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viernes, 10 de diciembre de 2010

La Reconstrucción de la iglesia (II)


Segunda Parte

I. La reconstrucción de la iglesia contempla traer a las congregaciones el espíritu de la Biblia. En el cual no hay mucha diferencia con el Espíritu Santo.


De sobra se sabe el rol de la Biblia que puesta al alcance de todos tuvo en la Reforma del siglo XVI, y como a los hombres en las cantinas de Wittenberg se les veía con un NT en el bolsillo. Su líder, Lutero, había declarado públicamente: “Soy un esclavo de la palabra de Dios”. Carlos V, el emperador del llamado “Santo Imperio Romano”, que defendía por razones políticas, el catolicismo, se enfureció y ordenó quemar todos los libros protestantes que hallaran. Los de Lutero, Zwinglio y Calvino principalmente.


Pero si usted lee los libros de esos hombres, por supuesto que halla en ellos conocimientos pero dentro de sus páginas estalla el espíritu cristiano y la devoción a Dios con que hablaban. Lutero cuando oraba, y sus obras transmiten su devoción, impresionaba porque parecía un hijo hablándole a su Padre. Los comentarios de Calvino están llenos de oraciones. A Martín Bucero la unidad de la Reforma en Suiza, Alemania y Francia debieron mucho y se envejeció de modo galopante sirviendo al Señor. Todos estos hombres amaban apasionadamente las doctrinas de la Gracia y las transpiraban en sus gestiones por Cristo, y según su personalidad. Cada uno era como se dice de Juan el bautista, “antorcha que ardía en lugar oscuro”.


Dondequiera que iban transportaban con ellos el espíritu de la Biblia y sus biografías y comentarios hasta el día de hoy son edificantes. A los pocos minutos de estar leyéndolos uno siente nutrido su pensamiento y el corazón en ascuas. No solo instruyen, como quiso Bucero, sino que también edifiquen. Compartían el alma con el pueblo y lo que sabían lo elaboraban para beneficio de la iglesia. Jamás alguno de estos reformadores fue un predicador árido. Ensenaban las doctrinas mostrando todas sus bellezas en la aplicación. Y contendían por ellas pero no como los apologistas de hoy que echan fuego pero no inspiran. Convencen pero no edifican. Matan al enemigo pero luego uno no siente simpatías por el héroe.


Aquella forma de enseñar edificando no caduca con el tiempo y pasa sin dificultad las fronteras de siglo en siglo. Peleaban, pero como diría Spurgeon y antes Nehemías, “con la espada y con la trulla”. Mientras más del espíritu de la Biblia contengan nuestras enseñanzas más perdurables son. Muy rara vez se hallan en los sermones y comentarios de aquellos hombres alguna anécdota del tiempo o la cita de algún hombre. Todo el material de sus exposiciones para la iglesia era bíblico y se dispersaban las reuniones lleno cada cual de la Palabra de Dios y no comentando sobre personajes y sucesos de actualidad. Y menos, muertos de risa. Las citas de los padres de la iglesia, griegos o latinos podían hallarlas los pastores y doctores en sus obras de estudio no en aquello que llegaba al corazón de la iglesia. Como Cristo, amaban la iglesia y se entregaban a sí mismos por ella. Todos ellos murieron prematuramente, excepto Lutero.


El espíritu de la Biblia es lo más delicioso que puede soplar sobre una reunión. Jamás el Espíritu Santo es fastidioso o aburrido. Te puedo asegurar que la Biblia nunca es un libro aburrido. Tiene historias, profecías, parábolas, cánticos, etc.; y tan pronto como uno la mira ella te clava los ojos, uno la toma en la mano y ella te agarra por el corazón; y es tan hermosa e interesante que no te deja caminar, apenas se puede avanzar en la lectura por la locuacidad de sus textos, los cuales todos quieren hablar y decirte algo, siempre que uno por cortesía y amor le preste un poco de atención. Las palabras saltan ante los ojos reclamando que le hagáis caso e inmediatamente abren sus tesoros y nos enseñan oro, incienso y mirra. Todas tienen alguna aplicación dentro de la vida cristiana y en el sistema de doctrina que en conjunto hemos adoptado, y todas sus palabras parecen hermanas unas de las otras y lo que no acaba de decir completo una la otra lo continúa hasta que llenan el versículo. Y el conjunto de varios forman un pasaje increíblemente interesante y que pudiera con entusiasmo ser proclamado desde las almenas del templo.


Si uno lee la Biblia como cristiano, como predicador, como esposo, padre, y en mi noble caso, como abuelo, no le cabe dentro del corazón todo lo que ella dice para cada papel que hemos asumido. Ella cuenta sus historias a los niños, a los jóvenes solteros, a los casados, a los maridos y las madres, a los que están lejos del cielo y a los que se aproximan. No la escribió un solo hombre y no la pudo haber inventado un hombre, sin embargo nos habla con lenguaje humano exudando el divino, en hebreo o arameo, en griego, inglés o español. Es el mundo y ámbito del Espíritu Santo y uno lo halla dondequiera que la hojee.


Estoy de acuerdo con los profetas que dijeron que Jehová les ordenó que la Palabra divina la hicieran un rollo y se lo comieran. Yo de cierto me la comería, y lo hago con mucho gusto cada día. Como el antiguo maná, coso su contenido, lo muelo en molino y la majo en mortero. Hago tortas, panes, y camino fortalecido con su comida por cuarenta días y cuarenta noches. Yo sé por lo que ella me da, que Dios ha puesto eternidad en mi corazón. La vida eterna existe porque siento que recibo eternidad, me saca del tiempo y tengo la sensación de volar hasta el paraíso y oír palabras inefables, como si escuchara a los ángeles y a los espíritus de los justos hechos perfectos.


¿No podemos transmitir esas sensaciones cuando predicamos? ¿No pueden sentir los hermanos que nos ha hablado Dios? ¿No podrán subir en éxtasis con nosotros al cielo en ese carro de fuego? No me digan que es un libro aburrido porque no lo creo. La restauración de la iglesia vendrá juntamente con el regreso vivo y poderoso al Espíritu que inspiró sus páginas. No en notas musicales sino en arduo trabajo bíblico por medio de mujeres y hombres apegados a sus páginas día y noche como el varón del salmo uno, o tejiendo una doctrina con otra como la dama virtuosa de Proverbios hilo con hilo, y cuya lámpara no se apagó ni una noche. La esperanza de reconstrucción de la iglesia no está en el espurio pragmatismo secular ni en los desesperados e ingeniosos métodos de entretenimientos, pasatiempos y bobos engaños, sino en el espíritu bíblico de Jehová, el Espíritu bíblico de “Soy el que Soy”.

martes, 7 de diciembre de 2010

La Reconstrucción de la Iglesia


Primera Parte (I). La Predicación Doctrinal

1 Timoteo 4:15

“Tu aprovechamiento sea manifiesto a todos”.

Introducción.


Estas palabras tienen la intención de ayudar a la reactivación del púlpito y la reconstrucción de la iglesia. Como alguien ha dicho, la iglesia más que avivamiento necesita una reforma. La gran Reforma Protestante del siglo XVI fue una Reforma teológica, un avivamiento teológico y doctrinal. En aquel entonces se tenía como el anticristo a la Iglesia Católica y hoy pudiera ser el post modernismo y la secularización. Estoy casi seguro que si Dios ha de tener misericordia y hacer algo grande con su iglesia usará principalmente a los pastores de ella. Por tanto esta reflexión es pensada pastoralmente. El texto que he escogido también se puede traducir tu progreso, tu avance, y en vez de manifiesto quedaría más bonito si se traduce brille ante todos. O sea, incita al pastor Timoteo a que progrese y brille con la luz de la gloria de la gracia de Dios.


I. Dios mío una las calamidades modernas de la iglesia es la indolencia bíblica de sus pastores.


La situación actual y general del ministerio cristiano da escalofríos. He visto varones ministros que detrás del púlpito han llegado a la edad de su retiro, 65, tan mediocres como cuando se graduaron en el seminario. ¡Pobre de aquellas iglesias donde estaban obligados a cumplir sus ministerios y anunciar todo el consejo de Dios!, ya que eso es equivalente a haber anunciado la mente de Dios y a costa de un duro trabajo exegético.


En tiempos de la Reforma en Ginebra, Estrasburgo, Berna, Basilea y Zúrich, los pastores se reunían todas las semanas para estudiar la Biblia. Uno la exponía y después los otros opinaban. Así de ese modo se mantenían cuidándose unos a otros, y funcionaban como supervisándose sus sermones. No iban al púlpito con cualquier cosa ligeramente leída. Cualquier desviación doctrinal era descubierta a tiempo y corregida y se garantizaba que las congregaciones recibieran en verdad la palabra de Dios. ¡Qué diferencia con los sicólogos pulpiteros o bufones de hoy! Tengo la convicción, y juzgo por lo que oigo, que muchos pastores no leen bien sus Biblias, y hablo como hermano, y eso les ocurre porque no se toman la molestia de usar algún comentario en dicha lectura, o por lo menos buenos comentarios, que generalmente son los escritos por pastores.


Hace poco un pastor me escribió y me prohibió enviarle mis notas bíblicas porque él –dijo- lee la Biblia sola sin comentarios. ¿De dónde aprendió semejante equivocación? ¿Quién le habrá hecho creer que así es como único el Espíritu Santo le habla? ¿No ha puesto el Señor en la iglesia “profetas y maestros? Eran estos los que instruían a los pastores. Los profetas eran la Biblia, los maestros las estudiaban y se las enseñaban a los pastores y estos a la iglesia.


Si lees la Biblia ¿no has leído que Pablo, además de la Escritura (sus pergaminos, o copias de sus epístolas) leía libros? (2 Ti. 4:13). Fue al tercer cielo y eso no hizo innecesario continuar leyendo libros escritos por otros. Juzgado por Festo este gritó “Estas loco Pablo las muchas letras te vuelven loco” (Hch. 26:24), reconociendo la vasta cultura de Pablo. Era un hombre de letras y de ellas muchas. Si las muchas letras pueden volver a un pastor loco el poco estudio puede hacer que se le tenga como un ignorante a quien no vale la pena oír. Pablo leía a Epimenides (Tito 1:12), a otros profetas, en (2 Ti. 2:11-13), que pudiera ser un himno o la palabra de algún profeta; y al filósofo Aratus (Hch. 17:28). Generalmente todos los reformadores eran personas cultas que podían leer latín, griego y hebreo. No es por casualidad que la Reforma surgiera paralela al Renacimiento y el Nuevo Testamento traducido por Erasmo tuviera un papel importante. Si uno no puede alcanzar esa capacidad por lo menos tiene al alcance de la mano comentarios exegéticos y Biblias Interlineales que ayudan bastante. Los reformadores, aunque raras veces en sus sermones dieran citas griegas o hebreas, sí en sus comentarios para los pastores. Todos los pastores en Ginebra estaban obligados a asistir a la reunión semanal de estudio bíblico.


¿Crees que Pablo hubiera podido ir al Areópago de Atenas a discutir con los estoicos y epicúreos si no los hubiera estudiado? Cuando le llamaron "palabrero" no fue por ignorante sino por incrédulos, porque eran ciegos, como el apóstol les dio a entender. Pablo era un pastor preparado y sus cartas no fueron escritas para hermanos analfabetos aunque sabía que no había “muchos nobles y sabios” entre ellos. No fue casualidad que el Espíritu Santo lo escogiera a él y no a los otros apóstoles para que escribiera la mayor parte del Nuevo Testamento. Los reformadores y los puritanos tampoco escribieron para personas de segundo o cuarto grado. Y por esa razón sus escritos, comentarios o sermones, y las historias de ellos, tres siglos después se leen con avidez. Querían reformar la iglesia y sabían que no se lograría sin doctrinas. La predicación doctrinal es indispensable para la reforma de la iglesia. Las doctrinas, ungidas por el Espíritu Santo salvarán la iglesia. (Continuará).

sábado, 4 de diciembre de 2010

Intenciones del Pluralismo Religioso


2 Reyes 16:10,11

Después fue el rey Acaz a encontrar a Tiglat-pileser rey de Asiria en Damasco; y cuando vio el rey Acaz el altar que estaba en Damasco, envió al sacerdote Urías el diseño y la descripción del altar, conforme a toda su hechura. Y el sacerdote Urías edificó el altar; conforme a todo lo que el rey Acaz había enviado de Damasco, así lo hizo el sacerdote Urías, entre tanto que el rey Acaz venía de Damasco”.


“Envió al sacerdote Urías el diseño del altar y su réplica”. Estos son las desafortunadas intromisiones del estado en la religión para hacerle cambio que le convenga a su política. Aquí se ve al poder político introduciendo adiciones teológicas, otro altar, con modelo foráneo a la revelación; importando desde una nación pagana las nuevas ideas y formas que contemporicen con el gusto de los que visitan la “tierra que fluye leche y miel”.


El propósito de esos que quieren dominar la mente de la nación es tener una religión más amplia, traer tantos altares y confesiones como sea posible, para que no colisione con las otras sino que todas sean bien llevadas, se respeten mutuamente y cada adorador escoja entre varias la que más le convenga y guste.

El propósito del rey Acaz, y en eso cooperó el principal religioso bajo la tutela estatal, fue que la vieja religión quedara en la oscuridad, en un sitio menos visible que no ofenda a la nación extranjera y aumentar la visibilidad y el tamaño de aquella que complazca los gustos.


Y los cambios no fueron superfluos y una cuestión de esconder sino una total mutilación y destrozo del altar de Jehová, cortándoles los bordes, dejándolo seco, destituir de su altura el mar de la purificación y situarlo sin renombre ni preeminencia a la altura del más bajo de los hombres para que no tenga que empinar su hombría, sobre un enlosado, y clausurar las puertas de acceso a él (vv. 17-18).


Esa vieja historia se repite y se repite, los que van ganando el poder y haciéndose fuertes en la política creen que entre sus reformas hay que echarle el guante a la religión, sobre todo a la más vieja y establecida, la que tiene más influencia y ha contribuido mayormente a la formación de la nación. A las otras se les puede dejar que sobrevivan hasta que se les de un puntapié pero las que más categoría tienen, el cristianismo, la influencia judeo cristiana, a esas hay que ponerles otras a competir primero, introducirle el concepto de pluralidad religiosa donde las recién venidas y vestidas a la moda, sirvan de alternativas a la que ya existía desde tiempo y advirtiéndoles a los ciudadanos que todas tienen el mismo derecho y son válidas, y que cada una tiene su verdad y nadie tiene el derecho de imponer sus principios, moral y costumbres, sobre las otras, es decir, quieren darle un golpe fatal, una estocada terminal a la propagación evangelística. La idea es que a la postre todas se queden como adornos, en lugar de museos, sin esencia espiritual, intelectual, moral y social, como parte de la prehistoria. No habrá, os lo aseguro, porque lucharemos con ejemplo, voz, papel y tinta, sí, sí, no, no, una era post-cristiana.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Locos porque tenemos la mente de Cristo


2 Reyes 9:10,11

10 Y a Jezabel la comerán los perros en el campo de Jezreel, y no habrá quien la sepulte. En seguida abrió la puerta, y echó a huir. 11 Después salió Jehú a los siervos de su señor, y le dijeron: ¿Hay paz? ¿Para qué vino a ti aquel loco? Y él les dijo: Vosotros conocéis al hombre y sus palabras”. “Enseguida abrió la puerta y echó a huir. Le preguntaron: ¿Para qué vino aquel loco?”.


Así el mundo en sentido general tiene a los cristianos: gente fuera de su centro, que no puede estar en sus cabales para huir del mundo y arriesgarlo todo por esperanzas futuras que no son más que delirios y fantasías. La “experiencia” con Dios que dicen que tenemos presumen que es algún trauma o éxtasis psíquico o una imaginaria ilusión.


¿Por qué le llamaron loco a este profeta? ¿Porque se fue corriendo? Los locos eran ellos y locos se podían volver, locos de envidia por el nombramiento como rey a otro, y en sus celos matarlo. Ellos sabían que no estaba loco, sino que con desprecio hablaron porque no recibieron la respuesta que Jehú les dio.

Loco le llamaron a Jesús y loco a Pablo:


De Jesús dijeron:

“Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí” (Mr. 3:21).

¡Loco el hombre más cuerdo del mundo!


De Pablo dijeron:

“Diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco” (Hch. 26:24).

Y no ha habido hombres más equilibrados que ellos dos. El hombre que predicó el Sermón de la Montaña y el que escribió 1 Co. 13 es imposible que estén locos. Loco estaba Friedrich Nietzsche para abrazar a un caballo flaco, y de cuya filosofía tiene tanto la cultura occidental, el ego, el superhombre, la autoestima, etc.


Los cristianos están locos pero de amor, locos de fe, del Espíritu Santo, locos de gozo y felicidad. Locos porque se les han perdonado una gran deuda. Y ¿por qué le llaman locos?


Porque nos ven como gente rara que no se desenfrenan con ellos:


3 Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. 4 A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan; 5 pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos” (1 Pe. 4:3-5).


¿Qué importa que nos llamen insensatos, fanáticos, supersticiosos o Beelzebub? Nosotros hemos perdido nuestra mente carnal pero ahora tenemos la de Cristo

“Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Co. 2:16).

¿Locos porque huimos de la fornicación y de la idolatría? Por cuanto Dios nos aconseja


Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (1 Co. 6:18); “por tanto, amados míos, huid de la idolatría” (1 Co. 10:14).

Sin embargo es lo más cuerdo y sensato del mundo cuando huimos de la tentación y del pecado, para salvar nuestro matrimonio, nuestros hijos, nuestra reputación, huir es una señal de cordura instintiva, puesta ahí por Dios para salvarnos del peligro. Los yernos de Lot pensaron que era broma, un chiste, o que su suegro había perdido la mente cuando les anunciaba que caería fuego del cielo sobre la ciudad de Sodoma (Ge. 19:14). No nos importa mucho que nos llamen excéntricos o locos o como al príncipe Mishkin en Dostoievski: “El Idiota”. Una huida a tiempo equivale a una victoria.


Cuando el Hijo Pródigo comenzó a ver la realidad espiritual de su vida se dice que “volviendo en sí dijo: Volveré a mi casa y a mi Padre" (Luc. 15:17). Hay que estar loco de remate para vivir como un perdido malgastando su dinero con prostitutas y amigotes que lo condujeron a la bancarrota. El Señor nos recomendó a “huir de la ira venidera” (Mt. 3:7) y Pablo dijo que vuelvan en sí y escapen del lazo del diablo (2 Ti. 2:26). Y el profeta dijo que “el que lea (la Biblia) corra” (Hab. 2:2). Si usted no corre, supongo que debe estar loco.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...