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sábado, 10 de julio de 2010

Parte III. Jesús: I. Sus divisores, II. Admiradores, III. Sus estudiosos

Juan 7:40-53 (LBLA)

Entonces algunos de la multitud, cuando oyeron estas palabras, decían: Verdaderamente este es el Profeta. [41] Otros decían: Este es el Cristo. Pero otros decían: ¿Acaso el Cristo ha de venir de Galilea? [42] ¿No ha dicho la Escritura que el Cristo viene de la descendencia de David, y de Belén, la aldea de donde era David? [43] Así que se suscitó una división entre la multitud por causa de Él. [44] Y algunos de ellos querían prenderle, pero nadie le echó mano.

[45] Entonces los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: ¿Por qué no le trajisteis? [46] Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre habla! [47] Entonces los fariseos les contestaron: ¿Es que también vosotros os habéis dejado engañar? [48] ¿Acaso ha creído en Él alguno de los gobernantes, o de los fariseos? [49] Pero esta multitud que no conoce de la ley, maldita es. [50] Nicodemo, el que había venido a Jesús antes, y que era uno de ellos, les dijo: [51] ¿Acaso juzga nuestra ley a un hombre a menos que le oiga primero y sepa lo que hace? [52] Respondieron y le dijeron: ¿Es que tú también eres de Galilea? Investiga, y verás que ningún profeta surge de Galilea. [53] Y cada uno se fue a su casa.


Tercera parte: Jesús y sus estudiosos


Observe que le dijeron a Nicodemo que hiciera una investigación y le advirtieron que llegaría a la conclusión que Dios había menospreciado a los galileos y no había llamado de allí a nadie al oficio profético (v.52). El consejo de investigación para aclarar alguna duda o confirmar una verdad es bueno.

Pienso que ellos se referían a que escudriñara la Escritura. Eso está bien, la Biblia es el primer libro que hay que estudiar para aprender la verdad acerca de Dios y es por ella que tenemos que confirmar, corregirnos y exhortarnos (2 Ti. 3:16), y lo mismo para desarrollar un ministerio saludable (2 Ti. 4:2). Debemos conocer la Biblia como Juan Bunyan de quien se dijo que por sus venas no corría sangre sino “biblina”.

Es bueno ir a ella primero y ver lo que dice, y también lo que otros libros dicen sobre ella, lo que otros autores, maestros y doctores de la ley han comentado sobre las palabras que estamos investigando pues ellos lo hicieron primero. Si alguno puede aprender un poco de griego, bendito sea Dios, qué instrumento tan precioso para fastidiar a los mentirosos. Los comentarios son de valiosa ayuda para el entendimiento y comprensión de la Escritura. Las exposiciones bíblicas magníficas si tienen aplicaciones, y los sermones expositivos o textuales también conviene leerlos, si el predicador no tiene la manía de dar más consejos sicológicos que bíblicos, o si no le rinde más tributo a la homilética que a la exégesis.

El apóstol Pablo llevaba consigo no sólo los pergaminos (suyos y del Antiguo Testamento) sino libros (2 Ti. 4:13). El consejo que le dieron a Nicodemo fue bueno y abarcaba toda la Biblia porque para saber si Dios tuvo profetas galileos tendría que no sólo hojear la Escritura o leer los libros proféticos sino toda ella porque algunos predicaron pero no escribieron sus profecías. Todo cristiano debiera leerse la Biblia completa de modo que sea capaz estando familiarizado con su contenido, de comparar “lo espiritual a lo espiritual” (1Co. 2:13) que es una forma indispensable de investigación de modo que toda ella hable por sí misma sobre algún asunto en particular. Ella se explica a sí misma.

Sin embargo aunque el consejo fue sabio uno se da cuenta que le están pidiendo a Nicodemo que confirme con la Escritura los errores de ellos porque de Galilea sí Dios había llamado profetas. Jonás era uno y posiblemente Oseas y Nahúm (Capernaúm, Kfar Nahum, “villa de Nahum”) tal vez por él). Envían a Nicodemo a la Escritura sin embargo “no sabían lo que decían ni afirmaban” (1 Ti. 1:7) y se creían doctores de la ley. No hagamos caso a los títulos y supuestos conocimientos que algunos dicen poseer de la Escritura. De lo que ellos digan hay que hacer como los antiguos bereanos, comprobar con ella si es cierto (Hch. 17:11).

Y eso hay que hacerlo principalmente porque no pocos estudiosos de la Escritura importan sus prejuicios dentro de ella. En este caso son prejuicios raciales. Estaban invitando a ese hombre a que tuviera los prejuicios raciales de ellos y discriminara a los otros como ellos lo hacían, y para eso ¡le dicen que busque textos bíblicos!, queriendo que Dios también los tenga. Una persona puede tener su opinión sobre una región, una cultura, un país y engañarse creyendo que son inferiores. Y además querer convertir la Escritura en su aliada. Lo opuesto es mejor, quitarse con ella esos prejuicios de superioridad e inferioridad étnicas porque sabemos muy bien lo que han hecho al mundo esas culturas “civilizadas”.

Dios ha llamado desde el Tercer Mundo muy buenos galileos de Centro y Sur América, y del Caribe, y eunucos muy ávidos de la Escrituras desde Etiopía que han aprendido de Felipe, de Esteban, de Pablo y de Jesucristo, de modo que como pastores, predicadores y expositores, no tienen nada que envidiarles a los de esas grandes naciones del Primer Mundo y a algunos de entre ellas que piensan que “la palabra de Dios de ellos sólo ha salido y a ellos sólo ha llegado” (1Co. 14:36), que “tienen reputación de ser algo” pero que a ellos “nada nuevo le han enseñado”.

Parte II. Jesús: I. Sus divisores, II. Admiradores, III. Sus estudiosos

Juan 7:40-53 (LBLA)

Entonces algunos de la multitud, cuando oyeron estas palabras, decían: Verdaderamente este es el Profeta. [41] Otros decían: Este es el Cristo. Pero otros decían: ¿Acaso el Cristo ha de venir de Galilea? [42] ¿No ha dicho la Escritura que el Cristo viene de la descendencia de David, y de Belén, la aldea de donde era David? [43] Así que se suscitó una división entre la multitud por causa de Él. [44] Y algunos de ellos querían prenderle, pero nadie le echó mano.

[45] Entonces los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: ¿Por qué no le trajisteis? [46] Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre habla! [47] Entonces los fariseos les contestaron: ¿Es que también vosotros os habéis dejado engañar? [48] ¿Acaso ha creído en Él alguno de los gobernantes, o de los fariseos? [49] Pero esta multitud que no conoce de la ley, maldita es. [50] Nicodemo, el que había venido a Jesús antes, y que era uno de ellos, les dijo: [51] ¿Acaso juzga nuestra ley a un hombre a menos que le oiga primero y sepa lo que hace? [52] Respondieron y le dijeron: ¿Es que tú también eres de Galilea? Investiga, y verás que ningún profeta surge de Galilea. [53] Y cada uno se fue a su casa.


Parte II. Admiradores de Jesucristo.


Había otro grupo representado por los alguaciles que eran los admiradores o simpatizantes de Jesús y decían que “jamás hombre alguno ha hablado como este hombre” (v.46). A estos fueron los primeros que los fariseos combatieron y los acusaron de ingenuos y “engañados” (vv.47,48); y mintieron diciéndoles que de los gobernantes nadie había creído, o sea que ninguna persona digna, de la estatura de ellos, que fuera importante en la sociedad se había convertido en su discípulo. Los engañadores eran ellos y no “aquel engañador” como llamaban a Jesús (Mt. 27:63). Jesús sí tenía Jesús simpatizantes entre los gobernantes. No mucho después había “mujeres nobles no pocas” (Hch. 17:4). Es cierto que no ha habido muchos nobles pero sí algunos (1 Co. 1:6). Chuza el intendente de Herodes fue otro (Luc. 8:3). Y Nicodemo que lo tenían enfrente, aunque escondido y como defensor del Señor, era uno de sus admiradores de él como maestro, y muy seguro que había venido de Dios como maestro (Jn. 3:2).

La iglesia debe evitar sus divisiones por causa de sus enemigos y buscar un medio de transmisión doctrinal hacia los simpatizantes y admiradores de Jesús que son los que están más cerca del reino de los cielos que otros gobernantes. Ya hace rato que la definición correcta de Jesucristo la tenemos y ahora lo que toca es transmitirla, y elevarla porque se ha dejado de hacerlo a los gobernantes, y ella dejarse de divisioncillas internas y orar por los nobles, y hacerles cartas como hizo Calvino y dedicarles comentarios bíblicos, léanlos o no.

El diablo hace todo lo posible porque los simpatizantes en las esferas altas de la sociedad y del gobierno dejen de serlo y no obstaculicen las labores contra Jesús que sus enemigos están haciendo a esas mismas alturas. En las escuelas, prensa, radio, cine y televisión. Es importante orar por Chuza el intendente de Herodes para que controle a los judíos anticristianos y no prohíba a su familia cooperar con el cristianismo. Si en Tesalónica hay muchas mujeres nobles que simpatizan con Jesús y abrazan sus enseñanzas es muy posible que sus maridos, las esposas de otros maridos, y quién sabe cuántos más podrían convertirse y evitar que a golpe de leyes, con la excusa de igualdad religiosa, reduzcan a cero la influencia social cristiana. Y “si no sirven para ser cristianos” por lo menos que ayuden a los cristianos.

Y hasta la esposa de Pilato si hubiera creído en Jesús no por una pesadilla y en esas vaporosas impresiones nocturnas sino porque algunos aparte como Aquila y Priscila les hubieran explicado mejor el evangelio, tal vez el procurador hubiera hecho algo más que lavarse las manos cuando el cristianismo iba a ser crucificado. Los alguaciles, desmentidos los fariseos, pudieran influir en los altos mandos del ejército y oponerse a “si no preguntan no lo digas” y dejar fuera de combate a los afeminados y los que se echan con varones. Esos admiradores de Jesús, pronto más que tarde, deben oír las buenas definiciones de Jesús que ya están en los labios de muchos de la iglesia y dejen de ser nada más que simpatizantes, a veces escondidos y haciendo famélicas defensas, porque virtualmente podrían llegar a ser discípulos fuertes y completos en la corte Suprema, el Congreso y la Presidencia, que se han ido llenando de ateos, agnósticos, y más admiradores de Mahoma que de Jesucristo.

jueves, 8 de julio de 2010

Jesús, sus divisores, admiradores y estudiosos

Juan 7:40-53 (LBLA)

Entonces algunos de la multitud, cuando oyeron estas palabras, decían: Verdaderamente este es el Profeta. [41] Otros decían: Este es el Cristo. Pero otros decían: ¿Acaso el Cristo ha de venir de Galilea? [42] ¿No ha dicho la Escritura que el Cristo viene de la descendencia de David, y de Belén, la aldea de donde era David? [43] Así que se suscitó una división entre la multitud por causa de Él. [44] Y algunos de ellos querían prenderle, pero nadie le echó mano.

[45] Entonces los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: ¿Por qué no le trajisteis? [46] Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre habla! [47] Entonces los fariseos les contestaron: ¿Es que también vosotros os habéis dejado engañar? [48] ¿Acaso ha creído en Él alguno de los gobernantes, o de los fariseos? [49] Pero esta multitud que no conoce de la ley, maldita es. [50] Nicodemo, el que había venido a Jesús antes, y que era uno de ellos, les dijo: [51] ¿Acaso juzga nuestra ley a un hombre a menos que le oiga primero y sepa lo que hace? [52] Respondieron y le dijeron: ¿Es que tú también eres de Galilea? Investiga, y verás que ningún profeta surge de Galilea. [53] Y cada uno se fue a su casa.


Jesús: I. Sus divisores II. Sus admiradores III. Sus estudiosos


Primera parte: Jesús y sus divisores


Es una pena leer esta palabra en el texto: División (v.43). Las divisiones en la iglesia suelen ser producidas por hombres y mujeres sensuales, equivocados o intransigentes, y cuando se produce se manifiesta quiénes son aprobados por Dios y quiénes no lo son (1 Co 1:10; 11:18; 2 Co. 12:20; Tit. 3:10; Jud. 1:19). Las divisiones en la iglesia hoy son muy comunes. Hay hermanos ambiciosos que van de congregación en congregación queriendo tener poder en ellas y usar sus talentos pero no aman la iglesia sino a ellos mismos. El apóstol dice que no hay que recibirlos para crecer en número de un solo salto, sino desecharlos. Sin embargo la clase de división que aquí se menciona no es como las de hoy sino cristológica. Tenía que ver con la autenticidad de Jesús y “por causa de él” (v.43).

Los dos primeros, los que afirmaban que era un profeta o el Mesías (vv.40,41), tenían un conocimiento parcial de él, eran dos mitades de una misma verdad. Jesús era las dos cosas, profeta y mesías. Si hubieran compartido los conocimientos que cada uno tenía de él se habrían complementado y unido. A veces las desuniones acerca de Jesús no sólo son reconciliables sino complementarias y no hay tal división. Hay una separación pero no una división y la posible solución es sentarse juntos con una Biblia abierta y ver si las definiciones que cada cual tiene permiten integrarlas a las del otro. Eso fue lo que ocurrió y llegó a llamarse Jesús-Cristo, o Jesucristo. Así que pensando juntos surge una cristología más completa. Por eso los ministros se han reunido en concilios y sínodos y han hecho confesiones de fe.

No todos tienen una idea correcta de la persona de Jesús. Otros necesitan más estudio. Estos son los que desconocían que Jesús había nacido en Belén y no en Nazaret. No estaban en desacuerdo con los anteriores pero no podían firmar ninguna declaración con ellos hasta que no salieran de dudas. Pero no era grande la duda. Con un poco de investigación se podría aclarar la identidad y los tres grupos unirse en una sola iglesia. En cualquier caso sentarse juntos y ventilar las diferencias y llegar a un entendimiento cristológico hubiera sido bueno. Pero con quienes no había posibilidad de unión era con los fariseos. Ellos eran enemigos destructores de la sana doctrina y no podían ser invitados a ningún concilio sino condenarlos, porque lo que hacían era aprovechase de la diversidad de opiniones de la iglesia para dañarla y fomentar más división. Dígase Pelagio, Sabelio, agnósticos humanistas o emergentes.

sábado, 3 de julio de 2010

La salvación de los antediluvianos y postdiluvianos

2 Pedro 3:1-9 (LBLA)

Amados, esta es ya la segunda carta que os escribo, en las cuales, como recordatorio, despierto en vosotros vuestro sincero entendimiento, [2] para que recordéis las palabras dichas de antemano por los santos profetas, y el mandamiento del Señor y Salvador declarado por vuestros apóstoles. [3] Ante todo, sabed esto: que en los últimos días vendrán burladores, con su sarcasmo, siguiendo sus propias pasiones, [4] y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación. [5] Pues cuando dicen esto, no se dan cuenta de que los cielos existían desde hace mucho tiempo, y también la tierra, surgida del agua y establecida entre las aguas por la palabra de Dios, [6] por lo cual el mundo de entonces fue destruido, siendo inundado con agua; [7] pero los cielos y la tierra actuales están reservados por su palabra para el fuego, guardados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos. [8] Pero, amados, no ignoréis esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. [9] El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.


Voy a explicar el v.9 pero en su contexto porque queda mejor y salen a relucir varias doctrinas de la gracia. Así conociendo la familia se puede hablar mejor de un miembro particular de ella ya que llevan la misma sangre.

En el susodicho v. 9 el apóstol dice que Dios no quiere que nadie perezca por el fuego anunciado; y eso lo dice por causa de los burlones que se reían de la segunda venida y del juicio, alegando que desde que el mundo es mundo está igual y no hay tal cosa que se vaya acabar. Según Pedro en su tiempo está pasando lo mismo que siglos atrás encontró Noé cuando preparaba el arca con la paciencia de Dios cuando sus contemporáneos se burlaban de él, de ella y del juicio que les anunciaba, hasta que llegó el diluvio y perecieron (1 Pe. 3:20; 2 Pe. 2:5).

Dios estuvo 120 años ofreciéndoles la salvación a aquellos antediluvianos y hubiera querido que subieran al arca aunque sabía (presciencia) que no lo harían. Jehová deseaba que lo hicieran y ellos no lo hicieron. Y él les respetó el espantoso libre albedrío de ellos con que “celosamente” o “deseándolo” o “voluntariamente” no quisieran pasar adentro del barco. No se puede dudar de la sinceridad de Dios al ofrecerle la salvación mediante la predicación con un llamamiento general y con tanta anticipación si se arrepentían. Pero eran incrédulos y siguieron viviendo como Dios detestaba.

Cuando Pedro dice que Dios no quiere que ninguno de vosotros (como dicen los manuscritos más antiguos, siglos II, III), no nosotros (siglos IX, X) perezca se está refiriendo a ellos con los mismos antiguos sentimientos. ¿Era el deseo de Dios que aquella gente se ahogara? No. ¿Es el deseo que estos modernos burladores perezcan consumidos por el fuego? No. Es el mismo deseo que un juez tiene cuando condena a muerte a un reo. El deseo de Dios es que “todos” procedan al arrepentimiento; pero ya de antemano había (según su presciencia) decidido elegir para salvación los menos con un llamamiento especial, conociendo que ninguno querría subir y ninguno querría huir. La elección por gracia es el único medio de salvación, sin ella no hay salvación, o perecen todos ahogados o perecen todos incinerados. La salvación tiene llega en forma de decreto de Dios y no sólo como un deseo de él. Así Dios decide de antemano llevar a cabo su propósito y a los que antes conoció también los predestinó, para que subieran al arca, para que creyeran la palabra dicha por los profetas, el Salvador y sus apóstoles.

Noé y su familia suben al arca porque él “halló gracia ante los ojos del Señor” (Ge. 6:8). Se salva por gracia, es decir por la fe como un don de Dios. Noé “andaba con Dios” (Ge. 6: 9) y no como sus contemporáneos. Noé era el único “justo” y por eso entró al arca (Ge. 7:1); o sea, fue justificado por la fe y por medio de ella se salvó. Pasado el juicio y la destrucción del mundo “se acordó Dios de Noé y de los animales” y lo sacó de allí para comenzar un nuevo mundo (Ge. 8:1). Como si hubiera resucitado y Dios le dijera “hoy estará conmigo en el paraíso”.

En el arca no hubieran cabido muchos más además de Noé con su familia. Tenía una medida exacta dada al carpintero. Si cien o dos mil hubieran querido subir no cabrían en el arca. Ella estaba diseñada para que solo ocho personas se salvasen (1 Pe. 3:20); no tenía espacio libre “por si acaso”. Pero la presciencia de Dios, que actuó conjuntamente con la elección, contra el libre albedrío del hombre le dio al arca la eficacia que necesitaba para que sirviera a su propósito.

Del mismo modo, Cristo que es nuestra Arca de Salvación donde suben los hombres y mujeres elegidos en omnisciencia y predestinación, justificados por medio de la fe tiene la dimensión exacta, sin sobrarle nada, para ellos y para los animales de la creación que gimen por redención. En aquel entonces la iglesia tenía sólo ocho personas, luego 75 ó 76 judíos (Hch. 7:14), y tendrá “miríadas de miríadas” una “incontable multitud”. Por ellos murió Cristo y aunque su sangre vale para comprar a todos los antediluvianos y post-diluvianos, tiene la misma anchura de la elección, del llamamiento y del propósito de Dios. No más que eso. Su última gota llegó hasta los mismos bordes de la omnisciencia y de la predestinación.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...