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martes, 10 de junio de 2014

No como un búfalo sino como Jesús



Salmo 92: 10-15
“…tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo, he sido ungido con aceite fresco”. LBLA dice “tú has exaltado mi poder como el del búfalo”. El texto se refiere al cuerno como la fuerza y al unicornio como al búfalo. Quizás parece extraño que pida eso. ¿Para qué quiere una fuerza descomunal como ésa? Para defenderse y prevalecer contra sus enemigos. ¿No hubiera sido mejor que orara a Dios y que él los destruyera? Eso parece haberlo hecho en el v. 9. ¿Pudo eso ocurrir? No. ¿Quería ser un Sansón? ¿Y de qué le hubiera servido? Eso no hacía falta, lo que necesitaba era una nueva unción. 

La primera parte de su petición es humana, en la segunda ora en el Espíritu con una unción fresca, con una nueva bendición, sus enemigos se debilitarían. Quizás en situaciones difíciles no es fortaleza lo que necesitamos sino ayuda, no energía corporal sino unción espiritual, no las armas carnales sino las de Dios que son más poderosas. (Meditar en 2 Co. 10: 4). Úngeme Señor con aceite fresco, refresca mi bautismo del Espíritu, renueva mis plumas, mi primer amor, vigoriza mi esperanza celestial. Quien más fuerza y unción necesita es el ministro de Dios que tiene que combatir ardientemente por la fe “una vez dada a los santos”; en especial el primer día de su semana, para que predique más que con la fuerza de un búfalo, con la de Jesús (Hch.1:8; 1Co.4:20).

lunes, 9 de junio de 2014

Si comes sólo lo que te gusta, lee esto


Salmo 103: 5
“…el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila”.   

Se puede traducir, que “tu juventud sea renovada”. La función básica de comer consiste que mantenernos vivos. El principal móvil nutricional, esto es, para llevarnos algo a la boca, debe ser tener en cuenta la vida y no el placer. El disfrute de los alimentos es un medio, el placer de comerlos es el incentivo secundario, el incentivo gustativo para deglutirlos: sazones, condimentos, el arte culinario en la calidad de la preparación, la fama del restaurante, la alta cocina, todo eso tiene que ver con el placer glandular y no necesariamente con la función básica de la nutrición: vivir.

Ignoro mucho sobre esto, pero me parece que el envejecimiento de una persona está relacionado con la clase de alimentos que ingiere, después de los genes. La principal preocupación sobre el cuerpo ha de ser mantenerlo saludable, después de la santificación. Si los médicos nos lo han enseñado ¿comeremos sólo por placer, grasas y bebidas azucaradas y pintadas que sustituyen al agua fresca? Pero esto no es una religión. Es una misericordia de Dios comer bien y saber comer bien, no echarle basuras al estómago, pero la religión cristiana no es una religión de comidas, como lo fue en su tiempo el judaísmo simbólico en cuanto a dietas y alimentos se refería, como una enseñanza velada acerca de las cosas celestiales futuras. Hay alimentos que no son sanos, y hacemos bien aquí leer el “nutrition facts” antes de comprarlos;  pero que comerlos o no comerlos nada tiene que ver con la salvación (Mr. 7: 18,19; Ro. 14: 1-3; Col. 2: 16,17, 23). Si comes lo que sea sin “preguntar nada por causa de la conciencia” haces bien, Pablo te lo dijo, pero si comes cualquier cosa sin preguntarle al cuerpo si lo nutre o lo daña, ¿en qué siglo y en qué país tú vives?

Los locales no son más hermosos que los que viven santamente

Salmo 93: 5
“…la santidad conviene a tu casa”. 

En realidad  es más que una conveniencia la santidad para la casa del Señor; lo que el salmista quiso decir fue que la santidad se convierte en su casa, Dios habita donde se halle lo santo, no lo profano ni lo inmundo. Dios no habita en templos de ladrillos y cementos. Los templos del Señor son los hombres y las mujeres santas. Si conviene eso es lo que conviene a la obra, las vidas de los que le adoran en espíritu y verdad. Lo opuesto es destructivo.
También que la santidad convierte en algo agradable, bello y atractivo (otras acepciones) la casa del Señor. Nada es más hermoso en la casa de Dios que su gloria brillando en la vida de los que adoran, (comprobarlo con 1 Cro. 16: 29). A no ser que quienes contemplan amen y tengan gusto por lo feo, sucio y dañino. Por muy bonito que se ponga el local donde se reúnen los que adoran a Dios no podrá exceder en belleza la vida misma de ellos, y ninguna cosa tendrá más atractivo a los simples oyentes, un magneto más fuerte, que la conducta de los que los han invitado a la adoración.

domingo, 8 de junio de 2014

Es mejor ser un ave cualquiera que un pecador



Salmo 84: 3,4
“…la golondrina halla nido cerca de tus altares”. 

Literalmente no dice que esas aves aniden en el lugar sagrado pero la construcción del versículo permite rectamente pensarlo. Sí, hermano, las aves a veces están más cerca de Dios que los hombres, ellas no lo ignoran, donde se hallen, la mano de Dios las bendice, aunque no tienen alma, ni  promesa de vida eterna, ni Cristo murió por ellas; pero no están en rebelión contra Dios, no las separa el pecado de la gloria divina. Oh, es mejor ser un ave del cielo, cualquiera, que un pecador rebelde que lucha contra su Creador. Una nube en el aire, una piedra en las entrañas de la tierra, la última estrella en el firmamento, están más cerca de Dios que cualquiera que haya pecado. Un árbol, que sólo tiene vida natural, tiene más vida espiritual que un hombre muerto en delitos y pecados, dos veces muerto y desarraigado  (Jud. 1:12).

Peticiones de gracia por conveniencia



Salmo 78:34-39
“Con su boca le engañaban y con su lengua le mentían”. 

O también le adulaban. Señor, yo sé que tú aborreces la hipocresía, ¿por qué entonces aceptaste un arrepentimiento fingido, interesado y mercenario como el que practicó muchas veces Israel? ¿Es que no has entendido, Israel, aun lo que es su misericordia? (v. 38).  Pero vayamos más; apruebo que haya aceptado una lisonja como una alabanza, una adulación por una confesión honorable, ¿no muestra eso cuánto ama la salvación de ellos? Aunque haya mucha deshonestidad en lo que alguno hace para recibir la gracia,  desearla, para Dios es suficiente para otorgarla aunque mire que ese deseo no sea perfecto, pero ama que lo queramos y nos otorga lo que le pedimos sin completa sinceridad.

Oh, hay veces que acuden a nuestra memoria algunos textos de la ley, aun en el Nuevo Testamento, y nos dicen que “Dios no oye a los pecadores” (Jn. 9:31), o que no concede lo que le pedimos “porque pedimos mal para gastar en nuestros deleites” (Sgo. 4:3). Sí, eso es verdad, pero tales textos tienen que ser templados con los otros muchos que hablan de misericordia; Dios también concede cosas que pedimos, pero otras que no pedimos, concede cosas a los infieles sabiendo que la usarán para su propia perdición porque prefiere “con su benignidad guiarnos al arrepentimiento”.

No hay que ser interiormente perfecto, ni completamente sincero para obtener algo del Señor, sin que yo justifique esas cosas, ¿quién siempre lo ha sido?, porque él nos lo concede todo por misericordias, porque en contra de lo que dice el hermano judío Santiago, no se ha fijado en los vaivenes de mi fe y me ha socorrido (Sgo. 1:6). ¿No has leído sobre “la oración de Manases” y cómo Dios pudo responder a un hombre sanguinario como él? Y ¿no has leído del arrepentimiento del rey Acab, como Dios se lo aceptó, aquel malvado que dio muerte junto con su mujer a tantos profetas de Jehová? (1 Re. 21:1-29). Y yendo más lejos, ¿crees que las promesas de lealtad de faraón eran sinceras? Sí, concedo que hay muchos más textos para enseñarnos que Dios no quiere oraciones insinceras, ni peticiones de gracia por conveniencia, pero, como la gracia siempre es una revelación y está escondida desde los siglos, también hay algunos casos donde se enseña que Dios, por sus misericordias acepta lo que le pedimos. Dios actúa como un Padre que acepta la lisonja de su hijo adulón porque de todos modos le quiere dar lo que le pide porque lo ama. No te olvides que cuando pides lo haces al “trono de la gracia” y ella nos concede lo que le pedimos aunque no estemos espiritualmente sanos. Otra razón, yo sé del valor que tiene un Mediador. Dios por razón de su propósito con Israel le confirió muchas cosas, pero sobre todo por Moisés, por sus intercesiones. A nosotros por nuestro Mediador, Cristo. Ni Moisés ni Cristo son hipócritas y Dios les concede lo que piden para otros. Aunque Dios tenga razón para no darte lo que le pides por la forma en que lo haces, aunque te aborrezca por lo que eres, te ama por quien te representa.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...