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domingo, 1 de marzo de 2020

Hay que tener coraje para visitar a un enfermo con coronavirus



"Y tocó su mano y la fiebre la dejó" (MATEO 8:3,15).
Un leve roce, un simple toque y el mal salió. Y en otros sitios una simple mirada o una simple palabra (Mr.4: 39; Luc.22: 61). Este Jesús no podía quedarse escondido en la historia antigua. Su figura fascinante tendría que hacerse trascendente, y así ocurrió. Los súper pulcros y súper tacañones fariseos jamás hubieran hecho eso, tocar a un leproso o a una mujer con tifus. 
No, por su religión, y por miedo al contagio. Lo mismo que algunos de sus parientes que no van a un hospital a ver un enfermo ni visitan una casa para no enfermarse. Vale la pena correr ese riesgo, con coraje y fe, si fuera posible y recibiera autorización, para poner un termómetro a un contagioso, llevarle un plato de sopa y hacer una oración por uno diagnosticado con coronavirus.

Quieren el mismo día del juicio engañar a Jesucristo


"No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino los cielos sino el que hace la voluntad de mi Padre" (MATEO 7:18-23).
Hay hombres que piensan que, por estar ocupados en la obra de Dios, por tener éxito en ella, por sus muchos trabajos, ya por eso son salvados. No. Es por vivir en santidad, por hacer la voluntad de Dios. En el v.21 cuando dice “Señor, Señor”, parece un alarde de espiritualidad y más adelante está relacionado con la pretensión de esos presumidos en hacer milagros en el nombre del Señor, lo cual Jesús califica como “iniquidad” o maldad (v.23). Tal vez no hicieron nada, aunque invocaban a Cristo, y la gente fingía sanarse y los demonios huir, y ahora quieren el mismo día del juicio engañar a Jesucristo.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...