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miércoles, 17 de agosto de 2011

La predestinación divina y los fracasos


Mateo 26: 37,41
"Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse… ".


Jesús le advirtió que lo negaría pero él hizo caso omiso a la predicción o mejor dicho la advertencia porque no era un decreto divino que eso le ocurriera sino un aviso y como tal pudo ser evitado si hubiera tomado la adecuada actitud de admisión de esa posibilidad y hubiera pedido la gracia que necesitaba para que no ocurriera lo que sólo era un desenlace natural de su actitud de superioridad sobre sus compañeros y su complacencia consigo mismo.

Las advertencias de pecados no necesariamente implican una predestinación a ellos. Es costumbre de Dios hacer esas advertencias y añadirles oportunidades de solicitud de socorro disponible pero generalmente los advertidos se cruzan de brazos y dejan las cosas correr como van y no se obligan a un cambio dándole seriedad a lo que se les pronosticó.

A Caín se le advirtió, no tanto se le profetizó, que asesinaría a su hermano, pero no hizo nada para quitarse la envidia que lo consumía. A Esaú se le fue mostrando que era un ególatra de su caza y que aunque era un vigoroso cazador delante de Jehová, como Ismael, no vivía delante de Jehová; y paso a paso jugando con sus bendiciones primogénitas, se quedó sin ellas. Judas Iscariote es otro caso. Es cierto que estaba escrito que era hijo de perdición y la Escritura se cumplió, pero usted no lee que haya sido obligado a vender al Señor sino que libremente hizo trato con los demonios y el infierno. La traición a su conciencia fue un factor importante en su suicidio y su codicia en el negocio de la información del paraje de Jesús.

Los impíos no son víctimas de una reprobación ciega sino reos de una justicia vidente que ordena la reprobación. Con todos los textos que afirman que faraón fue levantado para mostrar en  él el poder de Jehová, que Judas fue una pieza necesaria en la cruz del Señor, que Pedro le negaría y que los impíos son vasos creados para destrucción, el Gran Alfarero no les puso enfrente sólo el mal para que lo cometieran sino el bien para que lo hicieran, y si ayuda necesitaban para no mirar ni tocar un fruto prohibido, si la hubieran pedido, el proceso de caída hubiera sido impedido por Quien lo estaba mirando. El pecado se convierte en una obligación diabólica, hijo del pervertido esclavo llamado Libre Albedrío y su mujer llamada Yo-y-no-Dios, que descontinúa la comunión con Cristo y el alma soñolienta y muda no quiere ver, oír, ni orar una pequeña hora. 
Dios no es el autor del pecado, apostolito caído.

domingo, 14 de agosto de 2011

Una iglesia que nadie querrá


Isaías 3:1-7
“Porque he aquí, el Señor, DIOS de los ejércitos, quitará de Jerusalén y de Judá el sustento y el apoyo: todo sustento de pan y todo sustento de agua; al poderoso y al guerrero, al juez y al profeta, al adivino y al anciano, al capitán de cincuenta y al hombre respetable, al consejero, al diestro artífice y al hábil encantador.
“Les daré muchachos por príncipes, y niños caprichosos gobernarán sobre ellos. Y el pueblo será oprimido, el uno por el otro y cada cual por su prójimo; el joven se alzará contra el anciano, y el indigno contra el honorable. Cuando un hombre eche mano a su hermano en la casa de su padre, diciendo: Tú tienes manto, serás nuestro jefe, y estas ruinas estarán bajo tu mando, ese día el otro se indignará, diciendo: No seré vuestro sanador, porque en mi casa no hay ni pan ni manto; no debéis nombrarme jefe del pueblo”.



Este es el triste escenario hipotético de un Israel desobediente y que pinta bien lo que pudiera ser una iglesia cristiana que se rebela contra Dios y se queda sin líderes y en un estado tan calamitoso que le es difícil conseguir a un siervo de Dios que desee ir a pastorearlos. Y las razones que ese ministro tiene para no aceptar la invitación no son nada censurables. 

No porque el sueldo sea pobre o la congregación pequeña sino porque sobre esa iglesia ha oído que ha pasado el juicio de Dios.
Los empobrecidos líderes que le quedan, los que en otro tiempo querían ser los ministros de la congregación, ahora no quieren ser los pastores de esos empobrecidos y mal unidos sobrevivientes. La iglesia lo intentó, hallar un pastor entre sus miembros, porque desde afuera nadie quiso venir.

¿Quién va a querer gobernar sobre nada, peor, sobre ruinas (v. 6)? ¿Príncipe de qué y de quién? ¿Quién quiere una iglesia así destrozada o como dice “en ruinas”, que significa desplomada, deshecha y con piedras de tropiezo por un lado y el otro.

Después que Dios castiga a una iglesia ¿qué pastor siente llamamiento hacia ella? Uno de entre ellos no puede serlo aunque algunos lo nombren porque en realidad no tendrá más que los otros para ejercer su función, como dice, “tú tienes vestidos” “tienes manto”, o sea, retienes aún una posición económica mejor que nosotros, gobiérnanos; y tratan de elegir para una posición espiritual a un hermano que sabe de negocios, que tiene algún dinero, alguna empresa, pero es también uno de los castigados por el Señor. ¿No ven que una posición social no es lo mismo que una posición espiritual?

Pero estando la iglesia en esas condiciones él se mostrará poco ambicioso, y por lo que en otro tiempo se dejaría cortar una mano ahora lo declina, ya no es la iglesia que él conoció. Declinará porque no quiere reinar sobre un desastre,  por donde ha pasado un terremoto. Además ¿qué es eso de nombrar como sanador o líder de una iglesia que tiene que recuperarse, a un hombre cuya única cualidad es que tiene un poco de dinero? Lo único que podrán encontrar son jóvenes osados que no sepan bien lo que estarán haciendo (v.4); no jóvenes como Spurgeon en Waterbeach o en Londres, excepcionales.

Y ¿qué pastor, sino un incauto, acepta el llamamiento de una iglesia donde los jóvenes son los que mandan y principalmente tienen como rivales a los hermanos mayores de la congregación, y los que menos prestigio siempre han tenido ahora se yerguen contra los honorables para sustituirlos menospreciando sus ideas y opiniones? (v.5).

Una iglesia dividida generacionalmente, un pastor sabio no la desea para pastorear, sobre todo si es un pastor con experiencia, es decir viejo, no porque no puedan ofrecerle un salario sino porque a él no le queda mucho futuro y ella no lo tiene. Excepto un milagro de Dios.  Eso será Israel, una iglesia que nadie querrá.

jueves, 11 de agosto de 2011

Dejando a un lado las adivinanzas escatológicas



Lucas 12:35-40
35 Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; 36 y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida. 37 Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles. 38 Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos. 39 Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa. 40 Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá.



Usualmente Jesús hallaba similitud entre la profesión cristiana, por ejemplo, la sal y la luz, y les decía a sus discípulos que mantuvieran y preservaran el sabor y el esplendor de ella, hasta el clímax de la salvación, esto es su segunda venida. LBLA para darle claridad al texto introduce la palabra "mantened" (v. 35); y esa es la idea en estas pequeñas parábolas como en otras, en las cuales se les pide a los discípulos que sean fieles hasta el final, ya se trate de que el Señor venga por ellos en la muerte o que regrese en juicio o en su segunda venida. En juicio durante la caída de Jerusalén. 

Como he dicho, Jesús insiste en la perseverancia inmaculada de la profesión cristiana, y en ella sus demandas son estrictas. Los siervos deben estar listos para servir al amo cuando regrese porque él no les enviará ninguna nota que diga a la hora que se propone volver porque el deber de ellos es esperarlo desde el primer minuto que se ausentó, en una expectativa constante, una vigilancia a toda prueba, con todas las cosas listas por si él solicita alguna al llegar.

Cada cosa tiene que haber sido previamente alistada, los alimentos cocidos, las bebidas listas y la mesa puesta para su inmediato uso, y sobre todo los porteros deben velar y orar para responder al primer toque y no se le haga esperar a la puerta porque ellos son las llaves suya, y ninguna otra cuelga en su cinto sino en las manos de sus sirvientes, para recibir de ellos la atención que se merece y la compañía que se supone. Los servidores tienen el deber de tenerlo todo preparado para cuando el Amo llegue (v. 37); sin embargo dice la parábola que por el solo cumplimiento del deber, y porque hayan hecho las cosas como debían haberlas hecho serán premiados (v. 37; 17:10). Y no consiste eso en un aumento de salario, en darles vacaciones con todos los gastos pagados y mucho menos en coronarlos, ya que la retribución al deber cumplido consiste en honor y servicio, o sea en asumir él la posición de ellos y ellos la de él, invertir las responsabilidades y cambiar los papeles, para que por un tiempo disfruten, prestada, el respeto y el honor que sólo a él le corresponde, compartiéndolo con aquellos que han demostrado ser solícitos en su servicio.

Jesús nunca mostró apuro ni precipitación en ninguna de las cosas que hizo y profetizó, disfrutaba en su modo de vida de una especie de calma eterna, y por ello advirtió a sus seguidores de su retorno tardío y tenido por los burladores como tardío (v. 38; 2 Pe. 3:1-8; Jud. 1:18). 

También les cuenta un caso de un ciudadano descuidado, que por no tener un sistema de seguridad en su casa los ladrones entraron y lo robaron (v. 39). Este fue uno de esos que se imaginan que nunca nada malo les pasará, y poseyendo bienes valiosos, sin una caja de seguridad ni depositados en un banco, dejan sus propiedades expuestas casi como una invitación a que se las lleven, y así ocurrió. Los amigos de lo ajeno velaron la oportunidad y minaron su casa. Jesús dijo, que nadie que sepa cuando un ladrón va a forzar una ventana o la cerradura de una puerta no estaría preparado para impedírselo.

Del mismo modo transmitió a sus apóstoles y futuros maestros una inseguridad exegética en relación a su segunda venida, y esto adrede, con el propósito de que dejando a un lado las fechas y las adivinanzas escatológicas, se dedicaran con ahínco a estar preparados espiritualmente, con fe y paciencia en la Palabra predicada, sobre su imposible de determinar, advenimiento. 

lunes, 8 de agosto de 2011

Mutuo encanto de los esposos


Cantares 6:10-13

10"¿Quién es ésta que se asoma como el alba, hermosa como la luna llena, refulgente como el sol, imponente como escuadrones abanderados?" 11Descendí al huerto de los nogales para ver el verdor del valle, para ver si la vid había retoñad,  si los granados habían florecido. 12Sin que me diera cuenta, mi alma me colocó sobre los carros de mi noble pueblo.
  EL CORO:
13Regresa, regresa, oh Sulamita; regresa, regresa, para que te contemplemos.
EL ESPOSO:
    ¿Por qué habéis de contemplar a la Sulamita, como en la danza de los dos coros?


“Tengo por esposas 60 reinas y 80 concubinas y un sinnúmero de doncellas que las atienden, las acompañan y las entretienen, pero hay una sola que es a quien amo, mi Sulamita, la que sueña conmigo, la del alma poética que vibra con la mía, la que me inspira mis versos, la coautora de este libro, la más hermosa de todas, perfecta, única, escogida, bienaventurada y alabada por todas y todos; es mi amanecer, mi hermosa luna, radiante como un sol e imponente como mis ejércitos”. “Yo, Amado mío, con la excusa a mis damas que iba al huerto de los nogales a contemplar la salida de las flores y los frutos, me les escapé y heme aquí contigo entre los veloces carros como los de Aminadab, marchándonos en viaje de bodas, contrario a los deseos de mis damas que me piden que regrese un tiempo más y prolongue entre danzas y coros la fiesta de nuestro amor”.


Miren matrimonios modernos, a los dos autores de Cantares, el Esposo y la Esposa; y la realidad de un solo amor para el hombre, porque esas palabras las dice él; aunque existan en su costumbre cultural otras reinas esposas y tantas concubinas, no son más que un adorno público de ostentación política porque para su hogar sólo quiere y necesita una, como mujer una, como complemento, una; y no de todas las otras; y sus caricias lo satisfacen en todo tiempo (4:10; Pro. 5:19), ésta sola llena todos los espacios de su corazón, ha hallado la perfecta no se ha equivocado en su elección y todo lo que un hombre podría esperar de una mujer, belleza y talento, ella lo tiene.

No recomienda ni promueve Salomón la poligamia, el adulterio o la infidelidad conyugal sino la monogamia y la santidad marital. En cuanto a ella lo mismo, uno es el suyo, no pudiera, pero tampoco habría otro hombre en su vida aunque pudiera, es él todo a lo que ella aspiraba como marido, en figura y en talento, es la inspiración de sus sueños y sus ausencias las pesadillas de su amor. Y este amor ideal entre un hombre y una mujer es el prototipo del amor de Jesús con su iglesia, cualquiera otra forma de unión que no sea heterosexual no es un matrimonio porque no representa la unión entre el Señor y su Esposa la iglesia. La naturaleza humana saludable necesita formar una pareja con el sexo opuesto. Ese amor ideal es definido entre un solo hombre y una sola mujer, como fue en el principio de la creación.

Pero hay más en esta alegoría del matrimonio: el Señor considera a su iglesia perfecta, única, escogida y preciosa y bienaventurada y todo el mundo la alaba. Esa es la iglesia amada por el Señor, la amada de pura gracia y justificada por la fe, única en su amor porque a Jacob amó y a Esaú aborreció, por ella se entregó y a ella compró, y por ella oró no por el mundo (Jn. 17:9), y por ella padecieron los evangelistas para que sus miembros alcanzaran la salvación (2 Ti. 2:10). Su iglesia es llamada Señora escogida (1 Pe. 5:13; 2 Jn. 1:1); no hay otra forma de constituirse en su Esposa si él no escoge y ella acepta; no son las ganas de ellas, porque no depende del que quiere ni del que corre, sino la libre elección de él y no por medio de ese sustituto diabólico llamado ahora libre albedrío.

Su iglesia es bienaventurada, ya sea pobre o que llore o que tenga hambre y sed de justicia, siempre es dichosa con su Amado. Y su iglesia es alabada por sus hijos y por los ángeles, y por su Esposo mismo, su belleza, su talento y su obsesivo amor por él. Lo que hace que el Señor ame a la iglesia es lo que ella es no lo que ella tiene. No la ama por sus perfumes (Cantares no menciona sus ropas o calzados), no por su raza, o lo que tiene sino por su semejanza con él, la iglesia perfecta para unirse en amor con él; y por esa perfección yo trabajo (Col. 1:18). La Esposa se parece al Esposo.
 

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...