino haber sido dicho cuando los discípulos estaban comparándose entre ellos mismos y pensando en las retribuciones y posiciones futuras que tendrían en el reino de Dios. Lo que se buscaron fue que Jesús les llamara "siervos inútiles" para bajarles los humos y hacerles pensar más en el servicio que en posiciones y recompensas. El Señor llega hasta el punto de decirles que no esperen cuando sirvan a los demás  ni siquiera gratitud o sea, que les den las gracias.

Armarse con ese pensamiento es importante para ellos cuando tendrán que desarrollar una vocación materialmente mal recompensada en sentido general, y poco agradecida con frecuencia.

Así no se les enfriará el entusiasmo ni disminuirán las atenciones.  Si con otro sentimiento y no con ese aceptan la comisión ministerial, más pronto que tarde se sentirán defraudados no sólo por no recibir elogios por el trabajo que realizan, sino por no recibir las gracias. Jesús les enfatiza que ellos son sirvientes en relación con Dios y con los hombres y que por lo tanto, como se los dejó claro, sus posiciones en la mesa siempre serían secundarias, después de los otros. El mismo fue un ejemplo de eso cuando dijo "he venido para servir y no para ser servido" (Mr. 10:45). A partir de entonces se supondría que sus colegas en el ministerio continuaran trabajando sin asombros por la ingratitud, con Cristo en la preeminencia y no ellos, y despojados de ambiciones para escalar posiciones eclesiásticas.

Entrada complementaria:

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...